jueves, 6 de abril de 2017

Choripaneros


Aritz Recalde, 4 de abril 2017


Luego de la marcha oficialista producida el día 1 de abril, el Presidente de la Nación realizó una ofensiva y preocupante declaración en Youtube SUBESTIMANDO LA LEGITIMIDAD DE TODOS los reclamos de la sociedad argentina.
En el último año y medio se movilizaron los trabajadores de la economía popular a San Cayetano y por todo el país, cuestión que permitió sancionar la Ley Emergencia Social (que nunca termina de aplicarse). Los obreros sindicalizados en la CGT realizaron distintas acciones de protesta, entre las cuales se destacó el inmenso acto del último 7 marzo. Los docentes y la comunidad científica efectuaron numerosos reclamos y movilizaciones como la multitudinaria acción colectiva del día 6 de marzo. La CTA y otras entidades gremiales y sociales hicieron pública la disconformidad con las políticas del gobierno en un importante acto el 30 marzo. A los docentes, científicos, obreros ocupados o desocupados y a los empresarios argentinos que le piden respuestas para superar la recesión, la inflación o la pérdida de empleos, Mauricio Macri los bautizó con “CHORIPANEROS”.
El Mandatario dividió los reclamos entre aquellos que considera legítimos y conscientes (actos oficialistas), del conjunto de acciones colectivas que surgirían de mercenarios de la tripa o de irracionales impulsos a subirse a “colectivos” y a cobrar en el nuevo patrón monetario: el “choripán”.
Me parece perfecto que las clases medias altas y altas se movilicen, ya que su gobierno beneficia a las corporaciones y a sus gestores locales cuestión que potencialmente les permitiría acceder al “efecto derrame”. Defienden la legitimidad de un privilegio social adquirido: tienen conciencia de clase o al menos suponen que pagarán menos impuestos y que acumularan mayor riqueza en base a la desaparición del Estado.
El 1 de abril Federico Kucher elaboró un informe para el diario Pagina 12 que en nuestra opinión, da cuenta de algunas de las causas por las cuáles las clases adineradas se movilizan. Por decisión de Macri, los ricos cada día pagan menos impuestos y ello seduce a los grupos de altos ingresos. Los números son elocuentes y como resultado de la baja de retenciones a las exportaciones, la pérdida de recursos fiscales del Estado es de $ 70.000 millones (equivalente a 5.000 millones de dólares y al 1 % punto del PBI). Si bien CAMBIEMOS sostuvo que la concentración de riqueza tenía que derivar en inversiones y en la creación de puestos de trabajo, eso no está ocurriendo. Los datos estadísticos indican que las exportaciones de estos sectores aumentaron solamente $ 15.000 millones en el año 2016 (1000 millones de dólares) y según Kucher “El complejo exportador aportó menos de un dólar por cada cinco que recibió del Estado”.  En 2016 la minería dejó en la calle a 5410 obreros y los empleos del agro aumentaron meramente en 5535 trabajadores. En el año 2016 el sector agropecuario dejó de pagar impuestos por $ 48.015 millones. Las exportadoras de aceite de soja no le aportan al Estado $ 11.777 millones de pesos. Las empresas mineras pagaron de retenciones meramente $ 24 millones, cuando y de no mediar la reforma de CAMBIEMOS debían haber aportado $ 9.841 millones.

Los CHORIPANEROS que el Presidente identificó como todos aquellos argentinos que no piensan como él, también tienen razones para manifestarse. Según el INDEC de Todesca y de Macri, la inflación del año pasado superó los 35% y la caída del PBI fue de 2,3 %. Solamente en el año 2016 quedaron 127.905 personas sin empleo formal. En el año 2015 y según información del INDEC del actual gobierno, el país creció el 2,1 % y se generaron 61.640 nuevos puestos laborales. En este contexto y según Macri, ¿los CHORIPANEROS no tenemos derecho a manifestarnos por una mejor educación para los pibes humildes, por una mejor calidad de vida de los abuelos, por el derecho a la dignidad de los desocupados o por la supervivencia de las pymes que bajan sus persianas?.
En el mismo vídeo subido a las redes sociales, el Presidente cuestionó la voluntad de ir en colectivos a las movilizaciones. Macri tiene que saber que los CHORIPANEROS hace décadas que tomamos la decisión de financiar a nuestros sindicatos y que con ese dinero pagamos los ómnibus. Agremiarse y hacer aportes es una actitud consciente del trabajador, guste o no a Macri y a CAMBIEMOS.
Si bien está claro la animadversión del Presidente hacia los trabajadores y los sindicatos, al menos podría decir la verdad sobre la marcha oficialista. Para hacer el acto del 1 de abril CAMBIEMOS gastó millones en publicidad. Les paga a los periodistas que se dicen “independientes” y que durante las últimas semanas fueron los organizadores fundamentales de la movilización. El gobierno (o sus testaferros) gastan mucho dinero para garantizar el impacto de sus acciones en redes sociales. Hasta se dieron el lujo de convocar (sutilmente) a la movilización en el entretiempo del partido “Boca vs Defensa y Justicia”. Esos segundos cuestan cientos de miles de pesos y aunque lo nieguen, no hay que ser un experto de comunicación para entender que CAMBIEMOS destina dinero en Clarín, TELEFE o La Nación y que “persuade” a la opinión pública de hacer o no determinadas acciones.  Más allá de que la movilización “fue organizada” por un Gobierno con el cual no comulgo, respeto la convocatoria y no les quito mérito. Están manifestando su derecho al privilegio social adquirido y dicha actitud de clase es lógica en el corto plazo. A la larga, este gobierno conduce el país a otra crisis como la del 2001, pero para eso aún falta: más vale ganancia en mano, que país y patria volando. Hay que destacar que estos grupos ya se habían movilizado activamente contra Cristina Fernandez en el año 2008 o por el caso Nisman. No son improvisados y eso es un acierto.

No considero correcta la mención a la supuesta “defensa de la democracia” de los manifestantes del 1 de abril. La Argentina atravesó por golpes de Estado (1930, 1955, 1962, 1966 o 1976), por crisis económicas como la hiperinflación o el dramático 2001 y enfrentó desde 1983 acciones violentas de derecha (Carapintadas de Aldo Rico) o de izquierda (La Tablada de Gorriaran Merlo). Allí sí que estuvo en riego la democracia y pese a todo, el sistema político continuó en pie.
Durante el mandato de Cristina Fernández se produjeron extendidos cortes de ruta fogueados por el poder patronal, fuga de capitales, retención de cosechas o evasión fiscal, huelgas de la CGT o la CTA, levantamientos policiales o hechos terribles como la muerte del activista Mariano Ferreira. No cayó el gobierno y tampoco la democracia.  La historia debería ser una escuela para la dirigencia y el Presidente y sus seguidores no están evaluado objetivamente la etapa. CAMBIEMOS y sus activistas confunden una manifestación pacífica de científicos y maestros con un golpe de Estado que pondría en riesgo el sistema político.

El próximo 6 de abril hay una huelga general nacional de CHORIPANEROS. Guardapolvos blancos docentes, obreros tiznados de los talleres, profesionales, colectiveros o changarines, se van a quedar en la casa para que Macri escuche sus reclamos. Ojalá les alcance el dinero para comprar un choripán y comer en familia y reflexionar en paz. Lamentablemente, la inflación y la recesión económica le están quitando la carne de la mesa a los argentinos.  El paro va a ser contundente.  Solamente espero -¿ingenuamente?- que el gobierno escuche a los de “abajo” y que deje de favorecer solamente a los de “arriba”. O al menos y siendo más humilde, me gustaría que evite las provocaciones y agresiones a las cuales nos tiene acostumbrados.


domingo, 2 de abril de 2017

¿Perdón ingleses por sus soldados muertos en Malvinas?

Aritz Recalde, abril 2017

Los días 2 de abril conmemoramos la recuperación –temporaria- de las islas Malvinas, Geogias y Sandwich del Sur. La sociedad argentina está dividida en la apreciación del suceso y hay opiniones disímiles acerca de las causas que la originaron, del desenvolvimiento de los combates y del tipo de acciones implementadas en la posguerra.
Los gobiernos inglés y argentino tenían objetivos políticos que excedían las Malvinas. Leopoldo Galtieri buscó legitimar y perpetuar la dictadura criminal iniciada en el año 1976 como respuesta al nacionalismo revolucionario surgido luego del 17 de octubre de 1945. Margaret Thatcher intentó conseguir apoyo para profundizar el programa conservador, contrario a los intereses de los trabajadores. Ambos actores buscaron acrecentar el poder de las elites en base al deterioro social de los pueblos.
La dictadura argentina, los EUA e Inglaterra contribuyeron a implantar en la región el sistema económico neoliberal. El gobierno de Videla se integró al Plan Cóndor norteamericano ejecutando acciones terroristas y de capacitación militar en países de Centroamérica. En diversas ocasiones Inglaterra participó en guerras o apoyó dictaduras en distintos continentes con el objetivo de apropiarse de recursos naturales y económicos. La guerra de Libia de año 2011 fue una de sus últimas expresiones belicistas y el país agredido está en ruinas por la acción criminal conjunta del Reino Unido, Francia y los EUA.
En el año 1982 los británicos sostuvieron que Galtieri fue el causante principal del conflicto y que la Primer Ministro aplicó un correctivo político justo que garantizó los derechos a la libre determinación de los kelpers. No es nueva esta justificación colonialista y Europa históricamente realizó propaganda política con el asesinato de extranjeros. Desde la época de Grecia en adelante bautizaron a los “otros pueblos saqueados” como barbaros y luego como infieles. Hoy manifiestan que los gobiernos populares o nacionalistas de Sudamérica son terroristas o populistas. Uno de los más sinceros intérpretes del colonialismo británico fue Herbert Spencer, quien sostuvo con entusiasmo que el “soterramiento de los débiles por los fuertes obedece a los decretos de una benevolencia inmensa y previsora”. La ideología de Spencer y de otros intelectuales británicos sirvió para destruir Estado de Bienestar en los años ochenta y también justificó el colonialismo ingles en el siglo XIX en la China, la India, Egipto o en la Argentina a la cual agredieron militarmente en 1806-8, 1833 y 1845.
Algunos argentinos también consideran que el causante del enfrentamiento y de la muerte de soldados en combate fue meramente Galtieri, que envió “chicos a la guerra”. No es casualidad por eso, que piensan que la decisión de muchos argentinos de defender con las armas las Malvinas fue un absurdo o meramente el resultado de un hábil artilugio de medios de comunicación. Habría sido un engaño la masiva manifestación de apoyo a la recuperación de las islas o el acompañamiento de civiles a la asunción del gobernador Benjamín Menéndez en el archipiélago. Esta última delegación que viajó a Malvinas se compuso de sindicalistas (Saúl Ubaldini), de dirigentes del Justicialismo (Deolindo Bittel), de la UCR (Carlos Contin), de la Izquierda Nacional (Abelardo Ramos) o del médico René Favaloro.
En nuestra óptica, la movilización de apoyo a la recuperación expresó un sentimiento de soberanía y de hostilidad al ocupante extranjero que es legítimo, necesario y propio de todas las Naciones del planeta. La defensa del territorio es un valor fundante de la Nación, sin el cual la población está condenada a desaparecer frente la ocupación de otra Potencia extranjera o de una empresa multinacional. Es en este sentido que al referirse a Malvinas José Hernández destacó que “si la indiferencia del pueblo agravado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?”. Sin esta vocación de dominio territorial y de voluntad de defensa, no existirían los países iberoamericanos independientes y tampoco varios otros del planeta que serían anexados por Inglaterra, Alemania, Francia o los Estados Unidos.
El negativo registro histórico argentino acerca de la guerra de Malvinas, no es habitual en otros países de la región. Por ejemplo, la opinión pública de los bolivianos tras la derrota y las decenas de miles de muertos de la Guerra del Pacifico (1979-83) y del Chaco (1932-35), no los llevó a negar u ocultar la voluntad de lucha y de patriotismo de sus soldados. Los ciudadanos que fueron a combatir contra Chile o Paraguay son considerados héroes y no meramente “chicos víctimas de malos militares”. La conducción política y castrense de ambas conflagraciones –de manera similar a lo ocurrido en 1982-, fue considerada deficiente por su pueblo y sus titulares fueron acusados de ser los responsables de la derrota. Atendiendo esa cuestión, los bolivianos repudiaron a los jefes castrenses y no acusaron a los soldados y civiles de ser “inconscientes” o “estúpidos que se dejan llevar por tiranos”. El pueblo reivindica la vocación de defensa nacional, incluso al punto de poner en juego la vida para mantener la integridad territorial. Luego de la derrota de la Guerra del Chaco, los grupos nacionalistas del ejército comandados por Germán Busch y David Toro impulsaron una revolución que expropió las empresas petroleras que estaban empujando a la guerra e implementaron reformas sociales a favor de sus habitantes.
Thatcher se alió al imperio norteamericano, consolidó el apoyo de la ONU y en la Comunidad Europea y sobornó al dictador Pinochet para sumar al país trasandino en un acto de piratería a 12.000 kilómetros de Londres. Los sectores medios de la Argentina prácticamente no cuestionan la decisión de Thatcher del año 1982, caracterizada por impedir cualquier mediación que evite el enfrentamiento. La recuperación argentina de las islas se hizo sin matar ingleses (los argentinos si tuvieron bajas) con la decisión consciente y pública de obligar a negociar al colonialista. Thatcher por el contrario, evitó las mediaciones y utilizó a Malvinas y a los muertos de su país y del nuestro como un acto de publicidad política interna. A partir de acá, es que mandó a asesinar argentinos y cometió el Crimen de Guerra del hundimiento del Crucero General Belgrano fuera del teatro de operaciones (323 caídos sobre 649 del total). De manera similar a las agresiones de los años 1808 o 1845, los ingleses actuaron con el lema que el mejor argentino es el “argentino muerto”.
En no pocos casos, la guerra desató en los sectores medios locales un sentimiento contradictorio. Argentina agredía al país que admiraban y al cual querían emular siguiendo los mandatos de Alberdi, Sarmiento, Mitre o Julio argentino Roca. Todavía se escucha en las mesas de los domingos, el mito de que si “triunfaban las invasiones inglesas de 1808 ahora seríamos una potencia como los norteamericanos”. Alberdi manifestó que “civilizar es poblar” y Sarmiento convocó al exterminio militar de las razas que consideró débiles para remplazarlas por las anglosajonas. Una solución de salida honrosa al “humillante desacato nacional” contra el país que supusieron la “madre patria” y el ejemplo de “civilización”, consistió en subestimar y deslegitimar la tarea de los civiles y soldados argentinos. Los caídos bajo las balas inglesas dejaron de ser víctimas del Imperio Británico, para convertirse en los idiotas útiles de Galtieri o en los bobos “chicos de la guerra”.
Pese a los problemas estratégicos de planificación y de desenvolvimiento de la conflagración que quedaron referenciados en el Informe Rattenbach, la actitud de la mayoría de nuestras tropas fue de heroísmo y de coraje. Martín Balza que participó de las acciones bélicas en las islas, las caracterizó como parte de una “gesta e incompetencia”. Luego del triunfo militar, los ingleses armaron un guión cultural de posguerra que buscó negar la lucha argentina y que presentó a nuestras tropas como “chicos” y no como soldados. A partir de acá, es frecuente escuchar que los ingleses fueron solidarios y alimentaban a nuestros “pibes” a diferencia de los argentinos crueles, dictadores y egoístas. El ocupante colonialista que cometió crímenes de guerra, se presenta como como una víctima que venía a liberar a los “chicos de su infame dictadura”.
Poco se dice del reclutamiento voluntario de civiles en la Argentina e Iberoamérica, de la férrea resistencia militar al invasor durante semanas y de la heroicidad de muchos actos de guerra. Los argentinos se comportaron como soldados y la acción militar del país se vio reflejada en los considerables daños materiales y bajas humanas del enemigo. La lucha contra la OTAN de 1982 fue dispar en recursos y pese a eso sin el apoyo norteamericano, chileno y europeo el triunfo británico no estaba garantizado fácilmente. Como sostuvo José de San Martín, “los interventores habrán visto por este “hechantillón” que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”.
Nadie quiere negar el dolor o el sufrimiento de muchos ex combatientes que denunciaron maltratos y serios problemas logísticos. Sin desconocer estos aspectos, sería justo también relatar en la prensa, en el teatro o en el cine los actos heroicos, ejemplares y los valores de las tropas argentinas que dieron la vida por el país.
Si la historia de la Independencia y de la formación del Estado Nacional se contara describiendo meramente el dolor y los errores propios del combate, no habría símbolos patrios, ni himnos, ni monumentos, ni recordatorios a batallas, sino meramente relatos de padecimientos civiles y de soldados que sufren y que mueren. De aplicarse esta perspectiva, tampoco existirían el cine Hollywood que propagandiza las acciones militares norteamericanas y desaparecerían los relatos fundadores de todos los Estados del planeta.
Juzguemos con la misma vara
En otras circunstancias históricas la clase media argentina no aplicó la misma severidad para juzgar los hechos políticos - militares y los abusos de poder. En los años sesenta el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), fusiló a miembros de su propia organización -cuestión repudiable en nuestro punto de vista-. Pese a ello, a partir de acá no se puede decir que toda las agrupaciones de izquierda guevarista fueron criminales y que solamente se dedicaron a matar a sus correligionarios.
La teoría de los “chicos de la guerra” hace hincapié en la ineptitud de la conducción militar y en la absurdidad de la ocupación frente a la evidente diferencia tecnológica de los adversarios. Extrañamente, no son pocos los que niegan la guerra de Malvinas por la incapacidad de los jefes y en paralelo elogian el coraje, los valores o ideales de Santucho (ERP) o del Che Guevara cuyas direcciones políticas guerrilleras fracasaron rotundamente y culminaron con la muerte de miles de jóvenes. ¿La ideología marxista justifica el fallecimiento de activistas y la defensa del territorio es un absurdo?.
Los mismos que dicen que es inadmisible que un argentino fuera a Malvinas, participan de partidos políticos que reivindican los escuadrones de voluntarios de la Guerra Civil Española o los de la Segunda Guerra Mundial. ¿Los anarquistas, socialistas, comunistas o radicales creen “racional” morir en la defensa territorial de Europa y cuando se refieren a Malvinas lo consideran ilógico?. Con la finalidad de movilizar a los jóvenes a participar en guerras en otros continentes, estas agrupaciones políticas realizaron movilizaciones, publicaciones y colectas de recursos.
Malvinas desató un sentimiento pacifista que si bien puede ser legítimo, no suele ser aplicado a la hora de analizar otras circunstancias de la historia nacional. Algunos sectores afirman que el deseo de combatir a Inglaterra fue alocado, mientras consideran honroso y reivindicable la acción de la guerrilla contra el Ejército Argentino durante los años setenta o la intervención de éste último en la represión interior. Derecha e izquierda coinciden en legitimar la muerte de jóvenes en conflictos internos y se escandalizan por combatir al Imperio Británico.
No son pocas las personas que creen negativa la guerra por el hecho de que hubo 649 caídos, cuando en paralelo reconocen como libertadores a Bartolomé Mitre que metió al país en la Guerra del Paraguay o a Justo José de Urquiza que fusiló cientos de adversarios luego de la Batalla de Caseros. Estos mismos pacifistas admiran a Domingo Faustino Sarmiento, quien comandó personalmente el exterminio de decenas adversarios políticos en las guerras civiles. Los sucesos en el país y el Paraguay causaron decenas de miles de compatriotas argentinos muertos, en su mayoría civiles y milicias que fueron perseguidos, torturados y asesinados.
Grupos de activistas socialistas y radicales siguen reivindicando el golpe castrense del año 1955 y el apoyo personal de Miguel Ángel Zabala Ortiz al bombardeo y el ametrallamiento de civiles que dejó más víctimas indefensas en la calle que los ataques ingleses en suelo malvinense.

Perspectivas actuales
La dependencia cultural del siglo XIX fue la garantía para que los británicos manejen por décadas los ferrocarriles, puertos o bancos.
Los ingleses triunfaron militarmente en el año 1982 y se propusieron borrar el sentimiento nacionalista local. Por mandato neocolonial, Argentina tiene que abandonar su voluntad de defensa del territorio que caracteriza a todos los nacionalismos en el mundo. La decadencia de la conciencia nacional permitió que Carlos Menem firme los tratados de Madrid (1990), otorgando deshonrosas concesiones económicas al colonialista. Para reparar en parte este daño se sancionó en el año 2011 la ley 26.659 “condiciones para la exploración y explotación de hidrocarburos en la Plataforma Continental Argentina”.
Recientemente, Mauricio Macri se reunió con sus pares británicos David Cameron y Theresa May para promover “negocios” de pesca o de hidrocarburos. Por el contrario, CAMBIEMOS no entabló diálogos con el Partido Laborista de Irlanda que acompaña nuestra causa soberana en el Reino Unido. Poco tiempo después del encuentro de mandatarios, el Reino Unido realizó ejercicios militares en las islas en un acto de provocación.
En el Ministerio de Energía Macri designó a un representante de la empresa anglo – holandesa Shell, favoreciendo que hagan grandes negocios los representantes directos de la Nación colonialista que asesinó nuestros soldados y que deshonra la patria con la ocupación ilegal de las islas.
Los ex combatientes no recibieron el mismo trato que los ingleses y el Presidente derogó parcialmente el Régimen Previsional Especial de los ex soldados de Malvinas, con el objetivo de evitar que se les pague al menos “dos jubilaciones mínimas”.
La aristocracia del dinero de CAMBIEMOS entiende que los negocios empresarios están por delante de la soberanía y del reconocimiento a los soldados que combatieron en defensa de la patria.

Reivindicamos el hecho de que la Argentina es una tierra de paz y que somos un país pacífico.
Los kelpers son ocupantes ilegales representantes de una potencia colonial y no un pueblo con derechos a la autodeterminación. 
La recuperación de Malvinas es una causa nacional y latinoamericana. Éste último aspecto quedó manifestado en los apoyos otorgados por el MERCOSUR, la UNASUR, el ALBA y la CELAC. La Argentina obtuvo importantes acompañamientos internacionales como los manifestados en las cumbres de los Países No Alineados, por China (Hu Jintao en 2010 y Xi Jinping en 2014) o los conseguidos en la OEA (2010).  


Recordemos y honremos a nuestros soldados que elevaron la bandera de la soberanía frente a un Imperio que sigue plagando el mundo de guerras y de inequidades. 

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Existe la PESADA HERENCIA?


 Aritz Recalde, marzo 2017

El Presidente de la Nación y su Gabinete se comportan como si estuvieran en campaña electoral. Raramente atienden los problemas que el pueblo les encomendó resolver al momento de ponerlos en el gobierno. Todas las limitaciones de su gestión y los negativos resultados económicos y sociales de sus políticas, son atribuidos a la supuesta PESADA HERENCIA recibida.
Al ser consultado por los inconvenientes de la inflación, la recesión económica o por el aumento de la pobreza, Mauricio Macri acostumbra a reiterar meramente que “hace cinco años que el país no crece”. Suele afirmar taxativamente que los casi 40 % de inflación o la caída del PBI 2,3 % en el año 2016, son el resultado de que “los argentinos decimos la verdad y ya no mentimos”. Su inusitada capacidad para beneficiar a los grupos poderosos (bancos, exportadoras y empresas de servicio) y su evidente dificultad para hacer marchar economía, serían el resultado de la PESADA HERENCIA y de que antes el INDEC mentía y de que ahora dice la verdad.
Paradójicamente y pese al supuesto de la transparencia estadística, el Director del INDEC Jorge Todesca y Mauricio Macri echaron a Graciela Bevacqua. Ésta última era la Directora Técnica del organismo y adquirió notoriedad por que se enfrentó a Guillermo Moreno en el año 2007. Según Todesca, echaron a Bevacqua por el hecho de que la directora suponía estar “en una torre de marfil”. La funcionaria saliente se defendió aduciendo que “no se pueden dar estadísticas creíbles en dos meses”. 
Dejando de lado si los datos del INDEC que cita Macri deben interpretarse según Todesca o a partir de las limitaciones denunciadas por Bevacqua, nos interesa rescatar algunos datos del Organismo que demuestran que el Presidente miente o que está mal asesorado.

¿El país no creció en los últimos cinco años?
A diferencia del planteo de Macri y según datos oficiales del INDEC dirigido por Jorge Todesca, el PBI de la Argentina creció 2,1 % en el año 2015. El informe que fue presentado por el Director del Organismo no es secreto de Estado y fue difundido por los diarios Página 12 (31-03-16), Clarín (30-03-16) y Ámbito Financiero (30-03-16).
En el último mes de enero el INDEC publicó un relevamiento laboral con información del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Allí quedó demostrado que en el año 2015 creció el empleo y que la pérdida de puestos de trabajo se inició recién en 2016.


1 trimestre 2015
4 trimestre 2015
1 trimestre 2016
3 trimestre 2016
Puestos de trabajo
6.470.425
6.532.065
6.507.402
6.404.160
INDEC: “Informes Técnicos vol. 1 nº 5 enero 2017”.

¿Existe la pesada herencia?
Néstor Kirchner encontró el país sumergido en la mayor crisis de la historia argentina. En el terreno económico el PBI, la inversión y el consumo cayeron estrepitosamente en el año 2002.
Lejos de las opiniones de Mauricio Macri y luego de diez años de gobierno peronista el PBI y el consumo público se duplicaron y la inversión se cuadriplicó.

 (**)
1993
1998
2002
2013 (*)
PBI a precios de mercado
236.504
288.123
235.236

489.322
Inversión Bruta interna
45.069

60.781

26.533

112.896
Consumo público
31.953

35.249

33.820

66.073
Elaboración propia con datos del INDEC.
(*)  El INDEC publicó el dato como “Estimaciones preliminares” por no disponer información del IV trimestre.
(**) En millones de pesos a precios de 1993.

El histórico proceso de recuperación económica tuvo un efecto directo en la producción de nuevos puestos de trabajo. La sumatoria de desempleados y sub-ocupados en el año 2003 era de 38,1%. En el año 2013 la misma cifra bajó a 15,9 % y si bien siguieron existiendo problemas, en términos históricos se produjo una evidente mejoría.

(*)
2003
2013
Desempleo
20,4

7,9

Sub ocupación
17,7
8
Elaboración propia con datos del INDEC
                                                                              (*) Aglomerados urbanos

Según el INDEC, la indigencia era de 27 % en el año 2003 y en 2013 bajó al 1,4% como resultado de la reactivación económica y de la implementación de políticas de transferencia de ingresos impulsadas desde el sector público (AUH, universalización de las jubilaciones o becas PROGRESAR).

Miente, miente, que algo quedará
“Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”. Joseph Goebbels

CAMBIEMOS intervino el INDEC y expulsó a Graciela Bevacqua de manera similar a Guillermo Moreno en el año 2007. En lugar de la funcionaria saliente designaron a Fernando Cerro, quien había sido denunciado anteriormente por Alfonso Prat Gay. La actitud de Moreno fue caracterizada como propia de una “patota”. La misma acción realizada por Todesca, fue difundida como un “problema de comunicación”.
Las afirmaciones del Presidente y de sus voceros acerca de que el país no creció y no generó empleo en los últimos cinco años, se contradice con los informes elaborados por Jorge Todesca a quién Mauricio Macri puso de Director del INDEC.  

Es real CAMBIEMOS recibió un país con problemas que son el resultado de la dependencia estructural de la Argentina. Los datos son evidentes y el gobierno anterior con aciertos y con muchas limitaciones, impulsó un ciclo de crecimiento económico y de mejora social que Macri no debería negar, sino que podría retomar como una base y mejorarlo.
CAMBIEMOS encontró un contexto internacional caracterizado por la recesión del principal aliado comercia (Brasil) y por la baja de crecimiento del segundo (China). EUA, Inglaterra y buena parte del mundo está impulsando medidas proteccionistas, dificultando aún más la situación del país.
En este complejo panorama, CAMBIEMOS en lugar de convocar un gobierno de unidad nacional para matizar los males del contexto internacional, se abocó a transferir riquezas a los bancos, las exportadoras de cereales y a las empresas de servicios y las de capital familiar y de los CEOS. Los resultados están a la vista: recesión y caída del PBI, la inflación más alta de los últimos quince años, aumento exponencial de la deuda externa, cierre de empresas y subas del desempleo, la pobreza y la indigencia.

En el primer año CAMBIEMOS se abocó a pagarle a los grupos económicos y aumentó los empleos públicos de sus aliados -en paralelo a la expulsión de agentes estatales de otras orientaciones-. El segundo año y posiblemente por ser electoral, está orientando su política a mantener un ajuste gradual sobre los trabajadores y la PYME nacional. El próximo año ya adelantaron que van a implementar mayores aumentos de tarifas, una nueva apertura de las importaciones y una reducción del aparato del Estado (privatizaciones, expulsión de trabajadores y desarticulación de la capacidad regulatoria de todas las áreas).

De profundizarse la tendencia, el nuevo gobierno que asuma en el año 2019 va a encontrar una verdadera PESADA HERENCIA.








viernes, 10 de marzo de 2017

La Confederación General del Trabajo y la movilización de 7 de marzo

Aritz Recalde, marzo 2017

El 7 de marzo se produjo la movilización obrera más importante de los últimos años. La convocatoria fue contundente y se calculan que se desplazaron por la Avenida Belgrano varios cientos de miles de trabajadores. En diversas localidades del país también se produjeron actos.
El Triunvirato de la CGT convocó el encuentro y tuvo la capacidad de reunir un conglomerado diverso socialmente (trabajadores sindicalizados y desempleados), políticamente (PJ, Frente Renovador, izquierda o kirchnerismo), sindicalmente (CGT y CTA) e ideológicamente (moderados, combativos o independientes).

·         Operaciones mediáticas y políticas: “destruyan a la burocrática CGT”.
Los medios de comunicación se dedicaron a repetir que la movilización tuvo diversos disturbios y que los organizadores salieron debilitados del acto. El falaz argumento está centrado:
-          Conflictos del final de la movilización que darían cuenta del masivo “repudio al Triunvirato”, por parte unas “bases combativas” que “piden su cabeza”.
-          Reclamos de una huelga general que no fue declarada por los oradores y que evidenciaría  la “traición” del Triunvirato.
-          La existencia de grietas entre un grupo combativo (kirchnerismo e izquierda) y una “burocracia sindical negociadora” que busca detener el avance popular y respaldar a CAMBIEMOS.

Los tres argumentos son erróneos y solamente dan cuenta de algunos aspectos de la cuestión e impiden una lectura más objetiva de la dinámica del conflicto sindical y político en el país. Esa interpretación tendenciosa fortalece a CAMBIEMOS y al poder económico trasnacional:
-          Separa -aún más- a la organización política kirchnerista (clase media), de la CGT (trabajadores sindicalizados de la producción y la industria).
-          Debilita la reciente unidad entre la CGT, los Movimientos Populares y la CTA.
-          Dificulta la unidad política anti-macrista en un año electoral.

·         ¿Muestra de repudio a las políticas de CAMBIEMOS o rechazo al Triunvirato?. 
La magra situación económica actual no explica la movilización del 7 y pese a que la potenció y radicalizó. Las crisis por sí mismas no organizan los hechos colectivos de masas, sino que es la actividad política el ordenador.
Los conflictos de la marcha fueron insignificantes y todos los que movilizamos ese día podemos afirmar esta realidad sin ánimo de equivocarnos. Sin negar que hay disputas (como en todas las organizaciones), la inmensa masa del pueblo se movilizó bajo el paraguas de la convocatoria, pacíficamente y sin repudiar a nadie exceptuando a Mauricio Macri y sus políticas. La enorme y heterogénea marcha reconoció la legitimidad del Triunvirato que lo llamó a movilizarse. Si la CGT y el Triunvirato son débiles y carentes de representatividad como dice la prensa, ya existiría otra conducción y la marcha hubiere sido escueta y anárquica.
Al día de la fecha nadie puede convocar y movilizar un acto similar al 7 de marzo y no hay que olvidar las palabras de Perón acerca de que el “mundo no vive de buenas ideas; vive de buenas realizaciones”. Cristina Fernández conduce a los “propios” que son una parcialidad y si bien la ex mandataria tiene un capital electoral que no detenta la CGT, hoy ese hecho no la hace “conducción natural”. Un sector del peronismo directamente cogobierna con CAMBIEMOS como es el caso de Juan Manuel Urtubey. El PJ tiene dificultades para ofrecerse a la sociedad como una alternativa unificada de resistencia al neoliberalismo. Los Movimientos Populares  también son una parcialidad y si bien consolidaron un importante frente en la movilización de San Cayetano y en la sanción de la Ley de Emergencia Social, no condensan una mayoría política y menos una alternativa electoral. La CGT consiguió movilizar un frente opositor que ningún otro actor político y social había hecho y eso hay que reconocerlo y potenciarlo.
Los reclamos de los participantes son diversos y si bien se habló de paritarias, de poner un freno a las importaciones y a los despidos, allí no se agotaron las demandas. Las PYMES argentinas piden protección arancelaria, créditos o mejora del mercado interno. Los asalariados formales reclaman paritarias y la defensa del puesto laboral. Las organizaciones populares exigen la aplicación de la ley de emergencia social y su inclusión definitiva en el universo del trabajo formal. Hay fuertes internas entre los sindicatos de servicios, industriales o estatales que se vieron perjudicados de disímil manera por el programa económico de CAMBIEMOS. La existencia de estas tensiones expresadas en sugerencias o reclamos de mayor combatividad, no invalidan el acto y tampoco la capacidad de la conducción de la CGT de convocar a una protesta.
Los que movilizamos con nuestro sindicato tenemos delegados elegidos democráticamente y fuimos al acto sin manifestar rupturas contra el Triunvirato como postulan los diarios de derecha o de izquierda. Hay debates y luchas internas, pero hay que descartar que la marcha fue una manifestación de las “bases contra la conducción”. Esa idea está en la cabeza de algunos pocos dirigentes y periodistas, no en los cientos de miles que salimos el día 7.
El debate sobre la huelga general es parte de esta discusión y como en toda la historia argentina, hay posiciones combativas, dialoguistas y entreguistas. Si bien muchos consideramos que hay que endurecer la resistencia política y gremial contra el Gobierno Nacional, no se puede sostener que la movilización fue un fracaso por no ponerle una fecha a la medida. Del vamos, todos los que marchamos “paramos media jornada”. Asimismo, la efectividad de una huelga no es tema solamente del Triunvirato o de la Corriente Federal (que se manifestó a favor), sino que  incluye otros interlocutores como el Movimiento Sindical Argentino (MASA) que no está en CGT y que adhirió pero no movilizó el 7 de marzo.
Las luchas de poder de la CGT existieron siempre y no están centradas meramente en el debate del paro. La ocupación del palco por algunos pocos trabajadores es un problema de organización y de seguridad del acto, no una muestra de rechazo masivo al Triunvirato. Los reclamos de la huelga forman parte del debate y no expresan un estado “revolucionario de las bases que se proponen suprimir a todos los dirigentes”. La marcha fue contra CAMBIEMOS, no contra la conducción de la CGT como postulan algunos diarios. Tampoco se puede desconocer que una huelga general no es un programa o una alternativa de gobierno. Los sindicatos docentes fuimos al paro en reiteradas ocasiones en 2016 y en 2017, sin por ello resolver los problemas salariales y menos aún los políticos de fondo. La dirigencia partidaria y social debería preocuparse más por sus propias incapacidades, que por pedir a la CGT las soluciones para la Argentina que ellos no están ofreciendo.
Será la misma central gremial la encargada de decidir la continuidad o no del Triunvirato y no se va a ir por los canticos de un sector de la movilización. La unidad actual de una parte de la CGT costó esfuerzo y el puente trazado con las organizaciones sociales es histórico y sería absurdo destruirlo por disentir en un tema (por importante que sea la huelga). La mayoría de los afiliados no estamos dispuestos a rifar los avances en la estructuración de una central unificada, para pasar el mando a una conducción con retorica de combate y sin representatividad como está sugiriendo el progresismo.  Perón fue claro cuando sostuvo que los dirigentes salen de la misma organización y “el que elija el pueblo, ese es mi candidato (…) flaco servicio haría si yo me pusiera a digitar quiénes han de ser los hombres”.  

·         ¿Existe una división entre combativos y burócratas?.
Hace un año CAMBIEMOS triunfó electoralmente en las provincias de Buenos Aires, Jujuy o Mendoza. Muchos de los trabajadores en actividad y desocupados votaron a la fórmula Macri – Michetti que triunfó en Córdoba, San Luis o en Santa Fe. Esta realidad -aunque no guste-, es un dato no menor a la hora de exigir combatividad gremial.
Muchos actores que hoy piden intransigencia a los sindicatos, no actuaron de esa misma manera en las elecciones del año 2015. Un sector del FPV prácticamente no militó y le entregó el gobierno a la derecha neoliberal sin demasiada resistencia. No fue lo que ocurrió en Iberoamérica y Lula se movió activamente para que gane Dilma en Brasil en una disputa sumamente ajustada. Chávez se encargó antes de morir de que Nicolás Maduro sea el Presidente de Venezuela. Múgica acompañó el triunfo del Frente Amplio y la asunción de Tabaré con el cual tenía diferencias. Correa está al frente de la disputa electoral en Ecuador y adelantó que va a pelear hasta el último voto para que triunfe Alianza País. En Argentina hubo una inusitada calma, un escaso apoyo a Scioli y la campaña electoral careció de organización y tuvo más apoyo en la militancia de base, que en la dirigencia. El mismo día del conteo de votos de las presidenciales hubo dos bunker de campaña dentro del FPV. Todos deberían hacer un baño de humildad o al menos como lo sostuvo Perón, podrían reconocer que “el fracaso es una de las grandes lecciones que da la vida”. En su defecto y como postuló Jauretche, seriamos los expertos en el “animémonos y vayan”.
Parte importante de la dirigencia política argentina que se dice opositora oficia como el marco de gobernabilidad de CAMBIEMOS, votando las leyes y ocupando áreas de gobierno nacional y provincial.
En buena medida, pareciere que las ambivalencias de la CGT son una réplica de las prácticas de la dirigencia partidaria que le reclama a “los gordos” la guerra social a CAMBIEMOS. No sólo a la CGT hay que pedirle combatividad y coherencia ya que el conjunto de la clase dirigente está en crisis. Decía Perón que el conductor debe ser un “maestro y debe enseñar por el ejemplo”: esa responsabilidad es transversal a todo el mundo. Una huelga general sin una dirigencia y sin programa político de oposición radical y propositiva, poco hará frente a un gobierno liberal que sigue teniendo apoyo en la opinión pública y apuntalamiento mediático, judicial y financiero.
Una de las manifestaciones de la inexistencia actual de una dirigencia es la apología permanente a los auto-convocados y la sobrestimación la militancia de clase media en redes sociales. Estos grupos de cibernautas reproducen una ingenua noción política y aún no dimensionaron que la oligarquía y la Embajada norteamericana son los que gobiernan la Argentina. Se llena la Avenida Belgrano de trabajadores organizados y disciplinados y salen los librepensadores en facebook o algún medio televisivo o grafico a denunciar la burocracia, a convocar al “paro por internet” y a pedir la destitución de los dirigentes elegidos por sus organizaciones. Aunque el pensamiento progresista insista en la potencialidad política del individuo liberal independiente, ya lo dijo Perón “la improvisación no puede ser un método”.
El rechazo al mundo sindical conduce al enfrentamiento político interno y a la imposibilidad de unificar un frente nacional. El país ya conoció este problema en los años setenta y la derecha lo sabe y es por ello que habla del “copamiento del palco” por parte de la izquierda y el kirchnerimo. La prensa conservadora levanta estas consignas para enfrentar a los actores que necesitan unirse para no ser dominados. La subestimación del sindicalismo se torna tendencia y en la importante movilización de mujeres del 8 de marzo, había carteles sosteniendo que las chicas de clase media tenían “más ovarios que la CGT”. Absurdos, irrespetuosos e incensarios comentarios, que por suerte, no se reproducen desde la CGT que no agrede a las otras manifestaciones sociales. Todas esas internas no ayudan en nada, crean falsos enconos y contribuyen a fortalecer a la derecha en el poder.  
En la compleja CGT hay burócratas, combativos, tibios o participacioncitas de la misma manera que en los municipios, las universidades, las legislaturas o en las unidades básicas.  Con aciertos y errores, la Central participó de la sanción de la Ley de emergencia social, consiguió aumentar el piso de muchas paritarias y reformó la ley de impuesto a las ganancias. Cuando el Movimiento Obrero tenga una organización superadora a la actual y que concentre y movilice más trabajadores que el 7 de marzo, cambiará a sus dirigentes. A los que sueñan destronar el Triunvirato con tapas de diario y operaciones de Partido hay que recordarles las palabras de Perón “que los dirigentes que se pueden hacer a dedo dan muy mal resultado (…) los conductores no se hacen por decreto”. 


Se debe mantener la unidad de la CGT y sus vínculos con los Movimientos Populares. En el plano de la lucha anti-macrista, la  movilización fue un avance fundamental y el Triunvirato canalizó la demanda que ninguna fuerza política puede desplegar. El paro general se hará más tarde o más temprano y está bien que las organizaciones que así lo consideren lo exijan. Lo que no es correcto es la vocación de destrucción de la unidad alcanzada y la subestimación de la movilización y del poder gremial.  Hay que ocuparse de la construcción de frente nacional y sin los sindicatos el camino es incierto. La dirigencia política podría acusar menos y construir más y como dijo Perón “el conductor no lleva a nadie, a él lo siguen, sino no es conductor”. 

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