miércoles, 17 de febrero de 2021

El sindicalismo ante el vacío de representación y de programa del sector político

 Julio Piumato y Aritz Recalde para INFOBAE 


El Movimiento Obrero argentino y la Confederación General del Trabajo integran la organización popular más importante del país. Junto a la Iglesia Católica, conforman las dos instituciones con mayor presencia y organización territorial a lo largo y a lo ancho de la Argentina.    

La organización sindical argentina es, junto a las universidades públicas, de las pocas instituciones que funcionan en base a la democracia directa. Los cargos gremiales se alcanzan por intermedio de los votos y las elecciones son reguladas por el Ministerio de Trabajo. El nombramiento de los delegados sindicales es el producto de la persuasión diaria y de la acción personal del dirigente en su lugar de trabajo. Los partidos políticos por el contrario, son organizados de arriba hacia abajo y la democracia interna prácticamente no existe. Los partidos son financiados por corporaciones y las elecciones se deciden en grandes campañas publicitarias de medios de comunicación y es habitual que exista una distancia inmensa entre el candidato y los electores.      

En el capitalismo subdesarrollado, extranjerizado y oligopólico argentino el sindicalismo es la única y última garantía de la dignidad laboral, salarial y familiar. En un país con el 50% de las personas en la pobreza y con el 40% de trabajadores en el universo de los desempleados, informalizados o subempleados, están dadas las condiciones objetivas para reducir los salarios a niveles de miseria. De no existir los Convenios Colectivos de Trabajo y el sindicalismo a cargo de hacerlos cumplir, las relaciones laborales serían flexibilizadas y los sueldos estarían reducidos a la mínima expresión. Por cada trabajador formal bajo Convenio hay varios informales dispuestos a cumplir esa tarea por menor remuneración y en peores condiciones de trabajo.

El Movimiento Obrero argentino sostiene la civilización del trabajo con justicia social y dignidad que fue fundada por la Revolución Justicialista. Los trabajadores en blanco tienen obra social y cobertura de salud familiar, hacen aportes y se jubilan, tienen derechos laborales y jornadas reguladas incluyendo las vacaciones pagas o las licencias por enfermedad y accidentes. El sistema de Convenios sigue garantizando el derecho al esparcimiento, la cultura, la vivienda, la educación y el deporte de las familias. Del otro lado de la Argentina, está el 40% de la masa obrera ubicada en la informalidad, el sub-empleo estructural, la explotación o directamente sin conocer el derecho al trabajo siendo subsidiada en condiciones de pobreza e indigencia permanente.

El Movimiento Obrero es el garante del capitalismo productivo nacional. Para no ser absorbidos por las corporaciones y por los Estados extranjeros, los empresarios argentinos requieren de la alianza con los sindicatos que le garantizan la viabilidad del proyecto en el terreno político. En el año 1976 la dictadura debilitó al Movimiento Obrero y generó las condiciones para que Martínez de Hoz implemente la política neoliberal que destruyó la industria argentina. La experiencia histórica demuestra, que la alianza del capital nacional y de los trabajadores es el principio fundante del proyecto industrialista y de la justicia social. 

El Movimiento obrero tiene el conocimiento técnico y científico del todo el proceso productivo y está en condiciones de ofrecer soluciones y de gestionar el desarrollo integral y la justicia social en la nación. Los partidos neoliberales actúan con los cuadros técnicos de las multinacionales y los partidos progresistas lo hacen con miembros de la clase media rentada por afinidad y lealtad a una persona o a un grupo. No existen prácticamente escuelas de formación política y técnica y los partidos están vacíos de vida interna. Dicha situación favorece la capacidad transformadora de los partidos neoliberales, que usufructúan los cuadros técnicos de las corporaciones. La inexistencia de dirigentes formados técnica y políticamente explica la incapacidad y la lentitud de las iniciativas de los espacios que se dicen progresistas, que carecen de personal especializado y que contratan a los funcionarios sin atender idoneidad y meramente  por lealtad partidaria. El saber técnico, logístico y la organización del Movimiento Obrero argentino le permiten formular e implementar las grandes soluciones nacionales.  La capacidad del sindicalismo se vería potenciada con un acuerdo estratégico entre sindicatos, empresariado productivo y las universidades nacionales.

La clase trabajadora está en condiciones de consolidarse como una dirigencia política nacional, ocupando el lugar vacío dejado por los partidos. Hace tiempo que la mayoría de los partidos adquirió como su fin primordial el de reproducirse económicamente y se convirtieron en una nueva clase que administra el rentable negocio de la política. Sus miembros viven holgadamente del excedente de recursos apropiados por el Estado al pueblo vía impuestos. Es habitual que los partidos no tengan programa y tampoco doctrina y que se adecúen a las iniciativas e ideologías del orden mundial de turno. Su tarea no es la propia de una dirigencia a cargo de edificar un proyecto nacional, sino más bien el de ser un grupo rentado de administradores del mercado electoral que es regulado por el aparato cultural privado y por intermedio de subsidios sociales. Este vacío de representación y de programa puede ser ocupado por el Movimiento Obrero, único ámbito técnico, doctrinario y político con capacidad de hacerlo. Los sindicatos no tienen  meramente la tarea para defender condiciones de trabajo, sino que el país requiere que asuman un rol protagónico en el terreno político.

 

La recesión económica, la inflación, la pobreza, la marginalidad y la extrema desigualdad conducen a la Argentina y a Sudamérica a un escenario social y político sumamente difícil. Es momento de refundar y de ennoblecer la política para construir un programa de desarrollo soberano y con justicia social. Esta tarea solamente es posible de la mano del Movimiento Obrero Argentino.  

 

 

 

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