martes, 14 de noviembre de 2017

Medios de comunicación y neoliberalismo: el fetichismo tecnológico

Aritz Recalde, noviembre 2017

En las últimas décadas se viene produciendo una modificación de los ámbitos de formación y de distribución del conocimiento. Los espacios tradicionales de organización de la cultura, como la familia, las instituciones barriales (clubes deportivos, asociaciones de fomento, etc.-), las escuelas y la iglesia, están perdiendo centralidad frente la televisión e Internet.
Los partidos políticos y los sindicatos vienen reduciendo su histórica función de capacitación ideológica de los dirigentes y cada día, con más fuerza, la agenda de gobierno está siendo impuesta por los medios de comunicación concentrados. Estos últimos, actúan en alianza con los grupos económicos, el Poder Judicial y los servicios de inteligencia del Estado. El histórico lugar que tuvo la prensa gráfica en la formación ideológica de las elites y de las clases medias está siendo remplazado por la información que circula en las redes sociales y en los nuevos formatos televisivos ligados al espectáculo.  

El fetichismo tecnológico
Para intentar comprender algunas de las posibles derivaciones de este proceso de transición cultural, consideramos oportuno poner en discusión dos cuestiones.
La utopía tecnológica. Habitualmente se cree que las nuevas tecnologías y en particular Internet, están liberando a la humanidad de las ataduras informacionales de otras épocas. Hay analistas que postulan que se terminaron las estructuras y las jerarquías en la circulación y en el acceso a los datos. Internet habría eliminado los límites al conocimiento y los cibernautas ejercerían un proceso horizontal y protagónico de adquisición del saber universal. En realidad, la comunidad se enfrenta a un mecanismo de control y de banalización de la cultura que está reduciendo la capacidad crítica y reflexiva de las personas. La definición misma de “red social” es engañosa, ya que no existe verdadera horizontalidad, sino que los principales circuitos de información y cultura están regulados por corporaciones locales y extranjeras. Como resultado de su accionar, está aumentando el poder cultural de la elite política y económica, en paralelo a la reducción de la capacidad de discernimiento de la masa popular.
La pérdida de la centralidad educativa que ejercían la familia, la dirigencia sindical, el cura, el profesor o el maestro, impiden que los receptores adquieran la capacidad crítica necesaria para entender cabalmente lo que leen y consumen en Internet y particularmente en las redes sociales. Ello supone un riesgo para el individuo y su familia, que quedan a merced de delitos informáticos o sexuales. En el plano emocional, las redes sociales producen adicciones, angustias, ansiedades y pueden originar trastornos severos de personalidad. Su consumo exacerbado disminuye la capacidad crítica y dificulta la conformación de un pensamiento riguroso y sistemático. Las nuevas tecnologías de la comunicación y del entretenimiento en manos de corporaciones están conformando un  estado mental enfermizo que exacerba el individualismo, el aislamiento y el consumismo. Estas últimas características se convierten en los parámetros culturales y de vida para generaciones de jóvenes, que abandonaron todo tipo de proyecto social, colectivo o patriótico, para remplazarlo por la identidad banalizada y el consumo de la red. Hace tiempo que la educación pública está en crisis y ese vacío es ocupado por contenidos en las redes, conllevando el peligro de demoler la identidad nacional y los valores que hacen al mantenimiento del orden social.
Las redes infunden odios y temores colectivos que debilitan considerablemente la posibilidad de construir una comunidad política organizada. Se impulsa la acción irracional y la apología del método de la venganza mediatizada y el escándalo público. El bombardeo informacional, dirigido desde las corporaciones locales y foráneas, instala falsas agendas públicas y pone en serio riesgo la democracia y la soberanía nacional.

El supuesto de universalidad y de normalidad del funcionamiento de la TV e Internet en Iberoamérica. El mundo actual está en una férrea lucha por los recursos naturales y por los mercados y esa contienda se desenvuelve en el plano cultural y comunicacional. Justamente por eso, no es casualidad que las naciones en disputa organicen sus propios sistemas y aplicativos de comunicación e Internet y que impulsen regulaciones con sentido nacional y social como ocurre en China, Rusia o en la Comunidad Europea.
El sistema de comunicación audiovisual de Iberoamérica no es el único posible, sino que es el resultante de una situación transitoria de lucha de poderes. En nombre de la libertad del periodismo y de Internet, en nuestro continente se esconde una subordinación neocolonial con los EUA, país con el cual tenemos una dependencia tecnológica, cultural y de contenidos.

La televisión e Internet en vías de reemplazar a las organizaciones libres del pueblo y al Estado
El sistema de medios de la República Argentina. Los servicios de comunicación audiovisual funcionan de manera oligárquica, extranjerizante y oligopólica.
Son OLIGÁRQUICOS por su condición de propiedad y sus titulares integran grandes empresas vinculadas al poder económico y político. Por mucho tiempo la ley 22.285/80 impidió la titularidad de radios y de televisión a las cooperativas, dejando ese derecho meramente a las empresas comerciales. En Argentina los principales medios de comunicación son propiedad de grandes conglomerados económicos, de manera similar a lo que ocurre en Chile (El Mercurio), en Venezuela (Cisneros) o en Brasil (Globo). Además, los medios son oligárquicos por su línea editorial y se han opuesto históricamente a los gobiernos de raigambre popular de Yrigoyen, de Perón o de Kirchner. Algo similar ocurre en toda Iberoamérica y los medios hostigan con su línea editorial a los dirigentes políticos con vocación de reforma económica y social.
Los servicios de comunicación audiovisual son EXTRANJERIZANTES en su propiedad y en los contenidos que difunden. En la Argentina la Televisión surgió desde el Estado (Canal 7). En la misma etapa se inauguró la agencia de noticias pública (TELAM) y se sancionó una ley regulación de medios con regulación nacionalista (14.241/53). Desde el año 1955 en adelante, se inició un proceso de norteamericanización de la televisión en acuerdo con los nuevos grupos privados locales. Estos últimos, firmaron convenios con empresas de los EUA y el canal 9 surgió con la NBC, el 11 con la ABC y el 13 con el grupo Goar Mestre. Para detener esta tendencia, la ley 22.285/80 impidió que los medios de comunicación sean adquiridos por grupos extranjeros.
Carlos Menem impulsó una política de desnacionalización del periodismo por intermedio de reformas normativas y de la firma de tratados de inversiones. Los conglomerados internacionales se quedaron con canales y radios, como fue el caso del entonces grupo español que adquirió Canal 11 (TELEFE). La reciente realineación geopolítica de CAMBIEMOS con los EUA, favoreció el hecho de que los norteamericanos se apropien de los derechos de televisación del futbol de primera división (Fox – Turner) y del canal TELEFE (Viacom). No es casualidad que Macri haya sacado de la grilla de la TV Digital a TELESUR y permitido el ingreso de la TV francesa (France 24), en un acto de censura de la comunicadora sudamericana y de subordinación a la división internacional del trabajo y de la cultura.
Los servicios de comunicación audiovisual se organizan en un grupo reducido de OLIGOPOLIOS. En los años noventa se flexibilizó la normativa para fusionar la propiedad de los medios gráficos y audiovisuales. Se expandió de 4 a 24 el número de licencias de cada prestador de radio y de televisión, permitiendo a unos pocos conglomerados empresarios administrar la información y la cultura a lo largo y a lo ancho de la Argentina.
La ley 26.522/09 intentó revertir la tendencia a la concentración oligopólica, para impulsar la pluralidad de voces. Por exigencia de las grandes empresas de medios, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue derogada parcialmente por el DNyU 267/15. Éste último instrumento legal, prorrogó por 10 años las licencias de los grandes grupos, derogó la cláusula antimonopolio -pese a su constitucionalidad establecida por la Corte Suprema- y eliminó el tope de las licencias que puede adquirir cada prestador. En nombre de la libertad de mercado, el Gobierno Nacional intervino activamente para favorecer a Clarín y a los grupos oligopólicos trasnacionales. Con la finalidad de garantizar el poder de los CEOS y la parcialidad en la regulación de la comunicación, el DNyU 267/15 eliminó el AFCA y creó en su lugar el ENACOM, que es controlado por mayoría de miembros en representación del Poder Ejecutivo de La Nación.

Internet y los sistemas de control total
El uso que hacemos los argentinos de Internet y de sus aplicaciones depende, tecnológicamente y en contenido, de los EUA.  Los programas de buscadores de datos más utilizados (Google, Yahoo, etc.), las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, etc.-), los servicios de mensajería (WhatsApp, etc.-) o los repositorios de videos (Youtube) son producidos y administrados por empresas de los EUA en acuerdo con su gobierno. Un pequeño número de corporaciones radicadas en Silicon Valley y en unas pocas ciudades de los EUA, monopolizan el software (Microsoft) y regulan qué vamos a encontrar en los buscadores de información o de música de las computadoras, teléfonos celulares o tablets.
Con la masificación de uso de Internet sin regulación pública, desapareció el concepto tradicional de la vida privada de las personas. Las empresas y los gobiernos captan y ordenan las creencias religiosas, las tendencias sexuales, las ideologías, los hábitos de consumo y la ubicación geográfica de los individuos. Nunca en toda la historia de la humanidad, se tuvo la capacidad de reunir tanta información privada, sin más regulación y finalidad que la ambición comercial y el deseo político de dominio de algunos Estados.
Las empresas norteamericanas que administran los circuitos de internet, reúnen la información privada que es utilizada con fines comerciales y de control ideológico y político. La seguridad interna y la política exterior de los EUA se ponen en juego en Internet y no hay casualidad alguna en el hecho de que la red social Twitter haya censurado a la cadena rusa de Noticia RT y a Sputnik. Además, y de manera más sutil, hay diversos mecanismos para que las empresas ordenen la información que circula y que se lee en Internet. Google tiene un importante poder para regular y modificar algoritmos de los motores de búsqueda, llevando a los lectores a encontrar la información que la empresa y el gobierno de los EUA consideran oportuna.
El uso de internet y de las redes sociales que las corporaciones realizan, están violando los derechos del individuo liberal, al estar reuniendo datos, estudiando perfiles y utilizando todas las acciones particulares y las opiniones de las personas. Ya es obsoleto el postulado de la Constitución Nacional argentina que sostiene que “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”. En nuestro país los buscadores de información conducen compulsivamente a los lectores a las plataformas de Clarín, Infobae y La Nación. Estas empresas les imponen la agenda publica a los usuarios y su poder está amplificado con la inclusión de accesos directos obligatorios en la telefonía celular o tablets, conformando una red comunicacional oligopólica y direccionada políticamente. 


La utilización partidaria de la comunicación e Internet
En el marco del debilitamiento de los partidos políticos y de las instituciones de la sociedad civil, la actividad de Internet y de los medios de comunicación audiovisual se tornó fundamental. Las corporaciones económicas y los dirigentes partidarios contratan consultoras y fundaciones para analizar tendencias, expectativas o el estado emocional de la opinión pública. Internet y las redes sociales son insumos fundamentales y el conocimiento de los sujetos reunido por los instrumentos tecnológicos, es varias veces más detallado que el resultante de realizar una encuesta. Sabiendo qué opinan, sienten y esperan las familias, clases o grupos humanos, las nuevas tecnologías permiten individualizar los mensajes e interpelar a la masa popular.
Las personas en su paso por Internet dejan rastros, conversaciones y datos. La información es utilizada para imponerle al individuo un mensaje personalizado en sus redes, casillas de correo o mensajería. Google y las redes sociales estudian a los individuos y son sociólogos y psicólogos para analizar comportamiento y pedagogos, artistas y comunicadores para imponerles ideología. Las empresas que regulan las nuevas tecnologías le imponen al individuo un mensaje que es irradiado en paralelo en la TV, las computadoras, la radio, tablets o los teléfonos celulares. Un mismo discurso es presentado en diversos formatos informativos, deportivos o de entretenimiento, tendiendo a una especie de dictadura comunicacional de alto impacto y prácticamente imposible de evitar para el individuo de a pie.    
Los servicios de inteligencia del Estado y las empresas de Internet reúnen, venden o utilizan esa información para diagramar las campañas, extorsionar a la clase política o para manipular estados de ánimo colectivo. En el momento de definir la estrategia electoral, hay dos grandes universos de grupos sociales a interpelar ideológicamente. Por un lado, está el universo de los sujetos “politizados” o convencidos de seguir a un dirigente, un partido o a una idea. Haciendo reduccionismo, este sector puede involucrar alrededor del 30 al 40% de los electores. Con la prensa y con las nuevas tecnologías, a esta porción de electores se intenta radicalizarlo, desmovilizarlo o confundirlo, según el espacio de donde provenga la comunicación.
Por otro lado, están los individuos “desinformados” o sin posición partidaria claramente definida. A este grupo que suele definirse como ajeno o distante a la política, lo interpelan por intermedio de canales de comunicación no estructurados o de formato informativo clásico. El consumo de entretenimiento y las redes sociales permiten movilizarlo emocionalmente, sin que el sujeto lo perciba racionalmente. La comunicación de las redes o el espectáculo infunde empatías, temores, angustias, resentimientos o expectativas. En estos casos, la imagen y la emoción bombardeados constantemente al sujeto a través de internet, pesan más que la razón política (programas de gobierno o ideologías partidarias).
El asesor de CAMBIEMOS, Jaime Duran Barba, trabajó con destreza la estrategia de construcción de la imagen presidencial en redes e Internet. La tarea del gobernante consiste en gestionar los intereses de las elites económicas y con esa finalidad hay que justificar los proyectos de desigualdad institucionalizada como los únicos posibles. En su óptica, vale más la credibilidad del dirigente que su plataforma de gobierno y esta cuestión se construye mostrando a sus familiares realizando gestos con personas comunes y mascotas o “actuando” escenas de la vida cotidiana del candidato. Esta campaña esconde los intereses de poder que representa el Partido político y evita debatir el trasfondo de las medidas que se proponen implementar los candidatos. Barba argumenta que la política es un campo de construcción de “esperanza” o de instalación de temas de “conversación” y que deben dejarse en un segundo plano los proyectos de país, las ideologías y las disputas de intereses. Al momento de ganar una elección, la emoción supera ampliamente a la razón.


Organizaciones libres del pueblo o neoliberalismo
De profundizarse el panorama político y cultural mencionado, la estructura mental y actitudinal de las nuevas generaciones está en serio riesgo. El orden social puede ser suplantado por un inestable estado de crisis política permanente, motorizado por odios mediatizados y por una carencia total de sentido colectivo, patriótico y nacional de la vida humana.
Frente a ese panorama, deberíamos reconstruir la escuela pública reforzando el cumplimiento de normas sociales y el sacrificio personal, difundiendo valores humanos solidarios y una concepción nacional y patriótica de la existencia.

La comunidad para pervivir en el convulsionado sistema político internacional actual, necesita potenciar a los clubes de barrio, a las iglesias, a los partidos políticos y a los sindicatos. Solamente con un pueblo consiente y organizado, se generarán las condiciones políticas para la necesaria regulación social y nacional de Internet y de la comunicación que garanticen la pluralidad de voces y la elevación cultural y ética del pueblo.



viernes, 10 de noviembre de 2017

La Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales y la Ley universitaria de 1974

Aritz Recalde, noviembre de 2017

El 20 de agosto del año 1973 la FATUN (Autentica[1]) le entregó al Rector de la UBA, Rodolfo Puiggros, una copia del documento “FATUN Autentica y la ley universitaria”.  El texto surgió como producto de un encuentro de delegados de base en la localidad de Bahía Blanca y tuvo como finalidad analizar el desenvolvimiento del gobierno de Héctor Campora y garantizar la participación de los trabajadores nodocentes en la reconstrucción institucional.

Previamente al encuentro de Bahía Blanca, la Federación se reunió con el Ministro de Educación de La Nación Jorge Taiana, quien les adelantó la decisión del Gobierno de impulsar una nueva legislación universitaria.

En el documento “FATUN y la ley universitaria”, los trabajadores nodocentes se expidieron sobre la reforma de la educación superior que promovía el Justicialismo y que finalmente tuvo sanción con el texto 20.654/74, “Ley orgánica de las universidades nacionales”.
El texto está compuesto por 9 artículos. Entre los conceptos fundamentales, la FATUN estableció que la universidad tenía que contribuir a la Liberación Nacional y que a la clase obrera le cabía conducir el proceso en el país y en la institución educativa.
La propuesta impulsaba la participación en el cogobierno de organizaciones externas a la universidad y propuso que las empresas privadas y públicas destinen recursos para becas de estudio.
El texto propuso reforzar los vínculos universitarios con las empresas del Estado, “aportando todo el caudal técnico y científico (…) a efectos de revertir la utilización de ese material humano y científico que hasta ahora ha estado ligado a convenios internacionales opuestos al proceso de liberación nacional”.

La nota entregada al Rector de la UBA llevó la firma de Néstor Mascioto y del histórico dirigente nodocente Ernesto Ramírez.





[1] Previo a la unidad del 26 de noviembre del año 1973, la FATUN estuvo dividida entre FATUN y FATUN Autentica. Al momento de la publicación del documento, esta última se componía de las asociaciones de base de Buenos Aires, La Plata, Bahía Blanca, Nordeste, La Pampa y Comahue. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

El Neoliberalismo contra la civilización

Aritz Recalde, noviembre de 2017

El liberalismo clásico ofició como la ideología política de los imperios francés y británico. Ambos Estados expandieron su sistema social a partir de su poder militar, tecnológico y económico. El liberalismo y la racionalidad científica moderna, se convirtieron en la matriz de sentido y de justificación del accionar de las potencias europeas. El colonialismo británico articuló la ideología del “progreso” liberal, con el darwinismo de matriz biológico sometiendo violentamente a razas, etnias y naciones.
El neoliberalismo es la ideología del imperio norteamericano, que viene a remplazar al esquema de dominio inglés. Su estructura lógica es similar al liberalismo y postula su propio modelo de sociedad como supuestamente universal. Existiría un sólo camino al desarrollo mundial y aquellos Estados y gobiernos que no se adecuen, serían populistas, autoritarios o estarían anclados en el pasado. El resultado de una imposición transitoria de poder político, es presentado como un proceso histórico natural e inevitable. En nombre del neoliberalismo, se justifica la distribución desigual de la riqueza entre las naciones y se presenta como un hecho normal el subdesarrollo económico y social de los países.
El neoliberalismo norteamericano a diferencia del liberalismo clásico, carece de una noción acabada de progreso y no postula una meta de evolución humana. El neoliberalismo es nihilista y perdió hace tiempo los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. La ideología actual da por hecho y convive sin contradicciones, con la existencia de una masa mayoritaria de excluidos del sistema.    

EUA y el capital financiero
El neoliberalismo de los EUA se exportó como resultado de que los norteamericanos ganaron la Segunda Guerra Mundial. Luego de la conflagración bélica se inició la “guerra fría” contra los soviéticos, que terminó con el derrumbe comunista del año 1989.
Caído Hitler, las potencias triunfadoras se distribuyeron el mundo e Iberoamérica quedó en la órbita norteamericana. Los EUA apoyaron golpes de Estado contra los nacionalismos sudamericanos, por considerarlos contrarios a su propio interés. Contribuyeron a derrocar a Perón en 1955, a Allende en 1973 o bloquearon a la Cuba de Fidel Castro, entre otros tantos casos de manifiesta violación al derecho a la autodeterminación nacional. Como ya lo habían hecho en Brasil (1964) o en la Argentina (1966), en los años setenta impulsaron dictaduras en el marco del Plan Cóndor.
En el año 1971 el presidente Richard Nixon abandonó el patrón oro en los EUA, potenciando el proceso de formación del dinero fiduciario. Las empresas empezaron a tomar créditos del creciente mercado financiero. El excedente de recursos que los bancos no colocaron en la actividad productiva, fue destinado a financiar préstamos de consumo de los trabajadores y las familias.
Se produjo una desregulación de los flujos financieros mundiales, que fue extendido por la enorme masa de recursos derivado del aumento del precio del petróleo de 1973.
Las décadas del setenta y del ochenta se caracterizaron por la existencia cruentas dictaduras políticas, cuando en paralelo, se garantizó la libre disponibilidad de los capitales financieros y la apertura comercial. La ideología neoliberal priorizó la libertad de mercado y con esa finalidad, los asesores norteamericanos no dudaron en eliminar la democracia y el sistema constitucional en Iberoamérica.   

La economía del descarte
Habiendo alcanzado manejo e influencia sobre los diversos gobiernos sudamericanos, los técnicos neoliberales y los Organismos Internacionales de crédito, condujeron a los países iberoamericanos a aplicar políticas de desindustrialización, desregulación y de extranjerización económica. Las instituciones como el FMI que habían nacido para regular el sistema mundial y evitar las crisis, fueron los impulsores del nuevo patrón de crecimiento mundial asentado en la especulación desmedida y en la inestabilidad constante.

La única religión del neoliberalismo es la del dios dinero y en su óptica no existe otra patria que el mercado y la finanza. En base a esta ideología, impulsaron un nuevo patrón de desarrollo económico mundial que puede resumirse en lo siguiente:

Punto de partida
Objetivo de política pública neoliberal
Caracterización
Economía productiva
Rentabilidad financiera
ESPECULACIÓN
Economía industrial
Primarizaciòn económica agro minera
DESINDUSTRIALIZACIÓN
Economía estatal, social y mixta
Empresas privadas
PRIVATIZACIONES
Economía de capital nacional
Empresas extranjeras
EXTRANJERIZACIÓN
Economía de pequeña y mediana escala
Grandes grupos económicos
CONCENTRACIÓN
Distribución del ingreso y derechos laborales
Flexibilización laboral y aumento de rentabilidad del capital
EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO
Economía de bienestar orientada al mercado interno
Economía de exportación
APERTURISMO

En el caso Argentino, para imponer este sistema económico y social los grupos económicos y los EUA impulsaron dictaduras y restricciones políticas entre 1955 y 1973. En el año 1976 aplicaron el terrorismo de Estado con la finalidad de destruir el modelo sindical argentino.
Ya sin una democracia social como perspectiva, desde el año 1983 en adelante se implementó el programa económico neoliberal con las leyes de Reforma del Estado (23.696/89) y de Emergencia Económica (23.697/89), con la extranjerización de hecho del Banco Central (autonomía formal) y con la privatización de empresas públicas o de los fondos de jubilaciones (AFJP).  
Se calculan que se perdieron más de 50 mil empresas en dos décadas, en paralelo al que el país se endeudo a tasas de interés exorbitantes que culminaron en la severa crisis política y social del 2001.

Deuda externa argentina
Año
1955
1976
2001
Monto (millones dólares)
500
8000
142.000

El balance social del ciclo económico es sumamente perjudicial para la mayoría. El país socializó la deuda y no así las ganancias y en paralelo al aumento desmedido del giro de utilidades financieras al extranjero, se empobreció el pueblo argentino. Carlos Leyba describió la terrible dimensión social del neoliberalismo, cuando afirmó que “Hace 40 años los pobres eran 800 mil y hoy 13 millones. Se multiplicaron por 16 mientras que la población total se duplicó”.

Año
Habitantes
Pobres
1979
27,6 millones
800 mil
2002
36 millones
20 millones
2017
44 millones
13 millones

El neoliberalismo difunde una ideología que exacerba el egoísmo y promueve la explotación laboral, al punto de postular la desaparición de los derechos sociales como requisito irrenunciable al crecimiento. El deterioro del nivel de vida de los pueblos y el empobrecimiento de los países, sería el costo para que se produzca la “lluvia de inversiones extranjeras”. 
La confluencia de un patrón de subdesarrollo económico neoliberal, el estancamiento de la economía internacional y la desigualdad en la distribución de la riqueza, consolidan sin solución alguna, la actual fragilidad social y laboral del 40% de los argentinos.

Trabajadores registrados
12 millones
Distribuidos entre asalariados (75%) e independientes (25%)
Trabajadores informales
4,5 millones
33% de los argentinos
Desempleados
1,5 millones
9% de los argentinos

El fin de la organización popular
El neoliberalismo es enemigo de los sindicatos y de las organizaciones libres del pueblo. La democracia popular y el neoliberalismo, son antagónicos irreconciliables. En dicha ideología, el mercado debe ser el principal asignador de recursos, lo que implica en los hechos, la sustitución de la democracia de masas por el gobierno de los CEOS y las corporaciones.

Cambios en el proceso de formación cultural
Ámbitos tradicionales de la formación cultural y política
La propuesta neoliberal
Situación actual de la Argentina
Sindicatos
Partidos políticos
La televisión forma la opinión pública y define la agenda política
CAMBIEMOS sancionó el DNU 267/15 y le otorgó los principales medios de comunicación a Clarín y a grupos concentrados internos y de los EUA
Familia, clubes, escuelas, iglesias, sociedades de fomento, etc.-
Desaparece la organización popular y la televisión e internet imponen los valores sociales
Internet es regulado tecnológica e ideológicamente, por los EUA y un reducido grupo de corporaciones locales

Prensa gráfica
Las redes sociales y espectáculo televisivo, son los formadores de dirigentes políticos
Las redes sociales se regulan desde empresas norteamericanas. La banalización de la política, es organizada por un grupo reducido de corporaciones

El neoliberalismo pone en riesgo la sociedad
El sistema económico internacional no superó la crisis del banco Lehman Brothers del año 2008, que originó una retracción del comercio mundial del 20% y una caída del 13% de la producción internacional. Según datos de la OCDE, durante los próximos cincuenta años la economía del planeta crecerá por debajo del 2,7% anual. Investigaciones recientes, dan cuenta que alrededor del 50% de las actuales tareas productivas que desarrollan personas, pueden remplazarse por máquinas y nuevas tecnologías.
El neoliberalismo conduce el capitalismo a una crisis económica y social permanente. La especulación financiera y la exacerbada rentabilidad del capital sin límites, sin regulaciones y sin finalidad social alguna, están dejando como saldo la desindustrialización y el desempleo masivo. Como producto de estas políticas, se corren varios riesgos:
-       profundizar el subdesarrollo la mayoría de países del mundo, para beneficiar a un grupo selecto de corporaciones y a una elite de naciones que controlaran la finanza, la guerra, la información, la tecnología y los recursos naturales del planeta.
-       destruir el ecosistema y agotar las fuentes de riqueza naturales vitales para la humanidad.
-       insectificar al hombre en el plano social y cultural, conduciéndolo a situaciones de explotación similares a las del capitalismo el siglo XVIII. 
-       generar un desequilibrio de las relaciones internacionales y desatar una tercera guerra mundial, cuya capacidad de destrucción es superior a las anteriores por el avance de la tecnología bélica.

Si a los problemas estructurales de crecimiento y de generación de empleo, se le suma el aumento de la desigualdad, la perspectiva de vida de la mayoría de la humanidad es poco auspiciosa. En este contexto, las organizaciones libres del pueblo, serán un freno al neoliberalismo. Argentina tiene una estructura sindical y una cultura política y social avanzada, sin la cual el neoliberalismo ya habría destruido la economía y deteriorado la vida de la familia. Sobre esta base, es imperioso reconstruir todo el tejido de la sociedad civil y sus organizaciones o en su defecto, el neocolonialismo de internet y de la televisión va a profundizar el subdesarrollo mental de la Argentina. A nivel regional, la unidad iberoamericana es un requisito impostergable, en el contexto de un mundo que de desenvuelve en bloques continentales en tensiones y disputas. 

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