miércoles, 24 de septiembre de 2008

Liberación o dependencia: Bolivia y la Constituyente



Aritz Recalde, febrero de 2007.


“Se trata, para el Tercer Mundo, de reiniciar una historia del hombre que tome en cuenta al mismo tiempo las tesis, algunas veces prodigiosas, sostenidas por Europa, pero también los crímenes de Europa, el más odioso de los cuales habrá sido, en el seno del hombre, el descuartizamiento patológico de sus funciones y la desintegración de su unidad; dentro del marco de una colectividad la ruptura, la estratificación, las tensiones sangrientas alimentadas por las clases; en la inmensa escala de la humanidad, por último, los odios raciales, la esclavitud, la explotación y, sobre todo, el genocidio no sangriento que representa la exclusión de mil quinientos millones de hombres. No rindamos, pues, compañeros, un tributo a Europa creando estados, instituciones y sociedades inspirados en ella.” Frantz Fanon[1]

Como pudo observarse en páginas precedentes, el proyecto de la “Constitución Escrita” expresa desde lo hondo del pueblo boliviano la “Constitución Real” y es claramente una “Constitución Justa”. El proyecto de la nueva Constitución boliviana es expresión clara y profunda de la revolución que conduce Evo Morales, junto a la acción cotidiana y las ilusiones de las mayorías populares que están exigiendo el ingreso a la participación nacional tras siglos de humillación y postergación. En este contexto, es importante resaltar que el proyecto será sometido a referéndum y si resulta positivo, constituirá un importante sustento a la marcha de la revolución. Demás esta decir que, en el contexto de la disputa va a adquirir importancia el resultado en los departamentos opositores. El enfrentamiento electoral es la forma política que actualmente adquiere la lucha social en el país y es, entonces, un suceso de gran trascendencia histórica para Bolivia que quiere ser una nación definitivamente libre y soberana. Ahora bien, el triunfo electoral y la sanción de la Constitución están lejos de dar por tierra las contradicciones y los enfrentamientos políticos nacionales. La Constitución es un paso firme que dará marco para profundizar las necesarias transformaciones del esqueleto institucional neocolonial heredado de siglos de explotación y penetración imperialista, pero las reformas, una a una, las harán las organizaciones libres del pueblo que enfrentan a una oposición que ayer, hoy y probablemente también mañana, desconozcan los avances en la institucionalización de los anhelos de las mayorías populares, no importa si son hechas a través de una ley, una Constitución, un decreto, una movilización o una toma “ilegal” de tierras. La Constitución permitirá -o por lo menos eso está intentando el gobierno- transitar un camino pacifico para la transformación del país y la ruptura de la dependencia. La oposición en este cuadro, se rearma y busca apoyos en proyectos sediciosos de diferente índole, ya sea los ataques al orden político desde intentonas separatistas en Tarija, Pando, Beni, Cochabamba o Santa Cruz o a través de los sabotajes económicos huelguísticos y del desabastecimiento. En este caso especial y en lo que refiere a la Constitución, se enfrentan al proyecto utilizando los medios de difusión ideológica que poseen -prensa, universidades, tribunales, comités y todo el conjunto del inmenso aparato cultural de la oligarquía y el imperialismo-.
La Constitución sólo es un paso más y no el definitorio en la formación del “Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario”. Ahora bien, debemos decir, respondiendo a algunas opiniones que recorren los debates actuales en torno a la constituyente, que no es cierto que este proyecto sea el causante que inventó a la oposición o que dicho texto promueva un supuesto sentimiento indigenista que polarizaría políticamente al país. El país, desde la colonia y sin distinciones de imperios, está trágicamente en términos sociales y políticos, estructural y culturalmente, polarizado. La oposición encuentra en el Parlamento un lugar para enfrentar a un gobierno legítimo y a su proyecto de Constitución, pero lo mismo haría con otros programas de construcción de una alternativa de poder, no importa el ámbito y la forma. En este cuadro, la polarización política pone a los profesionales y a las clases medias en una situación de ambivalencia e inseguridad ante los vertiginosos sucesos políticos que atraviesan el país. En muchos casos, presas de la supremacía cultural y económica de la oligarquía, las clases profesionales desde los claustros universitarios, los juzgados o la prensa, repiten los temores infundados y las construcciones ideológicas, en su mayoría, importadas por las potencias imperiales. Las clases medias y las clases altas caminan por una cornisa entre el apoyo a los movimientos sediciosos y su fusión con el gobierno legal y legítimo del país. A su costado, las organizaciones libres del pueblo marchan y presionan a la conducción del programa revolucionario. En este cuadro, el gobierno está enredado en una situación política de suma tensión, pero creemos, que dicho enfrentamiento puede postergarse, no suprimirse. Esta cuestión no es una decisión solamente de Evo Morales, sino que forma parte de la dinámica impuesta por una minoría hoy y tantas veces a lo largo de la historia, reacia a la democracia y al gobierno de las mayorías. En este sentido, afirmamos que el proyecto constitucional no inventó a la oposición, ni dividió al país. Simplemente, la constituyente manifestó a la luz pública la lucha por el poder y la resistencia al cambio de sectores de un Estado con raíces neocoloniales que históricamente fue operado por una oligarquía gamonal enemiga de la democracia, siempre que este mecanismo representó la decisión de las mayorías. Completando lo dicho, es seguro que esta oposición que hoy encuentra el Parlamento como un ámbito de disputa política, el día de mañana no vacilará en recorrer los cuarteles una vez derrotada por medio del camino pacifico y democrático. En este complejo contexto, las Fuerzas Armadas poseen una eminente responsabilidad histórica: o acompañan el desarrollo industrial independiente del país y a las organizaciones libres del pueblo en la formación de una nación plural y participativa o en su defecto, Bolivia por intermedio de un baño de sangre fruto de una guerra civil, retrocederá hacia el abismo liberal y la asunción de un gobierno despótico, sea militar o liberal, pero inevitablemente, será un Estado en donde las decisiones se tomarán entre pocos y en el extranjero. Evo y el conjunto del gobierno revolucionario en este juego de tensiones, deberá encontrar el momento y la forma de manejar las agresiones del imperio y de la oligarquía nativa. Ya lo anunció Cristo cuando afirmó “He aquí, yo los envió como a ovejas en medio de lobos, sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.”
Ahora bien, para no caer en falsas suposiciones de una supuesta “simple conciliación y dialogo con la oposición”, es bueno hurgar en los papeles olvidados por los engranajes de la memoria oficial: Villarroel es ahorcado en la Plaza Murillo por la oligarquía; Arbenz derrocado con un intervención militar con apoyo público norteamericano; Argentina fue bombardeada en el año 1955 con los aportes norteamericanos y británicos con el objetivo de derrocar y asesinar a Perón; Cuba, agredida en el desembarco en Bahía de los Cochinos, donde los terroristas poseían armamento y capacitación proveniente de los EUA; en la Casa de la Moneda, Allende resistió hasta morir en manos de un golpe militar organizado con apoyo norteamericano; el asesinato de Torres o Prats en Argentina o el intento de derrocar a Chávez en el golpe del año 2002, caen, ambos, bajo la “estrategia del pentágono o la Comisión de Relaciones exteriores del Senado de EUA”. Estas muertes nos hablan del desafío que actualmente enfrenta la revolución, que a lo sumo puede postergarse o modificarse por un tiempo en el terreno de la disputa, pero que, inevitablemente no puede evitarse.
La nueva Constitución expresa los anhelos y los objetivos de la revolución. En una primera instancia y como pudimos notar, introduce a los pueblos originarios en la política del país, contemplando tanto su participación en el Estado, como asimismo, en la formación de ámbitos autónomos de organización política. En este contexto, la ratificación del texto en el referéndum es una parte de la disputa: el tiempo y la lucha política dirán la última palabra acerca de la viabilidad y de la aplicación práctica de la Ley Marco de Autonomías y Descentralización y de cada una de las leyes respectivas. La Constitución abre la posibilidad de transitar un importante capítulo en la historia de los pueblos originarios del Tercermundo, que desde ahora, tendrán la responsabilidad de escribirlo.
Como comentamos precedentemente, el proyecto de Constitución establece la defensa del patrimonio del país, cuestión que implica la salvaguardia de la producción nacional, el uso estratégico de los recursos naturales y la utilización social de la propiedad. Concerniente a esta cuestión, debemos señalar que la cuestión nacional está estrechamente relacionada a la emancipación social y por eso, el texto introduce importantes avances en la distribución de la riqueza y en el ejercicio pleno de la democracia social. La reforma agraria, la prohibición del latifundio o la defensa del patrimonio del Estado, son parte de los ejes neurálgicos del texto. Asimismo, es importante remarcar el derecho al seguro social de salud o a las jubilaciones, que se introducen en el texto.
Los derechos de los trabajadores, el fomento del capital nacional o de las cooperativas, la defensa y promoción de la industrialización o la producción para el mercado interno, forman parte de los nudos políticos que plantea la Constitución y que constituyen parte fundamental de la agenda del nuevo modelo de desarrollo económico y social boliviano.
Para resumir los anhelos del proyecto de Constitución, reproducimos las palabras de Álvaro García Linera:[2]

“El primer resultado de esta revolución es la igualdad, entre pueblos, entre sociedades, entre culturas, entre idiomas, entre vestimentas, entre colores de piel. Éste es un hecho irreversible, ya no se puede ir para atrás, Bolivia ya no soportaría un regreso a formas de dominación colonial y de racismo camuflado. Bolivia ha cambiado y hoy, indígenas y mestizos, como en esta mesa, podemos compartir la toma de decisiones políticas y económicas, y la manera cómo conduciremos el país. El segundo resultado: el papel del Estado. Hemos pasado del Estado débil, adelgazado, light, que nos convirtió en furgón de cola de una globalización irrespetuosa y alocada, a un Estado fuerte. Hoy, el Estado boliviano controla cerca del 21% de la economía, del Producto Interno Bruto del país, nuestro horizonte es llegar al 30%. Y en lo productivo, el Estado boliviano que recibimos, literalmente aniquilado con apenas el 0,6% del control de la riqueza productiva de Bolivia, hoy mínimamente controla el 7 y 8% de la parte productiva de la riqueza. Es nuestra esperanza llegar a un 20 y a un 25% como un Estado sólido, moderno y capaz de redistribuir su riqueza.”

El tren de la revolución inició su marcha y las organizaciones libres del pueblo no están dispuestas a bajarse en estaciones intermedias hasta llegar a su destino. No están dispuestas a frenar el reloj de arena. Sólo podemos decir, que así sea. Si la máquina se detiene, si el reloj ya no vierte los granos de arena, en palabras de Tupac Katari: “Nayjaj sapjarukiw jiwyapxittaxa nayxarusti, waranqa, waranqanakaw kutt'anipxani.” [3]


[3] “A mí sólo me están matando, pero volveré y seré millones.” Extraído de Marina, Ari, Biografía. En: http://www.alternativabolivariana.org/.

[1] Fanon, Frantz, Los Condenados de la Tierra, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1974, p. 291.

[2] García Linera, Álvaro (2008).“Solemne Instalación del periodo ordinario de sesiones de la Legislatura 2008-2009", La Paz, 22 de enero de 2008.” En: www.vicepresidencia.gob.bo

sábado, 20 de septiembre de 2008

¿Ley de educación superior o política nacional educativa?


Aritz Recalde, agosto 2008


Hay hoy más científicos vivos que en toda la historia previa de la humanidad, y disponen de recursos en cantidad más proporcional a su número. Con esos recursos adquieren aparatos y materiales maravillosos, asistentes bien entrenados, bibliografía completa y rápida. Disfrutan de gran prestigio y de sueldos nada despreciables. ¿Qué han producido con todas esas ventajas? toneladas de papers y muchos objetos, pero menos ideas que antes. Oscar Varsavsky[2],



Entre los universitarios y miembros del Congreso nacional y de los ministerios, se esta debatiendo la posibilidad de modificar la actual ley de educación superior (LES). La norma es del año 1995 a partir de lo cual, se la relaciona directamente con el proceso neoliberal y pareciere y sin excepciones, que esta última característica justifica que todos estén de acuerdo en derogarla. Este “anhelo reformador” es positivo, pero y valga la aclaración, dicho punto de partida no resuelve por si mismo ninguno de los desafíos que aquejan a la universidad y particularmente y cuestión que nos interesa, dicho énfasis en cambiar la LES no garantiza que la universidad cumpla las ansias de aquellos que la financian: el pueblo que en su mayoría no ingresa a los estudios superiores.
Dentro de la universidad y detrás de la modificación de la LES, hay y en una somera síntesis, tres posicionamientos sobre la necesidad y los alcances de su potencial reforma.


1- Por un lado, está la corriente política que llamaremos del reformismo conservador que es hija del alfonsinismo y de la transición democrática de 1983 y que cuenta con fuerte anclaje en los claustros docentes (UCR, PS, etc.), de graduados y de estudiantiles (FM, MNR, etc.-). El origen histórico e ideológico de esta corriente y pese sus menciones al año 1918, se remonta a la reivindicación del proyecto educativo de la dictadura de Eugenio Aramburu que derrocó a Juan Perón, que sancionó la existencia del gobierno tripartito[3] y que enfrentó a las mayorías populares a las que proscribió del sistema de partidos y expulsó masivamente de las universidades. Su modelo cultural reposa en la reproducción del canon “cientificista” generado por autores europeos y norteamericanos. Dichas corrientes políticas y culturales quieren cambiar la LES con el objetivo “simbólico” de terminar con el “neoliberalismo” que y según estos, buscó coartar la autonomía y la gratuidad de la universidad. Su proyecto de LEY y a partir de aquí, es “negativo”: intenta que el Estado y la sociedad no intervengan en la política universitaria y que solamente la financien. Su justificación teórica es resguardar a la “ciencia autónoma” ante la irracionalidad de las mayorías, expresadas en organizaciones económicas y políticas o en el sistema de partidos. Gobierno tripartito, gratuidad y autonomía son sus lemas de campaña para la nueva ley.

2- Por otro lado, se ubica la corriente política y cultural universitaria que denominaremos y siguiendo una palabra de Arturo Jauretche, como reformismo mitromarxista[4]. Dicha corriente política y cultural tiene un escaso desarrollo entre los docentes y los graduados y cuenta con una organización estudiantil de mayor envergadura relativa en algunas universidades (especialmente maoísta o trotskista). El origen histórico de esta corriente universitaria es la reivindicación de la fraseología de la reforma del año 1918 y de algunas corrientes políticas de izquierda de los sesenta y a partir de aquí, que hacen hincapié en el rol transformador de la juventud en la sociedad. Su propuesta se basa en derogar la LES “para terminar con el neoliberalismo” y mantener la autonomía de la cual y a diferencia del reformismo conservador, no creen, ya que ni en Rusia, ni en Cuba, ni menos aún en China, no existió, ni existe, ni existirá nada que se le parezca. Su modelo cultural se basa en la reproducción de las teóricas e interpretaciones de un conjunto de autores europeos y en algunos casos y excepcionalmente, asiáticos. A diferencia del reformismo conservador, la autonomía es vista como una táctica y no como una estrategia: hay que sostenerla para preparar las condiciones objetivas para la toma del poder obrero y la sanción del decreto que inaugure el socialismo. Son enemigas del Estado y de la democracia de partidos siempre que no ganen las elecciones, a partir de lo cual y ya que nunca triunfaron en una votación en la historia, sostienen a rajatabla el funcionamiento de la universidad corporativa distante del medio que la rodea. Democratización, gratuidad y autonomía son sus lemas para la nueva LES.

Ambas corrientes y como se puede ver, quieren derogar la LES y sancionar otra que coarte toda posibilidad de injerencia posible dentro de la universidad, tanto del Estado elegido por la democracia de partidos, como y asimismo, de la sociedad en general. Pese a que desarrollan distintas justificaciones doctrinarias, ambas tienen una concepción negativa y liberal para la nueva LES que tiene como objetivo garantizar que en las universidades no cambie nada para mantener sus lugares de privilegio. Ambas son profundamente elitistas y enemigas de las decisiones de las mayorías: una en nombre de la vanguardia científica y la otra, bajo la consigna de la vanguardia política, se autodenominan las únicas y legítimas detractoras de la planificación de la política y del uso del gasto educativo. A partir de aquí, sus consignas para otra LES son vagas y generalistas: autonomía, democratización, gobierno tripartito o gratuidad. Estas corrientes involucran los anhelos del 3,5% de los universitarios preocupados por seguir conduciendo la universidad sin importar la opinión de la democracia de masas y las organizaciones libres del pueblo.

3- Finalmente, existe una tercera corriente que vamos a llamar "nacional y popular" que nació en el año 1918 y que se expresó dentro del proyecto universitario y las tres leyes[5] de los gobiernos de Juan Domingo Perón. Dicha corriente tiene un desarrollo escaso entre los docentes y graduados y cuenta con un crecimiento significativo en el claustro estudiantil. Su modelo cultural se basa en el reconocimiento de la existencia de un pensamiento nacional y latinoamericano cristalizado en la obra de intelectuales y de políticos de nuestro continente. Esta corriente se plantea que es importante cambiar la LES, pero que y particularmente, hay que desarrollar una política educativa desde la acción del Estado y a partir de la voluntad popular y las organizaciones libres del pueblo. Dentro de las propuestas para la nueva LES, esta corriente se centra en proponer mecanismos que permitan a la universidad contribuir a resolver las demandas económicas, sociales y culturales del país. El debate de la “democratización” entre docentes o estudiantes, deja lugar a otro que incluye la posibilidad o no, de que la investigación, la extensión y la enseñanza sean instrumentos para acompañar el desarrollo nacional y la emancipación del hombre argentino. La corriente nacional y popular no solo le pide al Estado que financie la universidad, sino que además, le exige a esta última que cumpla con su deber de acompañar el desarrollo nacional y regional a través de diferentes mecanismos como y por ejemplo: un gasto estratégico de su presupuesto; a partir de la promoción de carreras y planes de estudio prioritarios para cada región; a partir del planeamiento de investigaciones con pertinencia social y productiva; el fomento de las carreras ligadas a la industrialización; la difusión de los intelectuales defensores del patrimonio nacional; a partir del ingreso de la voz de la sociedad y el Estado en la universidad a partir de Consejos Sociales y la participación directa en el gobierno. Esta corriente, entre otras cuestiones, propone un servicio social obligatorio y federal para estudiantes y la obligatoriedad de que los docentes con dedicaciones exclusivas otorguen asesoramiento gratuito a la sociedad que los financia.


La corriente nacional y popular y como mostramos en una extrema síntesis, considera que la sanción de una LES es solo un aporte parcial al debate universitario. Este diagnostico nació tras un supuesto que sostiene que solamente una política de planificación universitaria que nazca desde el Estado y a través de la acción de las organizaciones libres del pueblo, puede articular directamente las necesidades sociales y económicas, con la producción científica y técnica.
A la corriente nacional y popular y para hacerle un tributo a su historia, le cave la pesada responsabilidad de vincular la educación superior al desarrollo nacional enfrentando las concepciones, que de derecha a izquierda, atan a la universidad al neocolonialismo. Esta corriente deberá revertir el diagnostico de Juan José Hernández Arregui[6] que estableció que “la historia de la universidad es por eso, la historia de nuestra oligarquía. Con breves intervalos, esa oligarquía durante una centuria logró consolidar e imponer a la Nación su despotismo más o menos ilustrado. Esa universidad, sin ritmo, ni estilo peculiar, fue el medio más sutil del predominio espiritual del coloniaje”. El desafío es grande, pero el deber es impostergable y ya lo dijo Amílcar Herrera cuando estableció que “para los científicos del Tercer Mundo, la aplicación de la ciencia a la superación del subdesarrollo representa uno de los desafíos morales e intelectuales más grande de la historia.[7]


[2] Ciencia Política y cientificismo, Ed. Centro Editor de América Latina, 1969. P 36
[3] Hasta la dictadura de 1955 que apoyó el PS y la UCR solamente existió en algunas universidades, el “cogobierno”. El tercer actor que justificó la designación de “tripartito” (graduados) ingresó después de 1956.
[4] Personas que leen y reivindican a Carlos Marx y que son a su vez, defensores de la historia oficial de Bartolomé Mitre.
[5] Leyes 13.031/47; 14.297/54 y 20.654/74.
[6] La Formación de la conciencia nacional. Ed. Pella Lillo, Buenos Aires 2004. p 73.
[7] Ciencia y política en América Latina, Ed. Siglo veintiuno, México, 1974. P 18.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Universidad, ciencia y desarrollo Latinoamericano independiente


Aritz Recalde

Recién iniciado el ciclo político de la Independencia en las tierras del sur americano, se desató una batalla sobre el modelo de naciones a conformar. Por un lado, estaban aquellos políticos e intelectuales que abogaron por construir una gran nación cuya unidad geopolítica continuara los marcos territoriales de los antiguos Virreinatos e Intendencias. Para estos la independencia y la unidad americana implicaban, necesariamente, motorizar y organizar una gran gesta patriótica capaz de conjugar la acción mancomunada de los diferentes sectores sociales: el teatro de operaciones de la causa americana sería el pueblo en armas. Este programa en tanto intentó ser articulador de la voluntad del pueblo, se propuso como objetivo indeclinable la defensa de las economías artesanales americanas y sus poblaciones que eran agredidas por la economía de las metrópolis y en especial, por el imperio británico. Este modelo de naciones y en un exacerbado resumen, consistió en “independencia política” en base a la “unidad Latinoamericana”, la “integración social y la participación del pueblo postergado en la toma de decisiones” y en la promoción del “desarrollo industrial y artesanal y el proteccionismo” para el continente. Entre los abanderados de la unidad latinoamericana, no podemos dejar de mencionar a José de San Martín, Simón Bolívar y Juan Manuel de Rosas. Entre los promotores de la democracia social quién mejor que Gervasio Artigas. Entre los dirigentes industrialistas y proteccionistas, es bueno mencionar a Solano López o la gestión como gobernador de Mendoza, del ya citado San Martín.
Dicho proyecto encontró un enemigo en el imperialismo de las metrópolis y sus aliados locales, la oligarquía terrateniente, minera o comercial. El modelo de nación de estos sectores contempló la fragmentación del continente en diversos países. La América balcanizada sería administrada por las elites, sin participación popular en la toma de decisiones. El esquema económico de este programa estaba ligado directamente a la inserción dependiente del continente al mercado mundial en base a la exportación de materias primas. En resumen, este programa y en contraposición al primero, planteó un “continente fragmentado en distintos países”, profundamente “desigual en términos sociales y de acceso al poder político”, y cuya estructura productiva estaba centrada en el “modelo agro exportador y liberal”.
Al programa americanista impulsado por los primeros, se le opuso el mencionado esquema neocolonial dependiente. Así vimos como la oligarquía de las Provincias Unidas no envió a los delegados al Consejo Anfictiónico de Panamá de 1826, torpedeando la unidad del continente tras la decisión de Bernardino Rivadavia y el imperio británico. Los grupos allegados a este mismo dirigente, se opusieron a financiar la campaña del libertador San Martín en Perú, culminada finalmente por Bolívar y con el objetivo de desarrollar la guerra civil interna, en particular contra referentes políticos como Gervasio de Artigas. La oligarquía porteña y con posterioridad a la gestión rivadaviana y bajo la figura de Bartolomé Mitre, enfrentó en la Guerra de la Triple Alianza desde 1865 a Paraguay destrozando el proyecto industrialista independiente del país.
Como podemos observar, los dos programas se enfrentaron militarmente, políticamente, económicamente y en particular y tema que nos interesa en este documento, se opusieron en sus proyectos culturales. El programa de la balcanización y de la destrucción de las economías del continente fue parte del proyecto británico y francés para Latinoamérica. El plan contempló diferentes estrategias. Por un lado, la ocupación militar y la acción política colonial directa: por ejemplo, en las invasiones inglesas en el Virreinato del Río de La Plata en 1806, en la ocupación de las islas Malvinas en 1833 o durante el bloqueo militar y comercial al gobierno de Juan Manuel de Rosas. Es bueno recordar, que en la época de expansión imperial sobre América Latina, las metrópolis implementaron una política colonial sobre Asia y África: Francia ocupó Argelia y otras posiciones e Inglaterra haría lo mismo con Egipto, la India y gran parte de África.
El programa colonial fue resistido patrióticamente por los americanos. Fracasada la etapa colonial y de ocupación directa del territorio, se profundizó la política neocolonial tras la acción económica de la banca Baring Brothers y de la gestión política de las cancillerías y los servicios de inteligencia del imperio tras las figuras de Woodbine Parish o de George Canning.
La política neocolonial no se desentendió totalmente de la posibilidad de utilizar la violencia directa sobre Latinoamérica, cuestión que continuó siendo un mecanismo de dominación, incluso, en pleno siglo XX. Pero y pese a eso, es innegable que las derrotas militares británicas llevaron al imperio a centrar sus acciones sobre las tareas políticas, comerciales y culturales. De la misma manera que se desarrolla actualmente, el capital extranjero manejó directamente o por intermedio de sus agentes locales, la prensa escrita. Asimismo y cuestión elemental, desarrolló una acción profunda de asimilación neocolonial de los intelectuales y educadores americanos.
Una de las instituciones en las cuales el imperio operó para imponer su esquema dependiente en Latinoamérica fue la universidad. Es bueno recordar, que la historia de las universidades americanas tiene un origen colonial e hispánico, ya que tanto la Universidad de Caracas (1721), de Córdoba 1613 o de La Habana (1728), surgen bajo la orbita de España. La metrópoli tenía como objetivo primordial reforzar los lazos coloniales y con este fin, desarrolló las instituciones educativas en las cuales formar a los cuadros de la segunda línea de la administración. Los dirigentes de conducción de la primera línea política de los Virreinatos, Capitanías o Intendencias, provenían y dadas las restricciones legales, de la misma metrópoli. La matriz cultural de esta enseñanza estaba centrada en la religión católica y la enseñanza de las carreras de artes (filosofía, lógica, etc.-) y de teología. A esta primera universidad, de raíz colonial, vamos a llamarla de la Corporación Religiosa.
En el contexto del avance económico del imperio francés y británico se puede ver como su modelo económico, político y cultural se exportó al resto del planeta. En este cuadro, se ve como el desarrollo económico de la burguesía europea tuvo su proyección, por un lado, en el orden político con la centralización de gobierno ejercida por la monarquía y por otra parte, en el desenvolvimiento del plano cultural y científico. En esta última esfera y por ejemplo, es bueno mencionar la aparición de las Ciencias Naturales, en particular tras la figura de Isaac Newton y Galileo Galilei y los avances posteriores de la física y las matemáticas aplicadas que apuntalaron la revolución Industrial y la industria militar del capitalismo imperialista.
Este avance imperial expresado en la nueva forma de producir, de organizar políticamente la sociedad y de pensar al mundo, fueron, paulatinamente, asimilados en las universidad de la Corporación Religiosa en un contexto general de decadencia de España.
Tras la independencia y tal cual comentamos, los dos modelos de nación para nuestro continente entraron en disputa. Finalmente fue vencedor el esquema balcanizador, elitista y liberal expresado en los mencionados agentes locales y extranjeros. A dicho grupo social, generalmente ligado a la posesión de la tierra, los recursos naturales o el comercio, le toco planificar la política cultural y universitaria. Dada la estructura dependiente del continente, estas instituciones tuvieron, generalmente, una matriz de pensamiento cuya raíz era profundamente neocolonial. La metrópoli y como comentamos más arriba, operó su programa imperial a través de su política neocolonial. La persuasión que no garantizaban los cañones, la consiguieron los órganos de prensa, las acciones de inteligencia de las cancillerías y cuestión elemental, lo aplicaron los intelectuales americanos con mentalidad neocolonial.
En este cuadro y tras alcanzar una independencia inconclusa, dicha universidad de la Corporación Religiosa, pasó a manos de la Corporación Oligárquica. La alianza económica agro exportadora dependiente estaba centrada en la articulación comercial, la dependencia política y la implementación de una cultura neocolonial entre los funcionarios de gobierno americanos. En el marco de la expansión comercial de Inglaterra, tanto sus manofacturas, como su organización política (democracia burguesa liberal y parlamentarismo) se exportaron como modelo a imitar a través del desarrollo de las Ciencias Humanas. La intelectualidad de Latinoamérica miró a Inglaterra y la potencia comercial y política, exportó la justificación de su modelo económico (David Ricardo, Adam Smith) y su forma de organización política (John Locke y Tomas Hobbes). Las Ciencias Humanas producidas en Europa fueron asimiladas por los intelectuales latinoamericanos como un instrumento de penetración cultural y de justificación del imperialismo británico sobre el tercer mundo. Este proceso fue completado a partir de la introducción en la prensa escrita y en las aulas, del reflejo cultural del imperialismo francés: el iluminismo. La razón europea hizo universal al hombre de la metrópoli y le permitió a las potencias doblegar a las comunidades y a las formas de organizaciones sociales no capitalistas y originarias en su continente.
En la era de la expansión imperial sobre América, los intelectuales de la universidad de la Corporación Oligárquica hablaron castellano, pero pensaron en francés e ingles. De aquí nació la profunda escisión entre los intelectuales “afrancesados” y las elites de ideología liberal e europeísta, por un lado, y por otro, las masas y sus dirigentes, generalmente hispánicos, católicos y proteccionistas en el plano económico. En estas décadas se forjó el perfil de las universidades, que y lamentablemente, sigue en pie en muchas instituciones: una educación elitista, de contenido europeista y racista en relación al hombre americano, generalmente liberal en el terreno de la economía, de raíz profesionalista y no industrialista (ciencia aplicada). La universidad de los hijos de la Corporación Oligárquica formó abogados para administrar el esquema dependiente y de monocultivo y educó por mucho tiempo la dirigencia política que administró el sistema neocolonial enfrentando las alternativas políticas y sociales de raíz popular.
Contra esa universidad, pero en realidad contra ese modelo de país, nació el tercer momento de la tradición universitaria latinoamericana dando origen a la denominada corriente “reformista” o de la “Corporación Docente”[2]. Este programa universitario se caracterizó por plantear en un mismo tiempo “fines” y “medios”. Entre los “fines” de los reformadores, encontramos la posibilidad de que la universidad mire hacia América y no solamente a Europa. La recuperación de la perspectiva americana, sería acompañada por un movimiento juvenil con ímpetus de transformación social y emancipadores. A los fines, los reformistas le sumaron “medios”: el cogobierno[3]. Esta noción reposaba sobre la idea de que la juventud y los sectores medios, podían oficiar como “vanguardia” cultural en una sociedad y un contexto represivo. La historia latinoamericana mostró que en gran parte de los casos es más fácil introducir los “medios” de la reforma modificando leyes o estatutos (Argentina 1918; Ley docente de Cuba 1937; Venezuela ley de educación de 1940 y procesos de 1958 y 1968) que implementar e institucionalizar en el tiempo los “fines”. La experiencia argentina en este sentido, es la más paradigmática: las federaciones estudiantiles y docentes de la universidad autónoma apoyaron los golpes de Estado militar y las dictaduras contra los gobiernos populares de Hipólito Yrigoyen (1930) y de Juan Domingo Perón (1955). En esta línea, podemos ver las complejas dificultades actuales que enfrenta la revolución bolivariana para vincularse con las universidades autónomas. Otro caso ligado a esto, es el de las complejas dificultades que tiene el gobierno de Evo Morales para estrechar lazos entre la revolución boliviana y las clases medias.
La anacronía de la tradición reformista en el siglo XX y XXI se expresó en diversas circunstancias. Una tiene que ver con el modelo de revolución en el siglo XX: los obreros, campesinos o las FFAA, en gran parte de los casos, fueron la columna vertebral de las revoluciones y no las clases medias. El modelo vanguardista de la reforma fue dejando paso a la necesidad de abordar otro esquema de articulación entre la juventud y el cambio social. Por otro lado, es importante marcar la dificultad que tuvo y que tiene, el modelo teórico y cultural reformista para superar su dependencia neocolonial con el extranjero. Dicha dificultad se acrecentó con el desarrollo de las Ciencias Sociales y la expansión de la política imperial europea y norteamericana. En interesante plantear, que la política colonial europea desarrolló en el plano teórico y científico su propia justificación de la ocupación y el saqueo del tercer mundo: la antropología de Levis Strauss. La ciencia europea para reflexionar sobre el “hombre”, creó la sociología, para reflexionar sobre el habitante del tercermundo (no hombre) utilizó la antropología.
La asimilación de la cultura neocolonial en las universidades de la Corporación Docente adquirió una nueva forma con la expansión del imperio norteamericano tras la segunda guerra mundial. Las Ciencias Sociales latinoamericanas en la década del cincuenta se dividieron en Departamentos repitiendo los esquemas teóricos norteamericanos: la sociología, la economía y la ciencia política norteamericanas, ingresaron al continente latinoamericano en paralelo a las trasnacionales automotrices (FORD), los organismos multilaterales de crédito (FMI, BM) los bancos (City Bank, JP Morgan) y las operaciones militares sobre los gobiernos nacionalistas (contra Jacobo Arbenz Guzmán en Guatemala o contra Villaroel en Bolivia). El nuevo imperio se desarrolló económicamente, se organizo política y militarmente para oprimir otras naciones (por ejemplo, desde la OTAN) y se expreso culturalmente a través de las nuevas corrientes intelectuales desarrollistas, neoliberales, funcionalistas, etc. que fueron introducidas como “nuevas modas” intelectuales en las universidades cogobernadas. Es interesante ver como ante la eclosión de proyectos nacionales, los intelectuales de las universidades reformistas los caracterizan, generalmente, como fascistas, autoritarios, arcaicos, irracionales, setentistas, atrasados, comunistas, populistas y otro gran número de “ismos” que denotan la fuerte impronta de pensamiento importado entre nuestros teóricos, pensadores y estudiantes.
La aparición de los movimientos revolucionarios del siglo XX generaron un marco propicio para transformar las sociedades y en lo que a nosotros interesa en particular, permitieron avanzar en la superación de la universidad reformista o de la Corporación Docente, marchando hacia la cuarta etapa que vamos a denominar como la Universidad Nacional y Popular. Este modelo de universidad retomó los fines de la reforma y adecuó los medios para relacionarse con las revoluciones populares, abandonando los esquemas elitistas y de disputas sobre el cobobierno, pasando al debate sobre los distintos caminos que debe recorrer la juventud para acompañar el desarrollo nacional. Los casos de construcción de dichas universidades los encontramos en el marco de la revolución cubana, la revolución peronista[4] y la revolución bolivariana.
En la Universidad Nacional y Popular se fusiona la educación superior con las necesidades sociales del pueblo, los programas de desarrollo económico nacional, las políticas públicas del Estado y los procesos de refundación cultural de la revolución. Se redefine la “autonomía” y la universidad acompaña el camino de transformación social, política y cultural de los Estados (primero esta la revolución que encuadra a la nación entera y en segundo lugar los intereses sectoriales de los estudiantes o docentes y no viceversa). El nuevo eje ideológico que atraviesa la lógica universitaria se traslada del concepto de la “excelencia académica” entendida como monopolio del Cogobierno de la Universidad, hacia la “excelencia académica” en función de las necesidades de desarrollo de las naciones”. En este sentido, no es solamente el Cogobierno universitario el que define las líneas de investigación por fuera de la voluntad del resto del sistema político del país, sino que es el pueblo organizado en el Estado el que ejerce la soberanía y la planificación universitaria.
Es a partir de aquí, que las universidades intentan superar el modelo neocolonial impuesto por las metrópolis y comienzan a fomentar las carreras para terminar con la dependencia. Del fomento a las carreras con perfil agro exportador y profesionalista, se pasa al financiamiento de las ciencias aplicadas al desarrollo tecnológico y la industria, planificando los ingresos y las carreras en función de los objetivos del país y su revolución. En este cuado y traduciendo los anhelos populares de las revoluciones obreras y campesinas, se suprimen aranceles y se eleva el nivel educativo de las naciones. Son etapas caracterizadas por la movilización popular y la politización del pueblo: las ideas del pueblo son más avanzadas que los intereses de la corporación docente y es a partir de aquí, que se difunde una cultura nacional y latinoamericana, con perfil humanista y socio comunitario que se contrapone al modelo cultural neocolonial.
Gran parte de las universidades latinoamericanas actuales conservan muchos rasgos de las etapas de las universidades de la Corporación Oligárquica y de la Corporación Docente. Bajo esta última corriente es frecuente encontrar docentes y estudiantes detractores de los “medios” (gobernar la universidad) y no así, de los “fines” originarios de dicho movimiento juvenil. La posibilidad de superar la universidad reformista depende, directamente, del triunfo o no, de los movimientos nacionalistas y no viceversa. La juventud universitaria tiene que acompañar dichos procesos o en su defecto, va a la cola del tren de la oligarquía y el imperio, no importa si por derecha o por izquierda. En el marco de las revoluciones nacionales se van a discutir los programas políticos y teóricos para superar el esquema cultural neocolonial. Entre los desafíos actuales más importantes que tiene que superar la Universidad nacional y Popular están incluidos:
- la escasa inversión y resultados en ciencia aplicada al desarrollo tecnológico de las universidades latinoamericanas de tradición profesionalistas y de servicios;
- la defensa de una ciencia nacional y la promoción de patentes propias para terminar con la dependencia externa y los altos costos de importación tecnológica;
- la fuerte impronta agro exportadora o monoproductiva de las economías latinoamericanas y su reflejo en los accesos y egresos en las carreras a ellas vinculadas;
- la dependencia teórica y conceptual en relación a las metrópolis y la dificultad para desarrollar una ciencia propia para reflexionar sobre nuestro continente por fuera del racismo, el individualismo y el sentimiento de inferioridad neocolonial repetido por nuestros intelectuales durante siglos;
- el anacronismo del modelo de gobierno de la autonomía reformista y sus dificultades para vincular la universidad al desarrollo nacional;
- el ingreso de los sectores sociales más desprotegidos y la masificación de la educación superior;
- la integración curricular, teórica, cultural y organizativa, del MERCOSUR y la Unión de Naciones Suramericanas.

Estos son solo algunas cuestiones y un punto de partida para abordar la problemática, presentadas por cierto, de manera esquemática, simple y reduccionista. Queda en manos de los movimientos nacionales y del conjunto de las organizaciones libres del pueblo sean o no universitarias, pensar y aplicar las bases de la Universidad Nacional y Popular para el continente.

Citas
[2] Aritz Recalde, “Reflexiones sobre la Reforma Universitaria del año 1918: 7 hipótesis para el análisis”. (descargar del blog)
[3]Distinto del “gobierno tripartito” (graduados, docentes y alumnos). Esta forma de gobierno nació en Argentina en 1956 con la dictadura que derrocó al gobierno del General Juan Domingo Perón. Grupos de docentes y alumnos eran opositores a la revolución nacionalista, incluyendo en los segundos una participación en acciones terroristas contra los sindicatos obreros. Los graduados, fueron introducidos al gobierno para controlar el posible movimiento de acercamiento al pueblo de los estudiantes: eran un cuerpo profesional reaccionario de apoyo a los docentes opositores a Perón.
[4]Para leer un estudio de la relación entre la universidad y la revolución peronista se puede consultar: Recalde, Aritz y Recalde, Iciar, Universidad y Liberación nacional, Nuevos Tiempos, Buenos Aires, 2007. (Descargar del blog)

martes, 1 de julio de 2008

Peronismo y Política Agraria entre los años 1943-55 y 1973-75


Aritz Recalde, julio de 2008

Ponencia efectuada en la Carpa de la JP en Plaza Congreso, CABA, 30-06-08.



A continuación presentamos un breve resumen de los proyectos de política agraria del peronismo entre los años 1943 – 1955 y entre 1973 - 1975.

Consideramos pertinente establecer a modo explicativo la diferenciación existente entre los distintos actores que se apropian la renta agraria y con los cuales el peronismo se relacionó:
1- Productores (grandes, pequeños, arrendatarios, trabajadores).-
2- Exportadores (transporte, acopio, exportación, financiamiento).-
3- Estado.-

Asimismo, se deben diferencia los 4 momentos por los cuales atravesó la política agraria peronista en el período en cuestión:

1- 1943-46: aplicación de leyes sociales a favor del pequeño productor, del arrendatario y del trabajador rural.
2- 1946-52: Nacionalización del comercio exterior y transferencias de recursos del sector agrario hacia la implementación del Primer Plan Quinquenal. Política de colonización y expropiaciones públicas de tierras.
3- 1952-55: tecnificación del campo y caída de precios internacionales. Apuntalamiento del Estado al sector agrícola con el objetivo de aumentar divisas para desarrollar el Segundo Plan Quinquenal.
4- 1973-75: apoyó al arrendatario, nacionalización del comercio de granos y carnes y proyectos de impuestos a la renta potencial.

Los temas van aparecer de forma extremadamente resumida esperando poder contribuir al ingreso a la problemática de aquellos actores no especializados en problemas agrícolas e interesados en comprender el paro agropecuario actual a la luz y las políticas del programa del general Juan Domingo Perón.

Hay 3 actores que se distribuyen la renta agraria:



A- PRODUCTORES
1- Terratenientes - propietarios: Estancia Ganadera - agrícola. (Hoy: SRA, CARBAP,CRA)
2- Arrendamientos (chacras ganaderas o agrícolas). (Hoy: pool se siembra – FAA: Grito de Alcorta, Santa Fe, 1912)
3- Mano de obra (estable – temporaria) y pequeños productores familiares (MOCASE, MoCaFor, etc. - Frente Nacional Campesino-).


B- EXPORTADORES
(Hoy: Bunge Born, Nydera, Cargill, etc.-)
Transporte. Acopio. Exportador. Crédito.

C- ESTADO
Instrumentos e instituciones del Estado durante 1946 y 1955 vinculadas al programa agrícola:
CONSEJO NACIONAL DE POSGUERRA (Decreto 23.847/44)
CONSEJO AGRARIO NACIONAL (1940): desde 1945 depende de la Secretaria de Trabajo y Previsión.
INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO (IAPI)
JUNTA NACIONAL DE CARNES
JUNTA NACIONAL DE GRANOS
BANCO DE CRÉDITO INDUSTRIAL
BANCO HIPOTECARIO
FABRICACIONES MILITARES
(Industrias Aeronáutica y Mecánica de Estado –IAME-)
MINISTERIO DE ASUNTOS AGRARIOS



Políticas del período 1946-1955 y medidas desarrolladas por el gobierno sobre los 3 actores fundamntales:


Políticas aplicadas sobre los PRODUCTORES diferenciados por grupo y función:


1- TERRATENIENTES – PROPIETARIOS.
I Plan Quinquenal: Transfiere excedente al Estado.-
II- Plan Quinquenal: tecnificación y aumento productivo.

2- PEQUEÑOS PRODUCTORES Y ARRENDATARIOS
- Suspenden juicios por desalojo rurales.
- Dto./Ley 14.001/43 de Arrendamientos y Aparcerías Rurales (las anteriores eran de 1931 y 1932): fija las rentas y obliga al terrateniente a asumir riesgos. Congelan arrendamientos y favorecen el acceso a la propiedad (Crean Cámaras Paritarias para efectivizar esta cuestión).
- Instituto de Colonización (ley 12.636/40) Consejo Agrario Nacional (1940): la primer gestión esta en manos de Antonio Molinari. Se expropian 2 millones de hectáreas entre 1946 y 1955 ( a Patron Costas o Pereira Iraola). Publica revistas, diarios, desarrolla conferencias, entrega tierras fiscales.
En 1946 pasa a depender del Banco Central.
- Importan y producen tractores y maquinaria agrícola. IAME: tractor Pampa.
- Fijan precios justos.
- Se otorgan créditos y asesoramiento técnico.

3- MANO DE OBRA - PEQUEÑOS PRODUCTORES FAMILIARES
A- Leyes protectoras
- Estatuto del Peón Rural o del Campo (Dto-ley 28.194 de 1944): contempló a trabajadores permanentes. Fija salario mínimo (duplica el actual) y establece derechos sociales (vacaciones, descanso dominica, indemnizaciones, aguinaldo, comida, vivienda, etc.-)
-Trabajadores Rurales Transitorios ley 13.020/47.
- Estatuto Tambero Mediero (1946).

B- Derechos sindicales:
- Creación de Negociaciones Colectivas.
- Sindicatos rurales. 1945 Centros de Oficio Rurales.-
1947: Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE)

Políticas aplicadas sobre los EXPORTADORES
Medidas tomadas:

I- COMERCIALIZACIÓN
- Se declara a los monopolios internacionales como adversos al interés general: Bunge Born, Dreyfus.

INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO Dto. 15.350/46 (liquidado por Dto. 2539/55)
Es un ente autárquico dependiente del Banco central (1946-49) y luego pasa al Ministerio de Economía (1949).

Pasa por dos Momentos:
Primero: Etapa Capitalizadora: el campo financia el Ier Plan Quinquenal.-

Segundo: Etapa Subencionadora.
Este segundo momento se liga a:
- la competencia internacional y caída de precios.
- a la sequía de 1951.
- Mayor consumo interno y menores saldos exportables.
- II Plan Quinquenal: Mecanizar; desarrolla nuevas semillas; fomentar las cooperativas.
- Se crea la Junta nacional de Carnes.
- Junta Nacional de Granos (1933 y refundada en 1944).

Tareas que desarrolladas:
1- Comerciales: compra, exporta y distribuye. Firma convenios y otorga créditos a naciones extranjeras para la compra de nuestra producción. Defender precios y proteger al pequeño en época de crisis ( principalmente desde 1951 y tras la segunda II guerra que introduce como competidores a Australia, Francia, EUA, Canadá).
2- Financieras. Otorga fondos al:
- Estado: nacionalización de servicios públicos (gas, trenes, flota mercante) y maquinaria e infraestructura.
- Sector privado: crédito y subsidios.
3- Regulaba mercado interno:
- Compra productos sin colocación (arroz 1952)
- Fija precios (carne, harina).
- Compra excedentes.
- Compra materia prima para la industria.
4- Promoción y fomento:
- Buscar Mercados: propaganda en el extranjero.
- Combate plagas.
- Aporta tecnología: inseminación artificial, leche y silos.
- Fomento y campañas de la inmigración y colonización.
- Venta de productos al costo a la industria.
- Distribuye semillas.
5- Abastecimiento del mercado interno y la industria: tenía facultades expropiatorias (Pino de Rumania 1949).
6- Subsidiaria para mantener bajo el costo del trabajo: ganadería, frigoríficos, etc.

II- BANCOS
- Nacionalización de depósitos bancarios y del Banco Central (Dto. 8503/46): se desarrolla una política activa de tipo de cambio. (fue suprimida la Corporación para la promoción del intercambio)
- Se fomenta: Banco de crédito Industrial.
- Banco Hipotecario.
- Leyes fijando las exportaciones de remesas de empresas extranjeras.

III- TRANSPORTE
- Desarrolla una Flota Mercante nacional.
- Se desarrolla una Flota Aérea.
- Se nacionalizan ferrocarriles.


Políticas desarrolladas para construir un nuevo ESTADO:

I y II Planes quinquenales: política nacional de desarrollo cuyos pilares eran la industria y la justicia social.
El campo oficiaría como medio para un fin: el desarrollo sustentable del país.

Organismos creados o promovidos:
CONSEJO NACIONAL DE POSGUERRA (Decreto 23.847/44)
CONSEJO AGRARIO NACIONAL (1940): desde 1945 depende de la Secretaria de Trabajo y Previsión.
INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO (IAPI)
JUNTA NACIONAL DE CARNES
JUNTA NACIONAL DE GRANOS
BANCO DE CRÉDITO INDUSTRIAL
BANCO HIPOTECARIO
FABRICACIONES MILITARES

El proyecto fue Institucionalizado con la CONSTITUCIÓN DE 1949 que estableció:
- Derechos del Trabajador sancionados desde 1943.-
- Noción de Estado Empresario.-
- Faculta al Estado para nacionalizar el Comercio Exterior



Políticas desarrolladas durante 1973-1975.



1972 “Actas de Compromiso” entre el futuro gobierno y la SRA, la FAA, las Ligas Agrarias (no acompaña CARBAP).

Se escribe el documento “Reforma Agraria Integral”. Objetivos:
1- Mayor productividad.
2- Colonizar tierras fiscales: Vs latifundio y apoyo a unidades familiares.
3- Impuesto a la renta potencia de la Tierra.
4- Restitución del Consejo Agrario Nacional: colonización, crédito, desalojos, seguro agrícola, etc.-
5- Programa de conservación de suelos.
6- Investigaciones del Estado.

Plan Trienal: Plan Sectorial Agropecuario (1974-77)
Horacio Giberti, Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación: ratifica Actas de Compromiso.

Leyes Sancionadas
1- Ley sobre desalojos 20.518/73.
2- Ley de fomento agrario 20.543/73.
3- Junta Nacional de Carnes 20.535/73
4- Junta Nacional de Granos 20.573/73: monopolio del comercio exterior de cereales. Se contempló la exportación de empresas nacionales.
5- Ley 20.538/72
a- Impuesto Nacional de Emergencia sobre tierra libre de mejoras.
b- Desde 1975 correría la Renta Potencial Normal de las Explotaciones Agropecuarias.
Se establece el impuesto porcentual sobre el suelo y se obliga a los propietarios a presentar declaraciones juradas de su costo (sería el precio de la potencial expropiación).

No sancionadas
ANTEPROYECTO DE LEY AGRARIA. 1er ronda mayo 1974 y luego septiembre 1974. Apoyó FAA y Ligas Agrarias. En contra: CRA, CARBAP, SRA.

- Incluyó las competencias de las leyes mencionadas.
- Facultades expropiatorias al Estado sobre las tierras improductivas: con el fin de alcanzar la política de colonización (se emiten bonos agrarios que se otorgarían para financiar la expropiación).
- Establecía prioridades al Estado para la compra del suelo.
- Fomentaba las formas directas de producción: familias y cooperativas.
- Arrendamientos: fijaba precios, obligaba a reconocer mejoras, establecía derechos preferenciales de compra. Establecía arrendamientos forzosos.

martes, 24 de junio de 2008

Política Nacional o Autonomía Universitaria: ¿quién debe planificar la política educativa?

Comentarios al artículo de Juan Pablo Casas, “Polémica por el proyecto de crear otras 7 universidades nacionales”, diario Clarín.
Aritz Recalde, mayo de 2008
La nota de Clarín comenta diversos proyectos de creación de Universidades nacionales y trae a consideración algunas voces que ponen en cuestión la legitimidad de las nuevas instituciones. Dejando de lado cada una de las propuestas mencionadas, nos interesa señalar que el artículo acarrea un tema más profundo y es aquel referente a quién debe planificar la creación de Universidades y la política educativa. Por un lado, tal cual lo transcribe Casas, están aquellos que sostienen que se le deben dar mayores facultades en estos temas al Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y a los Rectores de las universidades autónomas. Por otro lado, están otros que guiándose en la ley, sostienen que es el Congreso de la Nación el ámbito legal y lo que es trascendente además, es el lugar legítimo para su creación.
La ley 24.541 (LES) en el artículo 48 sostiene que solo pueden crearse universidades por “ley de la Nación, con previsión del crédito presupuestario correspondiente y en base a un estudio de factibilidad que avale la iniciativa” y el mismo artículo sostiene que “tanto el cierre como la creación requerirán informe previo del CIN”. Contrariando la LES, Casas expresa la voz del CIN que le reclama al Estado nacional que el mencionado “informe previo” sea vinculante. Dichos Rectores y tal cual se expresa en algunos comentarios del CIN en este y otras intervenciones públicas, cuestionan al sistema político argentino y sus instituciones al sostener reiteradamente que la universidad autónoma debe planificar las políticas del conjunto del Estado y que los ámbitos de expresión mayoritaria, en este caso el Congreso de la Nación y las comisiones de educación, deben mermar en sus facultades.
Tal cual se expresa diariamente en el funcionamiento de la Educación Superior, ésta concepción genera una escisión profunda entre la democracia de masas y sus representantes, y la universidad cogobernada que funciona, con pocas excepciones, sin generar ámbitos de coordinación con el conjunto del Estado y las organizaciones económicas, sociales o culturales de una región.
El Congreso es la expresión federal de la voluntad popular, buena o mala, pero innegablemente producto de la democracia de masas. No ocurre lo mismo con el cargo de Rector de una Universidad que nace de una elección producto de un conjunto reducido de actores de la comunidad. No desconocemos la opinión del CIN, pero si creemos que el debate de la planificación universitaria debe dar lugar, prioritariamente, al conjunto de actores de la comunidad nacional ligados a las políticas públicas, la producción y el trabajo. Los Ministros de las distintas carteras y en una acción conjunta con los legisladores y los representantes de las organizaciones de la producción y el trabajo de cada región, deben ser los encargados de formular y acompañar la política de creación de universidades. En este cuadro, el CIN puede dar su opinión que no por ser importante, tiene que dejar de ser “no vinculante”. El Congreso y el conjunto de los representantes de la política de la nación, son los depositarios legales y legítimos, que deben planificar la Política Universitaria que tiene que atender las necesidades del conjunto del país y no solamente, la opinión del grupo de universitarios que gobiernan las Casas de Altos Estudios.
Tras 25 años de política electoral de masas, estamos seguros de la importancia que implica reforzar la democracia atendiendo las decisiones de las mayorías para la formulación de las políticas de Estado: los temas universitarios no son la excepción. En este sentido es que el Estado y sus representantes de la elección popular, tiene que iniciar un debate profundo sobre la Planificación Universitaria Nacional y dicha cuestión no puede ser delegada a un grupo de Rectores. Asimismo, y tal cual lo expresamos en las “65 propuestas para refundar Otra Universidad”, consideramos central para la calidad de la democracia y la vida de los habitantes de la comunidad, que los representantes de la políticas públicas municipales y provinciales, conjuntamente a los de la producción y el trabajo de cada región, ingresen al gobierno de las Universidades. En su defecto, se corre el riesgo de implementar dos democracias: una de elites universitarias “autogobernadas” y distantes de la gente; y otra de mayorías populares expresadas en gobiernos que no encuentran canales para relacionarse con la Universidad que les da la espalda. Esta separación puede promover corporaciones universitarias desentendidas de los problemas de la región de la cual forman parte y solamente con más democracia podemos superar este obstáculo.

viernes, 13 de junio de 2008

Intelectuales y país en la antesala neoliberal: Morir con Rodolfo Walsh para resurgir desandando caminos

Iciar Recalde
Diciembre de 2007
Desacarga el libro completo:
Este escrito traza un recorrido por algunos aspectos y tópicos de cierta zona del campo intelectual de “izquierda”, que se tornaron fuertes en la conformación un tipo de intelectual colonizado en la Argentina de mediados de la década de 1980. En naciones del Tercer Mundo como la Argentina, donde la soberanía política, económica y cultural se encuentra sumida a los intereses de las grandes metrópolis imperialistas, encargadas de diseñar nuestras agendas de gobierno y de explotar el patrimonio nacional, la cuestión del rol de los intelectuales se torna medular. En este sentido, observamos que a lo largo de la historia nacional y en sus distintas variantes, los intelectuales han cumplido funciones fundamentales en la formulación de los mecanismos de dominación cultural, han sido factores activos en el proceso de constitución, como asimismo, en la puesta en crítica y posible reformulación, del estado de dependencia permanente de las naciones periféricas. Se trata del proyecto ideológico diseñado, plasmado y difundido por la revista de debate político La Ciudad Futura. Revista de cultura socialista, aparecida en el año 1986 y cuyas figuras fundamentales provenían de una trayectoria intelectual signada por un fuerte vínculo con la política de izquierda revolucionaria, como parte, por ejemplo, de la experiencia de la revista Pasado y Presente a mediados de la década de 1960. En el campo de la producción cultural nacional, La Ciudad Futura surgiría fuertemente asociada, tanto por el cruce de participantes como por la línea ideológica compartida, con la revista de cultura Punto de Vista y con el Club de Cultura Socialista fueron los espacios de discusión intelectual donde se operó la mutación político ideológica que emergió fuertemente consolidada años después en las páginas de La Ciudad Futura. Intentaremos en este escrito, trazar el recorrido de lo que podríamos denominar en términos de derroteros del intelectual colonial en un País del Tercer Mundo, en la medida en que comenzaremos nuestra exposición a través del bosquejo crítico del itinerario del grupo desde su conformación como tal, como asimismo a través de la centralidad que fueron cobrando ciertas figuras medulares del mismo en el campo intelectual y político de la Argentina de los años ´60 y ´70 (en los apartados “Contexto de surgimiento y formación del núcleo duro de La Ciudad Futura”, “Peronismo e izquierda armada”, “Intelectuales y lucha revolucionaria: contrapuntos”, “Algunas notas sobre la experiencia de Pasado y Presente”, “Pasado y Presente y los virajes políticos”, “Pasado y Presente y el Ejército Guerrillero del Pueblo”, “La experiencia de las Cátedras ´Marxistas´”, “La universidad en los años ´60” y “Montoneros, FAP y las Cátedras Marxistas”). Producido el golpe de Estado de 1976 (“Dictadura: algunas notas sobre economía, cultura e intelectuales”) analizaremos su accionar en el exilio mexicano (“La experiencia del exilio: la revista Controversia. Para el análisis de la realidad argentina”, “El marxismo del grupo de Pasado y Presente agoniza” y “Palabras preliminares: el grupo de Pasado y Presente en los ´80”) y posteriormente, centraremos nuestro interés de lleno en el período específico que seleccionamos para el análisis: las décadas de 1980 y 1990 a través de La Ciudad Futura, momento de materialización del proceso de colonización mental del grupo (“La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista”, “Corpus y figuras recurrentes”, “Intelectuales del compromiso con la derrota”, “Nosotros los socialistas”, “Condena al intelectual del compromiso”, “El grupo Esmeralda”, “Nosotros de izquierda: debates, enemigos políticos y focos centrales de crítica”, “Disparen contra la izquierda”, “Transición democrática y fantasma del golpe de Estado”, “La Ciudad Futura frente a las leyes del perdón alfonsinista”, “Avances y retrocesos del alfonsinismo: políticas del olvido”, “Acerca de la Ley de “Autoamnistía (Ley Nº 22.924)”, “Los Decretos 157/83 y 158/83”, “El juicio a las Juntas Militares”, “Traiciones radicales I: Ley Nº 23.492 (Punto Final)”, “Traiciones radicales II: Ley Nº 23.521 (Obediencia Debida)”, “La Ciudad Futura ante las leyes alfonsinistas”, “Los “debates” hacia el seno de la revista”, “Alfonsinismo y modelo democrático: democracia y después”, “Los años de Menem”, “Variación I: revisión del peronismo histórico”, “Variación II: la cuestión económica”). Para quienes creemos que toda práctica cultural de revisión del pasado tiene como fin ejercer la memoria, actuarla y actualizarla como una forma de militancia tendiente a modificar un presente de injusticias, estas páginas intentarán dar cuenta del recorrido por un proyecto que logró instalar un modelo de intelectual colonizado, posibilista, progresista en el discurso pero reaccionario en la práctica política, ferviente defensor de las “reformas estructurales“ que beneficiaron a las minorías, pero escéptico a todo lo que no era propuesto por el neoliberalismo y, que a pesar de estar siendo discutido en la actualidad, posee aún una fuerte carga de legitimidad en el imaginario social y en las distintas instituciones productoras y reproductoras de la cultura y que, creemos, debe ser combatido desde todos los frentes en la conformación de un intelectual identificado con los intereses de las mayorías populares, o tal como quería Gramsci, orgánico a las clases subalternas. Al presente, en el marco de las luchas de las Organizaciones Libres del Pueblo por volver a forjar un proyecto de liberación nacional, estas páginas intentarán ser, como muchas otras que se escriben hoy incesantemente, meramente un poco de tinta y papel al servicio de ese proyecto.
Descarga el libro:

martes, 10 de junio de 2008

Literatura Nacional




AVENTURAS DEL CABO LAGUNA

"Primera parte de una saga criolla" (descarga Cap. 1 a 3 del libro)
Manuel Ares, 2008.-

PRÓLOGO
Ernesto Jauretche, marzo de 2008.-

En 1975, cuando ya podía darse por cierta aquella aseveración de Lenin de que lo realmente difícil de una revolución viene cuando se llega al poder, Rodolfo Walsh convocó a un grupo de intelectuales para poner de manifiesto su idea de que era urgente empezar a producir: “Si ganamos -dijo- vamos a escribir la historia; pero si perdemos habrá un genocidio cultural”. La exhortación a trabajar para dejar evidencia de nuestro proyecto revolucionario no estaba dirigida a los cientistas sociales: “La historia se va a refugiar en las artes -afirmó-. Sobrevivirán la poesía, la literatura, la música, la plástica; sólo la ficción dará testimonio de lo que somos y de lo que soñamos”.
Un caso típico de esto es el apasionante relato de Pantaleón Rivarola en “Las atroces invasiones inglesas” de 1808. Casi único original en castellano, el poema da detallada cuenta del heroísmo desplegado por la población del río de la Plata en aquella ocasión. Valga como muestra algunos versos:
En el campo que se nombra
de Perdriel, por una hacienda,
cuyo dueño así apellida,
………………………………
algunas gentes armadas
de fusil y bayoneta
con dos tristes cañoncitos,
sin avantren ni cureñas
se iban juntando sin orden,
sin guardias ni centinelas,
para unirse con el cuerpo
de tropas que ya se espera.
El General Beresford
que esto sabe con certeza,
el día menos pensado
de noche el viaje acelera
con tren de volantes fraguas,
y sobre toda esta fuerza
quinientos de sus soldados
con sus sables y escopetas.
Los nuestros que descuidados
dormían a rienda suelta,
reciben secreto aviso
que el inglés armado llega.
………………………….
Pero, ¡oh valor español!
superior a cuanto pueda
referirse en las historias,
en fábulas y poemas!
Cuarenta y nueve resuelven
mantenerse en la palestra,
y sostener el ataque
de toda la gente inglesa.
Dijeron, y luego al punto
se preparan a la guerra.
¡Viva España! Dicen todos,
y muera la Inglaterra.
………………………….
Aquí, finalmente todos
como unos héroes pelean;
nadie muere, y se retiran
con orden y gentileza,
dejando en el campo algunos
muertos de la gente inglesa.

Rescatado contemporáneamente por Osvaldo Guglielmino como texto precursor de la poesía gauchi-política, no han trascendido otras pinturas realistas sobre los acontecimientos vividos en esta colonia del Río de la Plata en 1806 y 1807. No es casual. La historia es el manantial de donde los pueblos abrevan para armar la mano y las conciencias en la inmanente lucha por la justicia y la libertad. Oscurecer las causas, ocultar los protagonismos, distorsionar los contenidos de la historia es obra destinada a eliminar ejemplos para emular en el presente. Parece mentira que se pueda llegar a tales extremos, pero lo que fue una epopeya heroica y victoriosa ha trascendido apenas como un rezagado episodio casi intrascendente de nuestra prehistoria; cuando no las aviesas intenciones lo convierten, a la larga, en una derrota de nuestras luchas: ¿acaso no hubiera sido mejor que los ingleses hubieran ganado?
Y así con todos los triunfos populares. ¿No pertenece acaso a nuestra historia el 2 de mayo de 1808, cuando la corajuda insurrección de Madrid da origen a las guerras de la independencia contra la dominación napoleónica? ¿Es casual que el mismo destino corran la resistencia de Felipe Varela a la Guerra del Paraguay y la defensa de la soberanía sobre nuestros ríos en la Vuelta de Obligado en el siglo XIX o las contiendas sociales de anarquistas, socialistas y comunistas de principios del XX? ¿Para qué mencionar el “olvido” de los educadores del 17 de octubre de 1945? No. No importan lo torrentoso que fueren lo caudales de sangre que hayan derramado: los pueblos no pueden tener pasado.
Por eso, la imaginación también hace historia.
Otros testimonios que reafirman la autenticidad del relato del sacerdote (silenciado además por haber sido confesor de Juan Manuel de Rosas) amplían las fuentes que dan lugar a la ficción fundada en el presentimiento de cómo fueron los hechos que protagonizaron los pueblos del virreinato del Río de la Plata durante las “invasiones inglesas” (en rigor, “británicas”). Francisco Saguí, en su colección de obras y documentos, cita a un testigo presencial de aquella epopeya: “La tarea la realizaron guerrillas que voluntariamente se formaban y destacaban los mismos vecinos, particularmente los miñones que sin orden ni disciplina acechaban y avanzaban con puñal en mano matando a los centinelas avanzados”.
Parece cierto sin lugar a dudas que grupos de resistencia se organizaron en la ciudad y sus alrededores (el temido “ejército invisible” de Alzaga, Setenach y Esteve y Llach): existieron planes para volar el Fuerte y pasar a degüello a los rubios custodios del cuartel de la Ranchería. Desde Chuquisaca y Potosí, los patriotas apresuraron su regreso; en la Banda Oriental del Uruguay, el Gobernador Pascual Ruiz Huidobro convocó y entregó armas a la población.
En los bufetes de los abogados y contadores, en las trastiendas de los comercios, bullían las actividades conspirativas. Algunos destacados ciudadanos, de lograrse la expulsión del invasor, preparaban la convocatoria a Cabildo Abierto para juzgar a Sobremonte, derrocarlo y elegir autoridades entre quienes se hubieran hecho cargo de la reconquista; por lo menos hasta recibir nuevas instrucciones de la Corona. La idea de gobierno propio ya estaba cundiendo, aun antes del resultado de la batalla.
En aquellos años, en el vasto territorio de imprecisos límites que se daba en llamar Buenos Aires, los caminos conducían a un puerto. Pero era principalmente el puerto del Tucumán y del enorme y riquísimo conjunto de las posesiones españolas, que abarcaba regiones donde hoy se reconocen países enteros, como Bolivia, Paraguay, Uruguay y parte de Chile y de Brasil. La ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato, cuya mayor importancia era de orden político, era un poblado administrativo y comercial menor en ese contexto. Es claro, entonces, que el objetivo perseguido por los ejércitos imperiales británicos no se limitaba de manera alguna al dominio de la Ciudad; ésta era sólo la puerta de la fabulosa fuente de recursos materiales y humanos que hoy mismo sigue asechada por los ávidos apetitos del capitalismo globalizado.
Hacendado prestigioso y de vasta y buena familia de San Isidro, Juan Martín de Pueyrredón viajó a Montevideo para entrevistarse con Ruiz Huidobro y Liniers. Allí se decidió su regreso a Buenos Aires para reclutar gente de la campaña y apoyar el desembarco de las tropas provenientes de la Banda Oriental. Reunió paisanos, reseros, hombres de trabajo, de 200 kilómetros a la redonda, trayecto luego conocido como “Camino de las Cuarenta Leguas”: unos trescientos varones armados a sus propias costas, con montado, apero, provisiones y armamento. Y los concentró en la Villa de Luján. Las autoridades locales, al notar que la tropa no tenía divisa, hicieron entrega del estandarte oficial del Cabildo. El párroco, Padre Vicente Monte Carballo, rezó una misa, y entregó a cada gaucho unas cintas celestes y blancas de 38 centímetros: “Las medidas del altor de la Virgen”. Esas cintas sirvieron de distintivo, ya que los valientes paisanos vestían ropas de uso ordinario.
A la espera de Liniers y su gente, Pueyrredón resolvió vivaquear con sus hombres en la chacra de Perdriel (hoy Museo José Hernández, en Villa Ballester), propiedad del padre de Manuel Belgrano. Al tanto de ello, Beresford ordenó al coronel Denis Pack, jefe del Regimiento 71, al frente de 500 soldados de línea, reducir a los sublevados. En la madrugada del 1º de agosto de 1806, los ingleses atacaron sorpresivamente el campamento patriota. La tropa criolla, sin uniforme, sin armas de fuego, sin instrucción, pero decidida y valerosa, intentó resistir, pero no tardó en desbandarse ante el arrollador asalto de la experimentada infantería invasora. No obstante, Pueyrredón y un grupo de paisanos se lanzaron contra las líneas enemigas. Sorprendieron a los británicos flanqueando su formación e intentaron apoderarse de algunas piezas de artillería. En el audaz ataque el caballo de Pueyrredón recibió una descarga y se desplomó, despidiendo al jinete que, con destreza propia de un centauro, cayó de pie. Al instante otro gaucho, acercándose al galope, levantó a su jefe en ancas y lo retiró del campo, salvándole la vida. Era Lorenzo López, alcalde de Pilar, que juega un papel destacado en estas Aventuras del Cabo Laguna. La heroica acción no alteró el resultado del combate, pero los gauchos que desplegaron este primer ataque demostraron la vulnerabilidad de los invasores.
Esa tropa, precursora de los ejércitos patriotas, se sumó luego a los hombres que al mando de Liniers desembarcaron en el Tigre y fue protagonista de la heroica Reconquista de la Ciudad de Buenos Aires y también en la Defensa de 1807. Luego, participó en los acontecimientos políticos que gestaron la Revolución de Mayo y en todos los sucesos que desembocarían en un curso histórico definitivo y por fin triunfante: el de la Emancipación Americana.
Las pinturas más vívidas de la bravura con que la capital del virreinato se defendió del invasor provienen del propio enemigo. Contamos con la fiel evidencia de Alexander Gillespie, relator del ejército invasor, que describe la derrota de Beresfod a manos del improvisado ejército organizado por Liniers: “Su ejército se precipitó como torrente a la gran plaza (...) prorrumpiendo en el alarido más horrendo y arrastrando muchos cañones que se emplazaron a cincuenta pasos del portón (...) El capitán Quintana, ayudante del general Liniers (...) animosamente subió a las murallas y, abriéndose el chaleco y extendiendo ambos brazos en toda su longitud, parecía ofrecerse como víctima del furor desenfrenado de la plebe, y con gestos expresivos censuró su indisciplina con resultado instantáneo”.
El júbilo de la victoria del 12 de agosto de 1806 sobre los británicos fue tan inmenso como la admiración por el jefe que había acaudillado la victoria. Pero la escuadra inglesa continuaba dueña del río, esperando refuerzos para intentar el desquite. Ante la inminente amenaza, el 9 septiembre de 1806 Liniers, nombrado Gobernador Militar, emitió un Bando conforme a la ley de milicias que lo autorizaba a convocar al servicio militar a “Todos los vecinos y los extranjeros con más de cuatro años de residencia o casados y con bienes en el país". Los citó a la Real Fortaleza “A fin de arreglar los Batallones y Compañías, nombrando los Comandantes y sus segundos, los Capitanes y los Tenientes, a voluntad de los mismos cuerpos”. Y advirtió: “Ninguna persona en estado de tomar las armas dejará de asistir, so pena de ser tenida por sospechosa y notada de incivismo...”
Se crearon entonces una veintena de cuerpos voluntarios de todos los estamentos que elegirían por votación a sus jefes. Se alistaron criollos y españoles europeos, ricos y pobres, amos y esclavos, comerciantes y artesanos, profesionales y sirvientes, hacendados y paisanos, labradores y funcionarios, militares y sacerdotes, dispuestos nuevamente a comprometerse por su dignidad; hasta los indios se ofrecieron por medio del Cacique Catemilla a formar cuerpos de caballería.
Sobre la organización de las fuerzas milicianas de servicio obligatorio se formaron cinco Tercios de Infantería (vizcaínos y castellanos, montañeses, gallegos, andaluces y catalanes, y los hijos de estos españoles que se incorporaron al tercio correspondiente al origen de sus padres), que incluyeron la Legión Patricia (de la Patria, Buenos Aires), los Arribeños (del Alto Perú), los Castas (pardos, morenos e indios), los Granaderos y los Cazadores Correntinos; la caballería, que se organizó en tres cuerpos de Húsares, Migueletes y Labradores (donde se alistaron las gentes de las orillas); y por último, los Milicianos Artilleros, el Regimiento Unión (de criollos y catalanes) y una Maestranza, todos compuestos con voluntarios reclutados entre el pueblo insubordinado. Al mando de Saavedra, Pueyrredón, Martín Rodríguez, Murgiondo y otros iniciados en las artes militares, sirvieron como oficiales empleados, abogados, comerciantes y poetas como Belgrano, Viamonte, Díaz Vélez, Vicente López y Planes, Medrano, Chiclana, French. Además de la inexperiencia de estos oficiales, apenas una décima parte de esas fuerzas eran soldados veteranos.
Cuyo aportó caballos y jinetes. Tucumán mulas y carruajes. Del Paraguay y Corrientes llegaron contingentes organizados. Provenientes de Perú y Chile arribaron a la Ciudad dos mil quintales de pólvora.
La participación del pueblo en la Reconquista no se redujo a arriesgar la vida en los combates. Martín de Alzaga, fuerte comerciante del puerto y Alcalde de Primer Voto en el Cabildo, exigió a la población de la ciudad “contribuciones patrióticas” y “donativos individuales”. La obligación reunió más de un millón de pesos plata. Con esos recursos compró caballos, atalajes y cureñas para los cañones y pagó importantes cifras en la manumisión de esclavos. Luego puso a trabajar al pueblo de la ciudad y al crecido número de paisanos de las afueras instalados en ella esperando el reclutamiento: creó una maestranza para fabricar uniformes, arneses y espadas y reparar dos mil fusiles inservibles, fundir balas con materiales que donaron los vecinos, construir cuadras para la caballería, baterías, reductos para la artillería, etc. Al mismo tiempo, se imprimieron proclamas, órdenes, poesías épicas y, del teniente miliciano Vicente López y Planes, su poema “Triunfo Argentino”, que inflamaron espiritualmente a la población. La tarea no era fácil: “(…) Encuentra burlas y reticencias de la gente principal”. Así lo recordará Liniers: “¡Qué no trabajaría yo en los 11 meses después de echar a los ingleses de Buenos Aires para hacer guerrero a un pueblo de negociantes y ricos propietarios! (...) El dependiente era más apto que el patrón (...) Aproveché la confianza que me adquirieron mis servicios a los habitantes para hacerlos capaces de defenderse contra todos los esfuerzos de la Gran Bretaña para vencerlos”.
En una oscura conspiración, para esos días -y en vistas al inminente segundo desembarco- se produjo la fuga de los prisioneros ingleses (entre ellos, Beresford y Pack) que esta novela evoca. Los oficiales de alto rango confinados en Luján en virtud de los compromisos que supuso la capitulación de su ejército, violaron el compromiso de su palabra de honor y protagonizaron un indecoroso proceder, en complicidad con traidores y contrabandistas criollos y españoles. El hecho desató un repudio unánime en la ya encolerizada sociedad de la época. Además, durante los casi cinco meses del nuevo asedio al Río de la Plata, los ingleses acometieron una invasión mucho más sutil y silenciosa: los puertos se vieron abarrotados de buques mercantes, contrabandistas que desembarcaron toda clase de mercancías de su industria a precios ínfimos; mientras la población era hostigada con propaganda que insistía sobre las libertades que gozarían los habitantes del virreinato del Río de la Plata como súbditos de Su Majestad Británica.
Los primeros días del año 1807, las fuerzas imperiales reiniciaron su ofensiva militar a bordo de la flota más grande jamás vista por estas latitudes. El 5 de enero la expedición del Brigadier Samuel Auchmuty llegó a la Banda Oriental. Pretendía asegurar una cabeza de playa en Maldonado pero se lo impidieron las guerrillas gauchas. El jefe británico resolvió entonces apoderarse de Montevideo, a la que atacó con máxima violencia a partir de la mañana del 2 de febrero. Se combatió toda la noche. La heroica resistencia fue doblegada y los ingleses terminaron colándose por una brecha abierta a cañonazos en la muralla hacia el amanecer del día 3. La Ciudad vivió momentos de terror por el saqueo de la soldadesca británica que asoló a Montevideo. Hubo 800 muertos y un millar de heridos y Pascual Ruiz Huidobro, gobernador y comandante de la plaza, cayó prisionero.
La noticia de la caída de Montevideo desencadenó en Buenos Aires una ola de indignación contra Sobremonte, otra vez inepto y ahora sospechoso de traición. Liniers convocó a Junta de Guerra bajo presión del pueblo reunido en la Plaza. ¡Viva el Rey! ¡Muera el Virrey!, bramaba la multitud. Dentro del Cabildo, Alzaga reclamó la deposición de Sobremonte “Porque ante el peligro, no hay más ley que la salvación del pueblo”. El 17 de febrero el Virrey fue arrestado, sentándose el antecedente de la Revolución que sobrevendría tres años más tarde.
El 28 de junio de 1807 los ingleses desembarcaron sus fuerzas a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires, en la Ensenada de Barragán: esta vez, fueron 12 mil hombres expertos y disciplinados, al mando del laureado General John Withelocke. Y el 2 de julio la vanguardia británica llegó hasta la costa del Riachuelo; mientras, otras columnas inglesas chocaban las fuerzas de Liniers: en los Corrales de Miserere, entrada oeste de la Ciudad, los novatos cuerpos de milicia popular tuvieron su bautismo de fuego, aunque no consiguieron detener al invasor. Sin embargo el Cabildo, por moción de Martín de Alzaga, dispuso la defensa de la ciudad, con la colaboración de todos los habitantes: se levantaron parapetos de tierra y tercios de yerba retobados y se cavaron trincheras en las esquinas; con las piedras se improvisaron proyectiles que se subieron a los techos; se distribuyeron estratégicamente las baterías de cañones, se convirtió a las casas en fortalezas y se iluminaron las calles como en las grandes fiestas. Nadie dormía ni descansaba en Buenos Aires. Trabajaron todos: esclavos y libres, blancos, negros y mulatos. Las azoteas próximas a la Plaza fueron ocupadas por tropas con armas, municiones, granadas y los llamados “frascos de fuego”; los vecinos colocaron muebles pesados, objetos grandes y jarras donde cargar grasa caliente para arrojar a los invasores. Con una ciudad lista para resistir, se acantonaron las escasas, bisoñas y mal armadas tropas en los puestos de combate.
El domingo 5, a la madrugada, Whitelocke lanzó el asalto a la capital del virreinato desde la actual Plaza Once con 8500 hombres repartidos en trece columnas, que debían avanzar por calles paralelas hasta la Plaza Mayor. Las centrales fracasaron contra las azoteas de las viviendas y las trincheras defendidas por la población: cada hombre, mujer, anciano y niño, de cualquier condición, fue un soldado. El avance británico se hizo a costa de grandes bajas, casa por casa.
El Regimiento 88° capituló frente a los “Arribeños” en la esquina de las actuales calles Sarmiento y Maipú; la caballería quedó encerrada por el fuego patriótico en la Plaza Lorea; el mayor Cadogan rindió su columna ante los “Patricios”; Crauford y Pack lo hicieron al cabo de un violentísimo combate ante Liniers en Santo Domingo. Al caer de una tarde fatídica, la reserva invasora se desplazaba dificultosamente desde el Riachuelo por la calle larga de Barracas (Montes de Oca) en infructuoso empeño.
Sólo la columna inglesa norte, por avanzar entre casas de adobe y las orillas de las quintas, estuvo a punto de alcanzar un efímero objetivo: la Plaza de Toros y el Cuartel del Retiro; pero con un heroísmo sin par, la Legión de los Patricios, los Marinos y los Pardos y Morenos junto a la Compañía de Granaderos del Tercio de Gallegos, terminaron por imponerse a los invasores, que los triplicaban en número, al fin de horas de combate. Al llegar la noche el fuego cesó en tregua caballeresca. Hasta ese momento, el enemigo había perdido, entre muertos, heridos y prisioneros, la mitad de sus tropas. Y la situación se había revertido: ahora eran los ingleses quienes se defendían del ataque de los patriotas.
Al cabo de diversas alternativas, el jefe de la fuerza invasora parlamentó ante Liniers. Al mediodía del martes 7 de julio de 1807 se firmó la capitulación británica y el cese de hostilidades, con la condición de devolución de los prisioneros, reembarco de las tropas invasoras y entrega de Montevideo. Los criollos tenían 200 muertos y 500 heridos e innumerables bajas, calculadas en dos mil, en la población civil. Pero habían vencido. Las campanas echaron a vuelo, los vecinos se abrazaron en las calles, las tropas descargaron sus fusiles al aire.
La más impresionante y a la vez más insospechable descripción de esta batalla, es la que surge de la defensa que el General Whitelocke interpone ante la Corte Marcial que se le incoa por la derrota en el Plata, recientemente traducida al castellano, y sobre la que vale la pena extenderse: “(…) No teníamos, al llegar yo a Sudamérica, ni un sólo amigo en todo el país (...) toda la población nos fue hostil desde el principio (...) la gente, sin excepción, era adversa a nosotros (…)” declara Whitelocke. “Esperé, al llegar -confiesa el comandante británico- encontrar una gran proporción de los habitantes preparados para ayudarnos en nuestros objetivos, información exacta para planear las futuras operaciones -se refiere al propósito de avanzar sobre el interior del virreinato, ya que Buenos Aires era apenas la cabecera de puente de la invasión- que surgiese de un trato amistoso con ellos, y un cuerpo de caballería formado, o al menos los medios para formarlo. Encontré un país completamente hostil, en el cual no podíamos, sea por medios conciliadores o por interés, obtener un amigo que nos asistiese o aconsejase, o nos procurase la menor información (...) sino que la única disposición manifestada a tal respecto por el general Elío, durante toda la conversación con el mayor Roache, fue una indisimulada e inequívoca determinación de no rendirse, y ni siquiera permitir hablar sobre términos (...) Por lo tanto, esperábamos una fuerte resistencia. (...) Se puede citar una multitud de ejemplos en que una cierta proporción de la población joven y activa ha incrementado los efectivos de la defensa, pero en general la población siempre ha dificultado, en lugar de asistir a los esfuerzos de un ejército defensor. Nadie, diría yo, puede presentar un ejemplo como el actual, en el cual no hay exageración alguna en decir que cada varón del lugar, sea libre o esclavo, peleó con una resolución y una perseverancia que no podía esperarse, incluso por el entusiasmo de la religión o el prejuicio nacional, o la más inveterada e implacable hostilidad. Estoy dispuesto a confesar que no había contemplado la posibilidad de tal resistencia, llevada a cabo por toda la población. (...) El objetivo era atravesar la ciudad, tan rápidamente como fuera posible, de manera de entrar en contacto con los soldados españoles, considerando a los habitantes menos merecedores de atención. (...) Admito que, si yo hubiera previsto la desesperada resistencia del enemigo, no habría realizado ese ataque.” Por fin, Sir John Whitelocke, reconoce que, a la hora de la capitulación: “Yo estaba convencido, y sobre esto el general Grower y sir Samuel Auchmuty coincidían conmigo, de que la captura de la ciudad no hubiera reportado, en las circunstancias en que estábamos, ningún beneficio; y era dudoso que hubiéramos podido mantenerla, en caso de haberla tomado (…)”
Gabriel Di Meglio en “Viva el bajo pueblo” refiere que, después de la Defensa, “Liniers invitó a almorzar con él al Cabildo, al obispo y a la audiencia, pero también a los comandantes de cuerpos, junto a un capitán, un teniente, un alférez, un sargento, un cabo y un soldado de cada uno; es decir, a todo el Buenos Aires masculino”. Luego, este autor concluye: “La experiencia de la lucha contra los ingleses determinó la forma en que los porteños se pensaron de ahí en más y el modo en que miraron los acontecimientos posteriores.”
Es que aquellos hechos no sólo confirmaron la aptitud que la población tenía para la guerra: es principal destacar el componente político que hizo posible la expulsión del inglés. Ante el invasor, que venía a imponer un nuevo vasallaje y más actualizadas formas de explotación económica, primó por encima de todo: LA UNIDAD. La victoria fue posible porque se disolvieron los estamentos, se refutó la esclavitud, se igualaron las fortunas, se equipararon los patrimonios: un gaucho alzado o un indio y un patricio hacendado o un comerciante pasaron a valer lo mismo: un caballo, un cuchillo y un fusil.
Aquellos paisanos, y entre ellos Martín Miguel de Güemes, Juan Manuel de Rosas, José Gervasio Artigas, Juan Bautista Bustos y Manuela la Tucumanesa, paraguayos, chilenos, peruanos y, por supuesto, orientales que participaron de la Reconquista, pobres y ricos, campesinos, productores, contrabandistas, mercachifles o artesanos, criollos y españoles, indios, negros, zambos y mulatos, de la campaña bonaerense y del interior del virreinato, fueron los verdaderos protagonistas de aquella epopeya y quienes generaron las condiciones para el éxito de la Revolución de Mayo.
El combate y lo que se desencadenó luego apuntalarán el acerto de que el pueblo hace la historia.
Hacía falta un Manuel Vázquez Montalbán criollo para que contara nuestro “día de cólera.” Matizado con una historia de amor, gracias a la pluma gaucha de Manuel Ares que escribe lo que muchos argentinos intuimos que ocurrió en aquellas jornadas, aquí lo tenemos.


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