martes, 17 de septiembre de 2019

Reformistas radicales y reformistas peronistas: debates parlamentarios y nueva legislación entre 1946 y 1955

 Ernesto Villanueva y Aritz Recalde, mayo 2019

REVISTA PENSAMIENTO UNIVERSITARIO


Contexto político y cultural de surgimiento del peronismo
Juan Domingo Perón accedió a la Presidencia luego del triunfo electoral del 24 de febrero del año 1946. El instrumento político que lo llevó a la primera magistratura se compuso de un entramado pluriclasista, pluripartidario y pluriideológico.
El Justicialismo canalizó históricas demandas sociales y culturales de los trabajadores, entre las cuales se destacó el ingreso gratuito e irrestricto a la universidad consagrado en noviembre del año 1949. Además, se creó la Universidad Obrera Nacional, orientada a favorecer el ingreso de los hijos de la familia trabajadora. El pujante empresariado nacional requería nuevas demandas de capacitación y de formación profesional y en la etapa se impulsaron las disciplinas tecnológicas y las líneas de investigación ligadas al nuevo patrón de desarrollo industrial.
El Justicialismo organizó una estructura partidaria con miembros de distintos orígenes ideológicos. Ya desde 1943, Perón entabló un vínculo con dirigentes del socialismo y miembros de esa fuerza participaron en la creación del Partido Laborista que fue un instrumento fundamental de la campaña electoral. Los socialistas Atilio Bramuglia y Ángel Borlenghi ocuparon la titularidad de la Cancillería y del Ministerio del Interior desde 1946. Además de dirigentes originarios de la izquierda, del Partido Independiente (conservadores) y de sectores nacionalistas, el peronismo integró a un importante grupo de miembros de distintas corrientes de la Unión Cívica Radical (UCR).  El Vicepresidente de Perón desde 1946, Hortensio Quijano, fundó la UCR Junta Renovadora (UCR-JR) y con este sello alcanzaron la banca de la Cámara de Diputados de La Nación 27 legisladores. Se sumaron al Justicialismo otros 10 diputados de distintas corrientes internas del radicalismo, en un bloque partidario compuesto de 109 miembros (CEHP 2019). Un grupo de radicales de FORJA ocupó lugares importantes de la administración de la Provincia de Buenos Aires (Godoy 2015).
Es interesante remarcar que al momento de tratar el Proyecto de Ley Universitaria en 1947, representaron al Justicialismo varios diputados de origen UCR-JR. Dichos legisladores eran docentes y académicos como Raúl Bustos Fierro (UCR-JR Córdoba), José Luis Moreno (UCR-JR Mendoza), Ricardo Guardo (UCR-JR Capital Federal) o Leonardo Obeid (UCR-JR Córdoba). Estos radicales tuvieron una influencia fundamental en la organización universitaria de la etapa, que adquirió marcados rasgos reformistas.
El peronismo fue un movimiento pluri-ideológico y lo integraron católicos, judíos, musulmanes y dirigentes marxistas y agnósticos. Esta diversidad estuvo estrechamente vinculada a la estratificación social de la Argentina, edificada con la afluencia de inmigrantes de diversas comunidades étnicas y nacionales. Tal cual documentó Raanan Rein, el peronismo protagonizó una experiencia de asimilación cultural sumamente exitosa (Rein 2007 y 2018). Si bien la iglesia católica aumentó su influencia en el área educativa ya desde los años treinta, las seis universidades argentinas durante el peronismo mantuvieron su condición de instituciones con una amplia pluralidad religiosa, étnica y partidaria (Recalde 2016) (Puiggrós 1993) (Dercoli 2014).

La política nacional ingresa a la universidad
La Revolución de 1943 y el posterior ascenso del peronismo dividió a todas las fuerzas partidarias y la disputa política nacional se trasladó al seno de las universidades. Uno de los escenarios de la disputa fue la campaña electoral de 1946, en la cual se movilizaron docentes y estudiantiles en ambas expresiones electorales. La FUA y las federaciones de Buenos Aires y del Litoral integraron las columnas de la Unión Democrática y encumbradas autoridades académicas firmaron una solicitada auspiciando la detención de Juan Perón y el traspaso de poder a la Corte Suprema de Justicia.
En el contexto del debate de la Ley Universitaria del año 1947 se produjeron fuertes debates y acusaciones cruzadas que revelaron el alto grado de politización de la Educación Superior que el peronismo no inventó, pero que innegablemente potenció. Hubo profesores y estudiantes de origen e ideario radical y socialista en ambos espacios políticos, aunque las conducciones de la UCR y del Partido Socialista se manifestaron en pública oposición a Perón. Por ejemplo, en el recinto de la Cámara de Diputados el radical Alfredo Calcagno cuestionó la vinculación con el conservador Patrón Costas que tenía el interventor de la UNLP de 1944, Ricardo Labougle. El dirigente justicialista originario de la UCR- JR, Eduardo Colom, le respondió acusándolo de que los rectores universitarios concurrieron a un banquete con el embajador de los EUA, Spruille Braden (Sesiones Cámara de Diputados 1947: 702).
Durante la etapa se crearon  nuevas agrupaciones y el oficialismo impulsó la Confederación General Universitaria (CGU), la Agremiación del Profesorado Universitario (ADA) y la Confederación General de Profesionales (CGP), que oficiaban como la contracara de la Federación Universitaria Argentina (FUA) y de los Colegios Profesionales ligados directamente a la oposición partidaria nacional.
Esta situación derivó en renuncias, cesantías docentes y en enfrentamientos entre los grupos identificados con el oficialismo y con la oposición. Las tensiones en la universidad de 1946, fueron análogas a las disidencias de la UCR con los conservadores de Córdoba en el año 1918.  La diferencia entre ambos procesos es que el peronismo supuso una continuidad mayor con la institución reformista , a diferencia de esta última tradición que rompió más tajantemente con las autoridades y con los académicos anteriores al radicalismo (Recalde 2016).

Si bien esa disputa malgastó esfuerzos y conllevó a que valiosos académicos se alejaran de la universidad, no impidió el desenvolvimiento de un proyecto científico y tecnológico sumamente importante para la institución hasta nuestros días. Lamentablemente para el país y para la comunidad académica en particular, esta lucha entre partidos nacionales y corrientes universitarias siguieron y se radicalizaron durante el periodo y culminaron en el golpe de Estado de 1955 que expulsó a numerosos profesores y autoridades de las universidades. Incluso, el estatuto de la UBA de 1956 estableció la prohibición de la cátedra para quienes se identificaran con el peronismo.  


Los Planes Quinquenales y la Constitución Nacional de 1949
“La enseñanza impartida hasta el presente ha tenido un carácter enciclopedista, y nosotros debemos ir a la especialización. Hacen falta especialistas y no los hay (…) La mejor colaboración que pueden prestar los profesores al Plan Quinquenal es estudiándolo para ver cuáles deben ser las especializaciones a crearse”. Juan D. Perón año 1947
Una de las características centrales del justicialismo fue que planificó las políticas del Estado. En varios aspectos, esta voluntad entraría en colisión con una tradición que no percibía la necesidad de un diálogo permanente entre necesidades nacionales y formación académica, producto de una visión profesionalista estrecha.
El Gobierno Nacional sancionó el Primer Plan Quinquenal (1947-1952) que incluyó once metas generales para la universidad y un proyecto de ley para su regulación. La iniciativa adjuntó una “exposición de motivos”, en la cual la nueva fuerza política reivindicó el legítimo derecho a regular la vida académica. El documento consideró necesario vincular más estrechamente el desarrollo nacional y la ciencia. Entre otras metas, el Plan Quinquenal contempló extender la dedicación exclusiva de los docentes y su ingreso por concurso. Proyectó establecer la gratuidad de los estudios y crear un sistema de becas, entre otros temas fundamentales en los que había acuerdo entre oficialismo y oposición.

En el año 1949 se sancionó una nueva Constitución Nacional. Por primera vez en la historia de la Argentina, la Carta Magna incluyó la autonomía[5] de las universidades cuyos alcances serían determinados “dentro de los límites establecidos por una ley especial que reglamentará su organización y funcionamiento”. La Constitución estableció que “El Estado encomienda a las universidades la enseñanza en el grado superior, que prepare a la juventud para el cultivo de las ciencias al servicio de los fines espirituales y del engrandecimiento de la Nación y para el ejercicio de las profesiones y de las artes técnicas en función del bien de la colectividad”. Se crearon “regiones universitarias” y se mandató a la institución a  “organizar los conocimientos universales” y a “profundizar el estudio de la literatura, historia y folklore de su zona de influencia cultural, así como a promover las artes técnicas y las ciencias aplicadas con vistas a la explotación de las riquezas y al incremento de las actividades económicas regionales”.
La Constitución incluyó “cursos obligatorios y comunes” tendientes a la formación política de los egresados, que tenían que adquirir “conciencia de la responsabilidad que debe asumir en la empresa de lograr y afianzar los fines reconocidos y fijados en esta Constitución”.
La nueva Carta Magna modificó el esquema de los cinco ministerios incluidos en la Constitución de 1853. Gracias a esta reforma, en el año 1949 se creó el Ministerio de Educación de la Nación como un desprendimiento del de Justicia e Instrucción Pública. Con el flamante organismo y conjuntamente con el Consejo Nacional Universitario, integrado por los rectores de las universidades nacionales, instituido en 1947, el Estado propendió a reorganizar y a reglamentar la cultura, la ciencia y la investigación de las Casas de Altos Estudios. La nueva cartera educativa empezó a definir estándares y a regular con mayor exactitud el funcionamiento del conjunto universitario. Se instauró la asistencia obligatoria de los alumnos, el monopolio de la emisión de títulos habilitantes, se coordinaron los planes de las carreras vinculadas y se homologaron condiciones de admisión, de equivalencias y de tipos de ingreso. Se regularon los mecanismos de entrada a la enseñanza por concurso y se instauraron las Carreras Docentes, tendiendo a conformar un sistema más integrado de Educación Superior (Ministerio de Educación de La Nación 1952: 30-31). La etapa estuvo caracterizada por la implementación de grandes programas de obra pública en todas las universidades de la Argentina.
En el año 1952 se aprobó el Segundo Plan Quinquenal (1953-1957) que postuló ocho grandes metas universitarias, entre las que se destacaron la de formar profesionales con, “responsabilidad social y plena conciencia de que están obligados a servir al pueblo”; la de consolidar una educación “gratuita, eminentemente práctica y especializada”;  avanzar en la implementación de la dedicación exclusiva de los docentes; abrir centros universitarios en todo el país; incluir de manera obligatoria “cursos para posgraduados” y entablar una “vinculación permanente con el mundo a fin de mantener el nivel de enseñanza universitaria”. El Plan propuso que las universidades asesoraran al Gobierno Nacional.
Sobre estas bases, la planificación gubernamental puntualizó que el Estado aseguraría el ingreso a todos los aspirantes y que las instituciones tenían que incluir a 200.000 alumnos al año 1957 (un 100% más que en 1951). El Segundo Plan Quinquenal contempló la apertura de las Facultades Obreras creadas por la ley 13.229/48.

La planificación incluyó un apartado específico de “investigaciones científicas y técnicas”. La iniciativa proponía formar investigadores con conciencia social, “exaltando el valor de su misión en la comunidad y protegiéndolos mediante una adecuada legislación”. La conducción de la política científica estaba a cargo del flamante Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICyT), institución ignorada posteriormente como real antecedente del actual CONICET.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Las elecciones PASO 2019


Aritz Recalde, agosto 2019
La elección tradujo el resultante de una conjunción de factores económicos, sociales y políticos.

La economía del subdesarrollo
El gobierno de CAMBIEMOS es una muestra cabal de que la política económica  neoliberal tiene consecuencias negativas para la producción, el trabajo y las finanzas públicas argentinas. Los Ministros Prat-Gay, Dujovne y Caputto reiteraron los perniciosos resultados de sus antecesores Martínez de Hoz, Cavallo, López Murphy o Roque Fernández.
Mauricio Macri recibió un país con problemas macroeconómicos caracterizados por el bajo crecimiento (+2,1% en 2015), una inflación que rondó los 25% y con déficit fiscal y comercial. El Presidente denominó a este escenario “pesada herencia” y en lugar de buscar las causas reales del histórico y cíclico proceso de estancamiento argentino, hizo una caracterización subjetiva y simplista y acusó a una persona: Cristina Kirchner. En realidad, el inconveniente económico del país con el cual se topó tenía entre sus causantes la recesión de Brasil, el proteccionismo de la economía mundial, el bajo crecimiento chino y el deterioro del precio de nuestros productos de exportación en una economía cartelizada y extranjerizada como la Argentina. Ya desde el año 2012 en el país empezaron a escasear las divisas y el gobierno protagonizó el recurrente ciclo de devaluaciones (2013), regulaciones cambiarias (cepo) y de falta de recursos para financiar la inversión.
Un tan simplista y erróneo diagnostico como el de Macri, difícilmente podía terminar bien.   Durante su gestión CAMBIEMOS no resolvió ningún problema estructural del país, sino que los potenció a todos. De los cuatro años de mandato solamente en uno creció la economía (+2,7% en 2017)  y en el resto se produjo una caída estrepitosa de la actividad industrial y comercial. De 2015 a 2019 el PBI se contrajo un 3,5%. En 2016 la inflación fue del 40% y en los últimos dos años ascendió al 50% anual. Recibieron un dólar que rondaba los $ 10 y actualmente está en $ 60 acarreando un desbarajuste general de los precios y de las cadenas de distribución y de venta.
En paralelo al cierre de miles PYMES y al aumento del desempleo, un grupo reducido de corporaciones se beneficiaron con la dolarización, con la suba de las tarifas y con la desregulación financiera que permitió fugar las divisas al extranjero. Los exportadores usufructuaron las devaluaciones y la baja de retenciones (soja o minería) que les permitió acrecentar sus ya cuantiosas ganancias.
Con CAMBIEMOS los productores locales y los trabajadores perdieron ingresos para transferírselos a los especuladores financieros, a las empresas de servicios y a los exportadores.  En paralelo, el país acumuló una deuda cercana a los 30 mil millones de dólares anuales, superando el volumen generado por la dictadura de 1976 y por Carlos Menem. Para morigerar la crisis financiera consiguieron un abultado préstamo del FMI, que suponían les daría estabilidad macroeconómica de cara a la elección, cuestión que no ocurrió.
La ambición desmesurada de los CEOS, la ideología liberal que es fácticamente anti productiva y la difícil inserción económica internacional del país, condujeron al desastre a la economía que minó la estrategia electoral oficialista.
La fábrica de pobres y más pobres
Entre 2003 y 2015 al gobierno le tocó remontar la crisis de 2001 y en 12 años se generaron 4,5 millones de empleos y se implementó una cobertura social universal (AUH y jubilaciones). Pese a eso, en el plano social CAMBIEMOS recibió según los datos del INDEC intervenido en 2015, el alarmante dato de que un 33% de los argentinos estaba en la pobreza.
En ese contexto, la propuesta de “pobreza cero” le había dado a Macri una consigna electoral atractiva para un sector popular que aspiraba, legítimamente, a mejorar su vida. Muy lejos de sus promesas CAMBIEMOS sumó otros 4,5 millones más de pobres y está hundiendo en el desamparo a seis de cada diez jubilados que cobran el haber mínimo y que deben enfrentar los aumentos de medicamentos que es regulado por los CEOS socios del mismo gobierno.
En 2015 CAMBIEMOS prometió “trabajo digno” en un mercado laboral caracterizado por un alto subempleo y por la informalidad. No solamente no se creó trabajo sino que según datos oficiales y solamente en 2018 se perdieron más de 266.000 puestos y el desempleo ya supera los dos dígitos (10,1%).
Los sectores medios siguieron pagando el impuesto a las ganancias y junto a las clases populares padecieron los permanentes aumentos de los alimentos, de los programas de salud, de las tarifas, del combustible, del transporte y de los remedios.
El malestar social acentuó el clima electoral anti Macri y contribuyó en buena medida a explicar el actual escenario electoral.
La unidad política de la oposición
Si en los planos de la economía y de la cuestión social CAMBIEMOS demostró incompetencia (o en realidad una gran capacidad de enriquecer a los CEOS a costa de la pobreza generalizada), en el plano político introdujeron una experiencia digna de análisis.
Teniendo minoría en ambas cámaras aprobaron prácticamente todas las leyes que impulsaron. En menos de dos años desandaron la política de negociación de deuda que le demandó una década al kirchnerismo, derogaron los aspectos centrales de la ley de Servicios de Comunicación, reprivatizaron la televisación del futbol y modificaron radicalmente la política exterior poniendo al país debajo la egida de los EUA. En poco tiempo contribuyeron a destruir la UNASUR y a poner en riesgo el MERCOSUR. Implementaron modificaciones tributarias antinacionales y aprobaron la reforma previsional pese a las masivas movilizaciones y cuestionamientos a la medida.
A lo largo de los casi cuatro años tuvieron una estrategia comunicacional y un discurso mediático ordenado y sin fisuras. Manejaron con destreza la imagen y la dimensión emocional alcanzando consenso en una parte importante del electorado al cual perjudicaron. Tuvieron escasas rupturas de su frente electoral y pese al deterioro económico controlaron la agenda pública y mediática con mucha habilidad.
Gestionaron el conflicto social evitando desbordes y CAMBIEMOS se demostró mucho más eficiente para enfrentar los reclamos del sindicalismo y de las organizaciones sociales que la UCR en 1989 y en 1999.
Previo a la actual derrota en las PASO, Macri preparaba su sucesión con una propuesta competitiva y dentro de CAMBIEMOS apuntaló a dos de sus candidatos PRO de cara al 2023 (Vidal y Larreta). En ambos distritos elaboraron una estrategia política ordenada, en la cual los radicales terminaron acatando la conducción del Presidente. El Gobierno Nacional a diferencia de sus antecesores kirchneristas que tejían alianzas con los intendentes, implementó una política de transferencia de recursos a la Gobernadora bonaerense. Vidal consiguió parte de los fondos del Ente de Reparación Histórica de la época de Duhalde y aplicó reformas institucionales muy importantes como fue el fin a la relección indefinida de los intendentes.
En 2019 y por primera oportunidad desde 2013, los CEOS y sus delegados políticos no consiguieron dividir al espacio peronista – progresista. En las elecciones presidenciales de 2015 CAMBIEMOS obtuvo 28% (PASO), 34% (generales) y 51 % (segunda vuelta). En 2017 el oficialismo sumó el 35,9 % de los votos a nivel nacional. Actualmente, CAMBIEMOS alcanzó el 32%. Exceptuando la segunda vuelta de 2015, entre 6 y 7 votos de cada diez no iban a Macri. La diferencia sustancial con las PASO de 2015 y de 2017 es que un sector mayoritario de la oposición se unificó y concentró el voto anti CAMBIEMOS (Kirchnerismo, Frente Renovador y PJ).
La “ancha avenida del medio” se redujo considerablemente en una campaña polarizada. El debilitamiento de la “tercera vía” en la Provincia de Buenos Aires fue definitorio del panorama nacional. La pérdida de votos en distritos importantes como Santa Fe, Mendoza o Córdoba terminó de torcer la balanza para el frente opositor.   
Para tener chances de triunfar CAMBIEMOS necesitaba que los actores sociales (sindicatos y  organizaciones sociales) y políticos (Kirchnerismo, Frente Renovador, gobernadores e intendentes justicialistas y radicales no oficialistas) no se reúnan. Lo consiguió en la elección a gobernador en Jujuy. No lo logró a nivel nacional y la operación de integrar a Pichetto llegó tarde y no tuvo el efecto divisorio esperado de la oposición peronista.
La decisión de correrse de la candidatura a la Presidencia de Cristina, favoreció que Alberto Fernández amalgame un sistema de alianzas similar al del 54% del 2011.   

Unidos o dominados
CAMBIEMOS deja un país con empresas quebradas, con una pesada deuda externa y con una terrible y dramática deuda social. El gobierno entrante tendrá menos recursos públicos por la baja de las retenciones y deberá abordar los altos costos de los intereses de deuda.
La oposición habrá aprendido con lo ocurrido en 2013, 2015 y 2017 que el peronismo divido pierde elecciones. También queda claro que un sector importante de los argentinos apoya al neoliberalismo y lo hizo con Menem, con De la Rúa y ahora con Macri pese a los malos resultados macroeconómicos.  Hay mucho que trabajar políticamente con estos millones de argentinos. De esta prédica dependerá la posibilidad de tener políticas de Estado a largo plazo.
Estos últimos años también revelaron que el pragmatismo partidario es capaz de apoyar cualquier política, esté quien esté en el poder y por más deshonrosa que sea para los intereses nacionales. Los sindicatos, las organizaciones sociales y los sectores medios universitarios fueron el corazón de la resistencia a CAMBIEMOS, cuando en paralelo un sector de la dirigencia opositora cogestionó el programa con Macri.
El peronismo requiere de un Partido nacional y de una orgánica que contenga y que potencie a la militancia, que debata y que fije lineamientos programáticos y doctrinarios de mediano plazo. Actualmente, se desenvuelve como una desordenada federación de gobernadores, intendentes, sindicatos y organizaciones populares.
El nuevo Gobierno deberá ser consciente de que Macri y Dujovne son parte de la “pesada herencia”, pero que en realidad hay problemas económicos estructurales e históricos que no se van a ir con el actual Gobierno. El subdesarrollo, la inestabilidad macroeconómica y la desigualdad se quedarán por muchos años y la reconstrucción del país demandará tiempo.

Es momento de convocar a la unidad política y económica nacional de todos los sectores opositores. Se vienen tiempos de concertación económica y social y de diálogo y de acuerdo político interpartidario. El mes de diciembre de 2019 nos encontrará unidos o dominados.


martes, 13 de agosto de 2019

Políticas de seguridad de la gobernación de Antonio Cafiero


Aritz Recalde, de agosto 2019


La seguridad en las Bases para el Plan Trienal Justicialista
“La represión debe ser considerado el último instrumento de la seguridad delictiva, que debe siempre ir precediendo de la política social y de la prevención del delito”.  Bases para el Plan Trienal Justicialista

En el año 1986 los equipos técnicos de Antonio Cafiero integrantes del Centro de Estudios para la Renovación Justicialista (CEPARJ), publicaron las Bases para el Plan Trienal Justicialista. La propuesta incluyó el apartado “la protección de los derechos personales y la familia”. La iniciativa mencionó que las instituciones provinciales tenían la obligación de “erradicar la delincuencia organizada y las manifestaciones más antisociales de la criminalidad”.
Entre los dos tipos principales delitos identificados por el CEPARJ estaban el tráfico de drogas, la pornografía y el juego organizado; y en segundo lugar los asaltos y las agresiones personales. Puntualizaron que los primeros requerirían la acción coordinada de los tres niveles del Estado (municipal, provincial y federal), de las instituciones de la comunidad y de asesores profesionales especializados. Para el abordaje de los asaltos y agresiones el CEPARJ propuso implementar un esquema preventivo incrementando “la actividad ambulatoria de los efectivos policiales”. Se propició la reforma de la legislación penal y procesal y la recuperación social de los menores que delinquieron evitando su “internacionalización institucionalizada”.
El CEPARJ impulsó una Reforma Judicial orientada a modificar la política “centralista que conspira contra los principios de la celeridad, inmediación y economía de la Justicia”. Proponían renovar las cárceles atendiendo la densidad de población, la necesaria diferenciación funcional de los establecimientos y su distribución territorial con la finalidad de lograr “el mejor cumplimiento del fin constitucional de rehabilitación de los reclusos” (CEPARJ: 23-24).

La opinión de las organizaciones libres del pueblo
Antonio Cafiero impulsó una gestión participativa y convocó a la comunidad a intervenir en el diagnóstico, la planificación y la implementación de las políticas del Estado. Con este objetivo entre los meses de marzo y de octubre del año 1988 la Dirección de Entidades de Bien Público de la Provincia, realizó seis encuentros regionales de reflexión en las localidades de Quilmes, Moreno, Olavarría, Necochea, Bahía Blanca y San Nicolás. Participaron miembros de Sociedades de Fomento, Clubes y entidades deportivas, Hogares policiales, Cooperadoras, Cetros Nativistas, Centros de Jubilados y Pensionados, Cooperativas, Talleres Protegidos, Mutuales, Bibliotecas y de Bomberos Voluntarios (Dirección de Entidades 1989).
Los participantes de los foros se distribuyeron en comisiones temáticas y una de ellas trató el eje Seguridad. El abordaje del concepto fue amplio y surgieron temas de delincuencia contra las personas y los bienes, aspectos de seguridad frente a siniestros, catástrofes y accidentes y se mencionaron políticas de prevención y de educación. En los encuentros se tocó la cuestión de la labor policial, del funcionamiento del Poder Judicial y de otras instituciones como los bomberos y los correccionales de menores.
Las Entidades de Bien Público propusieron:
-       Penalizar más severamente el consumo y el tráfico de drogas.
-       Modificar el Código Procesal Penal para facilitar el accionar policial frente a los delitos “a efectos de que no solo esté salvaguardada la figura y la persona que comente el delito, sino también la comunidad, de tal suerte de lograr mayor equilibrio en el logro de protección del bien común”.
-       Aumentar la cantidad de efectivos policiales y orientar su labor a patrullar las calles y menos a realizar tareas administrativas en comisarías.
-       Invertir mayores recursos en tecnología y en logística policial.
-       Reorganizar los radios de acción policial por ser muy amplios y por carecer de control eficiente del territorio.
-       Trabajar de manera conjunta entre la comunidad y el Estado para resolver problemas de iluminación y eliminar baldíos para evitar que sean utilizados para delinquir.
-       Articular la labor policial con las Entidades de Bien Público “para que en forma práctica, rápida y organizada se piense en una táctica y estrategia que le permitan actuar rápidamente” y para “controlar las personas extrañas que merodeen” por los barrios de la Provincia (Dirección de Entidades 1989).
  
Las fuerzas de seguridad en épocas de crisis
La situación social bonaerense y la delincuencia
El contexto social e institucional de la gobernación de Cafiero no fue nada fácil. La política económica de la dictadura deterioró la estructura productiva bonaerense. Este proceso fue continuado en democracia durante la gestión de Raúl Alfonsín y como resultado de eso se acrecentaron el desempleo y la pobreza. El Producto Bruto por habitante del país se redujo casi el 20% entre 1974 y 1990 y en el mismo período el sector industrial cayó en su participación del 28% al 21% del PBI (Síntesis Bonaerense 1990: 99).
Relacionado con esta realidad económica y social aumentaron los índices de criminalidad. En 1985 en la Provincia de Buenos Aires se produjeron 47.370 delitos y en 1989 122.608. En el mismo período en el conurbano bonaerense la cifra se elevó de 27.226 a 83.645 casos.
En el año 1990 la Subsecretaría de Seguridad publicó el documento Plan de Seguridad. En el texto se presentaron estadísticas que daban cuenta del crecimiento de los hechos delictivos durante las décadas del setenta y del ochenta. En el texto se remarcó que el principal aumento se observó en los delitos contra la propiedad y contra las personas. Se detalló que “el achicamiento del aparato productivo, la concentración urbana, la vulnerabilidad de los asentamientos, la desocupación y especialmente las crisis económicas años 75 y 86, entre otros, han repercutido sobre la vida cotidiana consolidando profundas desigualdades sociales (…) y este creciente desequilibrio en la generación y disfrute de bienes contribuye al incremento de la actividad delictiva creando un clima de inseguridad en la población” (Plan Seguridad 1990: 7).
Frente a esta realidad en el año 1989 el Ministro de Gobierno Carlos Álvarez, planteó que la tarea de seguridad tenía que ir de la mano de una nueva política económica que genere trabajo y que garantice a las familias el acceso a la educación, la salud y la vivienda. Álvarez sostuvo que una vez atacados los fenómenos sociales que inciden en la tasa del delito,  “hay que tener en cuenta que aún los países desarrollados tienen el problema de seguridad” (Síntesis Bonaerense 1989: 140-141).

La cultura policial de la dictadura
En el documento Plan de Seguridad se detalló que en los años 70 la policía había sido “conducida políticamente como fuerza de repliegue ante un objetivo de conflicto interno (…) este objetivo principal sobre cualquier otro existente, marcó en la fuerza policial una conducción operativa definida de repliegue y actuación como represión ante objetivos determinados. Lo expuesto definió una tendencia permanente de falta de presencia policial en las calles y un acostumbramiento de estilo operativo de sus cuadros y tropas en actuar reaccionando y no previniendo”. A este inconveniente se sumó el hecho de que no había una Ley de Seguridad nacional y las competencias provinciales y municipales eran difusas (Plan Seguridad 1990: 17).
Un tema que sobrevoló la etapa fueron las desobediencias y los levantamientos militares carapintadas contra el gobierno nacional. Antonio Cafiero se enfrentó públicamente a este accionar sedicioso y en sus palabras “En todos los casos, fuera el presidente Alfonsín o Menem, siempre sostuve la misma actitud de pleno respaldo a las instituciones democráticas que había adoptado durante los episodios de Semana Santa de 1987” (Cafiero 2011: 440).
Por requerimeinto del Gobernador la policía de Buenos Aires resistió el intento de copamiento guerrillero del regimiento de La Tablada, producido el 23 de enero de 1989 (Los 200 emprendimientos 1991) (Síntesis Bonaerense 1990: 101).
En el mes de mayo de 1987 se produjo la muerte a manos de la policía de tres jóvenes en la localidad de Ingeniero Budge, Lomas de Zamora. Poco tiempo después, en agosto de 1987 se originó un acuartelamiento policial en la Provincia de Buenos Aires. En una entrevista del mes de diciembre de 1987 Antonio Cafiero mencionó que el episodio más negativo del año había sido la “asonada policial” y si bien fue presentada por los efectivos como parte de reclamos salariales, el gobernador la caracterizó como un “apriete”. En ese marco, puntualizó que “Nosotros apuntamos a una revalorización de la institución policial y para eso necesitamos una policía ética, con profunda vocación de servicio y consustanciada con la democracia” (Síntesis Bonaerense 1988).
Durante la gobernación Cafiero se iniciaron investigaciones sobre la corrupción policial y en 1989 se dejaron cesantes y fueron exonerados 607 efectivos y al 1 de octubre de 1990 otros 537 agentes siguieron el mismo camino (Síntesis Bonaerense 1990: 101). 

El primer año de gestión
Según datos del Ministerio de Gobierno Buenos Aires estaba en el puesto 23 en la cantidad de policías por habitante en las provincias argentinas. Los bonaerenses disponían de 2,7 agentes cada mil personas, La Pampa 5,8 y Tierra del Fuego 10 y “el mínimo indispensable para un desempeño aceptable de la función de prevención debe ser 4 x 1000 y el ideal de 7 x 1000” (Plan Seguridad 1990: 11-14 y 17).
El Ministro de Gobierno del primer año de la gestión de Antonio Cafiero, Luis Brunati, puntualizó que “la policía bonaerense cuenta con 38.000 efectivos de los cuales 8.000 cumplen funciones del tipo administrativo”. Los 30.000 agentes de calle se dividían en tres guardias para cumplir las 24 horas en las 663 dependencias entre unidades regionales, comisarias, subcomisarias, destacamentos y puestos de vigilancia. El Ministro consideró necesario “el remplazo del modelo actual por otra más eficiente que asegure una mayor presencia policial en la calle”. Entre las medidas implementadas en el primer año de gestión, Brunati puntualizó que se sumaron 1400 agentes y se firmaron convenios con las municipalidades que aportaban autos, sistemas de comunicaciones y combustible.
En una entrevista del mes de diciembre de 1987 Cafiero hizo referencia a las primeras acciones de su gobierno y a los proyectos que tenía en cartera. Indicó que “incorporamos a 1400 agentes policiales para que recorran las calles y no para que ocupen escritorios”. Propuso crear un arancel para algunos de los servicios brindados por la fuerza y sus fondos serían destinados a modernizar la policía. 
En otro plano, Brunati mencionó que el “sistema carcelario bonaerense[1] era más que sombrío” y con la finalidad de mejorarlo se creó una Comisión Pro-Olmos y se trasladó a otras dependencias a prisioneros de alto riesgo para “desmembrar las verdaderas fuerzas policiales de choque que se habían constituido en los penales” (Síntesis Bonaerense 1988: 102).

El Plan de Seguridad 1989 / 1990
El 25 de noviembre de 1989 el entonces Ministro de Gobierno Carlos Alvarez presentó el Plan de Seguridad Provincial. La propuesta  tenía cinco pilares centrales que eran la lucha contra el narcotráfico, el reequipamiento y restructuración de la policía provincial, la reforma del Código de Procedimiento, la construcción de nuevas cárceles y la participación de la comunidad. El programa incluyó la descentralización con las municipalidades y difundió el lema “ganamos la calle, para que la calle sea tuya” (Síntesis Bonaerense 1989: 31).
Para implementar el Plan Cafiero creó un Consejo de Seguridad presidido por el Ministro de Gobierno, los subsecretarios de Seguridad, Gobierno y Justicia, el Jefe Policial, representantes de ambas cámaras, intendentes e instituciones de la comunidad (Síntesis Bonaerense 1989: 30-31).
El Plan de Seguridad puntualizó que frente a los problemas de seguridad era habitual culpar a las policías por ser corruptas y proponer mayores penas con reformas legales. En la óptica de la Gobernación, si bien ambas cuestiones eran aspectos a tener en cuenta, debían necesariamente integrarse con un plan global de seguridad. Se destacó por eso que aplicarían una política integral en la materia y con esta meta Cafiero implementó un “Ciclo de Seguridad” conformado con los cuatro ejes Sistema Normativo, Sistema de Seguridad (policía), Sistema Judicial y Sistema Penitenciario.

La nueva Estructura Orgánica de la seguridad bonaerense
En el año 1989 se aprobó una restructuración de la Seguridad de la Provincia y se crearon:
-       La Dirección General del Narcotráfico y la Drogodependencia[2] integrada a la Drugs Enforcement Administration (DEA) norteamericana;
-       La Dirección General de Ciencias Técnicas y Criminalista;
-       La Dirección General de Inspección y Control de Gestión  con asiento en la Jefatura de Policía y con cinco Directores Regionales;
-       La División Sustracción de Automotores y se fundaron nuevas Delegaciones de la Dirección de Abigeato (Plan Seguridad 1990: 60-61).
-       La División de la Mujer[3] y el Menor que tenía como tarea verificar el correcto funcionamiento de la Comisaría del Menor y de la recientemente fundada Comisaria de la Mujer. El Plan detalló que el “organismo que representará a la Policía ante otras dependencias del Estado o Poderes y coordinará con los mismos todo lo inherente a la problemática (…) centralizará todo requerimiento que le efectúen las dependencias bajo su órbita y se ocupará de realizar el seguimiento de expedientes (…) se incorpora a esta División la Sección Prevención Asistencial y por lo tanto se la dota de las Asistentes Sociales que cuenta la Repartición para atender los distintos casos de la citadas comisarias” (Plan Seguridad 1990: 74).

Se implementó un Programa de Formación de Subcomandos Radioeléctricos, caracterizados por “su presencia permanente en las calles con el solo objetivo de prevenir y/o recibir las urgencias o necesidades de la población para actuar de inmediato”, permitiendo que la comunidad “disponga las 24 horas del día de un elemento que reacciones en el menor tiempo posible ante una urgencia o necesidad que se le presente  (Plan Seguridad 1990: 50).
Cafiero formó los destacamentos de la Policía Vial con las funciones de la anterior Policía Caminera (Cafiero 2011: 467).

Mejorar la relación de la policía con la comunidad
El Gobernador creó los Consejos de Seguridad Municipales otorgando una participación activa a la comunidad y a las autoridades locales. Estaban integrados por “un coordinador designado por el Intendente, por un miembro del Consejo Deliberante, uno de cada organización intermedia de la zona, cooperadoras, sociedades rurales y un representante de la Unidad Regional o comisarias del lugar. Su tarea: sumar esfuerzos, priorizar necesidades y fortalecer la acción de la policía provincial” (Síntesis Bonaerense 1989:74). En cuatro años se abrieron en la Provincia 80 Consejos se Seguridad Municipal (Los 200 emprendimientos 1991).
La Subsecretaría de Seguridad modificó la capacitación de los efectivos incluyendo materias humanísticas, con la finalidad de mejorar el vínculo de los agentes con los vecinos. 
Se potenciaron las tareas de las Cooperadoras Policiales y se difundió “en la comunidad el accionar desinteresado y abnegado de estas organizaciones, buscando su reconocimiento, y ampliación de la participación de la población en sus proyectos de apoyo a la institución municipal” (Plan Seguridad 1990: 44).

Inversión en recursos humanos
En la Gobernación consideraban que atendiendo las demandas y el crecimiento poblacional la Provincia tenía que sumar 5000 policías por año durante cinco años. En 1987 se incorporaron 1400 agentes, en el año 1989 6000 y 2.025 en el primer semestre de 1990 (Plan Seguridad 1990: 59) (Síntesis Bonaerense 1990: 100). En los cuatro años de su gestión se incrementó la dotación policial en 10.000 agentes y aumentó un 20% su presencia en las calles (Los 200 emprendimientos 1991).
Estos efectivos de seguridad integraron el “Programa de Incrementos, Racionalización y Política salarial del personal Policial” aprobado por Decreto 236/90. Los nuevos agentes se destinarían a cubrir tareas en las Comisarias, Comandos y Subcomandos Radioeléctricos, Cuerpo de Infantería, Grupos Operativos de las Brigadas de Investigaciones e Inteligencia y a otras dependencias priorizando la presencia policial en las calles.
La Subsecretaría de Seguridad impulsó diversos programas de capacitación orientados a la terminalidad de la escuela secundaria, Cursos a Distancia para Oficiales Subalternos, Seminarios de Perfeccionamiento Docentes y se impulsó un proyecto de Academia de Estudios Superiores[4] (Plan Seguridad 1990: 59-60).

Inversión en logística y material policial
En el texto Plan de Seguridad se mencionó que en el año 1987 no había uniformes, 800 autos estaban sin funcionamiento, la fuerza carencia de municiones y la mitad de los equipos de radio eran obsoletos. Para empezar a saldar estos faltantes, se aprobó un importante Programa de adquisición de uniformes, de armamento, de automóviles y camionetas y de equipos de comunicaciones, entre otros recursos fundamentales de la logística policial (Plan Seguridad 1990: 65-69).
En el año 1987 Cafiero había manifestado su decisión de que la policía cobre algunos de los servicios que brindaba. Con esta meta, el Plan de Seguridad creó el “Programa de recaudación de recursos propios”. En este marco, la policía dispondría la recaudación proveniente de la Tasa de Servicios Administrativos, de la Verificación y grabado de vehículos, de la Ley de Alarmas, de la Ley de Policía Adicional y de la Ley de Agencias Privadas de Seguridad, entre otros (Plan Seguridad 1990: 53-54).

Grupo Halcón
El Gobernador impulsó la Brigada Especial Operativa Halcón[5] como “cuerpo de elite de la policía provincial para la lucha contra el crimen organizado, el terrorismo y los piratas del asfalto”. Inicialmente, funcionó en el conurbano bonaerense y en un segundo momento alcanzó a las localidades de Bahía Blanca, San Nicolás y Mar del Plata. La nueva fuerza tenía equipamiento de última tecnología (Síntesis Bonaerense 1989).

Un nuevo Código de Procedimiento Penal
El gobernador impulsó –sin éxito- un proyecto de reforma del Código de Procedimiento Penal de 1915. Para realizar dicha modificación en el mes de agosto de 1988 Cafiero creó una Comisión especial compuesta por los subsecretarios de Seguridad, Justicia y Asuntos Legislativos, por la Asesoría General de Gobierno y con técnicos designados por el gobernador. Intervinieron en su formulación los Colegios Profesionales, legisladores de distintos partidos políticos, representantes de los municipios, la policía provincial, juristas y representantes de organizaciones intermedias y comunitarias. Entre otros aspectos, contemplaba el principio de instancia única, el juicio oral, la celeridad y verdad real y “busca limitar la impunidad de los delitos graves” (Síntesis Bonaerense 1988: 15 y 102) (Síntesis Bonaerense 1989: 136) (Síntesis Bonaerense 1990: 102).

Bibliografía citada
- Barreneche Oscar (2006) Una política para la seguridad pública: Adolfo Marsillach y la nueva policía peronista, en El Gobierno de Domingo Mercante en Buenos Aires (1946-1952), T II, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires.
- CEPARJ (1986) Bases Para el Plan Trienal Justicialista, Frente Renovador Peronista de la Provincia de Buenos Aires.
- Dirección de Entidades de Bien Público (1989) Propuesta de las Entidades de Bien Público al Gobierno del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Acción Social, Provincia de Buenos Aires.
- Fernández María Belén (2019) entrevista personalizada, junio 2019.
- Los Doscientos emprendimientos, obras y logros del Gobierno del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, 1987 – 1991, extraído de Andrew Mcadam (1996), Cafiero el Renovador.
- Recalde Aritz (2018) Políticas para la mujer durante la gobernación de Antonio Cafiero.
- Síntesis Bonaerense (1988) Cafiero y el Pueblo, un año después, un proyecto en marcha, Dirección Provincial de Prensa, Provincia de Buenos Aires.
- Síntesis Bonaerense (1989) Transformaciones, concertación, solidaridad, descentralización, participación, Dirección Provincial de Prensa Provincial, Buenos Aires.
- Síntesis Bonaerense (1990) Después de tres años de gobierno, Dirección Provincial de Prensa, Provincia de Buenos Aires.
- Plan de Seguridad 1990, Subsecretaría de Seguridad, Ministerio de Gobierno, Provincia de Buenos Aires.



[1] El Gobernador Cafiero llamó a licitación  la construcción de cinco cárceles en el conurbano para atender los Departamentos Judiciales de San Isidro, Morón, Lomas de Zamora y San Martín (Síntesis Bonaerense 1990: 112).
[2]  Anteriormente, existía una División de Toxicomanía. El gobierno de Cafiero introdujo el tema de las adicciones a las políticas públicas bonaerenses y desde los Ministerio de Salud y de Acción Social realizó Jornadas Regionales de Participación y Capacitación sobre el uso indebido de las Drogas (Síntesis Bonaerense 1989: 83).
[3] El Gobernador Domingo Mercante incluyó a la mujer a la policía provincial y creó en 1947 la “Brigada Femenina” con 55 agentes, cuyo objetivo era cuidar a la mujer y el menor. Cafiero modificó la legislación para formentar el ingreso femenino a la fuerza de seguridad y creó la Comisaria de la Mujer. El Ministro de Seguridad León Arslanian impulsó la ley 13.201/04 eliminando las restricciones normativas a las mujeres policías (Barreneche 2006: 83-84) (Recalde 2018).
[4] En 1946 fue designado como Jefe de Policía el Coronel Adolfo Marsillach quién impulsó la ley 5270/48 incluyendo un nuevo escalafón y en 1949 fundó la Escuela Superior de Policía que es un antecedente del proyecto de Academia de Estudios Superiores (Decreto Nº 17204/50) (Barreneche  2006).
[5] En el mes de septiembre de 1986 se creó el Grupo de Operaciones Especiales (GOE). Luego de los levantamientos del Regimiento de La Tablada, Cafiero la refundó como Brigada Especial Operativa Halcón comúnmente denominada “Grupo Halcón”. En 1997 adquirió la denominación de División Especial de Seguridad Halcón. Datos  de https://www.mseg.gba.gov.ar/interior/halcon_div/mision.html

domingo, 21 de julio de 2019

El Plan Vida y la experiencia de las manzaneras de la gobernación Duhalde



Aritz Recalde, junio 2019

En el mes de septiembre del año 1994 el Consejo Provincial de la Mujer[1] de Buenos Aires lanzó el Plan Vida. Según lo planteó su fundadora Hilda “chiche” González de Duhalde, la iniciativa tuvo un origen[2] histórico en la Municipalidad de Lomas de Zamora, que en el año 1970 emuló el Plan Nacional de Alimentación Complementaria de la Unidad Popular chilena de Salvador Allende (González de Duhalde 2002: 93).
Los recursos del Plan Vida eran originarios del Ente de Reparación Histórica del Gran Buenos Aires para la zona del conurbano y del Consejo Provincial de la Mujer para el interior de la provincia.  
La propuesta se implementó de manera cogestionada entre el Estado provincial y municipal y las organizaciones libres del pueblo. La ejecución del Plan fue participativa y se desenvolvió con las Trabajadoras Vecinales (“manzaneras”), las familias y las instituciones barriales. En palabras de González de Duhalde el Plan “estableció un eje especifico con el objetivo de fomentar las potencialidades de las comunidades para organizarse y buscar diferentes estrategias para la resolución de los problemas, respetando sus particularidades y su historia” (González de Duhalde 2002: 98).

La estructura de gestión del Plan Vida fue la siguiente:

Consejo Provincial de la Mujer
Unidad
Ejecutora
Provincial

Su tarea fue la planificación general y la implementación del Plan. Capacitó al personal en los municipios y los barrios. Evaluaba el programa y con ese fin organizó Jornadas mensuales y utilizó la información de las Unidades Sanitarias y la generada por los técnicos zonales
Unidades Coordinadoras Municipales
Coordinaban a nivel municipal las políticas de salud y de nutrición. Comunicaban a los vecinos los calendarios del Plan. Evaluaron el programa en conjunto con la Unidad Ejecutora Provincial.

Referente zonal

Coordinación Distrital
Estuvo a cargo de un grupo de personal técnico y trabajó como un nexo entre las Unidades Coordinadoras Municipales y las manzaneras.

Cada 20 manzaneras se designó un “coordinadora” que participó de la mesa de Coordinación Distrital.

Nivel barrial
Se crearon zonas compuestas por cuatro manzanas a cargo de dos manzaneras (titular y suplente). El Plan funcionaba en casas particulares y las manzaneras tenían a cargo hasta 190 niños (de 0-5 años) y 35 embarazadas.

El Plan Vida se implementó en localidades de más de 20.000 habitantes y cuya población padecía necesidades básicas insatisfechas. La propuesta intentó revertir las enfermedades y la mortalidad materno-infantil. El Plan se orientó a que los menores de cinco años y que las madres embarazadas tengan atención de salud y que adquieran una cobertura básica nutricional. La iniciativa incluyó la capacitación de las manzaneras y de los vecinos, la asistencia médica y el seguimiento personalizado de la maternidad en situación de riesgo. Se fomentó la lactancia materna y se acompañó a las mujeres y a sus familias en la asistencia para el parto y el cuidado de los bebes.

La iniciativa tuvo tres grandes módulos que eran:
- Sanitario. Se desarrolló una red de asistencia a niños y a embarazadas y se capacitó a la mujer gestante. Se fortaleció la tarea de la familia y de la comunidad en el control del niño recién nacido. El Plan vinculó las necesidades de los vecinos con las unidades sanitarias, los hospitales y con los servicios de emergencia. El programa difundió los planes de vacunación y las campañas para prevenir enfermedades. 
- Nutricional. El Plan distribuyó alimentos frescos y secos a los niños menores de 5 años y a mujeres embarazadas. La ración era de medio litro de leche fresca diaria -y en polvo para el interior-, tres huevos y de manera rotativa se entregaban un kilo de arroz/harina/fideos semanal. Se distribuía 1 kilo de azúcar mensual. Se reforzaba la cantidad de leche en los bebes de 6 a 12 meses. Se capacitó a las familias en normas de higiene y manipulación de alimentos.
- Organización comunitaria. González de Duhalde sostuvo que las políticas de la Gobernación “tratan de fomentar las capacidades locales para lograr la sustentabilidad más allá del apoyo del Estado, implicando la formación de funcionarios, técnicos locales y líderes comunitarios” (González de Duhalde 2002: 92). El Plan Vida se ejecutó con la participación de los vecinos y de las instituciones existentes en cada barrio. La propuesta requirió una importante logística que incluyó la movilización de recursos materiales y humanos y con esa meta se implementaron capacitaciones para la gestión y la promoción de la tarea comunitaria. 

 La tarea de las manzaneras
“La propuesta de la participación de la mujer en las redes barriales solidarias cumple un doble objetivo: tomar para la formación de la red al actor social más capacitado para el desempeño de la función y motivarla a través de las tareas de organización y capacitación para proyectarse en una realidad más abarcadora que las cuatro paredes de su casa. La conformación de una red de trabajadoras vecinales en el nivel comunitario fue y es una herramienta útil porque propicia la participación y la organización de los vecinos en el barrio, generando practicas autogestivas”. (González de Duhalde 2002: 97).

El Plan Vida fue implementado inicialmente por el Consejo Provincial de la Mujer y luego desde el Ministerio de Familia y Desarrollo Humano. González de Duhalde  puntualizó cuál era el origen de la dependencia institucional del programa y la importancia de la mujer en su implementación:

“Muchos podrán preguntarse por qué los programas sociales fueron liderados por el Consejo Provincial de la Mujer. La respuesta no se encuentra si se piensa en la mujer como género. La mujer es mucho más que el género en su participación social, porque en nuestra cultura sudamericana se transforma en la articuladora de la comunidad. Es a su alrededor que se construye la familia, que se establecen las redes solidarias naturales e incluso, en los últimos tiempos, son ellas quienes llevan adelante tareas de protesta o reivindicación que sobrepasan con mucho su rol de género. Entonces, cuando pensamos en la mujer como articuladora de la estructura funcional de las comunidades bonaerenses es cuando comprendemos por qué esta institución aparentemente focalizada fue en realidad el lugar ideal para comenzar una tarea que tuvo por objeto a todos los sectores necesitados de la comunidad” (González de Duhalde 2002: 44).

Las manzaneras eran trabajadoras voluntarias y no cobraban por su tarea y se eligieron en asambleas conformadas con participación de vecinos y de instituciones y organizaciones de cada barrio (sociedades de fomento, parroquias, escuelas, etc.-). El concepto de solidaridad y de compromiso social fue el articulador de la política pública. El perfil de las mujeres seleccionadas tuvo que ver con su representatividad frente a los vecinos y tal cual puntualizó González de Duhalde a “pesar de su incorporación al mercado de trabajo en los últimos tiempos, las actividades barriales relacionadas con estrategias de supervivencia continúan siendo un aspecto central de su actividad” (González de Duhalde 2002: 96). Las manzaneras tenían que residir en la zona y disponer de tiempo para implementar el Plan. Su casa funcionaba como depósito y como centro de distribución de los alimentos. 
Las manzaneras identificaban los domicilios y a los beneficiarios del Plan y recibían, distribuían y controlaban la entrega de los alimentos. Las trabajadoras llevaban planillas de registro e informaban los avances a la Unidad Coordinadora Municipal.
Las manzaneras organizaban a los vecinos y a partir de esta red humana impulsaban capacitaciones y diversas acciones sociales. Su rol fue importante para simplificar la implementación de las políticas públicas en los barrios y para acercar a los vecinos a los gestores públicos.

El impacto del Plan Vida
Beneficiarios
                                                   1994           1997             1999
Beneficiarios directos
62.000
971.011
1.087.081
Trabajadoras vecinales
1597
25.010
35.000

Mortalidad Infantil en Provincia de Buenos Aires
                                                                            1991         1994           1997         2000
Tasa de mortalidad (por 1000 nacidos vivos)
24,2
21,8
18,8
16,9
Fuente: González de Duhalde 2002

Otros programas de cuidado del niño y de la maternidad de la Gobernación Duhalde
Como complemento del Plan Vida, en 1997 la Provincia lanzó el Programa Comadres orientado al “acompañamiento y contención de mujeres embarazadas y la articulación con las organizaciones de salud”. El gobierno bonaerense capacitaba a las mujeres en el cuidado de los niños menores y en los “riesgos de la primera infancia, significación del juego, lenguaje y creatividad”. Se formaban redes de acompañamiento y de contención de las embarazadas y se reforzó el vínculo entre las organizaciones de los barrios y el sistema de salud. En el año 1999 Comadres tenía 7.747 beneficiarias (González de Duhalde 2002: 71, 114-115, 121).
El gobierno bonaerense implementó en ámbitos municipales y en organizaciones de la comunidad el “Programa Unidades de Desarrollo Infantil”. Entre sus acciones, el Consejo Provincial del Menor otorgaba subsidios y dictaba capacitaciones a miembros de los Jardines Maternales (niños de 0 a 5 años), en la Casa del Niño (niños de 6 a 13 años) y en los Centros de atención integral a niños con necesidades básicas insatisfechas (González de Duhalde 2002: 71).

Actualidad y perspectivas
“El proceso de globalización económica neoliberal produjo en los últimos años una doble transferencia de recursos: a) de los pobres a los ricos, y b) de los países pobres a los países ricos. Ello aportó inmensos bolsones de pobreza, con su natural consecuencia de la exclusión social”. Eduardo Duhalde

Han pasado más de dos décadas de iniciado el Plan Vida y tal cual menciona en el epígrafe  el ex gobernador Duhalde, la pobreza, la exclusión social, la precariedad del trabajo y la falta de atención sanitaria siguen azotando a millones de bonaerenses. En la actualidad y según datos del INDEC, de la UNICEF y del Observatorio de la Deuda Social de la Argentina, casi la mitad de los niños de la provincia de Buenos Aires padecen la pobreza monetaria y sufren distintas privaciones vinculadas a esa condición. Como resultado de la fragilidad laboral y social de las familias argentinas, en septiembre del año 2018, 3,9 millones de niños recibieron la Asignación Universal por Hijo (incluyendo a los destinatarios de la protección por discapacidad). Esos datos reflejan la terrible dimensión económica y social de las políticas económicas neoliberales y también demuestran la incapacidad de la política argentina para resolver el problema estructural de la pobreza y del abandono de la niñez. 
El Plan Vida implicó una intervención fundamental de la mujer en la gestión política local y reforzó en la comunidad los valores morales del cuidado del niño y de las embarazadas. La iniciativa incluyó de manera protagónica a las instituciones barriales y con ello canalizó y potenció la cultura organizacional y solidaria de los bonaerenses.
Las redes de trabajo creadas fueron fundamentales para acercar al Estado provincial a los barrios más remotos y permitieron que los programas de salud alcancen a poblaciones vulnerables históricamente postergadas.   
A la salida del gobernador Eduardo Duhalde en el año 1999, la estructura del Plan Vida y el accionar de las manzaneras fueron paulatinamente abandonados, si bien existieron algunas continuidades[3]. En paralelo, el gobierno provincial delegó buena parte de su tarea de asistencia social a la esfera del Estado Nacional. La ejecución de programas fue descentralizada en diversas organizaciones políticas que negocian y/o disputan con la esfera Nacional la asignación de los recursos. El accionar del Estado provincial en los barrios fue debilitado y se rompieron muchas de las redes de intervención comunitaria que eran sumamente importantes.

Frente a ese panorama, consideramos central reconstruir el Estado Bonaerense que debe convocar a la comunidad a superar la situación de emergencia social existente. El Plan Vida fue una experiencia que demostró la potencialidad trasformadora que encarnan la organización vecinal, la participación política de la mujer y su familia y del conjunto de las fuerzas vivas y solidarias del pueblo.


Anexo
Instituciones Bonaerenses de gestión de la política social 1991-1999
1991 Ministerio de Acción Social
1987/91 Consejo Provincial de la Mujer (Ley 11.097)
1992 Ministerio de Salud y Acción Social
1994 Ministerio de Familia y Desarrollo Humano
1995 Consejo Provincial de la Familia y Desarrollo Humano (Ley N° 11.737)
1995 Consejo Provincial del Menor

Programas sociales alimentarios
Nacionales: Programa Copa de Leche (1930), Programa Materno infantil (1936), Programa de Promoción Social Nutricional (1972), Programa Alimentario Nacional (1983), Programa Bono (1989), Programa Pro-Huerta (1990), Programa materno infantil y nutrición (1992), Programa de Alimentación y Nutrición Infantil (1995), Programa Unidos (2000), Asignación Universal Por Hijo (2009). Bonaerenses: Programa Alimentario Integral y Solidario (1990), Programa Social de la Familia Bonaerense Eva Perón (1992), Plan Vida (1994), Plan Mas Vida (2001) (González de Duhalde 2002) (Villalva 2006).

Bibliografía citada
González de Duhalde (2002) El Plan Vida, Temas.
Duhalde Eduardo (2011) De Tomás Moro al Hambre Cero, Planeta.
Recalde Aritz (2018) Políticas para la mujer durante la gobernación de Antonio Cafiero, Revista Movimiento. 
Tuñón I. Poy S. (2019) Pobreza, derechos e infancias en la Argentina (2010-2018), ODSA, UCA.
Villalva Adriana (2006) La participación de la comunidad en la implementación de Programas Sociales, CEDES – FLACSO.





[1] El Consejo Provincial de la Mujer fue creado por el gobernador Antonio Cafiero con el Decreto 17/87. Luego fue aprobado por la ley 11.097/91.
[2] En el año 1992 con el Decreto 1685 se creó el “Programa Social de la Familia Bonaerense Eva Perón" dependiente del Ministerio de Salud y Acción Social. Tenía tres componentes: Materno-infantil, Comedores Escolares y Plan P.A.I.S. (Programa Alimentario, Integral y Solidario).
[3] La Ley Nº 14245 de 2012 creó un “régimen especial de subsidios para las Trabajadoras Voluntarias Vecinales conocidas como “Manzaneras y/o Comadres”, que realizan trabajo social gratuito en la implementación y ejecución del “Plan Más Vida”. Si bien se reglamentó por decreto 600/12, prácticamente no se implementó.

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