martes, 11 de septiembre de 2012

Actualidad de Juan José Hernández Arregui

Aritz Recalde, septiembre de 2012

“El silencio de los intelectuales se llama traición al país (…) En un país colonizado la labor del escritor es militancia política” . Juan José Hernández Arregui

“Me bastaría conservar dos o tres libros. Entre las plumas argentinas, los de Scalabrini Ortiz, la fundamental Caída de Rosas de Pepe Rosa, y este último que Hernández Arregui acaba de enviarme sobre el ser nacional” . Juan Domingo Perón

El 29 de octubre del año 2012, se cumplen 100 años del nacimiento de Juan José Hernández Arregui (1912- 1974). Doctorado en filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba, Arregui consolidó una fructífera producción intelectual manifiesta en un conjunto de obras donde expresó un pensamiento cargado de erudición, cuya característica fundamental, fue la de formular una perspectiva con profundo sentido nacional, popular y latinoamericano. A lo largo de su obra de periodista, de escritor de literatura, de académico y de ensayista político, intentó formular los principios básicos de un pensamiento nacional que fuera capaz de contribuir a la emancipación plena del país y de las organizaciones libres del pueblo. Su reflexión estuvo centrada en la búsqueda de claves políticas y culturales para liberar la Argentina del neocolonialismo, con el objetivo de alcázar la segunda y definitiva independencia.

A continuación, mencionamos un núcleo de ideas fundamentales de Juan José Hernández Arregui que siguen teniendo plena actualidad. En cada caso, vamos a establecer los puentes entre el pensamiento de Arregui y los postulados del proyecto nacional en el presente.


Formación de una conciencia nacional para el país
Como adelantamos, la preocupación fundamental de Hernández Arregui se centró en la comprensión del nacionalismo, al cual definió como la identidad de las organizaciones libres del pueblo capaz de permitirles construir un proyecto político, social, económico y cultural independiente. Es en este sentido, que estableció que “La conciencia nacional de los pueblos jóvenes no es colonizadora sino reflejo defensivo provocado por el imperialismo (…) La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación” . Su obra contribuyó a la conformación de nuevos marcos de pensamiento para la acción política, que dotaron a las organizaciones libres del pueblo de una conciencia nacional tendiente resistir a la acción del imperialismo. A partir de acá, Hernández Arregui mencionó que la autodeterminación política del país, se elevaba como proyecto colectivo antiimperialista y “el “ser nacional”, desmontado de su cáscara ideal, no es otra cosa que el enfrentamiento de la América Latina con Inglaterra y Estados Unidos, la conciencia revolucionaria de las masas frente a la cuestión nacional e iberoamericana” .

La vitalidad del plateo nacionalista de Hernández Arregui, se expresa en la actualidad de la acción política de América Latina. Es en ésta misma línea, que el gobierno nacional y las organizaciones libres del pueblo, están construyendo las bases del proyecto para liberar al país de su condición dependiente. Con dicha finalidad, Cristina Fernández de Kirchner estableció que “Antes había algunos que miraban deslumbrados al Norte porque decían para qué ser amigos de los vecinos si son pobres, mejor ser amigos de los ricos, nunca se habían dado cuenta que los países ricos no quieren socios ni amigos, simplemente quieren empleados y subordinados, y nosotros no vamos a ser empleados ni subordinados de nadie. Somos un país libre, con dignidad y orgullo nacional” .

Tanto la categoría de conciencia nacional planteada por Hernández Arregui, como las características del proyecto promovido por Néstor y por Cristina Kirchner, comparten las siguientes tesis fundamentales:

- No hay soberanía nacional, sin alcanzar antes la independencia económica, que es sinónimo de industrialización;
- No existe independencia económica y política, sin consolidar la soberanía cultural y la revolución científico tecnológica;
- No alcanzaremos la soberanía cultural, sin recuperar nuestra conciencia historia.
- La tarea de la segunda independencia incluye al continente latinoamericano, que va a unificarse atendiendo su cercanía cultural e histórica, y a partir de reconocer sus intereses y sus enemigos geopolíticos en común.

La independencia económica y la industrialización
“Cuando observábamos esa propaganda tan vieja y tan terrible que recuerda los años en los cuales había propaganda por parte del Estado argentino donde se decía que la industria nacional era mala y que lo que se construía en la Argentina era malo y que debía comprárselo hecho afuera, también fue un proyecto político, no fue un modelo económico. Y no fue un proyecto político el que leyó la junta de los tres comandantes; no, no, el proyecto político se desplegó el día 2 de abril en la Bolsa de Comercio cuando habló el entonces ministro de Economía y comenzó el plan de desindustrialización y de desarme del Estado nacional de que se tenga memoria y que implosionó, finalmente, en el año 2001 ”. Cristina Fernández de Kirchner

Arregui definió la conciencia nacional, en una relación directa con la búsqueda de la independencia económica. Un Estado es soberano políticamente, solamente si alcanzaba altos grados de libertad económica. A partir de acá, para Hernández Arregui el nacionalismo en Latinoamérica era sinónimo de lucha por la industrialización. El autor se refirió a ello cuando sostuvo que “Sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía” .
Uno de los principios vectores de la actual política argentina iniciada en el año 2003, es la búsqueda de la independencia económica. Cristina se ha referido en reiteradas ocasiones al hecho de que la industrialización es el único camino hacia la justicia social y es un tránsito infranqueable hacia la soberanía política. Ratificando la vigencia de los postulados de Arregui, Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que “cada país elige un proyecto para servir a los grandes intereses nacionales que no pueden ser otros que los del crecimiento, los de la generación de trabajo y consumo y que, en definitiva, es la reindustrialización. Por eso, la reindustrialización no fue una decisión del modelo económico, estaba en las más profundas convicciones políticas, en el corazón de este proyecto que nació en el año 2003” .


Soberanía científica y tecnológica
“El conocimiento científico impartido en la Universidad liberal con criterio escolástico en el estricto sentido del término se imponía a millares de argentinos (…) la imagen de una argentina ganadera servida por una tecnología limitada convenía a las naciones extranjeras inversoras de capital (…) El país ganadero no necesitaba de la ciencia, pues la filosofía del monocultivo rechaza por definición el despliegue del espíritu colectivo” . Juan José Hernández Arregui
“Necesitamos muchos ingenieros, necesitamos muchos astrónomos, necesitamos muchos químicos, físicos que nos ayuden, bueno, en esas ciencias duras que son las que van a dominar el mundo” . Cristina Fernández de Kirchner

Tal cual mencionamos, Hernández Arregui entendió la importancia estratégica que tenía el desarrollo científico y tecnológico para alcanzar la independencia económica y la soberanía política. En ésta línea de interpretación, Arregui sostuvo que las clases dominantes habían impedido la formación de nuestra ciencia con el objetivo de impedir el desenvolvimiento pleno de las capacidades del país. En sus palabras, “El atraso científico, desde el punto de vista de la investigación, debe explicarse no como una incapacidad de los argentinos para la ciencia, sino como el remate cultural de una oligarquía colocada encima de las masas y adversa por destino sociológico a la Cultura del pueblo” .
Siguiendo los postulados de Hernández Arregui, el proyecto político iniciado en el año 2003 refundó e impulsó, el crecimiento y el fortalecimiento del sistema científico nacional. Cristina se refirió a ello de la siguiente manera “Yo siento que hacía mucho tiempo que no se reconocía a los científicos, como lo hemos reconocido en esta etapa. Pero no esa ciencia que era una ciencia no aplicada, una ciencia como desconectada, desvinculada de la actividad económica, del progreso del país, como si ser científico y tener contacto con lo económico fuera algo - en cierta manera- pecaminoso o contaminara el contacto del científico puro con la empresa. Y es exactamente lo contrario, es potenciar a la ciencia y a la tecnología para ponerla al servicio del crecimiento y el desarrollo de un país, que es lo que han hecho las grandes naciones del mundo”.

Conciencia histórica y conciencia nacional
“A nosotros nos presentaron la historia fragmentada, como que nada tuviera que ver con nada, como si cada cosa no tuviera una causalidad Cuando venimos a recordar estas cosas, cuando venimos a recordar a estos seres olvidados, a propósito de nuestra historia, no venimos para dividir; al contrario, nosotros sabemos más que nadie que la división nacional solo ayuda a unos pocos. Venimos simplemente a que todos los argentinos conozcan la historia completa para no volver a repetir viejos errores que nos enfrentaron a través de consignas o conceptos culturales que poco tenían que ver con los intereses concretos, económicos y sociales de cada uno de nosotros ”. Cristina Fernández de Kirchner

“A la historia oficial de la oligarquía hay que oponerle la revisión revolucionaria que desvista el contenido clasista de esa fábula canonizada de nuestro pasado” . Juan José Hernández Arregui

Hernández Arregui sostiene que un pueblo está condenado a repetir sus errores perpetuando la dominación ejercida por la oligarquía y el imperialismo, sino afirma su conciencia histórica. A partir de acá, que el campo de la historiografía forma parte de una profunda lucha política entre los sectores nacionalistas y el bloque dependiente. En este contexto, es que afirmó que “la historiografía en letras de molde es siempre la de una clase social -en el caso argentino de la oligarquía terrateniente-, la revisión de la historia es de vital relevancia en su articulación con la liberación nacional. O lo que es lo mismo, en su conexión intrínseca con las masas argentinas. Ya que sólo una revisión de la historia que muestre el meollo, la esencia de clase de esa historia oficial, puede darle al pensamiento nacional un instrumento crítico de primer orden para elevarse racionalmente a la conciencia histórica del papel de las masas como protagonistas de la historia” .

Desde el año 2003, el gobierno nacional viene afirmando a pasos trascendentales nuestra conciencia histórica. La recuperación de las luchas de los años setenta, el feriado en conmemoración a la Batalla de Vuelta de Obligado, las jornadas del bicentenario, la reivindicación de figuras como Felipe Varela o Cacho el Kadri, o la apertura del Instituto Revisionista Manuel Dorrego, forman parte del profundo reverdecimiento de nuestra conciencia histórica impulsado desde el gobierno. Es en ésta línea, que está planteado el razonamiento de Cristina del epígrafe. Reiterando dicho punto de vista revisionista, Cristina sostuvo que “es un verdadero desafío cultural que tenemos los argentinos frente a nosotros mismos, de saber construir una cultura que nos contenga, de descubrir la verdadera historia que durante años nos ocultaron y que en cada hecho histórico, desde el Éxodo Jujeño a la Batalla de Tucumán, al 25 de Mayo de 1810, a todas las cosas que nos han sucedido en los 200 años, estamos redescubriendo, nuestros jóvenes, los argentinos, esta patria diferente y distinta que nos quisieron esconder y ocultar”.

La patria es América: unidos o dominados
“América Hispánica es una Cultura. Sólo falta saber si la conciencia de su destino futuro -es decir, la capacidad de trascender fuera de sí- está también presente (…) La fuerza del continente ha sido su unidad espiritual en medio del formidable desplazamiento del equilibrio mundial de la era imperialista. Pero esa defensa no ha sido suficiente. Hoy, en otra etapa histórica, debemos concebir nuestro destino en términos de política intercontinental”. Juan José Hernández Arregui

“Nosotros pudimos llevar a cabo lo que toda la vida pregonamos: retornamos a casa, que es la región; propusimos la construcción de la UNASUR, trabajamos fuertemente y la verdad que actúo como un mecanismo para resolver conflictos como no se vio otro mecanismo en el mundo global de la diplomacia para resolver conflictos” . Cristina Fernández de Kirchner

Tal cual lo expresó Hernández Arregui en el epígrafe, América posee una unidad cultural que favorece la cohesión de nuestros Estados en una gran nación unificada. Además, el autor resalta la fortaleza geopolítica que dispone la unidad continental, sin la cual los diversos Estados y sus pueblos, estarán condenados al subdesarrollo y la dependencia crónica.
Néstor y Cristina Fernández de Kirchner condujeron el proceso de integración regional más importante de los últimos doscientos años de vida independiente. Los postulados de Arregui, hoy son realizaciones en la UNASUR, la CELAC o con el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Mencionando la trascendencia histórica de la integración regional, Cristina sostuvo que “el MERCOSUR no es solamente una construcción económica, como algunos quieren hacerla aparecer, o una asociación aduanera, el MERCOSUR -como la UNASUR- son ideas, ideales, objetivos que se llevan adelante y que se transforman en política cuando esas ideas se traducen en instrumentos, en instituciones y en política (…) Y hoy es un instrumento mejor y más ampliado, porque además de Argentina, de Brasil, de Uruguay, de Paraguay, que está suspendido momentáneamente nada más hasta que elija nuevamente sus autoridades, ahora está Venezuela. Y no debemos detenernos aquí, tenemos que tratar de incorporar más miembros”.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La juventud y la participación política

Aritz Recalde, agosto 2012

 “El Estado encomienda a las universidades la enseñanza en el grado superior, que prepare a la juventud para el cultivo de las ciencias al servicio de los fines espirituales y del engrandecimiento de la Nación y para el ejercicio de las profesiones y de las artes técnicas en función del bien de la colectividad. (…) Las universidades establecerán cursos obligatorios y comunes destinados a los estudiantes de todas las facultades para su formación política, con el propósito de que cada alumno conozca la esencia de lo argentino, la realidad espiritual,  económica, social y política de su país, la evolución y la misión histórica de la República Argentina, y para que adquiera conciencia de la responsabilidad que debe asumir en la empresa de lograr y afianzar los fines reconocidos y fijados en esta Constitución”. Constitución Argentina de 1949

La decisión del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de promover las denuncias de padres a supuestas actividades partidistas en las escuelas, abrió un profundo debate acerca de las relaciones entre los jóvenes y la acción política. A continuación, vamos a hacer una breve mención a algunas intervenciones políticas de la juventud en la historia. Asimismo, vamos a mencionar dos maneras de actuar frente a los jóvenes y sus inquietudes de participación política.

3 formas en que la juventud se vinculó a la política
“La revolución no devora a sus hijos: devora a sus padres. Porque los padres, por revolucionarios que sean, están conformados por un mundo de hábitos, gustos, ideas, de todo lo cual no es posible desprenderse como un traje. (…) El que estuvo en la posición equivocada fue el fubismo de los universitarios. La del 1945 fue una revolución de jóvenes, a pesar de su ausencia. Recuerdo que el día de la proclamación de la fórmula Perón-Quijano, frente del Obelisco, en medio de la multitud me encontré con un viejo camarada de lucha: el teniente coronel Gregorio Pomar. Veía a la multitud y se afligía: “¿Será posible que estos triunfen?” “No tengo ninguna duda. Estate seguro de que van a triunfar”, le dije. “Lo que caracteriza a esa multitud es la edad.” ¿No ves que son todos jóvenes?, le pregunté. (…) Por eso, yo deseo para mis viejos camaradas peronistas que no se pongan en viudos tristes. Espero que contemplen este avance de la juventud con la alegría propia de nuestro movimiento.” Arturo Jauretche

La juventud resistió a los poderosos en las horas difíciles del país
Los jóvenes resistieron políticamente con patriotismo y con profundo sentido de la justicia, a los poderes y a las oligarquías tanto internas, como externas. Así fue que Juan Manuel de Rosas tenía tan sólo 13 años cuando combatió a las invasiones inglesas en 1806.
Muchos jóvenes lucharon políticamente contra las dictaduras y fueron asesinados por ello. Santiago Pampillon tenía 24 años y Fernando Abal Medina tan sólo 23, cuando los mataron por reclamar por la vuelta a la democracia censurada por los gobiernos castrenses a partir de 1955 y 1966. 

Los jóvenes y las funciones institucionales
Los jóvenes cumplieron importantes roles políticos institucionales y por ejemplo, Hipólito Yrigoyen fue diputado provincial en el año 1878 cuando tenía 26 años.
Alfredo Palacios fue el primer diputado socialista de América en el año 1904 y tenía 24 años.
John William Cooke fue diputado nacional en el año 1946 a los 25 años.
En esta línea, Cristina Fernández impulsa la intervención de la juventud en lugares importantes del gobierno nacional, reforzando la convicción de que las juventudes deben abocarse con responsabilidad a ocupar cargos públicos de trascendencia.

Los jóvenes y la revolución
Los jóvenes soñaron, se organizaron y lucharon para construir un país independiente y justo. Bernardo Monteagudo que fue una figura central del proceso revolucionario americano, tenía tan sólo 19 años en 1810 y participó de la Logia Lautaro conjuntamente a San Martín en 1812, con 23.
En 1810 el secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, tenía 32 años.
Evita acompañó la revolución justicialista y en 1946 tenía tan sólo 26 años. 

Frente a esta juventud que sueña y que se involucra en experiencias de participación política para construir un barrio, un país y un mundo más justos, existen diferentes respuestas por parte de los gobiernos y de los dirigentes. A continuación vamos a mencionar dos de ellas.

2 maneras de actuar frente a la participación de los jóvenes en política
Los jóvenes: el miedo, la desconfianza  y la intolerancia
Históricamente, los poderes políticos conservadores e intolerantes, se opusieron a que los jóvenes se expresen y se comprometan libremente con la defensa de sus ideales.
En los años treinta la dictadura de José Félix Uriburu reprimió a los jóvenes por “ser radicales” seguidores de Yrigoyen. Se cerraron los centros de estudiantes y se persiguió a los docentes. Los jóvenes radicales lucharon contra la dictadura y tal es así, que 1933 acompañaron un levantamiento en el Paso de los Libres en la provincia de Corrientes. Arturo Jauretche participó en el levantamiento con 32 años.
A los jóvenes que participaron en las columnas del 17 de octubre de 1945, los opositores a Perón los acusaron de “fascistas o de aluviones zoológicos”. Los llamaron “cabecitas negras” demostrando el racismo de la derecha y de la izquierda argentina, negando el derecho a la participación política del pueblo. En ésta misma línea, el año 1955 la dictadura impulsó la represión y proscripción de los jóvenes por ser “Peronistas”. Incluso y en nombre de la “libertad”, les prohibieron ejercer el derecho a la palabra con el decreto 4161, que vedó la posibilidad de tan sólo nombrar al peronismo.
A fines de los años cincuenta, a los jóvenes que se opusieron a la propuesta de Frondizi de que ingresen las universidades privadas, les aplicaron el Plan CONINTES. El debate de la “laica y la libre” culminó con estudiantes presos y silenciados.
El dictador Juan Carlos Ongania en el año 1966 acusó a los jóvenes de ser “peligrosos agitadores”. En nombre de la libertad y la neutralidad de valores y para terminar con la política en el sistema educativo, se intervino la universidad en la llamada “Noche de los bastones largos”. Los jóvenes eran acusados de “comunistas” y frente a la brutal represión, se revelaron pintando los muros y militando masivamente en barrios, partidos políticos y sindicatos.
En el año 1973 los jóvenes se vincularon masivamente a la política. Para cortar este ímpetu de participación y Muerto Perón en 1974, asumió el Ministerio de Educación Oscar Ibanissevich y persiguió a los jóvenes en nombre de la “religión y los valores occidentales”.
Finalmente, en 1976 la juventud fue tildada de “subversiva” y con esa justificación, miles de jóvenes fueron desaparecidos. En este cuadro, se inscriben las trágicas jornadas de la noche de los lápices que incluyó el secuestro de estudiantes secundarios. 
El programa neoliberal condenó a la juventud a la pobreza y les negó el futuro. En los años noventa, ya no fueron las dictaduras sino que fue la violencia institucional, las “policías bravas” y el gatillo fácil, la forma de impedir que los jóvenes tengan libertades y se expresen. Así fue como Miguel Bru desaparece en el año 1993 a los 23 años. Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron brutalmente asesinados por la policía en 2002. El primero tenía tan sólo 23 y Darío Santillán 21 años.

Estos grupos antidemocráticos y autoritarios pensaron y lo siguen haciendo actualmente, que la juventud debe ser interpelada con policías, con controles y con prohibiciones.
Continuando la línea de Uriburu y de Onganía, Mauricio Macri encomendó a Esteban Bullrich impedir que los jóvenes ejerzan sus derechos a participar políticamente en las escuelas. El posicionamiento del Jefe de Gobierno además de ser cuestionable en términos morales y éticos, viola los derechos de los jóvenes a participar en la vida política de las escuelas tal cual lo fija la Ley de Educación Nacional.

Los jóvenes: la libertad, la democracia y la pluralidad
“A mí los que me asombra son los pibes de la secundaria, pese a que a algunos quieren ponerles un 0800, pero la verdad me asombran porque…Dios mío, ¿por qué no ponen un 0800 para denunciar a los que venden paco o droga en la puerta de los colegios? Para eso sí, para eso que pongan un 0800, que pongamos toda nuestra voluntad, pero para pibes que militan, sean del sector qué sean, qué más maravilloso que saber que los pibes están haciendo política. Al contrario, yo me quedo tranquila, en realidad uno se queda bien tranquila si uno sabe dónde están o están haciendo otra cosa. Pero si están haciendo política, que se queden tranquilos, que están haciendo política, primero, en democracia, levantando los ideales de participación, de ir a votar libremente, de formar agrupaciones, el centro de estudiantes donde ir a votar en lugar de estar haciendo otras cosas. (…) Por eso, no hay que asustarse con los jóvenes. Yo no sé porque en algunos sectores ese miedo a la juventud, será porque no nos pueden comprar, porque no nos pueden desviar”. Cristina Fernández

Tal cual mencionamos anteriormente, los representantes de la derecha argentina se oponen a cualquier tipo de cabio y se vuelven intolerantes, evitando la posibilidad de que la juventud se exprese libremente. A partir de acá, en la historia acusaron a los jóvenes de ser radicales yrigoyenistas, de ser peronistas, de ser fascistas, de ser comunistas y hoy, los culpan de ser “kirchneristas de la Campora”.

Tomando distancia a ésta forma de actuar, muchos gobiernos y organizaciones populares promovieron que nuestros jóvenes puedan desarrollarse políticamente.  
Hipólito Yrigoyen apoyó a los jóvenes que en el año 1918 exigieron mayor democracia y tolerancia en nuestras universidades.
El gobierno de Perón instauró los derechos sociales de los jóvenes garantizando el acceso gratuito y sin distinciones, a la educación en todos sus niveles, a la salud, al deporte y la recreación y a la cultura en sus diversas manifestaciones. En su opinión, los “únicos privilegiados eran los niños”. Allí nacieron la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la Confederación General Universitaria (CGU) y miles de jóvenes ingresaron a los sindicatos y a la actividad política y solidaria con su país.  
Dichas opiniones se acercaban a las posiciones de la pedagogía popular de Saúl Taborda, de Simón Rodríguez, de Paulo Freire o de Arturo Jauretche.

En el año 2003 llegaron Néstor y Cristina y con ellos, se inició una nueva etapa de la relación entre el gobierno, los jóvenes y la política. La política de derechos humanos, la lucha contra la violencia institucional y el respeto la libre manifestación de ideas, dieron la garantía para que nuestros jóvenes se expresen libremente. El juicio a las juntas y el debate de la historia reciente, favoreció la recuperación de las acciones políticas de los años setenta y a partir de acá, permitió que los jóvenes se identifiquen con las generaciones militantes anteriores ocultadas por la cultura oficial.
Además, desde el año 2003 la política dejó de ser mala palabra y por el contrario, los jóvenes retomaron masivamente la participación en todos los ámbitos. En los barrios, en los centros de estudiantes o en agrupaciones sociales y culturales, se pobló de jóvenes. El proceso iniciado en 2003 le devolvió a la política la capacidad de transformación. Indujo a que nuestros jóvenes se indignen frente a las injusticias, devolviendo a la política su vocación pública. Además y cuestión central, hoy nuestros jóvenes tienen la certeza de que es posible el triunfo popular frente a los poderosos. Los partidos políticos abrieron las ramas juveniles y las manifestaciones y actos públicos se llenaron de jóvenes.
En este marco, el gobierno impulsa políticas sociales, deportivas y culturales para que los jóvenes se expresen pluralmente. Es por eso, que promueve las jornadas de voluntariado y solidarias, la pintura de escuelas, los recitales en lugares públicos o las jornadas de reflexión sobre derechos humanos o de género en clubes, escuelas o universidades. 
Con éste espíritu, la Ley de educación nacional 26.206 en su artículo 126 estableció que “Los/as alumnos/as tienen derecho a: b) Ser respetados/as en su libertad de conciencia, en el marco de la convivencia democrática. h) Integrar centros, asociaciones y clubes de estudiantes u otras organizaciones comunitarias para participar en el funcionamiento de las instituciones educativas, con responsabilidades progresivamente mayores, a medida que avancen en los niveles del sistema”.

Contra este compromiso con la democracia y los derechos humanos, se enfrentan los diarios oligopólicos y los representantes políticos del pasado autoritario e intolerante, que no termina de retirarse. Es por eso y frente a nuestra historia, es que debemos preguntarnos ¿Hasta cuándo seguir con la intolerancia en los ámbitos educativos?, ¿no aprendimos nada como sociedad?, ¿Hasta cuándo seguir estableciendo que los jóvenes que debaten política son peligrosos?, ¿por qué no recibir con alegría el compromiso de nuestros jóvenes en la política?.

 

miércoles, 11 de julio de 2012

Prácticas sociales en universidades


Aritz Recalde, julio de 2012

“Las universidades argentinas cumplirán su misión con un sentido eminentemente humanista y de solidaridad social, a cuyo efecto tendrán los siguientes objetivos: (…) La integral formación humana de sus docentes y estudiantes, con preferencia a toda especialización técnica e inculcándoles la noción de responsabilidad social y la conciencia de que han de servir al pueblo”. Ley Orgánica de Universidades 14.297 de 1954

El Ministerio de Educación de la Nación sancionó la resolución 692/12 cuya finalidad es “sugerir” a las instituciones de educación superior, que en las “instancias de evaluación docente para el desarrollo de la carrera docente universitaria, otorguen una valoración especifica y positiva a los postulantes que, además del dictado de clases, desarrollen tareas de investigación, extensión, vinculación y transferencia de conocimiento; guía o acompañamiento en las acciones de voluntariado que realicen los estudiantes”.
La resolución está institucionalizando el reconocimiento de las iniciativas del Programa Nacional de Voluntariado, creado en el año 2006 . Además y en el largo plazo, la norma es una expresión del avance en el país de la concepción nacional y popular de la universidad. En este proyecto de educación superior y tal cual estableció la ley universitaria del año 1954, se promueve para las instituciones y sus miembros la “noción de responsabilidad social y la conciencia de que han de servir al pueblo. El modelo del nacionalismo popular universitario fue hegemónico y se impulsó en todas las instituciones durante los años 1973 y 1974.

A continuación, vamos a mencionar algunos aspectos a tener en cuenta de las prácticas sociales en las universidades, desde la perspectiva del nacionalismo popular.

I- Algunos aspectos de las prácticas sociales en universidades
“El papel del profesional en la sociedad cambia por completo cuando la lealtad a su carrera individual y a su empresa es remplazada por lealtad al país y solidaridad social”. Oscar Varsavsky

La práctica social forma parte del proceso de aprendizaje
“Y consecuentemente con uno de los pilares básicos de nuestra doctrina –la ciencia y la cultura deben ser del pueblo-, los compañeros de la Subsecretaria de investigaciones a través del Plan CEPIA (Centros Piloto de Investigación Aplicada), se han vinculado con las áreas marginales (barrios y villas) para poner a disposición de las necesidades detectadas en la zona, el bagaje técnico con que la universidad cuenta (…) El contacto con las verdaderas necesidades populares crea profesionales solidarios y un marco de referencia apto para la elaboración de nuevas categorías de análisis insertas en la política de liberación nacional, inexistente en la universidad demoliberal dependiente (…) Los CEPIA intentan recuperar y hacer que los problemas detectados se inserten como contenido de los programas de estudio e investigación que la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires desarrolla. De esta forma la universidad gesta su apertura a las clases populares, reorientado los recursos humanos y materiales hacia programas de investigación interdisciplinarios, y con real interés social, coincidiendo en la práctica con el proyecto de Reconstrucción y Liberación Nacional . Centros Piloto de Investigación Aplicada, UNPBA, 1973.
En el contexto de la práctica social, se produce un momento central del proceso de aprendizaje. En este marco, las categorías universales y abstractas, son contrastadas contra la realidad económica, social, política y cultural histórica y geográficamente situada.

La problemática social permite al estudiante ampliar los esquemas de análisis y demuestra que la realidad es interdisciplinaria e histórica y nunca puede ser abordada con aprioris conceptuales fuera de su tiempo y de su espacio geográfico.
La noción de regiones universitarias que estableció la constitución argentina de 1949, introdujo la importancia de situar el conocimiento en su ámbito geográfico. En su defecto, los egresados corren el riesgo de ser meros repetidores de teorías abstractas carentes de aplicabilidad concreta. Asimismo y cuestión frecuente, se corre el peligro de intentar imponer las teorías a las “realidades”.
El conocimiento es una actividad colectiva que se resignifica en la relación con la sociedad que se intenta interpretar en cada lugar y en cada espacio. En este contexto, la práctica social es un recurso sumamente importante para situar el conocimiento universal en su ámbito concreto.

La práctica social permite la transferencia del conocimiento
“Son funciones de las universidades de las cuales no podrán apartarse (…) 4ª Estimar el estudio y desarrollo de la ciencia aplicada y las creaciones técnicas, adaptándolas a las necesidades regionales (…) 13a. Reunir antecedentes y proponer soluciones para los diversos problemas económico sociales de la Nación”. Ley de Régimen Universitario 13.031 de 1947
La práctica social posibilita la apropiación del conocimiento por parte del sujeto colectivo en el cual se ejercita la intervención. En este marco, el conocimiento puede ser recuperado socialmente favoreciendo la solución de los desafíos de las comunidades interpeladas.

El conocimiento en manos del individuo carece de utilidad y de viabilidad histórica. Las organizaciones libres del pueblo son las poseedoras de la potencialidad política para hacer de la ciencia o de la producción cultural, un hecho de trasformación. No se produce un desarrollo intelectual, cultural y científico pleno, sin antes articularlo con un pueblo que lo lleve adelante.
Asimismo, la práctica social permite al estudiante vincularse con los desafíos del pueblo y a partir de acá, definir nuevas agendas para la producción de conocimiento.

La práctica social permite al estudiante apropiarse de la producción de saber extrauniversitario
“Frente a esta cultura colonial, late en el pueblo oscuro la cultura nacional. Toda cultura nacional es colectiva. Esta cultura colectiva, casi por entero, es inmune a la difusión en masa de la “cultura” del colonialismo. Por eso mismo, la conciencia histórica está en el pueblo y no en las clases altas. Y si esta conciencia histórica es interpretada y alumbrada por una minoría de escritores nacionales, es porque no todos los intelectuales son lacayos. La lucha cultural es, pues, rescate y revitalización de las tradiciones colectivas, costumbres, creencias, folklore –un pueblo sin folklore no es tal sino un conglomerado sin historia-, que vienen del pasado y se anudan al presente como herencia y al porvenir como revolución nacional”. Juan José Hernández Arregui

Las universidades son ámbitos de producción de conocimiento que coexisten con el conjunto de instituciones, empresas, organizaciones y prácticas de producción y de distribución de saberes.
La práctica social le permite al universitario identificar, recuperar y mejorar el caudal de saberes para la resolución de los problemas que existen en la comunidad. La práctica social a partir de acá, es una instancia de aprendizaje del conocimiento acumulado en una comunidad.

La práctica es una acción de devolución social
“El Estado creará becas para la enseñanza gratuita, cuya distribución entre las diversas universidades de la Nación, se hará por el Poder Ejecutivo. Para proceder a dicha distribución, se tendrán en cuenta las características y necesidades regionales, sociales, económicas y culturales, referidas a cada universidad, procurando que con la concesión de becas se cumplan, de la manera más acabada posible y con un sentido social, los fines asignados a la universidad. Habrá dos clases de becas: las de estudio y las de estímulo”. Ley de Régimen Universitario 13.031 de 1947
La estadística muestra que solamente alrededor del 3,2% de los argentinos van a la universidad pública.
En este contexto, surge la posibilidad de entender la práctica social como una “devolución” de la institución, a aquellas comunidades que financian el sistema con sus impuestos y que posiblemente, no concurran nunca a la universidad.

La práctica social y la formación política de los universitarios
“Las universidades establecerán cursos obligatorios y comunes destinados a los estudiantes de todas las facultades para su formación política, con el propósito de que cada alumno conozca la esencia de lo argentino, la realidad espiritual, económica, social y política de su país, la evolución y la misión histórica de la República Argentina, y para que adquiera conciencia de la responsabilidad que debe asumir en la empresa de lograr y afianzar los fines reconocidos y fijados en esta Constitución”. Constitución Argentina del año 1949
La universidad monopoliza el ejercicio de un conjunto de saberes que organizan, institucionalizan y distribuyen el poder social. El saber es poder en tanto permite transformar la realidad y regular diversos ámbitos de la vida social.
La universidad otorga títulos que habilitan para el ejercicio del poder y es por eso que buena parte de la dirigencia política del país, estudió en la universidad. En este marco, la institución tiene la obligación de contribuir a educación de sus miembros para la interpelación y la resolución de los problemas nacionales. En su defecto, se pueden formar egresados para acentuar a dependencia del país y su pueblo. A partir de acá, la práctica social puede ser entendida como un instrumento de concientización del estudiante. Difícilmente egresen de la institución dirigentes con vocación nacional y popular, si los universitarios no conocen la profundidad y la realidad de su país.

II- Desafíos de las prácticas sociales en universidades
“En ese sentido, queremos que sea realmente la universidad del pueblo. (…) una universidad tiene que ser el centro irradiante de la cultura nacional. O de la revolución cultural en los únicos términos concebibles, es decir una revolución cultural argentina que surja de las luchas de nuestro pueblo y de la labor de nuestros intelectuales por asimilar la cultura nacional y hacerla nuestra”. Rodolfo Puiggros, 1973

Tradicionalmente, se entendió la práctica social como una mera “devolución” de los estudiantes o docentes a los grupos vulnerables dentro de su país. En torno de dicha concepción, se crearon áreas de extensión en gran parte de las universidades nacionales.
Pese a la importancia de la práctica social en tanto “devolución”, consideramos que debe contemplarse la cuestión en sus diversas derivaciones. Ello surge y como adelantamos, de que las intervenciones sociales forman parte del proceso de aprendizaje, permiten la transferencia del conocimiento, son un medio para apropiarse de la producción de saber extrauniversitario y son espacios para la formación política de los miembros de las instituciones. Partiendo de estos postulados, a continuación vamos a poner en debate las cuatros funciones de la universidad y su relación con las prácticas sociales.

¿Carreras universales o regionalización del conocimiento?
“Una ley dividirá el territorio nacional en regiones universitarias, dentro de cada una de las cuales ejercerá sus funciones la respectiva universidad. Cada una de las universidades, además de organizar los conocimientos universales cuya enseñanza le incumbe, tenderá a profundizar el estudio de la literatura, historia y folklore de su zona de influencia cultural, así como a promover las artes técnicas y las ciencias aplicadas con vistas a la explotación de las riquezas y al incremento de las actividades económicas regionales”. Constitución Argentina del año 1949
Históricamente, se han importado carreras, agendas y disciplinas de Europa y de los Estados Unidos. En el siglo XIX, se copiaron los modelos universitarios de Europa en nombre del progreso y de la civilización. A partir del golpe de Estado de 1955, la universidad argentina plagió las instituciones norteamericanas en nombre de la modernización y del cientificismo. El resultante fue que las carreras se orientaron para estar al servicio de las oligarquías internas y de las grandes corporaciones trasnacionales. La educación en este modelo universitario, es un instrumento para profundizar la desigualdad social y para servir a los grandes poderes externos.
Frente al modelo liberal y cientificista de universidad, el nacionalismo popular propuso la regionalización del saber y la promoción de actividades socialmente relevantes para el país y el pueblo.
En este cuadro, surgió la posibilidad de generar carreras y asignaturas orientadas a resolver las situaciones socialmente relevantes en cada región. De esta manera, la problemática social de las comunidades ingresó como un recorrido programático de las carreras.

¿Investigar problemas o debatir meramente “estados de la cuestión”?
“En consonancia con los esfuerzos de la intervención por ubicar a la Universidad en la senda nacional y popular, se consideró necesario ir transformando los contenidos y métodos de la enseñanza en base a las siguientes ideas centrales: 1) la enseñanza se centrará más en problemas nacionales concretos que en disciplinas o materias; 2) los estudiantes se incorporarán a grupos de trabajo e investigación de esos problemas y recibirán cursos de apoyo de las disciplinas usuales; 3) el aprendizaje comenzará siendo concreto, vinculando a la realidad nacional, y avanzando en abstracción y rigor en años sucesivos”. Ernesto Villanueva, 1974 .

En tanto el sistema universitario argentino continúe con su tendencia a la importación enciclopédica de agendas externas, las posibilidades de investigar problemas socialmente relevantes son remotas. En su lugar, el alumno se dedicará años de su vida a discutir con textos y con autores sin contrastar con el mundo, en el mentado “estado de la cuestión” de las Tesis o los trabajos finales de investigación. En general además, dicha recuperación de investigadores sobre el tema a tratar, son recogidas de autores que tratan los temas “desde” o “en” el extranjero.
Por el contrario y tal cual menciona Villanueva en el epígrafe, el nacionalismo popular entiende que se deben formar agendas de investigación incluyendo la resolución de “problemas” y no solamente el análisis de autores y de textos. En este contexto, surge la necesidad de articular estrechamente las prácticas sociales de los alumnos y los docentes, con los proyectos de investigación de las universidades .
Asimismo y en torno de este diálogo permanente con la comunidad, se generan los puentes para que las investigaciones regresen a las comunidades. Las prácticas sociales podrían derivar en publicaciones posibles de ser reapropiadas por las organizaciones libres del pueblo.

Reconocimiento curricular
Tal cual mencionamos, las prácticas sociales son instancias del proceso de aprendizaje. A partir de acá, el gran desafío de los proyectos sociales y de voluntariado actuales, es que dichas intervenciones deriven en reconocimientos de instancias y créditos académicos. La resolución 692/12 es una buena iniciativa que va en este sentido.

La planificación colectiva de las prácticas sociales
“En los estatutos de las universidades deberán preverse normas sobre (…) la vinculación de la universidad con las provincias, los municipios, la Confederación General del Trabajo, fuerzas organizadas de la producción, de la industria y del comercio y organizaciones profesionales y científicas, para la consideración de asuntos específicos”. Ley orgánica de las Universidades Nacionales 20.654 de 1974

Tal cual mencionamos, si se parte del hecho de que la comunidad extrauniversitaria produce saberes y permite identificar demandas de enseñanza e investigación socialmente relevantes, la extensión podría ser planificada de manera social y colectica, conjuntamente a los representantes de las organizaciones libres del pueblo.

En este cuadro caben algunas preguntas, ¿cómo se planifican las prácticas sociales en la actualidad?, ¿desde la universidad?, ¿conjuntamente con otras áreas del Estado?, ¿desde las organizaciones libres del pueblo?. En este cuadro y más allá de las variantes actuales, consideramos que la planificación de las prácticas sociales debería contar con la intervención de actores externos a las universidades .

¿Son iguales las prácticas sociales en todas las universidades?
Es importante destacar que las prácticas sociales van a variar en función del momento histórico, de la universidad y de la región en las que se implementen.
Por ejemplo, en las universidades de la RUNCOB existe un componente profundamente popular en las matrículas de estudiantes. En este cuadro, la retención del alumno ocupa un lugar central y desplaza la concepción tradicional de la extensión que iba a “buscar” a la sociedad “fuera” de sus muros.

Prácticas sociales y venta de servicios
Finalmente, a la hora de proponer prácticas sociales debe tenerse en cuenta los alcances del concepto, delimitando qué acciones podrían inscribirse en dicha categoría.
En este marco, surge la pregunta de cuál es la diferencia entre las prácticas sociales y la venta de servicios. Al menos, podrían atenderse dos cuestiones. Por un lado, el hecho de que la práctica social debería incluir la vinculación de la universidad con los grupos sociales vulnerables. El segundo elemento, es que la práctica social y a diferencia de la transferencia, no implica una remuneración por parte de los actores intervinientes.

martes, 19 de junio de 2012

Las elecciones estudiantiles de la UBA del año 1973 y la FUA

Aritz Recalde, junio de 2012
“Hoy la universidad Argentina ya no es la universidad colonial, hoy ésta universidad sabe adónde va, con una juventud que innegablemente está destinada a sucedernos (…) Una nación que no puede confiar en sus intelectuales, no puede confiar en sí misma. Hoy la Argentina puede confiar en la intelectualidad universitaria siempre que se pliegue a la misteriosa, enigmática y potente inteligencia anónima del pueblo que sabe lo que busca, ni antes ni después, pero que cuando se mueve no solamente hace temblar al mundo y a los opresores, sino crea las condiciones para la construcción de la Confederación Iberoamericana de Naciones que fue el sueño que tuvieron San Martín y Bolívar y entre tantos otros menospreciados por la historia oficial, Hostos, José Martí, y el caso inmediato y concreto de la Patria, Juan Domingo Perón”. Juan José Hernández Arregui, 1973.[1]
Durante el mes de diciembre del año 1973, se desarrollaron las elecciones[2] estudiantiles en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). En este contexto, la Juventud Universitaria Peronista (JUP) se presentó a elecciones por primera vez en su breve historia[3].
La JUP triunfó sola y en el marco de frentes electorales, en 8 de los 11 centros de estudiantes[4], obteniendo la conducción de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Las tendencias electorales más importantes fueron la JUP con 20.719 votos; la Franja Morada (UCR) con 18.824 y el MOR (comunistas) que obtuvieron 9.459.[5] El dirigente de la JUP, Pablo Ventura, se refirió a los resultados electorales y estableció que “a nuestro juicio, estas elecciones en las que votó alrededor del 50 por ciento de los alumnos, reflejan el avance del conjunto del pueblo en esta etapa. Se han ganado sectores que en otros momentos se opusieron al pueblo peronista”.[6]
Una vez en la conducción de la federación, la JUP modificó el nombre de la FUBA que pasó a denominarse Federación Universitaria para la Liberación Nacional de Buenos Aires (FULNBA). Según Miguel Talento, la nueva denominación tenía que ver con que “Liberación Nacional expresa como bandera un marco de conciencia, que de ninguna manera sectoriza la denominación, sino que define los objetivos del organismo. Además, el nuevo nombre ilustra sobre el cambio de actitud de los estudiantes, cuya actitud anterior, en muchas oportunidades, los puso de espaldas al pueblo”.[7]
Uno de los temas importantes del movimiento estudiantil del la época, se vinculó a los debates en torno de la Federación Universitaria Argentina. Desde el año 1970, la FUA se encontraba divida entre la FUA La Plata[8] y la FUA Córdoba. En este cuadro, el presidente de la FUA Córdoba convoco al XIII Congreso a realizarse en la ciudad de Córdoba. En el encuentro se designaron a Miguel Godoy como secretario y a Federico Storani como presidente.
La JUP desarrolló una fuerte crítica del accionar del espacio y decidió no participar del XIII Congreso. En ese marco, convocó un congreso de la FUBA el 22 de diciembre. El temario del encuentro fue el siguiente:
1) Situación nacional;
2) Situación universitaria;
3) Situación del movimiento estudiantil;
4) Plan de acción para el verano;
5) Renovación de autoridades.[9]
El presidente de la FULNBA, Miguel Talento, sostuvo que “la presencia de la JUP en la FULNBA permitirá a la federación iniciar una nueva práctica para que los organismos que la componen vuelvan verdaderamente representativos (…) nuestro propósito es extender el numero y profundizar la organización”.[10]
Al culminar el encuentro, la FULNBA publicó una declaración estableciendo una convocatoria a que todos los Centros se comprometan a efectuar la siguiente agenda:
1) Defensa de la intervención de la universidad;
2) movilización contra todo intento de interrumpir el proceso de liberación nacional inaugurado el 25 de mayo;
3) garantizar el debate sobre la ley universitaria y las organizaciones populares;
4) Llamado a la unidad del movimiento estudiantil en una central única nacional.[11]
La profunda inestabilidad política del país inaugurada con la muerte de Perón en el año 1974 y con la posterior aplicación de la dictadura de 1976, obstruyeron la posibilidad de avanzar con la agenda impulsada por la FULNBA. Gran parte de los dirigentes políticos estudiantiles de la JUP fueron perseguidos e incluso, muchos de ellos desaparecidos. Frente al vacío político producto de la represión, y durante la dictadura y desde el regreso de la democracia, la Franja Morada designaría a los presidentes de la FUA[12].

 
[1] J. J. Hernández Arregui, “Una nación que no puede confiar en sus intelectuales, no puede confiar en sí misma”. Boletín de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Marzo de 1973.
[2] A nivel nacional los resultados fueron JUP 24.550; MOR 22.120; Franja Morada 20.402. Noticias, 10 de diciembre de 1973.
[3] Pablo Ventura se refirió a las causas por las cuales la JUP no se presentó a elecciones “cumplida la etapa de la guerra del pueblo, cambia la perspectiva de la práctica del Movimiento Peronista. Hoy el pueblo tiene el gobierno, a pesar de las contradicciones existentes. Antes impulsábamos el enfrentamiento con la dictadura. Hoy propugnamos instancias de participación de masas en apoyo del gobierno popular, profundizando el proceso de reconstrucción nacional”. Boletín de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Diciembre de 1973.
[4] La JUP triunfó en Arquitectura, Medicina, Económicas, Derecho, Filosofía, Agronomía, Veterinaria y Odontología. En Ciencias Exactas y en Farmacia ganó el MOR. En ingeniería triunfó la Franja Morada. Boletín de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Diciembre de 1973.
[5] Boletín de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Diciembre de 1973.
[6] Boletín de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Diciembre de 1973.
[7] Noticias, 24 de diciembre de 1973.
[8] La FUA – La Plata estaba formada por comunistas e independientes. La FUA – Córdoba estaba compuesta por la Franja Morada alfonsinista y MNR (sector de los socialistas populares).
[9] Noticias, 21 de diciembre de 1973.
[10] Noticias, 24 de diciembre de 1973.
[11] Quedó constituida la mesa ejecutiva con 15 miembros: 7 JUP; 4 Franja Morada (3 JRR y 1 JR); 3 por el MOR y 1 por FAUDI – TUPAC. El presidente era Miguel Talento (JUP Derecho). La opinión, 23 de diciembre de 1973.
[12] http://www.fua.org.ar/?page_id=96

lunes, 18 de junio de 2012

Industrialización y poder nacional

CUADERNO DE TRABAJO DEL CEHAN° 12
INDUSTRIALIZACIÓN Y PODER NACIONAL

Aritz Recalde
Junio de 2012 

“Hay que tener siempre presente que aquella nación que pierde el control de la economía, pierde su soberanía”. Juan Perón[1]

 “Sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional. Y sin soberanía nacional no hay autonomía cultural. Tal tarea sólo puede cumplirla el Estado Nacional (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía.” Juan José Hernández Arregui[2]

“El poder de una nación se mide por sus riquezas y la riqueza de las naciones no sólo depende de sus ventajas naturales, sino, principalmente, de la importancia del trabajo nacional. Fomentar y proteger ese trabajo representado por la industria nacional, es no sólo derecho, sino el deber de la Nación.” Carlos Pellegrini[3]


OBJETIVOS
“Durante muchos años de dijo y se repitió que la Argentina es un país agrícola – ganadero. Esta verdad -como todas las verdades del liberalismo- es una verdad a medias y trae contrapeso de la otra mitad, que es una  mentira. Ese estribillo se repitió tanto y durante tanto tiempo que acabó por convertirse en un axioma: somos un país agrícola ganadero; luego, no podemos ser un país industrial.  (…) Por ella seguíamos siendo un país colonial y un país que se medía con fanegas de trigo y cabezas de ganado. (…) La carencia de industrias origina los siguientes males: Dependencia económica (…) Dependencia política (…) Desequilibrio económico (…) Desocupación (…) Empobrecimiento técnico (…) empobrecimiento económico.” Manual Práctico del segundo Plan Quinquenal (1953)[4]

En el cuaderno número 12 del CEHA, vamos a abordar la relación existente entre la industrialización y el poder nacional. El poder nacional de un Estado, se define a partir del análisis de sus capacidades de decisión política dentro y fuera del país y se concretiza por eso, a través del ejercicio pleno del derecho a la autodeterminación y la soberanía política por parte de los Estados y las organizaciones libres del pueblo. En torno de este principio, el Cuaderno desarrolla 2 hipótesis:

Hipótesis 1: la fortaleza o la debilidad del poder nacional de un Estado está directamente relacionada a su nivel de desarrollo económico.

Hipótesis 2: dentro de las actividades económicas, la industria es la base del poder nacional.

Con la finalidad de alcanzar los objetivos planteados, el Cuaderno elabora dos ejes de análisis:
-       Analiza las relaciones entre el poder nacional y la industrialización;
-       Menciona las modificaciones que puede traer aparejada la industrialización sobre la arquitectura institucional, cultural y social.
En todos los casos, consideramos que la economía y en particular la industria, generan “condiciones de posibilidad” para el cambio político, social, cultural o institucional. Ahora bien, en ningún caso lo determinan. Por un objetivo meramente didáctico, es que presentamos de manera simplificada las variables de estudio y las relaciones entre ellas. 

 EL PODER NACIONALY LA INDUSTRIA
 “El objetivo a perseguir es romper definitivamente la dependencia financiera, tecnológica y comercial, asegurando  para todos los argentinos el poder de decisión económica sobre los resortes de su propio desarrollo que así se manifiesta plenamente autónomo.” Plan Trienal Para la Reconstrucción y Liberación nacional 1974-1977[5]

Industria y planificación
“Cabe una reflexión relativa al poder de decisión: a lo largo de nuestra historia, dicho poder se ha conformado, tejiéndose una red de compromisos políticos que representan diferentes intereses. Si las alternativas son neocolonialismo o liberación, y si hemos optado por la liberación, el ajuste de ese poder es indispensable para lograr que responda a nuestros intereses. En lo político, liberación significa tener una Nación con suficiente capacidad de decisión propia, en lugar de una Nación que conserva las formas exteriores del poder, pero no su esencia. La Nación no se simula. Existe o no existe.Juan Perón (2006: 37)

La soberanía política de un Estado depende directamente del nivel de desarrollo de su estructura económica. Un país dependiente económicamente, tarde o temprano, delega las decisiones de política a sus acreedores o a sus proveedores externos.  Por esta razón, las potencias industriales manejan la economía y organizan la vida y la muerte de los pueblos y de los gobiernos del conjunto del planeta. En este cuadro, dentro de las acciones productivas, la industria es la actividad fundamental del poder nacional. Es por ello, que la promoción y la consolidación de la industria son etapas irremplazables de la organización nacional independiente. El proyecto industrialista le devuelve el poder de decisión a la comunidad nacional y por eso, la autodeterminación política del Estado se organiza desde la planificación de su desarrollo integral. En la historia de la Argentina del siglo XX, los puntos más altos en la planificación de nuestra independencia económica se ubicaron en los siguientes momentos:
-       Primer Plan Quinquenal (1946 – 52);
-       Segundo Plan Quinquenal  (1953- Incompleto por golpe militar);
-       Gestión de Aldo Ferrer (1970 – incompleto por cambio de gobierno);
-       Plan Trienal (1974 - Incompleto por golpe militar);
-       Plan Industrial 2020 (2012- en ejecución).

Soberanía política y justicia social
“En la reforma económica está el secreto de nuestro porvenir libre o esclavo, o del bienestar de las penurias de los argentinos y del juicio definitivo que la historia formulará sobre los hombres y las instituciones que asumieron la responsabilidad de mandar en esta tierra.” Arturo Jauretche[6]


Industria, política y frente nacional
En la vasta zona de países rezagados, que abarca a dos tercios de la población humana, América Latina vive su segunda revolución nacional. La primera, de la Independencia, fue obra del pueblo en armas. La segunda y actual, es la de su desarrollo integral”. Enrique Gugliarmelli [7]

La lucha por la industrialización integral genera las condiciones de posibilidad para articular el frente nacional de liberación. La alianza dependiente entre el capital financiero, las corporaciones trasnacionales y la oligarquía local, es un factor político retardatario de todo tipo de desarrollo soberano e inclusivo. En el marco del proyecto nacional industrialista, el empresario y el trabajador, pueden ser incluidos como sujetos organizadores de la política de Estado y como beneficiarios de la riqueza social. En este marco, los conflictos de clase dentro del frente del pueblo, no desaparecen sino que se modifican en su dinámica. En su lugar, se subordinan a la lucha contra el programa del subdesarrollo que es conducido por el enemigo externo y sus aliados dentro del país. El avance del proceso industrialista, es un paso sin el cual no se pueden mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. A partir de este punto de partida, se generan las condiciones para mediar los conflictos de clase en términos institucionales, permitiendo mejorar las condiciones sociales del pueblo y evitando con ello, en enfrentamiento civil permanente propio de los proyectos agroexportadores.

Industria y justicia social
“El justicialismo (…) subordina el capital a la economía y ésta al bienestar social. (…) Se ha elevado el standart de vida general del pueblo. (…) La economía justicialista de basa en el consumo.Raúl Mende[8]
El aporte de valor agregado que genera la industria es un medio fundamental para la creación de puestos de trabajo. Sobre dicha plataforma laboral, se generan las condiciones para la inclusión social y la inserción de las masas a la vida económica y cultural del país. El aumento del empleo fortalece la capacidad de consumo de los habitantes y robustece el mercado interno del país. En una economía en crecimiento centrada en la industria y en el mercado interno, el aumento de salarios fortalece la capacidad de consumo y la demanda de productos. A partir de acá, que la ecuación salario y consumo, son piezas fundamentales del sistema industrialista. Una economía industrializada permite a la nación enfrentar con mayor solidez las oscilaciones de los precios de nuestros productos agropecuarios, las operaciones de dumping o las trabas a las importaciones producto de las crisis internacionales. En este contexto y tal cual se demostró históricamente, frente a crisis económicas y a procesos de fuerte dependencia externa, los ajustes se produjeron sobre las condiciones sociales de los trabajadores. A partir de acá, que la fortaleza económica es un instrumento básico para la defensa de los empleos y de las condiciones de vida de los trabajadores. La actividad industrial y los empleos derivados de ella, permiten al Estado recaudar los impuestos a partir del los cuales se financian las políticas sociales y educativas. El fortalecimiento de la estructura económica y la producción de riqueza que genera el trabajo, son los elementos fundamentales para la formulación de los programas de emancipación social del pueblo.



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[1] Perón, Juan, Modelo Argentino Para el Proyecto Nacional, Instituto Nacional Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 2006, p. 94.
[2] Hernández Arregui, Juan José, Imperialismo y Cultura, Amerindia, Buenos Aires, 1957, p. 326.
[3] Extraído de Gugliarmelli, Enrique, “Carlos Pellegrini: protección de la industria nacional”, Revista Estrategia, N° 45, marzo de 1977.
[4] Manual Práctico del segundo Plan Quinquenal, Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1953, pp. 191-193.
[5] Plan Trienal Para la Reconstrucción y Liberación nacional 1974 – 77, Presidencia de La Nación, Buenos Aires, 1974, pp. 14-15.
[6] Jauretche, Arturo, El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje, Peña Lillo Editor,  Buenos Aires, 1975, p.  135.
[7] Gugliarmelli, Enrique, “Función de las Fuerzas en la actual etapa del proceso histórico argentino”, Revista Estrategia N° 1, mayo de 1969, p. 27.
[8] Mende, Raúl, El justicialismo, Mundo Peronista, Buenos Aires, 1952, pp 98-99.

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