domingo, 21 de junio de 2015

Los hombres pasan, los pueblos quedan

Los hombres pasan, los pueblos quedan
Aritz Recalde, junio 2015

Uno de los grandes desafíos de los gobiernos populares de Iberoamérica, es el de consolidar en el tiempo los logros alcanzados. Muchos programas de transformación política, vieron dificultados su continuidad con la desaparición física de los líderes. La Revolución Justicialista no fue lo mismo sin Juan Perón. El proceso de transformación política de Chile de Salvador Allende, fue único e irrepetible. Cuba sigue teniendo un gobierno con participación de Raúl Castro. La muerte de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez, obligaron a los pueblos de Sudamérica a una compleja tarea de reorganización política y social. 
Frente a este dilema se puede caer en una solución simplista, proponiendo la desaparición de los ejecutivos fuertes. Tal cuestión suele ser impulsada por los intelectuales del liberalismo, que postulan una interpretación negativa sobre el rol del poder ejecutivo en la política. Es habitual que a la hora de analizar la política del siglo XIX,  denuncien el “caudillismo” y en el XX reiteren su cuestionamiento a los dirigentes que consideran “populistas”. Para algunos divulgadores de la ideología liberal, la función del poder ejecutivo es sustituida por consignas vacías como son la división de poderes, las instituciones o la república.
Los sectores populares se identifican con hombres concretos y no con consignas abstractas o armados políticos impersonales. Para el pueblo la soberanía reposa en el caudillo y en el dirigente sindical, partidario o social. Por eso no es casualidad que con el objetivo de debilitar al pueblo, los liberales impulsen una división de poderes “negativa”. Para el liberalismo los poderes judicial y el legislativo tienen que “controlar” al ejecutivo. Incluso, los medios de comunicación son conceptuados un “cuarto poder” de la sociedad civil, que también tiene que limitar a los intendentes, a los gobernadores o a los presidentes elegidos democráticamente.

Si negar la importancia de las figuras individuales en política, es innegable que cumplen un rol histórico finito y que su legado tiene que ser continuado y profundizado en el tiempo. Con esta finalidad, consideramos que hay tres actividades fundamentales que deben garantizar los programas políticos, si es que quieren trascender a los hombres:

-          Fortalecer la organización política.
-          Afianzar la conciencia y política y social del pueblo.
-          Avanzar en la institucionalización de los logros de la gestión.

La actividad política se desenvuelve como una disputa permanente de intereses económicos, territoriales o ideológicos. En paralelo a que un gobierno distribuye la riqueza para emancipar al pueblo, la oligarquía se organiza y resiste para conservar sus privilegios. Cada recurso nacionalizado y puesto al servicio de la mayoría, va a recibir  una reacción del poder trasnacional. Consideramos que sin una organización popular, los logros de un proceso político corren el riesgo de ser nuevamente un botín de la oligarquía. La organización tiene que atravesar todo el tejido social, cultural y político. Difícilmente un pueblo pueda alcanzar la justicia social sin sindicatos fuertes, sin organizaciones sociales movilizadas, sin ámbitos juveniles, sin agrupaciones empresarias, sin medios de comunicación o careciendo de frentes de intelectuales y artistas.  Si un proceso político tiene un conductor, pero no una organización que lo trascienda, será derrotado por las minorías de adentro y de afuera.

La organización popular va a depender del nivel de conciencia de un pueblo. La conciencia social no se adquiere solamente en los libros, sino que es el resultante de la emancipación material de una comunidad. El trabajador que alcanzó el derecho a la salud, a la educación o a una jubilación como resultante de un gobierno popular, tendrá más posibilidades de asumirla culturalmente como parte de una obligación del Estado, que si esa demanda se lee en una plataforma partidaria. La conciencia social se conforma como registro cultural histórico y se transmite de una generación a la otra. La conciencia política de un pueblo se profundiza en su ejercicio concreto en la administración del poder. Además, toda organización tiene la obligación de acompañar la formación doctrinaria de los dirigentes. En este contexto, juegan un rol importante los intelectuales que sistematizan la historia de las luchas populares y las reincorporan al espacio político como ideología revolucionaria. Un pueblo sin conciencia social de sus derechos y sin claridad política de su rol en la historia, puede ser derrotado por la oligarquía. Si los miembros de una comunidad nacional no tienen conciencia política, difícilmente puedan a organizarse.

Finalmente, los avances económicos y sociales de un proceso transformador deben institucionalizarse. De esta forma, las acciones de gobierno pueden consolidarse como política de Estado y pasar de una generación a la otra. La institucionalización de los programas sociales o económicos del nacionalismo popular, es un instrumento estratégico para desandar el marco jurídico de la oligarquía. No es casualidad que en las últimas décadas Venezuela, Bolivia y Ecuador impulsaron reformas constitucionales dotando al Estado y a las organizaciones libres del pueblo, de recursos económicos y políticos. La institucionalización de una política no es en sí mismo garantía de su continuidad, tal cual quedó demostrado con la derogación de la Constitución Argentina de 1949 por parte de la contrarrevolución de 1955. Su contrario también debe plantearse y es más fácil para las minorías recuperar sus privilegios, si los derechos del pueblo y de la nación no fueron institucionalizados.  

    



domingo, 7 de junio de 2015

El pragmatismo neoliberal, etapa superior del darwinismo


Aritz Recalde, junio 2015


“El hombre es lo que hace. Hay hombres que dicen muchas cosas, pero hacen otras. Hay una frase que lo resume: el que no es capaz de vivir como piensa, concluye pensando cómo vive”. Padre Hernán Benítez

Aseveró Charles Darwin que desde el origen de la aparición de las especies, estas evolucionan y sufren modificaciones permanentemente. Los seres vivos luchan por la existencia y se encuentran inmersos en una selección natural, que garantiza la supervivencia de los más aptos por sobre los débiles. Ese proceso de evolución, de adaptación y de cambio es lento y se ejerce en una lucha sórdida por la cual cada especie se esfuerza por aumentar su número. Las condiciones de vida pueden cambiar y con ella también los seres que logran mutar adaptándose al medio. La lucha por la supervivencia está caracterizada por la guerra en la naturaleza, el hambre y la muerte. Para Darwin y como resultado de este proceso, los seres vivos tenderían a la perfección y el progreso.
   
No fueron pocos los intelectuales liberales que postularon que la competencia del capitalismo, era asimilable a la selección natural. Resultado de la lucha por la supervivencia, los hombres más aptos van a triunfar en una tendencia natural y justa, hacia la evolución social.
Esta ideología de raíz darwinista, es la que moviliza a las corporaciones capitalistas y al pragmatismo político neoliberal. En la economía liberal el Estado tiene que mantener al hombre en su condición natural de competencia, ya que si el actor más débil (por ejemplo, las pymes o el obrero) sobrevive frente al más poderoso (capital europeo o norteamericano), se produciría una distorsión y la sociedad sería conducida a la decadencia. Los débiles al mando del Estado y de la economía, tarde o temprano, llevarían a la desaparición de la especie. El proteccionismo económico es una manera de suprimir la lucha por la supervivencia y los naturalmente débiles, ocuparían un lugar para el cual no están preparados.
Sectores de la clase dirigente de la Argentina, se manifestaron públicamente a favor de estas ideas económicas y políticas. Por ejemplo, Sarmiento convocó al exterminio de negros, de indios y de criollos por considerarlos razas inferiores. En su lugar, impulsó la inmigración blanca de EUA y de Europa. Alberdi quien compartió buena parte de esa noción, mencionó que “civilizar es poblar” y lo institucionalizó con la Constitución de 1853, que le daba derechos al europeo, en paralelo que el nativo era oprimido y asesinado. Había que trasplantar el blanco en América, para terminar con las razas consideradas débiles y bárbaras. No es casualidad por eso, que Sarmiento o Alberdi  favorecieron la ocupación militar del continente. Sentían, profundamente, que la raza fuerte europea tenía el derecho y la responsabilidad, de imponerse al débil bárbaro sudamericano.

En el terreno de la práctica política, el neoliberalismo postuló el pragmatismo llano de la lucha por la supervivencia. En su óptica, los partidos políticos tienen que formar parte de la lucha por la supervivencia, sin más causa o finalidad que la extensión de la vida de sus propios miembros. Es a partir de acá, que el activista no tiene moral, ética o doctrina alguna, más allá de su acumulación gregaria de poder (económico, militar o de género).
Para el pragmatismo neoliberal el principio y el fin que mueve toda actividad política, es perpetuarse en el cargo. Es por eso, que la ideología o la manifestación de casusas trascendentes, es solamente un discurso coyuntural o de campaña. El mismo dirigente puede apoyar un proyecto de país y al poco tiempo a su contrario, sin sentir contradicciones. Incluso, es necesario que lo haga ya que denota con esa acción una manifestación de su evolución. Cambian las condiciones de existencia internacionales y el dirigente se adapta para sobrevivir y con esa finalidad, puede destruir un país, empobrecer una clase social, perseguir una raza o silenciar una tradición étnica completa. Para el pragmatismo neoliberal, los debates intelectuales son una pérdida de tiempo y su lugar tienen que ocuparlo los comunicadores a sueldo, que reiteran las ideas que conviene en cada momento, sin importar lo que ocurra con ellas y si deterioran la soberanía nacional o social de un pueblo.  
En el pragmatismo neoliberal todos los dirigentes son, por definición, traidores, egoístas y oportunistas, ya que son movidos por el instinto y por la voluntad de poder. La posición contraria es una muestra de debilidad, que puede conducir a la expulsión de un dirigente de un partido por “idealismo”. Para el dirigente neoliberal el mejor aliado político es el idiota sin escrúpulos. No es casualidad por eso, que frente a la muerte de un mandatario neoliberal, quede un vacío y que abajo no existan condiciones para la alternancia. Es natural en una transición política neoliberal, que asuma el más siniestro y cruel de sus colaboradores, que al modo de un lobo, consiga erradicar a sus competidores.     
En un sector partidario del neoliberalismo, se difunde la pauta de que el político es como el cauce de los ríos: si no avanza se estanca y si se estanca se pudre, contaminando todo el ambiente que lo rodea. Al no existir lealtades, ni ideologías, ni proyecto colectivo alguno, es natural la guerra partidaria, las conspiraciones y las traiciones permanentes. La lealtad en la política neoliberal es una frase de salón, que se menciona sabiendo que la única nobleza que mantiene unidos a los hombres, es el mantenimiento y la reproducción del poder.
Atendiendo que la política es un medio para sobrevivir en la competencia capitalista (naturaleza), los partidos liberales acceden a las instituciones públicas para acumular riqueza individual y escapar a la muerte. El Estado liberal es un botín de los triunfadores de la batalla electoral y solamente distribuyen algún recurso público, al momento de construir opinión y ganar otra elección. El gobierno no tiene más finalidades trascendentes que permitir que las corporaciones capitalistas y que la clase política, acumulen poder.
La diferencia entre clase política, gobierno y Estado no existe y es habitual que solamente la muerte separe al dirigente del cargo. Los lugares del Estado son ocupados como resultado del acuerdo político y no importa la idoneidad de sus miembros o los objetivos de la institución. La planificación de las acciones del Estado es el mero resultante de la guerra política. En su óptica, la salud, la educación o el transporte de un país puede caer en manos de cualquiera, solamente es necesario conservar el cargo como resultado del pacto fundacional de la clase. El asesor de medios le dirá al dirigente qué postular frente a la sociedad y las corporaciones qué debe o no impulsar. No importa que la institución cumpla una función social o de utilidad nacional.   
La conducción política neoliberal administra los partidos e instituciones con el terror y aguzando la condición gregaria del hombre. En el liberalismo rige la pauta de “enemistar a tus subalternos para reinar eternamente”. El pragmatismo neoliberal destruye la organización para mandar individualmente. En la política neoliberal la actividad sexual vale más que muchas ideologías o lealtades.

A diferencia del mundo natural que explicó Charles Darwin, el hombre en su lucha por la supervivencia no progresa y no alcanza una situación de estabilidad con su ambiente. El humano es capaz de destruir el ecosistema en el cual vive y pese a tener abundancia de alimentos, mantener a la mayoría animal en la más profunda de las hambrunas. El hombre liberal a diferencia del animal, mata por negocios y no encuentra un límite a su acción depredadora, como podría ser la saciedad del hambre.
El pragmatismo neoliberal manejó el mundo alrededor de tres décadas. Los animales más fuertes fueron las corporaciones de los EUA y de Europa, que condujeron al sistema mundial a la debacle total. La economía, el medio ambiente, las instituciones o el empleo de la mayoría de los hombres, fueron destruidos desde fines de los años setenta. Muchos humanos perdieron en el siglo XX, los derechos por los cuales lucharon en el XIX. Incluso, no pocos países iniciaron el siglo XXI con niveles de atraso superados con anterioridad. La corrupción y la decadencia moral de la dirigencia neoliberal, llegó a la cabeza de presidentes y de organismos internacionales tan disímiles como el FMI, la FIFA o el Vaticano.
Para poder sobrevivir al neocolonialismo y al pragmatismo neoliberal, los pueblos conformaron una clase dirigente con vocación nacional y social. Contra el pragmatismo neoliberal que destruye y sepulta al hombre, se levantaron las ideologías, las religiones y las doctrinas nacionales y populares. En Sudamérica de fines del siglo XX, Hugo Chávez inició el camino de rencuentro de los animales individuos, con la humanidad y con la búsqueda de justicia. Ese camino lo continuaron las organizaciones libres del pueblo en la Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay o Ecuador. Ese cambio no se detiene en el mundo y al Vaticano anquilosado, le llegó su Papa Francisco.

Actualmente y frente a las presiones del capitalismo mundial, Iberoamérica se encuentra en una encrucijada. O los pueblos se organizan y elevan una dirigencia patriótica al mando del Estado y de la nación, o la clase política neoliberal y las corporaciones extranjeras, retrotraerán al hombre a su condición de esclavitud.  

lunes, 18 de mayo de 2015

Partido liberal y Movimiento Nacional

Aritz Recalde, mayo 2015

La política y los Partidos Políticos
La política es una actividad humana tendiente a regular la vida social, cultural o económica de una comunidad. La política se organiza y se desenvuelve como parte de una disputa permanente por el poder social.
Los Partidos Políticos son voluntades colectivas de organización del poder. Su finalidad dependerá de su composición y de sus objetivos originarios, históricos o coyunturales. Para definir la tarea de un Partido Político se debe identificar su composición de clase, racial, étnica, de género y su articulación con otros factores de poder externo o interno como son la iglesia o los militares.

Comprendiendo dicha articulación se puede procurar un análisis de su tarea histórica. 

EJEMPLO 1
La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA articuló un entramado político pluri-clasista que hizo eje en la emancipación de la clase obrera, el mediano productor rural, los sectores medios y la burguesía industrial. Con la revolución la mujer logró derechos políticos (a elegir y ser elegida). La clase trabajadora fue objeto de políticas de Estado de salud, educación o empleo y sus tradiciones culturales fueron incluidas como parte de la gesta emancipadora. Además y de manera inestable, el proceso político tradujo los intereses de otros factores de poder como eran la iglesia o los militares. La REVOLUCIÓN BOLIVIANA que conduce Evo Morales es la expresión política de las organizaciones campesinas, sindicales, de mujeres y de pequeños y medianos productores de Bolivia. La revolución nacionalista y antiimperialista recuperó los principales resortes económicos en manos del extranjero, como es el caso de los hidrocarburos y el agua y los puso al servicio de los programas sociales y de infraestructura del conjunto del país.     

Partidos Políticos Liberales
En el siglo XIX las clases dominantes argentinas y extranjeras impulsaron los Partidos Políticos Liberales. Su finalidad fue mantener el orden racial, económico, social, cultural y de género establecido. Con dicho propósito, sus dirigentes asesinaron a indios y negros, desmovilizaron al resto del pueblo e impidieron el acceso a la política a los trabajadores pobres. Por mucho tiempo también bloquearon la participación de la mujer, que recién pudo votar a partir de la reforma del código electoral del año 1947.
En la óptica liberal, los Partidos son meros instrumentos electorales. La acumulación de activistas se obtiene distribuyendo cargos públicos y el Estado pasa a ser un botín electoral que se reparte entre los ganadores de la formula. El Estado carece de finalidades trascendentes más allá de mantener el orden existente y de financiar la estructura partidaria.  
El capital económico de los factores de poder extranjeros e internos, estipulan en buena medida su funcionamiento. Al carecer de estructuras de base y de activistas, actúan por intermedio de otros factores de poder como son el judicial, el mediático o el militar.
Su agenda de discusión se organiza a partir de la ideología de las potencias occidentales y de los factores de poder establecido y se transmite en la población con la acción de los medios de comunicación de masas. En su versión actual, los partidos liberales no hacen pública su ideología, sino que su relato se construye a partir de encuestas de opinión. Con un mismo objetivo que es el de favorecer a una oligarquía económica y a una reducida estructura partidaria, van modificando su posición frente a los debates públicos de cada etapa y tiempo histórico. 

El Movimiento Nacional
Para contrarrestar la acción de las clases dominantes, en el siglo XX se crearon nuevas herramientas políticas. Un caso fue el Movimiento Nacional que articuló un frente económico, social y político que propuso cambiar el modelo de acumulación y de distribución de la riqueza propio de la oligarquía y los liberales. Dichas expresiones políticas, impulsaron una demanda de:
- recuperación del patrimonio material y cultural nacional en manos extranjeras;
- resolución de agenda de problemas sociales, de géneros y étnicos postergados.

Desde su origen, el objetivo transformador del Movimiento excede ampliamente las tareas meramente electorales del Partido Liberal. Estas expresiones desarrollan un entramado diverso de actores que ingresan al espacio desde los sindicatos, las agrupaciones sociales, las centrales económicas, los ámbitos educativos (secundarios o universitarios) o de los frentes de la cultura (intelectuales o frentes de profesionales y artistas). Vamos a denominar a los ámbitos de actuación mencionados como “organizaciones libres del pueblo” (OLP).
La movilización política contra el sistema no fue ocasionada en el Partido Liberal tradicional, sino que los trabajadores, campesinos o miembros de los militares desde sus propias organizaciones, protagonizaron las reivindicaciones. Los Partidos Políticos tradicionales no expresaron la profundidad de las demandas no satisfechas de la sociedad de masas.
En Iberoamérica la agenda de emancipación social reclamada por el pueblo, fue impedida por el manejo discrecional de las empresas extranjeras. Es por eso, que es habitual que los Movimientos Nacionales impulsen expropiaciones de la tierra o de los recursos naturales en manos extranjeras y que el resultado de estas acciones derive en la distribución social de la riqueza.

A la OLP el Movimiento suma un Partido Electoral, que traduce la fuerza social en  institucionalidad del Estado. Su ámbito de actuación es la comunidad nacional y es habitual que los procesos políticos sean profundamente movilizadores y masivos.


EJEMPLO 2
La REVOLUCIÓN BOLIVIANA de Evo Morales está centrada en el accionar de las OLP campesinas o mineras, que son el resultado de décadas e incluso siglos, de lucha y de articulación. Las OLP se presentan a elecciones con el Movimiento al Socialismo (MAS) que permite que los grupos sociales ocupen legislaturas, Departamentos o Ministerios. Los cargos públicos no son el fin de la revolución, sino que actúan como un medio para la emancipación social, cultural o de género del pueblo boliviano e iberoamericano. La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA en la década del cuarenta, se organizó con un Movimiento Nacional que diagramó un frente electoral (laborismo y UCR JR que derivó en Partido Único de la Revolución y luego en el Partido Justicialista o Peronista) y un conjunto de OLP que le dieron materialidad en todo el territorio nacional. El Movimiento se organizó con trabajadores industriales (CGT o JTP en los sesenta), profesionales y hombres de la cultura (CGP o Comandos tecnológicos en los setenta), universitarios (CGU o JUP en los setenta), empresarios (CGE) o grupos juveniles (UES). Lo integraron sectores  militares y la iglesia. Dentro del dispositivo político de Perón, el Partido Justicialista no fue el eje fundamental, sino que son los trabajadores industriales (CGT) los pilares  del proceso político. Los trabajadores impulsaron a Perón (17 de octubre), ocuparon lugares de gobierno en los cuarenta e intervinieron activamente en la resistencia a la dictadura de 1955.

La diversidad de los reclamos y la incapacidad de las instituciones liberales de canalizar demandas, explican en parte, la tendencia a la formación de Movimientos en lugar de Partidos.
La división internacional del trabajo y la resistencia al cambio ejercida por los poderes internacionales, supo oficiar como un factor aglutinador de clases dentro de un mismo país.


EJEMPLO 3
Un empresario podía acompañar a un gobierno que lo proteja y lo apoye frente a la importación extranjera y la falta de crédito. Un trabajador puede apoyar al mismo gobierno por la defensa de su empleo y por la capacidad de ampliar sus ingresos (bajar la rentabilidad del capital vía derechos sociales o paritarias). Ambos actores pueden encontrarse en un programa nacional de desarrollo, que postula la recuperación del patrimonio en manos del extranjero. También y como demostró la historia, van a enfrentarse. El Movimiento Nacional no propició la desaparición de clases y de conflictos (dictadura capitalista o del proletariado), sino que propuso una institucionalización del mismo evitando la guerra social. La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA creó tribunales del trabajo y favoreció las organizaciones sindicales (CGT) y empresarias nacionales (CGE).      


Movimiento, Partido y Estado
Por intermedio de los Partidos las OLP van a traducir su poder social, de género o cultural en representación estatal. Como resultado de la disputa electoral, van a ocupar lugares en el sistema de instituciones públicas y van a ejercer la regulación y/o modificación de las cuestiones privadas.

Como parte de la disputa y del conflicto, el Estado cumple tareas particulares en el terreno educativo, militar, de salud o de esparcimiento.
En Iberoamérica el avance del Movimiento Nacional impulsó:
-  la construcción del Estado de Bienestar;
-  la transferencia de los recursos económicos de la esfera privada extranjera, a la nacional pública;
-  el pasaje de recursos del capital al trabajo.   

                                       EJEMPLO 4
La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA permitió el ingreso a las legislaturas a los trabajadores y a las mujeres. Al mando del Estado, los trabajadores recuperaron el capital en manos de la oligarquía y el extranjero nacionalizando bancos, depósitos bancarios, comercio exterior, servicios públicos y recursos naturales. La revolución organizó un nuevo pacto histórico con la Constitución de 1949 que institucionalizó los derechos sociales, la propiedad social y la defensa de los recursos naturales. La REVOLUCIÓN BOLIVIANA modificó la Constitución nacional y el nuevo pacto social permitió la representación política, judicial, cultural y social de las organizaciones indígenas campesinas. La Constitución estableció que “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”.

El gobierno y la disputa por la conducción del Estado
Las OLP organizadas como Movimiento Nacional pueden crear un Partido electoral e iniciar la toma del poder del gobierno. La tarea de modificación del Estado para ponerlo al servicio de la mayoría social, implica una reeducación ideológica y técnica de los funcionarios de carrera que hacen funcionar el aparato gubernativo.
Las clases dominantes postulan que la conducción del Estado puede otorgarse a los técnicos sin ideología. Dicha aseveración no es correcta y conduce a que el Estado reproduzca la relación de poder existente, ya que el supuesto de la inexistencia de ideología cristaliza la situación social establecida.

Para garantizar la transformación, las OLP tienen que contar con cuadros políticos que dispongan de doctrina, de vocación de servicio al pueblo y de una moral nacional. A las tres cuestiones se le debe agregar el manejo de una ciencia y de una técnica con fines nacionales y sociales.

El hecho de que El Movimiento Nacional alcance el gobierno, no es garantía de la modificación del Estado y de la redefinición radical de las relaciones sociales. Para poder cambiar el sistema, la actividad política tiene que incluir a las OLP que son las encargadas de acompañar la tarea de refundación moral, política, económica y cultural del conjunto del tejido social.

La modificación de las relaciones sociales institucionalizadas es un paso impostergable. Asimismo, si las OLP no forman los cuadros políticos para la toma, conducción y proyección estratégica del gobierno y del Estado, los cambios pueden fracasar. Si la oligarquía y el imperialismo controlan la ciencia y la tecnología de los países, a la corta o a  la larga, van a manejar el desarrollo económico y político del continente.  




jueves, 7 de mayo de 2015

El nacionalismo popular y la expansión del sistema universitario argentino

 Aritz Recalde, mayo 2015

Desde el año 2003 a la fecha el gobierno nacional abrió quince universidades públicas, a lo largo y a lo ancho de la República Argentina. La última década, conjuntamente al Plan Taquini de fines de los años sesenta, es la etapa de expansión universitaria más importante de la historia del país. Varias de las nuevas instituciones están ubicadas en el conurbano bonaerense, como es el caso de las instituciones radicadas en Moreno, Avellaneda, Florencio Varela (Jauretche), José C. Paz, Merlo (Oeste) o Hurlingham. Otras fueron inauguradas en diversas provincias como es el caso de Tierra del Fuego, San Luis (Comechingones), Rio Negro, Chaco o Santa Fe (Rafaela). Para afrontar la ampliación del sistema universitario, la inversión del Estado aumentó de $ 1.900 millones en el año 2003 a $ 39.000 millones en 2015.
La expansión del sistema universitario argentino se organiza sobre los principios del modelo universitario del nacionalismo popular, que fue inaugurado por la revolución justicialista y que ofició como una complementación y superación del programa reformista de 1918.

Una universidad nacional llamada “Arturo Jauretche”
Entre intelectual y argentino, voto por lo segundo. Y con todo”. Arturo Jauretche

La Universidad Nacional Arturo Jauretche es una de las quince instituciones creadas en la última década. El nombre de la institución es un hecho de política cultural de fuerte contenido ideológico e histórico, que afirma la vitalidad del nacionalismo popular universitario. Arturo Jauretche alcanzó el título de abogado y en el transcurso de su militancia, participó de la vida política universitaria. Don Arturo fundó la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) que abrió agrupaciones universitarias en La Plata, Buenos Aires, Mendoza y Tucumán (Organización Universitaria Forjista) y en Córdoba (Unión Federalista Revolucionaria Argentina). En el año 1939 el forjismo llegó a conducir la Federación Universitaria Argentina (FUA). Tras recibirse de abogado Jauretche no desempeñó tareas en la universidad, exceptuando su labor en EUDEBA en el año 1973. 
Pese a que no trabajó como docente o funcionario universitario, en sus libros y artículos se refirió en diversas oportunidades a la institución. En su óptica, la universidad tenía que cumplir tres funciones fundamentales. La primera, era la de conformar una ciencia nacional capaz de resolver los problemas de los argentinos, ya que en su punto de vista “La incapacidad para ver el mundo desde nosotros mismos ha sido sistemáticamente cultivada en nuestro país.” El segundo elemento fundamental de la universidad, era el de permitir el ascenso social, ya que en sus palabras La Enseñanza Superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de la minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente, carece de finalidad nacional”. Finalmente, Jauretche postuló que la institución tenía que educar en valores, consolidando los principios éticos de la justicia social y de la soberanía nacional y afirmó enfáticamente que “es necesario una moral nacional que es lo que se llama patriotismo”.

La universidad como medio de ascenso e igualación social
La universidad americana desde su origen, fue un instrumento para perpetuar las desigualdades de raza (indios o negros no ingresaban), de género (las mujeres no estudiaban), nacionales (inicialmente era para españoles), de clase y étnicas. Luego de producida la Independencia los liberales profundizaron buena parte de estas concepciones y las instituciones siguieron siendo elitistas y no ingresaban los grupos de bajos recursos. Esta realidad fue modificada parcialmente por la UCR, que impulsó que estudien los sectores medios.
Recién con la Revolución Justicialista, la universidad fue postulada como un medio de igualación social. En el año 1949 el gobierno nacional suprimió los aranceles y los cursos de ingreso universitarios y se crearon becas. Dos años antes, la revolución había sancionado la ley de voto femenino que favoreció el ingreso de las mujeres a la vida política y cultural. La gratuidad indujo la participación de estudiantes latinoamericanos de países limítrofes y de la región. Desde los años cincuenta la universidad argentina se caracteriza por el ingreso popular y de los ciudadanos  latinoamericanos e impulsa la igualdad de género. Actualmente, la apertura de nuevas universidades en todo el país y en particular en el conurbano bonaerense, favorecen dicha tendencia. Como postuló Jauretche, la universidad argentina y a diferencia de lo que ocurre en buena parte del mundo, continúa siendo gratuita tendiendo a que la educación sea un medio de ascenso e igualación social.

Los derechos de los trabajadores docentes y técnico administrativos
La reforma de 1918 intervino la universidad y expulsó a buena parte de los docentes y funcionarios conservadores, quienes se desempeñan laboralmente a la manera de un “planta permanente”. En su lugar, el reformismo postuló los concursos y los miembros de la universidad priorizaron su condición de “científicos”, antes que “trabajadores”. Los docentes perdieron la estabilidad en sus cargos y quedaron sujetos a la competencia permanente de los concursos.
Luego de décadas de luchas obreras, con el peronismo los trabajadores alcanzaron los derechos sociales a la estabilidad laboral, la salud, el esparcimiento, la educación, la vivienda o las jubilaciones. En el terreno universitario, todas las instituciones recibieron un aumento considerable de presupuesto que se reflejó en obras de infraestructura, en la mejora salarial y de las condiciones de trabajo. En el año 1946 el presupuesto universitario era de 48 millones de pesos moneda nacional y al año 1954 había aumentado a 400 millones. Los docentes universitarios consiguieron que las leyes nacionales, les reconozcan los históricos derechos a la dedicación exclusiva en el cargo y a la Carrera Docente. La Carrera Docente permitió articular la dimensión académica docente (formación permanente e ingreso por concurso), con la estabilidad del derecho al trabajo (permanencia en funciones y esquema de ascenso en el cargo).
Resultado de las acciones del proyecto político iniciado en 2003, los trabajadores docentes y técnico administrativo gozan de los derechos conseguidos en los años cincuenta. En el año 2005 los trabajadores técnicos y administrativos firmaron el histórico Convenio Colectivo y desde 2009 los docentes universitarios tenemos la movilidad jubilatoria del 82%. 

La regionalización de las carreras e investigaciones
Tal cual mencionó Jauretche, para el nacionalismo popular la universidad tiene como función fundamental la conformación de una ciencia aplicada a la resolución de nuestros problemas. Ello conlleva la apuesta a la conformación de una matriz científica y tecnológica nacional. Dicha determinación contradice la tendencia liberal y reformista a reproducir las teorías y las agendas de investigación propias de EUA o de Europa. La revolución justicialista regionalizó la universidad y promovió la apertura de carreras y la formulación de agendas de investigación tendientes a resolver los problemas nacionales y populares. La ciencia argentina consolidó proyectos de innovación tecnológica aplicados a la producción de autos, aviones, medicamentos o energía atómica. 
Las nuevas universidades están aplicando las concepciones del nacionalismo universitario y las careras que se abren no son mera copia o reproducción de tendencias occidentales (carreras tradicionales), sino que surgen a partir de identificar temas – problemas locales. La regionalización y nacionalización de la ciencia argentina, permite que el Estado impulsé programas de becas a las carreras estratégicas y que financie líneas de investigación de áreas de vacancia. Desde el año 2003 el debate sobre la autonomía universitaria pasó a un segundo plano y actualmente las instituciones son pilares fundamentales de los programas nacionales de desarrollo, como es el caso de YPF o la Televisión Digital.
Como resultado de la planificación nacional de la ciencia y de la tecnología, hoy nuestro país produce satélites, genera energía atómica, desarrolla contenidos educativos de calidad en la TV pública y nuestros investigadores acompañan los programas de desarrollo estratégico.


Si el nacionalismo popular universitario se impone definitivamente en nuestro país, la Argentina va a estar en condiciones de alcanzar la soberanía cultural y tecnológica, base de la independencia económica y de la industrialización. Sin soberanía científica y sin industrialización, la Argentina será dependiente políticamente, postergando toda posibilidad de bienestar social de los pueblos.  

lunes, 6 de abril de 2015

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) y la Universidad

                           
Aritz Recalde, Juan Godoy, Iciar Recalde
Noviembre 2014


Introducción
“El país necesita derribar las Universidades sin Patria, y no permitir que se establezcan sobre sus ruinas otras Universidades sin Patria.” (“La Tercera Posición en la Universidad”, La Víspera. Semanario de Orientación Nacional, Mar del Plata, Año 1, Nº 9, 10 de febrero de 1945)

“Por una Universidad al servicio de las necesidades de su pueblo.” (“Manifiesto a los estudiantes y al pueblo de la Agrupación Universitaria de FORJA”, FDA)

La Universidad forma parte de una de las preocupaciones teórico políticas fundamentales de FORJA, en la medida en que se encuentra emparentada con cuestiones medulares que signaron los aportes de la Agrupación en su período de actuación (1935-1945). Con posterioridad a su disolución, algunos de sus ex integrantes jugaron roles importantes el debate de la universidad hasta bien entrada la década de 1970.
Varios de sus miembros como Manzi, Jauretche, Dellepiane o Del Mazo desarrollaron una activa militancia[1] en los espacios juveniles universitarios. Según Ciria y Sanguinetti, FORJA: “Estuvo integrada, en su mayoría, por universitarios jóvenes.” (Ciria y Sanguinetti. 1983: 84).
Los desarrollos teóricos de los forjitas se organizaron en torno a la cuestión nacional. FORJA interpeló el rol del intelectual en los países semicoloniales, la injerencia del Imperialismo, el fenómeno de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
La temática de la Universidad fue desarrollada exhaustivamente a través de diversos Documentos, Manifiestos, Volantes y Conferencias y por medio del activismo estudiantil de varios forjistas en distintas Universidades Nacionales.
Para facilitar al lector el entendimiento del tema que aquí nos ocupa, organizamos la exposición de la siguiente manera:
-          ofrecemos una descripción sucinta del nacimiento de FORJA y de sus principales intereses teórico-políticos emparentados con la temática de la Universidad. Analizamos dos aportes fundamentales del grupo: el dilucidamiento de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
-          presentamos los aportes teóricos de FORJA en torno al rol de las Casas de Altos Estudios.
-          reconstruimos las acciones políticas concretas de los forjistas a través de la formación de distintas Agrupaciones estudiantiles en universidades.

El nacimiento de FORJA
“Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) nace en el año 1935 como un desprendimiento de la Unión Cívica Radical (UCR) tras la muerte de  Hipólito Yrigoyen. El filósofo Juan José Hernández Arregui (Hernández Arregui 2003: 225)  establece que la iniciativa originaria fue de Arturo Jauretche, quien convocó a varias figuras intelectuales y políticas del período –Manuel Ortiz Pereira, Gabriel del Mazo, Homero Manzione, Gutiérrez Diez, Juan B. Fleitas, David de Ansó, Félix Ramírez García, Luis Dellepiane, entre otros.
El objetivo inicial para crear la Agrupación era el de enfrentar el funcionamiento del sistema político del período, que estaba caracterizado por el fraude electoral, la extranjerización de la economía nacional y las extremas desigualdades sociales promovidas durante la denominada por José Luis Torres como Década Infame. FORJA denunció el accionar del imperialismo británico y la situación semicolonial en la que se encontraba la Argentina.
El nombre de la agrupación, ideado por Arturo Jauretche, tuvo su origen en una frase de Yrigoyen, que abre este apartado, donde el viejo Caudillo establecía que: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”
Algunos de los forjistas, participarán en los levantamientos radicales -el primero tras el Golpe en Córdoba, el fracasado del General Severo Toranzo en el año 1931, el del Coronel Gregorio Pomar en el mismo año en el Litoral, etc.-. (Galasso, 2002). Se destaca el del Paso de Los Libres del año 1933,[2] donde fueron milicianos Jauretche y Scalabrini Ortiz, que quedará plasmado en un relato épico gauchesco del forjista linqueño.[3]
Vale aclarar que Raúl Scalabrini Ortiz, a pesar de ser uno de los principales orientadores de FORJA, no se afiliará por sus diferencias con la UCR hasta el año 1940, momento en que se levante la condición de ser partidario radical para ser miembro de la Agrupación.
Varios forjistas habían conformado el Movimiento de Continuidad Jurídica, agrupamiento anti-alvearista que pretendía mantener en alto las banderas del yrigoyenismo y se oponía a la jefatura de Alvear: “Sostenían que la abstención sólo podía tener sentido con un contenido revolucionario” (Scenna, 1983: 33). Otros habían participado del Grupo de los Radicales Fuertes –nucleados previamente en la Agrupación Pro Voto Directo-, que emite el Manifiesto “Vocación revolucionaria del Radicalismo” antes de que la Convención  levantara la abstención.
Los forjitas desarrollarán una ardua tarea intelectual y de activismo político. Interesará, particularmente, referirnos al desarrollo teórico en torno al concepto de Colonización pedagógica y al rol del Revisionismo histórico por estar emparentados con la temática de la Universidad.
FORJA en su batalla contra la entrega del patrimonio nacional durante los años ´30, denunciará la injerencia extranjera y todo el engranaje cultural destinado a legitimarla. A partir de aquí, procuran la construcción de un relato histórico que contextualice históricamente la dominación colonial y las luchas populares.





[1] Jauretche y Manzi se conocieron en la Facultad de Derecho de la UBA. (Galasso 2009 T II: 318) En esta época de activismo universitario, Jauretche tomó contacto además con Gabriel del Mazo.  (Galasso 2003: 110 y 126) En los tres casos, su militancia universitaria se alistó a favor del reformismo. La intervención de la Facultad en 1930, expulsó a más de setenta alumnos, entre los que se encontraban ambos. (Ciria y Sanguinetti 1983: 79) Hernández Arregui mencionó que en el universo de “afiliados y simpatizantes” a FORJA, estaba Mario Pascale, quién habría llegado al cargo de Presidente de la FUA. (Hernández Arregui 2003: 226) En realidad, Pascale fue Presidente del Centro de Derecho de la UBA y fue Francisco Capelli quien alcanzó la conducción de la  FUA en acuerdo con el comunismo. (Galasso 2008: 256)
[2] Hipólito Yrigoyen muere el 3 de julio de ese año. José María Rosa señala que tras su entierro:”La impresión es que una chispa haría estallar el polvorín. El pueblo es radical y seguirá al primero que levante la bandera. Pueblo y Ejército no son para ellos dos entidades distintas.” (Rosa, 1980: 136)
[3] Se trata de Jauretche, Arturo (1992). El Paso de los libres. Relato gaucho de la última revolución radical. Buenos Aires: Corregidor.

domingo, 5 de abril de 2015

“Rodolfo Ortega Peña y el revisionismo histórico”

Noviembre 2014
Aritz Recalde, Juan Godoy e Iciar Recalde 

I. Ortega Peña. Breves apuntes biográficos
Rodolfo Ortega Peña fue abogado, escritor y periodista. Nació el 12 de septiembre del año 1935 en el seno de una familia católica y anti peronista. Cursó estudios primarios en la Escuela Argentina Modelo junto a figuras que cobrarían pasados los años cierta relevancia en el campo intelectual argentino, tales como Ernesto Laclau con el que trabó fuerte amistad. El Secundario lo realizó en el Colegio Nacional Mariano Moreno graduándose en 1953. Posteriormente, ingresó a la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el título de abogado en 1956, con sólo 21 años. Estudió además, filosofía, economía y ciencias exactas.
Fue opositor al gobierno de Perón y aprobó su derrocamiento en el año 1955, aunque Marcelo Duhalde asegura que sintió incomodidad ante la tristeza de los humildes frente a la caída del Justicialismo. En el año 1956 conoció a Eduardo Luis Duhalde con quien entabló una estrecha amistad que duró hasta su muerte. Militó en la Juventud Comunista en el año 1957. Se acercó al frondicismo y luego al Peronismo a través de César Marcos. Ortega Peña mencionó en el prólogo al libro Imperialismo y cultura de Juan José Hernández Arregui que:
“Al producirse el 16 de septiembre, yo acababa de cumplir 20 años. El ‘proceso’ peronista lo había vivido en una experiencia indirecta, la de mis padres. Un hogar pequeño burgués, típicamente liberal, que objetivamente se había beneficiado con la política económica de Perón, pero que lo negaba en forma absoluta a nivel ideológico. (…) Así como gran parte de la juventud universitaria, o simplemente de clase media, me embarcaba en conspiraciones contra la “dictadura.” (…) El discurso de Lonardi me encontró (…) en la Plaza de Mayo. (…) Decidí fijarme en quiénes estaban en la plaza. No era difícil determinarlo. Estaban las señoras gordas, los amigos de mis padres, los estudiantes. Era inútil buscar a los cabecitas. Ellos no estaban. A la tarde, al alejarnos del centro, del barrio norte, y acercarnos a los conventillos de la gran ciudad, advertimos miradas hoscas, recelosas, indignadas. El pueblo, el auténtico pueblo, vivía su derrota. (…) Fui acercándome a los grupos de la UCR vinculados a Frondizi. Conmigo muchos otros. La experiencia fue breve pero profunda. (…) Decidimos ingresar al Partido Comunista.” (Hernández Arregui, 1973: 8)
De la mano de Hernández Arregui se incorporará al movimiento nacional peronista.
Su formación ideológica se forjó en su paso por la universidad y a través de los aportes e influencias de intelectuales que aparecen mencionados en sus obras, como Juan José Hernández Arregui, José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos o con Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros. Dirá Duhalde al respecto:
“Recibido de abogado a los 20 años, haciendo al mismo tiempo la carrera de Filosofía, estudiando luego Ciencias Económicas; polemizando con Julián Marías sobre la ontología de Unamuno; con Carlos Cossio sobre la teoría ontológica del derecho; con Tulio Halperín Donghi sobre la significación del Facundo: con Marechal y Sábato sobre la estructura de la novela; con Córdova Iturburu sobre las pinturas rupestres de Cerro Colorado; pocos casos debe haber en nuestro país de un intelectual con tanta capacidad y actividad interdisciplinaria. Al mismo tiempo, con tan poco interés en dedicar su vida prioritariamente a cualquiera de esas disciplinas, pese a haber sido hasta el fin, un ávido y obsesivo lector de todas ellas, en castellano, inglés, francés, alemán, italiano, portugués, latín y griego.”
Entre los años 1963 y 1964, participó activamente en los dos planes de lucha de la Confederación General del Trabajo y fundó CONDOR (Centros Organizados Nacionales de Orientación Revolucionaria) junto con Eduardo Luis Duhalde y Ricardo Carpani. Coadyuvó a la formación de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) para resistir a las dictaduras. En los años sesenta denunció la desaparición de Felipe Vallese en el Diario Compañero, frente al silencio de los medios de comunicación oficiales. Tres años después publicó el volumen Felipe Vallese, proceso al sistema. Fue asesor legal de Sindicatos importantes de la Argentina en estos años, entre ellos la UOM.
Fundó junto a otras figuras de la cultura y de la política del período, el Centro de Estudios Históricos Felipe Varela y el Centro de Cultura Carlos Guido Spano. Desde allí comenzó a publicar La Unión Americana. Organizó la editorial Sudestada donde fueron publicados varios autores revisionistas. Participó en la película La Hora de los Hornos de Solanas y Getino y dirigió la Revista Mundo Nacionalista. La Patria es un peligro que florece.
Con la llegada de la dictadura de 1966 Ortega Peña se convirtió en un activo defensor de presos políticos. Colaboró en la organización de las comisiones de familiares de presos y denunció las violaciones a los derechos humanos. Desde el punto de vista profesional, ensayó todos los caminos de una práctica social de la abogacía. Trabajó incesantemente por la defensa de los trabajadores y contribuyó a la fundación de la Asociación Gremial de Abogados en 1971 y a la Agrupación de Abogados Peronistas. Dese allí patrocinó a los presos políticos e intervino en causas resonantes como la de los acusados por el secuestro de Aramburu y del empresario Oberdan Sallustro.
Durante la breve gestión de gobierno de Héctor Cámpora fue nombrado en el Instituto de Historia del Derecho y como Director del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En la etapa es designado profesor de Historia del Derecho Argentino. En estos años dirigió la Revista Militancia peronista para la liberación (luego De Frente) y colaboró en El Mundo. En 1974 accedió al cargo de diputado nacional y en sus cuatro breves meses de gestión visitó provincias, hizo pedidos de informes, presentó múltiples proyectos de ley y denunció el accionar terrorista de la Triple A.
Se integró al Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), brazo cultural del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue asesinado por la el grupo terrorista Triple A el 31 de julio de 1974. [1]

La política de la historia
Durante toda su vida desarrolló una prolífica labor historiográfica desde una perspectiva revisionista, rescatando figuras poco trabajadas por la historiografía liberal como las de Felipe Varela o Facundo Quiroga. Entre sus contribuciones más importantes deben mencionarse El asesinato de Dorrego, Felipe Varela contra el imperialismo británico, Facundo y la montonera, Baring Brothers y la historia política argentina, publicadas en coautoría con Eduardo Luis Duhalde.
Para el autor la historia oficial era una justificación del accionar de las clases dominantes del país. A partir de acá, la disputa política con el poder estatuido incluyó la crítica histórica. En la perspectiva de Rodolfo Ortega Peña la historia es el reaseguro del entendimiento del presente. Propuso hurgar en el pasado para no cometer los mismos errores, encontrar lazos de continuidad en la lucha contra el imperialismo y en los actos de resistencia de las masas populares. El autor postula entender el pasado para orientar una política nacional en el presente. En sus palabras “No fue un intento de manipular la historia para refrendar ninguna posición presente, sino todo lo contrario: buscar en el ayer los criterios para la comprensión del propio tiempo que nos tocaba vivir.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 6)
Cuenta Eduardo Luis Duhalde al respecto que “Si bien con Ortega Peña veníamos laborando hacía tiempo en la investigación histórica, esta tarea había sido simultánea con la actividad política y profesional. Este vuelco prácticamente total a la disciplina histórica no era casual. Tenía que ver con el tiempo político de la Argentina y con el nuestro.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 5)
Ortega Peña desarrolló una posición disonante de la historiografía liberal-oficial ya que en su punto de vista:
“Con respecto a la actitud de la historiografía oficial, debe señalarse que ésta se caracteriza por ese “científico” proceder, consistente en pronunciarse sobre lo que le conviene, deformando u ocultando la verdadera realidad. En este sentido, tal historiografía, es un elemento más, sumamente importante, del sistema educativo de la clase oligárquica.” (Ortega Peña y Duhalde, 1965b: 22)
El autor entiende que superestructura cultural actúa otorgando o quitando prestigios a quienes se sometan o no a la visión canonizada de nuestro pasado. Dirán Ortega Peña y Duhalde:
“La miopía histórica no equivale a ignorancia. Ni tampoco debe ser considerada casual. Excelentes productos de una universidad colonial, los profesores de “nuestra” historia, comprometidos con una falsa cientificidad, inventaron historias autónomas para no tener que describir la dependencia económico-social de nuestro país. Advino de ese modo la etapa de la monografía científica. Estos profesores, incansables redactores de inacabables documentos, saben, por otra parte, que la cuestión reside en mejorar su estilo. Con ello lograrán un día el salto a las academias, y ser comentados dominicalmente por los fotograbados de la “prensa seria.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 41)
En paralelo la crítica a la historiografía oficial, los autores buscan un lugar particular dentro del revisionismo histórico. Ortega Peña y Duhalde quieren desarrollar un revisionismo que profundice la tarea de los “precursores” y así sostienen que “Si bien las corrientes del revisionismo histórico tienen el mérito de haber cuestionado aquella versión sacralizada y tendenciosa, elaborada por los sectores dominantes de nuestra sociedad, sus propias limitaciones les han impedido -en la mayoría de los casos- ir más allá de la polémica con el liberalismo como contradiscurso ideológico.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 6)
En su punto de vista, uno de los aspectos menos desarrollados por la historiografía revisionista tenía que ver con describir objetivamente la tarea cumplida por los sectores populares. En sus palabras “La corriente historiográfica liberal, el revisionismo ortodoxo, y el desarrollismo, coinciden entonces en negar la presencia protagónica de las masas en la historia argentina.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 180).
Escritas en un lenguaje de fácil lectura, sus obras se sostienen con rigor documental. En este sentido, respecto al método de investigación y en ocasión de la edición del libro sobre Dorrego, los autores afirman que “Han creído conveniente, dado el carácter de ensayo de la obra, no recargarlas con citas de libros, aunque por otra parte creen haber utilizado la bibliografía más seria. Han recurrido a la cita de textos, cuando su importancia así lo exigía.” (Ortega Peña y Duhalde, 1965b: 14)





[1] La biografía del autor fue realizada con los aportes de los trabajos de Galasso, 2009, T II: 330-333; Memoria abierta, 2010: 25; Celesia y Waisberg, 2013; Duhalde, 2014 y Leoni Sanz, 2012.