sábado, 16 de mayo de 2020

El Coronavirus y la economía nacional


Aritz Recalde, 13 de mayo de 2020

Publicado en REVISTA 2050
En los medios de comunicación se instaló la visión infectológica del Coronavirus, que si bien es fundamental, no agota la totalidad de los aspectos que integran una política de salud pública. El hecho de centrar la mirada solamente en cuestiones de reproducción de los contagios, lleva en muchos casos a suponer que el problema se resuelve únicamente con la Cuarentena y dando atención médica a la población contagiada.
En realidad, una política integral de salud tiene que incluir además de las cuestiones médicas, los aspectos sociales, emocionales y económicos vinculados. Asimismo, creemos que se tiene que contemplar la tarea de los agentes sanitarios y también la participación de la comunidad organizada, de la familia y del empresariado.
Cuatro ejes y cuatro actores de las políticas de salud
La lucha contra el Covid-19 tiene una dimensión médica. La expansión de un virus tiene que ser abordada por los infectólogos y los epidemiólogos, entre otros especialistas. En estos casos el Estado asume la indelegable tarea de diagramar la política de salud pública. Con este fin, dispone del conocimiento y de la organización de la industria médica, de los sindicatos que administran obras sociales y sistemas hospitalarios, del personal y de diversas instituciones de la comunidad.
Para enfrentar una epidemia es central la política social. El gobierno argentino diariamente asiste a millones de familias con dificultades para trabajar y que se ven impedidas de acceder a la alimentación o a los remedios. Esta labor es aún más fundamental en el universo de las personas con movilidad reducida o en situación de riesgo. Actualmente, el Estado planifica, financia y ejecuta la política social con la activa y la estratégica intervención de  la comunidad organizada que conoce los problemas populares y que tiene la llegada al territorio.
La política de salud debe atender también las cuestiones emocionales de la población. Con este objetivo, el Estado tiene que implementar una comunicación pública y debe diagramar un plan de asistencia de salud mental a los millones de argentinos desesperados, asustados o deprimidos. En este aspecto juegan un rol fundamental la comunidad organizada y la familia, que es la célula básica de la sociedad y que hoy tiene la inmensa responsabilidad de acompañar y de contener emocionalmente.  
Una política de salud requiere de una política económica.Querer separar ambas dimensiones puede conducir al fracaso de la estrategia sanitaria y al quiebre productivo del país con el potencial escenario de desabastecimiento, inflación y saqueos. Por un lado, el Estado y las empresas deben planificar la producción de los recursos médicos para abastecer el mercado interno. Es bueno destacar que más del 65% de la producción farmacológica que consumen los argentinos, es de origen nacional. Además, el Estado debe contribuir a garantizar las fuentes de trabajo, que son la base de los ingresos familiares. Si se pierden los empleos van a quebrar las obras sociales que le dan salud a más de 15 millones de personas. Si la economía continúa en recesión, el Estado no va a poder recaudar impuestos, aumentando aún más el déficit fiscal. Se puede producir un corte en la cadena de pagos de proveedores y en el pago de salarios de los empleados públicos.
La política económica del día después
Aún no se puede adelantar con certeza los tiempos que durará la circulación del Coronavirus, ni tampoco cuál será la dinámica de la cuarentena. Lo que sí es seguro, es que conviviremos con éste virus, como lo hacemos con tantos otros[1], y que debe preparase a la comunidad y al Estado para coexistir con ellos.  
En el marco de la incertidumbre actual, es importante reconocer que no existe una “única” solución sanitaria y tampoco “la” receta económica. En realidad, cada región y cada país están implementando su propia política que surge como el resultante de su cultura, su economía y de su situación sanitaria.
Incluso dentro de la misma República Argentina la situación infectológica, social y económica varía entre provincias y municipalidades y es correcto lo que hace el Gobierno Nacional de modificar la dinámica de la Cuarentena en cada lugar.
La crisis supone una oportunidad
Históricamente, las crisis internacionales generaron perjuicios para nuestro país en el terreno económico y social. Pero en algunos casos también acarrearon nuevas oportunidades, por el hecho de que las naciones centrales se abocaron a resolver sus frentes internos y no a obstruir la posibilidad de desarrollo del resto de los países. No es casual que en el marco de la Primera Guerra Mundial ascendió al poder Hipólito Yrigoyen y tras la segunda conflagración mundial Juan Perón alcanzó la presidencia.
El gobierno de Alberto Fernández tiene un importante consenso entre la población, emanado de la reciente elección presidencial y como resultado del tratamiento que le dio a la lucha contra el Coronavirus. Con ese poder aplicó medidas radicales y de excepción y puso en cuarentena a 45 millones de personas e inmovilizó a más de 400 mil pymes.
Ese poder puede utilizarse para implementar la reforma económica que la Argentina requiere para garantizar el despegue productivo y la emancipación social del pueblo. Es un momento oportuno para renegociar la deuda defendiendo los intereses argentinos, para iniciar un desarrollo industrial soberano y para implementar los cambios estructurales que el país necesita.
El plan económico: de la emergencia al proyecto nacional de mediano y largo plazo
El Gobierno Nacional no presentó aún un plan económico. En parte, esta falencia se le adjudica a la espera del resultado de la negociación de la deuda, que absorbe gran parte de los fondos públicos[2].
Economía de emergencia
El Coronavirus llevó al Gobierno a implementar una agenda económica de emergencia tendiente a enfrentar los perjuicios que generaron el Coronavirus y la Cuarentena. Entre otras acciones, se buscó proteger al trabajador del sector formal con la doble indemnización o directamente prohibiendo los despidos. El Gobierno financió el 50% de los salarios de algunas empresas y entregó créditos subsidiados a los trabajadores autónomos, entre otras acciones. Además, se implementaron gestiones para atender a más de 10 millones de personas de la economía informal que reciben diariamente alimentos y asignaciones.
De la emergencia a la Nueva Argentina
El país necesita un plan integral de desarrollo que incluya un programa económico. Para poder formularlo e implementarlo se requiere de una doctrina que marque el rumbo y de una organización política que lo haga realidad. En la Argentina existen tres grandes doctrinas económicas que se pusieron en práctica y son el nacionalismo industrialista popular, el desarrollismo productivista y el liberalismo agroexportador y financiero. El primer modelo lo implementó Juan Perón y tiene, entre sus grandes teóricos, a Antonio Cafiero. El desarrollismo tuvo su auge con Arturo Frondizi y entre otros pensadores que le dieron consistencia teórica se encuentran Aldo Ferrer o Enrique Gugliarmelli.
Desde nuestro punto de vista, hoy debemos orientar la economía argentina sobre principios justicialistas y desarrollistas avanzando en la industrialización, en la nacionalización productiva y en la elevación de la calidad de vida del pueblo.
Para formular e implementar el plan económico de la Nueva Argentina es fundamental dar vida al Consejo Económico y Social que anunció Alberto Fernández y que estaría integrado por representantes de la política, la producción, la cultura y el trabajo. El organismo puede funcionar de manera análoga al Consejo Nacional de Posguerra que formuló los Planes Quinquenales. Además, podría emular los Consejos que creó el gobernador Antonio Cafiero para implementar la gestión participativa de la provincia de Buenos Aires. 
El Consejo Social garantizaría así la participación de la comunidad organizada en la gestión del Estado. Esto le otorga al proyecto político tanto gobernabilidad institucional como estabilidad social y macroeconómica. Además, aportaría la estructura de cuadros técnicos y profesionales existente en el Movimiento Obrero organizado, en el empresariado, en las universidades y en las diversas instituciones de la cultura y la ciencia.
Medidas a corto plazo: el empleo y la reactivación del mercado interno
De manera similar al gobierno que enfrentó la crisis del 2001, debe implementarse un ambicioso plan de generación de puestos de trabajo. Actualmente, el desempleo supera el 10% y junto al subempleo y la precarización, dejan como saldo que alrededor del 40% de las familias tengan dificultades para proveerse de ingresos. La cuarentena profundizó una recesión que ya lleva casi dos años y todos los días se pierden puestos de trabajo, se reducen turnos en los empleos y se bajan los salarios.
Para reactivar la actividad podrían implementarse tres líneas de acción:
- Planes de empleo “Estado y comunidad organizada”. En 1987 Antonio Cafiero implementó los Programas Intensivos de Trabajo, cuya estructura fue retomada en 2002 con el Plan Jefes y Jefas. El Estado provincial y nacional aportaron los recursos para sueldos y las municipalidades compraban materiales y seleccionaban y dirigían las obras. Los trabajadores se organizaron en cooperativas y otras formas sociales de producción.
Este tipo de programas sirve para hacer pequeñas obras, planes de vivienda popular o reparar  edificios públicos, clubes y las instalaciones de las asociaciones barriales. Dicho programa también puede utilizarse para financiar parte de los salarios docentes de cursos, capacitaciones y actividades culturales y deportivas en clubes, iglesias e instituciones de fomento.
- Programas de “Obra Pública con el sector privado”. Desde el año 2003, la obra pública fue uno de los grandes motores que generó empleo y que facilitó la reactivación del mercado interno. Argentina tiene una importante cantidad de empresas que reúnen técnicos, profesionales y mano de obra disponible en un país que tiene mucho por hacer.
- Programas de “apoyo al sector empresarial”. La cuarentena quebró o puso al borde del cierre a miles de pymes. Hoy los diversos países del mundo[3] están otorgando créditos subsidiados al productor, le garantizan protección arancelaria e inyectan fondos a las familias para mantener la actividad del mercado interno.
El Plan a mediano y largo plazo: el desarrollo integral
Tal cual adelantamos, el país requiere de un programa de desarrollo que incluya un plan económico. Dicha programación no puede dejar de implementar:
- Políticas de impulso a la tecnificación y el aumento de los volúmenes de producción del “sector agropecuario”. Este último es sumamente dinámico en la Argentina y produce parte importante de las divisas.
- Políticas de fomento del “sector industrial” tendientes a sustituir importaciones. Se deben fortalecer las acciones para aumentar las cadenas de valor, invertir en tecnología, maquinaria y en capacitación. El sector requiere de estabilidad macroeconómica, de apoyo financiero y de protección arancelaria. Se debe garantizar la existencia un mercado interno pujante y de un mercado externo para colocar excedentes. La industria nacional, y centralmente las pymes, son los principales generadores de trabajo de calidad en el país.
- Políticas de fomento de “Regímenes especiales” de industria farmacológica, turismo, pesca, ganadería, agricultura familiar, artesanía, minería, energía, servicios públicos, ciencia y tecnología, etc.-.
Reformas estructurales para financiar y hacer viable el programa de desarrollo
La Argentina es inviable económica y socialmente si no impulsa un cambio estructural del funcionamiento de cinco sectores estratégicos:
- Reforma del sistema financiero. El actual sistema financiero garantiza la especulación y la fuga de recursos. Se debe terminar con el sistema que históricamente estafa al ahorrista y se tiene que orientar la tarea de los Bancos hacia la producción y la capitalización nacional. Con este fin hay que modificar la Carta Orgánica del Banco Central, la Ley de Entidades Financieras y los marcos regulatorios de los Bancos Públicos. 
- Reforma del comercio exterior. Es fundamental hacer un uso racional y nacional de las divisas en un mundo que está cada día más cerrado. Con este fin, se pueden recuperar y actualizar las experiencias de las Juntas Reguladoras y del Instituto Argentino de Promoción de Intercambio. Asimismo, nuestra dirigencia tiene un inmenso desafío en buscar nuevos mercados para colocar los excedentes productivos. Hay mucho por avanzar en la construcción del mercado sudamericano y en el comercio bilateral con acuerdos estratégicos nacionales.
- Reforma del comercio interior. El Gobierno tiene que impedir la acción inflacionaria y de cartelización productiva que hacen los grandes comercializadores. En paralelo, se tienen que expandir los mercados y ferias populares y hay que implementar políticas de apoyo a los almacenes de cercanía. El Gobierno lanzó la Tarjeta Alimentaria y eso fondos van a los grandes supermercados. Sería deseable que el Banco Nación garantice un acceso gratuito o subsidiado al uso de posnet u otros sistemas de pago a los almacenes de cercanía.
- Reforma tributaria. Es fundamental que el sistema de recaudación de impuestos promueva la producción y que desaliente la especulación, instalando definitivamente el criterio de que "los que más tienen más aportan".
- Nuevo régimen de Servicios públicos. El país necesita mejorar el funcionamiento de los servicios de electricidad, gas, combustible y servicios de comunicación como internet y telefonía. Lo mismo ocurre en tema de rutas, autopistas, puertos, ferrocarriles, flota mercante, etc.-. En todos los casos, es fundamental instalar y hacer cumplir el concepto de servicio público estratégico e impedir que sea la mera lógica comercial lo que guíe su desenvolvimiento.  
Las dificultades son muchas, pero la dramática situación social y económica exige que se busquen soluciones profundas a los problemas nacionales. Llegó el momento de que la dirigencia se cargue la patria al hombro y que se convenza de que política es el arte de hacer que lo necesario sea posible.



[1] Durante las últimas dos décadas cada cinco a seis años surgió o tomó estado público un nuevo virus que derivó en epidemia y/o pandemia. En el año 1997 fue la Gripe Aviar (H5N1), en 2002/3 el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), en 2009/10 la Gripe Porcina (H1N1) en 2012/5 el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y en 2019/20 el Covid 19.
[2] En un gran resumen, el país tiene una deuda pública que ronda los 324 mil millones de dólares. Actualmente, se está negociando con los poseedores de 66 mil millones de títulos en dólares bajo legislación extranjera. Además, queda definir cómo se abordará el tema de los vencimientos de los 72 mil millones con los organismos internacionales, los 37 mil millones de títulos de legislación nacional y los 146 mil de deuda interestatal.

[3] EUA, que es un país liberal, implementó el mayor plan de apoyo económico del mundo con la ley de “Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus” (CARES). El Estado le otorgó subsidios a contribuyentes y sus familias y a desempleados. Se financió a instituciones de vivienda y se prohibieron desalojos. También recibieron partidas especiales las empresas y las organizaciones sin fines de Lucro. Se destinaron recursos a la asistencia alimentaria, a la inversión en infraestructura y seguros de salud y para préstamos a estudiantes, entre otros.

martes, 12 de mayo de 2020

John William Cooke y el nacionalismo económico


Aritz Recalde[1], marzo de 2019


“Las clases dominantes argentinas durante mucho tiempo no solo fueron instrumento material del capital extranjero (…) además del dominio económico había un dominio intelectual. No sólo se los dominaba por medio de la economía, se les creaba una mentalidad típica de indefensión, una mentalidad de entrega”. J. W. Cooke
“La clase dirigente entregó todo al extranjero, todo cuanto éste exigió, desde el manejo de la moneda y el crédito, hasta el monopolio de los transportes (…) extranjeros eran los ferrocarriles, los teléfonos, el gas, los frigoríficos trustificados que controlaban las exportaciones de carnes, las empresas de comercialización de cosechas, los tranvías, ómnibus y subterráneos”. J. W. Cooke

John William Cooke (1919-1968) es uno de los dirigentes políticos más destacados del justicialismo. Entre sus diversos roles alcanzó el cargo de Diputado Nacional y se desempeñó como el primer delegado de Juan Perón luego de iniciada la dictadura del año 1955. En su activa trayectoria vinculó las identidades del radicalismo, del peronismo y de la izquierda latinoamericana.
Se destacó además, por ser un agudo analista y un teórico del proceso histórico del cual fue protagonista. Entre sus aportes conceptuales más destacados deben mencionarse su noción del nacionalismo industrialista y la explicación del factor imperialista como el centro fundamental de las relaciones internacionales.

A lo largo del presente artículo, vamos a describir de manera sucinta algunos de sus conceptos fundamentales sobre el funcionamiento de la economía de la Argentina.

La historia de la dependencia económica argentina
“La dependencia económica aseguró la esclavitud mental”. J. W. Cooke

En su trabajo “Apuntes para la militancia” Cooke realizó un breve análisis sobre la historia de la Argentina.  Allí descrió la existencia de dos grandes tendencias políticas, sociales, culturales y económicas enfrentadas. Por un lado, se desenvolvió  un proyecto orientado al desarrollo soberano, productivista y de carácter federal; por el otro, avanzó el programa económico de sumisión al mandato del capitalismo británico y de inserción dependiente del país al mercado mundial.   
Cooke detalló que en el siglo XIX el grupo unitario porteño fue la polea de transmisión del proyecto foráneo y  le “concedió a Inglaterra la franquicia para que sus barcos navegasen nuestros ríos, a cambio del derecho espectral de que los barcos que no teníamos navegasen por el Támesis”. Bernardino Rivadavia continuó estas acciones y pactó un préstamo con la Baring Brothers inglesa, entregó las minas de la Fátima en la Rioja -a un consorcio europeo del cual el mismo era miembro- y fundó el Banco de Descuentos controlado por comerciantes británicos. Esta corriente política impidió el desarrollo de las artesanías del interior del país arruinando a la “provincias mediterráneas”. La economía aperturista frenó el desenvolvimiento industrial y desató los sangrientos enfrentamientos entre los representantes de las provincias y el gobierno de Buenos Aires. En óptica de Cooke, el unitarismo porteño descuidó las Guerras de la Independencia, permitió la escisión de la Banda Oriental y fue un acelerador del desmembramiento del Alto Perú y del Paraguay.  
La contracara del programa unitario lo encarnaron los caudillos federales. Cooke caracterizó de forma positiva a Juan Manuel de Rosas, quién forjó un pacto político entre Buenos Aires y el interior tendiente a detener al colonialismo europeo. La Ley de Aduanas del año 1835 protegía la industria artesanal existente en las provincias y sentó las bases para la organización de la Nación sobre principios federales. Como resultado de esa promoción, se desenvolvió una “industria capitalista independiente del sistema del comercio de Inglaterra” con la cría de ganado, los saladeros y la flota de barcos bonaerenses.
Cooke destacó el hecho de que en el Río de La Plata la búsqueda de soberanía política nacional, adquirió la dinámica de lucha económica y de disputa militar. El Imperio británico intentó desandar el proyecto productivo proteccionista con la guerra de 1845 siendo derrotado por la Confederación y recién pudo aplicar su agenda de gobierno luego de la Batalla de Caseros de 1852. 
Cooke cuestionó a Justo José de Urquiza  por su decisión de incorporar al nuestro país al proceso económico mundial como “complemento del capitalismo inglés”. Caracterizó críticamente las políticas del liberalismo aperturista y el hecho de que los ríos protegidos en la Batalla de la Vuelta de Obligado “pasan a ser vías internacionales por prescripción institucional: no la prosperidad sino la miseria navegará por ellos”.
Cooke consideró que el programa de desarrollo nacional autónomo desarticulado por las oligarquías y por los ingleses, fue retomado recién por Hipólito Yrigoyen quién había tenido entre sus méritos “el de cumplir su promesa de no enajenar ninguna parte de la riqueza publica ni ceder el dominio del Estado sobre ella”.  En particular, Cooke le reconoce al dirigente de la UCR el apoyo que le otorgó a YPF y las tentativas, fracasadas, de fundar el Banco Agrícola y el Banco del Estado. Puntualizó que “dentro de su política económica nacionalista hay fallas fundamentales tal como la de haber desamparado a la industria que creció durante la guerra, indefensa luego ante la competencia extranjera, la cual fue consecuencia de la mentalidad agrarista de la que no se evadió ni el radicalismo ni su jefe”.
Luego de ser derrotados Juan Manuel de Rosas e Hipólito Yrigoyen, se impuso un orden económico e ideológico neocolonial y en palabras de Cooke “el imperialismo es tanto un hecho técnico-económico como cultural”. Las clases dirigentes locales asumieron el liberalismo propio de las burguesías de las Naciones adelantadas y “eran las consignas del desastre para un país que se hallaba en estadios inferiores de desarrollo; su trasplante servil nos dejó a merced del extranjero y nos deparó un siglo de economía deformada”.

Cooke sostiene que le correspondió al Justicialismo refundar económicamente al país sobre los principios industrialistas, soberanos y populares. Sus ideas quedaron expresadas, centralmente, en sus intervenciones en el recinto de la Cámara de Diputados. En el año 1964 Cooke destacó que el Justicialismo de 1946 a 1955 impulsó una “política nacionalista en su más estricto sentido, cosa que, por otra parte, fue fijada por nuestro bloque. Personalmente lo hice en debates tales como el de la nacionalización del Banco central, el de la nacionalización de los depósitos bancarios, cuando se creó la Secretaría de Transporte, cuando se liquidó la Corporación de Transporte de Buenos Aires, etc. (…) algún rotativo que sirve al imperialismo aludía a mis discursos diciendo “ha pronunciado un nuevo ritornelo antiimperialista”. Ese fue el sentido de nuestra actuación”.

La planificación Estatal Justicialista del Primer Plan Quinquenal
“Ningún partido podrá ya gravitar en el escenario nacional sino está imbuido de nacionalismo en materia económica”. J. W. Cooke

El Gobierno Justicialista implementó un programa de desarrollo nacionalista e industrialista caracterizado por la intervención y la planificación del Estado. La Revolución formuló el Primer Plan Quinquenal (1947-1951) que fue presentado por Juan Perón en el Congreso el día 21 de octubre de 1946. La propuesta incluyó más de 25 Proyectos de Leyes sobre aspectos estructurales de Política, Salud Pública, Educación, Cultura, Justicia, Defensa Nacional, Población, Obra Social, Energía, Transportes, Producción, Comercio Exterior y Finanzas.
En ese contexto Perón denunció la condición de dependencia extranjera que padecía la economía argentina. Mencionó que “quienes se sentaban en el honroso sillón de Rivadavia tenían el gobierno político de La Nación, pero no el gobierno económico ni el gobierno social del país. La economía ha sido en gran parte manejada desde el exterior por intermedio de los grandes consorcios capitalistas del país (...) En 1810 fuimos libres políticamente. Ahora anhelamos ser económicamente independientes. Vasallaje por vasallaje, no sé cuál sería peor”.
Sobre la institución argentina reguladora de la política monetaria Perón expresó “¿Qué era el Banco Central? Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular internacional. Manejaba y controlaba los cambios y el crédito bancario y decidía la política monetaria de la Nación con total indiferencia respecto de la política económica que la Nación debía desarrollar para la promoción de su riqueza”.
El Presidente caracterizó a los bancos privados como parte de la estructura de la dependencia, ya que eran controlados por “monopolios” que manipulaban el ahorro del país desconociendo los intereses de la producción y del trabajo argentino. Cuestionó el hecho de que el comercio interior y exterior era controlado por grandes grupos económicos. En ese sombrío panorama Perón se preguntó “¿quién ha de organizar la riqueza? ¿los monopolios?. Se habla de economía dirigida. Y yo pregunto ¿dónde la economía es libre?. Cuando no la dirige el Estado, la dirigen los monopolios”.
Sobre la base de este diagnóstico y teniendo en cuenta los informes y lineamientos técnicos elaborados por el Consejo Nacional de Posguerra, el Justicialismo nacionalizó el Banco Central, los depósitos bancarios, el comercio exterior (IAPI), los servicios públicos y buena parte de los recursos naturales.
 En su condición de Diputado de la Nación, Cooke acompañó las medidas del oficialismo y fijó una posición marcadamente antiimperialista. En el recinto efectuó una defensa del Primer Plan Quinquenal y de la planificación estatal de la economía. En las sesiones del 27 de marzo del año 1947 estableció “queremos dejar constancia que intervención ha habido siempre en este país, y sobre todo en los gobiernos anteriores a la revolución. El intervencionismo no es nuevo. Lo que es nuevo es el intervencionismo en favor de la clase necesitada y el intervencionismo por medio de la planificación, porque puede haber intervencionismo sin planificación y lo ha habido en este país; lo que no puede haber es planificación sin intervencionismo; se demuestra que la planificación es imprescindible, de hecho quedará demostrado que no puede dejar el Estado de intervenir en la relaciones del capital privado”.
Cooke compartía las opiniones de Perón y apoyó la planificación económica que implementó el Justicialismo y fundamentó su posición doctrinaria en la existencia del factor imperialista mundial. El diputado remarcó el hecho de que los países centrales y las grandes empresas multinacionales estaban luchando permanentemente entre ellas con la finalidad de apropiarse de la riqueza de sus competidores. Mencionó en el recinto el día 27 de marzo de 1947 que “Desde el punto de vista económico no existe la paz (…) las economías guerrean entre sí”. En este contexto, el Plan Quinquenal tenía como meta fundamental “evitar los efectos de las crisis o de hipotéticos estados de guerra en nuestro país, tiene por objeto favorecer a todos los sectores de la población incrementando sus niveles de vida, y procurar la expansión económica de nuestro potencial. El programa de desarrollo de la Revolución Justicialista hacía realidad su certeza acerca de que “La planificación es la única perspectiva que le queda a la democracia para salvarse”.
Cooke propugnó la intervención activa del gobierno en la economía y propuso regular las aduanas, reorganizar impuestos y nacionalizar recursos naturales y servicios públicos. Con esa meta, el Estado tenía que adoptar una renovada y protagónica capacidad de decisión sin por eso reproducir el modelo comunista. En sus palabras “hay que hacer una planificación en el verdadero concepto y sentido en que puede hacerse una planificación en la República Argentina, es decir, hay que hacer lo que Karl Mannheim llamó una planificación para la libertad y no una planificación para la servidumbre; no una planificación totalitaria, sino una planificación congruente con nuestro sistema constitucional que, al mismo tiempo que asegure las elementales garantías individuales, no permita que esas mismas garantías se vean perturbadas por el desarrollo desmesurado del poder financiero”.



[1] Capítulo del libro John William Cooke, ecos de un Pensamiento, compilado por Cristian Gaude y editado por la UNGS en majo de 2020.

viernes, 10 de abril de 2020

Entrevista a Aritz Recalde en la Agencia Paco Urondo


Agencia Paco Urondo 
9/4/2020


1- En el marco de las intervenciones filosóficas generadas a raíz de los aportes del pensamiento para pensar la crisis sanitaria global, se pudieron leer en diversos medios tanto liberales como progresistas los aportes de filósofos importantes como Zizek, Agamben, Byung-Chul Han, ¿pero que aporte tiene para hacer el pensamiento nacional en este contexto?
Para el pensamiento nacional argentino la Nación es una unidad de destino, un principio de solidaridad social y una cultura compartida. Estos pilares se desenvuelven a partir de un proyecto de desarrollo y de una voluntad política organizada.
Esa noción tiene mucha vigencia y actualmente los principales Estados del mundo están implementando políticas nacionalistas. Se cierran las fronteras y los aeropuertos, y se obliga a la población a quedarse en sus hogares. Se les otorga a los gobiernos facultades extraordinarias y excepcionales para sostener los planes de desarrollo y superar la crisis con el menor daño económico y social posible. Por ejemplo, el Estado norteamericano, cuna del neoliberalismo,  implementó el programa público de salvataje económico más importante de su historia y destinó más de 2 billones de dólares para subsidiar empresas, familias y trabajadores. El Gobierno alemán prohibió la exportación de material de salud que puede ser necesario para atender a su población e implementó un plan de apoyo económico superior a los 800 mil millones de euros.
Actualmente, para enfrentar el Coronavirus se privilegia, tal cual lo planteó el pensamiento nacional argentino, el sentimiento y la identidad colectivas sobre las libertades individuales. Se difunde el patriotismo al que Jauretche denominó como la moral nacional que lleva a las personas a actuar solidariamente con sus vecinos.
De la misma manera que lo sostiene históricamente el pensamiento nacional argentino, los países que planifican y que tienen programas de desarrollo soberano como China, Japón o Alemania, pueden enfrentar de mejor manera los problemas.

2 ¿Qué cree que refleja el hecho de discutamos con categorías europeas importadas problemas para pensar la particularidad de nuestros problemas latinoamericanos? Asumiendo que inclusive el impacto del COVID-19 tiene una especificad en los países latinoamericanos.
En el sistema internacional existe una división internacional del trabajo y de la cultura y en ese esquema a Sudamérica le quieren imponer un rol de productor agropecuario y de importador de tecnología y de manufacturas. En el terreno intelectual ocurre lo mismo y nos quieren condenar a no tener filosofía, a imitar el arte y a carecer de pensamiento propio.
A nosotros nos caracteriza la dependencia. Argentina tiene dependencia financiera y cultural con los EUA que son quienes controlan el dólar, la bolsa de Wall Street y al FMI y que a su vez administran Internet y sus principales aplicaciones. Con China la dependencia es principalmente comercial y tecnológica. Hace varios años que Europa viene perdiendo la centralidad comercial y tecnológica que supo tener en nuestro país y en la región. Lo que sigue conservando es la preponderancia ideológica en los ámbitos académicos y entre las clases medias altas que siguen buscando en la filosofía francesa o en las ideas económicas inglesas, la solución a nuestros problemas.  
Los pensadores de nuestro continente deben romper amarras culturales con Europa o, como dice Jauretche, reapropiarse de la cultura europea que ellos llaman universal para implementar las soluciones nacionales que necesitamos. Se trata como dice Ana Jaramillo, de iniciar un proceso de sustitución de ideas. Como resultado de eso, vamos a poder resolver los dramáticos problemas de salud de Sudamérica que son anteriores al Coronavirus y que no aparecen ni siquiera en agenda. Asimismo y tema importante, vamos a poder tener una política de desarrollo y sanitaria sudamericana, que hoy es inexistente.

3 ¿Considera que el concepto de Comunidad organizada de Juan Domingo Perón puede revitalizarse en un contexto como este?
El concepto de Comunidad organizada lo presentó Perón en el año 1949 en el marco del Congreso de Filosofía de Mendoza y esa noción tiene dos grandes aspectos. Por un lado, es una forma de ordenar la política en el cual la organización libre es el sujeto central de la soberanía. Esta idea de darle poder a sindicatos o asociaciones de fomento barrial, suponía una diferencia con el liberalismo que dice que el mercado y el ciudadano egoísta deben tomar las decisiones. Además, en 1949 Perón también confrontaba con el estatismo comunista.
Por otro lado, la Comunidad Organizada era un intento de reunir a las personas a partir de los valores de la solidaridad y del patriotismo. Perón creyó que había que darle a la persona un sentido del deber con su comunidad y no meramente una conciencia egoísta. El mercado y el consumismo por sí mismo no construyen vínculos sociales estables y menos aún pueden mantener una nación en el tiempo.
Actualmente, Argentina tiene que implementar el combate al Coronavirus con la participación de la Comunidad Organizada. Las redes familiares, las sociedades de fomento, las iglesias, los sindicatos y los productores nacionales son fundamentales para implementar la prevención y la política de salud y la asistencia social a los más débiles. Para reunir y movilizar la sociedad debemos difundir y reforzar los valores solidarios y humanistas.
Ni el mercado egoísta, ni el Estado sin participación popular, pueden resolver los problemas del país, incluyendo los actuales desatados por el Coronavirus.   

4 La pregunta de Juan José Hernández Arregui; que indaga:"¿Qué es el ser nacional?", ¿qué vigencia tiene en nuestros días?
Arregui recalca el hecho de que la Conciencia Nacional es una identidad unificadora y movilizadora de un pueblo. La nación es una unidad de destino. Además, Arregui menciona que la Conciencia Nacional supone una conciencia histórica, cuestión fundamental para comprender nuestro presente y no cometer los mismos errores del pasado.
Hoy es momento de afirmar nuestra conciencia histórica y de recuperar el legado sanitarista del Ministro de Salud Ramón Carrillo y de recobrar la épica de movilización de nuestro pueblo que superó diversas adversidades. Además, necesitamos una Conciencia Nacional que movilice al país en su conjunto para la efectiva resolución de nuestros problemas reales.     

5 El Papa Francisco se posicionó sobre la manera de pensar la forma de enfrentar globalmente al COVID 19 y habló de una barca en la cual estamos todos juntos. ¿Qué lectura realiza de este mensaje en este contexto de incertidumbre, inclusive para las principales potencias del mundo?
Francisco hace tiempo que viene marcando una agenda internacional alternativa al neoliberalismo. Cuestiona la tiranía del dinero y de los bancos que  descartan al hombre sumiéndolo en la pobreza y el desempleo y que destruyen el medio ambiente.
Propone un nuevo orden mundial en el cual la economía tenga una función social, el hombre actúe de manera solidaria y en el cual la búsqueda de la dignidad humana sean los grandes motores de la acción de las personas. En todos sus discursos destaca que el egoísmo y la usura desenfrenada destruyen la sociedad.
Debe quedar claro que los organismos internacionales de posguerra no resuelven los problemas internacionales, e incluso en muchos casos los profundizan. Frente al Coronavirus esos espacios ratifican esa incapacidad. Como dice Francisco, son necesarias otras reglas e instituciones para el sistema internacional y debemos forjar un nuevo sistema de valores.   

6 ¿Qué perspectivas económicas debería indagar el Gobierno del Frente de Todos, en un contexto en el cual parecerse haberse construido una dicotomía entre economía y salud pública?
Hay actividades productivas, comerciales, bancarias y de logística que siguen funcionando y sin las cuales se cortaría el abastecimiento de alimentos y de provisión de medicamentos. Actualmente, se está analizando además la apertura parcial de otras actividades importantes para la provisión del mercado interno y el funcionamiento productivo. Hay que producir textiles, repuestos de maquinaria o productos de ferretería que son esenciales. Además, todo eso mueve el trabajo argentino y es necesario reactivar paulatinamente la actividad y usar las nuevas tecnologías para eso.
En los próximos meses la recesión económica será profunda y con esa realidad aumentan el desempleo y la pobreza. De no recuperarse la actividad, también puede producirse un desabastecimiento generalizado. En paralelo, cae la recaudación tributaria y sube el déficit fiscal ya que hay mayores gastos públicos con menor cobro de impuestos.    
El gobierno tiene que planificar la salida de la cuarentena, demore lo que demore. Incluso, si no se corrige en las próximas semanas, deberá buscar otra metodología como efectuar controles de la enfermedad en fábricas y lugares de trabajo. El párate económico no puede ser permanente ya que va a generar el caos. Deben ponerse en agenda todas las posibilidades.  
Para poder financiar el plan de recuperación productiva que el país necesita, Alberto tiene que refinanciar la deuda e implementar una reforma integral del sistema financiero dándole al Estado facultades para administrar el ahorro nacional. El sistema de especulación y de fuga de capitales que padeció el país los últimos años debe ser terminado de raíz. Además, el Estado debe controlar y planificar el comercio exterior y las divisas que entran y que salen. En algún momento el país requiere de una reforma tributaria que cargue la usura y no al trabajo y la producción nacional.
Si bien actualmente no están claros los plazos que durará la cuarentena, en algún momento el gobierno deberá abordar el tema del empleo. Con esa meta, creo que se puede retomar la experiencia del Plan Jefas y Jefas de Hogar de 2002. Además la obra pública tiene que ser un gran generador de actividad y de trabajo argentino como hicieron Néstor y Cristina a partir de 2003.     

7- Cual debería ser el rol de la militancia en este momento de crisis a raíz del COVID 19?
La militancia tiene que ser una polea de transmisión de los planes de gobierno y debe comunicar la información oficial. Hay mucha desinformación y la campaña del terror mediática inmoviliza y enfrenta a los argentinos.
Además la militancia tiene que ser solidaria y debe contribuir desde cada lugar en la que está a atender el drama social del pueblo argentino. Los vecinos trabajan para solucionar los problemas de los edificios y de los barrios en donde hay inseguridad y faltan los alimentos y los medicamentos. La militancia debe ayudar a los mayores para pagar sus cuentas, comprar mercadería, acceder al plato de comida cuando sea necesario y tiene que darles acompañamiento emocional. Hay mucha angustia y temor y eso enferma y deprime. Hay sindicatos organizando campañas de recaudación de fondos para comedores o centros de salud y diversas experiencias de producción de los recursos que requiere la salud. Los curas villeros mantienen comedores y asisten a la gente humilde junto al ejército y el conjunto del Estado. Todas estas experiencias contribuyen a hacer posible el “quédate en casa” que propone Alberto.
La militancia debe llevar organización y conciencia. Además, es la gran responsable de comunicar esperanza y fe, en que unidos y solidarios vamos a superar el Coronavirus y todas las adversidades.
 

domingo, 5 de abril de 2020

La regulación de Internet en la Argentina


  Aritz Recalde y Luciana Contissa

3 abril 2020

Internet es uno de los instrumentos de producción y de divulgación cultural más importante de la historia humana. ​Quien lo administre tendrá una herramienta política fundamental del orden geopolítico internacional.
Tal cual lo denunció en el año 2013 Edward Snowden, las agencias públicas norteamericanas en acuerdo con las corporaciones privadas que proveen de Internet, reúnen, ordenan y utilizan la información de las personas y de los gobernantes. Las nuevas tecnologías son el medio para implementar el sistema de espionaje, manipulación y de control más efectivo que haya existido.

Internet y la economía
Internet y sus aplicaciones son un recurso fundamental para el desarrollo productivo de los países. Desde allí se movilizan las finanzas, se instalan consumos, marcas y tendencias en la población y se pone en juego la posibilidad de alcanzar la independencia económica.
La administración de las nuevas tecnologías conforma un importante negocio. Los proveedores de Internet en el país se integran en monopolios de telecomunicación y un grupo reducido de corporaciones administran esta y otras actividades como la televisión por suscripción y la telefonía. En Argentina los tubos, cables, fibra óptica, routers y centros de datos, son controlados por las mismas empresas que proveen servicios de telecomunicaciones. El mercado tiene tres compañías protagonistas: Cablevisión (Grupo Clarín), Speedy (Telefónica) y Arnet (Telecom). Telecom y Cablevisión se fusionaron en el último gobierno.
La conexión de Argentina con Internet depende, casi en su totalidad, de tres cables submarinos que convergen en la localidad de Las Toninas. El despliegue de la infraestructura está en manos de un puñado de corporaciones privadas nacionales y multinacionales.


Internet: orden público y defensa nacional
Internet recibe, ordena y utiliza información de los individuos y es por eso que se pone en juego su privacidad, su libertad y su seguridad. Las corporaciones manipulan los datos registrados en los buscadores como Google o Yahoo, las geo-referencias de los GPS de los celulares, la información de los chats y las llamadas telefónicas. Utilizan también la inmensa masa de datos que circulan en las redes sociales.
Internet ha contribuido a que la información y los bienes culturales circulen superando limitantes de distancias, costos y formatos y cumple una función central en la construcción de la identidad colectiva de la comunidad nacional.
Potencialmente, a partir de Internet se pueden desprestigiar regímenes políticos, debilitar gobiernos y movilizar a la opinión pública. De la misma manera que se logra a partir de los medios tradicionales, pero con un alcance superior y con mucho menor costo.
La regulación y el manejo de las nuevas tecnologías conforman un tema central de la defensa nacional y ningún Estado soberano puede dejar su desenvolvimiento en manos de la imprevisión. Geopolíticamente hablando, Internet tiene la fuerza de un ejército de millones de hombres que no se detienen en las fronteras y que ingresan a combatir en todos los rincones.

Proteger individuos, pueblos y naciones
El desenvolvimiento de Internet adquiere connotaciones de orden económico, político y de seguridad nacional. Frente a esta realidad el Estado Nacional debe favorecer y perfeccionar:
-       El acceso democrático a Internet y a las nuevas tecnologías[1];
-       La libertad y la privacidad[2] de los individuos que utilizan el sistema;
-       La lucha contra los delitos informáticos comerciales, contra los menores, contra el Estado y la seguridad de las personas[3];
-       La circulación de información veraz combatiendo la falsedad informativa e impidiendo la desestabilización social y priorizando el orden colectivo;
-       La formación y conservación de una cultura federal y nacional en el país, garantizando el derecho de cada pueblo a ejercer su identidad;
-       El desenvolvimiento de la empresa y de la economía argentina;
-       La estabilidad política y la defensa nacional[4].

La no regulación beneficia a las corporaciones
La idea de “Gobernanza de Internet” se trató en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información organizada por las Naciones Unidas. La gobernanza supone que los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil aplican una serie de principios o procedimientos generales para la utilización de Internet, garantizando así su libre desarrollo y evolución. Sin embargo, las reglas de esa gobernanza fueron establecidas inicialmente por los Estados Unidos cuando decidieron privatizar y comercializar Internet.
Existen espacios de discusión —como el Foro Mundial para la Gobernanza de Internet— que promueven principios rectores para guiar su funcionamiento, pero allí no se toman decisiones sobre su administración.
El crecimiento acelerado y la actualización permanente de la tecnología dificultaron el necesario y estratégico debate acerca de la necesaria regulación de Internet. Asimismo, en el caso argentino y sudamericano la dependencia con los Estados Unidos trajo aparejada la asimilación de su ideología. Las corporaciones norteamericanas difunden el mito de la supuesta horizontalidad y libertad del sistema, que justifica su actual funcionamiento.
En el siglo XX la “libertad de prensa” se convirtió en la justificación del dominio informativo de las firmas extranjeras, que hicieron de la noticia un instrumento político y comercial. En nombre de la libertad, lo que se hizo fue suprimirla y los pueblos y los gobiernos quedaron sujetos a las operaciones de las corporaciones. De manera similar, actualmente se difunde la supuesta naturaleza libre de Internet, que no puede tener limitantes de fronteras para su desenvolvimiento. Se ha erigido de esta manera la ficción de que la circulación de datos es democrática y neutral y que les permite a todos los individuos la misma posibilidad de expresarse.
Lejos de este escenario, un grupo de corporaciones norteamericanas ligadas a los gobiernos y a los factores de poder de cada país ordenan y administran aspectos trocales del funcionamiento de Internet. No es la democracia en red la forma en que circula la información, sino que son la lógica comercial y los intereses políticos los que ordenan el sistema.
Los organismos internacionales, que delinean los principios que debe guiar la regulación de Internet no garantizan la trasparencia en su funcionamiento. En realidad, en la mayoría de los Estados del planeta son las corporaciones y el poder político norteamericano quienes ordenan los flujos de datos y su utilización.

Los modelos actuales de organización de Internet
Los Gobiernos de las principales naciones del planeta están impulsando tres grandes estrategias de funcionamiento:
- Modelo 1. Auto-regulación y privatismo: lo promueven los Estados Unidos. En nombre de la no regulación gubernamental y de la libertad se le otorga el poder a las corporaciones norteamericanas que desarrollaron y que controlan el desenvolvimiento de Internet y que garantizan el sistema de manipulación y de espionaje.
- Modelo 2. Regulación pública en el marco del mercado privado abierto: lo proponen los países europeos en encuentros internacionales. Los Estados buscan integrar un sistema mixto de propiedad pública y privada con regulaciones que garanticen los derechos individuales, colectivos y nacionales de los usuarios. Los escándalos desatados por los espionajes realizados a mandatarios europeos, oficiaron como un llamado de atención sobre la fragilidad de sus Estados frente al avance de las nuevas tecnologías.
- Modelo 3. Control estatal: China impulsa un esquema regulado por el Poder político Central. El Estado impulsó un importante plan de democratización del acceso a la red en el país y en 2016 ya había 750 millones de personas conectadas. Desde el año 2000 el Gobierno aplica el Escudo Dorado o cortafuegos que orienta el acceso a los datos de los usuarios. En 2010 publicaron el Libro Blanco que reivindica la soberanía nacional china sobre el funcionamiento de Internet. En China hay importantes empresas controladas o cogestionadas por el Estado que proveen buscadores (Baidu), mercados de pago (Alibaba), plataforma de videos (Alibaba desarrolla YoukuTudou), redes sociales, video juegos y mensajería instantánea (Telecendesarrolló Wechat, Qzone y Alibaba a Sina Weibo). 

Perspectivas
En la Argentina Internet funciona en base a los principios de los Modelos 1 y 2, aunque el primer esquema es el predominante ya que las principales plataformas y el software utilizado es norteamericano. La infraestructura que permite la conectividad está en manos de empresas privadas.
La ley 27.078/14 declaró «de interés público el desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las Telecomunicaciones, y sus recursos asociados, estableciendo y garantizando la completa neutralidad de las redes». Si bien la norma se propone garantizar la «neutralidad de la redes», este principio no se ha logrado. Los proveedores de servicios de conectividad interfieren en lo que circula en Internet y los bienes culturales extranjeros, principalmente norteamericanos, tienen total primacía por sobre los nacionales, sometiendo a la población argentina a potenciales manipulaciones y desprotección de sus datos personales.
La no regulación de Internet en niveles como el de infraestructura y contenidos, funciona como una regulación a favor de las corporaciones. En este marco, creemos que las organizaciones libres del pueblo y el Estado deben intervenir en la fijación de normas que garanticen la defensa de los derechos sociales y públicos de los usuarios de Internet.
Asimismo, nuestro país tiene que promover acciones y normas de carácter regional. El MERCOSUR y el conjunto de Estados sudamericanos deberían consensuar criterios para luego impulsarlos en los foros y encuentros internacionales que debaten la Gobernanza de Internet, para poder lograr que sus principios rectores contemplen también la soberanía y defensa nacionales de los países de la región. 



[1] Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios invirtió importantes recursos en fibra óptica. Con esta acción se garantizó el acceso a Internet en muchos lugares donde el sector privado no invierte. Como complemento, el programa Conectar Igualdad distribuyó computadoras para disminuir la brecha digital.
[2] La ley 25.326/00 estableció los “Principios generales relativos a la protección de datos. Derechos de los titulares de datos. Usuarios y responsables de archivos, registros y bancos de datos. Control. Sanciones. Acción de protección de los datos personales”.
[3] En Argentina se sancionaron algunas normas para combatir estos delitos. La ley 26.388/08 regula Delitos Informáticos y la 26.904/13 protege la integridad sexual delos  menores. La ley 27.126/15 le otorga a la Agencia Federal de Inteligencia facultades para enfrentar los ciberdelitos. En el país existe una Dirección Nacional de Ciberseguridad y la resolución 829/19 aprobó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad.
[4] En el Ministerio de Defensa existe una Subsecretaría de Ciberdefensa compuesta por tres áreas: Coordinación de Infraestructura Tecnológica, Dirección de Protocolos y Asuntos Regulatorios de la Ciberdefensa y una Dirección de Políticas y Seguridad de la Información.

viernes, 20 de marzo de 2020

Seis aspectos sobre la globalización del Coronavirus


Aritz Recalde, 19 de marzo de 2020

Primero. Un grupo reducido de países y de corporaciones económicas y mediáticas definen las agendas del debate público internacional, incluida la salud.
En la actualidad buena parte de los gobiernos de la región están orientando sus políticas de Estado a enfrentar el Coronavirus y a evitar que se produzcan cuadros epidemiológicos como en Italia o en España.
Lamentablemente, en Sudamérica el hambre y las enfermedades evitables matan decenas de miles de personas al año y eso no deriva en una campaña mundial de la OMS, ni tampoco ocupa los titulares de los diarios y de los portales del mundo. El Coronavirus y el temor a repetir la “catástrofe europea” conducen a los Estados pobres a tomar decisiones radicales como el cierre de fronteras, la paralización de la economía y la reorientación de los escasos fondos de salud. No ocurre lo mismo con los dramas sociales y sanitarios estructurales de sus propias comunidades que padecen privaciones y muertes evitables.
En Sudamérica asusta más la indiferencia a actuar sobre los dramas ya conocidos hace décadas, que el temor a lo incierto que trae el Coronavirus. Es muy importante prevenir el COVID-19 y nadie lo quiere negar. Pero es aún más fundamental instalar en la agenda regional y mundial una conciencia de nuestros problemas estructurales y de la necesidad de un plan para resolver los dramas sociales y de salud de la población.
Los organismos y las corporaciones de los países centrales son los responsables del funcionamiento del actual capitalismo financiero que destruyó el Estado de Bienestar y su sistema de salud. En el actual sistema económico se privilegia más el pago de la deuda externa, que saldar la terrible deuda social. Hasta que no cambie esa perversa lógica, seguirán muriendo miles de sudamericanos por causas de la pobreza, el subdesarrollo y las enfermedades.

Segundo. El Coronavirus profundiza la crisis de la Globalización.
La ideología de la Globalización surgió como justificación del unipolarismo norteamericano y británico de los años ochenta y noventa y actualmente se encuentra en una severa crisis de legitimidad. Por un lado, sus fundadores lo cuestionan, entonces nos encontramos con que Donald Trump tiene una política proteccionista y los ingleses salieron de la Comunidad Europea reivindicando los valores nacionales.
La ideología y las instituciones de la Globalización justifican la socialización mundial de las pérdidas financieras y la privatización de las ganancias en pocos Estados y corporaciones. La riqueza va hacia el Centro y la pobreza y la crisis social y sanitaria se desplazan hacia las periferias.
Frente al Coronavirus los Estados centrales no dudaron en tomar medidas de claro contenido nacional y se bloquearon los intercambios de turistas, del comercio y se cerraron las fronteras.  Poco y nada hacen para ayudar a los países pobres. Son internacionalistas para lograr la libertad de sus empresas en nuestros países y son nacionalistas para cuidar a su gente y a sus intereses.
Los organismos internacionales que promueven los ideales de la Globalización se muestran incapaces de contribuir de manera contundente a la lucha contra el Coronavirus y contra los problemas sanitarios de Sudamérica. Incluso, se puede aventurar que en caso de que se produzca una vacuna o cura del COVID-19 estos mismos organismos serán los encargados de defender el “libre mercado” y la apropiación privada de la renta que ello genere.  
De continuarse la política de la Globalización neoliberal, los gobiernos y los pueblos estarán indefensos frente al Coronavirus, las epidemias y a los males sociales.

Tercero. Los países enfrentan al Coronavirus con políticas antiliberales.
Quedó evidenciado que la ideología liberal consumista, hedonista e individualista es parte del problema y no de la solución. Dicha cosmovisión es la que justificó entre la población la destrucción del Estado de Bienestar y del sistema público de salud. Esa ideología debilita la acción colectiva de la comunidad y desalienta la organización popular.
Las naciones que con más efectividad están abordando el tema del Coronavirus son aquellas en los cuales la ideología neoliberal no es la hegemónica. China es un caso paradigmático. El país tiene un Estado Central fuerte a cargo de un Partido Comunista y para atacar el problema aplicó el principio del interés colectivo sobre el particular, la intervención gubernamental y la planificación estatal.  Por si no fuera poco y bajo ese sistema antiliberal los chinos ya estarían en condiciones de producir una vacuna.

Cuarto. Se está imponiendo el pánico de masas
Las corporaciones norteamericanas administran la estructura de comunicación por Internet que está aterrorizando a los pueblos. Se está imponiendo a las personas un miedo que impide la acción racional de prevención y que induce a las personas al individualismo exacerbado. Entre otras cuestiones, esta situación conduce al desabastecimiento, a la inflación y a los enfrentamientos. El mensaje de los grupos concentrados de televisión y radio está interpelando a esa población en estado de pánico y amplifica aún más la psicosis colectiva.
Pocas veces en la historia de la humanidad se produjo una universalización tan potente del sentimiento de pánico y de angustia de las masas. Debemos tener en cuenta que los pueblos en estado de inseguridad y de temor son permeables a aceptar cualquier régimen político.   

Quinto. Los organismos regionales están ausentes
El tratamiento gubernamental del Coronavirus en Sudamérica es una muestra preocupante del debilitamiento de los organismos regionales de concertación y de acción conjunta.
Los Estados toman decisiones inconsultas con sus vecinos, cuando sería oportuno tener una agenda sanitaria regional para enfrentar este y otros desafíos.
Asimismo, mucho se puede hacer en ciencia y tecnología y en la producción pública y privada de medicamentos que son fundamentales para la comunidad.      

Sexto. Faltan Políticas Nacionales de desarrollo
Argentina hace tiempo que adolece de una Política Nacional de desarrollo de mediano y de largo plazo. La poca eficiente manera de encarar el tema del Coronavirus en las primeras semanas, es un síntoma de un problema profundo que trasciende a un gobierno o a un solo partido.
No parece haber conciencia entre un sector de la dirigencia del problema real de la salud pública del pueblo, del estado deficitario de los hospitales provinciales y de las unidades sanitarias municipales o de los inconvenientes que atraviesan las obras sociales. No se debate la soberanía sanitaria y no se trabaja prácticamente con la comunidad para construir el sujeto colectivo que enfrente los problemas de la salud con perspectiva comunitaria.
Por ejemplo, en el país en promedio mueren 30.000 personas de neumonía e influenza al año, lo que supondría alrededor de 2500 por mes y 80 por día. Los decesos se acumulan en los meses invernales y en esta época del año las muertes son más elevadas. Hay un desconocimiento general entre la población y entre los comunicadores de esta situación y seguramente tienen más información sobre las muertes ocurridas en Italia que en la Argentina. Con esta realidad epidemiológica sería lógico que todos los gobiernos, año tras año, implementen una potente campaña de prevención y de inversión planificada de los recursos: eso pocas veces ocurre.
Cuando esto efectivamente suceda vamos a tener una población más concientizada y menos aterrorizada con los peligros de las gripes, las neumonías y el COVID-19. El sistema de salud pública va a estar más preparado para enfrentar los problemas respiratorios y el aparato periodístico actuará con mayor racionalidad.

Toda crisis supone una oportunidad
Los pueblos y gobiernos de las naciones pobres tienen que bregar por instalar una agenda de temas y de políticas sociales y sanitarias que sirvan para enfrentar nuestros problemas históricos  estructurales. Hoy es la lucha contra el Coronavirus, mañana deben afrontarse los desafíos permanentes y nunca resueltos que dejan miles de vidas en el camino.
Para superar el individualismo liberal se deben reforzar los valores nacionales y de comunidad. La nación es una unidad de destino, un principio de solidaridad social y un proyecto político y económico de desarrollo en movimiento constante. La comunidad debe organizarse y mantener firmes sus valores solidarios para enfrentar al Coronavirus y al conjunto de problemas sociales y sanitarios.     
La dirigencia tiene que concientizarse acerca de que la regulación pública y social de Internet y de la prensa es un tema de seguridad nacional. En la comunicación está en juego la estabilidad política de la Argentina del presente y del futuro.  
La lucha contra el Coronavirus y contra el subdesarrollo y la muerte en masa de la población marginal sudamericana, debe reunir a todos los mandatarios de la región. El siglo XXI encontrará a los sudamericanos unidos o dominados.    

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