miércoles, 15 de octubre de 2014

JOSÉ MARÍA ROSA, NUESTRO CONTEMPORÁNEO

CUADERNO DE TRABAJO N° 17 DEL CENTRO DE ESTUDIOS JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI

ARITZ RECALDE
Octubre de 2014

 “El dominio extranjero penetró sutilmente, y antes de llegar al campo material se había apoderado del espiritual.” (Rosa, 1966: VIII)

José María Rosa (1906-1991) es uno de los historiadores más prolíficos y profundos del país. Su primer libro data de sus años de juventud, se publicó en 1933 con el título de Más allá del código. Su Historia Argentina, editada por Oriente se compone de trece abultados tomos de minuciosa labor historiográfica. Compiló, además, más de quince volúmenes donde investiga cuestiones de Derecho, economía, historia y geopolítica. (Manson, 2007: 385-386)
En nuestra óptica, José María Rosa es conjuntamente a Norberto Galasso, el historiador revisionista más destacado del campo intelectual argentino. Juan José Hernández Arregui mencionó que dentro del revisionismo: “Desde el punto de vista estrictamente historiográfico, es el más importante por la documentación que maneja y su frecuentación de los archivos.” (Hernández Arregui, 2004: 204) Galasso sostiene que Rosa fue leído masivamente a partir de mediados de los cincuenta: “Por una juventud que descree de los viejos textos liberales y busca una posición política nacional.” (Galasso, 2011: 49) Su obra fue una fuente documental de suma importancia en las décadas del sesenta y setenta y su figura ocupó un lugar central en la política argentina, al punto de que Juan Domingo Perón manifestó que: “Bastaría conservar dos o tres libros. Entre las plumas argentinas, los de Scalabrini Ortiz, la fundamental Caída de Rosas de Pepe Rosa, y este último que Hernández Arregui acaba de enviarme sobre el ser nacional.” (Piñeiro Iñiguez, 2007: 222)


¿Quién fue José María Rosa?
“Como germen de la Argentina soberana de mañana, el revisionismo ganó fácil y triunfalmente a las capas populares.” (Rosa, 1966: XXXI)


José María Rosa nació en Buenos Aires en el año 1906. Estudió Derecho y se doctoró en el año 1933 con la tesis Origen mítico del Estado.
Su padre intervino en el quehacer político partidario y cumplió funciones en la provincia de Mendoza tras el Golpe de Estado de 1930 y en 1943 ocupó un cargo ministerial. Por tradición familiar y por inquietudes propias, José María tuvo un contacto permanente con los sucesos políticos de la etapa. En su juventud participó en Democracia Progresista de Lisandro de la Torre. Según una entrevista publicada en el año 1978, sostuvo: “Yo nací antirrosista y antirradical. Me costó sacudirme el antirradicalismo, pero hoy en día creo comprender a Hipólito Yrigoyen.” (Hernández, 1978: 15)
Luego del 17 de octubre del año 1945 formó parte de la Alianza Libertadora Nacionalista, que apoyó al Peronismo con una fórmula electoral propia. (Manson, 2007: 154-155) Durante los diez años de la revolución justicialista ocupó un lugar secundario en el Estado, cumpliendo el cargo de síndico de la línea aérea oficial FAMA.  Hasta el año 1955, se definió a sí mismo más como “simpatizante”, que como activista peronista. (Hernández, 1978: 29) Iniciada la dictadura del año 1955, participó del levantamiento cívico militar de 1956 conducido por el General Valle. Rosa conoció la cárcel por recibir en su domicilio a John William Cooke y se exilió en España y en Uruguay. En el país oriental lo recibieron Luis Alberto Herrero y Víctor Haedo. (Manson, 2007: 220) Con el regreso de la democracia en el año 1973 ocupó por breve tiempo funciones diplomáticas en el Paraguay y luego en Grecia.
Su actividad principal no fue la lucha partidaria sino su obra intelectual, historiográfica y docente, sin lugar a dudas, sus más grandes legados.  Rosa dictó clases en las Universidades del Litoral y de La Plata desde la década del treinta, entre otras actividades académicas. Su labor docente fue interrumpida en 1955, momento en que fue expulsado de sus cátedras. Participó, además, en el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas donde tomó contacto con los hermanos Irazusta, Manuel Gálvez, Ramón Doll, Vicente Sierra, Ernesto Palacio, Atilio García Mellid,  Arturo Jauretche y John William Cooke. (Manson, 2007: 166) Publicó artículos periodísticos en Mayoría y en los años ochenta dirigió la Revista Línea que se opuso a la dictadura abierta en 1976.

Su obra historiográfica
“Ningún demócrata liberal podrá negar de buena fe que el revisionismo no haya ganado la batalla intelectual argentina; la intelligentzia se ha visto finalmente derrotada y desalojada por la verdadera inteligencia.” (Muñoz Azpiri, 1974: 163)
La producción de José María Rosa puede sintetizarse en tres aportes fundamentales en el plano historiográfico, político y cultural:

I. Es una fuente documental sumamente valiosa
Su trabajo organizó de manera sistematizada un trascendental caudal de información histórica, compuesta por archivos y piezas documentales inéditas para la época.

II. Ofrece una teoría para interpretar los procesos históricos
En su óptica, para comprender la historia argentina era necesario develar:

- El rol de los imperialismos europeos (principalmente, Francia e Inglaterra), norteamericano y brasileño. 
- La tarea cumplida por los representantes del pueblo. En su punto de vista: “Prescindir de la historia de un pueblo, es algo así como separarse del alma de una comunidad.” (Rosa, 1976: 140) Para Rosa el sujeto del cambio histórico era el pueblo y la tarea del historiador estaba ligada a la explicación de su realidad social, cultural, racial y política.

III. Es un modelo de intelectual nacionalista y latinoamericanista
Su obra contribuyó en el terreno cultural y político a:

A. la formación de una conciencia nacional y antiimperialista
B. la organización de una conciencia popular
C. la formación del nacionalismo económico
D. la unidad de Latinoamérica

A. José María Rosa y la conciencia nacional y antiimperialista
Un factor decisivo en la discordia argentina fue la injerencia británica.” (Rosa, 1976: 10)

Rosa documentó y explicó minuciosamente el funcionamiento del imperialismo financiero, militar y geopolítico de las potencias. Destacó que las agresiones europeas al país durante el siglo XIX eran parte de una estrategia mundial. La acción militar inglesa sobre China de 1841 y la posterior ocupación de Hong Kong, iban en sintonía con las invasiones británicas de 1806, con la anexión de Malvinas de 1833 o con la agresión a la Confederación de 1845. (Rosa, 1976: 101) El autor mencionó que la agresión de Francia de los años 1838 y 1839 estaba en la misma línea que la ocupación colonialista europea de países como Argelia. Para el autor, el triunfo de la posición europea sobre la Confederación traería aparejada la pérdida de nuestra soberanía política, comercial, territorial y financiera. Rosa destacó la acción antiimperialista del pueblo que resistió con su caudillo la intromisión foránea. Una manifestación clara del nacionalismo político de la Confederación, fue la respuesta que dio Juan Manuel de Rosas a la prepotencia francesa. El Restaurador contestó por intermedio de Felipe Arana que: “Exigir sobre la boca de cañón privilegios que solamente pueden concederse por tratados es a lo que este gobierno, tan insignificante como se quiera, nunca se someterá.” (Rosa, 1974 T 4: 311)
Rosa documentó la acción del neocolonialismo cultural y político de los europeos. En su punto de vista, existió una relación estrecha entre el imperialismo económico y la dependencia cultural de nuestra dirigencia: “La relación imperialista entre una metrópoli que exporta productos elaborados y una colonia que produce materias primas y víveres, sólo excepcionalmente se impone por la fuerza (y no será duradera). A la voluntad dominante de la metrópoli debe corresponder y plegarse una voluntad de vasallaje en la colonia, o en los nativos que gobiernan la colonia. Éstos, por regla, no tienen conciencia de encontrarse sometidos, ni comprenden que sirven intereses foráneos.” (Rosa, 1976: 11) Resultado de la habilidad del neocolonialismo europeo, Domingo Faustino Sarmiento, Florencio Varela, Bernardino Rivadavia y Juan Bautista Alberdi, apoyaron públicamente a los franceses en plena guerra de 1838. Tomando distancia y en línea con el gobernador bonaerense, el General San Martín mencionó el 10 de julio de 1839: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a la patria.” (Rosa, 1974 T 4: 320; 1967: 54 y 56)
El autor dedicó un espacio importante a la historia de las relaciones entre Argentina y Brasil. Mencionó que resultante de las disputas territoriales entre ambos gobiernos, surgió el Virreinato del Río de La Plata en 1776 y se produjeron una seguidilla de enfrentamientos militares sobre el territorio del actual Uruguay. Brasil impulsó la caída de Juan Manuel de Rosas, por el hecho de que el mandatario evitó la ocupación del Uruguay y la extensión territorial lusitana hacia el sur y sobre el Paraguay. (Rosa, 1960: 3-4) Para triunfar en la batalla de Caseros en el año 1852, las clases dirigentes del Brasil se aliaron al imperio británico y fomentaron las disputas internas de la Confederación, profundizando las diferencias de Justo José de Urquiza con Rosas. Como resultado de la guerra obtuvieron la libertad de navegar los ríos uruguayos, el control de las Misiones Orientales y el dominio político, militar y comercial de la Cuenca del Plata. (Rosa, 1960: 69)

B. José María Rosa y la organización de una conciencia popular
“La nacionalidad, como todos los valores sociales -religión, lenguaje, derecho- surge de abajo arriba, de las clases inferiores a las superiores. El pueblo pese a quienes quieran educar al soberano en el acatamiento colonial, es fermento del nacionalismo y acaba por imponerse.” (Rosa, 1974 c: 194)

“Los hijos de Martín Fierro y del Sargento Cruz eran educados en las escuelas de Sarmiento a despreciar a sus padres por bandoleros, y buscar el perdón de su pecado original amoldándose mansamente a los dueños del cepo, los contingentes y la partida.” (Rosa, 1966: IX)

Los libros de Rosa son aportes fundamentales a la historia de las luchas de los trabajadores y de los grupos racial y étnicamente oprimidos por las clases dominantes. En su cosmovisión, los sectores populares son el motor del cambio de la historia y las masas siguen a los caudillos “oponiéndose a los gobernantes que han perdido el patriotismo.” El pueblo acompañó a Gervasio Artigas en la Banda Oriental, a Martín Güemes y sus Infernales y a Ramírez y Estanislao López reunidos en montoneras. (Rosa, 1976: 12-13) El pueblo se expresó activamente con Felipe Varela al que Rosa denominó el “Quijote de los Andes”, que enfrentó a Bartolomé Mitre y se opuso a la guerra del Paraguay. (Rosa, 1985: 222-228)
Rosa reivindicó la figura de Juan Manuel de Rosas por su vínculo con las clases populares. Destacó que Rosas aprendió el lenguaje araucano y realizó “parlamentos” alcanzando con un sector importante de los pueblos originarios una “paz duradera.” Con otros grupos entabló la guerra en el marco de la Campaña del año 1833. (Rosa, 1976: 37) En su punto de vista Juan Manuel de Rosas: “Fue el único gobierno popular que tuvimos en el siglo XIX” y desde el control del Estado promovió la “mejora social.”  (Rosa, 1976: 131)
De su reivindicación del pueblo como sujeto de la historia surgió su apoyo a Cornelio Saavedra y sus críticas a Mariano Moreno. Rosa sostiene que el pueblo integró la milicia desde las invasiones inglesas de 1806 y mencionó que, en este contexto, Saavedra era jefe de un regimiento de “patricios.” Estos mismos milicianos fueron luego los “soldados, cabos y sargentos” que se movilizaron el 24 de mayo de 1810 a los cuarteles con la finalidad de destituir definitivamente al Virrey. El 25 de Mayo tuvo como protagonista al: “Pueblo en armas (…) imponiéndose como la gran realidad argentina (…) fue también el levantamiento de las orillas contra el centro.” (Rosa, 1974 T 2: 192)  Rosa mencionó que Saavedra tenía “tras suyo” al pueblo y al Ejército que se había conformado con la masa en la etapa de la milicia. Dijo Rosa que: “Un pueblo se impone con un caudillo, Saavedra pudo serlo y no lo fue; y Moreno -que se hizo de la Revolución- no era hombre de multitudes (…) era un intelectual, del tipo de quienes tratan de amoldar la realidad a los libros: sus ideas políticas.” (Rosa, 1974 T 2: 199-201) Como resultado de las históricas jornadas independentistas en toda Hispanoamérica, Rosa concluyó que: “Una clase vecinal, criolla y acomodada, toma el gobierno para defender el orden; un grupo de teorizantes trata de quitárselo para implantar sus reformas liberales; un pueblo para quien la revolución significará el ingreso a la realidad política es dejado de lado.” (Rosa, 1974 T 2: 248)

En Del Municipio Indiano a la Provincia Argentina (1580-1852), el autor reconstruyó la historia de las instituciones de la democracia popular. Allí sostuvo que el pueblo se organizó políticamente con los caudillos, que fueron quienes le otorgaron vitalidad a las primeras experiencias de participación de masas en el gobierno. Sobre la base de estas incipientes democracias nacieron las ciudades y sus gobiernos, las municipalidades y luego las provincias argentinas. (Rosa, 1974 b)

 C. José María Rosa y la formación del nacionalismo económico
“Un país puede ser pequeño, económicamente subdesarrollado, y aún encontrándose sometido por las armas, sin dejar de ser una nación si tiene una mentalidad nacional y obra, dentro de sus posibilidades, con la voluntad de manejarse a sí mismo.” (Rosa, 1974 c: 182)

Rosa publicó dos obras fundamentales sobre la historia de la economía nacional, Defensa y pérdida de nuestra soberanía económica y Rivadavia y el imperialismo financiero. En muchos aspectos, las conclusiones de ambos libros son sumamente actuales. 
El autor sostiene que la aplicación del liberalismo económico en América fue el reflejo de la dependencia española y del neocolonialismo de la dirigencia política emancipada luego de 1810. Los Tratados de apertura comercial de 1809 surgieron como parte de la debilidad de la corona española agredida por Napoleón: España entregó sus mercados coloniales a cambio de la protección política y militar inglesa. (Rosa, 1967-b: 34-35) Luego de la Revolución de Mayo, los intelectuales y los dirigentes del Primer Triunvirato de 1811 impulsaron la apertura comercial. Para Rosa el programa fue estimulado principalmente por Bernardino Rivadavia en su condición de Secretario del gobierno. (Rosa, 1967- b: 52) El autor mencionó que: “Bajo el signo de la “libertad” nace el imperialismo británico.” (Rosa, 1974 c: 183)
Rosa indicó que en América con anterioridad al año 1809 existió una industria artesanal y que el liberalismo económico aperturista la destruyó: “Además de talleres manufactureros, hallamos al iniciarse el siglo XIX las fábricas de derivados de la ganadería: saladeros, curtiembres, jabonerías (…) la fábrica tenía características propias del pequeños capitalismo.” (Rosa, 1967-b: 25) En lugar de retomar y de perfeccionar la estructura existente, la competencia europea la quebró, profundizó las diferencias tecnológicas e impidió el desenvolvimiento de una economía industrial propia.
Destacó que a partir de los siglos XIX y principios del XX los intereses ingleses y franceses controlaron:
- El sector financiero: instituciones de préstamo y bancos. Rosa citó como un caso típico de nuestra dependencia al Banco de Descuentos impulsado por Rivadavia. La institución tenía Directores particulares locales e ingleses que controlaban las asambleas dejando al Estado sin poder de decisión. Por intermedio de este instrumento financiero, los comerciantes extranjeros fugaron el oro del país en fragatas británicas. Resultado de la acción de Rivadavia el “poder corruptor del Banco” había saqueado al Estado al punto de que “no quedaba en caja ni una onza de oro, ni un peso de plata ni un billete de papel: deudas, solamente deudas.” (Rosa, 1974 c: 55, 72 y 73) 

- la política comercial: puertos y sistemas arancelarios
- los recursos naturales y productivos: tierras, minería y empresas de servicios.

El autor mencionó que existió una relación estrecha entre los representantes del Estado y las empresas europeas, al punto de que Rivadavia fue a la misma vez mandatario nacional y miembro de sociedades mineras. Rivadavia se vinculó a los grupos de poder económico internos e internacionales como fueron los casos de la minera Mining o la Casa Hullet. Poseyó, además,  acciones de la Sociedad Rural Argentina y adquirió títulos públicos. (Rosa, 1974 c: 176-180) 
Uno de los aportes principales de los libros de Rosa fue la explicitación del funcionamiento del imperialismo financiero moderno. En su punto de vista: “Tras el imperialismo mercantil, llega el financiero en forma de exportación de capitales o control de los capitales nativos. Lenin habla de él como etapa iniciada a fines del siglo XIX (…) desde el segundo decenio del siglo pasado hay en Hispanoamérica una penetración de capitales ingleses en forma de monopolios bancarios, empréstitos, empresas mineras colonizadoras, etc.” (Rosa, 1974 c: 185)
En su libro sobre Rivadavia documentó minuciosamente el accionar del nuevo poder financiero mundial. Rosa mencionó que los empréstitos eran “instrumentos de dominación” cuya finalidad fue “atar a los pequeños Estados hispanoamericanos al dominio británico.” (Rosa, 1974-c: 79)  En el año 1822, la Junta de Representantes sancionó una ley facultando a la provincia de Buenos Aires a tomar un préstamo para construir un puerto, levantar pueblos y proveer agua, entre otras acciones. En el año 1824, se negoció el préstamo con la Casa Baring Brothers. La operatoria puede resumirse en los siguientes aspectos:

- Se tomó un préstamo de 1 millón de libras y la mayoría del dinero no ingresó efectivamente al país. En gran parte de los casos, Baring envió solamente letras de cambio y no metálico (oro o plata)
- Se cobraron onerosas comisiones distribuidas entre los mediadores argentinos (Rivadavia, Félix Castro y Braulio Costa) y extranjeros (Hullet, John Robertson y un consorcio de accionistas)
- El Estado empeñó la tierra pública como garantía. Recién con Manuel Dorrego y con Rosas se buscó terminar con la gravosa hipoteca sobre el suelo del Estado
- No se cumplió ninguno de los objetivos introducidos en la ley de 1822.

El préstamo se articuló con otros negocios de Rivadavia y sus aliados ingleses, como fue el caso de la venta de los minerales de la Famatina de la provincia de La Rioja. La operación financiera fue organizada por la “Río Plata Mining Association”, que actuó en conjunto con la prensa inglesa Times y Sun, que inflaron el costo de los bonos en el mundo bursátil de la City londinense. (Rosa, 1974-c: 141-142)
José María Rosa mencionó que frente al liberalismo antinacional, en el siglo XIX Juan Manuel de Rosas impulsó el capitalismo argentino. Entre otras medidas, sancionó la Ley de Aduana del año 1835, construyó saladeros, impulsó la Marina Mercante y entregó tierras en pequeñas superficies. (Rosa, 1967-b) El gobernador desandó la arquitectura financiera de Rivadavia y creó el Banco de la Provincia de Buenos Aires dando estabilidad a la moneda argentina. (Rosa, 1976: 59-68) La Batalla de Caseros que lo derrocó tuvo entre sus objetivos la expansión del imperialismo económico y: “La libertad de comercio del 53 trajo la invasión de manufacturas inglesas, que significó el cierre de los talleres artesanales protegidos hasta entonces por la política aduanera.” (Rosa 1966: X)   

D. José María Rosa y la unidad de Latinoamérica
“Paraguay fue la última tentativa de una gran causa empezada por Artigas en las horas iniciales de la Revolución, continuada por San Martín y Bolívar al cristalizarse la independencia, restaurada por Rosas en los años del sistema americano, y que tendría en Francisco Solano López su adalid postrero.” (Rosa, 1985: 12)

José María Rosa contribuyó al conocimiento mutuo de los países y pueblos del Continente. En su prolífero trabajo rescató la historia de las instituciones políticas populares y abogó por la conformación de un sistema federal capaz de garantizar la unidad continental. Desarrolló investigaciones sumamente importantes para develar el origen de la Guerra del Paraguay. Inicialmente, sus trabajos se divulgaron en cuarenta y ocho notas en el Semanario Mayoría, entre los años 1958 y 1959. Ese material se publicó reunido en el libro La guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas. La hipótesis central de la obra es que la guerra de Brasil, Argentina y Uruguay contra el Paraguay fue la consecuencia lógica de un plan geopolítico conformado por los unitarios, por el imperio del Brasil y por el imperialismo europeo. El derrocamiento de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros de 1852, fue el paso fundamental para alcanzar su meta. Destituido Rosas, la estrategia se profundizó en los campos de Cepeda en 1859 y en Pavón en 1861. La obra política se culminó a través del control de la Banda Oriental por el Brasil y en las guerras de policía impulsadas por los unitarios contra los caudillos. Las causas principales de la guerra según José María Rosa fueron:

- Destruir al país económicamente más poderoso de América del sur y, en su lugar, imponer las mercancías y los negocios financieros de los ingleses. El autor destacó que Europa saqueó a América que fue la garantía para su desarrollo económico y social: “El obrero metropolitano consigue bienestar  -y por tanto lo satisface el sistema capitalista- a costa de la miseria del trabajador colonial.” (Rosa, 1974-c: 188)
- Expandir los intereses del Brasil destruyendo militar, política y económicamente a su adversario geopolítico. La potencia lusitana fue a la guerra con la finalidad de apropiarse de territorios y de mercados paraguayos.

El saldo para el Paraguay  fue catastrófico y el país quedó totalmente destruido. La guerra fue un negocio para los proveedores de armas y le permitió a un pequeño grupo de dirigentes apropiarse de grandes superficies de tierra.
José María Rosa recuperó la figura y las acciones del líder oriental Gervasio de Artigas y según se lee en el epígrafe, lo ubicó en la gesta de San Martín, Bolívar y Rosas. A diferencia de las opiniones negativas de varios referentes de la historia oficial, reivindicó las acciones de Artigas destacando su programa social que incluyó la entrega de tierras expropiadas a los “malos españoles.” Mencionó que Artigas era la manifestación de la revolución nacionalista “iniciada el 25 de mayo y detenida en Buenos Aires.” Su acción política fue la expresión de un genuino “federalismo” y de la existencia de “la Patria Grande” como parte de una “liga de las Patrias Chicas municipales.” (Rosa, 1974 T 3: 54)  Rosa destacó que Artigas impulsó experiencias de democracia directa y promovió un sistema político federal con división de poderes. Su programa quedó reflejado en las Instrucciones que elevaron los Diputados orientales a la Asamblea General de 1813. (Rosa, 1974 T 3: 60-61)

Por todo lo dicho, estamos convencidos de que José María Rosa es nuestro contemporáneo.


 Bibliografía citada

Galasso, Norberto (2005). Los Malditos, Madres de Plaza de Mayo, V II, Buenos Aires

(2011). Historia de la Argentina, Colihue, T I, Buenos Ares

Hernández Arregui, Juan José (2004). La formación de la conciencia nacional, Peña Lillo, Buenos Aires

Manson, Enrique (2007). José María Rosa, el historiador del pueblo, CICCUS, Buenos Aires

Muñoz Azpiri, José Luis (1974). Rosas frente al imperio británico, Theoria, Buenos Aires

Piñeiro Iñiguez, Carlos (2007). Hernández Arregui, intelectual peronista, Siglo XXI, Buenos Aires

Rosa, José María (1960). El pronunciamiento de Urquiza, Peña Lillo, Buenos Aires

(1966). “Prólogo” a Historia de la Confederación de Adolfo Saldías, Oriente, 1975

(1967). El cóndor ciego. La extraña muerte de Lavalle, Sudestada, Buenos Aires

(1967 b). Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, Huemul, Buenos Aires

(1974). Historia Argentina, Oriente, T 1 a 13, Buenos Aires

(1974 b). Del Municipio indiano a la Provincia Argentina (1580-1852), Versión digitalizada por Eduardo Rosa
(1974 c). Rivadavia y el imperialismo financiero, Peña Lillo, Buenos Aires

(1976). Rosas, nuestro contemporáneo, Peña Lillo, Buenos Aires

(1985). La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Hyspamerica, Buenos Aires.





jueves, 25 de septiembre de 2014

John William Cooke

Aritz Recalde, septiembre 2014

 “El Peronismo no es populismo, es revolución.” J.W. Cooke

 “El pensamiento latinoamericano no puede sino ser revolucionario. En cuanto deja de serlo se niega a si mismo, porque admite como inmutable la situación que nos oprime.”  J. W.  Cooke

John William Cooke (1919 – 1968) nació en La Plata y estudió derecho en la UNLP. Originario de militancia en la UCR, accedió al cargo de diputado nacional en 1946 acompañando el peronismo (desde la UCR Junta Renovadora).
Entre sus intervenciones más notorias en la Cámara de Diputados, estuvo la justificación de la expropiación del Diario La Prensa del año 1951. Allí sostuvo que “Nosotros estamos con los obreros, y estamos contra La Prensa, porque La Prensa siempre  estará, como lo ha estado hasta ahora, contra los obreros y contra  nosotros”. En otra oportunidad aseveró “Considero que la prensa comercial vinculada al imperialismo es uno de los mayores peligros para los países que luchan por su liberación. La expropiación de La Prensa fue un acto realizado por los procedimientos que autoriza la Constitución. No fue, como se dice, un atentado contra la libertad de de opinión, por que La Prensa es una empresa comercial imperialista”.
Luego del bombardeo del país en el mes de junio del año 1955, Juan Domingo Perón lo designó como interventor del Partido Justicialista de capital federal. Caído el gobierno luego de la asonada militar de septiembre, es arrestado y trasladado al sur del país.
Desde su exilio Perón lo designó como su representante en la Argentina ya que “En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y, sus decisiones, tienen el mismo valor que las mías. En el caso de mi fallecimiento, delego al Dr. John William Cooke, el mando del movimiento”.  

Protagonista de la resistencia peronista
 “No escribimos para conquistar corazones sino porque creemos tener razón, y esa razón sólo vale si la comparten las masas trabajadoras que son las que hacen la política revolucionaria.” J. W. Cooke

A partir del año 1955 Cooke integró la resistencia peronista contra las dictaduras y la violencia impulsada por el régimen. En esta etapa participó en los Comandos de la Resistencia, en el intento de huelga general revolucionaria del Frigorífico Lisandro de la Torre y acompañó la acción de la guerrilla de los Uturuncos. El conflicto del Frigorífico Lisandro de la Torre se extendió del 17 al 22 de enero y fue uno de los sucesos políticos de mayor trascendencia que desarrollaron los trabajadores para enfrentar a las fuerzas del gobierno desarrollista de Arturo Frondizi.  
Fracasado el intento de huelga insurreccional Cooke se exilió a Uruguay. A partir de ésta fecha dejó de ser el delegado de Perón.

Teórico de la organización
“Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”. J. W. Cooke

Cooke mencionó que el peronismo era un Movimiento compuesto por sindicatos, por miembros del partido en su rama femenina y masculina y por otro conjunto de actores como los empresarios, el ejerció y la iglesia. En su óptica, luego de 1955 la mayoría del ejército, la iglesia y de los empresarios abandonaron al peronismo y se integraron al régimen.   
Cooke se refirió a las fuerzas armadas y aseveró que “El Ejército es una institución humana, que no tiene virtudes ni defectos al margen de sus componentes. No podemos pensar en el Ejército de San Martín cuando el que ahora existe es el de Aramburu y Quaranta, ni el de Mosconi y los jóvenes coroneles del 43, cuando ahora lo integran gorilas, liberales y clasistas”. En otra oportunidad concluyó que “Las Fuerzas Armadas son el sostén de los poderes económicos y reciben sus armas e instrucciones del Pentágono
Cooke destacó que el Movimiento quedó compuesto meramente por trabajadores. Los obreros eran la columna vertebral del peronismo y oficiaban como la única garantía para el regreso del primer mandatario. Cooke se dedicó activamente organizar a los trabajadores. En su punto de vista el peronismo estaba atravesado por una tensión irresoluble entre un “Jefe Revolucionario y una masa revolucionaria por un lado; y por el otro, cuadros intermedios donde abundan los especímenes de la vieja burocracia”.
En la óptica de Cooke, el peronismo evolucionaba “radicalmente” y “el programa de izquierda que hoy sostenemos forma parte de lo permanente”. La radicalización del peronismo avanzaba y el autor entendió que la dirigencia burocrática y el imperialismo, eran su límite. Para superar ambos escollos, la dirigencia combativa tenía que actualizar su doctrina y “Es allí, en esas posiciones ideológicas absurdas y reaccionarias, donde está el mal y donde radica nuestra debilidad. (…) Y cuanto más imprecisa, más indefinida, más ambigua sea la caracterización del Peronismo, más podrán cobijarse bajo su bandera y utilizar su nombre para cometer las más repugnantes estafas a la buena fe común.”
Más tarde o más temprano, la lucha contra el régimen sería violenta ya que según Cooke el Estado liberal solamente “admite la discusión dentro del círculo de hierro de sus propios dogmas”.
Para cumplir el mandato revolucionario hacía falta organizar al “gigante invertebrado” del peronismo y para Cooke “Una revolución requiere partido revolucionario, jefes revolucionarios y mito revolucionario, por un lado, y la ocasión, por el otro”. Sin una organización revolucionaria consecuente, Cooke temía la disolución del peronismo. Escribió a Perón afirmando que “Cuando Ud. desaparezca también desaparecerá el movimiento peronista, porque no se ha dado ni la estructura ni la ideología capaz de permitirle cumplir tareas en la nueva era que ya estamos viviendo”

Puente entre la revolución Cubana y el peronismo: el socialismo nacional
“La guerra de Argelia, a punto de terminarse, ofrece otro caso, donde el nacionalismo toma las únicas formas que pueden tomar hoy en día: formas socialistas. En América Latina todos los movimientos de liberación nacional se declaran socialistas o presentan programas socialistas, porque ya no hay revolución democrática-burguesa posible. Y menos aún en la Argentina, donde el gobierno peronista hizo todo el progreso que era posible realizar dentro de las instituciones no-socialistas.” J. W. Cooke

En el año 1960 Cooke viajó Cuba y conoció a Fidel Castro y compartió actividades con el Che Guevara.  Su estadía en la isla le permitió a Cooke vislumbrar la revolución. Producto de su viaje aseveró que “de ahora en más, cualquier movimiento liberador se cumplirá a partir de la Revolución Cubana.”.  
Cooke invitó a Perón a Cuba ya que en su opinión “Las condiciones para una política insurreccional mejorarán en cuanto nuestro alineamiento en el frente revolucionario mundial se traduzca en conexiones concretas y medidas prácticas. (...) Por intermedio de Fidel debe combinar una gira que incluya Cuba, URSS, China, Argelia, etc. invitado por el máximo dirigente de cada lugar.” Perón no acepto ni la invitación de Cooke, ni otras como la de Gustavo Rearte.
Cooke regresó a la Argentina con el objetivo de organizar la resistencia a la dictadura y apoyar la formación del movimiento revolucionario. En este nuevo marco histórico resignificó la lectura clásica de la Tercera Posición peronista y postuló la tesis del socialismo nacional. Su acción militante y su predica teórica lo vuelven el intelectual más importante de la corriente de la izquierda peronista.
Cooke consideró que el peronismo era una revolución nacionalista y antiimperialista que ponía al capitalismo demoliberal en jaque. El peronismo era el “hecho maldito del país burgués” y con esta certeza a cuestas Cooke aseveró que “Los comunistas, en Argentina, somos nosotros, porque el imperialismo yanqui no se guía por definiciones filosóficas sino por hechos prácticos: y el movimiento de masas que pone en peligro las inversiones, el orden social y la “seguridad hemisférica”, eso es el comunismo.” 

Cooke murió en el año 1968 luego de una enfermedad terminal. A pocos años de su muerte le escribió proféticamente al máximo mandatario “Cuando Perón no esté, ¿qué significará ser peronista? Cada uno dará su respuesta propia, y esas respuestas no nos unirán sino que nos separarán.”


El libro completo el Pensamiento de J. W. Cooke en las cartas con Perón se puede descargar del siguiente link: http://www.cta.org.ar/IMG/pdf/j_w_cooke.pdf


viernes, 12 de septiembre de 2014

INTEGRACIÓN REGIONAL DE IBEROAMÉRICA


ARITZ RECALDE

Septiembre de 2014



“Iberoamérica reúne las condiciones de una Nación integral.Juan José Hernández Arregui

El filósofo argentino Juan José Hernández Arregui sostuvo en el año 1957 que Iberoamérica era una unidad cultural e histórica que revelaba “la presencia de todos los elementos sustantivos y adjetivos de una Cultura.” Mencionó, además, que la unidad espiritual del Continente transcurría en una etapa convulsionada por la acción imperialista mundial y que la incomprensión de nuestras Naciones entre sí había sido fomentada por la “injerencia de fuerzas ajenas al derrotero de América Latina.” Frente a un mundo atravesado por la lucha imperialista Arregui profetizó: “debemos concebir nuestro destino en términos de política intercontinental.” Para alcanzar la unidad regional, los pueblos debían conformar una conciencia política y una “conciencia histórica de su destino futuro.

Presentamos a continuación un análisis razonado de un conjunto de iniciativas para contribuir a la comprensión mutua e impostergable de la integración de Iberoamérica.

 ¿América Latina, Panamérica, Hispanoamérica, Iberoamérica?
El filósofo Alberto Buela analizó las diversas formas de nombrar al Continente. Mencionó los términos Latinoamérica, América Latina, Panamérica, Indoamérica, América Mestiza, América Española, Hispanoamérica, Iberoamérica e Indias Occidentales. Estableció que la denominación más utilizada era la de América Latina. El nombre proviene de una construcción política originaria de Francia y era el resultante de la traducción de Amerique Latine, promovida por Luis Napoleón y el Emperador de México, Maximiliano, quien ocupaba su cargo por intermedio de la agresión francesa del año 1861. Mencionar el componente “Latino” ligado a “América”, les permitió introducir al proceso de colonización del Continente a los franceses y a los italianos.
Hernández Arregui ratificó la opinión de Buela y sostuvo que: “La denominación América latina, a más de culturalmente imprecisa y cercana, se extendió al término de la centuria pasada apoyada por escritores encandilados por Francia, se aclimató finalmente en este siglo XX, bajo el ascendiente de personajes como Clemenceau o Poincaré, y es en alguna medida el resabio con cosméticos modernos de aquella inquina hacia España que viene de la política continental europea de los Siglos anteriores, no sólo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del antiguo imperio español en América.
La palabra Panámerica fue impulsada por los EUA como parte de su programa expansionista en el Continente.

Methol Ferre reivindicó la utilización de América Latina por considerar que el idioma castellano o portugués también deriva del latín. El autor destaca que Hispanoamérica, fue utilizado por Miranda en su Manifiesto a los Pueblos del Continente Colombiano en 1801. En lugar de América Latina o de Panámerica, proponemos en línea con Juan José Hernández Arregui, utilizar la palabra Iberoamérica por el hecho de que incluye a los territorios y tradiciones étnicas españolas y portuguesas (Brasil). 


I- LA INTEGRACIÓN REGIONAL
Integrar significa articular intereses y proyectos sobre la base de un objetivo común. Resultante de la vocación integracionista los Estados y los pueblos:

-       destinan recursos y bienes          :        integración económica
-      
delegan facultades políticas         :      integración política e institucional
-      
fortalecen valores conjuntos         :      integración cultural

La integración supone la planificación de acciones conjuntas tendientes al cumplimiento de una agenda compartida.

Juan Domingo Perón y el Continentalismo
Juan Domingo Perón participó de la IV Conferencia Cumbre de Países no Alineados,[1] realizada en el mes de septiembre del año 1973 en Argelia, África. En su intervención sostuvo: “Ayer fue la época de las nacionalidades, hoy es la época del Continentalismo.” La preponderancia geopolítica de naciones del estilo de Alemania, Inglaterra o de Francia, era desplazada por unidades regionales de poder como la Unión Soviética o la Comunidad Económica Europea. Perón mencionó que la Unión Soviética se organizó en Estado bicontinental y se expandió política y territorialmente sobre otros espacios, fortaleciendo su control sobre sus aéreas de interés en Europa, en Asia, en África y, en menor medida, en Iberoamérica. Sostuvo, además, que la nación bioceánica e industrialista de los Estados Unidos, expandió su dominio neocolonial en varias regiones y, en particular, en Iberoamérica. Las dimensiones económicas y el poder político de los EUA, lo posicionaba como un actor central del orden mundial. 

Asimismo, Perón destacó que Europa occidental marchaba hacia el Continentalismo a partir de la creación de la Comunidad Económica Europea. El bloque surgió como un contrapeso a los intereses de los EUA y de la Unión Soviética. La disputa imperialista mundial condujo a las dirigencias europeas a la unidad y en palabras de Perón: “El Viejo Continente no olvidó tomar las medidas necesarias para neutralizar los avances americanos: la Comunidad Económica Europea, su Mercado Común, el Pacto del Carbón y el Euratón, fueron las más importantes y definidas. Con ello echaron las bases para una Europa unida por lo menos en lo esencial, que pusiera en marcha el objetivo de unos posibles Estados Unidos de Europa. (…) Desde entonces la lucha entre Estados Unidos y la Comunidad Europea no ha cesado.”

Frente a la fuerte disputa imperialista por el control del plantea y sus recursos Perón impulsó: “La existencia e integración de un “Tercer Mundo” que acciona dentro de las integraciones actualmente en marcha, no responde a otra cosa que a esa lucha sorda, disimulada, pero no menos decisiva para el futuro del mundo.”



[1] Argentina integra el Movimiento de Países no Alineados como “observador” a partir de los años sesenta. En 1973, se hace miembro pleno y en 1991 por decisión de Carlos Menem se retira del Movimiento. Actualmente, la Argentina adquiere el rango de observador.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Eva Duarte y la política de la Argentina


Aritz Recalde, agosto de 2014

“Luchamos por la independencia y la soberanía de la Patria, por la dignidad de nuestros hijos y de nuestros padres, por el honor de una bandera y por la felicidad de un pueblo (…) soy peronista, entonces, por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo”. Eva Duarte (17/10/1949)

La figura de Eva Duarte (Los Toldos 1919 – Buenos Aires 1952) expresó en buena medida, el proceso de refundación que protagonizó la clase política argentina de las décadas del cuarenta y cincuenta. A continuación, vamos a mencionar algunos aspectos fundamentales de su legado político. 

Composición social de la clase dirigente
Con la asunción del peronismo los representantes de la oligarquía fueron destronados del mando político del gobierno y del Estado, profundizando los cambios iniciados por Hipólito Yrigoyen y el radicalismo.
La clase alta ligada a los factores de poder de Europa fue derrotada políticamente en las urnas, debilitada en la economía con las expropiaciones y tema que queremos resaltar, sufrió una capitulación cultural.
Con la revolución justicialista el mundo de valores de la oligarquía dirigente entró en una crisis terminal, frente a un nuevo sujeto político que postuló a los trabajadores mestizos y a los empresarios nacionales como los actores revolucionarios de la historia. La denominada “barbarie” que denostó cultural y políticamente la clase dirigente, era desde ahora, el motor de la historia y del progreso nacional.
Eva Duarte representó el nuevo actor político y contribuyó activamente a la lucha cultural de la revolución, contra el sentido del mundo impuesto por las potencias occidentales y sus aliados internos.
Tal cual demostraron sus biógrafos, Eva Duarte transcurrió su infancia y juventud en un hogar humilde. Incluso, al fallecer su padre no fueron pocas las carencias económicas de su familia, cuestión que condujo a su madre realizar tareas de costura para poder sobrevivir, entre otras actividades. Eva provenía socialmente del pueblo trabajador y según sus mismas palabras “no deben olvidarse ustedes que he salido de las filas de ese pueblo trabajador, que se forjó en el dolor del taller y en el dolor del trabajo” (30/11/1946). Su educación lejos estuvo de la universidad y de los ámbitos culturales de la clase alta y fue su paso por la vida social del pueblo, la que forjó su personalidad. Su compromiso con los humildes y su clara conciencia política, la acercaron a los obreros y la vincularon a los destinos nacionales.
Alcanzó el lugar de la Primera Dama presidencial y cuestión fundamental, ejerció un rol preponderante en las decisiones de las políticas públicas. El gobierno estaba, desde ahora, en manos de representantes del pueblo y gobernaba para el mismo pueblo argentino. En sus palabras “lo esencial del peronismo es, justamente, esa vinculación con la justicia social con las grandes directivas de la nacionalidad, porque el Peronismo es, sobre todas las cosas, un esfuerzo magnifico de las masas obrera para recuperar la Nación (…) por primera vez en la historia de la Patria, trabajadores y gobernantes constituyen una misma cosa” (3/08/1946).
En otro discurso reiteró que el pueblo que “había sido gobernado por cien familias, ha tenido el privilegio de contar ahora con ministros obreros” (17/04/1948). El inmenso resentimiento que generó la figura de Eva en las clases adineradas y dominantes, representó cabalmente su envergadura política.  El poder del pueblo y de su líder era identificado por la oligarquía y no exagera Eva cuando sostiene que si sus enemigos la “odian es porque les preocupa mi acción, debido a que ella tiene por objeto la ayuda social” (10/01/1949).

Los valores de la clase dirigente se derrumbaron estrepitosamente frente a un gobierno que encontraba las virtudes en los trabajadores descamisados, mestizos y pobres. Por procedencia social y por conciencia política, la figura de Eva fue fundamental en la conformación de la identidad y de la organización de la clase trabajadora argentina.

La mujer argentina y el sindicalismo
Eva Duarte intervino activamente en el proceso de construcción del nuevo sindicalismo argentino, cuyas organizaciones fueron refundadas a partir del año 1943.
Desde su juventud y trabajando en los ambientes artísticos, participó de la Asociación Radial Argentina creada en el año 1943 para defender a los trabajadores. Su trayectoria con los obreros la encontró convocando la movilización del 17 de octubre de 1945 o debatiendo con los ferroviarios para que abandonen la huelga de 1951.
La cultura sindical que poseyó, sus dotes de dirigente y su cercanía con Perón, le permitieron oficiar como una polea de trasmisión importante entre los trabajadores, las organizaciones sindicales y el gobierno.
Su estrecha vinculación con el mundo sindical y su innegable capacidad política, permitió que las organizaciones de trabajadores la propongan para que forme parte de la formula presidencial en el año 1951. En el Cabildo Abierto del Justicialismo dirigentes de la envergadura de José Espejo o de Armando Cabo, la impulsaron como candidata. Frente a la reacción militar y a su deteriorado estado de salud, Eva no aceptó la candidatura aclarando que renunciaba a los “honores”, pero no a la “lucha” y al “trabajo” (31/08/1951).
Será la primera y la última mujer trabajadora en la historia del país, que ocupe ese lugar de poder y de legitimidad dentro del sindicalismo.

Modelo de activista político: vocación solidaria y formación de cuadros
La injusticia social no sólo es odiosa porque niega torpemente los derechos del pueblo, sino porque es la incubadora, el caldo de cultivo de todas las tragedias colectivas que han cubierto de luto y de oprobio a la humanidad”. Eva Duarte (1/08/1950)

En su corta vida Eva realizó un importante trabajo social. Incluso y es bueno destacarlo, conoció a Perón en el contexto de las acciones solidarias organizadas luego del terremoto de San Juan del 1944 que dejó el saldo de miles de muertos.
Como militante política, Eva desarrolló una acción integral que la encontró de organizadora, en la gestión de gobierno y en la formación doctrinaria.
Acompañó la movilización del 17 de octubre de 1945 y participó activamente de la campaña electoral que llevó a Perón a la presidencia en febrero de 1946.
En el terreno de formación de dirigentes, dictó clases de “Historia del Peronismo” en la Escuela Superior Peronista (1951). Resultante de sus cursos se publicó en formato de libro una obra con el mismo nombre.
Con dotes de naturales de oradora que fueron perfeccionados por su paso en el cine y la radio, protagonizó encendidos discursos caracterizados por una prédica anti burocrática, anti oligárquica y antiimperialista.  
Su figura fue reapropiada en los años sesenta y su humanismo social y su filosofía de la acción política radicalizada y crítica, se incluyó en los discursos de un sector importante de las organizaciones libres del pueblo. Dijo en sus discursos cargados de fervor revolucionario que “la justicia social se cumplirá inexorablemente, cueste lo que cueste y caiga quien caiga” (20/05/1947) o que “nosotros debemos ser fanáticos, no peronistas vergonzantes” (28/05/1952). Conformó un discurso combativo que sostuvo que “no quiero para el peronismo, a los ciudadanos sin mística revolucionaria” (17/10/1949). 
Eva propugnó una prédica clasista que cuestionó el accionar de los poderosos del extranjero y tema no menor, incluyó a los actores del mismo movimiento peronista. Dijo Eva sobre la injerencia de los poderes externos y sus aliados “la mano de la oligarquía, pagada por el oro extranjero, quiere ahora en sangre al General Perón, al líder de los trabajadores” (30/09/1948). En sus palabras “nosotros luchamos por que haya menos pobres, y para ello es necesario que haya menos ricos” (18/03/1950). Sobre los “enemigos” de adentro aseveró que “es necesario que cada uno de los trabajadores argentinos vigile y no duerma, porque los enemigos trabajan en la sombra de la traición y a veces se esconden detrás de una sonrisa o de una mano tendida” (17/10/1951).
Su relato y su prédica incluyeron la lucha y el enfrentamiento de clases, de Estados y de partidos. En varias ocasiones, fustigó a los enemigos de la revolución y lejos estuvo de ser conciliadora con sus adversarios políticos del “imperialismo” y de la “oligarquía”. El 17 de octubre de 1948 ante una Palaza de Mayo colmada aseveró que “Una vez más, mis queridos descamisados, capitalismo foráneo y sus sirvientes oligárquicos y entreguistas han podido comprobar que no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos (…) el capitalismo foráneo y la oligarquía se llenaba la boca con la palabra libertad para poder encadénanos fácilmente” (17/10/1948). Un año después insistió en la misma Plaza de Mayo que “los viejos enemigos no han desparecido” (17/10/1949),

Los derechos políticos de las mujeres
Eva contribuyó a la sanción de la ley 13.010/47 de voto femenino y cuestión fundamental, impulsó la organización de la rama femenina dentro del movimiento justicialista. En su punto de vista, el voto femenino “restablecerá esa apremiante ausencia de iniciativa pública de  la mujer, ente el panorama dinámico de su país. El voto femenino avasallará el tutelaje incomprensible que las leyes ejercen sobre la mujer argentina y la colocará, por fortuna, en el plano de la vigencia política a que su sacrificio permanente le ha dado justo derecho” (12/02/1947)
La mujer argentina ingresó a las legislaturas y comenzó a formar parte del gobierno, ya que en palabras de Eva “en el seno de nuestra democracia no cabe distingo absurdo entre sexos, sino la unidad moral, recia y firme, sin cuyo requisito la política carece de responsabilidad y de conciencia” (26/02/1947). A partir de Eva, el sector femenino intervino de la vida sindical y de los debates de poder, cambiando para siempre el rol de la mujer en la sociedad y en la política.    

Modelo de gestión de políticas públicas
La revolución justicialista modificó de raíz la estructura del Estado Argentino. Por un lado, el gobierno se propuso la emancipación social del pueblo trabajador y organizó las instituciones del Estado social de derecho. Por el otro, el objetivo de la independencia económica derivó en la promoción de un nuevo sistema de instituciones y de regulaciones de los recursos naturales, del comercio o del conjunto de los servicios públicos.
El Estado liberal no tenía como objeto central de su política al pueblo, sino y principalmente, a las clases altas. A partir de acá, es que la revolución fundó un nuevo sistema institucional que la Constitución de 1949 legalizó.
En éste marco, Eva trabajó en la recientemente conformada Secretaría de Trabajo y Previsión y luego creó y condujo la Fundación de Ayuda Social Eva Duarte de Perón (1948).  La labor de ésta última se orientó a la ayuda social de las clases populares. En su punto de vista “la limosna humilla y la ayuda social dignifica y estimula” y una vez resuelto los problemas del pueblo argentino “no serán tampoco necesarias la Fundación de Ayuda Social y nuestra asistencia” (5/12/1949).
El modelo de gestión caracterizado por la acción operativa, directa y ejecutiva del Estado, fue sumamente exitoso. La Fundación incluyó una logística de distribución masiva de bienes y de servicios y promovió ambiciosas obras públicas como escuelas, proveedurías, hospitales, hoteles de recreación como Embalse o Chapadmalal, la ciudad universitaria de Córdoba y diversos hogares de la tercera edad. 
La intervención de Eva en la gestión del Estado, incluyó la formación de ámbitos educativos como es el caso de la "Escuela de Enfermeras Eva Perón".

Embajadora política y cultural ante el mundo
La República Argentina tiene en Europa una jerarquía que jamás alcanzó (…) Los principios sociales expuestos por nuestro líder, el general Perón, son ya destinos del mundo”. Eva Duarte (17/08/947)

Eva viajó a Europa en el año 1947. A diferencia de lo ocurrido en buena parte de la clase política de la Argentina en los siglos XIX y XX, no regresó segada por el extranjero. En su viaje por el Europa sostuvo que “he visto desolación, hambre, miseria, angustia, y vuelvo con la certidumbre de que es inútil cerrar los ojos a la realidad y dejar que la oligarquía y el capitalismo no siga atacando (…) me sentía orgullosa de ser parte del pueblo y de ser argentina” (23/08/1947).
Según registros periodísticos, les habló a 300.000 españoles que la recibieron efusivamente, demostrando el lugar central de la revolución justicialista y de su Primera Dama, en el teatro de la política mundial. En su viaje por España, Italia, Portugal, Francia, Suiza y el Vaticano la recibió el Papa, entre otras figuras relevantes del poder mundial.
En sus discursos públicos disertó sobre la impostergable tarea de la justicia social y visitó casas en barrios humildes. Desde Madrid sostuvo que “La Argentina dio otra vez al mundo la certeza de que los derechos del trabajador no eran mera letra muerta (…) hemos defendido y combatido por le hombre olvidado, desechando combatir solamente por su habilidad para producir (…) nos hemos permitido ser justos, equitativos y solidarios para con nuestros hermanos que no tienen ya diferencias sociales” (9/06/1947). Desde Italia mencionó que Perón lucho para que no “haya hombres demasiado pobres, ni nadie demasiado rico, con miras a una justicia social para todos los hogares, aboliendo las diferencias sociales” (7/8/1947).

Con su práctica Eva estaba desarrollando una campaña internacional de exportación de la revolución justicialista y de su ideología de gobierno. El programa nacionalista realizó ayuda social a varios países y tema importante, marcó una concepción ideológica acerca del rol del Estado, de la política internacional, de los trabajadores en el poder y de la necesaria regulación de la economía por parte de los gobiernos.