martes, 21 de julio de 2015

Modelo Argentino para el Proyecto Nacional



Aritz Recalde –julio 2015

Uno de los rasgos fundamentales del neoliberalismo, fue que postuló la desaparición del nacionalismo en Iberoamérica para afirmar, en su lugar, el derecho de las potencias occidentales a imponernos su sistema social. En este contexto, perdía vigencia toda posibilidad de que nuestro país proponga un modelo nacional de desarrollo. Los gobiernos tenían que destruir su Estado y transferir su soberanía económica, política y cultural al FMI, al Banco Mundial, a los EUA o a Europa y sus multinacionales.  Los intereses particulares de las potencias fueron postulados como universales. Con el neoliberalismo, cambiaba el sentido histórico de las palabras soberanía, independencia, Nación o justicia social. Malvender las empresas públicas y estratégicas con las privatizaciones, era una manera de “ingresar al primer mundo.” Cerrar miles de PYMES como resultado de la apertura económica y la desregulación, era una forma de “modernizarse.” La extranjerización de los planes de estudio de las escuelas o de los contenidos de la TV y el abandono del programa científico argentino, eran una supuesta tendencia natural de la “aldea global.” Bajar salarios y eliminar los derechos laborales, se presentaba como un recurso para “atraer inversores.”  El resultado final de este sistema y de sus justificaciones fue la catástrofe económica y social argentina del año 2001, en paralelo al enriquecimiento de los titulares de las empresas y gobiernos extranjeros.

El documento Modelo Argentino para el Proyecto Nacional de Juan Perón, representa una impugnación de los puntos de vista políticos, ideológicos, económicos y sociales del neoliberalismo. Las bases de la iniciativa se presentaron el 1 de mayo del año 1974, en el contexto de la apertura de las Sesiones del Congreso Nacional. Allí, el mandatario mencionó que la Argentina necesitaba conformar, dilucidar e institucionalizar un “Proyecto Nacional.” Para alcanzar la meta, Perón propuso a los legisladores los principios vectores de un “Modelo Argentino”, que no llegó a presentarse en su versión definitiva hasta el año 1976, como resultado de la muerte temprana del Presidente el 1 de julio de 1974.  Perón mencionó en su discurso que el mundo estaba atravesando una “época de cambio revolucionario y de reacomodamientos” y la Argentina luego de turbulentos ciclos de dictaduras y enfrentamientos, había iniciado la “Reconstrucción Nacional.” En tal sentido, realizó una convocatoria amplia a la unidad de clases empresarias y trabajadoras (Pacto Social) y a la acción mancomunada de los Partidos políticos de la Argentina. Perón aseveró que si fracasaba la convocatoria a la unidad nacional, el año 2000 nos podría encontrar “sometidos a cualquier imperialismo.” Había que optar entre el “neocolonialismo o la liberación.”  Ésta última definición era una categoría política, económica, sociocultural, científico tecnológica, ecológica e institucional. En el plano político, el país tenía que alcanzar mayores grados de “decisión nacional.” Con esta finalidad, el pueblo debía organizarse en una Comunidad Nacional fortificada por vínculos de solidaridad y conciencia social. El individuo participaría en las organizaciones libres del pueblo (de trabajadores, intelectuales, empresarios, religiosos, etc.) y éstas se sumarían a la vida política nacional a través de los Partidos y de otros ámbitos como el Consejo para el Proyecto Nacional. Perón manifestó que el Partido Político “para que ejerza una acción eficiente, requiere no solamente del valor numérico de sus integrantes, sino también de una base ideológica explícitamente establecida. Tal aspecto podrá evidenciarse a través de una clara plataforma política, que no será otra lo que el Partido conciba como Proyecto Nacional.” En la Comunidad Nacional los trabajadores cumplían una tarea fundamental y los objetivos de sus organizaciones según el Modelo “consisten en la participación plena, la colaboración institucionalizada en la elaboración del Proyecto Nacional y su instrumentación en la tarea del desarrollo del país.” En el plano económico,  Perón postuló que había que industrializar el país y  aseveró que “hay que tener siempre presente que aquella Nación que pierde el control de su economía, pierde su soberanía.” Para el Presidente la planificación era imprescindible y con esa finalidad el gobierno organizaría un sistema económico mixto, en el cual el Estado cumpliría una función empresarial estratégica. Las políticas públicas no eran meramente un “vehículo para alimentar una desocupación disfrazada.” El gobierno apostaba al ahorro y al trabajo nacional, con el objetivo de ampliar los márgenes de poder de decisión sobre la “explotación, uso y comercialización de sus recursos.” Perón sostuvo taxativamente que el capital extranjero tenía que “tomarse como un complemento y no como un factor determinante e irremplazable.” En el aspecto sociocultural, el Modelo impulsó la justicia social distributiva. El país alcanzaría el pleno empleo, incluyendo la participación obrera en la distribución del producto del trabajo. Perón mencionó que no era correcto hablar de los “impactantes índices de crecimiento global, si no van acompañados de una más equitativa distribución personal y funcional de los ingresos, que termine definitivamente con su concentración en reducidos núcleos o elites.” El Estado iba a ser el garante de la justicia social, sancionando y haciendo cumplir las leyes protectoras del empleo, la familia, la juventud o la ancianidad, integrando el territorio de manera federal. En el ámbito científico y tecnológico, manifestó que el país estaba exportando capacidad intelectual en paralelo a que importaba onerosamente tecnología en maquinarias y procesos industriales. El sistema científico estaba concentrado en algunos centros urbanos, era dependiente del extranjero, funcionaba en compartimientos estancos y carecía de una planificación nacional coherente y unitaria. La superación de dichas limitaciones, era para Perón un tema estratégico atendiendo que “sin base científico tecnológica  propia y suficiente, la liberación se hace también imposible.” En el plano ecológico, denunció que las “llamadas sociedades de consumo son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo.” En este sistema económico irracional, el Tercer Mundo aportaba los recursos naturales a los países tecnológicamente avanzados. Producto del accionar del despilfarro la humanidad “mata el oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer.” Perón destacó que la solución no era meramente argentina, sino que era una cuestión que tenía que movilizar al conjunto de países del mundo. Finalmente, postuló que la Argentina necesitaba un gobierno y un Estado fuertes y eficientes a la vez. Ello implicaría superar la ideología liberal del “Estado mínimo”, en paralelo a que se construiría una “administración pública vigorosa y creativa.” Según adelantó, el Estado no era meramente un factor de empleo y es por eso que “construir las instituciones primero y conferirle funciones después ha dado lugar al nacimiento de burocracias que, sin objetivos claros, concluyen siendo un fin en sí mismas y sirviendo sólo a la autoconservación.


El punto de vista de Perón tiene una actualidad plena, tal cual lo demuestran los programas políticos de afirmación nacionalista de la última década en Bolivia, Argentina o Venezuela. La posibilidad de profundizar los principios del Modelo Argentino estará dada por la voluntad y capacidad política de las organizaciones libres del pueblo.   

lunes, 13 de julio de 2015

La Universidad y el país


Aritz Recalde, julio de 2015

En la década de los noventa muchos de nosotros reclamábamos el mejoramiento de las condiciones de desenvolvimiento de la universidad argentina. El presidente De La Rua había recortado el 13 % de los salarios del sector público, buena parte de las instituciones tenían congeladas las plantas de trabajadores y la inversión en infraestructura era escasa o nula. El contexto económico y social general era y sin ánimo de exagerar, dramático. En el plano universitario el desempleo fue sumamente alto y muchos egresados viajaban al exterior buscando un mejor destino. Dentro de las universidades una de las consignas que levantábamos era la “triplicación de presupuesto”.
En la última década y a contramano de la etapa anterior, el sistema universitario fue parte de un cambio estructural y profundo. Superando ampliamente nuestro reclamo de triplicación del presupuesto, la inversión del Estado aumentó de $ 1.900 millones en el año 2003 a más de $ 39.000 millones en 2015. Los universitarios no se fueron más al extranjero, sino que regresaron más de 1100 con el apoyo del programa RAICES. El desempleo bajó considerablemente pasando del 24 % al 7% y hay carreras universitarias con una tasa de inserción profesional casi plena. Lejos de los recortes del ministro de economía Ricardo López Murphy, en el año 2005 los trabajadores técnicos y administrativos firmaron un Convenio Colectivo y en 2015 los docentes el suyo. Desde 2009 los profesores universitarios tienen derecho a la movilidad jubilatoria del 82%. En temas de infraestructura, las universidades nacionales fueron reconstruidas y la envergadura de la inversión en aulas, bibliotecas, oficinas, laboratorios o espacios deportivos tiene escasos antecedentes en la historia del país. 

El pueblo argentino está aportando a las universidades más recursos de lo que creímos posible por mucho tiempo. En dicho contexto, considero importante destacar que los académicos tenemos que concientizarnos en la responsabilidad histórica que ello implica. En nuestra opinión, debemos preguntarnos qué le estamos devolviendo al conjunto de la Argentina que nos financia con su trabajo cotidiano. Algunos de los interrogantes que podemos hacernos es:
-          ¿la universidad está contribuyendo a la consolidación de la democracia, la justicia social y a la superación del neoliberalismo?
-          ¿las carreras que estamos impulsando acompañan el desarrollo regional y nacional?,
-          ¿las investigaciones y acciones de transferencia contribuyen a la consolidación de una soberanía económica y tecnológica?,
-          ¿la universidad es inclusiva socialmente?, ¿cuál es el aporte que hace a la emancipación de los grupos vulnerables?,
-          ¿las universidades reproducen un saber universal?, ¿son usinas de pensamiento nacional y latinoamericano?.

A continuación respondemos brevemente a algunos de estos interrogantes.

¿La universidad está contribuyendo a la consolidación de la democracia, la justicia social y a la superación del neoliberalismo?
La historia de la universidad iberoamericana es la de nuestra oligarquía dependiente. No es casualidad por ello, que muchos de los intelectuales y hombres de cultura salidos de la institución, apoyaron dictaduras contrarias a los intereses nacionales y que violaron derechos humanos y constitucionales. De manera inversa, tampoco es un hecho aislado que fueron varios los académicos que enfrentaron a programas populares y democráticos. Miembros de la Federación Universitaria  Argentina (FUA) y de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) resistieron públicamente a Hipólito Yrigoyen y a Juan Perón y se manifestaron a favor sus derrocamientos en 1930 y en 1955. Actitud similar tomarían algunos docentes que se integraron activamente a la Unión Democrática en las elecciones de 1946 y que participaron de la intervención de la universidad con las dictaduras iniciadas en 1955.
Estas vinculaciones entre académicos y poderes concentrados locales y trasnacionales, no es un tema meramente argentino y suele repetirse en Iberoamérica frente a la eclosión de programas de gobierno de transformación política y social.
La concepción elitista y antidemocracia de sectores de la universidad argentina, se hace evidente en el relato de la historia de la institución. La “historia oficial universitaria” postula que gobiernos democráticos y constitucionales como el peronismo son autoritarios y que las dictaduras de Eduardo Lonardi o de Eugenio Aramburu que lo derrocaron, son legítimas. Docentes y alumnos de la institución y no pocos historiadores, siguen reiterando sin muchos reparos o contradicciones, el supuesto de que la sangrienta dictadura de Aramburu inició una “Edad de Oro” de la universidad.  La institución en esta etapa silenció el bombardeo de junio 1955 y justificó la derogación de la Constitución Nacional de 1949. Está documentado que miembros de la universidad integraron organizaciones paramilitares terroristas (Comandos Civiles). 
Ya derrocados Hipólito Yrigoyen y Juan Perón, miembros de la universidad argentina organizaron un relato autoritario, centrado en la defensa de una autonomía que desconoce el voto popular y que reivindica la violencia contra la democracia y los sindicatos. En este planteo se desconoce la legitimidad de la democracia de masas y de la voluntad popular, para afirmar en su lugar el derecho supuestamente universal y a-histórico del cogobierno tripartito. Cualquier reforma política e institucional impulsada desde la democracia de masas, es recibida como una violación del derecho de la propia corporación. Como resultado de esta ideología, la institución que originariamente fue elitista y conservadora, no se adecuó a la era de los gobiernos nacionales y populares del siglo XX.
A sabiendas de esta realidad, en más de una ocasión los poderes concentrados entregaron la universidad a los académicos, quienes tenían que impedir la asunción de los proyectos nacionalistas y distributivos.
El año 1955 no fue el único caso en la historia del siglo XX, donde se fusionan los intereses de las oligarquías y los académicos y para desarrollar el neoliberalismo Carlos Menem no cerró universidades, sino que abrió once. Un sector de la clase media y de los universitarios que apoyó o gerenció el neoliberalismo, recibió como beneficio la administración de las academias y accedió a los dólares de la convertibilidad para viajar al extranjero.
Inicialmente, la variable de ajuste del neoliberalismo fueron los trabajadores estatales de las empresas privatizadas y aquellos del sector privado que fueron sepultados por la presión del capital trasnacional y por la apertura económica. Recién hacia mediados y fines de los años noventa, todos los universitarios vieron perjudicados directamente sus ingresos con el recorte salarial del presidente De La Rua.
Las políticas de cambio iniciadas en el año 2003, no surgieron de la universidad y tampoco encontraron una resonancia directa en la institución. El nuevo modelo de desarrollo fue el resultado del accionar de la clase política partidaria, de las organizaciones sociales y sindicales o de sectores de las entidades empresarias. La universidad tuvo escaso impacto político y cultural en los debates nacionales que están permitiendo superar el neoliberalismo.

A contramano del planteo reformista conservador o del liberalismo, el nacionalismo popular postuló que la universidad es democrática si acompaña la emancipación del conjunto de la comunidad nacional y no meramente si garantiza el cogobierno de los propios académicos. En el año 1946 el presupuesto universitario era de 48 millones de pesos moneda nacional y al año 1954 había aumentado a 400 millones. Con esta ampliación de los recursos, se impulsaron programas académicos que respondían a la emancipación del trabajador y al plan nacional de desarrollo. En el año 1949 se estableció la gratuidad universitaria y durante la etapa se reorientó el gasto hacia las carreras tecnológicas. En 1948 se creó la Universidad Obrera Nacional, se construyeron edificios educativos y los trabajadores alcanzaron derechos como es el caso de las dedicaciones exclusivas docentes.
La mera preocupación por la autonomía y el cogobierno, dejó lugar a un proyecto científico y tecnológico orientado a mejorar las condiciones productivas, sociales, culturales y tecnológicas del país.

¿Las carreras que estamos impulsando acompañan el desarrollo regional y nacional?
La creación y proliferación de las carreras universitarias debe ponerse en debate.
Para la tradición liberal, la oferta académica tiene que ser una respuesta a las señales de mercado mundial y no es casualidad que en nuestro país derecho y la economía fueron las carreras más difundidas. Se trató de hacer una universidad que no rompa con los marcos de la división internacional del trabajo, que ubican a la Argentina como un país de servicios y agroexportador.
Para el reformismo la decisión queda sujeta a la opinión del cogobierno, cuestión que hace que un reducido círculo de académicos diagrame la oferta académica financiada por el Estado. En dicha óptica y en varios casos, se puede escindir el programa de desarrollo nacional, de la inversión en ciencia y técnica.
Para el nacionalismo popular la apertura de carreras debe regionalizarse y articularse con el conjunto de las políticas del Estado. La proliferación de carreras tiene que acompañar el desenvolvimiento productivo y la emancipación social de las comunidades donde está ubicada. Cada universidad va a desarrollar un perfil propio y las carreras no serán copia de los esquemas académicos tradicionales, sino que ofician como respuestas concretas a los problemas del pueblo y de la nación. Con dicha concepción se creó la Universidad Obrera Nacional en el año 1948, que impulsó las ingenierías aeronáuticas o ferroviarias, entre otras. Las iniciativas eran fundamentales para la fábrica de aviones de Córdoba y la producción ferroviaria de Tucumán y contribuían al plan nacional de desarrollo.
Actualmente y sin eliminar la competencia originaria de la universidad, el Ministerio de Educación está impulsando becas para ingenierías y se financian investigaciones y carreras consideradas estratégicas.
A partir de acá nos planteamos, ¿el Estado nacional tiene que dejar sujeta la proliferación de carreras a la autonomía de cada universidad?, ¿ésta función no debería atender una planificación productiva, cultural y científica regional y nacional?.

¿Las investigaciones y acciones de transferencia contribuyen a la consolidación de una soberanía económica y tecnológica?
En la tradición reformista la articulación entre la universidad, el mundo productivo y el conjunto del Estado, suele presentarse de manera negativa. Toda potencial fusión entre las actividades académicas y los poderes públicos se considera violatoria de la autonomía, dando por hecho que la actividad científica no tendría que formar parte de la democracia popular. Se cree que las decisiones de la mayoría popular son contrarias a la razón científica, que debería ser administrada por una pequeña minoría de especialistas. A partir de acá, que cada docente y cátedra investiguen lo que ellos mismos consideran necesario o interesante y que es repudiada la posibilidad de que los mandatarios que vota la gente en municipios o en la nación, intervengan en la definición de líneas de acción.
Algo similar suele sostenerse de la relación entre la universidad y la empresa. El liberalismo impulsa una relación estrecha entre la universidad y la empresa trasnacional u oligopólica. Por el contrario, el reformismo suele rechazar la vinculación académica con el mundo productivo, al considerarla una distorsión de la autonomía científica.
El nacionalismo popular promueve una actividad científica con miras a alcanzar la soberanía tecnológica y la independencia económica del país. La articulación con la empresa estatal, cooperativa y privada nacional, forma parte fundamental de la tarea académica y científica de las universidades. Lo mismo ocurre con la vinculación entre la academia y los Estados municipales, provinciales y municipales, que es conceptuada como legítima y necesaria.
Con miras a alcanzar estas metas, se considera que el Estado nacional tiene una legitimidad de origen para planificar las políticas de investigación y los planes de promoción tecnológica. Entre otros instrumentos para alcanzar esta meta, el nacionalismo popular sostiene que las becas deben orientarse a las áreas de vacancia y que Estado tiene que financiar prioritariamente aquellas acciones de transferencia y de investigación con impacto social y productivo. No son la cátedra y el estudiante quienes definen el destino de la totalidad de recursos públicos de investigación. Tampoco cumplirá esa tarea la empresa trasnacional, sino que es la democracia de masas el ámbito legítimo y legal para ello.

¿La universidad es inclusiva socialmente?
Siete prejuicios antiguos sobre la educación superior
Pablo González Casanova
1- Prejuicio: la educación superior debe ser para una élite, no para las masas.
2- Prejuicio: la educación superior disminuye la calidad conforme se imparte a un mayor número de gente.
3- Prejuicio: sólo una proporción mínima es apta para la educación superior (digamos el 0,01 o el 1%).
4- Prejuicio: para la educación superior se debe seleccionar a los más aptos.
5- Prejuicio: no se debe proporcionar educación superior más allá de las posibilidades de empleo.
6- Prejuicio: el Estado ya está gastando demasiado en educación superior. La educación superior no debe ser gratuita o semigratuita.
7- Prejuicio: no se debe querer que todos sean profesionales. Sería horrible un mundo en el que no hubiera obreros.

Históricamente las universidades fueron elitistas e ingresaban a ellas pequeños grupos de la elite y tal cual sostiene González Casanova, dicha situación se configuró como “prejuicios” o como una ideología conservadora que es presentada como una verdad incuestionable. La educación era un instrumento para ampliar la desigualdad entre ricos y pobres, entre nacionales y europeos, entre blancos y negros o entre mujeres y hombres.
Desde el año 1949 que se suprimieron los aranceles universitarios en la Argentina, la institución se propone ser un mecanismo de igualación social y no de diferenciación. La apertura de universidades en todo el país y en regiones socialmente más relegadas como es el caso del conurbano bonaerense, está contribuyendo a ampliar las posibilidades de ingreso de los grupos vulnerables. 
Está demostrado que la gratuidad y la apertura irrestricta del ingreso en las universidades argentinas, no garantizan el egreso de los estudiantes. Hoy existe un desgranamiento que supera el setenta porciento de los estudiantes. Desde el año 1949 se democratizó el ingreso, el desafío actual es el de garantizar la permanencia y el egreso. Frente a dicha realidad, es importante destacar que la universidad no es gratuita, sino que hay un sistema cruzado de subsidios que pagan todos y que usufructúan unos pocos. Para los trabajadores que administramos las universidades, ello debe implicar un compromiso más profundo con el egreso de los estudiantes. En la medida que administramos recursos públicos, no sería desacertado que el Estado distribuya el presupuesto a partir de definir pautas de gestión y de mejoramiento de las tasas de deserción.

 ¿Cuál es el aporte que hace la universidad a la emancipación de los grupos vulnerables?
El liberalismo define a la universidad como una fábrica de títulos y de profesionales individualistas. El reformismo suele preocuparse más por la abstracta “libertad científica”, que sobre los resultados de su accionar en su medio social. Como resultado de ello, se conforma un profesional dedicado meramente a un aspecto académico puntual, sin ligazón a su medio histórico y sin mayores perspectivas sociales que cumplimentar el informe de investigación de su beca.
Para el nacionalismo popular además de preocuparse por el ingreso irrestricto y el egreso masivo de estudiantes, las universidades tienen que masificar los programas de cooperación con la comunidad. A estas acciones, la institución debe acompañarlas con el compromiso político de sus miembros con el medio social, cuestión que incluye la formación educativa en valores solidarios y comprometidos con los intereses populares y nacionales.   

¿Las universidades reproducen un saber universal?, ¿son usinas de pensamiento nacional y latinoamericano?
Para la tradición ideológica liberal la universidad argentina del siglo XIX tenía que europeizarse. La finalidad era alcanzar la “civilización” y es por ello que toda la producción cultural, científica o tecnológica anterior tenía que desaparecer. Se intentó borrar la cultura precolombina y además la tradición hispánica, para hacer del país un satélite espiritual inglés y francés.
En parte, la reforma del año 1918 nació como una propuesta de refundación cultural, que propuso acercar la institución a la problemática nacional e iberoamericana. Desde distintas perspectivas ideológicas y provenientes diversas disciplinas, los reformistas originarios conformaron una corriente cultural que buscó un sentido social y nacional de la labor intelectual y docente.  
Buena parte de este ímpetu fue abandonado y las instituciones se distanciaron de su contexto y de las problemáticas de su tiempo. Pese a las incapacidades y frustraciones de la institución que fueran anunciadas por reformistas como Deodoro Roca o Manuel Ugarte, la búsqueda de una universidad consustanciada con su país y cultura, se expandió hacia diversos lugares de Latinoamérica.
Desde mediados del siglo XX, un sector importante de la universidad nacional se pensó como parte integrante de los Estados Unidos. Importamos la estructura institucional, copiamos carreras y reprodujimos teorías y agendas de investigación como si fueran las únicas y las más adecuadas.

El nacionalismo popular universitario postuló la necesidad de conformar una ciencia y una tecnología propia. Esta finalidad no implicó nada parecido al autismo cultural, sino que se trató de recuperar las producciones de diversas latitudes, consolidando una nueva síntesis capaz de plantear y de resolver nuestros propios problemas.
Por un lado, el nacionalismo consideró que los académicos tienen que conocer la historia, la cultura y las ideas de nuestros países por considerarlas portadoras de saberes fundamentales del ordenamiento social.
Además, el nacionalismo universitario destinó recursos a sectores de la producción científica y tecnológica que históricamente eran vedados a nuestros países por las potencias extranjeras.  A partir de esta decisión soberana, es que Argentina produjo energía atómica, desarrolló la industria automotriz, naval o ferroviaria nacional, realiza un cine, una pintura y una música de nivel internacional y puede lanzar satélites al espacio.
Como resultado de la tendencia a la nacionalización de las universidades, hoy nuestros jóvenes estudian autores argentinos y latinoamericanos además de europeos y muchos de ellos se dedican a la producción de bienes tecnológicos sumamente especializados.  

Finalmente, consideramos oportuno destacar que la construcción de una soberanía cultural y científica nacional debería ser una meta de nuestras universidades. Esta definición imprime un sentido trascendente a la labor del investigador, del administrativo, del docente o del estudiante. Se trata de optar ya que y como aseveró Hernández Arregui “Digase cuanto se quiera, la realidad que circunda al intelectual es política y su silencio es político. El silencio de los intelectuales se llama traición al país.”


domingo, 21 de junio de 2015

Los hombres pasan, los pueblos quedan

Los hombres pasan, los pueblos quedan
Aritz Recalde, junio 2015

Uno de los grandes desafíos de los gobiernos populares de Iberoamérica, es el de consolidar en el tiempo los logros alcanzados. Muchos programas de transformación política, vieron dificultados su continuidad con la desaparición física de los líderes. La Revolución Justicialista no fue lo mismo sin Juan Perón. El proceso de transformación política de Chile de Salvador Allende, fue único e irrepetible. Cuba sigue teniendo un gobierno con participación de Raúl Castro. La muerte de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez, obligaron a los pueblos de Sudamérica a una compleja tarea de reorganización política y social. 
Frente a este dilema se puede caer en una solución simplista, proponiendo la desaparición de los ejecutivos fuertes. Tal cuestión suele ser impulsada por los intelectuales del liberalismo, que postulan una interpretación negativa sobre el rol del poder ejecutivo en la política. Es habitual que a la hora de analizar la política del siglo XIX,  denuncien el “caudillismo” y en el XX reiteren su cuestionamiento a los dirigentes que consideran “populistas”. Para algunos divulgadores de la ideología liberal, la función del poder ejecutivo es sustituida por consignas vacías como son la división de poderes, las instituciones o la república.
Los sectores populares se identifican con hombres concretos y no con consignas abstractas o armados políticos impersonales. Para el pueblo la soberanía reposa en el caudillo y en el dirigente sindical, partidario o social. Por eso no es casualidad que con el objetivo de debilitar al pueblo, los liberales impulsen una división de poderes “negativa”. Para el liberalismo los poderes judicial y el legislativo tienen que “controlar” al ejecutivo. Incluso, los medios de comunicación son conceptuados un “cuarto poder” de la sociedad civil, que también tiene que limitar a los intendentes, a los gobernadores o a los presidentes elegidos democráticamente.

Si negar la importancia de las figuras individuales en política, es innegable que cumplen un rol histórico finito y que su legado tiene que ser continuado y profundizado en el tiempo. Con esta finalidad, consideramos que hay tres actividades fundamentales que deben garantizar los programas políticos, si es que quieren trascender a los hombres:

-          Fortalecer la organización política.
-          Afianzar la conciencia y política y social del pueblo.
-          Avanzar en la institucionalización de los logros de la gestión.

La actividad política se desenvuelve como una disputa permanente de intereses económicos, territoriales o ideológicos. En paralelo a que un gobierno distribuye la riqueza para emancipar al pueblo, la oligarquía se organiza y resiste para conservar sus privilegios. Cada recurso nacionalizado y puesto al servicio de la mayoría, va a recibir  una reacción del poder trasnacional. Consideramos que sin una organización popular, los logros de un proceso político corren el riesgo de ser nuevamente un botín de la oligarquía. La organización tiene que atravesar todo el tejido social, cultural y político. Difícilmente un pueblo pueda alcanzar la justicia social sin sindicatos fuertes, sin organizaciones sociales movilizadas, sin ámbitos juveniles, sin agrupaciones empresarias, sin medios de comunicación o careciendo de frentes de intelectuales y artistas.  Si un proceso político tiene un conductor, pero no una organización que lo trascienda, será derrotado por las minorías de adentro y de afuera.

La organización popular va a depender del nivel de conciencia de un pueblo. La conciencia social no se adquiere solamente en los libros, sino que es el resultante de la emancipación material de una comunidad. El trabajador que alcanzó el derecho a la salud, a la educación o a una jubilación como resultante de un gobierno popular, tendrá más posibilidades de asumirla culturalmente como parte de una obligación del Estado, que si esa demanda se lee en una plataforma partidaria. La conciencia social se conforma como registro cultural histórico y se transmite de una generación a la otra. La conciencia política de un pueblo se profundiza en su ejercicio concreto en la administración del poder. Además, toda organización tiene la obligación de acompañar la formación doctrinaria de los dirigentes. En este contexto, juegan un rol importante los intelectuales que sistematizan la historia de las luchas populares y las reincorporan al espacio político como ideología revolucionaria. Un pueblo sin conciencia social de sus derechos y sin claridad política de su rol en la historia, puede ser derrotado por la oligarquía. Si los miembros de una comunidad nacional no tienen conciencia política, difícilmente puedan a organizarse.

Finalmente, los avances económicos y sociales de un proceso transformador deben institucionalizarse. De esta forma, las acciones de gobierno pueden consolidarse como política de Estado y pasar de una generación a la otra. La institucionalización de los programas sociales o económicos del nacionalismo popular, es un instrumento estratégico para desandar el marco jurídico de la oligarquía. No es casualidad que en las últimas décadas Venezuela, Bolivia y Ecuador impulsaron reformas constitucionales dotando al Estado y a las organizaciones libres del pueblo, de recursos económicos y políticos. La institucionalización de una política no es en sí mismo garantía de su continuidad, tal cual quedó demostrado con la derogación de la Constitución Argentina de 1949 por parte de la contrarrevolución de 1955. Su contrario también debe plantearse y es más fácil para las minorías recuperar sus privilegios, si los derechos del pueblo y de la nación no fueron institucionalizados.  

    



domingo, 7 de junio de 2015

El pragmatismo neoliberal, etapa superior del darwinismo


Aritz Recalde, junio 2015


“El hombre es lo que hace. Hay hombres que dicen muchas cosas, pero hacen otras. Hay una frase que lo resume: el que no es capaz de vivir como piensa, concluye pensando cómo vive”. Padre Hernán Benítez

Aseveró Charles Darwin que desde el origen de la aparición de las especies, estas evolucionan y sufren modificaciones permanentemente. Los seres vivos luchan por la existencia y se encuentran inmersos en una selección natural, que garantiza la supervivencia de los más aptos por sobre los débiles. Ese proceso de evolución, de adaptación y de cambio es lento y se ejerce en una lucha sórdida por la cual cada especie se esfuerza por aumentar su número. Las condiciones de vida pueden cambiar y con ella también los seres que logran mutar adaptándose al medio. La lucha por la supervivencia está caracterizada por la guerra en la naturaleza, el hambre y la muerte. Para Darwin y como resultado de este proceso, los seres vivos tenderían a la perfección y el progreso.
   
No fueron pocos los intelectuales liberales que postularon que la competencia del capitalismo, era asimilable a la selección natural. Resultado de la lucha por la supervivencia, los hombres más aptos van a triunfar en una tendencia natural y justa, hacia la evolución social.
Esta ideología de raíz darwinista, es la que moviliza a las corporaciones capitalistas y al pragmatismo político neoliberal. En la economía liberal el Estado tiene que mantener al hombre en su condición natural de competencia, ya que si el actor más débil (por ejemplo, las pymes o el obrero) sobrevive frente al más poderoso (capital europeo o norteamericano), se produciría una distorsión y la sociedad sería conducida a la decadencia. Los débiles al mando del Estado y de la economía, tarde o temprano, llevarían a la desaparición de la especie. El proteccionismo económico es una manera de suprimir la lucha por la supervivencia y los naturalmente débiles, ocuparían un lugar para el cual no están preparados.
Sectores de la clase dirigente de la Argentina, se manifestaron públicamente a favor de estas ideas económicas y políticas. Por ejemplo, Sarmiento convocó al exterminio de negros, de indios y de criollos por considerarlos razas inferiores. En su lugar, impulsó la inmigración blanca de EUA y de Europa. Alberdi quien compartió buena parte de esa noción, mencionó que “civilizar es poblar” y lo institucionalizó con la Constitución de 1853, que le daba derechos al europeo, en paralelo que el nativo era oprimido y asesinado. Había que trasplantar el blanco en América, para terminar con las razas consideradas débiles y bárbaras. No es casualidad por eso, que Sarmiento o Alberdi  favorecieron la ocupación militar del continente. Sentían, profundamente, que la raza fuerte europea tenía el derecho y la responsabilidad, de imponerse al débil bárbaro sudamericano.

En el terreno de la práctica política, el neoliberalismo postuló el pragmatismo llano de la lucha por la supervivencia. En su óptica, los partidos políticos tienen que formar parte de la lucha por la supervivencia, sin más causa o finalidad que la extensión de la vida de sus propios miembros. Es a partir de acá, que el activista no tiene moral, ética o doctrina alguna, más allá de su acumulación gregaria de poder (económico, militar o de género).
Para el pragmatismo neoliberal el principio y el fin que mueve toda actividad política, es perpetuarse en el cargo. Es por eso, que la ideología o la manifestación de casusas trascendentes, es solamente un discurso coyuntural o de campaña. El mismo dirigente puede apoyar un proyecto de país y al poco tiempo a su contrario, sin sentir contradicciones. Incluso, es necesario que lo haga ya que denota con esa acción una manifestación de su evolución. Cambian las condiciones de existencia internacionales y el dirigente se adapta para sobrevivir y con esa finalidad, puede destruir un país, empobrecer una clase social, perseguir una raza o silenciar una tradición étnica completa. Para el pragmatismo neoliberal, los debates intelectuales son una pérdida de tiempo y su lugar tienen que ocuparlo los comunicadores a sueldo, que reiteran las ideas que conviene en cada momento, sin importar lo que ocurra con ellas y si deterioran la soberanía nacional o social de un pueblo.  
En el pragmatismo neoliberal todos los dirigentes son, por definición, traidores, egoístas y oportunistas, ya que son movidos por el instinto y por la voluntad de poder. La posición contraria es una muestra de debilidad, que puede conducir a la expulsión de un dirigente de un partido por “idealismo”. Para el dirigente neoliberal el mejor aliado político es el idiota sin escrúpulos. No es casualidad por eso, que frente a la muerte de un mandatario neoliberal, quede un vacío y que abajo no existan condiciones para la alternancia. Es natural en una transición política neoliberal, que asuma el más siniestro y cruel de sus colaboradores, que al modo de un lobo, consiga erradicar a sus competidores.     
En un sector partidario del neoliberalismo, se difunde la pauta de que el político es como el cauce de los ríos: si no avanza se estanca y si se estanca se pudre, contaminando todo el ambiente que lo rodea. Al no existir lealtades, ni ideologías, ni proyecto colectivo alguno, es natural la guerra partidaria, las conspiraciones y las traiciones permanentes. La lealtad en la política neoliberal es una frase de salón, que se menciona sabiendo que la única nobleza que mantiene unidos a los hombres, es el mantenimiento y la reproducción del poder.
Atendiendo que la política es un medio para sobrevivir en la competencia capitalista (naturaleza), los partidos liberales acceden a las instituciones públicas para acumular riqueza individual y escapar a la muerte. El Estado liberal es un botín de los triunfadores de la batalla electoral y solamente distribuyen algún recurso público, al momento de construir opinión y ganar otra elección. El gobierno no tiene más finalidades trascendentes que permitir que las corporaciones capitalistas y que la clase política, acumulen poder.
La diferencia entre clase política, gobierno y Estado no existe y es habitual que solamente la muerte separe al dirigente del cargo. Los lugares del Estado son ocupados como resultado del acuerdo político y no importa la idoneidad de sus miembros o los objetivos de la institución. La planificación de las acciones del Estado es el mero resultante de la guerra política. En su óptica, la salud, la educación o el transporte de un país puede caer en manos de cualquiera, solamente es necesario conservar el cargo como resultado del pacto fundacional de la clase. El asesor de medios le dirá al dirigente qué postular frente a la sociedad y las corporaciones qué debe o no impulsar. No importa que la institución cumpla una función social o de utilidad nacional.   
La conducción política neoliberal administra los partidos e instituciones con el terror y aguzando la condición gregaria del hombre. En el liberalismo rige la pauta de “enemistar a tus subalternos para reinar eternamente”. El pragmatismo neoliberal destruye la organización para mandar individualmente. En la política neoliberal la actividad sexual vale más que muchas ideologías o lealtades.

A diferencia del mundo natural que explicó Charles Darwin, el hombre en su lucha por la supervivencia no progresa y no alcanza una situación de estabilidad con su ambiente. El humano es capaz de destruir el ecosistema en el cual vive y pese a tener abundancia de alimentos, mantener a la mayoría animal en la más profunda de las hambrunas. El hombre liberal a diferencia del animal, mata por negocios y no encuentra un límite a su acción depredadora, como podría ser la saciedad del hambre.
El pragmatismo neoliberal manejó el mundo alrededor de tres décadas. Los animales más fuertes fueron las corporaciones de los EUA y de Europa, que condujeron al sistema mundial a la debacle total. La economía, el medio ambiente, las instituciones o el empleo de la mayoría de los hombres, fueron destruidos desde fines de los años setenta. Muchos humanos perdieron en el siglo XX, los derechos por los cuales lucharon en el XIX. Incluso, no pocos países iniciaron el siglo XXI con niveles de atraso superados con anterioridad. La corrupción y la decadencia moral de la dirigencia neoliberal, llegó a la cabeza de presidentes y de organismos internacionales tan disímiles como el FMI, la FIFA o el Vaticano.
Para poder sobrevivir al neocolonialismo y al pragmatismo neoliberal, los pueblos conformaron una clase dirigente con vocación nacional y social. Contra el pragmatismo neoliberal que destruye y sepulta al hombre, se levantaron las ideologías, las religiones y las doctrinas nacionales y populares. En Sudamérica de fines del siglo XX, Hugo Chávez inició el camino de rencuentro de los animales individuos, con la humanidad y con la búsqueda de justicia. Ese camino lo continuaron las organizaciones libres del pueblo en la Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay o Ecuador. Ese cambio no se detiene en el mundo y al Vaticano anquilosado, le llegó su Papa Francisco.

Actualmente y frente a las presiones del capitalismo mundial, Iberoamérica se encuentra en una encrucijada. O los pueblos se organizan y elevan una dirigencia patriótica al mando del Estado y de la nación, o la clase política neoliberal y las corporaciones extranjeras, retrotraerán al hombre a su condición de esclavitud.  

lunes, 18 de mayo de 2015

Partido liberal y Movimiento Nacional

Aritz Recalde, mayo 2015

La política y los Partidos Políticos
La política es una actividad humana tendiente a regular la vida social, cultural o económica de una comunidad. La política se organiza y se desenvuelve como parte de una disputa permanente por el poder social.
Los Partidos Políticos son voluntades colectivas de organización del poder. Su finalidad dependerá de su composición y de sus objetivos originarios, históricos o coyunturales. Para definir la tarea de un Partido Político se debe identificar su composición de clase, racial, étnica, de género y su articulación con otros factores de poder externo o interno como son la iglesia o los militares.

Comprendiendo dicha articulación se puede procurar un análisis de su tarea histórica. 

EJEMPLO 1
La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA articuló un entramado político pluri-clasista que hizo eje en la emancipación de la clase obrera, el mediano productor rural, los sectores medios y la burguesía industrial. Con la revolución la mujer logró derechos políticos (a elegir y ser elegida). La clase trabajadora fue objeto de políticas de Estado de salud, educación o empleo y sus tradiciones culturales fueron incluidas como parte de la gesta emancipadora. Además y de manera inestable, el proceso político tradujo los intereses de otros factores de poder como eran la iglesia o los militares. La REVOLUCIÓN BOLIVIANA que conduce Evo Morales es la expresión política de las organizaciones campesinas, sindicales, de mujeres y de pequeños y medianos productores de Bolivia. La revolución nacionalista y antiimperialista recuperó los principales resortes económicos en manos del extranjero, como es el caso de los hidrocarburos y el agua y los puso al servicio de los programas sociales y de infraestructura del conjunto del país.     

Partidos Políticos Liberales
En el siglo XIX las clases dominantes argentinas y extranjeras impulsaron los Partidos Políticos Liberales. Su finalidad fue mantener el orden racial, económico, social, cultural y de género establecido. Con dicho propósito, sus dirigentes asesinaron a indios y negros, desmovilizaron al resto del pueblo e impidieron el acceso a la política a los trabajadores pobres. Por mucho tiempo también bloquearon la participación de la mujer, que recién pudo votar a partir de la reforma del código electoral del año 1947.
En la óptica liberal, los Partidos son meros instrumentos electorales. La acumulación de activistas se obtiene distribuyendo cargos públicos y el Estado pasa a ser un botín electoral que se reparte entre los ganadores de la formula. El Estado carece de finalidades trascendentes más allá de mantener el orden existente y de financiar la estructura partidaria.  
El capital económico de los factores de poder extranjeros e internos, estipulan en buena medida su funcionamiento. Al carecer de estructuras de base y de activistas, actúan por intermedio de otros factores de poder como son el judicial, el mediático o el militar.
Su agenda de discusión se organiza a partir de la ideología de las potencias occidentales y de los factores de poder establecido y se transmite en la población con la acción de los medios de comunicación de masas. En su versión actual, los partidos liberales no hacen pública su ideología, sino que su relato se construye a partir de encuestas de opinión. Con un mismo objetivo que es el de favorecer a una oligarquía económica y a una reducida estructura partidaria, van modificando su posición frente a los debates públicos de cada etapa y tiempo histórico. 

El Movimiento Nacional
Para contrarrestar la acción de las clases dominantes, en el siglo XX se crearon nuevas herramientas políticas. Un caso fue el Movimiento Nacional que articuló un frente económico, social y político que propuso cambiar el modelo de acumulación y de distribución de la riqueza propio de la oligarquía y los liberales. Dichas expresiones políticas, impulsaron una demanda de:
- recuperación del patrimonio material y cultural nacional en manos extranjeras;
- resolución de agenda de problemas sociales, de géneros y étnicos postergados.

Desde su origen, el objetivo transformador del Movimiento excede ampliamente las tareas meramente electorales del Partido Liberal. Estas expresiones desarrollan un entramado diverso de actores que ingresan al espacio desde los sindicatos, las agrupaciones sociales, las centrales económicas, los ámbitos educativos (secundarios o universitarios) o de los frentes de la cultura (intelectuales o frentes de profesionales y artistas). Vamos a denominar a los ámbitos de actuación mencionados como “organizaciones libres del pueblo” (OLP).
La movilización política contra el sistema no fue ocasionada en el Partido Liberal tradicional, sino que los trabajadores, campesinos o miembros de los militares desde sus propias organizaciones, protagonizaron las reivindicaciones. Los Partidos Políticos tradicionales no expresaron la profundidad de las demandas no satisfechas de la sociedad de masas.
En Iberoamérica la agenda de emancipación social reclamada por el pueblo, fue impedida por el manejo discrecional de las empresas extranjeras. Es por eso, que es habitual que los Movimientos Nacionales impulsen expropiaciones de la tierra o de los recursos naturales en manos extranjeras y que el resultado de estas acciones derive en la distribución social de la riqueza.

A la OLP el Movimiento suma un Partido Electoral, que traduce la fuerza social en  institucionalidad del Estado. Su ámbito de actuación es la comunidad nacional y es habitual que los procesos políticos sean profundamente movilizadores y masivos.


EJEMPLO 2
La REVOLUCIÓN BOLIVIANA de Evo Morales está centrada en el accionar de las OLP campesinas o mineras, que son el resultado de décadas e incluso siglos, de lucha y de articulación. Las OLP se presentan a elecciones con el Movimiento al Socialismo (MAS) que permite que los grupos sociales ocupen legislaturas, Departamentos o Ministerios. Los cargos públicos no son el fin de la revolución, sino que actúan como un medio para la emancipación social, cultural o de género del pueblo boliviano e iberoamericano. La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA en la década del cuarenta, se organizó con un Movimiento Nacional que diagramó un frente electoral (laborismo y UCR JR que derivó en Partido Único de la Revolución y luego en el Partido Justicialista o Peronista) y un conjunto de OLP que le dieron materialidad en todo el territorio nacional. El Movimiento se organizó con trabajadores industriales (CGT o JTP en los sesenta), profesionales y hombres de la cultura (CGP o Comandos tecnológicos en los setenta), universitarios (CGU o JUP en los setenta), empresarios (CGE) o grupos juveniles (UES). Lo integraron sectores  militares y la iglesia. Dentro del dispositivo político de Perón, el Partido Justicialista no fue el eje fundamental, sino que son los trabajadores industriales (CGT) los pilares  del proceso político. Los trabajadores impulsaron a Perón (17 de octubre), ocuparon lugares de gobierno en los cuarenta e intervinieron activamente en la resistencia a la dictadura de 1955.

La diversidad de los reclamos y la incapacidad de las instituciones liberales de canalizar demandas, explican en parte, la tendencia a la formación de Movimientos en lugar de Partidos.
La división internacional del trabajo y la resistencia al cambio ejercida por los poderes internacionales, supo oficiar como un factor aglutinador de clases dentro de un mismo país.


EJEMPLO 3
Un empresario podía acompañar a un gobierno que lo proteja y lo apoye frente a la importación extranjera y la falta de crédito. Un trabajador puede apoyar al mismo gobierno por la defensa de su empleo y por la capacidad de ampliar sus ingresos (bajar la rentabilidad del capital vía derechos sociales o paritarias). Ambos actores pueden encontrarse en un programa nacional de desarrollo, que postula la recuperación del patrimonio en manos del extranjero. También y como demostró la historia, van a enfrentarse. El Movimiento Nacional no propició la desaparición de clases y de conflictos (dictadura capitalista o del proletariado), sino que propuso una institucionalización del mismo evitando la guerra social. La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA creó tribunales del trabajo y favoreció las organizaciones sindicales (CGT) y empresarias nacionales (CGE).      


Movimiento, Partido y Estado
Por intermedio de los Partidos las OLP van a traducir su poder social, de género o cultural en representación estatal. Como resultado de la disputa electoral, van a ocupar lugares en el sistema de instituciones públicas y van a ejercer la regulación y/o modificación de las cuestiones privadas.

Como parte de la disputa y del conflicto, el Estado cumple tareas particulares en el terreno educativo, militar, de salud o de esparcimiento.
En Iberoamérica el avance del Movimiento Nacional impulsó:
-  la construcción del Estado de Bienestar;
-  la transferencia de los recursos económicos de la esfera privada extranjera, a la nacional pública;
-  el pasaje de recursos del capital al trabajo.   

                                       EJEMPLO 4
La REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA permitió el ingreso a las legislaturas a los trabajadores y a las mujeres. Al mando del Estado, los trabajadores recuperaron el capital en manos de la oligarquía y el extranjero nacionalizando bancos, depósitos bancarios, comercio exterior, servicios públicos y recursos naturales. La revolución organizó un nuevo pacto histórico con la Constitución de 1949 que institucionalizó los derechos sociales, la propiedad social y la defensa de los recursos naturales. La REVOLUCIÓN BOLIVIANA modificó la Constitución nacional y el nuevo pacto social permitió la representación política, judicial, cultural y social de las organizaciones indígenas campesinas. La Constitución estableció que “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”.

El gobierno y la disputa por la conducción del Estado
Las OLP organizadas como Movimiento Nacional pueden crear un Partido electoral e iniciar la toma del poder del gobierno. La tarea de modificación del Estado para ponerlo al servicio de la mayoría social, implica una reeducación ideológica y técnica de los funcionarios de carrera que hacen funcionar el aparato gubernativo.
Las clases dominantes postulan que la conducción del Estado puede otorgarse a los técnicos sin ideología. Dicha aseveración no es correcta y conduce a que el Estado reproduzca la relación de poder existente, ya que el supuesto de la inexistencia de ideología cristaliza la situación social establecida.

Para garantizar la transformación, las OLP tienen que contar con cuadros políticos que dispongan de doctrina, de vocación de servicio al pueblo y de una moral nacional. A las tres cuestiones se le debe agregar el manejo de una ciencia y de una técnica con fines nacionales y sociales.

El hecho de que El Movimiento Nacional alcance el gobierno, no es garantía de la modificación del Estado y de la redefinición radical de las relaciones sociales. Para poder cambiar el sistema, la actividad política tiene que incluir a las OLP que son las encargadas de acompañar la tarea de refundación moral, política, económica y cultural del conjunto del tejido social.

La modificación de las relaciones sociales institucionalizadas es un paso impostergable. Asimismo, si las OLP no forman los cuadros políticos para la toma, conducción y proyección estratégica del gobierno y del Estado, los cambios pueden fracasar. Si la oligarquía y el imperialismo controlan la ciencia y la tecnología de los países, a la corta o a  la larga, van a manejar el desarrollo económico y político del continente.  




jueves, 7 de mayo de 2015

El nacionalismo popular y la expansión del sistema universitario argentino

 Aritz Recalde, mayo 2015

Desde el año 2003 a la fecha el gobierno nacional abrió quince universidades públicas, a lo largo y a lo ancho de la República Argentina. La última década, conjuntamente al Plan Taquini de fines de los años sesenta, es la etapa de expansión universitaria más importante de la historia del país. Varias de las nuevas instituciones están ubicadas en el conurbano bonaerense, como es el caso de las instituciones radicadas en Moreno, Avellaneda, Florencio Varela (Jauretche), José C. Paz, Merlo (Oeste) o Hurlingham. Otras fueron inauguradas en diversas provincias como es el caso de Tierra del Fuego, San Luis (Comechingones), Rio Negro, Chaco o Santa Fe (Rafaela). Para afrontar la ampliación del sistema universitario, la inversión del Estado aumentó de $ 1.900 millones en el año 2003 a $ 39.000 millones en 2015.
La expansión del sistema universitario argentino se organiza sobre los principios del modelo universitario del nacionalismo popular, que fue inaugurado por la revolución justicialista y que ofició como una complementación y superación del programa reformista de 1918.

Una universidad nacional llamada “Arturo Jauretche”
Entre intelectual y argentino, voto por lo segundo. Y con todo”. Arturo Jauretche

La Universidad Nacional Arturo Jauretche es una de las quince instituciones creadas en la última década. El nombre de la institución es un hecho de política cultural de fuerte contenido ideológico e histórico, que afirma la vitalidad del nacionalismo popular universitario. Arturo Jauretche alcanzó el título de abogado y en el transcurso de su militancia, participó de la vida política universitaria. Don Arturo fundó la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) que abrió agrupaciones universitarias en La Plata, Buenos Aires, Mendoza y Tucumán (Organización Universitaria Forjista) y en Córdoba (Unión Federalista Revolucionaria Argentina). En el año 1939 el forjismo llegó a conducir la Federación Universitaria Argentina (FUA). Tras recibirse de abogado Jauretche no desempeñó tareas en la universidad, exceptuando su labor en EUDEBA en el año 1973. 
Pese a que no trabajó como docente o funcionario universitario, en sus libros y artículos se refirió en diversas oportunidades a la institución. En su óptica, la universidad tenía que cumplir tres funciones fundamentales. La primera, era la de conformar una ciencia nacional capaz de resolver los problemas de los argentinos, ya que en su punto de vista “La incapacidad para ver el mundo desde nosotros mismos ha sido sistemáticamente cultivada en nuestro país.” El segundo elemento fundamental de la universidad, era el de permitir el ascenso social, ya que en sus palabras La Enseñanza Superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de la minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente, carece de finalidad nacional”. Finalmente, Jauretche postuló que la institución tenía que educar en valores, consolidando los principios éticos de la justicia social y de la soberanía nacional y afirmó enfáticamente que “es necesario una moral nacional que es lo que se llama patriotismo”.

La universidad como medio de ascenso e igualación social
La universidad americana desde su origen, fue un instrumento para perpetuar las desigualdades de raza (indios o negros no ingresaban), de género (las mujeres no estudiaban), nacionales (inicialmente era para españoles), de clase y étnicas. Luego de producida la Independencia los liberales profundizaron buena parte de estas concepciones y las instituciones siguieron siendo elitistas y no ingresaban los grupos de bajos recursos. Esta realidad fue modificada parcialmente por la UCR, que impulsó que estudien los sectores medios.
Recién con la Revolución Justicialista, la universidad fue postulada como un medio de igualación social. En el año 1949 el gobierno nacional suprimió los aranceles y los cursos de ingreso universitarios y se crearon becas. Dos años antes, la revolución había sancionado la ley de voto femenino que favoreció el ingreso de las mujeres a la vida política y cultural. La gratuidad indujo la participación de estudiantes latinoamericanos de países limítrofes y de la región. Desde los años cincuenta la universidad argentina se caracteriza por el ingreso popular y de los ciudadanos  latinoamericanos e impulsa la igualdad de género. Actualmente, la apertura de nuevas universidades en todo el país y en particular en el conurbano bonaerense, favorecen dicha tendencia. Como postuló Jauretche, la universidad argentina y a diferencia de lo que ocurre en buena parte del mundo, continúa siendo gratuita tendiendo a que la educación sea un medio de ascenso e igualación social.

Los derechos de los trabajadores docentes y técnico administrativos
La reforma de 1918 intervino la universidad y expulsó a buena parte de los docentes y funcionarios conservadores, quienes se desempeñan laboralmente a la manera de un “planta permanente”. En su lugar, el reformismo postuló los concursos y los miembros de la universidad priorizaron su condición de “científicos”, antes que “trabajadores”. Los docentes perdieron la estabilidad en sus cargos y quedaron sujetos a la competencia permanente de los concursos.
Luego de décadas de luchas obreras, con el peronismo los trabajadores alcanzaron los derechos sociales a la estabilidad laboral, la salud, el esparcimiento, la educación, la vivienda o las jubilaciones. En el terreno universitario, todas las instituciones recibieron un aumento considerable de presupuesto que se reflejó en obras de infraestructura, en la mejora salarial y de las condiciones de trabajo. En el año 1946 el presupuesto universitario era de 48 millones de pesos moneda nacional y al año 1954 había aumentado a 400 millones. Los docentes universitarios consiguieron que las leyes nacionales, les reconozcan los históricos derechos a la dedicación exclusiva en el cargo y a la Carrera Docente. La Carrera Docente permitió articular la dimensión académica docente (formación permanente e ingreso por concurso), con la estabilidad del derecho al trabajo (permanencia en funciones y esquema de ascenso en el cargo).
Resultado de las acciones del proyecto político iniciado en 2003, los trabajadores docentes y técnico administrativo gozan de los derechos conseguidos en los años cincuenta. En el año 2005 los trabajadores técnicos y administrativos firmaron el histórico Convenio Colectivo y desde 2009 los docentes universitarios tenemos la movilidad jubilatoria del 82%. 

La regionalización de las carreras e investigaciones
Tal cual mencionó Jauretche, para el nacionalismo popular la universidad tiene como función fundamental la conformación de una ciencia aplicada a la resolución de nuestros problemas. Ello conlleva la apuesta a la conformación de una matriz científica y tecnológica nacional. Dicha determinación contradice la tendencia liberal y reformista a reproducir las teorías y las agendas de investigación propias de EUA o de Europa. La revolución justicialista regionalizó la universidad y promovió la apertura de carreras y la formulación de agendas de investigación tendientes a resolver los problemas nacionales y populares. La ciencia argentina consolidó proyectos de innovación tecnológica aplicados a la producción de autos, aviones, medicamentos o energía atómica. 
Las nuevas universidades están aplicando las concepciones del nacionalismo universitario y las careras que se abren no son mera copia o reproducción de tendencias occidentales (carreras tradicionales), sino que surgen a partir de identificar temas – problemas locales. La regionalización y nacionalización de la ciencia argentina, permite que el Estado impulsé programas de becas a las carreras estratégicas y que financie líneas de investigación de áreas de vacancia. Desde el año 2003 el debate sobre la autonomía universitaria pasó a un segundo plano y actualmente las instituciones son pilares fundamentales de los programas nacionales de desarrollo, como es el caso de YPF o la Televisión Digital.
Como resultado de la planificación nacional de la ciencia y de la tecnología, hoy nuestro país produce satélites, genera energía atómica, desarrolla contenidos educativos de calidad en la TV pública y nuestros investigadores acompañan los programas de desarrollo estratégico.


Si el nacionalismo popular universitario se impone definitivamente en nuestro país, la Argentina va a estar en condiciones de alcanzar la soberanía cultural y tecnológica, base de la independencia económica y de la industrialización. Sin soberanía científica y sin industrialización, la Argentina será dependiente políticamente, postergando toda posibilidad de bienestar social de los pueblos.  

lunes, 6 de abril de 2015

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) y la Universidad

                           
Aritz Recalde, Juan Godoy, Iciar Recalde
Noviembre 2014


Introducción
“El país necesita derribar las Universidades sin Patria, y no permitir que se establezcan sobre sus ruinas otras Universidades sin Patria.” (“La Tercera Posición en la Universidad”, La Víspera. Semanario de Orientación Nacional, Mar del Plata, Año 1, Nº 9, 10 de febrero de 1945)

“Por una Universidad al servicio de las necesidades de su pueblo.” (“Manifiesto a los estudiantes y al pueblo de la Agrupación Universitaria de FORJA”, FDA)

La Universidad forma parte de una de las preocupaciones teórico políticas fundamentales de FORJA, en la medida en que se encuentra emparentada con cuestiones medulares que signaron los aportes de la Agrupación en su período de actuación (1935-1945). Con posterioridad a su disolución, algunos de sus ex integrantes jugaron roles importantes el debate de la universidad hasta bien entrada la década de 1970.
Varios de sus miembros como Manzi, Jauretche, Dellepiane o Del Mazo desarrollaron una activa militancia[1] en los espacios juveniles universitarios. Según Ciria y Sanguinetti, FORJA: “Estuvo integrada, en su mayoría, por universitarios jóvenes.” (Ciria y Sanguinetti. 1983: 84).
Los desarrollos teóricos de los forjitas se organizaron en torno a la cuestión nacional. FORJA interpeló el rol del intelectual en los países semicoloniales, la injerencia del Imperialismo, el fenómeno de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
La temática de la Universidad fue desarrollada exhaustivamente a través de diversos Documentos, Manifiestos, Volantes y Conferencias y por medio del activismo estudiantil de varios forjistas en distintas Universidades Nacionales.
Para facilitar al lector el entendimiento del tema que aquí nos ocupa, organizamos la exposición de la siguiente manera:
-          ofrecemos una descripción sucinta del nacimiento de FORJA y de sus principales intereses teórico-políticos emparentados con la temática de la Universidad. Analizamos dos aportes fundamentales del grupo: el dilucidamiento de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
-          presentamos los aportes teóricos de FORJA en torno al rol de las Casas de Altos Estudios.
-          reconstruimos las acciones políticas concretas de los forjistas a través de la formación de distintas Agrupaciones estudiantiles en universidades.

El nacimiento de FORJA
“Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) nace en el año 1935 como un desprendimiento de la Unión Cívica Radical (UCR) tras la muerte de  Hipólito Yrigoyen. El filósofo Juan José Hernández Arregui (Hernández Arregui 2003: 225)  establece que la iniciativa originaria fue de Arturo Jauretche, quien convocó a varias figuras intelectuales y políticas del período –Manuel Ortiz Pereira, Gabriel del Mazo, Homero Manzione, Gutiérrez Diez, Juan B. Fleitas, David de Ansó, Félix Ramírez García, Luis Dellepiane, entre otros.
El objetivo inicial para crear la Agrupación era el de enfrentar el funcionamiento del sistema político del período, que estaba caracterizado por el fraude electoral, la extranjerización de la economía nacional y las extremas desigualdades sociales promovidas durante la denominada por José Luis Torres como Década Infame. FORJA denunció el accionar del imperialismo británico y la situación semicolonial en la que se encontraba la Argentina.
El nombre de la agrupación, ideado por Arturo Jauretche, tuvo su origen en una frase de Yrigoyen, que abre este apartado, donde el viejo Caudillo establecía que: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”
Algunos de los forjistas, participarán en los levantamientos radicales -el primero tras el Golpe en Córdoba, el fracasado del General Severo Toranzo en el año 1931, el del Coronel Gregorio Pomar en el mismo año en el Litoral, etc.-. (Galasso, 2002). Se destaca el del Paso de Los Libres del año 1933,[2] donde fueron milicianos Jauretche y Scalabrini Ortiz, que quedará plasmado en un relato épico gauchesco del forjista linqueño.[3]
Vale aclarar que Raúl Scalabrini Ortiz, a pesar de ser uno de los principales orientadores de FORJA, no se afiliará por sus diferencias con la UCR hasta el año 1940, momento en que se levante la condición de ser partidario radical para ser miembro de la Agrupación.
Varios forjistas habían conformado el Movimiento de Continuidad Jurídica, agrupamiento anti-alvearista que pretendía mantener en alto las banderas del yrigoyenismo y se oponía a la jefatura de Alvear: “Sostenían que la abstención sólo podía tener sentido con un contenido revolucionario” (Scenna, 1983: 33). Otros habían participado del Grupo de los Radicales Fuertes –nucleados previamente en la Agrupación Pro Voto Directo-, que emite el Manifiesto “Vocación revolucionaria del Radicalismo” antes de que la Convención  levantara la abstención.
Los forjitas desarrollarán una ardua tarea intelectual y de activismo político. Interesará, particularmente, referirnos al desarrollo teórico en torno al concepto de Colonización pedagógica y al rol del Revisionismo histórico por estar emparentados con la temática de la Universidad.
FORJA en su batalla contra la entrega del patrimonio nacional durante los años ´30, denunciará la injerencia extranjera y todo el engranaje cultural destinado a legitimarla. A partir de aquí, procuran la construcción de un relato histórico que contextualice históricamente la dominación colonial y las luchas populares.





[1] Jauretche y Manzi se conocieron en la Facultad de Derecho de la UBA. (Galasso 2009 T II: 318) En esta época de activismo universitario, Jauretche tomó contacto además con Gabriel del Mazo.  (Galasso 2003: 110 y 126) En los tres casos, su militancia universitaria se alistó a favor del reformismo. La intervención de la Facultad en 1930, expulsó a más de setenta alumnos, entre los que se encontraban ambos. (Ciria y Sanguinetti 1983: 79) Hernández Arregui mencionó que en el universo de “afiliados y simpatizantes” a FORJA, estaba Mario Pascale, quién habría llegado al cargo de Presidente de la FUA. (Hernández Arregui 2003: 226) En realidad, Pascale fue Presidente del Centro de Derecho de la UBA y fue Francisco Capelli quien alcanzó la conducción de la  FUA en acuerdo con el comunismo. (Galasso 2008: 256)
[2] Hipólito Yrigoyen muere el 3 de julio de ese año. José María Rosa señala que tras su entierro:”La impresión es que una chispa haría estallar el polvorín. El pueblo es radical y seguirá al primero que levante la bandera. Pueblo y Ejército no son para ellos dos entidades distintas.” (Rosa, 1980: 136)
[3] Se trata de Jauretche, Arturo (1992). El Paso de los libres. Relato gaucho de la última revolución radical. Buenos Aires: Corregidor.