sábado, 30 de marzo de 2013

Los Incas, la tecnología y el desarrollo nacional

Aritz Recalde, marzo de 2013
“El nuevo instrumento de dominación, más sutil pero no menos efectivo, es la superioridad científica y tecnológica de los países desarrollados”. Amílcar Herrera
“El campo científico – tecnológico debe aportar conocimientos para desarrollar una capacidad adecuada, que permita disponer suficiente poder nacional de decisión, pues cada sector de conocimiento contribuye a fortalecerlo; tener disponible en el momento preciso la tecnología adecuada para lograr los mejores resultados en cada una de las actividades económicas y exportar tecnología con el máximo grado de complejidad posible; sustituir progresivamente la importación de tecnología realizándola a niveles adecuadamente económicos”. Juan Perón
La historia de las naciones está caracterizada por la lucha permanente de los pueblos por alcanzar su liberación. En este marco, los países se desenvuelven en un estado de enfrentamiento permanente, cuyo objetivo primordial es la apropiación y la distribución del poder social. El resultante de ese enfrentamiento frontal o solapado, deriva en el desarrollo de unos Estados y en la dependencia estructural y crónica, de los otros. El hambre del subdesarrollo latinoamericano, es el plato preferido que alimenta el alto nivel de vida de los habitantes de las metrópolis. En la lucha por la supervivencia de las naciones, la ética imperialista que profesan las potencias, se puede disfrazar de progreso, de civilización, de liberalismo o de democracia, pero en el fondo, no es más que la visión del poderoso mundo metropolitano en expansión.
Con la finalidad de alcanzar o de consolidar la hegemonía geopolítica, las potencias organizan e implementan programas bélicos y la guerra o la paz, son momentos circunstanciales de una misma etapa imperialista. Los centros del poder mundial, planifican e imponen modelos económicos tendientes a exportar sus excedentes productivos y a saquear los recursos naturales y materiales de los otros Estados. La tarea militar y las imposiciones económicas, se operan a partir de la acción política y de una batalla cultural permanente. En este marco, las capacidades para la guerra, la política, la economía y la hegemonía cultural, se apoyan sobre la fortaleza científica y tecnológica de los pueblos y de las naciones. A partir de acá, que el campo científico y tecnológico, es uno de los terrenos primordiales en donde se desarrolla el enfrentamiento por la disposición del poder de las naciones.
El Imperio Inca es un buen ejemplo del fuerte vínculo existente entre el conocimiento, la tecnología y la actividad política. Recientemente, la presidenta Cristina Fernández anunció públicamente el “Plan Argentina Innovadora 2020: Plan Nacional de ciencia, tecnología e innovación”. En el contexto del lanzamiento del Programa, hizo una referencia especial a los aportes de conocimiento realizados por parte de los pueblos americanos y en particular, reflexionó sobre algunas de las contribuciones efectuados por el Imperio Inca.  Cristina destacó la importante capacidad de esta nación para desarrollar:
I-              La agricultura. La presidenta comentó que los Incas se destacaron en el cultivo
del amaranto, que es un vegetal sumamente resistente al clima y que tiene más proteínas que el trigo o el maíz. Además, se refirió a las terrazas de cultivo que siguen en pie en la ciudad de Cusco y que les permitió a esos pueblos disponer de un piso ecológico y de un sistema de riego para controlar la humedad del suelo. El resultante, fue mejorar considerablemente el rendimiento de las plantaciones de alrededor de 80 especies vegetales que manejaron.
II-             El conocimiento de la astronomía. Tal cual estableció Cristina, los Incas tenían
un observatorio astronómico. La presidenta mencionó que ese conocimiento les permitió, entre otros temas, determinar las fechas de las cosechas. Además, indujo a los Incas a desplazar las poblaciones a lugares cercanos a la amazonia, cuyas condiciones climáticas eran aptas para aumentar el número de cosechas al año. 
III-            El control de razas animales. Cristina mencionó que los Incas trabajaban la
lana del guanaco y de la vicuña. Tal cual estableció la presidenta, estos animales no producen el efecto desertificación que generan las ovejas y las cabras. Además, esa lana tiene propiedades térmicas que les permitían a los habitantes resistir el frío a más de 5.000 metros de altura.
Recuperando las opiniones de Cristina Fernández de Kirchner, quiero destacar  que  buena parte de la capacidad política de los Incas para edificar su Imperio, se vinculó a capacidad de organización tecnológica y productiva estatal.
Los Incas consolidaron un imperio sobre un territorio que va del sur de Colombia, al centro de la Argentina, pasando por Perú, Ecuador, por Bolivia y por Chile. Su inmensa organización política, incluyó a diversas comunidades sociales y culturales, que fueron anexando en un período extremadamente breve de tiempo (1438 – 1533).
Los Incas eran un imperio y buena parte de su expansión territorial, se organizó a partir de la guerra que les permitió controlar los territorios de las otras etnias. A partir disponer la posesión política y militar de los pueblos, se fueron apropiando de sus recursos culturales y tecnológicos.  Los Incas no fueron grandes inventores, ni importantes descubridores en el plano científico y productivo, pero tuvieron la estratégica capacidad de asimilar los desarrollos culturales y productivos de su época. Esa habilidad, les otorgó una considerable supremacía tecnológica, que favoreció la posibilidad de alcanzar mayores rendimientos en la agricultura y en la producción animal. El excedente producido en la economía fue apropiado por el Estado imperial y con ese recurso, generó las condiciones para la nueva organización geopolítica de América.  El aumento de la producción les permitió a los Incas:
-       Financiar los importantes programas de obra pública, que congregaban a miles de personas que había que alimentar, vestir y movilizar.
-       Solventar los programas de expansión militar de los ejércitos, que recorrieron y combatieron en todo el continente.
-       Costear el mantenimiento de una burocracia de funcionarios públicos y religiosos de los territorios ocupados. En este universo, se incluyeron los funcionarios incas y a los miembros de los señoríos y aristocracias aliadas de los pueblos anexados.
El Imperio fue derrotado con la llegada del español Pizarro. El enfrentamiento de dos civilizaciones también deja varias preguntas y algunas enseñanzas. La primera cuestión interesante, tiene que ver con encontrar una respuesta a cómo hicieron los escasos 160 españoles, para derrotar a 20.000 guerreros incas. No hay una sólo causa, pero entre ellas, hay dos factores que me interesa destacar y que son la tecnología militar y el manejo del arte de la guerra que tenían los europeos. El español poseía el caballo y el arma de fuego. Además, el invasor europeo ostentaba mayor destreza para desenvolver la batalla cultural. Pizarro profundizó las disensiones internas de un Imperio Inca que fue organizado sobre la explotación de más de 100 reinos ocupados política y militarmente. El arte de dividir a los enemigos, es una de las cualidades más importantes del colonialismo europeo y los Incas fueron una de sus víctimas más poderosas. Posteriormente, los españoles eliminaron la clase dominante incaica y con ello, debilitaron la posibilidad de reorganización cultural y política del imperio.
En definitiva, la SUPREMACÍA POLÍTICA de una nación depende estrechamente de su CAPACIDAD PRODUCTIVA y esta última condición, se liga directamente a los AVANCES TECNOLÓGICOS de un Estado.
 

sábado, 16 de marzo de 2013

Guardia de Hierro: historia de una mistificación

 
Aritz Recalde, marzo de 2013
 La designación del cardenal Jorge Bergoglio como el nuevo Papa, desató un profundo debate acerca de su ideología y de su trayectoria política. En este marco, uno de los argumentos más reiterados para definir su personalidad, se refiere a su vinculación con la agrupación política peronista Guardia de Hierro (GH). Buena parte del argumento de periodistas y de académicos, está centrado en reiterar que esa agrupación tiene una ideología de “derecha” peronista.
No me interesa opinar sobre Bergoglio, quién por otro lado, no militó orgánicamente en GH.
Simplemente, considero oportuno polemizar en pocas líneas el argumento que sostiene que Guardia de Hierro es de derecha. Esa denominación es una simplificación. Por el contrario, los militantes de GH forman parte de una generación juvenil que se abocó masivamente a la política, articulando su proyecto personal, con los anhelos revolucionarios y de cambio social de los sectores populares de la Argentina y Latinoamérica.
La agrupación  nació en el año 1962 vinculada al “gallego” Alejandro Álvarez y a Héctor Tristán. Éste último, era un dirigente de origen anarquista, había militado en ámbitos sindicales y participó activamente en la resistencia peronista junto a figuras como John W. Cooke y otros “duros” de la lucha popular contra las dictaduras. El “gallego” Álvarez, con una formación ideológica de izquierda, militó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y también participó desde el llano, en la resistencia peronista.
Desde su origen, ambos dirigentes tuvieron una práctica intransigente, anti burocrática y promovieron el trabajo social y sindical con las bases. Desde su creación, los miembros de GH mantuvieron una línea política de enfrentamiento a las posiciones negociadoras de Vandor, de la dictadura de Onganía y del resto de los militares. Con el paso del tiempo, la agrupación sumó dirigentes políticos de izquierda universitaria, como fue el caso del socialista Roberto Grabois proveniente del Frente Estudiantil Nacional. En GH participaron intelectuales como Amelia Podetti, que formó parte de las Cátedras Nacionales y que dirigió la Revista Hechos e Ideas. Se sumaron dirigentes de procedencia juvenil católica, como fue el caso de Julio Bárbaro y también de origen judío, como el mencionado Grabois o el economista de Mendoza Roberto Roitman.  
Las lecturas de sus miembros son una radiografía del intenso debate cultural de la época, que supo articular a Mao, con Perón y con el nacionalista y marxista Juan José Hernández Arregui. Tal cual documentó Humberto Cucchetti, GH debatió un amplio espectro de autores y de ideas, incluyendo aquellas ligadas con la renovación religiosa de Theillard de Chardin, con las tesis de la lucha armada de Ernesto Guevara o con el nacionalismo socialista de Frantz Fanon. Según Julio Bárbaro, leían además a Marechal, a Carl von Clausewitz o a Sun Tzu.
Los años sesenta y setenta, fueron una etapa de lucha y de resistencia para los militantes de GH. Sus integrantes protagonizaron una empeñada resistencia contra la violencia institucional de las dictaduras, actuaron en barriadas humildes con los más necesitados y otros integraron la acción sindical en ámbitos como la CGT de los Argentinos. Fueron parte de una épica de lucha y de cambio social, conjuntamente a miles de jóvenes y de trabajadores de izquierda, católicos y nacionalistas.  
Entrados los años setenta, sus miembros promovieron la Organización Única del Trasvasamiento Generacional (OUTG)[1] que se avocó, centralmente, al trabajo barrial con el pueblo. Toda ésta etapa los vio lejos del poder, de los cargos de gobierno y de las diversas corporaciones.
En el año 1973 apoyaron la candidatura de Campora y luego la de Perón. En este contexto, reforzaron una posición sumamente crítica de la lucha armada, cuestión  que los distanció de la Tendencia y de la guerrilla de izquierda marxista. Se propusieron como “guardianes de Perón” y defendieron una línea política de apoyo al presidente, cuestión que los definió como “verticalistas” del primer mandatario. En este contexto, no mantuvieron vinculación orgánica con López Rega, ni con la CNU o con sectores del sindicalismo de derecha.
Toda esta etapa los distancia claramente de cualquier calificación de “derecha”. Por el contrario, formaron parte de una generación juvenil comprometida, incluso con sus propias vidas,  con el cambio social y político. Su articulación era con las bases y no participaron en las estructuras de poder partidario, empresarial y sindical. Incluso, gran parte de ellos no aceptaron cargos públicos en el año 1973.
Muerto Perón en julio de 1974, para gran parte de GH llegó la hora de disolver la agrupación.  Frente a ésta decisión, un sector controlado por Álvarez, continuó con las actividades políticas.  A partir de ésta fecha, no es del todo correcto hablar de GH, sino de un “desprendimiento” o por lo menos, de las actividades de una fractura política que no da cuenta del funcionamiento y de la historia de la agrupación.
En el año 1975  éste sector de GH inició un vínculo con Isabel Perón. Algunos de los ex miembros de GH, justifican su apoyo a Isabel en el intento de evitar el golpe de Estado, reiterando la iniciativa de otras expresiones políticas como fue el caso del Partido Comunista Revolucionario (PCR).
Tal cual menciona Alejandro Tarruella, Jorge Bergoglio se vinculó a los miembros de GH a partir de su participación en la Universidad del Salvador. Según este autor, en el año 1975 Bergoglio nombró en la universidad a dos miembros de GH: Francisco “cacho” Piñón y a Walter Romero. Piñón fue quién le entregó en el año 1977 la designación de Profesor Honoris Causa al almirante Emilio Eduardo Massera.  Bergoglio y muchos sobrevivientes de la dictadura ligados a GH, adujeron que estas acciones tuvieron que ver con un “pacto”, para salvar la vida a dirigentes políticos.
A partir de acá, el comportamiento de algunos de sus miembros fue abonando la tesis de GH de “derecha”. Una mistificación similar ocurrió con la Tendencia y las luchas políticas de los años setenta, que fueron caratuladas a la vuelta de la democracia como uno de los “dos demonios” que “condujeron a la dictadura”.  
Bibliografía
·         Alejandro Tarruela, Guardia de Hierro, Sudamericana, Buenos Aires, 2005.
·         Horacio Verbitsky, Un ersatz, Página 12 14/03/13.
·         Humberto Cucchetti, Combatientes de Perón, herederos de Cristo, Prometeo, Buenos Aires, 2010.
·         Julio Barbáro, Juicio a los 70, Sudamericana, Buenos Aires, 2009.
·         María Sucarrat, La universidad del Salvador nunca retiró el honoris causa a Massera, Tiempo Argentino, 25/11/12.

[1] Grabois conoció a Tristán en España en el marco de una reunión con Perón. A su regreso en el año 1971, se formó la Mesa del Trasvasamiento Generacional (MTG) con Alejandro Álvarez (GH), Roberto Grabois (FEN), Dardo Cabo y Julián Licastro. La MTG se disolvió y Álvarez y Grabois profundizaron sus vínculos que culminaron en el ingreso de éste último a GH.

lunes, 11 de marzo de 2013

Revisionismo histórico o historia oficial universitaria



Aritz Recalde, marzo 2013

Los profesores de las universidades argentinas, siguen enseñando una historia de la educación superior que no es objetiva, sino que y por el contario, es una “política de la historia”. A ese relato lo llamaremos “historia oficial” y se escribió por intelectuales vinculados al partido socialista y radical en el marco del golpe de Estado de 1955. Dicha construcción parcial e ideológica, se popularizó e institucionalizó, a partir de:
- su divulgación ejecutada por los titulares de las universidades entre los años 1955 a 1966.
- la tarea de los interventores de la universidad de 1983.
¿Cuál es el objetivo de la historia oficial universitaria?
a- Justificar el crimen político del que fueron promotores, ocultando la grave violación de los derechos humanos aplicados por la dictadura cívico militar del año 1955 y por los gobiernos posteriores.
b- Desvirtuar, ocultar o desprestigiar, los programas científicos de cariz industrialista, nacionalista y popular.
c- Impedir el desarrollo científico tecnológico independiente del país, obstruyendo los debates existentes en torno de la potencial modificación del sistema cultural argentino.
d- Evitar la posibilidad de que los sectores medios se aúnen políticamente con las clases populares.
e- Impedir que los representantes de la democracia de masas planifiquen de manera conjunta y armónica, la educación superior y el conjunto de las políticas públicas.

Argumentos de la historia oficial universitaria

El eje del relato de la historia oficial, se organiza a partir de ocultar procesos y de sacar de contexto las políticas y las acciones protagonizadas por los actores. Ello les permite a sus detractores, reconstruir momentos de la historia relacionando de manera parcial y confusa, situaciones sustancialmente distintas y contradictorias.

a- La historia oficial universitaria hace apología del terrorismo de 1955
Un caso digno de mencionarse, tiene que ver con la utilización de la palabra “autoritarismo”. La historia oficial reconstruyó el proceso universitario que transcurre entre 1946 a 1955, a partir de pequeños relatos de estudiantes opositores o de docentes disconformes con el gobierno. Sobre esta mirada parcial, se estableció y se reitera con escasos o dudosas fuentes, que Perón fue “autoritario”. Poco se habla de los objetivos reales de proceso político peronista, que propuso refundar por medios legales y pacíficos la universidad, para alinearla con el programa nacionalista y con la justicia social. El gobierno, como nunca en la historia del país, tenía los votos del pueblo y estaba en su derecho y en su deber, de proponer una política nacional universitaria. Además, es oportuno reiterar, que la relación de Perón con la universidad, no fue menos conflictiva que la que enfrentó Yrigoyen con los conservadores (1).

La historia oficial al exacerbar el supuesto autoritarismo peronista, desconoce que durante el gobierno democrático sólo se generaron debates propios de una transición de un gobierno de un partido, hacia una nueva fuerza política. Estas fricciones y esos debates, son los que componen la democracia y es habitual que existan.
Lo que realmente debería ser definido de “inaceptable”, es el tipo de oposición de los reformistas a las agendas del sistema político constitucional. Para combatir una democracia y bajo la ficción de un supuesto “autoritarismo”, apoyaron un golpe de Estado sangriento. La historia oficial ocultó que el fondo del problema, no era simplemente la administración de la universidad, sino la incapacidad de los viejos partidos políticos para ganar elecciones en el país.
Los reformistas se atribuyeron una legitimidad que no tenían y terminaron impulsando una dictadura, que desde todo punto de vista, es inadmisible. Ningún debate político en democracia entre alumnos, docentes o funcionarios, puede derivar en el apoyo público al terrorismo. Las diferencias que podían tener los docentes renunciantes con las decisiones de la democracia constitucional, nunca pueden conducir a hechos violentos como fue el bombardeo de junio de 1955 o los fusilamientos de 1956.

Frente a ello, se sigue repitiendo, paradójicamente, que en 1955 se “democratizó la universidad”, escondiendo que desde esa fecha, los miembros de la institución ocuparon violentamente e ilegalmente, los espacios de gestión. La universidad argentina organizada como producto del sangriento golpe de Estado, le debe una autocrítica y una disculpa sincera al conjunto del país. Ninguna institución educativa o cultural, puede reivindicar en nombre de la ciencia o de la autonomía, los actos de terror o de tortura contra poblaciones civiles.


b- La historia oficial universitaria promueve la ruptura del sistema constitucional
El planteo de la historia oficial universitaria, disimula que en buena parte de su relato hace apología de la ruptura del orden constitucional, para imponer en su lugar un sistema político dictatorial. Un caso ejemplar de esta actitud, es la reivindicación que hacen los historiadores del “decreto ley” 6403/55 que le otorgó al partido socialista y al partido radical, el manejo de la universidad . Debería decirse al enseñar la historia del proceso, que la figura normativa mencionada es producto de la clausura del parlamento por decisión de una dictadura, cuestión que permitió que el ejecutivo sancione, ilegalmente, decretos con fuerza de ley.

En definitiva, la historia oficial universitaria al reivindicar los “decretos leyes” sin efectuar crítica alguna al problema de fondo, hace apología de la dictadura y privilegia la aplicación de la fuerza sobre el debate y el consenso que tienen que tener las leyes fruto del parlamento.

Para justificar tan gravosa actitud, se repite que las normas educativas peronistas serían “privativas” de la libertad, cuestión que no es exacta, ni cierta. Ahora y pese a ello, lo que debería decirse ante todo, es que la dictadura derogó ilegalmente la ley del congreso 14.297/54 y derribó la Constitución de 1949 que y entre otros temas fundamentales, introdujo la autonomía universitaria en la Carta Magna. No está mal que los miembros de la universidad no compartan un artículo de una ley y tienen derecho a expresarlo. Lo inadmisible, es que para modificarlo incurran en la violación del sistema constitucional y en la apología de los gobiernos castrenses.


c- La historia oficial universitaria esconde hechos fundamentales
La historia oficial universitaria resalta algunas fechas y desconoce otras.
Por ejemplo, su relato estableció que la dictadura militar de 1966 fue una “bisagra” para el funcionamiento del sistema. Todos los educadores de sistema acuerdan lo pernicioso que fue la “noche de los bastones largos”. Ahora, lo que no es frecuente escuchar o leer, es qué ocurrió y cuáles fueron las víctimas de la violencia impulsada entre 1955 y 1966. No existe conciencia de que Onganía en el plano de la aplicación de la violencia, no fue más radical que la dictadura cívico militar de 1955, que también asaltó las universidades. Por ejemplo, durante Ongania no se produjo un bombardeo terrorista como el de junio de 1955. Durante Onganía, hay escasos sucesos comparables al nivel de brutalidad de los fusilamientos como los de 1956 (3). Cuando se reconstruye la intervención de la universidad de 1955, no se dice nada de los “comandos civiles”, que aplicaban actos terroristas oficiando como un antecedente importante de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) de los años setenta.

Poco se escucha en las aulas universitarias el hecho de que en 1955 se expulsaron a todos los docentes de la universidad, se derogaron las leyes de la democracia, se cerraron periódicos, se aplicó una censura con rasgos fascistas (4) a la cultura o que se persiguió a estudiantes en el marco del un proceso político profundamente represivo y salvaje. En definitiva y cuestión que tiene que destacarse enfáticamente en el aula para que no se repita, es que la violencia de 1966 es la consecuencia lógica y directa del golpe terrorista de 1955.
En definitiva, al sacar de contexto los debates y al priorizar aspectos secundarios, lo que no se enseña a los estudiantes es que en la Argentina hay varios modelos de universidad. La historia oficial universitaria, difunde una simplificación al reiterar que la institución es el mero resultante del programa de los liberales que fundaron la UBA en 1821 y de los reformistas de 1918. Según este postulado, por fuera de estas tradiciones académicas no hay propuestas propositivas, sino meramente actividades represivas (5).
Además de la tradición liberal y de la reformista, se debe destacar que existe un tercer modelo universitario que es el del nacionalismo popular. El peronismo promovió una ciencia aplicada a la innovación tecnológica e impulsó una apuesta a la consolidación de una agenda educativa regionalizada. Con dicha finalidad, propuso planificar estratégicamente los recursos humanos y materiales, conjuntamente con la agenda pública de la democracia de masas. Contrariamente a la nueva tradición educativa, los liberales plantearon que los grupos económicos concentrados eran los titulares que tenían que organizar la universidad. Los reformistas resistieron las propuestas del proyecto nacional y se atribuyeron la “propiedad” de la universidad y el derecho a sedición contra las autoridades democráticas.

El nacionalismo popular impulsó las carreras aplicadas al programa de industrialización y proyectó una universidad capaz de superar el perfil de servicios, típico del modelo educativo liberal del país agroexportador. Tanto liberales como reformistas, favorecieron un distanciamiento entre ciencia y tecnología, cuestión que buscó revertir el nacionalismo popular.
Finalmente, la historia oficial universitaria no dice que parte importante de los conflictos de la década del cuarenta, surgieron como una resistencia institucional a la decisión del peronismo de promover un modelo de educación superior al servicio de la igualación social. Frente a la gratuidad de los estudios sancionada en 1949, los liberales propusieron el acceso restricto para profundizar las desigualdades sociales. En los hechos y tomando distancia del movimiento original, los reformistas con su concepción “cientificista”, impulsaron una universidad elitista separada de los problemas sociales del conjunto del país.

Los académicos podríamos debatir los valores que subyacen en la historia oficial universitaria que enseñamos y para eso, no estaría mal partir de algunos acuerdos básicos fundamentales. Por ejemplo, ¿se puede apoyar una dictadura para obtener un privilegio en una institución cultural?, ¿la universidad no debería defender sin contemplaciones los valores de los derechos humanos, la justicia social y las formas constitucionales?, ¿los debates de la universidad no deberían resolverse en democracia, en lugar de apoyar golpes militares?. Por otro lado, es pertinente preguntarse: ¿es oportuno seguir reiterando que es legitimo el enfrentamiento de los representantes de la democracia de masas y el cogobierno universitario?, ¿quién tiene la legitimidad para promover agendas de debate en las universidades nacionales, los representantes electorales de 40 millones de argentinos, meramente los miembros internos de la institución, ambos?, ¿toda propuesta de cambio de la universidad iniciada desde el Estado, puede considerarse un ataque a la autonomía?.


Citas
(1) Yrigoyen intervino las universidades desde el Poder Ejecutivo y desplazó a sus adversarios conservadores de la universidad, favoreciendo el ingreso de los reformistas. Varios de estos últimos reunidos en a FUA, realizaron manifestaciones de apoyo público a los golpes de Estado de 1930 y de 1955.
(2) La posibilidad de ejercer el derecho al “cogobierno” bajo el esquema “tripartito”, no alcanzó a la mayoría política del país que estaba proscripta y que era ferozmente reprimida.
(3) Contando con el apoyo público de los miembros reformistas de la universidad, desde el año 1955 el país fue gobernado bajo diversos planes represivos. El bombardeo de junio de 1955 contó con el apoyo público de radicales, socialistas y conservadores y dejó más de 350 víctimas. En el año 1956 se fusilaron 27 personas. Frondizi aplicó el Plan de Conmoción Interna del Estado contra los reclamos sindicales y juveniles. Felipe Vállese fue desapareció durante la presidencia de José María Guido. La violencia iniciada en 1955 posibilitó que el gobierno de Ongania en la antesala del Cordobazo, asesine a Juan José Cabral, a Alberto Ramón Bello y a Luis Norberto Blanco. La resistencia popular en el cordobazo de 1969, culminó en una represión que no alcanzó las cifras de los fusilados de 1956 y tras la pueblada, asesinaron alrededor de 14 personas. Es interesante mencionar, que ni siquiera los militares que aplicaron la Masacre de Trelew se animaron a defender públicamente la ley marcial como habían realizado los universitarios. La “Masacre” se produjo durante la gestión de Lanusse e implicó el fusilamiento de 19 personas. A diferencia de los fusilamientos de 1956 que apoyó el reformismo, los militares en Trelew no aplicaron la “ley marcial”, sino que arguyeron el pretexto de la “ley de fugas”. 16 de los 19 fusilados, murieron en el acto.
(4) Se sancionó el fascista Decreto ley 4161/56, “Prohibición de elementos de afirmación ideológica o de propaganda peronista”. Se clausuraron periódicos nacionales como El líder, el 45, Lucha Obrera, Norte, El Federalista, De Frente, El Descamisado, Palabra Argentina, Doctrina, Renovación, entre otros.
(5) La historia oficial universitaria reitera el eje de la civilización y la barbarie, que fue exportando por las potencias colonialistas y que fue asimilado por figuras como Domingo F. Sarmiento. La historia de la universidad se organizó de manera “dicotómica” y los liberales y los reformistas serían la civilización y Rosas y el peronismo, ocuparon el lugar de la barbarie autoritaria. La civilización derivó en la defensa de la “autonomía” universitaria y se acusó de “barbarie, de flor de ceibo o de alpargatas”, a los que plantearon otro proyecto cultural cumpliendo el mandato de la soberanía popular.



jueves, 7 de marzo de 2013

Hugo Chávez, diccionario político del nacionalismo popular



Aritz Recalde, marzo 2013

Hugo Chávez fue un verdadero diccionario político para buena parte de la juventud militante del continente. Incluso, me atrevo a decir, que en pleno neoliberalismo y gracias a Chávez, sectores políticos de izquierda y de centro de la Argentina, entendieron o al menos revisaron, algunos preconceptos sobre el peronismo, el varguismo o el cardenismo. El venezolano hizo escuela con su andar y favoreció la comprensión de las luchas nacionales y populares de nuestros pueblos, develando la farsa de las atiborradas teorías del “populismo” y de otras formulas del pensamiento dependiente de las academias. En base a esta comprensión histórica, pudo surgir la unidad entre los pueblos del continente y sus conductores Kirchner, Evo, Múgica, Ortega, Lula, Lugo, Dilma, Correa o Cristina.

Su trayectoria fue una verdadera escuela y en plena debacle neoliberal, sembró y dio vigencia a las ideas y a los postulados de los nacionalismos que habían sido sepultados bajo el neocolonialismo del supuesto “final de la historia”. La revolución bolivarian, en una tarea profundamente educadora, les otorgó vitalidad a figuras intelectuales como Ugarte, como Haya de La Torre o como Hernández Arregui.

Su acción impulsó un camino hacia la formación de una sociedad solidaria y emancipada del poder neoliberal. Con ello, Chávez recuperó los sueños y las consignas del socialismo nacional por los que había luchado la juventud de los años setenta. Es por eso, que la revolución bolivariana nos impulsó y nos obliga actualmente, a releer a la izquierda nacional de Cooke, de Abelardo Ramos o de Galasso.

Con su tarea patriótica, retomamos la perspectiva cultual y política del antiimperialismo, revitalizando la teoría de la dependencia y marcando una agenda de debate que recuperó lo mejor de las tradiciones culturales de nuestros patriotas. Chávez fue un revisionista convencido de que la conciencia histórica de los pueblos, es la base de la conciencia nacional revolucionaria. En este camino, su vocación tercermundista lo reencontró con Tito, con Mao y con Perón. Su nacionalismo militar lo abrazó con Alvarado, con Mosconi y con Torrijos. Su ideal latinoamericanista, lo hermanó con San Martín, con Bolívar, con Allende y con Kirchner. Su compromiso con los humildes, lo reunió con los curas de la teología de la liberación y con Eva Perón. Su vocación antiimperialista, escribió una hoja central en libro de las luchas anticoloniales que fueron impulsadas por Tupac Amaru, por Artigas, por Rosas y por los miles de militantes que dieron sus sueños e incluso sus vidas, por la construcción de una patria justa, libre y soberana.


Chávez, como Perón o Fidel Castro, son la certeza de que el cambio de sociedad es necesario y que la injusticia es intolerable. Chávez fue la muestra en pleno siglo XXI, de que la revolución es posible y que además, tarde o temprano, los pueblos latinoamericanos y del tercer mundo, unidos, organizados y solidarios, venceremos. Caiga quién caiga, cueste lo que cueste.





viernes, 22 de febrero de 2013

La Educaciòn Superior en la Provincia de Buenos Aires

Aritz Recalde, febrero de 2013

“En particular nuestras universidades, en su seguidismo –poco exitoso- de las tendencias del Norte, son incapaces de comprender cuáles son las necesidades técnico – científicas de esa transformación social, y resultan meros instrumentos de colonización cultural”. Oscar Varsavsky

Retomando el argumento de Oscar Varsavsky del epígrafe, consideramos oportuno que la provincia de Buenos Aires promueva una política en Educación Superior al servicio de las necesidades técnico – científicas de la región y del país. En este sentido, cabe destacar que buena parte de los valores fundamentales y de los objetivos educativos del proyecto nacional, están claramente planteados en la Ley de Educación Nacional 26.206/06 a la cual la provincia adhirió en 2007.

Los establecimientos de Educación Superior en la provincia
“Sin base científico – tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace imposible (…) el campo científico – tecnológico debe aportar conocimientos para desarrollar una capacidad adecuada, que permita disponer de suficiente poder nacional de decisión”. Juan Perón

En la provincia de Buenos Aires están radicadas 18 universidades nacionales (1), 3 universidades provinciales (2) y 584 Unidades de Educación Superior no universitaria (grado, posgrado y postitulo) (3) . Dentro de las instituciones universitarias nacionales, adquiere suma relevancia aquellas organizadas en la Red de Universidades Nacionales del Conurbano Bonaerense (RUNCOB) (4).
Tal cual se observa en las cifras, los Institutos de Educación Superior no universitaria ocupan un lugar central en el sistema bonaerense, incluyendo según datos del año 2010, a 179.452 alumnos (5) y a 4.370 docentes (6) . En general, la Educación Superior no universitaria está relacionada con los Institutos de Formación Docente y con los Institutos de Educación Técnico Profesional (7). Su gestión está regulada por la Dirección Provincial de Educación Superior y Capacitación Educativa, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación.

Atendiendo la diversidad de instituciones del Sistema de Educación Superior, uno de los aspectos fundamentales a profundizar en una política de Estado, tiene que ver con la articulación del sistema. En este sentido, debería contemplarse la articulación:
- entre las universidades públicas y privadas y la Educación Superior no universitaria;
- entre la Educación Superior y los otros niveles educativos.
- Entre la educación superior, el conjunto del Estado y el sistema productivo.

La Ley de Educación Superior del año 1995 (LES) creo los Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior (CEPRES) (8) como ámbitos institucionales para la articulación regional. Un dialogo fluido dentro del conjunto del sistema educativo, debería evitar superposiciones de ofertas promoviendo la apertura de carreras que respondan a los problemas de cada región.

Sobre la base del dialogo y el compromiso conjunto entre la educación superior y el resto del sistema educativo, se pueden empezar a planificar acciones concretas para reducir las altas tasas de deserción estudiantil, garantizando el acceso y la permanencia efectiva de los sectores populares.

Asimismo, queda mucho avanzar en la articulación de la educación superior no universitaria y la universitaria, en temas como el intercambio de investigaciones o la promoción del posgrado y la capacitación continua de los docentes y los egresados de la provincia (9).

Un tema fundamental, se refiere a la necesidad de articulación entre el sistema productivo y la Educación Superior. Su vinculación es estratégica, ya que y tal cual firmó Juan Perón “mientras el país exporta tecnologías en la capacidad intelectual de sus técnicos, importa tecnología en máquinas y procesos industriales. No obtiene el fruto de lo primero, pero paga bien alto lo segundo”.

Finalmente y en otro nivel de análisis, la RUNCOB podría actuar de manera conjunta para revertir la fuerte asimetría en la distribución de recursos en ciencia y tecnología en relación a las grandes universidades.

La investigación
“El rasgo fundamental de una nación es una política propia”. Juan José Hernández Arregui

Desde el año 2003, el proyecto nacional está impulsando la reconversión del perfil productivo del país. Los argentinos tomamos la estratégica decisión de industrializar el país, consolidando con ello la independencia económica que es la base de la soberanía política de la nación. En este marco, el sistema de Educación Superior tiene la impostergable responsabilidad de reorientar sus recursos materiales y humanos, para apuntalar la industrialización.
El sistema científico del país (10) está debatiendo los alcances de la investigación y de los criterios de validación para su ejecución. ¿Quién recibe los resultados de las investigaciones y qué impacto cultural, social o económico encuentran?, ¿qué utilidad tienen?. Buena parte de la tradición en Educación Superior, reitera una tendencia cientificista que deriva en que las investigaciones solamente sean generadas por el interés de los docentes y los miembros de las mismas instituciones. Otra deformación de las investigaciones, se origina en la tendencia reiterar las agendas provenientes de las agencias de los países extranjeros, que en nombre de la “neutralidad de valores”, instauran las políticas científicas para su beneficio. La provincia debería promover sus propios indicadores para planificar y distribuir los recursos del sistema científico y de Educación Superior.

Para cumplir con esos objetivos, se debe tener en cuenta que la provincia gestiona la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC). Además, las instituciones universitarias de la región disponen de los recursos nacionales de ciencia y técnica, como es el CONICET y otros entes del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

En otros aspecto, se debe destacar que resta mucho por hacer para efectivizar acciones conjuntas en el campo de la investigación y la divulgación académica, entre la Educación Superior y las instituciones públicas como el Instituto Provincial para la Administración Pública (IPAP), el Consejo Provincial de Educación y Trabajo (COPRET) (11) o el Archivo Histórico Ricardo Levene.

Citas
(1) En el país hay 114 instituciones universitarias. En el universo de la gestión estatal se ubican 48 universidades y 7 institutos estatales. En el caso de la gestión privada, hay 57 instituciones distribuidas en 46 universidades y 11 institutos. Luego hay 1 institución extranjera y 1 internacional. Datos del Anuario de la SPU 2010.

(2) Universidad Pedagógica Provincial (UNIPE), Universidad Provincial de Ezeiza (UPE) y Universidad provincial del Sudoeste (UPSO). Artículo 31. B de la ley de Educación de la provincia 13.688/07.

(3) Según datos del Ministerio de Educación de La Nación, hay 2.129 Institutos de Educación Superior No universitaria en el país. 948 son estatales y 1.181 de gestión privada. http://www.mapaeducativo.edu.ar/

(4) Universidad Nacional Arturo Jauretche; Universidad Nacional de Lanús; Universidad Nacional de Avellaneda; Universidad Nacional de Quilmes; Universidad Nacional de La Matanza; Universidad Nacional de Tres de Febrero; Universidad Nacional de General Sarmiento; Universidad Nacional de José C. Paz; Universidad Nacional de General San Martín; Universidad Nacional de Moreno; Universidad Nacional de Lujan.

(5) El total del país es de 691.007 alumnos, ubicados 397.744 en la gestión estatal y 293.263 en el ámbito privado. http://www.mapaeducativo.edu.ar/

(6) El total del país es de 20.049 cargos docentes distribuidos en 11.742 de gestión estatal y 8.307 en el sector privado. En el caso de la provincia de Buenos Aires hay 3.229 cargos en la gestión estatal y 1.141 en la privada.

(7) Artículo 31 de la ley de Educación de la provincia 13.688/07

(8) En la provincia son el CPRES Bonaerense y el CPRES Región Metropolitana.

(9) La Ley de educación Superior estableció el artículo 39 bis, que favorece el ingreso de egresados de la educación superior no universitaria, al posgrado universitario.

(10) La CIC adhirió al “Documento I de la Comisión Asesora del Personal Científico y Tecnológico del MINCYThacia una redefinición de los criterios de evaluación del personal científico y tecnológico” redactado el 13 de septiembre de 2012.

(11) La ley de Educación de la provincia 13.688/07 en el artículo 123 contempla la participación en el COPRET de las universidades públicas y privadas y la CIC, entre otras instituciones con asiento en la provincia.


lunes, 18 de febrero de 2013

Pensamiento Nacional y Cultura

Prólogo
por Iciar Recalde

“La historia grande de Latinoamérica, de la que formamos parte, exige a los argentinos que vuelvan ya los ojos a su patria, que dejen de solicitar servilmente la aprobación del europeo cada vez que se crea una obra de arte o se concibe una teoría.” Juan Domingo Perón

 
Juan José Hernández Arregui estableció que los pensadores nacionales no hacen más que interpretar los estados latentes de las masas y, en este sentido, Pensamiento nacional y cultura aparece en circunstancias profundamente auspiciosas para la vida política del país y de la región. Momento en que las organizaciones libres del pueblo se encuentran en un período de avance, de restauración de derechos y de recomposición del tejido social, respaldado en una fuerte organización del movimiento obrero que retoma la senda abierta por Juan Domingo Perón el glorioso 17 de octubre de 1945. La asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003, y las gestiones de gobierno de la actual presidenta Cristina Fernández, permitieron la reapertura del debate acerca de la nación y de su destino histórico en el contexto de la geopolítica mundial y de la división internacional del trabajo, interrumpido por décadas de políticas tuteladas por el extranjero en consonancia con los vendepatria de tierra adentro. El libro de Recalde no escapa a este propósito cuando da cuenta de manera pormenorizada de que imperialismo y colonialismo son fases del mismo fenómeno y que el imperialismo económico acarrea el cultural a través de todo un enorme aparato de justificación del coloniaje. Sin reparos ni medias tintas, advierte que la lucha política por la liberación nacional es simultáneamente lucha cultural contra la dominación extranjera. Por tanto, la asunción del estatus dependiente del país, a diferencia de lo que la intelligentzia estipula para las ciencias sociales, deberá guiar los análisis de la cultura y no a la inversa. La dependencia, explica pormenorizadamente Recalde, es un fenómeno estructural, visceral de los países periféricos expresado en sus dimensiones económica, política, social, tecnológica, científica, etc., y así como habla a través de las estadísticas de mortalidad infantil del continente, tiene un alma: la cultura de la dependencia, que permite que el proyecto del colonizador entre en el modo de ser social del pueblo dominado hiriéndolo en lo más profundo: su ser nacional. La cultura en un país dependiente es un parto doloroso: extraviada de sus rasgos propios, nace tullida, mutilada, enajenada al servicio del armazón ideológico que justifica la dominación. Esta desfiguración de la mirada autóctona coexiste con todo el conjunto de elementos que integran el sostén de la deshumanización en el Tercer Mundo, porque sólo es posible mantener a un pueblo en situación semicolonial, si su conciencia nacional se imagina previamente partícipe de los valores del amo imperial, de sus objetivos y de su historia. En este sentido, Recalde revela que la cultura en la periferia se internaliza por medio de un complejo proceso de colonización cultural tendiente a legitimar y sostener en el tiempo el dominio económico sobre nuestro país. La ficción jurídica de la independencia política, que Arturo Jauretche describió lúcidamente a través del concepto de estatuto legal del coloniaje, ha jugado un rol sobresaliente en la devastación espiritual de la Argentina a través de la incorporación de modos de ver y experimentar lo social y la nación en su conjunto ligados a cosmovisiones e intereses foráneos. Y en este contexto, las oligarquías, amas y señoras de los aparatos de la cultura en el país en complicidad con los intereses del capital transnacional, llevaron a cabo una labor ininterrumpida de azonzamiento de generaciones intelectuales que aprendieron a pensar en francés, a comerciar en inglés y a renegar profundamente de lo propio. De espaldas al pueblo mestizo y pobre, sentaron las bases del extranjerismo mental, del universalismo de la cultura extranjera y la constante negación de sus orígenes americanos. Doctrinarios, doctores, funcionarios y escribas a sueldo del extranjero, imaginaron la construcción de Europa en su propio suelo y ejecutaron la entrega del patrimonio nacional, el genocidio de sus habitantes y la desarticulación social cobijada en el mito de la blanquitud nacional como justificación científica de la inferioridad del hombre americano. Entregaron la patria sin miramientos, amparados en la moral del librecambio y del progreso. Y así emergió lo de civilizados y bárbaros que coadyuvó a la formación de una pedagogía colonialista con la que se falsificó la historia del país y se asentó una política de la historia que impidió cualquier vislumbre de elaboración de un pensamiento propio. La dupla civilización o barbarie conformó un cuerpo de ideas poderosísimo para legitimar las acciones de exterminio que la oligarquía argentina ejecutó sobre aquellos sectores ligados al federalismo que entorpecían su proyecto de país agroexportador dependiente. Civilizar en Argentina consistió en desnacionalizar: pensar lo propio como hecho anticultural (la barbarie englobaba toda la herencia hispano-indígena, mestiza, religiosa y pobre) y lo extranjero como hecho cultural por excelencia (la civilización era la Europa blanca, laica rica y culta). La servidumbre cultural de nuestros intelectuales sería recompensada con cargos públicos, rentas, el manejo de las instituciones de la cultura, la prensa y todo el aparato de construcción de prestigios al servicio del coloniaje cultural, proceso examinado por Recalde, entre otros aspectos, a través del devenir de la Universidad argentina y del rol antinacional de los medios de comunicación. Y en su reverso, a través del rescate de figuras y de experiencias políticas ligadas al nacionalismo, silenciadas por haberse atrevido, lisa y llanamente, a amar a la patria antes que a las rentas y al crédito personal, defendiendo la soberanía cultural como tarea obligada del intelectual en la periferia y cuestionando la superioridad europea a través del vislumbre de su funcionalidad colonial. La misión de la producción intelectual fiel a su pueblo, advierte Recalde, ha rehuido siempre los oportunismos tras la certeza de que su labor de recuperación de la cultura del continente sepultada por las oligarquías debía desenterrar además, el proyecto de la Patria Grande, de Iberoamérica como única nación frustrada por los intereses imperiales, que fraguaron su desmembramiento en múltiples naciones sin soberanía real. Porque del mismo modo en que el imperialismo estructura las sociedades dependientes naturalizando la opresión a través de la colonización cultural, la cultura ha sido instrumento de la emancipación nacional de los pueblos sometidos. La cultura de la opresión y la cultura de la liberación atraviesan en su enfrentamiento toda la historia de la Argentina y en este punto, el libro de Recalde permite percibir a las claras la disputa entre dos tradiciones culturales diferenciadas que tienen su origen en los debates y en las luchas políticas del siglo XIX y que se reactualizan en el presente. La disputa circunscripta en las figuras de Juan Manuel de Rosas, el Federalismo y las montoneras y Mitre, el Unitarismo y la oligarquía argentina, cuya traducción en términos culturales se describe a través del enfrentamiento entre un proyecto cultural oligárquico/liberal (europeísta, elitista, racista, de civilización y ligado al mito de la blanquitud nacional) y un proyecto cultural nacional, popular y antiimperialista (vinculado a proyectos libertarios, centrado en la mirada realista sobre la situación del país, distributivo y democrático). El siglo XX, encuentra la expresión de esta batalla cultural en el enfrentamiento político que motorizan las figuras de Yrigoyen, Perón y las masas populares, en disputa con la oligarquía y sus voceros intelectuales (vastos sectores de las clases medias, los partidos de izquierda tradicional, entre los principales). Esta batalla continúa vigente en el siglo XXI, momento en que Argentina e Iberoamérica caminan hacia el futuro con el convencimiento de que la política son los pueblos que hacen su historia y que nuestro único norte es el Sur. Recalde sabe que el antiimperialismo, que el nacionalismo de los pueblos oprimidos, no surge de los libros sino del hambre, la ignorancia y el castigo infringido sobre sus hombres. Pero sabe al mismo tiempo, que en tiempos como estos, la fingida neutralidad ideológica es cobardía imperdonable: esa es la razón de estas páginas, herramientas para el combate, que escriben el derrotero de todos esos hombres que sueñan y luchan a lo largo y ancho del continente. Prologar este volumen, además de lo antedicho, significa un honor porque además de los lazos filiales que nos unen, su autor continúa siendo para muchos de los que compartimos su labor militante, una enorme guía intelectual y afectiva para cumplir el destino de la Argentina, de Iberoamérica y del Tercer Mundo en su conjunto: la independencia.

Índice
PRÓLOGO
CAPÍTULO I: PENSAMIENTO NACIONAL: DEFINICIÓN DE CONCEPTOS
Apuntes para una Sociología de la Cultura
¿Qué es el Pensamiento Nacional?

CAPÍTULO II: LOS PENSADORES NACIONALES
Juan José Hernández Arregui y la Sociología argentina
Raúl Scalabrini Ortiz: modelo de intelectual nacionalista
Arturo Jauretche y el periodismo

CAPÍTULO III: PENSAMIENTO NACIONAL Y UNIVERSIDAD
Reflexiones sobre la Reforma Universitaria del año 1918: siete hipótesis para su análisis
Actualidad y futuro del peronismo universitario
El nacionalismo popular y los Intelectuales
El peronismo y la soberanía cultural
Ciencias sociales y nacionalismo

CAPÍTULO IV: PENSAMIENTO NACIONAL Y COMUNICACIÓN
Análisis de la Ley de Servicios de Radiodifusión N° 14.241 del año 1953
El periodismo y los intereses nacionales
¿Periodismo militante o periodismo militar?

CAPÍTULO V: PENSAMIENTO NACIONAL E HISTORIA
Legado de San Martín en el Bicentenario
Obra y legado de Juan Manuel de Rosas en el Bicentenario
¿Chicos de la guerra o Héroes de Malvinas?
El feriado de la soberanía nacional y la política exterior argentina
Sonreí Tercer Mundo: Estados Unidos y Europa te están mirando

BIBLIOGRAFÍA

miércoles, 6 de febrero de 2013

El Fondo Monetario Internacional, este “monstruo tan peligroso”


Aritz Recalde, febrero 2013

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del Presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, de inmediato, destaqué dos jóvenes técnicos de confianza del equipo de gobierno, para investigar a este “monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Bretton Woods. El resultado de ese informe fue claro y preciso: en síntesis se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”. Juan Perón (1968: 51)

“El mundo no ha cambiado nunca; lo que ha variado ha sido el tipo del imperialismo dominante. La historia del mundo es el devenir del imperialismo en los tiempos”. Juan Perón (2006: 247)

En el año 2005 Néstor Kirchner anunció la decisión del gobierno nacional de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La disposición del mandatario argentino, le otorgó suma actualidad a las palabras de Juan Domingo Perón del año 1968, cuando aseveró que “la tecnocracia suele ser funesta cuando se aferra a sus preconceptos aprendidos, olvidando que la economía es una sucesión de casos concretos que han de solucionarse a base de criterio objetivo y no por la aplicación de recetas, a que tan apegados suelen ser algunos técnicos. La economía liberal ha cerrado su ciclo y seguir defendiendo y practicando sus postulados es someterse a unas reglas de juego que ya no existen” (1968: 168).
Las operaciones mediáticas que apoyan las recomendaciones de este “monstruo tan peligroso” como lo llamó Perón, siguen sosteniendo los “preconceptos aprendidos” en las escuelas de economía de las metrópolis. La recetas y las recomendaciones de los técnicos del FMI, presentan a sus intereses imperiales como si fueran medidas de aplicación universal. Los ingleses impusieron sus ambiciones en nombre de la libertad de comercio y la civilización y los norteamericanos hicieron lo mismo, sobre el principio de la globalización y el Consenso de Washington.
Esos “preconceptos” cuando son adoptados por los economistas y los comunicadores de los países dependientes, nos impiden analizar la “sucesión de casos concretos” que condujeron al país a su mayor crisis económica, política y social en el año 2001. La “sucesión de casos concretos” en la historia del país que transcurrió entre 1976 y 2003, muestran un sometimiento político que conllevó a un brutal “saqueo de la Argentina”, tal cual denominó la periodista María Seoane. Las “misiones técnicas” que hoy “juzgan” los indicadores y las estadísticas del país, son las mismas que recomendaron aplicar el modelo de capitalismo global que terminó en crisis asiática de 1997, en el default ruso de 1998, el tequila mexicano de 1995, la crisis norteamericana o que actualmente están destruyendo la economía de Europa.

Frente a los planteos de los tecnócratas del FMI y de los profetas del odio que los difunden, solamente podemos responder que ya hemos aprendido sus lecciones a fuerza de un sinfín de crisis y de una sucesión de tragedias. Sabemos que la veracidad o no de una teoría económica, debe medirse en los alcances de la acción política de los Estados y los pueblos que la impulsan. Desentendiendo las recomendaciones del FMI desde el año 2003, Argentina inició un camino de crecimiento que con aciertos y con errores, afirman nuestra decisión infranqueable de ser un país soberano en lo político y más justo en el plano social.

Como estableció Perón y más allá de las recomendaciones del FMI, “la economía libre y el libre comercio son sólo afirmaciones para el consumo de los tontos y de los ignorantes. La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste” (1968: 168). En Argentina, guste o no les guste a los tecnócratas del “monstruo tan peligroso”, la economía la controla Cristina Fernández de Kirchner para ponerla al servicio del pueblo argentino.


Juan Perón, La Hora de los pueblos, Editorial Norte, Madrid, 1968.
Juan Perón, Los vendepatria, Editorial de INJDP, Secretaria de Cultura de La Nación, Buenos Aires, 006.
María Seoane, El saqueo de la Argentina, Editorial sudamericana, Buenos Aires, 2003.

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999

  El proyecto político que transformó la  Provincia d e Buenos Aires Prólogo Eduardo Duhalde, febrero de 2026 Cuando llegó a mis manos el bo...