domingo, 8 de mayo de 2011

Sonreí tercermundo, Estados Unidos y Europa te están mirando

Aritz Recalde, mayo 2011

“La humanidad conoce dos azotes que la han agobiado en su historia: el imperialismo, que al suprimir la libre determinación de los pueblos, la soberanía de las naciones y la independencia económica de los países, los priva de su libertad esencial; y las dictaduras, que, al suprimir en parte la libertad individual, insectifican al hombre. Las dictaduras son de efecto limitado en el tiempo y en el espacio, duran lo que dura el hombre que las ejerce y alcanza sólo una acción parcial. Los imperialismos son permanentes y alcanzan a todos. Por eso la dictadura se abate por reacción local; y el imperialismo sólo cede ante la acción de todos. (…) La guerra se produce por designio de los hombres, no por su fatalidad. Las causas del noventa porciento de las guerras que ha soportado la humanidad, desde el mundo antiguo hasta nuestros días, han sido los imperialismos”. Juan Domingo Perón (1)
“¿Vivimos aún en tiempos en que el hombre debe luchar y morir para tener derecho a convertirse en ciudadano de una nación? (…) ¿No hay en ésta tierra suficientes voluntades para imponer la razón a la sinrazón? (…) La muerte de colonialismo es, a la vez, la muerte del colonizado y la muerte del colonizador. (…) Lo deseamos y lo haremos. No creemos que exista fuerza capaz de impedirlo”. Frantz Fanon (2)

Sonreí tercermundo, los políticos norteamericanos te están mirando. Te necesitan para sus campañas electorales. Te requieren muerto y televisado para triunfar en sus elecciones de candidatos cada año. Con vos y con tu familia asesinada, van a apaciguar los temores y las frustraciones de sus pueblos, que están sujetos a una campaña mediática y cinematográfica de terrorismo ideológico permanente. La industria cultural les muestra que afuera de sus cálidos hogares capitalistas, está la barbarie y se esconde el peligro. Le enseñan al pueblo que aquí, en nuestros continentes, se cobija el mal y se reproduce el terrorismo.
Las acciones aplicadas por la barbarie occidental en los últimos dos siglos, deben servirnos de escuela. De esa experiencia, tenemos que comprender una ley de la división internacional del planeta, que establece que los habitantes de las naciones del sur de la tierra somos un objetivo militar y que las metrópolis, son nuestros supuestos legítimos ejecutores. Cada uno de los objetivos militares de la OTAN o de la CIA, ya sean soldados, sean presidentes o sean niños, son utilizados para mantener la estabilidad política y económica interna de sus Estados. Los actos del terrorismo norteamericano y europeo sobre el tercermundo no encuentran límites. Bombardean países, destrozan su infraestructura, sus patrimonios culturales y matan a las poblaciones bajo los misiles o por el hambre ocasionada en las conflagraciones. No importa si el asesinado a televisar es un socialista democrático como Salvado Allende o si hay que armar un documental con el ahorcado Sadam Husein. No interesa si matan soldados como Osama Bin Laden, buscan asesinar presidentes como Evo Morales (3) o ejecutan a la luz de la opinión pública mundial, a jóvenes y niños, como es el caso del hijo y los 3 nietos de Muamar Kadaffi.(4)
Los políticos de las metrópolis en tiempos de campaña, hacen apología de los crímenes de guerra más atroces, como fueron el hundimiento del Crucero General Belgrano en Malvinas o la ejecución de los cientos de miles de supuestos comunistas que mando a matar el Operativo Cóndor (5) . A la hora de asesinar y promover las torturas, las desapariciones y los secuestros, seguramente Margaret Thatcher, Ronald Reagan, George Bush o actualmente Barak Obama, miraron las encuestas y oyeron a sus asesores. Por como actuaron, es innegable que descubrieron que matar brutalmente latinoamericanos, africanos o asiáticos, alimenta el ego de buena parte de la opinión pública de las metrópolis. Para las potencias y cuando median sus intereses, no hay leyes, no hay valores, no hay procesos judiciales, solo existe la aplicación de la fuerza que es el derecho de las bestias.

Tal cual estableció y auguró Juan Perón en el epígrafe, el azote del imperialismo es un presente trágico para Asia, para África o para América Latina. Sonreí tercermundo, las metrópolis piensan en vos y cuando necesiten ganar una elección, vas a formar parte de su plataforma electoral. Si por el contrario al mandato criminal que nos imponen la OTAN y sus aliados, creemos que la paz y la libertad son la razón de nuestros pueblos, retomemos la voluntad de Fanon y junto con él, convenzámonos de que “no creemos que exista fuerza capaz de impedirlo”.



1- Juan Perón, Política y Estrategia, Pleamar, 1983. Pp 8 y 61.
2- Franz Fanon, Sociología de una revolución, Ediciones del 70, 1973. Pp 16 – 18.
3- Stella, Calloni, Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia, Punto de Encuentro, 2009.
4- http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/01/internacional/1304203466.html
5- Stella Calloni, Los años del lobo. Operación Cóndor. Peña Lillo, 1999.

viernes, 22 de abril de 2011

Ciencias sociales y nacionalismo

Aritz Recalde, abril de 2011

“Los indios no piensan porque no están preparados para ello, y los blancos españoles habían perdido el hábito de ejercitar el cerebro como órgano (…) ¿En qué se distingue la colonización española?. En que la hizo un monopolio de su propia raza, que no salía de la edad media al trasladarse a América y que absorbió en su sangre una raza prehistórica servil. ¿Qué le queda a esta América para seguir los destinos prósperos y libres de la otra? Nivelarse; y ya lo hace con las otras razas europeas, corrigiendo la sangre indígena con las ideas modernas, acabando con la edad media. Nivelarse por la nivelación del nivel intelectual y mientras tanto no admitir en el cuerpo electoral sino a los que suponen capaces de desempeñar sus funciones (…) Seamos la América, como el mar es el Océano. Seamos Estados Unidos”. Domingo Faustino Sarmiento . (1)

“La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación. (…) Son el interior del país y su población autóctona los factores que han preservado nuestra idiosincrasia nacional. (…) Y es la conciencia nacional de los argentinos, fruto de un acaecer histórico, doloroso pero no gratuito, la que les anuncia a las naciones opresoras de la tierra invirtiendo el temor de Darío – poeta inmortal de nuestra América- que los hispanoamericanos no hablaremos inglés”. Juan José Hernández Arregui . (2)

Una de las características típicas de las ciencias sociales y humanas del país, es su reiterada tendencia a la imitación. Ya desde las postrimeras de la independencia, muchos intelectuales y miembros de las universidades, no buscaron las soluciones a los dramas y los desafíos del continente en nuestras potencialidades y realidades históricas. Por el contrario y como demuestra el epígrafe de Sarmiento, se tomaron como parámetro las producciones culturales y políticas de los imperios como los Estados Unidos, Inglaterra o Francia. Se trato de importar Europa a América por intermedio de copiar sus leyes, repetir sus valores, imitar su ciencia, consumir sus manufacturas y poblar nuestro suelo con la denominada raza blanca civilizada.
En general, las diversas imitaciones y copias no alcanzaron los objetivos formales que se plantearon. La reproducción de las leyes culminó en fracasos reiterados como fueron los casos de las infructíferas constituciones de 1819 o de 1826. La negación de los patrones de conducta americanos y la promoción de los extranjeros, incitaron a nuestras clases dirigentes a organizar Estados subdesarrollados en lo económico y de profundo contenido racista en el plano político o cultural. Entre los promotores de la impostación de Europa en América, encontramos a Alberdi que sostuvo que “En América todo lo que no es europeo es bárbaro: no hay más división que ésta: 1°, el indígena, es decir, el salvaje; 2°, el europeo es decir, nosotros los que hemos nacido en América y hablamos español” ( 3).
La definición europeísta de los intelectuales, lejos de ser un mero debate cultural, implicó la promoción de un orden político regional neocolonial y con su práctica dieron justificación a las acciones de hostigamiento a los modelos nacionalistas de desarrollo. En ésta línea, Alberdi cuestionó duramente el modelo proteccionista del Paraguay y la argumentación fue claramente racista al afirmar que “Ese sistema garantiza al Paraguay la conservación de una población exclusivamente paraguaya, es decir, inepta para la industria y para la libertad (…) Ese régimen es egoísta, escandalosos y bárbaro, de funesto ejemplo y de ningún provecho a la causa del progreso y cultura de esta parte de la América del Sud. Lejos de imitación, merece la hostilidad de todos los gobiernos patriotas de Sud América” (4 ). Estas ideas y los intereses políticos y económicos que se escondían detrás, culminaron en la guerra del Paraguay y en el asesinato de prácticamente la totalidad de la población masculina de ese país. Destruido Paraguay, se podría importar la raza blanca, que y supuestamente, sería apta para el comercio británico y la libertad ( 5).
Los ingleses exportaron la teoría del liberalismo económico y los franceses un modelo de filosofía jurídica política y ambos esquemas fueron utilizados como una justificación de su acción imperialista en el continente. La asimilación acrítica de dichas producciones por parte de los intelectuales del tercer mundo, los llevo a justificar la guerra y las agresiones económicas y políticas permanentes contra nuestras comunidades. Así fue como Esteban Echeverría y otros intelectuales desde Montevideo, apoyaron a Europa en la guerra contra el país, ya que en su opinión “los jóvenes redactores del Nacional (…) creían que el género humano es una sola familia (…) por parte de la Francia estaba el derecho y la justicia; tuvieron el coraje de alzar solos la voz para abogar por la Francia y contra Rosas (…) a poco tiempo todos los emigrados argentinos adhirieron a ellas, y que el general Lavalle se embarcó el 3 de Julio de 1839 para Martín García en buques franceses”( 6).
Luego del año 1852 y pese a la heroica resistencia popular al imperialismo en 1808, 1837, 1845 o la humillante ocupación de Malvinas en 1833, los intelectuales dependientes apoyaron la decisión de los gobiernos de que la Argentina ingrese directamente en la órbita del imperio británico. Nuestro enemigo histórico y con la aprobación de los intelectuales, organizó y manejo de manera onerosa para el interés nacional, el transporte, el comercio, la cultura, el perfil productivo, la relaciones exteriores o la política interna.
Fueron los programas de gobierno de Hipólito Yrigoyen y en especial, el modelo de desarrollo industrialista iniciado en 1943, los impulsores de una profunda transformación cultural e intelectual de carácter nacionalista. El primero, lo realizó apoyando y entre otras cuestiones, la reforma universitaria de 1918 y el segundo, promoviendo la independencia y soberanía científicas y la masividad e igualdad para el acceso a la cultura.
Dicho avance en la conciencia nacional de las organizaciones libres del pueblo, se demostró más avanzado que muchas concepciones dependientes y antidemocráticas encarnadas por diversos núcleos intelectuales. Un caso emblemático es el de Gino Germani y un grupo de intelectuales de la sociología argentina, que fueron promotores del golpe militar del año 1955 y de la extranjerización del país que promovió la asonada castrense. En nombre de la modernización, como en su momento se citó la palabra mágica de la civilización, se escribió una justificación “científica” para el programa represivo. En plena dictadura militar de 1956 y haciendo apología del golpe, Germani estableció que “La originalidad del peronismo consiste, por tanto, en ser un fascismo basado en el proletariado y con una oposición democrática representada por las clases medias (…) Al lema fascista de “Orden, Disciplina, Jerarquía”, sustituye el de “justicia Social” y “Derechos de los Trabajadores””(7 ). En términos objetivos e históricos, la oposición llamada “democrática de clase media” y sus aliados militares, bombardearon Buenos Aires, derogaron la Constitución Nacional, dieron por tierra con los derechos de los trabajadores, fusilaron civiles e impulsaron su modelo de sociedad con torturas y comandos civiles. El “fascismo de los trabajadores” y por el contrario, se presentó a elecciones libres y limpias y por la vía democrática tras una década de fraude electoral e impulsó un proyecto de país inclusivo y de avanzada en términos económicos, científicos o sociales. En su opinión, a partir del año 1955 se abría el desafío de la “desperonización” que tenía que incluir la organización de una nueva democracia, capaz de distanciarse de la anterior, ya que “La tragedia política argentina residió en el hecho de que la integración política de las masas populares se inició bajo el signo del totalitarismo (…) La inmensa tarea a realizar consiste en lograr esa misma experiencia, pero vinculándola de manera indisoluble a la teoría y a la práctica de la democracia y la libertad”( 8). A partir de 1955 y bajo justificaciones emparentadas, se inició un proceso de dictaduras militares, de persecuciones y de proscripciones, que culminaron en la aplicación del golpe de 1976. Ésta última dictadura, también y como estableció proféticamente Germani, buscó la verdadera libertad y democracia por fuera del sistema electoral y constitucional.
En ambos casos, los intelectuales buscaron interpretar las prácticas políticas del pueblo con categorías extranjeras. A mediados del siglo XX, no se llamó a las organizaciones libres del pueblo la barbarie, sino que el rotulo fue el fascismo, el nazismo o la subversión. En 1955 no fueron los ingleses, como en el siglo XIX, los únicos beneficiarios directos de la violencia, sino que desde ahora eran también los norteamericanos.
Más allá de la marcada tendencia al europeísmo de muchos intelectuales, el siglo XXI se caracteriza por la recuperación de nuestra conciencia histórica y por el renacer de un incipiente nacionalismo popular. La vigencia del nacionalismo se expresa en los diversos programas políticos, culturales y sociales que en Argentina, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil o Ecuador, están planificando y aplicando modelos de desarrollo endógenos, con una importante participación de las organizaciones libres del pueblo.
Una de las manifestaciones del renacer nacionalista, se refleja en la promoción y en la organización de la política exterior continental. El profundo sentido americanista de las relaciones exteriores, es una de las manifestaciones de la recuperación de la conciencia histórica iberoamericana. Iberoamérica es una realidad cultural, histórica y además y cuestión trascendental, la necesidad de unidad del sur del continente es el resultante del mismo enemigo geopolítico que tenemos en común. Las clases dirigentes latinoamericanas están rompiendo el lazo dependiente en el plano cultural y político con las metrópolis y ello les permite a los pueblos iniciar procesos de desarrollo nacional aplicando sendas políticas emancipadoras.
Las transformaciones políticas, sociales y culturales del continente y en muchos casos, contrastan con el marcado europeísmo de los programas de estudio y de las carreras en ciencias sociales y humanas de las universidades. Diversos intelectuales siguen atados al esquema de la generación del 37 que se expresa y por ejemplo, en el artículo 25 de la Constitución argentina de 1994, que en pleno siglo XXI, se propone fomentar solamente la inmigración europea. En este cuadro, la tarea de la hora para los intelectuales y universitarios, es la de regresar al nacionalismo popular, desprendiéndose de los prejuicios europeístas y norteamericanos frutos del neocolonialismo que remachó en las conciencias el síndrome de inferioridad local frente a lo extranjero. Allí, nuestros intelectuales y jóvenes, van a encontrar muchas de las preguntas y las respuestas para acompañar la emancipación de las organizaciones libres del pueblo y sus naciones. La soberanía cultural del país y el continente, es y seguirá siendo una tarea original o no será nada. Se trata de teorizar los problemas y no simplemente los textos como sostiene la socióloga Ana Jaramillo y este desafío no es una mera tarea de importación y de repetición de disciplinas extranjeras. No hay que copiar la civilización europea y tampoco volver al nuevo o al viejo Marx, como repiten cátedras, periódicos e intelectuales que se sienten renovadores con ello. La tarea estratégica actual de las ciencias sociales, es la de estudiar a los grandes maestros del nacionalismo popular, entre los cuales no podemos dejar de mencionar en las figuras de José María Rosa, de Arturo Jauretche, de Norberto Galasso, de Juan José Hernández Arregui, de Fermín Chávez o de Oscar Varsavsky.

Citas
1- Domingo Faustino Sarmiento (1915), Conflictos y Armonías de razas en América, La Cultura Argentina, Buenos Aires. Pp 172, 449 y 456.
2- Juan José Hernández Arregui (2003), La formación de la conciencia nacional, Corregidor, Buenos Aires. Pp 42, 44 y 381.
3- Juan Bautista Alberdi (1928), Bases, La Cultura Argentina, Buenos Aires. P 83
4- Op.Cit. p 65.
5- Hacia el final de sus días y al observar los resultados fatídicos de la Guerra de la Triple Alianza, Alberdi modificó su opinión sobre el Paraguay. Pese a esta posición que se puede leer en su correspondencia con el encargado de la legación paraguaya en Europa Gregorio Benítez, ya era demasiado tarde. Se puede leer la corespondencia mencionada en David Peña (1965), Alberdi, los mitristas y la guerra de la triple alianza, Peña Lillo, Buenos Aires.
6- Esteban Echeverría (1953). Dogma Socialista, Editorial Jacson, Buenos Aires. Pp 56 - 58.
7- Gino Germani (2006), “La integración de las masas a la vida política y el totalitarismo”, en Gino Germani: La renovación intelectual de la sociología, UNQUI, Quilmes. Pp 208 y 211.
8- Op. Cit. PP 220-221.

martes, 12 de abril de 2011

Actualidad de la Constitución del año 1949

Aritz Recalde, abril de 2011




Durante los últimos doscientos años de historia Argentina, coexisten y se enfrentan dos grandes tradiciones políticas acerca del tipo de modelo de desarrollo para aplicar en el país. Una tradición, es la liberal exportadora y la otra, es la proteccionista e industrialista. En el marco de la primera, se ubican el programa agroexportador iniciado en 1853 o el proyecto financiero aplicado a partir de la gestión del Ministro de Economía Martínez de Hoz y de la dictadura de 1976. Entre las segundas y con sus matices y diferencias, se sitúan el modelo nacionalista y el desarrollista, cuyas máximas figuras en el siglo XX y XXI son Juan Perón, Arturo Frondizi, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Sin desconocer que existen puntos de coexistencia entre ambos, la historia reciente muestra que los dos modelos de país se enfrentaron y su disputa se desenvolvió en el plano político, económico, cultural, militar y también, en el terreno institucional. Una de las manifestaciones del enfrentamiento entre los modelos de país, se dio en el plano del derecho, las instituciones y tema que nos interesa, se expresó a nivel de las constituciones. Los políticos de la tradición liberal y agroexportadora sancionaron en 1853 y en 1994 dos de los textos constitucionales con mayor permanencia en la historia del país. En realidad, el esqueleto del texto de 1853 es el principio rector del orden institucional que introdujo la Constitución de 1994. El documento fundamental de la tradición nacionalista, es la Constitución del año 1949. En nuestro país, el derecho liberal tiene entre sus ideólogos locales a Bernardino Rivadavia y a sus seguidores. Dicho dirigente, desarrolló una importante tarea de promoción y de sanción de leyes, en su mayoría, reproducidas del sistema institucional europeo. En su opinión, había que copiar las leyes de la civilización y junto a ellas, se estarían importando las costumbres, las prácticas y los valores del extranjero. Una de las finalidades de la importación del derecho extranjero, era la de educar a la barbarie interna para organizar a la nación. Para civilizar a los nativos del continente, se deberían importar de Europa manufacturas, personas, costumbres y leyes. A partir de aquí, Rivadavia promovió una noción típica de los ideólogos del derecho liberal, que supone que los textos normativos ofician como un pacto político en sí mismo, que puede remplazar o subestimar, los factores culturales, sociales y los patrones de conducta históricos de los pueblos. El remplazo natural y por evolución de un sujeto histórico por otro y pese a los supuestos rivadavianos, reconoció una férrea resistencia por parte de los pueblos destinados a desaparecer frente al avance de la civilización. A partir de aquí, la tarea de imposición del liberalismo y sus leyes, se organizó en dos etapas. Por un lado, educando a una la elite destinada y entre otras cuestiones, a escribir las leyes y que asimiló para ello, la ideología europea y que conformó un sujeto cultural diferenciado de los pueblos. El otro mecanismo para imponer sus instituciones, su economía, sus inmigrantes o sus leyes, fue el asesinato y la persecución de sus adversarios. En este cuadro, los intelectuales liberales buscaron remplazar un país por otro y con dicha intención, importaron las leyes extranjeras e intentaron amoldar el país a ellas. El supuesto de que el derecho y las constituciones pueden organizar a una nación, se mostró falso y la sanción de los textos liberales lejos de unir al país, contribuyeron a desorganizarlo y a acentuar las guerras civiles y el enfrentamiento entre sectores. Por ejemplo y yendo a los años posteriores a la independencia, se observa que la propuesta de Constitución de 1819 que tenía un contenido centralista y aristocrático que cercenaba el federalismo y los derechos de las provincias , cayó en el vacío en el marco de la oposición política del interior contra los intereses unitarios. Lejos de ser una prenda para la unidad nacional, el programa político y su Constitución derivaron en la batalla de Cañada de Cepeda. Mientras los intelectuales liberales debatían y sancionaban textos legales para organizar el Estado, los referentes populares movilizaban sus tropas para enfrentar al agresor externo y garantizar la soberanía. El texto, por perfecto que fuera en términos del formalismo europeísta, era inútil e inaplicable políticamente frente a las tareas pendientes de la organización nacional. En dicho contexto “constituyente”, Gervasio de Artigas luchaba contra la ocupación del imperio del Brasil y San Martín reunía su tropa para resistir el potencial desembarco de 20 mil españoles y para continuar la obra libertaria en Perú. La contracara de los patriotas, eran los liberales porteños que sancionaban normas inaplicables y que pedían y por ejemplo, que San Martín abandone la guerra de liberación contra el colonialismo y que reprima las montoneras federales. El texto constitucional de 1819 cayó en desgracia y hubo que esperar hasta el año 1826, para que Bernardino Rivadavia y los liberales porteños, sancionaran un nuevo modelo para la organización institucional y política del país. Este texto y de forma similar al de 1819, no unificó la nación sino que y por el contrario, contribuyó a la guerra civil. El debate de la Constitución de 1826 es interesante ya que y entre otras cuestiones, encontró la intervención de Manuel Dorrego contra la propuesta de los liberales de aplicar el voto calificado y de prohibir la participación política de los “domésticos a sueldo, jornaleros o soldados” . El sistema de gobierno que introdujo la Constitución en la Sección III, no mencionó el sistema federal y en su lugar introdujo “la forma representativa, republicana, consolidada en unidad de régimen”. El texto que ataba la representación política a la tenencia de capital o de una profesión o que permitía al presidente nombrar a los gobernadores, fue rechazado por los representantes políticos del interior. Era el segundo texto constitucional que demostraba claramente, la falacia del supuesto de que las leyes organizan los Estados. Asimismo, la caída del gobierno y de la Constitución, mostró la inviabilidad de la aplicación del liberalismo racista y europeísta porteño en el país. Las organizaciones libres del pueblo no se ajustarían a los patrones de conducta y a las formas de organización social, supuestamente implícitas, en las leyes copiadas de Europa. Tras el rotundo fracaso liberal que condujo el país a la guerra civil y a la disgregación nacional, Juan Manuel de Rosas avanzó hacia la conformación de un pacto político y social de carácter constituyente. El Pacto Federal de 1831 fue rubricado inicialmente por Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y luego por Corrientes e implicó un acuerdo fundacional que sentó las bases de la organización nacional. La constitución en el pensamiento de Rosas y tomando distancia de la tradición liberal europeísta y dependiente de muchos intelectuales, debería ser el resultado de un acuerdo político, social, económico y cultural previo, entre los representantes de las provincias y las naciones del continente y el mundo. El texto además, debería ser la culminación de un proceso de organización nacional previo y nunca podía ser su causante. Mientras Rosas combatía al imperialismo más poderoso del mundo en 1838 o en 1845, los intelectuales al servicio del extranjero construyeron el mito de que la organización y la soberanía nacional eran y fundamentalmente, un tema de constituciones. Tal cual lo adelantó el mandatario, había que sancionar y restaurar leyes, pero dicha noción implicaba recuperar los patrones culturales, políticos y de conducta del pueblo y no podía tratarse de una mera copia del extranjero. Los antecedentes fallidos de 1819 y de 1826, seguramente fueron un llamado de atención a Rosas. El restaurador de leyes, estableció que si no se construían previamente los lazos políticos y organizativos necesarios y si no se sancionaba una norma que superara el modelo iluminista de los intelectuales, el proyecto derivaría en una nueva frustración. Ese fue el mensaje de Rosas a Quiroga en la Carta de la Hacienda de Figueroa. Por por su actitud, fue acusado de retrogrado, de feudal y de bárbaro, por los intelectuales europeístas que entregaron el patrimonio y la soberanía al extranjero. Más allá de las acusaciones, sus palabras fueron proféticas y luego de la batalla de Caseros se sancionó la Constitución de 1853 que no detuvo la guerra civil, no impidió la secesión de Buenos Aires en 1854 y no fue un estorbo para la separación y balcanización definitiva de la Banda Orienta, el Alto Perú y el Paraguay. El cuerpo del texto de 1853 fue redactado en su mayoría por Alberdi y tanto si se estudian los comentarios que hace en Las Bases sobre los antecedentes normativos en el continente o si se lee la propia Constitución, quedan evidenciados el racismo y la subestimación de esos intelectuales sobre el contenido de las leyes y las costumbres americanas. En este caso, como en 1819 o 1826, la primacía de la política se abría paso frente al planteo fundacional mítico de los intelectuales liberales. Fueron la política y la guerra y no el texto importado, los que unieron al país y dicha organización nacional, se implementó una vez que los liberales porteños estuvieron al mando del poder. La barbarie de los salvajes unitarios fue la ley real que impusieron los porteños y las menciones de la Constitución a la división de poderes, a los derechos individuales o a la libertad de prensa, fueron consignas vacías para el pueblo que fue despojado de garantías y de derechos. La fraseología y el entramado normativo liberal, sirvieron a la oligarquía para ocultar bajo el manto de la filosofía jurídica extranjera, sus actos de violencia política, sus redes de poder y la profunda fragmentación social con la que gobernaron nuestro país. La tradición proteccionista e industrialista y luego de décadas de construcción política, económica, social y cultural, consolidó las bases para modificar el sistema institucional argentino heredado del liberalismo. En el año 1949, se sancionó un nuevo pacto institucional que refundó los pilares del Estado y que promovió una nueva interpretación sobre los alcances de la democracia. El texto implicó un cambio en las concepciones acerca de la propiedad privada y sobre los alcances de la soberanía política, que implicaba desde ahora y entre otras cuestiones, la administración de los recursos económicos y estratégicos por parte del Estado. En ente marco y en su Preámbulo, se estableció el objetivo de promover la cultura nacional y la irrevocable decisión de los argentinos de construir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. La Constitución de 1949 y a diferencia de la de 1819 o la de 1826, era la institucionalización de un proceso social, político, económico y cultural previo y no su inverso y es a partir de la realidad efectiva de la norma, que no hizo falta asesinar argentinos para imponerla. Los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura introducidos en el Capítulo III, eran una realidad papable en cientos de miles de casas, de escuelas, de hospitales, de centros deportivos o de universidades construidas en el período. La función social de la propiedad privada (artículo 38) y el mandato de que el capital debía estar al servicio de la economía (artículo 39), tenían una clara vigencia, expresable y por ejemplo, en la planificación colectiva del desarrollo nacional en los Planes Quinquenales o en la participación concreta en la riqueza por parte de la clase obrera. La mención al monopolio que debía ejercer el Estado nacional sobre el comercio exterior, sobre los servicios o los recursos naturales (artículo 40) eran el marco institucional para el funcionamiento de los ya existentes IAPI, YPF, IAME, Fabricaciones Militares o para los ferrocarriles nacionalizados. No se trató de copiar un texto de Europa para que la realidad se ajuste a él, sino que y por el contrario, se buscó institucionalizar el avance de las organizaciones libres del pueblo y la nación, en la construcción de sus decisiones. La vigencia y la actualidad del texto, se hicieron sentir y por ejemplo, en la resistencia de las organizaciones libres del pueblo frente al liberalismo neocolonial inaugurado en el año 1955, que la derogó y que intentó revertir el modelo de país para regresar a la colonia pastoril. La fuerte defensa de sus derechos ejercida por los trabajadores frente a la revancha de la oligarquía, fueron una muestra cabal de la existencia y la supervivencia de muchos de los principios del texto de 1949. Para derribar al modelo nacionalista y los principios rectores introducidos por su Constitución, el gobierno neoliberal de 1976 aplicó la violencia y el asesinato de miles de dirigentes políticos y de intelectuales. Una vez disciplinada la sociedad por la vía militar, se dio paso a la etapa política de destrucción de la Argentina con Carlos Menem y con Fernando De la Rúa. El primero, sancionó una nueva Constitución en el año 1994 y dicho pacto fundacional, recuperó el núcleo liberal fundamental de 1853. El texto y lo mismo que en el siglo XIX, buscó traducir los anhelos de la oligarquía interna y del interés trasnacional. No por casualidad, en el texto neoliberal de 1994 sólo se puede leer en el preámbulo las menciones abstractas al bienestar general o a la libertad: lejos está de buscar la independencia económica o la soberanía política del país como se estableció en el año 1949. El poder económico en convivencia con el político, favoreció la destrucción y el debilitamiento del Estado nacional. En este cuadro, se feudalizó el país al provincializar la administración de los recursos naturales y se estableció que las riquezas son “de dominio originario de las provincias” (artículo 124). El artículo 125 facultó a las provincias para promover la importación de capitales extranjeros y favoreció en ese contexto, la venta y el descalabro del patrimonio del país que fue transferido al extranjero. El racista y neocolonial artículo 25, mantuvo el objetivo de fomentar la “inmigración europea” y no así, la latinoamericana o la tercermundista que y por ejemplo, nos apoyó en Malvinas contra las agresiones de la OTAN y las naciones “civilizadas” que mataron y torturaron soldados argentinos. Los dirigentes de las metrópolis aprobaron la posibilidad de que los Tratados con las naciones extranjeras, tengan carácter de ley suprema (artículo 31), favoreciendo el hecho de que las potencias puedan sentar al banquillo de los acusados a los gobernantes dispuestos a recuperar nuestro patrimonio. En el marco del programa neoliberal, se buscó transferir la soberanía desde la nación, hacia los tribunales y los ámbitos institucionales controlados por las potencias . El país fue vendido a las naciones extranjeras y la Constitución no fue un impedimento, sino y por el contrario, ofició como uno de sus instrumentos. De la misma forma que en 1853, el documento de 1994 sancionó una batería de derechos y de instrumentos liberales de nula o escasa aplicación. En la década de mayor corrupción y decadencia moral del país, la Constitución estableció entre los nuevos derechos y garantías el “grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar cargos o empleos públicos” (artículo 36). La norma introdujo un concepto liberal economicista de la participación política y entre los nuevos derechos y garantías, hizo referencia a los del consumidor y el usuario (artículo 42). Entre el texto y la realidad hay un abismo, ya que estas abstractas menciones contrastaron con la concentración monopólica de la economía por parte del capital extranjero, con el aumento oneroso de las tarifas de servicios públicos, con la descapitalización de gran parte de las sociedades privatizadas, con los abusos permanente de las grandes empresas contra los usuarios, con los escándalos de corrupción o con la conformación de oligopolios contrarios al interés nacional y el posible cumplimiento real de los derechos individuales. En la etapa de vaciamiento de los partidos políticos o de escisión profunda entre las acciones del gobierno y el pueblo, se introdujeron los nunca aplicados mecanismos de democracia semidirecta como la iniciativa (artículo 39) o la consulta popular (artículo 40). Pese a los anhelos de los constituyentes liberales, el pueblo no canalizó sus demandas en ONG o en institutos de democracia semidirecta, sino que lo realizó en piquetes, asambleas, sindicatos y en partidos políticos. La Constitución y pese a que las condiciones de vida de la mayoría fueron deterioradas como nunca en la historia del país, introdujo el escasamente útil Defensor del Pueblo. Ya no era el Estado administrando la riqueza y promoviendo la justicia social o los sindicatos movilizados en las calles y las fabricas quienes garantizaban derechos, sino que y desde ahora, era el mercado y los “ciudadanos” con un Defensor o con instrumento de iniciativa, los encargados de organizar el país. La norma y siguiendo la noción elitista liberal y a diferencia de la de 1949, ató el derecho a ser senador a la demostración de una renta económica (artículo 55). En la Argentina de fines del siglo XX, los únicos privilegiados ya no eran los niños, sino los extranjeros y los ricos. Para dar mayor transparencia a la justicia y a la selección vitalicia de los primeros magistrados, se creó el Consejo de la Magistratura que y tal cual demostraron la Corte menemista, la corrupción estructural y el defalco total de los poderes públicos, poco realizó para garantizar la “independencia de poderes”. El liberalismo marcó agendas y los promotores del semiparlamentarismo como solución de los males argentinos, tuvieron la sanción y creación de la figura del Jefe de Gabinete (Capítulo cuarto) que venía a completar la batería de nuevas instituciones importadas para hacer crecer la Argentina. Pese a que los nuevos instrumentos podían ser de utilidad y atendiendo los resultados del modelo que eclipsó en 2002, es innegable que la agenda de la constituyente lejos estuvo de abordar los problemas y las soluciones fundamentales que demandaba el país. Los dirigentes neoliberales negociaron con el poder económico la entrega del país, a cambio de prebendas que le permitieron reproducirse como clase política. La UCR y entre otras cosas, pidió la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires (artículo 129) que le dio el mando a De la Rua y le abrió el paso para su candidatura presidenciable. Carlos Menem consiguió la reelección y varios gobernadores vieron con beneplácito la posibilidad de privatizar los recursos naturales y hacer negocios con las empresas del extranjero para hacer caja. Era el precio de una clase política que a cambio de su supervivencia frente a la estampida neoliberal, entregó los intereses nacionales. Nuevamente en la mente de los intelectuales liberales, el programa de la civilización extranjera tenía que ser la solución de los males argentinos como cuando derribaron a Rosas. También como en 1852, se planteó que el drama del país debía resolverse con propuestas foráneas del estilo del Consenso de Washington o con la importación de mecanismos institucionales de Europa. Toda la mitología y la fraseología del libre mercado y las soluciones de los abogados y tecnócratas, se fueron en helicóptero con De La Rua y nos dejaron el dramático resultado de la dependencia nacional. Pese a la derogación de la Constitución de 1949, a los bombardeos o a los asesinatos de civiles desde 1955 en adelante y más allá del deterioro de la economía o de la tragedia social de los años noventa, el nacionalismo industrialista y popular tiene profunda actualidad. La recuperación del ANSES y la entrega de 2,5 millones de nuevas jubilaciones muestran la vigencia del artículo 37, inciso III, “de la ancianidad”, de la Constitución de 1949. El subsidio universal por hijo es una muestra del vigor del artículo 37, Incisos II y IV de 1949. La recuperación de empresas estratégicas (aerolíneas, correos, agua, etc.-) y pese que falta mucho por hacer, se inscriben en la tradición del artículo 40 del documento del 1949. Los anhelos de independencia económica, justicia social y soberanía política sistematizados en la Constitución de 1949, tienen y seguirán teniendo, vigencia en la práctica de las organizaciones libres del pueblo y en la nación en su camino a la autodeterminación. De la misma manera que en 1829, en 1916 y en 1946, las soluciones a los desafíos del país, vendrán de la acción política de las organizaciones libres del pueblo y no de los operadores del extranjero o de las leyes escritas por los intelectuales liberales.

lunes, 4 de abril de 2011

Unidos o dominados

Aritz Recalde, abril de 2011




Los medios de comunicación concentrados, son los mentores ideológicos de la oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Detrás de ellos, se encuentra la "mano invisible del mercado", compuesta por los grandes grupos de poder concentrado ligados al modelo neoliberal sojero y financiero. El objetivo estratégico de los oligopolios de la comunicación, es el de dividir el movimiento policlasista que acompaña a Cristina y el de lograr que el Frente Para la Victoria (FPV) sea un partido liberal vaciado de contenido y fiel a los mandatos del poder concentrado. Los medios de comunicación buscan separar del proyecto nacional a los representantes directos de los trabajadores. Lo mismo hacen con los miembros de la clase política que cumplen tareas centrales y estratégicas en la consolidación del proceso de desarrollo. Es a partir de aquí, que los oligopolios identificaron cuatro figuras sobre las cuales realizar la tarea de desgaste, de hostigamiento y de difamación permanente. El primero de ellos, es Hugo Moyano, líder del movimiento obrero y exponente central del proceso de organización de los trabajadores. La Confederación General del Trabajo (CGT) está afiliando y dando organicidad a los asalariados que tienen trabajo como producto de la reconstrucción industrial y el modelo iniciado en 2003. Es al movimiento obrero fortificado y consciente, al que la oligarquía teme y no sólo a su máximo dirigente. Asimismo, Moyano con el MTA, es un símbolo de la resistencia al proyecto neoliberal y es una figura clave de la distribución de la riqueza y la recuperación salarial. El segundo enemigo de la prensa, es Luis D´Elia. En este caso, se trata de distanciar del proceso político a un referente de las organizaciones sociales y de los trabajadores desocupados. En definitiva, buscan eliminar del FPV a los trabajadores, ocupados y desocupados, para dejar a Cristina en manos de una dirigencia política liberal y de un conjunto de empresarios. Las otras dos figuras que odian los medios, provienen de la clase política y son pilares fundamentales del modelo de desarrollo industrialista y popular. Uno es el denigrado Guillermo Moreno, al cual combaten los medios por su sólida postura de enfrentamiento a los oligopolios. Odian a Moreno, ya que el dirigente le cuestiona a los poderosos la apropiación de ganancias vía inflación y no por sus “modales”. El cuarto y último nominado al hostigamiento mediático permanente y a la difamación de la oposición, es Julio De Vido. El Ministro de Planificación es uno de los estadistas del modelo y junto a Néstor y a Cristina, está organizando la infraestructura para que el país supere su condición agrícola ganadera y consolide la industria nacional. Julio De Vido, es el dirigente que está pensando el país en el mediano y largo plazo y de su triunfo o su fracaso, dependerá la posibilidad de alcanzar la independencia económica del país. El triunfo y la profundización del modelo, van a estar dadas por la capacidad de mantener unido al proyecto nacional frente a la acción desestabilizadora y las operaciones de prensa. Asimismo y a diferencia del planteo de los oligopolios, el crecimiento y la importancia de lo que representan Moyano, De Elia, Moreno o De Vido, es la garantía del triunfo y nunca su impedimento. Los trabajadores, los dirigentes combativos y los intelectuales al servicio de la causa nacional, nunca fueron, ni serán, los enemigos del peronismo. El 2011 nos encontrará unidos o dominados.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Chicos de la guerra o héroes de Malvinas?

Aritz Recalde, marzo 2011 “Los argentinos, especialmente no han podido olvidar que se trata de una parte importante de territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con escollos opuestos a su definitiva organización (…) El precedente de la injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo o de usurpación?”. José Hernández sobre Malvinas, año 1869.



La división mundial del trabajo establece que las naciones periféricas deben ser una granja de producción agropecuaria y que tienen que importar la manufactura para dar trabajo a los habitantes de las metrópolis. La división mundial de la ciencia y de la cultura, condena a los Estados del tercer mundo al subdesarrollo y a la importación de patentes e innovaciones, cerrando la posibilidad de producción autónoma de conocimiento y más aun, de saber articulado a la industria nacional. Claramente, las dos divisiones mencionadas consolidan una tercera, que es la social y que establece que los Estados del sur del planeta padezcan la desigualdad e inestabilidad social crónica y permanente, para alimentar el nivel de vida del primer mundo. Finalmente, hay una división mundial de la vida y de la muerte que permite que algunos Estados tengan el derecho a asesinar a los habitantes de otros pueblos. Las manos de Europa y de Estados Unidos están bañadas de sangre y dichas potencias se caracterizaron por la ocupación e intervención violenta en todo el planeta en guerras “ofensivas y defensivas” contra el “fascismo, el comunismo, el terrorismo, la droga o por la democracia”. Nuestro país fue víctima de esa división mundial de la guerra y la política y el mismo día que tomamos posesión de nuestro territorio en Malvinas, las potencias declararon el bloqueo económico, político y cultural al país y organizaron la agresión y el asesinato de nuestros soldados. La ONU, la OTAN, la Comunidad Económica Europea, los capitalistas y los comunistas, justificaron públicamente y ante el mundo, por acción o por omisión, la agresión a la Argentina por parte de Inglaterra. En la división mundial de la guerra que se refleja y por ejemplo, en el cine de EUA, se puede matar a un supuesto terrorista árabe, a un supuesto comunista latinoamericano, a un supuesto narcotraficante latinoamericano, nunca a un supuesto demócrata europeo. Perdimos la guerra en el año 1982 y la peor derrota no fue la militar, sino que fue la cultural. La derrota cultural frente a la agresión europea, fue producto del neocolonialismo y de la tarea de persuasión ideológica sobre nuestras clases medias y altas, ejecutada por los países centrales. Esa dirigencia neocolonial y sus intelectuales, fueron los que ocultaron en el patio trasero del país a los soldados cuando regresaron de la guerra en el año 1982. Actualmente, se continúa subestimando la acción de los combatientes que impidieron desembarcar y tomar posesión en tierra a los británicos y a la OTAN por casi 3 semanas, que destruyeron o averiaron 31 buques y 45 aeronaves y que ocasionaron, según fuentes oficiales británicas, la muerte de 255 agentes enemigos, hiriendo más de 700 de ellos . Nuestros patriotas y pese a esa importante resistencia al enemigo ingles y a las potencias aliadas, son denominados “chicos de la guerra” por los intelectuales protagonistas de la desmalvinización. En la reconstrucción oficial que impulsó el alfonsinismo, solamente se menciona a Galtieri como el causante fundamental del conflicto y se subestiman importantes elementos históricos para comprender la guerra del Atlántico Sur, como fueron las acciones diplomáticas iniciadas desde 1833 por Manuel Moreno, la resistencia del gaucho malvinense Antonio Rivero en 1833, las opiniones de figuras como José Hernández, las gestiones del gobierno de Perón iniciadas en 1946, el vuelo del Operativo Cóndor en 1966, los reclamos en la ONU o las innumerables negociaciones frente a Inglaterra y las naciones del mundo. La guerra y siguiendo a los promotores de la desmalvinización, fue solamente una especulación política de Galtieri. Según estos, no existió un ejército combatiente ni un pueblo que le dio apoyo, ni tampoco acciones militares de envergadura por parte de nuestro país, más allá del maltrato de los oficiales a los “chicos de la guerra”. Se esconde a las nuevas generaciones, el sentimiento de apoyo popular en el país que implicó y entre otras cuestiones, el soporte público de la CGT y una movilización de más de 50 mil personas en las calles. Poco y nada se dice a los jóvenes, que se produjeron masivas manifestaciones en el continente latinoamericano durante la guerra y que y por ejemplo, el 2 de abril de 1984 y pese a que Alfonsín sostuvo que la guerra “fue una aventura incalificable”, se reunieron 4 mil ex soldados y 15 mil civiles que arrancaron la estatua de George Canning y la tiraron al Rio de La Plata . Otro rasgo característico de los debates sobre la guerra, es que la severidad para cuestionar a los mandos argentinos, no se aplica para criticar las atrocidades de los ingleses en los fusilamientos a soldados y poco se dice de los maltratos que recibieron de los colonialistas que y por ejemplo, los enviaban a sacar minas que explotaban el camino. Frente a la agresión colonialista, no es frecuente mencionar que el desembarco nacional se ejecutó sin cometer atropellos contra los habitantes y con la perspectiva de forzar una negociación, que había sido negada por décadas por Inglaterra. No es frecuente escuchar entre tanta “mea culpa por el atrevimiento argentino”, de que los ingleses mataron, torturaron y constituyeron crímenes de guerra hundiendo al General Belgrano en la zona de exclusión. La intelectualidad protagonista de la desmalvinización, se siente cómoda denunciando los abusos de poder de los militares argentinos y poco dice de las atrocidades del enemigo y de su decisión de no negociar causando la muerte de los soldados. Analizando las opiniones sobre la guerra, debemos decir que no son los más de 600 muertos los que escandalizaron al alfonsinismo en 1983 y a los promotores de la desmalvinización. Por el contrario, el problema profundo que tienen estos actores con la guerra y aunque no lo digan públicamente, fue la existencia de un sentimiento de hostilidad al europeo por parte del pueblo. Por el contrario, es interesante remarcar que la historia del país se caracteriza por un constante derramamiento de sangre y que los símbolos de importantes grupos de clase media, son la Batalla de Caseros y el golpe militar 1955. Todo el aparato cultural liberal hace apología de la violencia y los asesinatos de los caudillos federales y los trabajadores peronistas y lo hace en nombre de la civilización europea y la democracia. ¿Por qué no hay una mención a los “chicos de la guerra” que participaron conjuntamente al imperio del Brasil, Inglaterra y a Urquiza en Caseros?, ¿por qué no existió una crítica a los comandos civiles y a los “chicos de la guerra” llevados por sus superiores para bombardear o asesinar niños y trabajadores en 1955?. Los intelectuales de la desmalvinización, sienten vergüenza de la existencia de un sentimiento popular nacionalista que niega la posibilidad de que el país se subordine a la “civilización” y que está dispuesto a combatir si es necesario. A partir de aquí, que dicho sector es más permeable a apoyar los asesinatos de trabajadores inocentes, que a reivindicar un combate contra los agresores de un imperio europeo. La vergüenza y la negación que sienten de la guerra de Malvinas muchos intelectuales, no se deducen ni de los muertos, ni la derrota de la guerra, sino del hecho de atacar a representantes de la “inmigración europea” que y tal cual sostiene el racista artículo 25 de la Constitución nacional, nos proponemos fomentar. La constitución en su artículo 25 y haciendo justicia con la historia, debería promover la inmigración de Perú, de Cuba, de los Países No Alineados o de los miembros de la UNASUR, que lucharon o que repudian actualmente, la acción de los ingleses en Malvinas. La historiografía que se escribió sobre la universidad argentina, es un claro ejemplo del tratamiento de las muertes y los conflictos militares que realizó el alfonsinismo en 1983. Actualmente, se continúa resaltando de manera positiva desde las casas de altos estudios, el golpe militar de 1955 y se denomina “edad de oro de la universidad”, a una institución que se organizó a partir de una cifra cercana a los 400 asesinatos entre el bombardeo y los fusilamientos de 1956. Algunos intelectuales universitarios, parecieran ser más proclives a justificar una intervención militar contra civiles para defender la autonomía de la institución, que para enfrentar al agresor extranjero en nuestros suelo. Incluso, con la agravante diferencia, que en 1982 se buscó forzar una negociación con una ocupación militar que no mató ni bombardeó a la población civil y que luego, por la negativa británica a negociar, culminó en la guerra. La hipocresía historiográfica de los alfonsinistas que impulsaron la desmalvinización, es un síntoma del neocolonialismo y del sentimiento de inferioridad que siguen padeciendo muchos argentinos. La interpretación neocolonial del conflicto de Malvinas, reniega del derecho del país sobre su suelo, desconoce la larga historia anterior al conflicto y esconde la voluntad férrea y valerosa de nuestros combatientes contra el agresor. El ocultamiento de dicho sentimiento nacional antiimperialista, no es el primero y tiene importantes antecedentes. En 1845 ganamos la guerra pese a la derrota militar de la Vuelta de Obligado y finalmente, fuimos vencidos cuando a partir de 1852 aplicamos el programa liberal británico y francés en el Rio de La Plata. Los patriotas muertos al mando de Santiago de Liniers en las primeras invasiones inglesas o tras el comando de Lucio Mansilla en Obligado, fueron humillados por nuestro sometimiento al proyecto dependiente que le entrego la económica y el Estado al extranjero. Lo que no pudieron hacer los cañones, lo realizó el neocolonialismo cultural europeo y sus operadores que escribieron la historia oficial y que manejaron la prensa. Los soldados murieron luchando contra el imperialismo, mientras los intelectuales afrancesados y pro ingleses, entregaban nuestra economía al extranjero y escribían a favor del agresor en las plumas de Esteban Echeverría o de Juan Bautista Alberdi. La sanción del feriado en homenaje a la batalla de la Vuelta de Obligado, le va a permitir a las nuevas generaciones recuperar un hecho falseado por la historiografía liberal, afirmando nuestra conciencia histórica. Serán estas nuevas generaciones, las protagonistas de una revalorización del conflicto de Malvinas que muestre que al Atlántico Sur no viajaron solamente “chicos”, sino que fueron y principalmente, soldados armados en defensa de la patria empujados por el sentimiento popular histórico. La recuperación de la gesta de Malvinas no tiene por qué desconocer los errores de preparación y de desarrollo de la guerra o todo lo nefasto que fue el gobierno militar. Ahora bien y pese a eso, los caídos en la guerra no son meras victimas, son héroes de Malvinas que lucharon por terminar con una posición colonial británica dando cause a un sentimiento profundo e histórico. La sangre derramada y la prepotencia imperial, demostró la importancia estratégica de Malvinas que es una plataforma de la OTAN en Atlántico Sur y una fuente de petróleo y de riquezas pesqueras para el extranjero. Malvinas es y seguirá siendo, una causa nacional contra el imperialismo europeo que agredió al país en 1806, en 1838, en 1845 o en 1982. Vaya nuestro homenaje a los civiles y a los soldados que lucharon con la pluma y con el fusil, defendiendo nuestra soberanía contra la prepotencia inglesa.

martes, 15 de marzo de 2011

LOS PENSADORES NACIONALES

Aritz Recalde, junio 2010

El término “pensamiento” se vincula a la acción de “pensar”, definida como aquella actividad intelectual que intenta alcanzar la resolución de un problema. Siempre que nos refiramos a “pensamiento” o a “pensadores”, estaremos describiendo una actividad humana cuyo sustrato primordial se vincula estrechamente a la capacidad de dar respuesta a determinados interrogantes que nos presenta el medio social, político y cultural en determinado período histórico. Asimismo, hablamos de Pensamiento Nacional y no de Pensamiento Argentino, ya que el primero no implica únicamente un tipo de inscripción geográfica respecto a la producción intelectual, sino que además involucra un posicionamiento específico del intelectual y/o pensador en función del debate en torno al “problema nacional”. El Pensamiento Nacional aborda, desde diferentes perspectivas y ámbitos de acción, el debate sobre la nación cuya condición intrínseca implica problematizar y poner en cuestión, cuál es el camino más adecuado para alcanzar el desarrollo del país en el contexto de la división internacional del trabajo mundial. Cuando un grupo o conjunto social se organiza políticamente e intenta consolidar la nación, se habla de la existencia del “nacionalismo”. Dicho término, incluye la planificación del Proyecto Nacional que implica una respuesta teórica y conceptual a las demandas y a los anhelos de la comunidad. Asimismo, el nacionalismo involucra una práctica y una acción concreta de ejecución del Programa Nacional, experiencia sin la cual la comunidad no se realiza. Proyecto Nacional y práctica política, son los dos pilares sin los cuales no se consuma la nación y consecuentemente, el conjunto de actores que habitan su territorio. En esta misma línea argumentativa Juan José Hernández Arregui sostendrá que “La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación”.
A continuación y más no sea como un modesto aporte, le brindamos al lector algunos datos y opiniones de nuestros Pensadores.
Arturo Jauretche (1901-1974). Ensayista, periodista, miembro de FORJA y dirigente político. Autor de varios libros y artículos periodísticos entre los cuales se destacan Los profetas del odio (1957), Ejército y política (1958), El Medio Pelo en la sociedad argentina (1966) o su Manual de las Zonceras argentinas (1968). Jauretche afirmó que “El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la técnica universalista la preocupación por las necesidades de la comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional”.
Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz (1898-1959). Economista, periodista y colaborador de FORJA. Publicó varios libros y artículos entre lo que resaltan Política británica en el Rio de La Plata (1940) e Historia de los Ferrocarriles Argentinos (1940). Entre sus ideas puede rescatarse: “Desgracia de América fue la venalidad, por ingenuidad o por mala fe, de la inteligencia con mando y de la inteligencia desocupada. Esperanza de una salvación es el acercamiento de la inteligencia a los problemas americanos y su fidelidad hacia ellos”.
Homero Nicolás Manzione –Homero Manzi- (1907-1951). Poeta, escritor de letras de tango, periodista y miembro de FORJA. Escribió tangos como Malena, Sur o El último organito. Se le escucho decir en más de una oportunidad que “Hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto”.
Leopoldo Marechal (1900-1970): poeta y guionista de teatro. Entre sus obras más conocidas se destacan Adán buenosayres (1948) y Megafon o la guerra (1970) Marechal nos dijo: “El hombre de letras es un manifestador de su pueblo y de las virtualidades de su raza”. “Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones”.
Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Filósofo, catedrático y dirigente político. Publicó varios libros y artículos entre los que resaltan Imperialismo y Cultura (1957) y La Formación de la Conciencia Nacional. Arregui sostuvo que “La misión de la Universidad no es perpetuar el sistema sino contribuir a transformarlo. Y ésta no es misión de profesores que con un ojo miran a la oligarquía y al poder burocrático del Estado y con el otro a Europa, sino de educadores con conciencia nacional”.
Rodolfo Puiggrós (1906-1980). Historiador, periodista, catedrático y dirigente político. Publicó diversos libros entre los que resaltan De la Colonia a la Revolución (1940), su Historia crítica de los partidos políticos (1956) o El peronismo y sus causas (1969). Puiggrós afirmó que “Una Universidad popular es la que mira hacia adentro del país y hacia Latinoamérica, no hacia modelos extranjeros, ya sean ingleses, franceses o rusos. Es la Universidad puesta al servicio de la realidad nacional”.
José Hernández (1834-1886). Escritor, periodista y dirigente político. Entre sus obra resaltan la Vida del Chacho (1863), El gaucho Martín Fierro (1872) y la Vuelta de Martín Fierro (1879). Hernández sostuvo como consigna “Ocupémonos del porvenir; entreguémonos a la generación que viene una patria grande, libre, fuerte, organizada y respetada, y habremos cumplido la misión de nuestros padres”.
Manuel Ugarte (1874-1951). Escritor, periodista y dirigente político. Entre su extensa obra se deben mencionar Crónicas del Bulevar (1902), El porvenir de América Latina (1910) o La patria grande (1922). Ugarte estableció que se debe “abrir el espíritu a todas las formas de la elevación moral, y ninguna grandeza podrá ser mayor que la de una juventud que, sintiendo las palpitaciones de su tiempo, se declare preparada para afrontar las situaciones difíciles y para encararse con los obstáculos como los atletas que doblaban la arremetida de las fieras en la pista del circo romano. Los que respiran en una época de excepción como la nuestra, lejos de epilogar sobre los acontecimientos, deben vivirlos; lejos de juzgar la historia, deben hacerla”.
Oscar Varsavsky (1920-1976): científico y catedrático. Entre sus obras se destacan Ciencia, política y cientificismo (1967) o Hacia una política científica nacional (1972). Se propuso “hacer un llamamiento a todos los científicos politizados para que se liberen del culto a una ciencia adaptada a las necesidades de este sistema social y dediquen su talento a preparar científicamente su remplazo por un sistema nuevo, con una ciencia nueva”.
Rodolfo Ortega Peña (1936-1974). Abogado, periodista y dirigente político. Publicó varios artículos y libros junto a Eduardo Luis Duhalde entre los que resaltan Felipe Vallese, proceso al sistema (1965), Felipe Varela contra el Imperio británico (1965) o Baring Brothers y la historia política argentina (1968). Refiriéndose a la historia oficial sostuvo que “nuestros profesores universitarios, exigen un lenguaje mesurado, cuando se ataca a sus rancios próceres, pero no vacilan en usar los términos más innobles cuando deben pronunciarse acerca de los movimientos nacionales y sus representantes. Por esas razones, el estilo de este libro es duro y combativo. Responde, en sus justos términos, a es falaz actitud “académica”. Pero a diferencia de ésta, defiende tesis nacionales en forma documentada. En ese sentido, creemos solamente voceros de las masas populares restituyéndoles el patrimonio de la verdadera tradición histórica revolucionaria argentina y americana”.

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Periodismo militante o periodismo militar?


Aritz Recalde, marzo 2011

“Deseo expresar, una vez más, el reconocimiento del gobierno por la misión que el periodismo cumple en estas especiales circunstancias. (…) Debemos converger todos, civiles o militares, tras el supremo compromiso de la unión nacional”. Jorge Rafael Videla, Diario Clarín, 30 de enero de 1977 .

En una nota publicada en la Revista Veintitrés , el periodista del grupo Clarín Ernesto Tenembaum, se refirió a la construcción de los sucesos políticos que desarrolla la prensa argentina. Con la finalidad de encasillar a los diferentes modos posibles de presentar las noticias, Tenembaum introdujo la categoría de periodistas profesionales y de periodistas militantes. Dicha interpretación, supone que existe una divisoria entre un periodismo objetivo y neutral en sus opiniones y que es denominado como profesional; y otro que estaría politizado y cuya lógica de construcción de la noticia reposaría en la actividad militante. En este último universo y no por casualidad, el periodista de Clarín incluye a la agencia de noticias Telam y a su director Martín García. Lejos de ser una novedad, el argumento de Tenembaum es utilizado históricamente para acusar de falta de objetividad a todos aquellos intelectuales y profesionales ligados al periodismo, que no sostienen la línea editorial de los monopolios mediáticos o de las corporaciones económicas. Aplicando dicho razonamiento, existiría un periodismo independiente y objetivo cuyo paradigma es TN, Clarín o La Nación y otro militante, profesado y particularmente, entre el universo de los intelectuales K de 678 o de Tiempo Argentino.
Dicha interpretación nos parece demasiado simplista y a partir de aquí, que consideramos oportuno recuperar una categoría de Víctor Ego Ducrot, que nos posibilita ampliar la perspectiva de análisis. Este autor sostiene que la supuesta dicotomía clásica entre objetividad y subjetividad periodística, es un argumento erróneo al constatarse con la realidad. Tomando distancia de la supuesta existencia de un periodismo aséptico e independiente, Ducrot introduce la noción de Intencionalidad Editorial. A partir de esta categoría, el autor nos induce a interpelar la tarea de los productores de las noticias, atendiendo las relaciones de poder en las que el intelectual inscribe su práctica. En torno de este punto de partida, Ducrot formula la noción de que el periodismo es una especie del género Propaganda, cuya especificidad estriba en la utilización de las fuentes y los hechos, como recursos de producción editorial. Siguiendo al autor, es innegable que toda práctica periodística tiene una intención de influir en un contexto político determinado.
Atendiendo esa categoría nos permitimos afirmar, que la diferencia entre Ernesto Tenembaum y Martín García o entre Clarín y Telam, no es que unos son objetivos y los otros subjetivos, sino que y por el contrario, lo que tienen de distintos es la Intencionalidad Editorial de cada uno de ellos. Tenembaum y Clarín construyen la información para defender a un conjunto de corporaciones y de factores concentrados de poder. 678 y otros “oficialistas”, hacen una tarea cuya intencionalidad estriba en reconstruir las opiniones y las acciones de los depositarios de la democracia popular. Los primeros, construyen la noticia al servicio de los intereses del grupo que les paga el sueldo y de los auspiciantes económicos. Los segundos, trabajan al servicio de las mayorías que eligen sus candidatos por intermedio del voto popular de la democracia. Ambos y tomando distancia de la interpretación sesgada de Tenembaun, son militantes y desarrollan una actividad para influir políticamente sobre el contexto y lo que los diferencia es la intencionalidad que buscan con su tarea.
El epígrafe de Jorge Rafael Videla con el que empezamos el artículo, es emblemático de la Intencionalidad Editorial del grupo Clarín y del lugar que les da a sus empleados. La nota fue realizada por comunicadores del diario en plena dictadura militar. La entrevista que se publicó el día domingo 30 de enero de 1977 y que incluyó más de diez sugestivas preguntas, le permitió al dictador hablar de la supuesta paz alcanzada con su gobierno, de la teórica unidad nacional, del deber ser de un régimen democrático, de las virtudes de la economía liberal o de su lucha política que llamó antisubversiva. Mientras tanto, el país fue bañado de sangre, se destruyó la economía y se descapitalizó el Estado. En esa misma época, los dueños de Clarín se apropiaron de manera dudosa de dos menores y adquirieron de forma fraudulenta las acciones de Papel Prensa. Tan trascendente y valioso fue su apoyo a la dictadura, que Videla y tal cual lo dicen sus palabras, le reconoció al periodismo “su misión” para justificar el terrorismo de Estado y las defraudaciones que destruyeron el país.

Este y otros casos históricos, muestran cuál ha sido la Intencionalidad Editorial de muchos grupos mediáticos autodenominados independientes o profesionales. A partir de aquí, que la verdadera dicotomía que existe a la hora de ejercer la actividad, no es entre practicar un periodismo profesional y otro militante o entre uno objetivo y otro subjetivo. El dilema actual para los intelectuales, es si desarrollan una práctica a favor de las mayorías o lo hacen atendiendo los intereses de las corporaciones. En definitiva, se trata de saber si implementan un periodismo de intencionalidad militar con Rafael Videla y Clarín o aplican un periodismo militante, siguiendo la tradición popular de las figuras como Rodolfo Walsh o Rogelio García Lupo.


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