lunes, 27 de octubre de 2008

John William Cooke y el Partido Justicialista.


Apartado del libro "EL PENSAMIENTO DE JOHN WILLIAM COOKE EN LAS CARTAS A PERÓN 1956-1966". Aritz Recalde, noviembre de 2008.


(...) “Lo que antes insinué tímidamente, debo afirmarlo ahora con toda mi responsabilidad: el Partido Justicialista puede ser el camino para que la corrupción penetre en el Peronismo” (...) “Ya esos hombre ensayaron el neoperonismo y la política de no violencia con la libertadora, que a estos efectos era torpe” (...) “el triunfo de esa tendencia nefasta es el mejor regalo que puede hacerse al gobierno”. J. W. Cooke, 5 febrero de 1959 (Tomo II, P. 148).

Los Partidos políticos y como punto de partida, podemos decir que son agentes de organización y de representación política. A lo largo de la historia argentina y en una extrema síntesis, coexistieron dos tradiciones para pensar la finalidad, la forma de organización y las tareas que ejercieron, ejercen y que “deberían” implementar los Partidos. Por un lado, se ubica la tradición demoliberal burguesa y por otra y vinculado a la figura de Yrigoyen, pero y particularmente a la de Perón, transcurre la tradición del “Movimiento Nacional” a la cual se va a referir Cooke a lo largo de las Cartas.

Los Partidos de la tradición demoliberal burguesa tienen una génesis en el siglo XIX dado que son producto del afianzamiento del régimen liberal aliado al mercado mundial. Estos Partidos institucionalizaron el orden político de la oligarquía que es económicamente liberal, políticamente aristocrático, socialmente desigual y culturalmente neocolonial y dependiente de Europa. Dichos Partidos tuvieron en su origen y poseen actualmente, la finalidad prioritaria de ser un mero “agente electoral” y actúan como medios de representación en el “mercado político” estableciendo agendas de gobierno y canalizando demandas del electorado. Dichos Partidos se plantean representar a “ciudadanos” individuales que actúan en el mercado político y que son definidos de forma similar al movimiento de los factores del libre mercado. En su mayoría, poseen una identidad difusa que se modifica según el marco y el contexto de la alianza electoral. Desarrollan una organización burocrática y profundamente cerrada consolidando una cúpula profesionalizada con lógica propia en la cual se toman las decisiones, que esta separada de los cuadros auxiliares y los adherentes del Partido que se los convoca solo en períodos electorales. El teatro de operaciones de estos Partidos son los gabinetes empresarios, generalmente extranjeros, el Congreso y las instituciones del gobierno. Su relación con la masa se opera a través de los medios de comunicación de masas y/o la compra de aparatos y estructuras políticas preexistentes. En tanto su condición de clase los liga a la oligarquía, el capital financiero y a los grupos económicos extranjeros, sus programas de gobierno enfrentan cualquier posibilidad de desarrollo industrial independiente del país. A partir de aquí, que escinden la práctica política de la transformación social y económica a la cual definen como propia del “mercado”.

En el reverso de este modelo de Partido demoliberal se ubica el Movimiento Nacional producto del ingreso a las masas a la arena política en el siglo XX. Juan Perón[1] se refirió a la muerte del demoliberalismo y al nacimiento de nuevas formas políticas ya que:
(…) “la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados. Esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva que las viejas formas ya no pueden ofrecerles” (…) La historia del demoliberalismo burgués es simple y casi reciente. Cuando hace vente años el Justicialismo anunciaba desde la Argentina la “Hora de los Pueblos” y su doctrina, el mundo demoliberal y el soviético, apoyados por el imperialismo capitalista, lanzaban ya su ofensiva contra nosotros con la acusación de “antiliberalismo”, “demagogia”, “nazifacismo”, etc. Sin embargo, ha pasado el tiempo y la evolución paulatina e irremediable ha ido alejándonos cada día más de los supuestos liberales que ya en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron su fracaso, que se acentuó decisivamente con el desarrollo económico del siglo XX y se hizo efectivo e irreversible en la situación emergente de la Segunda Guerra Mundial”

A diferencia del Partido demoliberal el Movimiento puede ser un “agente electoral” pero “no solo”, “ni necesariamente”, ese es su único objetivo. Por el contrario, dentro del Movimiento existe una herramienta política electoral (en este caso, denominada Partido Justicialista) y otro conjunto de ámbitos organizativos. La trayectoria de Cooke luego del golpe del año 1955 se ejerció dentro del Movimiento que estaba impedido de actuar políticamente a través del Partido sin por eso, desaparecer el peronismo que excedió en su conformación ser una mera herramienta electoral. El Movimiento y dada su composición de clase, se plantea representar “colectivos” organizados y no individuos tal cual lo hace la tradición demoliberal. La noción de ciudadanía típica de los Partidos Demoliberales deja paso a la de “pueblo”[2], que involucra al conjunto de las clases y actores de un país enfrentados al imperialismo y su socio local, la oligarquía terrateniente o el capital financiero extranjero. Ya vimos como Perón denominó a dicho conjunto de clases y actores capases de alcanzar el desarrollo nacional y la industrialización, como Comunidad Organizada. En el contexto de acción del Movimiento la política y la economía se fusionan y la herramienta política es un medio de transformación económico y social. Su condición revolucionario implica, obligatoriamente, la necesidad de organizar al pueblo y es a partir de aquí, que el teatro de operaciones del Movimiento es la nación en su conjunto:

a- se enseña la Teoría y se inculca la Doctrina[3] en las masas[4] y en los cuadros políticos. Su práctica se desenvuelve en el marco del Estado y las organizaciones libres del pueblo.
b- se organiza el Movimiento a partir de la acción en la totalidad de la nación. Aparece dentro del Movimiento la rama sindical; una barrial; una cultural; una juvenil; una femenina, las formaciones especiales; etc.

El objetivo del Movimiento es alcanzar el desarrollo nacional y a partir de aquí que es, objetivamente, antiimperialista ya que enfrenta la dependencia estructural operada a partir del capital extranjero y sus socios internos. La inexistencia de industrias, la dependencia tecnológica y científica y el genocidio social del Tercer Mundo, reúne a diversos actores y clases en un mismo proyecto. El Movimiento es además, antioligaquíco, ya que el desarrollo nacional enfrenta a los poseedores de la riqueza social que en las naciones periféricas está, mayoritariamente, en manos del extranjero y sus aliados locales, la “oligarquía”. El proyecto de las minorías ligados a la metrópoli en el plano económico es agro exportador y dependiente; en el plano político es represivo y parasitario del Estado y actúa como la garantía de los intereses foráneos y el infra desarrollo del país.

La tarea básica de un Partido demoliberal o un Movimiento Nacional y más allá de una u otra tradición, consiste en articular una fuerza social de manera mancomunada con el objetivo de desarrollar una disputa por la distribución del poder político, económico y social. En este sentido, se puede sostener que dichos entes son la manifestación política de la lucha de clases. En ambos casos y generalmente luego de alcanzar nivel de desarrollo considerable y sin mediar un golpe militar o acto similar, uno de los ámbitos de actuación de los Partidos intenta ser el Sistema Institucional[5]. Una institución es la cristalización jurídica de una relación de poder y el mencionado “Sistema Institucional” y tal cual lo dice su nombre, es un conjunto de instituciones y actores organizados y reglamentados jurídicamente a través de la acción de “funcionarios de carrera” y de “cuadros políticos”. Estos últimos son sujetos con capacidades de actuar en función de un proyecto político estratégico y se formaron, históricamente, en los Partidos o Movimientos. Un Funcionario de carrera es un sujeto con capacidades de gestión administrativa de los proyectos y a diferencia de un Cuadro político, se forman en la Carrera profesional[6]. En este contexto, la lucha contra la dependencia y el subdesarrollo neocolonial se da a partir de la organización del Movimiento, que hace de la nación una gran escuela en donde reclutar y educar a sus cuadros políticos para encarar el control del Sistema Institucional y el enfrentamiento de poder.

El Movimiento es un agente de representación y de organización política que tiene una función electoral, ya que del resultado de las elecciones depende la posibilidad o no, de ocupar espacios en el sistema institucional. Su condición de ser un agente de representación implica canalizar y expresar demandas del pueblo; determinar las agendas de gobierno y dar continuidad la ideológica a los miembros del Movimiento. En tanto tiene una función de organización de la fuerza social para disputar el poder, se entiende que debe mantener la unidad del movimiento (organización y solidaridad entre sus miembros); dar orientación ideológica y promover la unidad doctrinaria a los Cuadros y la masa; y contribuir a que exista una unidad de “concepción” (conocer la “doctrina” y la “teoría de la práctica”) y de acción. El Movimiento se aboca a promover e implementar las vinculaciones con otros Partidos y Estados con los cuales interactúa.


Dentro del Movimiento existe una estructura compuesta por “cuadros de conducción” que desarrollan la estrategia; “cuadros auxiliares” que aplican la táctica y ofician como intermediarios con los adherentes y la masa del pueblo cuya finalidad es que este organizada y educada, elementos sin los cuales no se puede conducir. En este contexto adquiere suma importancia estratégica la formación de los cuadros políticos de conducción y auxiliares.

La historia de los Partidos políticos que acompañaron a Perón es relativamente corta. El primero fue el Partido Laborista que como ya mencionamos, fue fundado luego del 17 de octubre y disuelto tras la unidad de los partidos de la revolución en el año 1946. El Partido único, luego Justicialista, fue el instrumento electoral que dio el triunfo al gobierno en todas las oportunidades en las cuales se presentó a las urnas. Elecciones mediante, el peronismo más que un Partido, se caracterizó ante todo y desde sus orígenes, como un Movimiento, conformado por distintas expresiones de la sociedad argentina, a diferencia de la U.C.R. o de los partidos Socialista o Conservador, que poseían una estructura partidaria clásica.

El golpe de 1955 trajo nuevos desafíos al Partido Justicialista, dada la imposibilidad de practicar las elecciones y disputar el poder en las urnas, lo cual llevó a Cooke replantear los métodos de la acción política. El Partido Justicialista con Perón en el exilio y proscrito y desde la óptica de Cooke, no llegó nunca a ser el elemento de conducción que la historia exigía. Por el contrario, Cooke se refirió críticamente el comportamiento los cuadros políticos al mando del Partido a los que acusó, en muchas ocasiones, de no resistir la acción de los militares en 1955 y de pactar con diversos dirigentes de la oposición.

Las causas de esta práctica eran diversas. Cooke le mencionó a Perón en varias oportunidades que la formación ideológica de los cuadros de conducción era deficiente. Otra cuestión de suma importancia, tuvo que ver con los métodos de lucha empleados por el Movimiento ante una dictadura que prohibió las elecciones. En este contexto Cooke consideró que el Partido Justicialista debería actualizar su organización para la resistencia o en su defecto, no tenía razón de existir ya que y en sus palabras del 5 febrero de 1959 “no estoy exagerando en un ápice la importancia del Partido Justicialista. Como no creo que nosotros podamos llegar al poder por un proceso democrático y normal, no considero al Partido Justicialista como el medio de cumplir los objetivos finales” (Tomo II, p 149). Según Cooke uno de los dramas centrales del Partido tuvo que ver con que sus dirigentes tenían un punto de vista meramente electoralista, a partir del cual se cerró la posibilidad de desarrollar una política revolucionaria e insurreccional. No plantearse la vía insurreccional bajo un sistema político que bloqueaba la alternativa electoral, hacía del Partido una cáscara vacía sin una función concreta acorde a los desafíos de la resistencia.

Siguiendo con las críticas y tal cual Cooke mencionó en la nota del epígrafe, el Partido podía ser el camino para que “entre la corrupción” y se formulen acuerdos con los adversarios de Perón y del Movimiento. Las incapacidades y responsabilidades del Partido luego del año 1955 fueron mencionadas por Cooke en Carta del 24 de julio de 1961 cuando estableció que “los que hemos tenido la preocupación de meditar sobre las causas de nuestra caída del gobierno, computado tanto los factores que en un momento dado fortalecieron el frente cipayo como las fallas internas que entonces afloraron, hemos atribuido la máxima importancia a una debilidad estructural que resultaba de tener un líder revolucionario y una masa revolucionaria pero también una capa burocrática -sindical, política y administrativa- que hacía de aislante y no de mecanismo de transmisión, de freno y no de ejecutora de una política revolucionaria. (...) Es allí, en esas posiciones ideológicas absurdas y reaccionarias, donde está el mal y donde radica nuestra debilidad (Tomo II, Pp. 181-182).

En este cuadro y pese a que Cooke fue interventor en el Partido luego de junio del año 1955, su tarea se centró en la formación de los Comandos clandestinos y de las organizaciones extra partidarias ya que y en sus palabras del 25 de junio de 1958 en el Partido “el proceso de desintegración no se detuvo en ninguna estructura, y para la acción contra la tiranía hubo que valerse de los Comandos, nuevas formaciones que nada tenían en común con las formaciones políticas partidarias. (...) Por eso he luchado tanto por la incorporación directa de los obreros a los cuadros dirigentes partidarios, para que ese contacto no se debilite” (Tomo II, Pp. 78-79).

En la Carta del 3 de marzo del año 1962 Cooke estableció una diferencia clara entre los miembros del Partido y los gremios y desde Cuba sostuvo que “aquí estuvieron los gremialistas metalúrgicos (Vandor, Niembro, etc.). Recorrieron, vieron las cosas y comprendieron. Cuando se hacía la conferencia en Punta del Este, las 62 dieron una magnífica declaración. Los cuadros políticos, como son conservadores y están mentalmente congelados en el año 1945, nos están abochornando en toda América” (Tomo II, P. 212).

Con posterioridad a la elección a la gobernación de Buenos Aires que culminó con la caída de Frondizi, Cooke se refirió críticamente a los miembros del Partido. En la Carta del 15 de junio del año 1962 y adelantándose varios años a la futura organización de la izquierda peronista, estableció que existía una contradicción entre la “tendencia revolucionaria del Movimiento” y las “posturas reaccionarias” ya que los “cuadros intermedios que vienen de la vieja burocracia, que sólo conciben la política en los marcos tradicionales, ansiosos por congraciarse con los factores de poder y temiendo ser acusados de peronistas” (Tomo II, P. 228).


Eduardo Gurucharri mencionó una de las últimas participaciones públicas de Cooke, que no por casualidad, fue en el Plenario del Peronismo Revolucionario del año 1968 que marcó un hito importante en la conformación de la “tendencia revolucionaria” del peronismo. Dicha corriente política y tal cual mencionó Cooke más arriba, iba a aparecer como una alternativa a las “conducciones burocráticas” del Movimiento. En palabras de Gurucharri:

(…) “la apreciación de Cooke databa de 1964. Ahora era el momento y la gente del Bebe, Acción Revolucionaria Peronista, también estaba de acuerdo”. (…) “Debe rechazarse toda ilusión idealista de contar con las masas como acto reflejo por la sola presencia de un grupo armado”, había insistido Rearte en el documento de convocatoria. La idea, un tanto confusa aún, era crear una especie de partido de la izquierda peronista, aunque esas palabras no se usaran. Una plataforma donde hubiera lugar para representantes de las incipientes formaciones guerrilleras que estaban organizándose, aunque todavía no actuaran públicamente, para los sindicalistas de la CGTA y para las diversas agrupaciones políticas y del ámbito de la juventud y el estudiantado, apoyada en una red de organizaciones de base barriales y comandos fabriles” (…) “Roberto Sinigaglia, Jorge Gil Solá, Raimundo Villaflor y Bruno Cambareri representaban ARP. El domingo por la tarde, 19 de agosto de 1968, llegó Alicia Eguren acompañando al Bebe. Gil Soria fue el primero en reaccionar. Se paró y empezó a aplaudir. Los treinta o cuarenta reunidos lo siguieron. Un aplauso largo y un tanto asordinado por las circunstancias de la reunión, saludó la que sería la última aparición pública, si se puede calificar así la concurrencia a una asamblea clandestina, de John William Cooke. Estaba gravemente enfermo y todos lo sabían”.[7]

Tal cual pronosticó Cooke y luego de su muerte, se desarrolló la “tendencia revolucionaria” del peronismo que intentó desplazar a las “conducciones burocráticas” del Movimiento. Lo que no pudo percibir Cooke fue el fuerte enfrentamiento entre corrientes internas del Movimiento, Ezeiza y primero de mayo incluido. Asimismo y cuestión importante, Cooke no percibió la dinámica violenta y confrontativa que adquirió el debate de Montoneros o las FAP con Perón y luego de casi dos décadas de lucha por su regreso. Cooke había planteado y con razón, que el Partido Justicialista iba ser el instrumento de penetración neocolonial, cuestión que finalmente se confirmó en los hechos. Ahora bien y pese a eso y en el plano de la mera especulación, cuesta pensar que Cooke pueda haber justificado el enfrentamiento directo de la Tendencia con Perón y más allá de las provocaciones de la derecha peronista y el imperialismo que fueron en ese sentido. Cooke y pese a que discutió con el líder, lo reconoció como dirigente máximo del proyecto y como un legítimo conductor de la liberación nacional al cual había que acompañar conjuntamente al pueblo.


[1] Perón Juan, “La Hora de los Pueblos”, Ed. Norte, Madrid, 1968. Pp. 14-15.
[2] Ernesto Laclau desarrolló un prolifero debate en relación a la noción de “pueblo” y de “populismo”. En sus palabras, “el pueblo no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales. En otros términos, es una forma de constituir la unidad del grupo. No es, obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la populista”. “La razón populista”, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005. Pp. 97-98.
[3] (…) “Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerable problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico de los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis surgen las formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina y una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles”; (…) “las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándolas a los tiempos, el progreso y a las necesidades” (…) “lo importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo fundamental es sentirla, y lo más importante es amarla” (…) “La Teoría es solamente la interpretación inteligente de la doctrina y la forma de ejecutarla es ya la acción mecánica en el empleo del esfuerzo llevarla a cabo” Juan Perón, “Conducción política”. Ed. Secretaria de la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1974. Pp. 5-9.
[4] (…) “En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir desde abajo y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica y anárquica un conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar esa masa” (…) “Esto es simple: un conductor, por genial que fuese, no podría llegar a cada uno de los millones de hombres que conduce. Hay una cosa que debe marchar sola; es decir la doctrina, que pone a todo el mundo “a patear el mismo arco”. Luego está la organización, que le da unidad en la ejecución de las cosas”. Perón Juan, “Conducción política” (1974). P. 35.
[5] (…) “Cuando observamos el sistema institucional, lo común es ver al: gobierno y sus ministerios, con sus funcionarios y cuadros políticos; el Parlamento y sus comisiones, con sus cuadros políticos y asesores de partido político; los Partidos Políticos con sus cuadros políticos y militantes. En síntesis, observamos, al ejecutivo del gobierno como coordinador de una constelación de cuadros políticos y funcionarios organizados en ministerios, Secretarias subsecretarias y jefatura de gabinete. También al parlamento en su juego de presiones, regateos y acuerdos entre partidos políticos; oficialista y oposición”. Walter Formento “El Sistema Institucional Político de Dominación” (Conducción, Liderazgo, Represión). Ed. Centro de Investigación en Política y Economía (CIEPE), Buenos Aires 1998.
[6] Walter Formento (1998) “El Sistema Institucional”.
[7] Gurrucharri Eduardo, “Un militar entre obreros y guerrilleros” (2001). Pp. 245-247.

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