viernes, 10 de febrero de 2012

La crisis de Europa: la experiencia llega tarde y cuesta cara

Aritz Recalde, febrero 2012


Analizando como se están dando los debates sobre la crisis en España, Italia o Grecia, uno no puede dejar de asombrarse de la falta de propuestas alternativas planteadas a la debacle en que se ven inmersas las metrópolis.

En este contexto, Alemania bajo la figura de Angela Merkel, hace y desase los programas de gobierno de los Estados en el continente. Lo que llama la atención, no es simplemente el silencio y la sumisión de gran parte de los gobiernos frente a la imposición de los onerosos planes alemanes. En realidad, lo que es digno de resaltarse, es que Ángela Merkel obliga a los gobiernos a aplicar una de las ideologías más perniciosas de la historia de occidente: la ciencia económica liberal. Ésta última, es una ideología metropolitana propia de los siglos XVIII y XIX y se suponía, ya estaba superada a mediados del siglo XX. O por lo menos, daba la sensación que las potencias que crearon y que difundieron ese pensamiento, no iban aplicar dicho veneno a sus economías y a sus sociedades. Extrañamente, los europeos hoy imponen y padecen, las recetas del programa neoliberal que ellos mismos generaron y que exportaron al tercer mundo, condenándolo al subdesarrollo y a la dependencia estructural.

Los planes de ajuste impuestos a España, a Grecia o a Italia, expresan lo lejos que están de desaparecer las rivalidades históricas entre los Estados y naciones miembros de la Unión Europea y de la eurozona. En el marco de dichas disputas, todo parece mostrar que Alemania es quién conduce la desunión europea. Por como impone los programas al conjunto de gobiernos, da la sensación además, que y finalmente, Alemania ganó la II guerra. La desunión europea actual tiene en Angela Merkel, a una nueva Margaret Thatcher liberal. Ésta última, conjuntamente a George Bush, habían sido la cara visible que encabezó la tiranía mundial neoliberal, que fue aplicada al cobayo América Latina.

En la ciencia económica liberal, la política nacional y las decisiones soberanas de los pueblos, son abandonadas para aplicar el programa de saqueo de los organismos privados financieros y de un conjunto de metrópolis vinculadas. En ese contexto, la posibilidad de aplicar cualquier debate profundo sobre una nueva política macroeconómica de cambio de estructura, cede paso al subjetivismo. La razón política, en los argumentos de dicha ideología, deja lugar a una justificación de cariz psicológica. Todas las acciones a promover se tratarían de un problema de confianza y de percepción de los actores económicos. La solución a la recesión o la quiebra de empresas, necesitaría más bien psicólogos, que políticos o que economistas. Hay que bajar salarios y eliminar derechos sociales, para que el mercado tenga confianza e invierta. Hay que dar gestos a los mercados y por eso se trata de privatizar empresas o de expulsar empleados públicos. Como en otras épocas de la humanidad, se trata de inmolar personas para idolatrar a un dios. En este caso, están sacrificando poblaciones enteras, para rendir tributo al todopoderoso mercado.

En plena crisis y retrocediendo un siglo en la historia de los debates económicos, gran parte de los europeos declaran públicamente la muerte de la política. Por ejemplo y paradójicamente, de la misma tierra en que nació uno de los fundadores de la ciencia política como fue Maquiavelo, surge un personaje del perfil del primer ministro Mario Monti, que se expresa públicamente como un “técnico” que se propone sacar el país de la catástrofe, aplicando matemática neoliberal y señales a los mercados. En pleno desastre económico fruto de la especulación financiera, son los gerentes y tecnócratas de los mismos bancos que las generaron, los protagonistas de las supuestas soluciones.

Los promotores del liberalismo, están siendo devorados por un programa que destruyó el sur del planeta. Si la dimensión de la crisis aún no fue más grave, es gracias a la expoliación y el saqueo del tercer mundo, con el que financian los seguros y los subsidios de desempleo con los que postergan el enfrentamiento social que va a originar el paquete de medidas aplicadas.

El neoliberalismo ejecutado a fines del siglo XX en gran parte de los Estados latinoamericanos, fue impuesto luego de las dictaduras de los años setenta y ochenta. El liberalismo en su versión clásica o neoliberal, es una ideología que en nuestro continente está bañada de sangre. El balance de la aplicación de esa política, le costó a la región más de 30 años de estancamiento, una tenebrosa inequidad y la consolidación y la profundización, de un subdesarrollo estructural y permanente. Por suerte para el presente y el futuro de la región, las organizaciones libres del pueblo aprendieron de la trágica experiencia. Tomando distancia de las medidas que llevan a la catástrofe a Europa, América Latina aplica políticas de Estados centradas en cuestiones denostadas por los tecnócratas, como son la economía real, la industrialización, el mercado interno, la soberanía popular o la justicia social.

Parece que en Europa, lamentablemente, la experiencia llegará tarde y costará cara.

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