martes, 24 de junio de 2014

El equipo mundialista de la Deuda Externa Argentina

Aritz Recalde, junio de 2014

Contribuyendo al clima mundialista actual, presentamos al lector la “selección nacional de la deuda externa”. El plantel de selección reúne los once nombres más destacados por su juego. En todos los casos, los jugadores han cosechado grandes logros deudisticos al servicio del extranjero.

La selección nacional deudistica
En el arco ataja Bernardino Rivadavia, quién “adelantándose a su tiempo”, inició en el remoto año 1824 la deuda externa argentina con los británicos de la banca Baring Brothers. Su intervención de usurero de guante blanco, marcó una forma de sentir y de palpitar el endeudamiento del país al servicio de la oligarquía y del extranjero. En honor a su patriótica labor extranjerizante, la Argentina lo recuerda con una importante avenida porteña y con una marca de repuestos escolares.
Ocupando el lugar de zaguero central juega el militar golpista de 1955 Eugenio Aramburu, quien nos introdujo a la liga mundial de la deuda al someternos al Fondo Monetario Internacional.
Como marcador central ingresa Adalbert Krieger Vasena, talentoso cipayo que juega en la selección desde 1955 y que fue Ministro de Economía de Onganía a partir del año 1966. Adalbert puso la cartera económica del Estado al servicio de las multinacionales originarias de los EUA.
Como marcador de punta, poniendo toda su voluntad y dedicación deudistica entra el ingeniero Álvaro Alsogaray, ideólogo del juego liberal y seguidor confeso de las dictaduras.
Vasena, conjuntamente a Julio Alsogaray, hicieron escuela y formaron un verdadero semillero de jugadores para la selección nacional de la deuda externa.

El marcador de punta de la selección de la deuda externa es Daniel Marx, que jugó de Director del Banco central en 1987 y que dio una mano importante en la aplicación del Plan Brady. Fruto de su experiencia en las ligas mundiales de la entrega, Marx formó parte de las negociaciones de la deuda con Alfonsin, Menem, Cavallo y De La Rua.
En el medio de la cancha derrama toda su magia José Luis Machinea, que trabajó de gerente de finanzas del Banco Central durante la dictadura de 1976. Aplicó toda su experiencia acumulada al servicio de la deuda, cuando jugó de presidente del Banco Central (1986-1989). Con su inmensa habilidad “estatizó” la Deuda Privada y siendo Ministro del presidente De La Rua, gestionó el oneroso “Blindaje”. Un jugador completo, de toda la cancha.
El “diez” de equipo es Domingo Felipe Cavallo quien se destaca por poseer un maravilloso talento natural para mentir en televisión y es poseedor de un espíritu de ofensiva que le permite pasar permanentemente al ataque, sin tener vergüenza alguna de sus actos. Con su juego vistoso que supo gambetear todas las causas judiciales, las regulaciones legales y las denuncias, en su cargo de presidente del Banco Central (1982) estatizó la deuda privada. Siendo ministro de Carlos Menen organizó los Bonos Brady reconociendo deuda y con De La Rua  negoció el “megacanje” que le costó al país la friolera cifra de los 55 mil millones de dólares. Todo los partidos Cavallo los jugó muy suelto, un diez a pura “entrega del país!!!”. Para poder jugar sin ataduras, el Congreso Nacional le aprobó la ley 24.156/92 otorgando al Ministerio de Economía facultades especiales para negociar la deuda sin la intervención de la legislatura. Cavallo es el verdadero “Messi” de la deuda externa de la Argentina.
Completan el equipo como volante ofensivo Claudio Loser, formado en la Universidad de Chicago y jugador de las ligas extranjeras del FMI.
El volante defensivo es Manuel Solanet, un ambidiestro que se desempeño como funcionario de Martínez de Hoz y del radical Ricardo “buldog” López Murphy.
Arriba juegan dos destacados goleadores. Por un lado, el ligero Roberto Aleman deslumbró al auditorio cargando al país de deuda externa desde su condición de Ministro de Economía en 1982. Con el juego liberal de Alsogaray y la filosofía dictatorial de Aramburu, hizo alarde de la traición al país en plena Guerra de Malvinas.
El experimentado Martínez de Hoz es la esperanza del acreedor extranjero, ya que en todos los mundiales que jugó no defraudó nunca a las potencias occidentales y a la oligarquía.

En el banco de suplentes pidiendo cancha, la joven Laura Alonso hace sus primeros pasos en el mundo de la deuda al servicio del extranjero. A ésta joven jugadora la representa Paul Singer quién está negociando su ingreso pleno a la cancha luego de las elecciones de 2015. En el banco está el rustico Mauricio Macri que pese a no tener prácticamente ninguna condición para el juego, persevera y camina los gabinetes del extranjero buscando un sponsor para iniciar el camino de la “gloria deudistica”. Completan los suplentes, el veterano y experimentado Ricardo López Murphy que se desempeñó de Ministro de Economía de De La Rua y que fue un prócer de la salida de dinero argentino al extranjero. El “buldog” sigue siendo una carta importantísima de la selección y su entrada puede darle cuantiosas sumas de dinero a las potencia occidentales. 

El equipo técnico es internacional y colegiado y lo componen el FMI, el Banco Mundial y el Club de Paris. Como ayudante de campo se incluyó a David Mulford. 

Principales copas obtenidas por el seleccionado de la deuda externa
El primer gran logro de nuestra selección nacional fue la “Copa libertadora de 1955”. Premios: en el año 1955 la deuda externa era de 500 millones y en 1976 alcanzó 8.000 millones!!!
El segundo reconocimiento de alcance mundial que logró nuestro seleccionado, fue la recordada “Copa cívico militar de 1976”. Premios: la deuda externa en el año 1976 era de 8.000 millones de dólares y al terminar la copa en 1983 llegó a 46.000 millones!!!
Finalmente, cómo no recordar la “Copa relaciones carnales con EUA” que repartió cuantiosas recompensas a intermediarios, oligarcas y extranjeros!!. Premios: la deuda externa en el año 1989 alcanzó los 63.000 millones y en 2001 era de 142.000 millones!!!
                                
                                               Jugadas “preparadas”
Una constante de los partidos que jugó nuestra selección es que los árbitros los ponen EUA o Inglaterra. El estatuto de los árbitros se organizó por impulso de las potencias acreedoras y se reglamentó a partir del Decreto 1712/92 y por la Resolución M.E. 1169/92. Ambos textos, dispusieron del asesoramiento del “diez” argentino, el mago Domingo Cavallo. Gracias al estatuto de la entrega, las sedes judiciales para “negociar” la deuda son Nueva York o Londres. Por gestión de Cavallo ingresamos al “primer mundo de la deuda externa”. Acompañando la acción antinacional Carlos Ruckauf, en ejercicio de la presidencia de la República Argentina, impulsó en el año 1998 el Decreto 363 ratificando las sedes judiciales de Londres o Nueva York, entre otras.

Principales jugadas:
-          Nunca debe llegar la totalidad del dinero que se menciona en el acuerdo.
-          El recurso girado tiene que servir, primordialmente, para pagar a los mismos deudores y no para inversiones reales.
-          La deuda debe consolidar a los grupos de poder y nunca desarrollar áreas estratégicas del país.
-          El Estado debe asumir la deuda de los privados sean nacionales o extranjeros.

Por pura casualidad, siempre que juega la selección nacional de la deuda externa el árbitro de los partidos es el juez Thomas Griesa. 

Relatan los partidos de la selección deudora: Mariano Grondona y Bernardo Neutard.


Auspician: Fondos Buitres, diarios Clarín y La Nación, Grupos Económicos con deuda condonada y “Agrupación de jueces y fiscales que hacen la vista gorda”.  

viernes, 13 de junio de 2014

HAY QUE VOLVER A LOS CLÁSICOS: ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO NACIONAL

CUADERNO DE TRABAJO N° 14 DEL CENTRO DE ESTUDIOS HERNÁNDEZ ARREGUI 
 Aritz Recalde
Junio 2014
 “Somos un episodio en la larga lucha por la Liberación integral del país. Si caemos, otros nos sustituirán. Nada se pierde del todo. La memoria de los pueblos tiene recovecos muy recónditos.Raúl Scalabrini Ortiz
 “Pensar en nacional es, pues, en una semicolonia como la Argentina, pensar revolucionariamente, cuestionando el orden impuesto por el Imperialismo, que no sólo es injusto y humillante sino que además, impide toda posibilidad de progreso histórico, es decir, cierra el paso a una auténtica Democracia participativa, al ascenso cultural y a las profundas transformaciones.”  Norberto Galasso
 La corriente ideológica y política del Pensamiento Nacional tiene una innegable vigencia en el Siglo XXI. Para aseverar nuestra hipótesis nos referiremos a dos cuestiones centrales:
 Primera: los intelectuales del Pensamiento Nacional aportan un diagnóstico sumamente actual de los problemas estructurales de la Dependencia del país y de la Región.
 Segunda: el Pensamiento Nacional ofrece una agenda de propuestas para la resolución de los problemas estructurales del país y de las Organizaciones Libres del Pueblo.


I. Diagnóstico de nuestra Dependencia
 “Los Pueblos fuertes no temen su propia realidad.” Raúl Scalabrini Ortiz
 “La falsedad histórica debilita a una Nación.” José Luis Muñoz Azpiri

Más allá de las diferencias y matices existentes entre los intelectuales del Pensamiento Nacional, todos ellos comparten la hipótesis de que un país que enajena su Soberanía económica y cultural, está condenado a ser una semicolonia en el plano político y un Estado desigual en el terreno social.

Raúl Scalabrini Ortiz y la Dependencia económica
 “Inversiones extranjeras (…) ellas son útiles sólo cuando representan la evolución capitalista, y no la imperialista, que es su negación cumpliendo dos objetivos básicos: gravitación interna para orientar la política, y gravitación económica para orientar la producción hacia formas convenientes a la metrópoli.” Arturo Jauretche

Raúl Scalabrini Ortiz demostró a partir de minuciosas investigaciones el hecho perjudicial que trajo aparejada la posesión del capital trasnacional de los servicios públicos y de las instituciones de administración del crédito y de la moneda. Para el autor, y en relación con la opinión del epígrafe de Jauretche, el capital extranjero efectuó un manejo imperialista de los servicios públicos y de la economía nacional. La posesión extranjera de nuestros recursos benefició a las potencias de origen del capital, en desmedro de nuestros intereses estratégicos como país. En particular, Scalabrini Ortiz mencionó que era pernicioso para la Argentina el control extranjero de:

A- Servicios públicos como los Ferrocarriles. Estos medios de transporte “han actuado en la Argentina como en tierra conquistada.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 24) Para el autor “el ferrocarril fue el mecanismo esencial de esa política de dominación mansa y de explotación sutil que se ha llamado imperialismo económico.” (Scalabrini Ortiz, 1983: 16)
B- El Petróleo. El recurso natural ya era ambicionado en el período que escribe Scalabrini Ortiz por los Estados Unidos y desde su punto de vista “la última riqueza que aún pertenecía al pueblo argentino está en peligro: la enajenación de las reserva petrolíferas está ya en trámite.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 39)

C- El Banco Central y los medios de crédito y moneda. Scalabrini Ortiz analizó el rol del Banco de la Provincia de Buenos Aires impulsado por Bernardino Rivadavia y concluyó que “estuvo siempre bajo el contralor de Inglaterra (…) fue desde el primer momento un enemigo de las industrias y aun del comercio local.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 55 y 62) Esa lógica de funcionamiento se profundizó en el siglo XX y el Banco Central creado en el año 1935 fue definido por Scalabrini como “el Banco del imperialismo” que se gestó “en la sombra para menoscabo de nuestra soberanía.” (Scalabrini Ortiz,, 1972: 31)

D- El Comercio Exterior. En palabras de Scalabrini Ortiz: “la comercialización está acaparada por cuatro firmas que responden en orientación a esa política imperialista (…) Hemos cedido al extranjero los Puertos, los servicios sanitarios, los ferrocarriles.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 24 y 130)

El manejo extranjero de los principales resortes estructurales de la economía como son los servicios públicos, los Bancos o la energía, se complementó con la utilización política e ideológica del endeudamiento externo que “fue empleado de inmediato como un instrumento psicológico favorable a todas las pretensiones inglesas.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 88) El autor analizó el empréstito que adquirió el país en el año 1824 y consideró que su objetivo era el de “retener el desarrollo de los pueblos” y “el endeudamiento hacia Inglaterra es una obra finísima de la extraordinaria inteligencia política británica.” (Scalabrini Ortiz, 2012: 349) La vigencia actual del pensamiento del autor se amplifica aún más desde el momento que estableció que “endeudar un país a favor de otro, hasta las cercanías de su capacidad productiva, es encadenarlo a la rueda sin fin del interés compuesto (…) tarde o temprano el acreedor absorbe al deudor.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 111)

La entrega económica de la Patria fue organizada a través de un sistema de regulaciones legales que benefició intereses externos. Las leyes argentinas fueron formuladas por representantes nativos serviles a los grupos de poder foráneo. Scalabrini Ortiz destacó el origen dependiente de la Constitución del año 1853 que estaba al “servicio del capital extranjero” (Scalabrini Ortiz, 1972:112), de la ley de “coordinación de transporte” tendiente a proteger a las empresas inglesas y de la legislación de regulación del petróleo en los años ´30. Denunció terminantemente que para cumplir esta tarea, el Estado argentino fue administrado por abogados y por representantes de las corporaciones extranjeras, cuya labor de entrega recibía un blindaje mediático desde el “Periodismo, instrumento de la dominación británica.” (Scalabrini Ortiz, 2004: 248)

Arturo Jauretche y la Dependencia cultural

A nada llegamos mientras nuestra historia nos oculte la realidad de nuestro actual colonialismo.” José María Rosa

“La transformación del sujeto ha recibido en la historia de la humanidad diversas denominaciones hasta llegar a nuestro tiempo, en que se habla de un “lavado de cerebros” o, certeramente, de una “colonización pedagógica.” Fermín Chávez

En varios de sus libros, Arturo Jauretche explicó con detalle el proceso de organización de las instituciones culturales del país. En su punto de vista, se produjo una extranjerización del sistema de producción y de distribución de bienes materiales (tecnología) y simbólicos (educación, valores, etc.) que conforman la cultura. Denominó al proceso de formación cultural dependiente como una “colonización pedagógica”, tendiente a impedir la formación de una identidad nacional propia. El imperialismo cultural que explicitó Jauretche, formó parte de la división mundial del trabajo y su finalidad fue la de acompañar las acciones económicas, políticas y militares de las potencias europeas y norteamericana. En palabras del autor “Grupos capitalistas tienen en sus manos la Universidad, la Escuela, el libro, el Periodismo y la radiofonía. No necesitan recurrir a la violencia para reprimir los estados de conciencia que le son inconvenientes (…) un Director de un trust eléctrico, o de cualquier otro trust, tiene hoy en sus manos el control de todas las noticias, de todos los editoriales, de todos los comentarios  periodísticos.” (Jauretche, 2002: 211)

Para Jauretche, en los Estados del Tercermundo las potencias dominantes actuando en complicidad con la oligarquía local, organizan los valores culturales de un país. Falsifican la historia que se enseña en instituciones y que se rubrica en denominaciones de calles o de plazas, edificando héroes y denostando a dirigentes con la finalidad de “impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Así hemos carecido de realismo.” (Jauretche, 1959: 15) Jauretche entiende que estos mismos grupos de poder, controlan los Medios de información y de opinión más importantes del país. Los dueños de la prensa autodenominada “libre”, censuran o generan una autocensura entre sus miembros, con el objetivo de que éstos no cuestionen las acciones e intereses materiales y políticos de sus anunciantes. En los países dependientes, los publicistas se vinculan a “grandes intereses económicos extra nacionales” y es por ello, que la prensa prestigia a los Proyectos de país que sirven a las corporaciones y critica a los que representan a los sectores populares. Cooke llegó a la misma conclusión de Jauretche cuando mencionó que “Considero que la prensa comercial vinculada al imperialismo es uno de los mayores peligros para los países que luchan por su liberación.” (Recalde, 2009: 67)

La presión mediática tiene alcances internos y además, actúa a nivel internacional. Tal es así, que Jauretche sostuvo sobre la influencia política de prensa mundial que “lo importante para un gobernante argentino no es lo que opina el país sobre él, sino lo que opinan esos “cagatintas” rentados a divisas fuertes.” (Jauretche, 2004: 163) El nacionalismo cultural en la óptica de Jauretche, se expresó como el derecho de los pueblos a practicar y a ejercer su propia identidad frente al accionar del imperialismo que se presenta como supuestamente “universal.” La Nación es al mismo tiempo una identidad que unifica a una comunidad frente a las potencias extranjeras y es, además, la representación de una diversidad cultural, histórica y étnica en constante construcción, conflicto y elaboración. 

II. ¿Qué hacer?
 “Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un Movimiento de Liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito.John William Cooke

Tal como afirmamos previamente, el Pensamiento Nacional postuló propuestas y acciones concretas para transformar la realidad dependiente. A continuación, vamos a comentar únicamente y de manera sucinta algunas de ellas.
 El sujeto de los cambios de la historia
José María Rosa explicó que a lo largo de la historia nacional fue el pueblo mestizo el sujeto transformador y revolucionario. Su punto de vista se distanció de buena parte de la intelectualidad liberal, que sostuvo que el progreso político en el país solamente era posible sustituyendo razas, extirpando culturas y exterminado a las clases populares. En este sentido, José María Rosa no exagera cuando afirma que “la falta de fe en la Argentina es la gran falla de ciertos personajes que se mueven en la historia oficial. Parece que todo nuestro pasado ha sido un esfuerzo constante de desargentinizar la Argentina.” (Rosa, 1967: 14) Nuestras clases altas y sus intelectuales, sostuvieron que el inmigrante extranjero y los representantes europeizados de la oligarquía, eran los únicos portadores de la “civilización.” Alberdi postuló “civilizar es poblar” el país con extranjeros, Sarmiento teorizó sobre el “conflicto y la armonía de las razas en América” y Mitre impulsó guerras de policía y genocidios contra poblaciones enteras, como fue la acción militar la Triple Alianza contra el Paraguay. Aquí se consolidaron los valores del racismo y del clasismo que caracterizaron a la cultura de la clase alta y a parte importante de los grupos medios. José María Rosa, por el contrario, mencionó que no hay posibilidad de cambio social revolucionario sin la movilización de las masas populares detrás del objetivo nacional. Su interpretación de que el pueblo es el sujeto de la revolución lo distanció de otros historiadores revisionistas. En su debate con Julio Irazusta en torno a la figura de Juan Manuel de Rosas, mencionó “yo veo en él la expresión de un país esencialmente popular, y que debe volver a serlo para retomar el camino de su grandeza. Julio ve solamente un ejemplo de gobernante patriótico, inteligente y honesto.” (Hernández, 1978: 69) Esta misma hipótesis manejó Eduardo Astesano quien mencionó que “Rosas gobierna con el pueblo y lo representa. Lo que define la obra democrática es el interés por el pueblo. Rosas pensó siempre en el pobre: en el indio, en el gaucho y el negro.” (Astesano, 1974: 39) La masa del pueblo tenía que unirse con los sectores medios de la juventud y es por eso que José María Rosa mencionó que “uno de los errores fundamentales de Rosas –quizás el más grave- fue no haberse atraído a esa juventud de 1837. Alberdi, Echeverría, Gutiérrez, Mármol, Vicente López (…) Rosas debió acercarlos, instruirlos, hacerlos sus secretarios, sus confidentes, quitarles lo afrancesado y absurdo que había en sus pensamientos.” (Hernández, 1978: 69) De la unidad del pueblo trabajador y mestizo y de sus intelectuales, dependía el desarrollo independiente del país. A partir de este punto de partida, Rosa sostiene que la clase dirigente debe conocer, respetar y movilizar al pueblo detrás de los objetivos nacionales. Dicha finalidad tiene que partir de la aceptación de la realidad cultural, histórica y política de los sectores populares del país y es por eso que el autor va a reivindicar las figuras políticas de Juan Manuel de Rosas, de Gervasio de Artigas o de Solano López, a los que consideró caudillos y dirigentes protagonistas de una genuina expresión de la Democracia y de la Soberanía popular. Con esa matriz de pensamiento, Rosa pudo interpretar al Peronismo como una representación original y potente de los intereses populares y nacionales.    

Existieron y existen en la actualidad, interpretaciones sociológicas distintas a las de José María Rosa y a las de otros exponentes del Pensamiento Nacional. Desde matrices de pensamiento con anclaje biológico, se acusó al pueblo movilizado en el Siglo XIX de ser una barbarie atrasada resultante de sus rasgos españoles, indios, negros o mestizos. De manera similar, frente al surgimiento del Peronismo y del protagonismo de las masas en el Siglo XX, los intelectuales desarrollaron una batería de conceptos peyorativos y se lo definió como un Movimiento “autoritario”, como un “aluvión zoológico” o como un proceso político “tradicional - no moderno.” Siempre que aparece el pueblo en la política, la clase dominante reacciona y moviliza a sus intelectuales para que le den “racionalidad científica” a su oposición de poder. El debate de los especialistas o los periodistas, es presentado como un análisis académico, cuando en realidad es una operación política. Algo similar a lo transcurrido en los Siglos XIX y XX, sucede en pleno Siglo XXI: frente a procesos políticos de cambio social y de movilización popular en Venezuela, en Brasil, en Bolivia o en la Argentina, los intelectuales insisten con las categorías de “populismo”, de “autoritarismo” y de “república avasallada.” Para no caer en estos errores, es recomendable una relectura de la obra de José María Rosa y de los intelectuales del Nacionalismo popular, quienes permiten comprender la forma concreta que adquiere el accionar del pueblo en la historia.

Manuel Ugarte y la Geopolítica latinoamericana
  “América latina para los latinoamericanos.” Manuel Ugarte

“La realización de la Unidad política latinoamericana será el corolario natural de nuestra época y el nuevo punto de partida para un desarrollo triunfal de la cultura americana, nutrida en su suelo y, por eso mismo, universal.” Jorge Abelardo Ramos

En su prolífera obra, Manuel Ugarte conformó una teoría de la Geopolítica iberoamericana. Su producción favorece la interpretación de la relación pasada, presente y futura de los Estados del Sur con las potencias imperialistas. Ugarte destacó que las metrópolis son las que definen los lineamientos centrales para precisar y practicar las relaciones internacionales. Los latinoamericanos importamos éstas ideas y es por eso que carecimos de un programa de Integración regional propio. Frente a la ausencia de una doctrina política para la Unidad de Iberoamérica, el imperialismo británico y luego el norteamericano, impulsaron la división del Continente en distintos países que fueron separados por guerras y por divisiones políticas innecesarias. Para garantizar la tarea de imposición de agenda de política exterior, en los países atrasados se conformó una clase dirigente que miró a Europa y que le dio la espalda a los pueblos y a los Estados iberoamericanos. Por mucho tiempo, los dirigentes políticos del Continente fueron incapaces de consolidar un Proyecto de integración en conjunto y vivieron según Ugarte “obsesionados por la Patria chica.” El autor manifestó en el año 1927, que la falta de una visión geopolítica regional favoreció que las compañías extranjeras se apoderen de las “minas, los monopolios, las concesiones y los empréstitos.” A partir de dicha intromisión se produjeron “conflictos, tutelas y desembarcos, haciendo patrias paralíticas que sólo pueden andar con muletas extranjeras.” (Ugarte, 1996: 155) Ugarte demostró que la debilidad de las Patrias chicas y de una dirigencia sin vocación americanista, fortaleció la acción imperialista de los EUA que se expandió sobre Texas, California y Nuevo México, mientras asediaba a Cuba con la Enmienda Platt y se apoderaba del Canal de Panamá. 

Juan José Hernández Arregui postuló en el año 1972 que Iberoamérica “reúne todas las condiciones de una Nación total, continuidad geográfica y sobre todo lingüística.” (Hernández Arregui, 1972: 264) Muchas de sus ideas habían sido elaboradas por Ugarte, quien estaba convencido de que el Continente era una Nación ya que tenía una cultura, una historia, un territorio y una proliferación de razas en común. Iberoamérica es potencialmente un mercado y una economía que pueden alcanzar altos grados de autarquía en relación al sistema mundo. A la potencialidad económica y la uniformidad cultural, había que dotarlas de una conciencia política iberoamericana. Además y como cuestión central, Ugarte considera que la Unidad iberoamericana es el único freno posible a la política imperialista internacional. Nos unen los puntos en común internos y, principalmente, deberían fortalecernos las diferencias objetivas de intereses con la geopolítica expansionista. Para aseverar su argumento, Ugarte mencionó que “en política internacional no hay una verdad, sino tantas verdades como intereses internacionales están en pugna; y no hemos de hacer al imperialismo el reproche pueril de aprovechar las oportunidades que se le ofrecen.” (Ugarte, 1962: 357) Para Ugarte la Integración iberoamericana era un tema impostergable y se trataba de “reaccionar o sucumbir” frente al imperialismo. Con esta finalidad, el autor realizó diversos llamados a la Unidad Continental: “Basta de concesiones abusivas, de empréstitos aventurados, de contratos dolosos, de desórdenes endémicos, y de pueriles pleitos fronterizos. Ya hemos arrojado buena parte de nuestro porvenir por todas las ventanas de la locura. Que se levante el espíritu nacional como en las grandes épocas. Que cada cual piense, más que en sí mismo, en la salvación del conjunto. Opongamos al imperialismo una política seria, una gestión financiera perspicaz, una coordinación estrecha de nuestras repúblicas. Remontemos hasta el origen de la común historia. Volvamos a encender los ideales de Bolívar, de San Martín, de Hidalgo, de Morazán. Superioricemos nuestra vida. Salvemos la herencia de la latinidad en el Nuevo Mundo.”  (Ugarte, 1996: 159)

Juan José Hernández Arregui: defender la Patria es industrializarla

“Una Nación que acepta la teoría librecambista de otra no es una Nación, pues está favoreciendo, al desguarnecer su propio mercado, a la industria extranjera, y en consecuencia, frenando su propio desarrollo industrial, base de toda independencia nacional.” Juan José Hernández Arregui


Juan José Hernández Arregui es el analista del Nacionalismo popular más importante de la historia argentina del Siglo XX. En su punto de vista, no existe una Nación efectivamente soberana si previamente no se organiza una política sólida de afirmación. A partir de acá, estableció sin titubeos en Imperialismo y Cultura Arregui que: “Sin industrialización no hay Independencia económica base de la Soberanía nacional.” (Hernández Arregui, 1957: 326) En su perspectiva, la industrialización demandaba la aplicación de una política de recuperación nacional de los factores económicos estratégicos manejados por el extranjero. En la misma línea de Scalabrini Ortiz, para Hernández Arregui el Estado nacional tenía que rescatar de manos de las empresas foráneas el control de los recursos financieros, los servicios públicos y la energía.  
Hay que volver a los clásicos
 “El pensamiento latinoamericano no puede ser sino ser revolucionario. En cuanto deja de serlo se niega a sí mismo, porque admite como inmutable la situación que nos oprime.”  John William Cooke

Según adelantamos, consideramos que las obras de los fundadores del Pensamiento Nacional siguen profundamente vigentes. En varios aspectos, es innegable que gran parte de los problemas sobre los cuales teorizaron no han sido resueltos aun y ello les otorga vigencia. La agenda y la actividad política de la última década, lejos de relativizar los puntos de vista del Pensamiento Nacional, los exaltaron demostrando su vitalidad. Luego de más de dos décadas de Neoliberalismo, las Organizaciones Libres del Pueblo a lo largo de Iberoamérica interpelaron críticamente la acción imperialista en el terreno económico. En sintonía con los postulados de Scalabrini Ortiz, los países de Iberoamérica ejecutaron nacionalizaciones de empresas de energía y de servicios públicos. En algunos países, las nacionalizaciones fueron más radicales que en otros y en varios casos, la propiedad estatal ocupó mayores funciones. El objetivo actual de las nacionalizaciones y como aseveró Jauretche, busca evitar la acción de las metrópolis tendiente a la “gravitación interna para orientar la política” y a la “gravitación económica para orientar la producción hacia formas convenientes a la metrópoli.”

Sin negar las diferencias actuales e históricas entre los países, en innegable que buena parte de la dirigencia latinoamericana del Siglo XXI coincidió con Scalabrini Ortiz en el hecho negativo que conllevó la administración del sistema financiero mundial por Organismos como el FMI. En el año 1972,  Hernández Arregui lo había adelantado cuando aseveró que “un plan de transformación de la economía exige, de entrada, la ruptura de la Dependencia con los Organismos financieros internacionales y privados extranjeros. Y en consecuencia, un retorno a la política de nacionalizaciones de la época de Perón.” (Hernández Arregui, 1972: 241) En línea con el punto de vista de Jauretche, el Continente sudamericano está refundado su identidad nacional. Venezuela es una República “Bolivariana” desde Hugo Chávez, y Bolivia es un Estado orgullosamente Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario con Evo Morales y los campesinos movilizados. La creación del Canal Telesur o la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Argentina, le otorgan vitalidad al diagnóstico de Jauretche.  En conformidad con José María Rosa, son los pueblos latinoamericanos los que se levantan contra el Neoliberalismo y los que van construyendo, poco a poco, las bases de nuevos sistemas sociales post neoliberales. En nuestras Patrias, el pueblo fue protagonista clave en la salida de De la Rúa en el año 2001 en Agentina, en la nacionalización del agua en Bolivia o en todo el proceso de transformación de Venezuela. La UNASUR y la CELAC son las realizaciones políticas e institucionales más evidentes y trascendentes en la Unidad continental de los últimos dos siglos y demuestran que Manuel Ugarte tenía razón. Finalmente, y como estipuló Hernández Arregui, la Segunda y Definitiva Independencia sigue estando ligada al proceso de reindustrialización en marcha en los distintos países.  

Los padres fundadores hicieron escuela y contribuyeron a la conformación de una cultura política sin la cual las transformaciones actuales serían impensables, y más: serían imposibles. Las nuevas generaciones tienen que volver a los clásicos para seguir “pensando en nacional” como profesa el intelectual más importante de la actualidad, el historiador Norberto Galasso. Tal cual aseveró el maestro: “Para cambiar la realidad, es imprescindible conocerla. Para ello, hay que pensar, a secas. Hondo y alto. Pensar y actuar. Sólo así haremos un camino nuevo.” (Galasso, 1985: 271)

jueves, 5 de junio de 2014

Corrientes universitarias argentinas

 Aritz Recalde, junio 2014
Actualmente existen dentro del sistema de educación superior, al menos, tres modelos de organización de la universidad, que son el liberal, el reformista y el nacionalista popular. Pese a no ser excluyentes en su totalidad, las tres concepciones académicas, ideológicas y políticas, van perfilando maneras distintas de organizar la enseñanza, la investigación, la extensión y la transferencia.
La universidad liberal
Tradicionalmente, la universidad liberal desarrolló la función de enseñanza y en menor medida, las otras tres. La oferta de carreras se orienta hacia las demandas del mercado concentrado y de la empresa trasnacional y es por eso que sus carreras son, principalmente, las de economía y de derecho -propias de un país de servicios, dependiente y agroexportador-.
La tarea investigación se programa hacia el mediano y el largo plazo, cuestión que no la hace una actividad rentable para la universidad. A partir de acá, que la institución liberal es más proclive a la transferencia y a la venta de servicios, que a la inversión de dinero y de recursos humanos en investigación.
La función de extensión y de cooperación, suelen ser inexistentes y ocupan un lugar secundario.
La institución oficia como un instrumento de separación de clases sociales, al impedir por intermedio de altos aranceles y de exámenes de ingreso, el acceso de los grupos de bajos recursos. La universidad educa a la clase dirigente proveniente de la oligarquía y les enseña los valores europeístas y norteamericanos denominados “universales”.
La universidad reformista
El reformismo se propone transferir la soberanía de las decisiones desde el capital concentrado, hacia la clase media que cogobierna la universidad. El cogobierno existe en la medida que lo financie el Estado con el esfuerzo social del pueblo argentino y es por eso, que éste modelo guía la vida universitaria de las universidades estatales y no así, la de las privadas.
La oferta de carreras queda sujeta a las decisiones del cogobierno, cuestión que puede favorecer el desarrollo de áreas culturales y científicas importantes. Por otro lado, la planificación autónoma de las ofertas académicas, puede derivar en un aislacionismo que beneficia a los miembros de la institución y en menor medida, sirve al Estado y al pueblo que la financia.
El movimiento reformista original postuló la importancia de la extensión, cuestión que perdió espacio frente a un reformismo de cuño cientificista, dedicado a la acumulación de créditos académicos propios de la vida interna de la institución.
La tarea de la investigación aparece, generalmente, vinculada al interés del docente y/o cátedra, quien es el que define los temas y las agendas. Es la institución aplicando sus propios parámetros, quién precisa las prioridades de investigación. Ello puede implicar una desvinculación de la investigación, con la necesaria utilidad social, económica y política que debería tener.
Frente a la tarea de transferencia y de venta de servicios, el reformismo se divide. El reformismo de izquierda considera que la transferencia es una forma de enajenar la soberanía de la universidad, que pasa hacia la empresa o al resto del Estado. Por el contrario, el reformismo cientificista considera ésta tarea como un instrumento de acumulación económica sumamente útil para la institución y su medio externo.
La universidad reformista es una institución de clase media y pese a que originalmente era un movimiento cultural original, deriva en un europeísmo de imitación.
El nacionalismo popular
Este modelo universitario es posterior al liberalismo (UBA 1821) y al reformismo (UNC 1918). Surge en parte, como una renovación de reformismo originario y fue planteado inicialmente por los integrantes de FORJA. El nacionalismo popular universitario fue llevado a la práctica desde el año 1948 con la apertura de la Universidad Obrera Nacional y a partir del 22 de noviembre de 1949 con la sanción de la gratuidad del sistema.
La oferta académica se organiza a partir del proyecto nacional independiente y su planificación es producto de una construcción de país soberano y antiimperialista. Las carreras son regionalizadas y se orientan a resolver los problemas y no son una mera reiteración de agendas académicas extranjeras (liberalismo), ni tampoco decisiones solamente de los docentes o estudiantes (reformismo).
El nacionalismo universitario es quien postuló teóricamente y en los hechos, la separación de las funciones de docencia y de investigación, atendiendo que ésta última es imprescindible para garantizar el salto tecnológico y productivo en todas las ramas de la industria.
La transferencia con el sector social y  productivo nacional, es una función central del modelo, favoreciendo la articulación entre el saber y la tarea productiva, tecnológica y cultural.  Con la finalidad de articular la universidad y la sociedad, la institución impulsa comisiones, consejos sociales y ámbitos con participación de sindicatos, cámaras empresarias nacionales y organismos del Estado y las organizaciones libres del pueblo.
El nacionalismo es “popular” ya que entendió que la universidad  tenía que favorecer la justicia social. La sanción de la gratuidad de la universidad, el impulso a estudiantes de América latina, la apertura de facultades obreras en distintas provincias y la planificación de horarios nocturnos para trabajadores, permitió el aumento de la matricula proveniente de sectores de bajos recursos.
La institución nacionalista impulsó la cultura del país y de Latinoamérica, promoviendo la consolidación de un pensamiento propio que recupera el conocimiento universal, para alcanzar aplicaciones y soluciones nacionales.   

martes, 13 de mayo de 2014

miércoles, 23 de abril de 2014

Arturo Jauretche y el Nacionalismo Popular


por Aritz Recalde, abril 2014 
Revista Aluvión Popular 
  
Arturo Jauretche forjó una manera particular de entender, sentir y actuar la política argentina, que podríamos denominar como Nacionalismo Popular. El autor entiende que los argentinos tenemos que delinear, construir y consolidar en el tiempo una Política Nacional de recuperación y de afirmación de nuestra Soberanía económica, social, cultural y política. En su óptica, la Nación se relaciona con el Pueblo al menos por dos cuestiones esenciales: por el hecho de que el Pueblo es el sujeto político revolucionario que le va a dar identidad y que va a construir y transformar la Nación, pero además, porque consideró que la riqueza social del país tenía que beneficiar, principalmente, al Pueblo.
 
¿Qué es lo popular para Jauretche?
El concepto de Pueblo y de defensa de lo popular, adquiere dimensiones políticas y culturales. En el terreno político, el compromiso del intelectual y del activista con el Pueblo, se ejerce a través del vínculo directo con las luchas de los trabajadores y de sus Organizaciones. Para Jauretche, defender los intereses del Pueblo implicó involucrarse activamente en sus luchas concretas, interviniendo desde adentro de la esfera política. No es exagerado sostener que Arturo Jauretche entregó todos sus años de vida a la militancia estudiantil, periodística o partidaria. Tal es así, que participó en el año 1933 en un levantamiento cívico militar contra el fraude electoral, la proscripción del Radicalismo y la entrega económica del país. La arriesgada acción que dejó un saldo de más de 50 muertos y en la que puso su propia vida en juego, fue relatada en su libro del año 1934, El Paso de los Libres. Según mencionó Jorge Abelardo Ramos en el Prólogo a la segunda edición: “Jauretche tuvo doble autoridad para escribir el Paso de los Libres: su condición de soldado y de poeta.
En el plano cultural, reivindicar lo popular implicó el respeto de sus valores, prácticas y tradiciones, frente a la denigración y el desconocimiento ejercido por las instituciones educativas. Su punto de vista interpeló las bases del Pensamiento Liberal Neocolonial que fue impuesto al país por las clases dirigentes aliadas al extranjero. Para el Liberalismo, el Pueblo era bárbaro por ser mestizo, pobre y heredero de una cultura que asimiló la tradición hispánica con los valores autóctonos. En nombre de la Civilización, se divulgó la supuesta supremacía cultural y política del inmigrante blanco, de clase alta, anglosajón y europeísta en sus costumbres. Contrariando la tesis de la Civilización y de la Barbarie, Jauretche afirmó la existencia de una Cultura Nacional propia, conformada por la identidad y por la práctica histórica del Pueblo argentino. A la oligarquía que Sarmiento y Mitre bautizaron como portadora del “Progreso”, Jauretche la acusó de aliarse al extranjero y de profundizar la condición dependiente del país. Alberdi postuló la incapacidad de los argentinos para gobernarse de manera independiente y planteó la sustitución de razas por intermedio de la inmigración (bajo el lema de que civilizar es poblar). Por el contrario, Jauretche encontró en el sustrato mestizo y popular, al sujeto de la revolución nacional. A partir de aquí, puede entenderse su reivindicación histórica de la acción de los Caudillos federales y de la masa popular que los acompañó. Reivindicó, además, la capacidad política del Pueblo para elevar a la Argentina a la condición de Potencia mundial. Frente al hecho movilizador del 17 de Octubre de 1945 y de la asunción del Peronismo en el gobierno, no fueron pocos los que postularon la incapacidad política casi congénita del los argentinos de bajos recursos. Los trabajadores fueron caracterizados como “víctimas” manipuladas por un régimen “fascista” o, incluso algunos dirigentes, los consideraron “racialmente inferiores” y los compararon con los animales (aluvión zoológico). Por el contrario, Jauretche auguró que la asunción en el poder de la clase trabajadora y del conjunto del Pueblo, generó las condiciones de posibilidad de una nueva Nación, prospera y pujante. Con esta interpretación, se distanció del Liberalismo y de la Izquierda. Los primeros, postularon que la conducción del país tenía que recaer en la clase alta blanca y preferiblemente extranjera (civilizada). La Izquierda creyó que el Pueblo tenía que ser dirigido por la clase media alta ilustrada, ya que ésta era poseedora de la ciencia europea (vanguardia marxista). 

¿Qué es el Nacionalismo para Jauretche?
La noción de Nacionalismo en Jauretche implica considerar tres aspectos fundamentales: el territorio, la economía y la cultura. Defender la Nación era una manera de afirmar los Derechos territoriales de los argentinos y latinoamericanos, contra cualquier tipo de Colonialismo. En la perspectiva del autor, el territorio nacional tenía dos grandes dimensiones. La primera unidad geopolítica de la Nación, se organizó en torno del territorio de la actual Argentina. Según Jauretche, la posesión efectiva del suelo la garantizaron Juan Manuel de Rosas y Julio Roca. En este sentido, reivindicó la defensa territorial efectuada por Rosas contra el intento de ocupación militar de Francia, Inglaterra y Brasil. Por el contrario, cuestionó con dureza a los argentinos aliados al extranjero francés e inglés y que la historia oficial elevó a “libertadores”: Bartolomé Mitre, Valentín Alsina y Esteban Echeverría. Aseveró Jauretche que mientras nuestro país se “achicaba” por la acción de los titulares de la Patria Chica, por el contrario “toda la historia del Brasil es una dura y continuada lucha por el espacio.” La segunda unidad nacional geopolítica era la “Patria Grande”, que Jauretche definió en torno de las fronteras del antiguo Virreinato y del resto de Iberoamérica. La consideró una realidad  histórica, cultural, social y política anterior a la Argentina y sostuvo en consecuencia que: “Una Política Nacional supone una idea de Patria Grande, de finalidades trascendentes y de empresa colectiva hacia un ideal nacional, no hacia formas circunstanciales. Para reencontrarla hay que volver a la Patria Grande.” En Ejército y Política, argumentó que existían dos corrientes históricas enfrentadas en su concepción geopolítica y territorial. La “Patria Chica”, postulada por Sarmiento que aseguró que “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión”, o por Rivadavia que no apoyó consecuentemente la guerra contra España en el Alto Perú y que permitió la desmembración del Uruguay. Entre los promotores de la Patria Grande, Jauretche nombró a José de San Martín, a Rosas, a Yrigoyen y a Perón.
En El plan Prebisch. Retorno al coloniaje, Jauretche postuló que la defensa nacional tenía que ver con proteger nuestro Patrimonio económico. Mencionó como un requisito impostergable de todos los Estados, la necesaria consolidación de una “Política Nacional” que motorice el esfuerzo productivo argentino en beneficio propio. Se defiende a una Nación industrializándola y recuperando para el país y el Pueblo, el patrimonio acaparado en manos extranjeras. Por eso, defendió la Ley de Aduanas de Rosas de 1835 y consideró como actos soberanos, la decisión de Perón de industrializar el país y de administrar desde el Estado el crédito y la moneda, la energía, el transporte o el Comercio Exterior.

Finalmente, para Jauretche defender la Nación tenía que ver con afirmar la Soberanía cultural frente a la Colonización Pedagógica impuesta por la oligarquía y por el Imperialismo. Gran parte de la obra de Jauretche está dedicada a develar los efectos de la Colonización Cultural en el terreno de la producción intelectual, académica y periodística (Los Profetas del odio y la Yapa), de la dirigencia política y social (Manual de las Zonceras Argentinas) o en el terreno historiográfico (Política Nacional y revisionismo histórico). Jauretche demuestra que los poderes extranjeros manejan los valores y los contenidos transmitidos por las instituciones culturales tales como la Escuela o la Prensa. El resultado de la dominación cultural, es la conformación de una clase dirigente que no es “inteligente”, sino que se conforma como una “intelligentzia” al servicio del extranjero y de la oligarquía. El distanciamiento entre el intelectual y su Pueblo, conduce al primero a profesar el odio, el racismo y el resentimiento contra el país y su gente. Jauretche destacó que la tarea de imposición cultural colonial, atraviesa a todas las clases y esferas sociales y va conformando un sentido común para ver y para actuar, que denominó como “zonceras.” Además, argumentó que era necesario conformar una clase dirigente y una masa social  nacionalista ya que: “Una política del desarrollo económico nacional supone un paralelo y recíproco desarrollo de Pensamiento Nacional: del pensamiento y la ética nacional, porque es necesario una moral nacional que es lo que se llama patriotismo.

viernes, 7 de marzo de 2014

40 años de la Ley Universitaria del tercer Gobierno Peronista



Aritz Recalde - marzo

“Las universidades nacionales son comunidades de trabajo que integran el sistema nacional de
educación en el nivel superior con el fin de impartir enseñanza, realizar investigación, promover la cultura nacional, producir bienes y prestar servicios con proyección social y haciendo los aportes necesarios y útiles al proceso de liberación nacional, contribuir a la solución de los grandes problemas argentinos”. Artículo 1 de la ley 20.654/74

El 14 de marzo del año 1974 se sancionó la ley 20.654/74, Ley Orgánica de las Universidades Nacionales. Se la recuerda como la “Ley Taiana”, en honor a uno de los impulsores de la norma que fuera el Ministro de Educación del tercer gobierno peronista.
La ley consiguió organizar en un texto articulado y coherente, las posiciones de dos tradiciones universitarias:
1) La nacionalista y popular iniciada en 1946.
2) La reformista inaugurada en 1918.

1) La ley Taiana y el nacionalismo popular
A lo largo de su historia, el peronismo protagonizó una acción legislativa prolifera y la norma del año 1974 fue precedida por las leyes 10.031/47 y por la 14.297/54. La decisión de regular por ley el funcionamiento universitario, no fue una casualidad. Por el contrario, la voluntad legislativa suponía que las instituciones tenían que articularse con el proyecto nacional y que debían actuar en correspondencia con la soberanía popular.
La ley 20.654 actualizó en los años setenta, los principios del nacionalismo popular universitario iniciados en 1946. El programa puede resumirse en los siguientes aspectos:

La función social de la educación superior
En el año 1949 el peronismo sancionó la gratuidad de la institución. Para darle mayor entidad a la función social universitaria, la ley 20.654 incluyó un “régimen de becas” de ayuda económica, de estímulos, de asignación a la familia, para estudiantes extranjeros y de honor.
La iniciativa mencionó que las becas tenían que orientar a los “estudiantes hacia las carreras estratégicas”.
La ley permitió que alumnos sin titulo de escuela media ingresen a la universidad  demostrando “estudios que permitan deducir una capacitación equivalente al mismo”.

Perfil científico orientado a la industrialización
La ley 13.031/47 planteó que las universidades tenían que “Estimar el estudio y desarrollo de la ciencia aplicada y las creaciones técnicas, adaptándolas a las necesidades regionales”. La propuesta buscó comprometer a la universidad, con el proceso de industrialización nacional del Primero y Segundo Plan Quinquenal.
Profundizando la misma concepción, la ley del año 1974 propuso “Promover, organizar y desarrollar la investigación y la enseñanza científica y técnica, pura y aplicada, asumiendo los problemas reales nacionales y regionales, procurando superar la distinción entre trabajo manual e intelectual. La orientación será nacional y tendiente a establecer la independencia tecnológica y económica

Difundir contenidos nacionalistas y populares, en el marco de una universidad regionalizada en sus funciones de enseñanza y de investigación
Según la ley de 1974 son objetivos de la universidad “Formar y capacitar profesionales y técnicos, con una conciencia argentina apoyada en nuestra tradición cultural, según los requerimientos nacionales y regionales de las respectivas áreas de Influencia”.
Las instituciones tenían que “Elaborar, desarrollar y difundir el conocimiento y toda forma de cultura en particular la de carácter autóctono, nacional y popular”.

Universidad antiimperialista
En línea con las leyes universitarias de 1947 y de 1954, la norma mencionó que “El docente universitario no podrá defender intereses que están en pugna, competencia o colisión con los de la Nación, provincias o municipios, siendo pasible, si así lo hiciera, de suspensión, cesantía o exoneración (…) Es incompatible con el ejercicio de la docencia universitaria o funciones académicas que le sean correlativas, el desempeño de funciones jerárquicas o de asesoramiento, remuneradas o no, al servicio de empresas multinacionales o extranjeras, como así también la pertenencia a organizaciones u organismos internacionales cuyos objetivos o accionar se hallen en colisión con los intereses de la Nación”.

“Iguales recaudos deben tomarse en los casos de créditos y otras financiaciones, con el fin de mantener la libertad e independencia de sus actividades docentes y de investigación. En ningún caso se aceptan liberalidades provenientes de empresas multinacionales en colisión con los intereses de la Nación”.

Los trabajadores universitarios y la justicia social
La leyes de 1947 y de 1954 introdujeron la figura de dedicaciones exclusivas y la carrera docente. Ésta última, fue ratificada por la ley 20.654.
Profundizando las políticas de justicia social para los trabajadores, la ley de 1974 incluyó la estabilidad permanente de los docentes luego de una tercera designación (concurso).

La integración regional
Para el tercer gobierno peronista la universidad tenía que “Estimular el estudio de la realidad nacional y el protagonismo que corresponde a la Argentina dentro del orden mundial y del proceso de integración regional y continental”.

La universidad y las políticas de Estado
Fiel a la tradición del nacionalismo popular, la Ley Taiana generó mecanismos de articulación entre las universidades, el resto de las políticas del Estado y las Organizaciones Libres del Pueblo.
Los Estatutos tenían que prever “La vinculación con organismos especializados nacionales, provinciales y municipales, la promoción cultural del medio a través de actividades de capacitación, de perfeccionamiento, profesionales y artísticas”.
La norma mencionó que las instituciones tenían que “Prever las normas reglamentarias para la vinculación de la universidad con las provincias, los municipios, la Confederación General del Trabajo, fuerzas organizadas de la producción, de la industria y del comercio y organizaciones profesionales y científicas, para la consideración de asuntos específicos”.

2) La ley Taiana y el reformismo
La autonomía universitaria adquirió estatus constitucional con la reforma del año 1949.
La regulación del año 1974 reiteró la autonomía de la institución e institucionalizó la libertad de cátedra y el cogobierno. Las universidades estaban habilitadas para dictar “cursos libres, parciales, o completos sobre cualquier materia del plan de estudios; asimismo, organizarán cursos de postgrado orientados a la educación y capacitación permanente”.
Las leyes de 1947 y 1954 habían dejado la potestad de designación del rector y de los docentes (previo concurso) al Poder Ejecutivo Nacional[1]. Por el contrario, la ley 20.654 garantizó la participación de los tres[2] claustros en el marco de una universidad cogobernada.
La norma mencionó que “El gobierno y la administración de las universidades serán ejercidos con la participación de todos los sectores de la comunidad universitaria: docentes, estudiantes y personal no docente”.
La inclusión de los “no docentes” fue un hecho histórico de suma trascendencia y le dio entidad jurídica material, a la acción protagónica de los trabajadores de la universidad.
La Ley Taiana les otorgó a los “alumnos” el derecho a formar parte de los concursos docentes como miembros del jurado. 



[1] Este sistema fue organizado con anterioridad. Para conocer el contexto de aparición ver: http://sociologia-tercermundo.blogspot.com.ar/2014/02/wilde-y-la-autonomia-universitaria.html
[2] La Ley Taiana no incluyó a los graduados. Este sector ocupó lugares en la universidad desde la dictadura de 1955. La ley 20.654 obligó a las universidades a crear “Departamentos de graduados” y estudios de posgrado. 

lunes, 3 de marzo de 2014

Federalismo y coparticipación en la provincia de Buenos Aires


Aritz Recalde
Texto presentado al 3er Plenario de
Políticas Públicas de la Provincia de
Buenos Aires, 26 febrero 2014[1]

La provincia de Buenos Aires es la más grande del país con sus 307.000 Km2, equivalentes al 8% del territorio nacional. Tiene la mayor  población de la Argentina compuesta de 15,6 millones de personas (38% del total) (Plan Estratégico Territorial 2007: 207). Más de 13 millones de habitantes viven en la región del conurbano Buenos Aires - La Plata y son portadoras de impostergables deudas sociales.
El 30,9 % de las exportaciones nacionales son originadas en suelo bonaerense. En el año 2010, el 54% de las exportaciones de origen industrial del país eran de la provincia (Dirección Provincial de Estadística 2014).
Pese a ser la más rica, la más grande y la más habitada de las provincias argentinas, para abordar sus costos operativos Buenos Aires al año 2008 recogió solamente[2] el 56% de los recursos tributarios propios[3] (Salim, Mongan, Barberis y Lombardi 2010: 14).

¿Qué ocurre con la coparticipación de ingresos nacional?
Según el artículo 4 de la ley 23.548/88 la provincia de Buenos Aires recibe[4] de manera directa el 19,93 % de recursos fiscales.

La provincia recibe otras erogaciones de la Nación (leyes especiales[5] y programas de política pública). Entre ellas, se destacan:
-          el Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense de 650 millones de pesos al año[6].
-          los recursos del Fondo Federal Solidario resultantes de las retenciones a la soja. Entre los años 2009 y 2010 ingresaron a la provincia 2.206 millones de pesos (Gestar 2011: 85).
-          los recursos del Ministerio de Desarrollo Social, de la seguridad social[7] y el ANSES como la Asignación Universal por Hijo[8](AUH) o los fondos de los planes PROCREAR.
-          los recursos de las 18 universidades nacionales radicadas en la provincia; los fondos recibidos por la Ley de Financiamiento Educativo (26.075/06); el incentivo docente o aquellos provenientes del plan de construcción de escuelas[9]
-          los Aportes del Tesoro Nacional (artículo 5 de la ley 23.548/88).

Además, deben tenerse en cuenta:
-          la renegociación de las deudas de la provincia con la Nación impulsadas desde el año 2003.
-          los subsidios al combustible y a otras áreas económicas fundamentales como es el caso de la electricidad, el gas o el ferrocarril.
-          las obras de infraestructura nacionales como son las viviendas, rutas, puentes, cloacas, puertos, hospitales, etc.-.
-          el personal de seguridad y de otras carteras del Estado nacional ubicados en la provincia (gendarmería, Argentina Trabaja, área de cultura, TV digital, etc.-).

¿Qué ocurre con la coparticipación municipal?
La Ley 10.559/95 estableció que las municipalidades recibirán el 16,14%[10] de ingresos que percibe la provincia en concepto de impuestos[11].  Esta misma norma, introduce los límites de impuestos que pueden imponer las municipalidades.
El Decreto - Ley 6769/58, “Ley Orgánica de las Municipalidades” que sancionó la dictadura de Aramburu, fijó las potestades tributarias delegadas.

De manera similar a la relación entre Nación y Provincia, para abordar sus costos operativos al año 2008 las municipalidades recaudaban[12] solamente el 34% de los ingresos que necesitan para saldar sus cuentas (Martino, Romero y Cadelli 2012: 5).
Las municipalidades reciben fondos directamente del gobierno nacional. Las transferencias nacionales a los municipios crecieron un 240% entre 2002 y 2009 (Accotto, Martínez y Mangas 2013). La Nación realiza diversas obras en buena parte de las municipalidades del país. Con esta finalidad, en el año 2012 Cristina Fernández anunció el lanzamiento de plan de obras "Más Cerca: Más Municipio, Mejor País, Más Patria".

3 alternativas frente al debate del financiamiento público
PROPUESTA 1: EL AUTONOMISMO MUNICIPAL
Una de las maneras de abordar las dificultades de gestión y financieras, es planteando la transferencia de funciones y de recursos a las municipalidades. Dentro de los promotores del autonomismo municipal, se pueden ubicar dos corrientes diferenciadas:

a-     El autonomismo municipal neoliberal.
Esta corriente política y de opinión, adquirió importancia en la década del noventa. Se suponía que dichas instancias de gestión tenían que ofrecer soluciones a las crisis económicas, sociales y políticas originadas por el modelo neoliberal. El discurso localista se relacionó con la descentralización de servicios y de funciones provinciales o nacionales. El derrumbe del Estado nacional, iba a ser remplazado por las acciones de la administración municipal.
En muchos casos, el municipalismo trajo implícito un relato “antipolítico” y crítico de las dirigencias partidarias y de las capacidades públicas. Los partidos de masas y los sindicatos iban a ser remplazados por el accionar de los “ciudadanos” y de las organizaciones no gubernamentales municipales. Gobierno local, ciudadanía y ONG, formaron parte del discurso del municipalismo neoliberal.
El autonomismo municipal neoliberal encontró mentores intelectuales como el menemista Dromi y alcanzó buena recepción en los ámbitos políticos y académicos de la UCR.

b-    El municipalismo popular.
El Concejo Deliberante “podrá autorizar la expropiación de fracciones de tierra, las que se declararan de utilidad pública, para subdividirlas y venderlas a particulares, para fomento de la vivienda propia”. Art. 52 de la Ley Orgánica de Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires del año 1949

Esta corriente política y de opinión se consolidó desde la fundación misma de la ciudades y cabildos (muchos de ellas cabeceras de partido y luego de provincia). Los municipios oficiaron como el ámbito de actuación política y como el marco para la aparición de dirigentes populares (caudillos). El localismo de los caudillos enfrentó la prepotencia del gobierno de la capital portuaria, aliado con los intereses del comercio mundial de los ingleses. En esta lucha de poderes y de proyectos de país, Bernardino Rivadavia suprimió los cabildos y reprimió a los dirigentes locales. Para buena parte del liberalismo porteño, el gobierno central traería la civilización europea y los habitantes de las campañas y las localidades del interior, encarnaban la barbarie. 
Durante mediados y fines del siglo XX, surgieron nuevas corrientes políticas que abogaron por la ampliación del poder municipal. La particularidad de estas propuestas, fue que el proyecto municipal venía ligado estrechamente al proyecto nacional y a los intereses de las organizaciones libres del pueblo. Surgió entonces, un nuevo municipalismo insertado en un proyecto nacional con justicia social
En el año 1988 Antonio Cafiero impulsó una reforma de la constitución provincial[13] y propuso ampliar la autonomía municipal. En los aspectos económicos, planteó aumentar la coparticiparon al 20%, mientras que en paralelo descentralizó la recaudación tributaria provincial.
Existieron otras experiencias que propusieron ampliar el poder municipal, pero sin modificar el esquema de la autarquía introducido en la constitución de 1854 y vigente a la fecha. El ex subsecretario de Asuntos Municipales de la provincia de Buenos Aires, Raúl Fernández, redactó una iniciativa de éste tipo por intermedio del proyecto de reforma de la Ley Orgánica Municipal[14] (Aritz Recalde 2010).

PROPUESTA 2: EL AUTONOMISMO PROVINCIAL BONAERENSE
Históricamente, existieron reclamos de la dirigencia política de la provincia de Buenos Aires para obtener mayores recursos y facultades del gobierno nacional. Incluso, surgieron posiciones secesionistas y Bartolomé Mitre llegó a postular la separación de Buenos Aires de la Argentina en el año 1854. Actualmente y resumiendo, en términos financieros el “autonomismo bonaerense” impulsa dos reivindicaciones:

-          Primero: modificar la Ley de Coparticipación recuperando los 8 % puntos entregados por la UCR en la gestión de Alejandro Armendáriz y de Raúl Alfonsín.
La Constitución Nacional en el artículo 75 estableció que debería redactarse un régimen de coparticipación antes de la finalización del año 1996. En paralelo, la Constitución mencionó que “La ley convenio tendrá como Cámara de origen el Senado y deberá ser sancionada con la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, no podrá ser modificada unilateralmente ni reglamentada y será aprobada por las provincias”.
Existe el mandato constitucional expreso para sancionar un nuevo acuerdo de coparticipación nacional, pero el mecanismo para implementarlo presenta una dificultad política evidente (“mayoría absoluta”). 

-          Segundo: descartar el tope de los recursos del Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense.
Eliminando el límite de 650 millones, la provincia recuperaría recursos financieros y poder de decisión.

PROPUESTA 3: EL NACIONALISMO POPULAR
“La revolución que Perón cumple en el país podría sintetizarse con palabras simples –como es siempre el idioma de las grandes verdades-, diciendo que ella consuma la liberación nacional; y por liberación nacional debe entenderse la conquista de la plenitud soberana del Estado, para establecer, dentro de la comunidad argentina, la justicia social, y para cumplir, en lo exterior, la misión que nuestra Patria tiene en el mundo, o sea, instaurar un orden pacífico mediante el respeto y el amor reciproco de los pueblos”, Domingo Mercante, discurso a la Asamblea legislativa de la Provincia de Buenos Aires, 3 de mayo de 1950.

Se parte del supuesto de que las provincias deben generar un sistema de distribución económica y política federal, que contribuya a la unidad nacional y al desenvolvimiento del conjunto.
¿Qué proponen en términos fiscales y de coparticipación?:
Primero:
-          hay que organizar el proyecto nacional. Un país sin poder nacional de decisión, es dependiente de las empresas trasnacionales y de los gobiernos de las potencias extranjeras.
-          sobre la base del programa político de unidad nacional, se pueden recuperar los fondos del país enajenados por extranjeros y por la oligarquía terrateniente y financiera.
-          el gobierno nacional debe ser el garante de la actividad económica nacional. Sin  una actividad productiva sustentable e independiente, no se pueden cobrar impuestos y menos aun, distribuir recursos fiscales.
-          con estos recursos nacionalizados, el Estado central debe obtener capacidad de gestión y de decisión en las provincias y en los municipios. El transporte, la infraestructura y los servicios básicos, el crédito, la salud, la asistencia social o el financiamiento educativo y tecnológico, son responsabilidades indelegables del Estado nacional.

Sin un poder nacional constituido con capacidad de gestión y de decisión, las provincias y los municipios son inviables en el mediano y en el largo plazo.

Segundo:
-          se deben recuperar los recursos manejados por actores oligopólicos o extranjeros que no contribuyan al desarrollo regional y nacional.
-          para alcanzar la finalidad mencionada anteriormente, es necesario impulsar una reforma fiscal de contenido nacional, federal y popular[15].
Tercero:
-          garantizados el primer y segundo punto, se debe redactar un nuevo acuerdo de coparticipación entre las provincias y la nación; y entre las primeras y las municipalidades.

Esta corriente doctrinaria y política, tiene en Juan Manuel de Rosas su iniciador. Rosas fue el político más “nacionalista” de los porteños y el más “porteño” de los nacionalistas. Sus adversarios le atribuyen favorecer a la provincia. Ahora bien, el control de recursos nacionales le permitió detener la disgregación nacional impulsada por los ingleses, por el imperio brasileño y por los unitarios. El Pacto federal de 1831 y la Ley de Aduanas de 1835, fueron los acuerdos políticos y económicos básicos de la unidad nacional. Posteriormente, serán Perón y los Kirchner los continuadores del legado nacionalista. En el terreno académico, el historiador José María Rosa expresó cabalmente una posición municipalista, nacionalista, popular y federal.

Biografía mencionada
-          Accotto, Martínez y Mangas (2009) Provincia de Buenos Aires: a las limitaciones de recursos en los municipios y la coparticipación provincia, UNQ, Buenos Aires.
(2013) El que necesita o el que aporta, Pagina 12, Buenos Aires.
-          ANSES (2010) Inclusión y previsión social en una Argentina responsable, ANSES – Ministerio de Economía, Buenos Aires.
-          Dirección Provincial de Estadística (2014) Exportaciones de la provincia de Buenos Aires, Dirección Provincial de Estadística, Buenos Aires.
-          Ferreyra Silvana (2011) “Municipalismo peronista y antiperonista en la provincia de Buenos Aires: legislación, debates y prácticas (1945 – 1966)”, en Organización política y Estado en tiempos del peronismo, Protohistoria, Buenos Aires.
-          GESTAR (2011) Tres banderas, una gran Argentina, Instituto de estudios y formación política GESTAR, Buenos Aires.
-          Martino, Romero, Cadelli (2011) Los sistemas tributarios municipales de la provincia de Buenos Aires, Dirección Provincial de Estudios y Proyecciones Económicas, Buenos Aires.
-          Mattos Ernesto (2014) Exposición al 3er Plenario de políticas Públicas de la Pcia. De Buenos Aires, OETEC, Buenos Aires.
-          MINPLAN (2010) Informe de gestión, MINPLAN, Buenos Aires.
-          Panella Claudio (2005) El gobierno de Domingo Mercante en Buenos Aires (1946-1952), Ed. Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, T 1 y 2.
-          Plan Estratégico Territorial (2007) 1816 – 2016 Argentina del bicentenario, MINPLAN, Buenos Aires.
-          Recalde Aritz (2010) Autonomía o autarquía en los municipios bonaerenses,  Ed. Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, Buenos Aires. http://biblioteca.municipios.unq.edu.ar/modules/mislibros/archivos/Historia%20Municipios%20Buenos%20Aires%20Recalde.pdf
-          Salim, Mongan, Barberis y Lombardi (2010) Evolución de las finanzas públicas de la provincia de Buenos aires 1991 - 2008, Ministerio de Economía, Buenos Aires.   



[1] http://www.plenarioba.com.ar/
[2] En términos proporcionales al año 2008, Buenos Aires es la provincia que en mayor medida se financia con recursos tributarios propios. La Ciudad de Buenos Aires la supera con 88%. La siguen Neuquén (44%), Chubut (36,5%) y Mendoza (34,8%). La provincia de Buenos Aires es la jurisdicción que mayor cantidad de dinero recibe en términos absolutos, pero la que menos recursos obtiene por habitante (Salim, Mongan, Barberis y Lombardi 2010: 14 y 17).
[3] Principalmente en concepto de Ingresos Brutos. Recauda otros impuestos como Sellos, Inmobiliario (urbano y rural), Automotores y regularización de deudas.
[4] Además, la ley 23.548 en el artículo 3 establece el recupero en forma automática del nivel relativo para la provincia de Buenos Aires del 1,57%.
[5] Desde la salida de la convertibilidad las “leyes especiales” representan en promedio un 30,1% del total de recursos tributarios de jurisdicción nacional (Salim, Mongan, Barberis y Lombardi 2010: 19).
[6] Se aplica desde el año 1992 y es el resultante del 10 % del Impuesto a las ganancias. Tiene un tope de 650 millones de pesos que se hizo efectivo desde el año 1997.
[7] Argentina tiene una cobertura previsional (jubilaciones y pensiones) del 96%, superando a Brasil 87%, a México (19%) o a Paraguay con el 18%. En el año 2003 era del 64,3% (Gestar 2011: 33 y 34).
[8] En el año 2011 habían 1.259.414 beneficiarios de la AUH en la provincia de Buenos Aires (Gestar 2011: 23)
[9] Al año 2011, con fondos nacionales se construyeron 166 escuelas en la provincia de Buenos Aires (Gestar 2011: 49).
[10] Es bueno destacar, que la transferencia del 16,14% es de las más altas del país superando, por ejemplo, a Mendoza (14%) o a Chaco (15,5%). Al año 2002 solamente tres provincia pasan ese número y son Córdoba (20%) Tierra del Fuego (25%) y Tucumán (23,1%) (Acotto, Martínez y Mangas 2009: 5).
[11] Ingresos Brutos no descentralizados al ámbito municipal, Impuesto Inmobiliario Urbano, Impuesto a los Automotores, Impuesto de Sellos, Tasas Retributivas de Servicios y Coparticipación Federal de Impuestos.
[12] La principal fuente de recaudación son las Tasas Municipales. En particular, en concepto de Alumbrado, Barrido y limpieza (ABL). Le siguen otras Tasas como la de Conservación de la red Vial, Seguridad e Higiene o Servicios Asistenciales (Martino, Romero y Cadelli 2012).
[13] Se puede acceder al proyecto completo en: http://sociologia-tercermundo.blogspot.com.ar/2011/12/marco-normativo-de-los-municipios-de-la.html
[14]Se puede acceder en línea a la iniciativa en http://biblioteca.municipios.unq.edu.ar/modules/mislibros/archivos/Historia%20Municipios%20Buenos%20Aires%20Recalde.pdf
[15] La provincia mejoró la recaudación tributaria en la última década. En el año 2006 impulsó una reforma tributaria (ley 13.850 – Ingresos Brutos). En 2005 se puso en marcha un revalúo de la tierra libre de mejoras. El economista Ernesto Mattos propone profundizar la reforma fiscal bonaerense. En particular, considera que deben aumentarse el Impuesto Inmobiliario Rural y actualizarse las valuaciones fiscales de los inmuebles de los sectores de altos ingresos. Para justificar la viabilidad del aumento de la carga del inmobiliario rural, Mattos destacó la subida del valor de la tierra y de los alimentos de la última década en el mercado local y mundial (Mattos 2014).