martes, 25 de abril de 2023

La universidad y la cultura[1]

 Aritz Recalde, 


Director del Departamento de Humanidades y Artes de la UNLa

Abril, 2023

El Departamento de Humanidades y Artes de la UNLa

El Departamento de Humanidades y Artes (en adelante DHyA) es una comunidad organizada de trabajo, ciencia y arte. Tiene dos grandes finalidades que son las de transmitir cultura y la de formar profesionales. Sus finalidades se desenvuelven a partir de las actividades de docencia, investigación, cooperación y trasferencia.

Con estos fines el DHyA organizó la función docente en cinco licenciaturas que son Diseño y Comunicación Visual, Diseño Industrial, Audiovisión, Música de Cámara y Sinfónica y el Traductorado Público en Idioma Ingles. Además, ofrece las cuatro Carreras de Posgrado de Especialización y de Maestría en Metodología de la Investigación Científica, de Especialización en Tecnologías en Fabricación Digital y el Doctorado en Filosofía.

La función de investigación se desenvuelve en los Institutos de la Universidad y en los cinco Centros dependientes del Departamento. Estos últimos son los Centros de “Investigaciones Éticas”, de “Investigaciones Históricas”, de “Teorías y Prácticas Científicas”, el de “Producción Sonora y Audiovisual” y el de “Estudios Musicales”.

Del DHyA dependen el Estudio de Grabación “Santos Dicepolo”, el Sello “Discográfica del Sur”, el Laboratorio de Diseño Industrial y los Talleres de Diseño Industrial. Allí se realizan tareas de apoyo a la docencia, de investigación, de cooperación y de transferencia.

Nuestros músicos participan de las orquestas de la UNLa de Cámara y la Académica.


De las dos grandes finalidades de la universidad

Primera finalidad del DHyA: la producción de cultura

La cultura es el conjunto de bienes materiales y simbólicos a partir de los cuales los seres humanos construyen su identidad y edifican sus relaciones sociales y sus formas de vida. Nos referimos por expresión simbólica de la cultura a cuestiones no tangibles físicamente como el lenguaje, la religión, los conceptos artísticos, etc. Los bienes materiales de la cultura son el resultado de los bienes simbólicos como es el caso de un instrumento musical, de un desarrollo tecnológico aplicado a la industria o de una obra arquitectónica.

El DHyA es un ámbito de producción y de divulgación de la cultura en sentido amplio. Todas nuestras carreras e investigaciones integran y articulan bienes simbólicos y materiales aplicados al diseño, la música, el sonido, la imagen, el lenguaje, la filosofía, la historia, la epistemología y otras humanidades.

 

La labor cultural: pasado, presente y futuro

Cultura, pasado y tradición

El DHyA tiene la irrenunciable función de transmitir el acervo cultural, tecnológico y artístico acumulado a lo largo del tiempo. Esto implica recuperar y difundir la tradición pasada.

Cada generación nunca empieza de cero su vida en comunidad, sino que retoma el legado y el mandato de sus antecesores. Los artistas y pensadores son seres sociales y sus obras contienen la cultura de un tiempo histórico.

Cultura e invención permanente

Los académicos tenemos la función de producir y de renovar permanentemente la cultura. Dicha cuestión requiere de la invención personal y colectiva presente.

Cultura y futuro

Entre nuestras tareas se destaca la de proyectar la organización de la obra cultural y las universidades son instituciones forjadoras de utopía y de futuro.

El DHyA tiene que contribuir a la organización de una cultura nacional que incluye una conciencia histórica, un principio de solidaridad social y una unidad de destino de un pueblo.  

La regionalización de la cultura

A las tres tareas mencionadas le sumamos una cuarta que las atraviesa y que tiene que ver con la condición histórica nacional y regional de la cultura. Nuestra labor tiene que tener una perspectiva situada temporal, social y geográficamente poniendo en valor, difundiendo y reactualizando el conocimiento universal a la luz de nuestra particularidad cultural local, provincial, nacional y suramericana.

 

Las cuatro dimensiones del proceso de producción de la cultura

La cultura universal

La cultura tiene, potencialmente, una dimensión universal. Si bien originariamente los desarrollos culturales tienen un origen especifico, estos pueden ser utilizados en distintas comunidades, ecúmenes y momentos de la historia.

Las instituciones educativas tenemos que conocer y transmitir los desarrollos y las producciones de la técnica, la tecnología, de las ciencias humanas y del arte que fueron y que son el resultante de actividades sociales y colectivas en diversas latitudes y épocas.

Por ejemplo, una partitura es un recurso tecnológico que permite la conservación, la lectura y la interpretación musical de un artista en cualquier lugar del planeta. Un instrumento como un violín o una guitarra si bien tienen un origen histórico particular, su proyección y utilización los hacen potencialmente universales para toda la humanidad. Lo mismo podemos decir de un desarrollo de tecnología aplicable al diseño, a la comunicación, al idioma o al video.

Las instituciones tenemos que tener la capacidad de recuperar y de difundir aquellas dimensiones culturales que la humanidad fue produciendo y que son capaces de elevar nuestra forma de vida y de contribuir al desarrollo de la persona humana.

En este punto hay que ser conscientes de dos cuestiones. La primera, es importante remarcar que las humanidades y las artes no nacieron en la universidad y la institución lejos está de ser el único y menos aún el principal ámbito de producción cultural. Además y cuestión fundamental, somos conscientes que detrás de la producción y de la divulgación de la cultura hay disputas de poder entre Estados, comunidades, clases y factores de presión. Es a partir de acá, que generalmente lo que llamamos cultura universal es en realidad parte de la expansión de los valores de occidente.

 

Los ámbitos de producción cultural históricos y geográficos

“Nuestra cultura, es de raíz hispánica pero la construcción de nuestro destino es americana”. J. J. Hernández Arregui

 

La vivencia, la creación y la transmisión de la cultura son particulares en cada época histórica y en las diferentes geografías en las que producen los hombres. Los contextos de aplicación temporal y regional inducen, moldean e incluso condicionan las expresiones culturales. En cada lugar y tiempo histórico existen actores de poder e instituciones que influyen en la fisonomía cultural otorgándole formas particulares.

Con el fin de interpretar el funcionamiento del sistema mundo, Samuel Huntington recuperó y resignificó el concepto de “civilización” que fue formulado por pensadores franceses en contraposición a la cultura de los otros pueblos a la que caracterizaban de “barbarie”. El autor remarcó el hecho de que las sociedades se ordenan en torno de grandes  civilizaciones o “grandes culturas” como lo planteó anteriormente Oswald Spengler. Las civilizaciones son entidades culturales compuestas por la lengua, la historia, la religión, las costumbres, etc. Todo este conjunto activo y dinámico forma la “auto identificación subjetiva” de un pueblo, que lo lleva a comportarse de una manera particular a lo largo del tiempo. Una de las características fundamentales de la civilización es su “larga continuidad histórica” y su vocación por transmitirse de generación a generación como un mandato cultural que se refleja en obras de arte, en el pensamiento filosófico y político y en las tradiciones y formas de vida que dan fisonomía a un pueblo. Es bueno remarcar, que el autor caracterizó a Latinoamérica como una civilización propia y diferenciada de las otras.

En el campo de la pintura se puede ver claramente esta característica condicionante y/o estimulante de un tipo particular de expresión cultural. Si bien una diversidad de artistas puede compartir una misma técnica potencialmente universal, las obras van a variar según sus contextos civilizatorios, institucionales, políticos, sociales e ideológicos de producción.

Benito Quinquela Martín (1890-1977) pintó el paisaje natural, urbano y social de la localidad de la Boca mostrando el cauce del Riachueleo, los astilleros y su contexto cultural. Su obra resalta la actividad de los trabajadores portuarios y el esfuerzo diario que lo caracteriza. Quinquela retracta el contexto social que conoció, destacando el sacrificio obrero en la construcción de la sociedad.  

Ricardo Carpani (1930-1997) orientó su obra pictórica al contexto argentino y suramericano. El autor propugnó el compromiso político del artista y trabajó por forjar lo que consideró era un “arte revolucionario”. Retrató a figuras de nuestra historia como el Chaco Peñaloza o el mártir dirigente gremial Felipe Vallese. Su pintura recorre los conflictos de la etapa en la que vivió y son frecuentes los retratos de los trabajadores argentinos y los de sus organizaciones.

Florencio Molina Campos (1891-1959) pintó al gaucho y a su medio rural. Sus cuadros retractan el hogar popular y sus costumbres argentinas y rioplatenses como el horno a leña, el mate, la danza, la guitarra, el caballo y la vestimenta. Todas estas imágenes son bien características de la pampa bonaerense. 

Podríamos seguir citando ejemplos de la importancia y del significado que adquiere el contexto histórico natural y cultural de producción de los artistas y de los pensadores de las humanidades.

Juan José Hernández Arregui sostiene que existe una cultura latinoamericana. Para el autor, la uniformidad no proviene de un determinismo geográfico de la naturaleza, sino más bien por el hecho de que los pueblos compartieron una historia y un devenir político y social en común. De Europa provinieron las practicas artísticas y un sistema de valores para interpretarlas, una religión, un lenguaje, un concepto jurídico y estatal, un sistema de instituciones educativas y sociales. Se produjo un encuentro único entre el habitante europeo, el mundo precolombino y la influencia étnica de la población afrodescendiente. Al componente cultural se le sumó una geografía de inmensidades y de naturalezas de fuerte carácter que motivaron a los artistas y a los pensadores. A partir de acá dice Arregui que “el folclore hispanoamericano se asienta sobre los diversos grupos étnicos y lingüísticos. La influencia indígena y negra, a través de los contactos culturales y del mestizaje sexual, marca la estratigrafía espiritual del continente (…) la fusión de civilizaciones y razas es el fenómeno normal de la historia (…) Hay en nosotros algo nuevo (…) nos reconocemos sin esfuerzo hispanoamericanos y sólo por abstracción mental –o por inferioridad emocional- europeos”.   


La individualidad del artista y del hombre de pensamiento

Si bien hay elementos universales y otros que son históricos y contextuales, es innegable que cada artista y pensador desarrolla su labor con márgenes de libertad poniendo en acción sentimientos, temperamentos y medios de expresión e inspiración que le son propios. Los artistas y pensadores son individualidades movidas por factores racionales y también inconscientes, por instintos y por emociones.

Por ejemplo y si tomamos la música, la guitarra suena y transmite emociones de manera diferente en el español Andrés Segovia (1893-1987) y en el bonaerense Atahualpa Yupanqui (1908-1992). Esos artistas son únicos ya desde el recorte del canon que interpretan, en el modo de transmitir los sentimientos y en la forma de aplicar la técnica instrumental.

La guitarra eléctrica no suena igual, no comunica el mismo mensaje artístico en los músicos y compositores contemporáneos bonaerenses vinculados a la música popular y particularmente al rock como Luis Salinas (1957-), Ricardo Mollo (1957-) o Claudio Marciello (1963-). Todos ellos nacieron en la misma provincia, son contemporáneos y posiblemente tuvieron acceso a un mismo repertorio de músicos nacionales e internacionales, pero cada uno forjó su estilo que es propio de su personalidad y de sus aptitudes.

Astor Piazzolla (1921-1992) sintetiza en buena medida lo que venimos explicando. Es, sin ánimo a equivocarnos, uno de los compositores y músicos de tango más importantes del siglo pasado. Adquirió una formación académica clásica con docentes y con artistas de renombre internacional. Se destacó en el bandoneón, instrumento cuyo origen es alemán y que fue argentinizado en el tango y en el folclore de las provincias. El tango es una expresión musical rioplatense que fusionó la diversidad étnica de la inmigración, principalmente europea, con las expresiones y modos culturales hispanoamericanos. Con la técnica académica universal, con un instrumento de origen europeo argentinizado y con el tango local y rioplatense, Piazzolla hizo un producto nuevo, único, original y de vanguardia. En su disco Libertango (1974) el artista y el compositor pusieron en desenvolvimiento su capacidad original creadora y su ideario sobre la libertad expresiva. Piazzolla interpretó el tango con sonidos clásicos y modernos. Organizó un grupo conformado con músicos de bajo, guitarra y órgano eléctricos. El piano y la flauta traversa le dieron el tono e influencia de la música académica. El bandoneón le otorgó al grupo el tono del tango de Buenos Aires que caracterizó a Piazzolla a lo largo de su vida artística. Pocas formaciones musicales son emocionalmente hablando tan argentinas y tan porteñas y a su vez tan universales en su proyección técnica, artística y emocional.


Las dimensiones políticas de la producción cultural

La cultura es un terreno de la disputa de poder entre las naciones y entre los grupos políticos y sociales internos de cada país.

Cada diseñador, cada filósofo, cada artista tiene su tono, su temperamento y su individualidad proyectada en un estilo y en una obra.  Ahora bien y tal cual sostiene Juan José Hernández Arregui, el artista y el pensador obtienen sus reconocimientos y cumplen sus deseos narcisistas a partir de parámetros impuestos por las instituciones sociales. Para explicar este proceso Arregui desarrolló el concepto de “circulo literario”. Este se estructura a partir de la acción de críticos, de periodistas, de premios y de opiniones de grupos de poder que imponen “valoraciones rígidas”, “modas” y criterios de prestigio y legitimidad en torno de los cuales se produce la cultura.     

Una persona, un grupo o un proyecto político y civilizacional pueden promover un tipo específico de arte y de humanidades con fines de cambio o de conservación del poder. El ya mencionado Ricardo Carpani o los pintores y muralistas mexicanos Rivera y Siqueiros se proponían conscientemente hacer un arte revolucionario con fines de cambio social. Los Estados Nacionales modernos dedicaron recursos a la función cultural en la educación pública, en escuelas de música, danza o pintura. Todas las comunidades políticas destinan recursos a mantener vigentes y a promover sus valores,  su lenguaje y tradiciones religiosas y étnicas que hacen a su identidad.

Lo mismo ocurre con los bienes materiales de la cultura y muchos de las aplicaciones tecnológicas actuales fueron precedidos por políticas de impulso y de protección pública y privada.  

Un Estado puede imponer a otras naciones sus intereses civilizacionales por intermedio de la fuerza y también a partir de la persuasión o acción cultural. Esta última modalidad se denomina neocolonialismo.

Para explicar este proceso, Arturo Jauretche desarrolló la noción de “Aparato de la Colonización Pedagógica” que junto al concepto de “círculos literarios” de Hernández Arregui, condensan los principios teóricos rectores para entender la modalidad de funcionamiento de la producción cultural en los países dependientes. Jauretche y Arregui consideraban que los Estados latinoamericanos eran sometidos política y económicamente a partir del neocolonialismo, que era asimilado acriticamente por los sectores medios y altos.

 

Segunda finalidad del DHyA: formar profesionales comprometidos

Se trata de indagar el camino del logaritmo nacional, o dicho de otra forma descubrir cuál es el camino que nos lleve a encontrar y realizar nuestro destino como nación partiendo de nuestra realidad nacional”. Ana Jaramillo

 

La segunda gran misión del DHyA y de las universidades es la de formar profesionales con excelencia académica, comprometidos con su tiempo histórico y útiles a la comunidad nacional.

Las elites, mayoritariamente, se educan en las universidades. Las instituciones académicas tienen la tarea de capacitar técnica y valorativamente a la generación política conductora de un tiempo histórico. De nuestras aulas egresan los futuros conductores o responsables de empresas, de las organizaciones libres del pueblo, partidos políticos y gobiernos.

A partir de acá, no podemos descuidar la importancia de formar a los egresados en valores. Tal cual destaca Ana Jaramillo, tenemos la responsabilidad de “educar  en  la solidaridad y la retribución a la sociedad por los  esfuerzos que realiza para sostener la prestación de la educación superior gratuita”.

No se trata de educar ni en el mero idealismo, ni tampoco en el materialismo y el egoísmo. En su lugar, propugnamos forjar una perspectiva valorativa nacional y social en la cual el individuo tenga la certeza de que solamente se puede realizar en una comunidad libre y emancipada. En nuestras aulas transmitimos la técnica, la ciencia y el arte con un sentido moral fomentando una conducta anclada en los valores del bien común y del compromiso con el desarrollo integral del pueblo y de la Nación.

Desde la universidad reivindicamos la importancia que supone fomentar entre nuestra comunidad académica el valor del compromiso con tres grandes cuestiones:

1- Con el mandato que emana de las generaciones anteriores y con la agenda de problemas de nuestro tiempo. Con este fin, el profesional debe adquirir  conciencia nacional e histórica.

2- Con la defensa de los bienes materiales y culturales de nuestro territorio. Este sentimiento se denomina patriotismo.

3- Con el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo que les financió los estudios y con el cual construye su destino en el teatro de las naciones. Este sentimiento de  solidaridad social es fundamental para mantener unida a la comunidad y para que el país adquiera entidad política y civilizacional en el orden internacional.

 

Profesionales técnica y científicamente útiles a La Nación

“Nuestra universidad urbana comprometida ha decidido que es la comunidad con sus problemas la que define su currícula (…) nuestra función hoy debe ser textualizar los problemas, más que problematizar los textos”. Ana Jaramillo

 

El DHyA nació y se desarrolló a partir de la noción de Universidad Urbana Comprometida que fue impulsada por la rectora fundadora de nuestra Casa de Altos Estudios, la Dra. Ana Jaramillo. En esta tradición intelectual los egresados de las carreras y los resultados de nuestras investigaciones e iniciativas deben ser útiles a la comunidad local, regional y nacional.  

Este punto de partida guía los procesos de organización académica. A partir de acá, se planifican las carreras, las investigaciones y los perfiles profesionales.  Atendiendo la realidad cambiante, somos conscientes de la importancia de actualizar permanentemente la oferta académica y la formación de nuestros profesionales para que tengan el conocimiento necesario para interpretar, actuar y transforma su medio.

Los profesionales son agentes del desarrollo integral de la Nación y como sostiene Ana Jaramillo, nuestros egresados deben ser “gestores sociales” con “vocación  de  liderazgo, conocimientos  y  formación  en  el  área  en  que  se  desenvuelva  y  capacidad  técnica  y administrativa”.

 

Profesionales que se realicen individualmente y en comunidad

Somos conscientes en la importancia que supone que nuestra formación favorezca el mejoramiento material, cultural y espiritual de los profesionales y de sus familias. A partir de acá es que defendemos tres principios:

1- La universidad tiene que ser un medio de ascenso e igualación social y no una institución que profundice las desigualdades de origen económico y político de nuestros estudiantes. 

2- Nuestros profesionales tienen que poder insertarse laboralmente en la sociedad. Lo peor que puede ocurrirle a una institución académica es convertirse en una fábrica de desempleados.

3- El conocimiento tiene que elevar culturalmente a los estudiantes, a sus familias y a su medio, favoreciendo la construcción de la personalidad libre espiritual e intelectualmente.

La universidad: proyecto colectivo

La universidad es una comunidad de trabajo de docentes, nodocentes, graduados y estudiantes. Todos y cada uno de nosotros no podemos olvidar que tenemos derechos y también obligaciones y deberes que cumplir muchos de los cuales ya fueron aquí enumerados.

A los jóvenes los invito a desarrollar su vocación intelectual con compromiso social y nacional y a poner todo su esfuerzo en el estudio.  A partir de acá, es que estarán honrando el lugar que el pueblo les dio al momento de financiarles los estudios.

Finalmente y para cerrar, quiero compartir una propuesta de Alfredo Calcagno y de Luis Dellepiane del año 1947 que condensa mucho de lo dicho anteriormente. Ambos siendo entonces diputados nacionales, presentaron una iniciativa de ley universitaria y entre otras cuestiones allí propusieron convertir a nuestras instituciones en institutos de “alta cultura” que trabajen “por la Ciencia, por la Patria, por la Libertad y por América”. Que así sea.



[1] Presentación realizada en el mes de febrero de 2023 a los estudiantes del Curso de Ingreso del Departamento de Humanidades y Artes de la UNLa. Intervinieron en la actividad el Vicerrector, Daniel Bozzani y la Secretaria Académica Valeria Suarez.

sábado, 11 de marzo de 2023

1973 - 11 DE MARZO- 2023

  Aritz Recalde, 11 de marzo de 2023 


El tercer Justicialismo regresó al poder en base a la ORGANIZACIÓN, la RESISTENCIA POPULAR y la brillante estrategia de UNIDAD NACIONAL que enhebró Perón durante 18 años.

Como en el año 1946, en 1973 el pueblo organizado asumió las riendas del gobierno  desplazando a los delegados de las corporaciones y de los organismos extranjeros que controlaban al país desde las sombras.

La Revolución Justicialista promovió un MODELO ARGENTINO DE SER (COMUNIDAD ORGANIZADA) y un PROYECTO NACIONAL (PLAN TRIENAL).

Paulatinamente, desde el gobierno se desarmó la arquitectura tiránica de la finanza y de las corporaciones. El país volvió a ser y la CONCIENCIA HISTÓRICA SE HIZO VOLUNTAD POLÍTICA en torno de tres pilares: liberación, reconstrucción del hombre argentino y justicia social.

 

La revolución impulsó un programa de desarrollo:

- RADICAL EN SUS OBJETIVOS de emancipación y de lucha contra la explotación del trabajador y contra los abusos de la usura;

- PACIFICO y tiempista en sus métodos democráticos y no violentos;

- MODERNISTA en su impulso tecnológico, científico e industrial y;

- TRADICIONALISTA en sus valores humanistas y cristianos que eran los propios de la gran masa del pueblo.

 

La UNIDAD NACIONAL forjada previamente en las COINCIDENCIAS PROGRAMÁTICAS DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS y en las ACTAS DE COMPROMISO NACIONAL, le otorgaron al proyecto un importante consenso para implementar las reformas institucionales.

Lamentablemente, los poderes foráneos y los enemigos internos de la soberanía y de la de justicia social, trabajaron activamente para impedir los cambios iniciados y la paz social alcanzada luego de años violentos de dictaduras y de proscripciones.

Los ultras de izquierda y de derecha, consiente e inconscientemente,  debilitaron al justicialismo, minaron la unidad nacional y favorecieron la maniobra de las oligarquías auspiciando el debilitamiento del proceso revolucionario. El 18 de febrero de 1974 Perón había dicho que “Nuestro movimiento es de gran amplitud. No somos sectarios ni queremos sectarizar a nadie. Nuestro Movimiento tiene una amplitud absoluta que va desde la derecha a la izquierda, con una Absoluta libertad de pensamiento y de acción, que es la forma constructiva en el orden de las ideas. Todo eso tiene un límite. Es decir, lo que está en la ultraizquierda o en la ultraderecha, no es aceptable para nosotros. Jugamos dentro de una faja racionalmente aceptable para un movimiento revolucionario como el nuestro, que tiene una ideología con más de 30 años de pasado y que tiene también sus aspiraciones futuras”.

 

El desenlace político de esta estrategia fue el golpe sangriento del año 1976. Las consecuencias de largo plazo fueron el subdesarrollo estructural argentino y la instalación de la democracia demoliberal de la derrota inaugurada en 1983. Desde éste último año con la actividad política vive muy bien la dirigencia y la gran masa del pueblo no come, ni se viste, ni se educa.

En 18 años de lucha y de resistencia Perón demostró que se puede liderar con ideas y valores y sin recursos y que:

- conducir es persuadir y no meramente contratar;

- que la política se desenvuelve como la lucha por la verdad de la doctrina y no como una mera tarea de mentir mediáticamente en beneficio de una facción;

- que los dirigentes son la vanguardia en el sacrificio y la ejemplaridad en la vida y que tienen que renunciar a los honores para servir al pueblo y no meramente servirse del Estado.

 

La consecuencia de la derrota justicialista y del demolberalismo iniciado en 1983 fue la crisis del 2001. Hace décadas que no existe un mito movilizador y que la democracia acumula pobreza y deuda externa, desesperanza, resentimientos y decepciones. 

En la gesta de 1946 y 1973 las nuevas generaciones tienen un modelo y una causa. También disponen de un ejemplo de los errores, de los desafíos y de dramas que acarrea la política de liberación.

lunes, 2 de enero de 2023

FUTBOL Y POLÍTICA

 Aritz Recalde, diciembre 2022 


El pueblo argentino no interpreta, ni vive el mundial de fútbol con los parámetros, grietas y odios propios de la política y de la ideología partidaria. 

Con el fin de boicotear la competencia los  liberales anglosajones bregaron por sacar del mundial a la selección de Rusia. Sostuvieron que debía cancelarse el mundial por cuestiones de derechos humanos en Qatar e instalaron el planteo de que los deportistas tenían que expedirse públicamente por el jugador iraní juzgado en su país.

En la misma línea, los progresistas anglosajones impugnaron el mundial por el rol que ocupa la mujer en Qatar. Denunciaron el hecho de que era una competencia de hombres identificados mayoritariamente como heterosexuales y divulgaron en los medios el supuesto inconveniente de que no existan jugadores negros en nuestra selección.

Las operaciones políticas alcanzaron ribetes fantásticos. Algunos fanáticos de la grieta incluso culparon a Macri por la derrota del primer partido de la selección y lo acusaron de mover influencias en la FIFA con esa finalidad. Durante la competencia y luego de ella existieron peleas de ministros y dirigentes partidarios distribuyendo culpas acerca de los desmanes del festejo.

Más allá de los intentos de politizar el tema, quedó claro que en cuestiones de selección, al pueblo no le importó ninguna de esas ideologías y peleas. Tal cuestión quedó evidenciada en los masivos e históricos festejos. 

En realidad, el futbol es parte de nuestra tradición y se traspasa generación tras generación a partir de la predica, centralmente familiar, de abuelos/padres/tíos.

Es una expresión de religiosidad popular. Los jugadores de la selección tienen tatuado a Cristo, rosarios y a la Virgen, rezan al entrar y al salir de la cancha y le agradecen a Dios (cuestión imposible de entender para un progresista).

El futbol, junto al boxeo, es de los pocos deportes donde los pobres compiten y pueden ascender socialmente y en su ESTATUS (son modelos-ídolos a imitar).  El humilde se ve representado en ese pobre que salió de abajo y que llegó a lo alto (estereotipo maradoneano).

Al ser parte de la cultura popular argentina, no es casualidad la evocación en los canticos de las tribunas y en los vestuarios del tema Malvinas y el clásico “el que no salta es un inglés”. El sentimiento nacionalista malvinero tiene vigencia y pese a que históricamente los progresistas y liberales los quieren erradicar del ideario nacional.

El próximo mundial será en EUA, México y Canadá. Seguramente, los progresistas y liberales no van a denunciar la violación de los derechos humanos allí existentes, ya que los anglosajones que instalan esas agendas usan solamente esas banderas contra sus adversarios geopolíticos. La izquierda intentará criticar la política exterior Norteamérica.

 

Nuevamente, el pueblo les dará la espalda a los ideólogos y vivirá el mundial con la alegría, la pasión y la ilusión de siempre.

 

jueves, 1 de diciembre de 2022

Restricciones para investigar en Universidades Nacionales

 

Aritz Recalde, noviembre 2022


Publicado en Investigación en Movimiento 

 

Primera restricción: problemas de articulación entre las carteras de investigación, de universidades y de acreditación  

En el año 2007 se creó el MINCyT desdoblando las carteras de ciencia y la de educación. Como resultante de eso, la Secretaría de Política Universitaria (SPU) se quedó con funciones ligadas centralmente a la docencia y a la cooperación. En general, las convocatorias de investigación o de apoyo a los posgrados -que culminan con instancias de investigación-, suelen disponer de bajo financiamiento atendiendo la dimensión del Sistema Universitario Argentino.  

Buena parte de los recursos y de los programas ciencia e investigación pasaron a la órbita del MINCyT, que es el principal órgano de aplicación de las leyes 23.877 de Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica, de la 25.467 de Ciencia, Tecnología e Innovación y de la 27.614 de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Con ésta última norma el Estado Nacional se comprometió a destinar el 1% de PBI en la actividad en el plazo de una década. Lamentablemente, las universidades prácticamente no fueron incluidas en la regulación y tienen escasa injerencia en la orientación de dicho financiamiento.

El tercer actor vinculado al tema de la investigación en las universidades es la CONEAU, que no dispone de fondos propios para programas de mejora y tampoco tiene injerencia en la asignación de recursos del MINCyT. El organismo tiene funciones de evaluación y de acreditación y es importante el trabajo que hace para fomentar la investigación entre los docentes y para promover las actividades científicas en los laboratorios. La CONEAU exige como un estándar de acreditación de los posgrados que exista investigación de calidad y que los estudiantes participen en ellas, que los docentes publiquen y que las instituciones apoyen la formación permanente de los planteles docentes orientándolos a alcanzar el nivel máximo de formación doctoral. Las carreras que cumplen los estándares y que aprueban las evaluaciones no encuentran en la CONEAU incentivos económicos para mejorar la investigación, las publicaciones o al menos para mantener la calidad de sus laboratorios. Ocurre algo similar en las carreras de grado de interés público.  

 

Segunda restricción: limitantes presupuestarios de las universidades

Las universidades invierten, en promedio, entre el 80-90% de sus fondos propios para garantizar la función administrativa y salarial. En este escenario, son escasos los recursos que se pueden destinar para la investigación y el desarrollo.

Los fondos específicos para actividades científicas que se giran por planilla del Congreso de La Nación son bajos. En instituciones con laboratorios y con maquinaria compleja en muchos casos esos recursos no alcanzan para cubrir los costos operativos. Con esos montos es muy difícil encarar obras o la adquisición de equipamientos tecnológicos.    

La SPU aporta un refuerzo anual que tampoco le permite a las instituciones resolver fácilmente el limitante presupuestario y solventar con facilidad las actividades y las publicaciones de I + D.

Gracias a algunas convocatorias del MINCyT y de otros organismos públicos las instituciones adquirieron equipamientos valiosos. Suele ocurrir que luego las universidades no puedan solventar los insumos para su funcionamiento o que no logran reparar los desperfectos técnicos o las renovaciones del equipamiento.

Estas restricciones suelen agravarse en las instituciones de reciente creación y que en general tienen mayores dificultades para acceder a financiamientos por concursos y convocatorias abiertas, frente a otras instituciones de mayor trayectoria caracterizadas por disponer de equipos de docentes investigadores consolidados.

 Tercera restricción: dificultades de los docentes investigadores y de los estudiantes en formación

La mayoría de los docentes del país realizan su labor con una dedicación simple (65,9%), cuestión que no contribuye a que investiguen. Es bajo el porcentaje de las dedicaciones semi exclusivas (18,5%) y exclusivas (11,6%) que están en condiciones más oportunas para realizar actividades por fuera de la docencia.

En muchos casos los profesores suelen tener una alta carga horaria frente a cursos y disponen de poco tiempo para realizar otras actividades. El deterioro en los salarios que se viene produciendo hace varios años tampoco es un incentivo a que los profesores investiguen.

El Programa de Incentivos está desfinanciado y perdió importancia. Por si no fuera poco, el PRINUAR que tiene que implementar el Sistema de Categorización viene acarreando problemas serios de funcionamiento.

Los estudiantes que acceden a becas internas de investigación o las becas EVC-CIN de promoción y de formación se encuentran que en general tienen montos bajos. Por el contrario, las exigencias de calidad de las iniciativas como las EVC-CIN son altas al requerirse direcciones de estudiantes con doctorado y la redacción de proyectos que son sometidos a evaluaciones de pares.

 Cuarta restricción: dificultades administrativas propias de las universidades

La gestión financiera de la función de la investigación en universidades encuentra una seria restricción en la aplicación del sistema de compras de la Administración Pública. Es muy complejo para los investigadores completar los trámites para adquirir un equipamiento o un insumo por bajo valor que tenga el mismo.

Esto induce a que se produzcan dilaciones en los plazos de las compras y que lleguen a destiempo y que se adquieran con aumentos de precios por la inflación. 

El problema no es solamente propio de las universidades públicas y el esquema de la Agencia nacional que administra recursos del BID, también es sumamente engorroso para el investigador.

Otro tema que complejiza la gestión de las áreas de investigación es la dificultad para reunir y sistematizar la información acerca de la labor de los equipos. Sigue sin resolverse una mejor articulación entre el CV-ar y el SIGEVA. Con el actual software es muy difícil  conocer la producción de los equipos y hacer estadística sobre las publicaciones, acerca de la formación de los investigadores o sobre la participación y/o organización de actividades.

 Quinta restricción: prejuicios limitantes de la función de investigación y desarrollo

Si bien las universidades son diferentes en historia, contexto e idiosincrasia, suelen compartir nociones elitistas de la función de investigación que son propias de la tradición liberal. Lo mismo ocurre con la influencia del reformismo y del cientificismo que cruza todas las prácticas y que suele alejar a las instituciones del contexto social, político y productivo.  

Un tema que debe debatirse en las universidades es la falta de inclusión de los nodocentes en las investigaciones, ya que ello conlleva la pérdida de un capital humano muy valioso. Durante las últimas dos décadas el sector amplió su participación en el sistema y el Convenio Colectivo del año 2006 favoreció su formación continua. Miles de nodocentes son profesionales y muchos se capacitaron en las tecnicaturas y en las licenciaturas financiadas por la FATUN. Su  inserción en las diversas áreas de las universidades les otorga un conocimiento fundamental y a diferencia de los docentes, todos los trabajadores se desempeñan a tiempo completo.

Una cuestión a revisar es la falta de articulación de la tarea de investigación con el sector productivo y social. Esta situación le quita impacto a muchas investigaciones que no terminan alcanzando el resultado esperado. Asimismo, se pierde la posibilidad de conseguir fuentes de financiamiento y de conformar agendas de temas de relevancia para el desarrollo productivo y la promoción del trabajo argentino.   

Otro tema que puede ponerse en discusión es el supuesto acerca de que todos los docentes tienen que investigar. Hay muchos profesores que no tienen vocación y tampoco la necesaria formación en investigación y sus perfiles se orientan más a las acciones de cooperación y de vinculación. En las convocatorias no pocos docente se integran formalmente a equipos de investigación con el sólo fin de completar su designación, sin aportar nada sustancial al proyecto, a la universidad y al país. Se produce una carga administrativa innecesaria y se desincentiva su capacidad creativa en funciones como la vinculación y la cooperación, entre otras.

Finalmente, no podemos desconocer la dificultad que tenemos los universitarios para consolidar una agenda de investigación que contribuya a la construcción de la soberanía cultural, económica y política y a que nuestras sociedades que nos financian y otorgan sentido vivan mejor. En muchos casos, importamos los temas del mundo anglosajón y producimos conocimiento poco arraigado en la comunidad. Esta dependencia cultural dificulta la posibilidad de formular una investigación orientada a problemas, regionalizada y social y productivamente con impacto.

 

Algunas propuestas para conformar un sistema integrado de investigación y desarrollo

1- Se podrían reunificar las carteras de universidad y de investigación en un nuevo Ministerio de Universidades, Ciencia y Desarrollo Federal.

2- La  CONEAU podría tener recursos propios para el fortalecimiento de la calidad o al menos sus dictámenes deberían incidir directamente en la asignación de los programas y fondos del MINCyT y de la SPU. 

3- Se debería impulsar que la Ley de presupuesto del Congreso incluya una línea para el mantenimiento de Laboratorios, Institutos y Centros de investigación y ciencia acreditados. Podría funcionar de manera similar al ítem de transferencia de recursos a los hospitales universitarios.

4- La SPU y las universidades deben trabajar en el mejoramiento de las dedicaciones docentes, ya que es muy difícil esperar que existan investigaciones con designaciones simples.

5- Todas las instituciones deberían permitir y fomentar el ingreso de los nodocentes a los proyectos de investigación.

6- Las instituciones tienen que avanzar a una visión integral de las designaciones de sus profesores, incluyendo alternativas que van más allá de la función del “docente investigador” y que incluyan a los extensionistas, a las actividades de vinculación, de capación a la comunidad, la producción artística, etc.-.

7- Es fundamental desburocratizar los sistemas de gestión universitaria de la ciencia y de la investigación. Sería importante que la SPU promueva un nuevo marco para la gestión científica en universidades, en línea con la Ley 23.877 de promoción de las UVT. Se tienen que fomentar los subsidios no rembolsables orientando la evaluación institucional al resultado y el impacto de la investigación y no al cumplimiento administrativo y formal de las rendiciones como muchas veces ocurre.

8- Es estratégico regionalizar y orientar las investigaciones a resolver problemas de la realidad y no meramente a reproducir agendas foráneas o a discutir endógenamente con los textos.

9- La Argentina requiere de un Sistema Nacional de estadísticas de I + D. Entre otras cuestiones, debe producirse  un trabajo conjunto entre CV-Ar, SIGEVA y las instituciones internacionales de gestión de la actividad que vienen avanzando en este aspecto.

10- Es importante que en articulación entre la SPU, la CONEAU y el MINCyT se diagramen políticas de promoción de la formación doctoral en temas estratégicos y que se implementen apoyos a las revistas, a la edición de libros, audiovisuales y otros mecanismos de publicación y divulgación de la actividad científica. 

 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Entrevista a Aritz Recalde sobre Antonio Cafiero

 Entrevista del  Avión Negro 



En general, se suele hablar poco del Antonio Cafiero economista. Vos, en tu libro, le dedicás bastantes páginas a este tema en particular. ¿Cuál fue su aporte concreto, según tu mirada, a la economía nacional desde una perspectiva justicialista? ¿Cuál fue su participación, también, en el primer gobierno peronista en ese sentido?

AR: Antonio Cafiero era economista y doctor en economía de la UBA. Tenía una sólida formación teórica e histórica y su paso por la militancia y por la gestión le dio una perspectiva integral y realista del desarrollo.

Su obra teórica condensó una crítica a la escuela económica liberal. En el libro Cinco Años después, debatió con la economía clásica. La consideró una teoría incapaz de garantizar un desarrollo nacional en la Argentina. Menos aún el liberalismo podía garantizar un piso mínimo de dignidad humana y social y por el contrario aumentaba la desigualdad entre países y entre sectores. 

Cafiero contrastó la teoría liberal con la historia. Demostró que los procesos de desarrollo de las naciones en ascenso y en diputa con Inglaterra como fueron Alemania y los EUA, desarrollaron políticas proteccionistas. No implementaron linealmente la ideología liberal y escribieron sus propias doctrinas económicas adecuadas a su realidad, a su tiempo y a su espacio. En este punto remarcó el importante aporte de los pensadores como Federico List o Keynes. A diferencia del planteo de sus fundadores, Cafiero entendió que el liberalismo no era una teoría universal y neutral, sino que más bien era la ideología británica que profundizaba las desigualdades entre las naciones centrales y los países del sur. 

Cafiero puntualizó que en la Argentina la ruptura con el liberalismo económico se inició en la década del 30, cuando se crearon las Juntas Reguladoras y el Banco Central. Una década después el Justicialismo profundizó esas acciones y construyó un proyecto nacional de marcada orientación antiliberal.

En el libro Cinco Años después documentó la forma a partir de la cual el Estado nacionalizó Banco Central, los depósitos bancarios, el comercio exterior y los servicio públicos. Con estos fondos el Justicialismo encaró los Planes Quinquenales que estuvieron integrados por grandes obras públicas. La recuperación de los recursos financieros que anteriormente eran fugados del país, permitió consagrar la justicia social. El resultante del nuevo modelo de Argentina fue la afirmación de nuestra soberanía nacional y popular, anteriormente enajenada en manos extranjeras.

Cafiero remarcó que esta inmensa obra de reparación nacional y social se hizo sin pedir préstamos al extranjero y sin someterse a ninguna potencia foránea. También demostró con datos estadísticos y con fuentes documentales que el cambio de política económica iniciado en 1955 fue sumamente negativo para el país que se endeudó, aumentó el desempleo y se desindustrializó. 

En el libro el Peronismo que viene  publicado en el año 1995, Cafiero reactualizó su crítica a la nueva política neoliberal. Mantuvo su cuestionamiento al FMI en línea con su planteo de juventud y agudizó el cuestionamiento al modelo de especulación financiera que desde 1976 destruyó la industria y la producción real en el país. Es bueno destacar que si bien el mundo, la Argentina y el justicialismo habían cambiado, en los años noventa Cafiero mantuvo firme sus ideales tendientes a forjar una economía nacional, industrialista y de orientación social. Nunca adhirió al neoliberalismo a diferencia de muchos de sus contemporáneos. 

Además de ser un teórico, Cafiero fue un importante doctrinario de formación cristiana. Desde su juventud militó en Acción Católica y era habitual a la hora de hablar de economía que referenciara a algún Papa o a los textos vaticanos. En su punto de vista, la economía debía estar ordenada al bien común y a la construcción de la comunidad nacional. Al Justicialismo lo definió como un proyecto político antiliberal, organizado en base a los principios de las Encíclicas sociales.

En su paso por la gestión articuló la teoría y la doctrina. Siendo agregado financiero de la Embajada Argentina en Washington, le recomendó al Poder Ejecutivo no ingresar al entonces flamante FMI, cuestión que el Gobierno Nacional acató.

En el año 1952 Perón designó a Cafiero como Ministro de Comercio Exterior. Junto a su par Gómez Morales fueron los encargados de resolver la encrucijada económica argentina, que enfrentaba una inflación importada por la Guerra de Corea y por el aumento de los alimentos resultantes de la sequía. El país tenía problemas de acceso a las divisas para importar la maquinaria que era necesaria para proceso de industrialización. En ese contexto, Cafiero implementó una original política de comercio bilateral caracterizada por el intercambio de bienes entre países, sin necesidad de utilizar dólares. Durante su gestión ministerial se fomentó el multilateralismo, aumentando las relaciones comerciales con el bloque soviético, Europa, América Latina y los EUA.  Cafiero impulsó una política tendiente a que el comercio entonces regulado por el estatal IAPI, sea realizado por cooperativas. En los años cincuenta acompañó el histórico Congreso de la Productividad que demostró que se puede superar una crisis a partir del acuerdo entre el capital y el trabajo argentinos y que no hay necesidad de explotar a la familia trabajadora o de hacer concesiones antinacionales a las corporaciones foráneas.

Esta misma estrategia la implementó nuevamente el peronismo en el año 1973 con el Pacto Social implementado por el ministro Gelbard. Siguiendo esta doctrina y siendo Ministro de Economía de La Nación en 1975, Cafiero impulsó las Actas Acuerdo entre la GCT y la CGE.

 

Los planteos del primer Cafiero siguen siendo actuales. Las soluciones que implementó para resolver las crisis de los años cincuenta hoy podrían recuperarse, tanto el sistema del comercio bilateral, como la idea del Pacto Social y de la construcción de un Mercado Sudamericano. Hay que volver a estudiar sus libros ya que tienen muchas soluciones a los problemas actuales de la dependencia argentina.

 

 Cafiero cumple un rol preponderante en el comienzo de la actual etapa democrática. En primera instancia, es uno de los referentes del peronismo en el año 1983 e incluso se llega a hablar de él como posible candidato.  Posteriormente, encabeza la renovación, también es uno de los que participa junto con el presidente Alfonsín en el famoso balcón de plaza de Mayo durante el levantamiento carapintada y accede a la gobernación en 1987 en una victoria épica para el peronismo. Después, pierde la interna presidencial contra Carlos Saúl Menem y su proyecto nacional queda inconcluso.

¿Qué opinión tenés particularmente de esta etapa de Antonio Cafiero?

¿Cuáles creés que son las principales políticas de su gobierno en la provincia de Buenos Aires y cuál es su legado?

¿Qué hubiera implicado en el comienzo de los años de hegemonía neoliberal, una constitución como la que fue derrotada en el referéndum de 1990 en la provincia de Buenos Aires? 

AR.: El justicialismo había sido desalojado del poder y perseguido por el gobierno militar desde 1976.  La derrota electoral de 1983 profundizó aún más una crisis ya iniciada con la muerte de Perón y con los terribles sucesos de la dictadura.

En ese marco, Cafiero trabajó arduamente por la reorganización del peronismo. Bregó por su actualización doctrinaria sin por ello abandonar los principios básicos del Movimiento, como haría luego Menem que se convirtió en un neoliberal. Su larga trayectoria en el justicialismo le daba una legitimidad que pocos dirigentes tenían en 1983.

Cafiero le dio al peronismo una nueva mística y una renovada capacidad de movilización que llevaron al espacio a recuperar centralidad política y social. Como resultado de eso, el justicialismo con Cafiero de candidato recuperó la provincia de Buenos Aires y le dio competitividad nacional al partido. Durante la etapa bregó por el nacionalismo económico en un contexto adverso, caracterizado por la reaparición de ideas liberales que eran difundidas por intelectuales como Alsogaray y varios periodistas.

En los años ochenta Cafiero continuó defendiendo la doctrina de una comunidad organizada, que tenía que integrarse en base al trabajo y la justicia social.  Convocó a refundar la identidad cultural movilizadora, devolviéndoles a los argentinos la fe en las capacidades nacionales.

En la gobernación de la provincia de Buenos Aires puso en práctica su doctrina y su larga experiencia. Creó un espacio de reflexión y formuló un Plan Trienal de desarrollo, continuando la tradición Justicialista del Consejo Nacional de Posguerra y de los Planes Quinquenales. Acompañó la participación de las organizaciones libres del pueblo en la gestión y lo justificó en la doctrina justicialista de la Comunidad Organizada. Con este fin, impulsó consejos participativos  como los de seguridad, de la mujer o de salud. En paralelo, apoyó activamente la autonomía municipal considerando que desde el gobierno local tenía que construirse la democracia popular. 

El contexto no era fácil, sino más bien de crisis. La pobreza aparecía con mucha centralidad e incluso con dramatismo por la inestabilidad económica. La hiperinflación y la tensión política de un país con levantamientos militares y guerrilleros, generaban un contexto de ingobernabilidad. Pese a todo, el gobernador Cafiero implementó una política de desarrollo integral. Fue un gobierno popular en su modalidad de toma de decisiones y también en la orientación de su política. Construyó viviendas con cooperativas, reformó el sistema de salud e implementó una política de ayuda a los humildes sumergidos en la indigencia por la política económica de la UCR.  Se hicieron obras públicas fundamentales, como el Polo Tecnológico en Berisso o aquellas tendientes a terminar con el drama de las inundaciones.

Cafiero era consciente de que la suerte de la Argentina estaba directamente relacionada al triunfo del federalismo bonaerense. Uno de los temas característicos de su gestión fue la política cultural orientada a recuperar la tradición federal bonaerense y a construir una nueva identidad. La conciencia bonaerense era central para poder defender los intereses de la provincia y Cafiero bregó por obtener la reparación fiscal con la Nación. Esa agenda le permitió luego a Duhalde negociar con Menem la reparación histórica y lanzar el Ente del Conurbano. Trabajó arduamente para recuperar el protagonismo de nuestra provincia  y se consideró continuador de Dorrego, Rosas, Hernández y Alem.

Cafiero perdió la interna partidaria con Menem. Un sector del peronismo bonaerense con Duhalde a la cabeza se pasó a trabajar con el líder riojano.  En ese contexto político, perdió el plebiscito para reforma la Constitución provincial, que constituía los pilares de un verdadero programa de desarrollo bonaerense.

Su importancia política se fue apagando y el menemismo ocupó el centro del espacio político y condujo al país al neoliberalismo y a la alineación dependiente al nuevo orden mundial.

La derrota de Cafiero supuso la derrota del último gran doctrinario del desarrollo justicialista. Eso aparejó también la derrota de la Argentina, que perdió identidad, derechos sociales y soberanía. Durante los años noventa Cafiero fue crítico de la política económica, pero en general su prédica no encontró un actor político capaz de revertir  lo que finalmente ocurrió. 

 Teniendo en cuenta el rol preponderante que ocupó durante los años del retorno a la democracia, ¿cuáles son hoy las significaciones y las representaciones que se tienen de aquel Antonio Cafiero?

Unos lo colocan casi en el lugar de uno de los padres de la democracia junto a Alfonsín. Otros lo ponen como un referente de una renovación peronista inconclusa que no hubiera sido neoliberal. Y, en tercer término, hay quienes lo colocan como el primer peronista socialdemócrata. ¿Cuál es tu opinión en ese sentido, y cuál es su legado hoy?

AR.: La figura de Cafiero está en disputa, ya que trae aparejado el debate sobre la significación del peronismo en su totalidad.

En general, hay una ignorancia grande sobre su obra teórica que quedó condensada en una decena de libros y cientos de artículos. Los académicos y la dirigencia política deberían retomar esos textos y estudiarlos en profundidad.

La recuperación política actual de su figura es tendenciosa. Algunos lo consideran un socialdemócrata asimilable a Alfonsín, cuestión históricamente falaz por varias cuestiones. La primera obviedad es que Cafiero era peronista y estuvo preso en 1955 por una dictadura  orquestada por la UCR y por varios de los dirigentes con los que se referenció siempre Alfonsín. En 1976 Cafiero nuevamente fue preso, habiendo siendo Ministro de Isabel Perón. Hubo muchos intendentes de la UCR gobernando en acuerdo con la dictadura y en ese contexto  Cafiero estaba con los sindicatos y dirigentes justicialistas resistiendo la brutal violencia. Cafiero era peronista y no compartió gran parte de la estrategia política de la UCR que fue implementada desde 1945 en adelante.   

En 1987 Cafiero apoyó a Alfonsín y cuestionó el levantamiento militar carapintada de Semana Santa. Esta actitud no era seguidismo a la UCR, ni tampoco a Alfonsín que no es el padre de la democracia y menos aún lo es su partido que estuvo comprometido con la violencia política iniciada desde 1955 y que padeció Cafiero. En realidad, lo de Cafiero fue coherencia histórica: se opuso al golpe de 1955 apoyado por la UCR y enfrentó las proscripciones de los años cincuenta y sesenta que también impulsadas por la UCR.  Entre 1973 y 1976 fue totalmente crítico de las guerrillas peronistas y marxistas, de los paramilitares de derecha y de los intentos golpistas militares.

Todas esas luchas del peronismo contribuyeron a recuperar la democracia en 1983, que no tuvo un sólo padre, sino más bien varias generaciones de padres, de madres, de abuelas y de hijos que militaron la causa y que padecieron exilios y cárceles. Siendo gobernador se opuso, de la misma manera que lo hizo en 1974 y 1975, al asalto violento a los cuarteles impulsado por Gorriaran Merlo.

Esto no implicó que Cafiero no haya participado y fomentado el dialogo con la UCR. Por el contrario, Cafiero fue uno de los artífices y protagonistas de la Hora del Pueblo y de las Coincidencias Programáticas de los partidos políticos en la antesala del año 1973.  Ahora, siempre lo hizo desde el justicialismo y no desde una emulación a la socialdemocracia radical o nada que se le parezca. 

Un tema del que no se habla, es del fuerte vínculo de Cafiero con la CGT. Luego de 1955 fue asesor de Vandor, de Rucci y del sindicalismo que lo propuso en más de una oportunidad como su candidato a ministro y a presidente. Siendo gobernador apoyó una corriente gremial de la renovación y Cafiero conservó el tercio de los espacios en las listas.

Fiel a la doctrina justicialista, siempre propuso la construcción de un partido y de una democracia con centralidad y con protagonismo de las organizaciones libres del pueblo. Este posicionamiento lo distancia claramente de Alfonsín y en los años ochenta Cafiero hizo política con Ubaldini, cuando el mandatario radical proponía la Ley Mucci y el debilitamiento sindical.

Poco se sabe de la activa acción que realizó Cafiero para fomentar la unidad sudamericana. Lo hizo en su condición de ministro en 1952 y firmó convenios con los países de la región tendientes a fomentar un mercado regional. En los años noventa y siendo embajador en Chile planteó lucidamente la necesidad de aliarnos con este país, para fortalecer la salida comercial al pacífico en la nueva geopolítica que tenía a China en el centro. Escribió a favor de la unidad sudamericana y fue un protagonista importante de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina.

 

En lo doctrinario Cafiero era cristiano y no liberal de izquierda o socialdemócrata. Mantuvo esa identidad a lo largo de toda su vida. Incluso cuestionó la alianza de Kirchner con el progresismo, corriente política a la que caracterizó de moderada en su voluntad de transformación e incapaz de impulsar un cambio real. El peronismo era la contracara del progresismo y profesaba una identidad cristiana y no de izquierda y tenía una práctica transformadora y revolucionaria. 

 Cafiero dejó varios libros que hay que estudiar para entender al peronismo y para formular un nuevo proyecto nacional.  Las nuevas generaciones tienen que conocer su crítica a la violencia política y particularmente su punto de vista de los enfrentamientos internos del justicialismo de 1974 y 1975 para no repetir esos mismos errores. A los bonaerenses nos dejó un modelo de desarrollo y una causa a reparar que es el abandono de nuestra provincia y la pérdida de centralidad en los destinos nacionales. 

 

Por último, ¿cómo calificarías el vínculo entre Juan Domingo Perón y Antonio Cafiero en sus distintas etapas, sea en los primeros años de gobierno peronista, como en la resistencia, como en el tercer gobierno peronista, ya con Perón de regreso?

Cafiero conoció a Perón en su juventud siendo militante universitario. Cafiero fue el primer consejero estudiantil de justicialismo y el fundador del peronismo universitario.

En el primer gobierno tuvo un cargo público en la Embajada de los EUA. En el segundo gobierno Perón lo designó como Ministro de Comercio Exterior y Antonio tenía tan sólo 30 años. En 1955 la relación entre ambos se tensó por el enfrentamiento con la Iglesia. Cafiero criticó con dureza al ministro de Educación Méndez San Martin que apoyaba la ruptura. Por este tema, presentó su renuncia y se alejó de la política, cuestión que no impidió que terminara preso luego del golpe de 1955.

En los años sesenta recompuso su relación con Perón y ocupó varios cargos partidarios. En 1964 estuvo en la organización del Operativo Retorno. Participó también de la Hora del Pueblo y en agosto de 1972 estuvo junto a Perón en Puerta de Hierro cuando se hizo el anuncio de los “Diez Puntos”. Ahí el líder justicialista definió las condiciones mínimas para su retorno al poder. En ese marco Cafiero apareció como uno de los posibles candidatos a presidente junto a Campora.

En octubre de 1972 Cafiero tuvo una reunión secreta con Lanusse y el militar la difundió desvirtuando lo allí conversado. Pese a que Cafiero hizo un descargo, a Perón no le gustó nada la situación y se generó una crisis de confianza. Pese a este desencuentro, Cafiero viajó en la comitiva del “avión negro” que trajo a Perón a la Argentina el 17 de noviembre. La muerte temprana de Perón no permitió que afiancen nuevamente sus vínculos.

Durante las presidencias de Cámpora y de Perón ocupó funciones no muy importantes. Con Isabel adquirió mayor protagonismo siendo interventor en Mendoza y Ministro de Economía, entre otros diversos cargos. 

Durante mucho tiempo circuló la mentira de que Perón afirmaba que “Antonio era un buen muchacho pero se quedaba con los vueltos”.  Eso lo dijo Alberto Samid en televisión y luego fue levantado por la revista Noticias. Samid aseguraba que esas palabras de Perón  estaban en los libros de historia, cosa que no era cierto y no hay ninguna fuente documental que lo evidencie. Cafiero llevó el tema a la Justicia y Samid fue declarado culpable del delito de injurias en 1994 y en 2005 se conoció su condena.

 

 

 

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