miércoles, 25 de marzo de 2026

10 claves sobre la dictadura del año 1976

Aritz Recalde, marzo 2026


 

Primera. La dictadura de 1976 fue una respuesta de las CLASES DOMINANTES LOCALES Y TRASNACIONALES (y los partidos civiles aliados) al 17 de octubre de 1945.

Los civiles y militares que asaltaron el poder en 1976 se propusieron revertir los logros de la Revolución Justicialista. Con este fin concentraron, desindustrializaron y desnacionalizaron la economía y eliminaron los derechos sociales y políticos de la clase obrera que habían sido consagrados desde los años cuarenta.

Segunda. La VIOLENCIA DE 1976 FUE LA CONTINUIDAD DE LA REPRESIÓN CONTRA EL MOVIMIENTO NACIONALISTA Y POPULAR realizada con los atentados de 1953, el golpe y el bombardeo de 1955 y con los fusilamientos de 1956.

Previo al año 1976, el primer mártir del largo proceso represivo cometido contra la Revolución Justicialista fue Darwin Passaponti. El atentado terrorista más terrible de toda la historia del país desde que se tenga memoria, fue el bombardeo de la población civil de Buenos Aires del mes de junio de 1955.

Para reprimir al peronismo en 1955 se aplicaron métodos de violencia paraestatal con el accionar de los comandos civiles, que eran organizaciones ligadas estrechamente a los militares golpistas. Estos métodos eran continuadores de la violencia política implementada por los conservadores y por los radicales de las décadas del 20 y del 30. Dichas acciones y medios implementados contra el gobierno constitucional, fueron antecedentes importantes de la violencia de los años setenta, tanto de izquierda, como de derecha.

Tercera. LOS PARTIDOS DE LA CONCERTACIÓN AUTODENOMINADA LIBERTADORA 1955-66 generaron las condiciones de posibilidad de las dictaduras de 1966 y de 1976. Dichos civiles lo hicieron a partir del uso de la fuerza para impedir que la mayoría popular gobierne, siendo el Justicialismo proscripto y perseguido por casi dos décadas. A éste último, le seguirían en el año 1966 los demás partidos a los cuales se les aplicó su propia ilegal e ilegítima concepción política promovida desde 1955.

Además, esta actitud represiva fue proclive al surgimiento de la guerrilla y de los atentados, en un sistema político que no canalizó democráticamente las demandas sociales y populares y que en su lugar se propuso suprimirlas.

Cuarta. El CONTEXTO GEOPOLÍTICO DE LOS AÑOS SESENTA Y SETENTA DIFICULTÓ LA CONSOLIDACIÓN DE UN PROYECTO NACIONAL SOBERANO Y DEBILITÓ LAS INSTITUCIONES.

Los dos polos antagónicos en pugna (izquierda comunista y derecha liberal capitalista), promovieron la guerra fría, las doctrinas de seguridad nacional, el Plan Cóndor y las concepciones de guerra popular prolongada, entre otras ideologías contrarias al sistema democrático que llevo al pueblo al poder en 1946. Financiaron a la guerrilla y a diversas instituciones culturales que entablaron una batalla psicológica permanente contra los movimientos políticos nacionalistas y populares.

Quinto. SECTORES DE TODOS LOS PARTIDOS FUERON COMPRENDIENDO ESTE DRAMA, SIN POR ELLO PODER FRENEAR LA GUERRA CIVIL LARVADA QUE ESTABA CRECIENDO EN LA ARGENTINA. Inicialmente, Arturo Frondizi y luego Ricardo Balbín con la Hora del Pueblo, buscaron la unidad nacional con los dirigentes anteriormente depuestos. Lo mismo haría Solano Lima y otros políticos conservadores, solamente por citar algunos casos.

Perón desde el exilio actualizó su concepción y sostuvo, sin dudar, que para un “argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Su doctrina para la unidad nacional quedó redactada en el Modelo Argentino Para el Proyecto Nacional.

Algunos empresarios empezaron a comprender el drama del país y revisaron sus posicionamientos y acompañaron el Pacto Social en el año 1973.

Lamentablemente, eran una minoría y los poderosos intereses locales y externos bloquearon la necesaria paz social y la posible reconciliación nacional. En su lugar, alimentaron la terrible violencia que azotó al país en los años setenta, tanto en dictadura, como en democracia.

Sexto. AL GOBIERNO DE UNIDAD Y RECONCILIACIÓN NACIONAL ENTRANTE EN 1973 LO COMBATIERON ARDUAMENTE HASTA QUE LO EXPULSARON DEL PODER EN 1976.

Héctor Cámpora, Perón y luego Isabel Martínez padecieron un sinfín de acciones armadas, saboteos patronales y operaciones de inteligencia en un país que había sido sumergido durante 18 años en un espiral de violencia y de enfrentamientos ideológicos.

Las bombas, secuestros y atentados en un contexto de gobierno democrático, generaron un dramático derramamiento de sangre entre argentinos. Si le cabe una responsabilidad al gobierno justicialista –víctima y no victimario como se lo culpa desde la izquierda y el liberalismo- fue no poder detener ese terrible drama. El gobierno no organizaba y menos aún manejaba la violencia de izquierda (llámense marxista o autodenomínese peronista) y de la derecha (autodenomínese peronista o llámese liberal anticomunista). Muchas de esas expresiones fueron financiadas y entrenadas en el extranjero y varias se integraron luego a la dictadura de 1976.

En realidad y para ser objetivos, ningún gobierno pudo detener el espiral de violencia iniciado en 1955. Perón no fue la excepción al fracaso nacional.

Al problema político, se le sumó el económico en un mundo atravesado por la suba de la energía. Esa inflación importada hizo crujir el Pacto Social y los acuerdos de precios.  

Séptimo. POLÍTICAMENTE HABLANDO, LA PRINCIPAL Y PRIMERA VÍCTIMA DE LA DICTADURA FUE EL PERONISMO AL CUAL DERROCARON COMO LO HABÍAN HECHO EN 1955. La presidenta Isabel Martínez fue detenida, torturada y exiliada y sus dirigentes obreros, gremiales, sociales, culturales y partidarios encarcelados y muchos asesinados. Luego, le siguió la brutal persecución del conjunto de dirigentes, allegados y simpatizantes de un amplio espectro de doctrinas políticas.  

EN TÉRMINOS DEL DESARROLLO, Argentina fue demolida en sus cimientos, perdimos empresas y competitividad y la patria fue endeudada a partir de un siniestro engranaje financiero que hoy seguimos padeciendo.

En el ASPECTO SOCIAL, dejamos de ser de los pueblos con mejor nivel de vida del continente, para sumergir en la pobreza y la marginalidad estructural a millones de compatriotas. 

Octavo. LA DICTADURA CAYÓ POR VARIAS CAUSAS.

La primera causa, es porque cumplió sus objetivos y debilitó o directamente destruyó los partidos políticos, las empresas y los sectores nacionales y desarrollistas de la Argentina.  Los objetivos personales de muchos militares no se alcanzaron y varios terminaron presos. Por el contrario, el proceso cívico militar fue exitoso en sus intereses históricos iniciados en 1955. La dictadura también cumplió las metas geopolíticas y nuestro país fue convertirlo en una semicolonia controlada por un conjunto de potencias occidentales.

Cumplida su tarea, para el poder trasnacional y local que la impulsaron la dictadura argentina ya podía ser remplazada por una democracia débil y tutelada, cosa que efectivamente ocurrió.

La segunda causa, fue la resistencia sindical y obrera que protagonizó un sinfín de medidas de fuerza  y que puso por eso la gran mayoría de los muertos.

La tercera razón de la salida de los militares fue la militancia de los organismos de derechos humanos, que le dieron visibilidad local e internacional al drama.

La cuarta causa que contribuyó a la caída de la dictadura surgió como resultado de su programa económico que debilitó la producción local y que erosionó las condiciones de vida de la gente.

La quinta fue la articulación político sindical, que empezó a encontrar mayores espacios de actuación tras la derrota de la Guerra de Malvinas y de la profundización de la recesión económica.

Todas estas causas y de otras tantas más, ayudan a entender la transición democrática y la entrega de poder militar a los civiles.

Novena. LA DEMOCRACIA INICIADA EN 1983 FUE INCAPAZ DE ALCANZAR EL DESARROLLO INTEGRAL DE LA NACIÓN QUE ENTRE LOS AÑOS CINCUENTA Y SETENTA PROPONÍAN PERÓN, FRONDIZI, YLLIA Y DISTINTOS DIRIGENTES DE IZQUIERDA Y CONSERVADORES. Entre estos dirigentes había diferencias. Pero existieron además, un sinfín de coincidencias que no se superior valorar lo suficiente en su tiempo.

Desde el año 1983 Alfonsín tuvo el coraje de juzgar a los militares y a algunos civiles de la guerrilla. Luego se vio obligado a ceder en parte, cuestión que se tiene que interpretar en el contexto del hombre y de sus circunstancias. Menem reprimió con dureza los últimos levantamientos armados. Fue un acierto de ambos dirigentes y partidos y un logro para la democracia.

Por el contrario, el balance social, cultural y económico de las cuatro últimas décadas es negativo y la pobreza, la marginalidad y el subdesarrollo son muy superiores a los heredados en 1983. No es objetivo culpar a la dictadura de todos los males argentinos actuales. La siniestra asonada castrense condicionó a la democracia, eso es innegable. Condicionó, pero no determinó su futuro y del actual fracaso se tienen que hacer cargo quienes gobernaron cuarenta años con paupérrimos resultados para la vida de la mayoría popular.

Decimo. PARA SUPERAR EL PROYECTO DE LA DICTADURA ES NECESARIA LA UNIDAD NACIONAL.

Muchas de las interpretaciones actuales sobre la dictadura reproducen las internas políticas y los odios de los años setenta y no son objetivas, sino más bien son lecturas interesadas.

Las nuevas generaciones necesitan conocer la verdad y esto no será posible si los partidos y grupos políticos no asumen la parte que les corresponde en el drama al que se sumergió al país. La dictadura no fue un hecho aislado, ni meramente el resultante de un grupo de locos sueltos, sino un proceso siniestro planificado a nivel regional de mediano y de largo plazo.

Además, la dictadura fue la consecuencia de un sinfín de desventuras, de incomprensiones, de enfrentamientos absurdos y de fracasos de las dirigencias políticas, económicas y sociales argentinas. Los hechos transcurridos entre 1955 y 1973 impidieron el ejercicio de la soberanía popular, exacerbaron el descreimiento sobre la democracia e instalaron un método violento para dirimir diferendos. El gobierno que ingresó 1973  tenía la legitimidad más alta de la historia y tampoco lo dejaron gobernar diversos grupos de civiles y de militares. Esto derivó en un sentimiento creciente de frustración en un sector de la sociedad, que descreyó de las urnas y que se convenció de que el único medio para frenar el caos era el Golpe Militar.  

Desde la rama política, Frondizi, Solano Lima o Balbín abrieron un camino de dialogo y de consensos que derivó en la apertura electoral de 1973. Alfonsín a la vuelta de la democracia se reunió con la derrocada Isabel Perón. Cafiero se abrazó a Alfonsín para enfrentar a los golpistas de izquierda y de derecha.

Lamentablemente, estos cruces no derivaron en acuerdos programáticos para el desarrollo. Tampoco este proceso de dialogo permitió un balance realista del conflicto abierto con la aparición de las masas populares en la arena política en 1945.

En su lugar, se construyeron relatos simplistas de héroes y de villanos, de buenos y de malos. La falta de veracidad histórica y la carencia de acuerdos nacionales sobre lo ocurrido es uno de los inconvenientes fundamentales que nos heredó la dictadura. Esto permite que los militares y los civiles que enfrentaron al gobierno democrático y que lo derrocaron en 1955 y en 1976  lo culpen de la violencia que ellos le aplicaron al pueblo que había votado al peronismo. No son pocos los periodistas y dirigentes que en la actualidad están muy lejos de la autocrítica que en su momento pudieron hacer Frondizi o Balbín y que hoy siguen justificando la lucha armada y el accionar contra la democracia iniciada en el año 1973. No asumen que el proyecto de la dictadura de 1976 pudo  justificarse frente a un sector de la sociedad, por ser el resultado de un largo proceso histórico de discordias, de desventuras y de dramas internos.

El resultado de la desviación historiográfica hace que la víctima se convierta en victimario. El último proyecto nacional justicialista se desdibuja y a los argentinos no les queda otro modelo de país que el del subdesarrollo en el que malvivimos.

Posiblemente, fue Antonio Cafiero uno de los más lúcidos analistas del proceso histórico de 1973 a 1976, de sus orígenes y de sus derivaciones para el peronismo y para la Argentina en su conjunto. En los años setenta el dirigente bregó por la firma de la Hora de Pueblo, de las Coincidencias Programáticas de los Partidos Políticos y por el Pacto Social que tenían como finalidad  terminar con la lucha entre argentinos. Desde 1973 cuestionó públicamente a la guerrilla (de izquierda y de derecha) y criticó los saboteos económicos contra la democracia. Fue encarcelado por los militares de 1976. Posteriormente, integró el brazo político que militó activamente la apertura democrática. Desde 1983 mantuvo los mismos valores y se reunió con Alfonsín para cuestionar a la guerrilla del MTP y la actitud golpista de los Carapintadas.

Antonio Cafiero defendió la democracia política, social y popular en 1973. Hizo lo mismo en el año 1983 sin levantar banderas partidistas y sin interpretaciones sesgadas de las acciones contrarias ejecutadas contra el orden constitucional.

Ese es el mensaje que tenemos que dar a las nuevas generaciones. Memoria, para la reconciliación. Verdad, para ser libres y dueños de nuestros actos. Justicia como bandera, para reconstruir a una Nación hoy de rodillas y para terminar con la humillación social del pueblo argentino. 

Luego de tantos desencuentros y fracasos, es momento de forjar la Unidad Nacional para el Desarrollo Soberano y la Paz social de todos los argentinos.  

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