lunes, 18 de junio de 2012

Industrialización y poder nacional

CUADERNO DE TRABAJO DEL CEHAN° 12
INDUSTRIALIZACIÓN Y PODER NACIONAL

Aritz Recalde
Junio de 2012 

“Hay que tener siempre presente que aquella nación que pierde el control de la economía, pierde su soberanía”. Juan Perón[1]

 “Sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional. Y sin soberanía nacional no hay autonomía cultural. Tal tarea sólo puede cumplirla el Estado Nacional (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía.” Juan José Hernández Arregui[2]

“El poder de una nación se mide por sus riquezas y la riqueza de las naciones no sólo depende de sus ventajas naturales, sino, principalmente, de la importancia del trabajo nacional. Fomentar y proteger ese trabajo representado por la industria nacional, es no sólo derecho, sino el deber de la Nación.” Carlos Pellegrini[3]


OBJETIVOS
“Durante muchos años de dijo y se repitió que la Argentina es un país agrícola – ganadero. Esta verdad -como todas las verdades del liberalismo- es una verdad a medias y trae contrapeso de la otra mitad, que es una  mentira. Ese estribillo se repitió tanto y durante tanto tiempo que acabó por convertirse en un axioma: somos un país agrícola ganadero; luego, no podemos ser un país industrial.  (…) Por ella seguíamos siendo un país colonial y un país que se medía con fanegas de trigo y cabezas de ganado. (…) La carencia de industrias origina los siguientes males: Dependencia económica (…) Dependencia política (…) Desequilibrio económico (…) Desocupación (…) Empobrecimiento técnico (…) empobrecimiento económico.” Manual Práctico del segundo Plan Quinquenal (1953)[4]

En el cuaderno número 12 del CEHA, vamos a abordar la relación existente entre la industrialización y el poder nacional. El poder nacional de un Estado, se define a partir del análisis de sus capacidades de decisión política dentro y fuera del país y se concretiza por eso, a través del ejercicio pleno del derecho a la autodeterminación y la soberanía política por parte de los Estados y las organizaciones libres del pueblo. En torno de este principio, el Cuaderno desarrolla 2 hipótesis:

Hipótesis 1: la fortaleza o la debilidad del poder nacional de un Estado está directamente relacionada a su nivel de desarrollo económico.

Hipótesis 2: dentro de las actividades económicas, la industria es la base del poder nacional.

Con la finalidad de alcanzar los objetivos planteados, el Cuaderno elabora dos ejes de análisis:
-       Analiza las relaciones entre el poder nacional y la industrialización;
-       Menciona las modificaciones que puede traer aparejada la industrialización sobre la arquitectura institucional, cultural y social.
En todos los casos, consideramos que la economía y en particular la industria, generan “condiciones de posibilidad” para el cambio político, social, cultural o institucional. Ahora bien, en ningún caso lo determinan. Por un objetivo meramente didáctico, es que presentamos de manera simplificada las variables de estudio y las relaciones entre ellas. 

 EL PODER NACIONALY LA INDUSTRIA
 “El objetivo a perseguir es romper definitivamente la dependencia financiera, tecnológica y comercial, asegurando  para todos los argentinos el poder de decisión económica sobre los resortes de su propio desarrollo que así se manifiesta plenamente autónomo.” Plan Trienal Para la Reconstrucción y Liberación nacional 1974-1977[5]

Industria y planificación
“Cabe una reflexión relativa al poder de decisión: a lo largo de nuestra historia, dicho poder se ha conformado, tejiéndose una red de compromisos políticos que representan diferentes intereses. Si las alternativas son neocolonialismo o liberación, y si hemos optado por la liberación, el ajuste de ese poder es indispensable para lograr que responda a nuestros intereses. En lo político, liberación significa tener una Nación con suficiente capacidad de decisión propia, en lugar de una Nación que conserva las formas exteriores del poder, pero no su esencia. La Nación no se simula. Existe o no existe.Juan Perón (2006: 37)

La soberanía política de un Estado depende directamente del nivel de desarrollo de su estructura económica. Un país dependiente económicamente, tarde o temprano, delega las decisiones de política a sus acreedores o a sus proveedores externos.  Por esta razón, las potencias industriales manejan la economía y organizan la vida y la muerte de los pueblos y de los gobiernos del conjunto del planeta. En este cuadro, dentro de las acciones productivas, la industria es la actividad fundamental del poder nacional. Es por ello, que la promoción y la consolidación de la industria son etapas irremplazables de la organización nacional independiente. El proyecto industrialista le devuelve el poder de decisión a la comunidad nacional y por eso, la autodeterminación política del Estado se organiza desde la planificación de su desarrollo integral. En la historia de la Argentina del siglo XX, los puntos más altos en la planificación de nuestra independencia económica se ubicaron en los siguientes momentos:
-       Primer Plan Quinquenal (1946 – 52);
-       Segundo Plan Quinquenal  (1953- Incompleto por golpe militar);
-       Gestión de Aldo Ferrer (1970 – incompleto por cambio de gobierno);
-       Plan Trienal (1974 - Incompleto por golpe militar);
-       Plan Industrial 2020 (2012- en ejecución).

Soberanía política y justicia social
“En la reforma económica está el secreto de nuestro porvenir libre o esclavo, o del bienestar de las penurias de los argentinos y del juicio definitivo que la historia formulará sobre los hombres y las instituciones que asumieron la responsabilidad de mandar en esta tierra.” Arturo Jauretche[6]


Industria, política y frente nacional
En la vasta zona de países rezagados, que abarca a dos tercios de la población humana, América Latina vive su segunda revolución nacional. La primera, de la Independencia, fue obra del pueblo en armas. La segunda y actual, es la de su desarrollo integral”. Enrique Gugliarmelli [7]

La lucha por la industrialización integral genera las condiciones de posibilidad para articular el frente nacional de liberación. La alianza dependiente entre el capital financiero, las corporaciones trasnacionales y la oligarquía local, es un factor político retardatario de todo tipo de desarrollo soberano e inclusivo. En el marco del proyecto nacional industrialista, el empresario y el trabajador, pueden ser incluidos como sujetos organizadores de la política de Estado y como beneficiarios de la riqueza social. En este marco, los conflictos de clase dentro del frente del pueblo, no desaparecen sino que se modifican en su dinámica. En su lugar, se subordinan a la lucha contra el programa del subdesarrollo que es conducido por el enemigo externo y sus aliados dentro del país. El avance del proceso industrialista, es un paso sin el cual no se pueden mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. A partir de este punto de partida, se generan las condiciones para mediar los conflictos de clase en términos institucionales, permitiendo mejorar las condiciones sociales del pueblo y evitando con ello, en enfrentamiento civil permanente propio de los proyectos agroexportadores.

Industria y justicia social
“El justicialismo (…) subordina el capital a la economía y ésta al bienestar social. (…) Se ha elevado el standart de vida general del pueblo. (…) La economía justicialista de basa en el consumo.Raúl Mende[8]
El aporte de valor agregado que genera la industria es un medio fundamental para la creación de puestos de trabajo. Sobre dicha plataforma laboral, se generan las condiciones para la inclusión social y la inserción de las masas a la vida económica y cultural del país. El aumento del empleo fortalece la capacidad de consumo de los habitantes y robustece el mercado interno del país. En una economía en crecimiento centrada en la industria y en el mercado interno, el aumento de salarios fortalece la capacidad de consumo y la demanda de productos. A partir de acá, que la ecuación salario y consumo, son piezas fundamentales del sistema industrialista. Una economía industrializada permite a la nación enfrentar con mayor solidez las oscilaciones de los precios de nuestros productos agropecuarios, las operaciones de dumping o las trabas a las importaciones producto de las crisis internacionales. En este contexto y tal cual se demostró históricamente, frente a crisis económicas y a procesos de fuerte dependencia externa, los ajustes se produjeron sobre las condiciones sociales de los trabajadores. A partir de acá, que la fortaleza económica es un instrumento básico para la defensa de los empleos y de las condiciones de vida de los trabajadores. La actividad industrial y los empleos derivados de ella, permiten al Estado recaudar los impuestos a partir del los cuales se financian las políticas sociales y educativas. El fortalecimiento de la estructura económica y la producción de riqueza que genera el trabajo, son los elementos fundamentales para la formulación de los programas de emancipación social del pueblo.



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[1] Perón, Juan, Modelo Argentino Para el Proyecto Nacional, Instituto Nacional Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 2006, p. 94.
[2] Hernández Arregui, Juan José, Imperialismo y Cultura, Amerindia, Buenos Aires, 1957, p. 326.
[3] Extraído de Gugliarmelli, Enrique, “Carlos Pellegrini: protección de la industria nacional”, Revista Estrategia, N° 45, marzo de 1977.
[4] Manual Práctico del segundo Plan Quinquenal, Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1953, pp. 191-193.
[5] Plan Trienal Para la Reconstrucción y Liberación nacional 1974 – 77, Presidencia de La Nación, Buenos Aires, 1974, pp. 14-15.
[6] Jauretche, Arturo, El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje, Peña Lillo Editor,  Buenos Aires, 1975, p.  135.
[7] Gugliarmelli, Enrique, “Función de las Fuerzas en la actual etapa del proceso histórico argentino”, Revista Estrategia N° 1, mayo de 1969, p. 27.
[8] Mende, Raúl, El justicialismo, Mundo Peronista, Buenos Aires, 1952, pp 98-99.

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