martes, 1 de julio de 2008

Peronismo y Política Agraria entre los años 1943-55 y 1973-75


Aritz Recalde, julio de 2008

Ponencia efectuada en la Carpa de la JP en Plaza Congreso, CABA, 30-06-08.



A continuación presentamos un breve resumen de los proyectos de política agraria del peronismo entre los años 1943 – 1955 y entre 1973 - 1975.

Consideramos pertinente establecer a modo explicativo la diferenciación existente entre los distintos actores que se apropian la renta agraria y con los cuales el peronismo se relacionó:
1- Productores (grandes, pequeños, arrendatarios, trabajadores).-
2- Exportadores (transporte, acopio, exportación, financiamiento).-
3- Estado.-

Asimismo, se deben diferencia los 4 momentos por los cuales atravesó la política agraria peronista en el período en cuestión:

1- 1943-46: aplicación de leyes sociales a favor del pequeño productor, del arrendatario y del trabajador rural.
2- 1946-52: Nacionalización del comercio exterior y transferencias de recursos del sector agrario hacia la implementación del Primer Plan Quinquenal. Política de colonización y expropiaciones públicas de tierras.
3- 1952-55: tecnificación del campo y caída de precios internacionales. Apuntalamiento del Estado al sector agrícola con el objetivo de aumentar divisas para desarrollar el Segundo Plan Quinquenal.
4- 1973-75: apoyó al arrendatario, nacionalización del comercio de granos y carnes y proyectos de impuestos a la renta potencial.

Los temas van aparecer de forma extremadamente resumida esperando poder contribuir al ingreso a la problemática de aquellos actores no especializados en problemas agrícolas e interesados en comprender el paro agropecuario actual a la luz y las políticas del programa del general Juan Domingo Perón.

Hay 3 actores que se distribuyen la renta agraria:



A- PRODUCTORES
1- Terratenientes - propietarios: Estancia Ganadera - agrícola. (Hoy: SRA, CARBAP,CRA)
2- Arrendamientos (chacras ganaderas o agrícolas). (Hoy: pool se siembra – FAA: Grito de Alcorta, Santa Fe, 1912)
3- Mano de obra (estable – temporaria) y pequeños productores familiares (MOCASE, MoCaFor, etc. - Frente Nacional Campesino-).


B- EXPORTADORES
(Hoy: Bunge Born, Nydera, Cargill, etc.-)
Transporte. Acopio. Exportador. Crédito.

C- ESTADO
Instrumentos e instituciones del Estado durante 1946 y 1955 vinculadas al programa agrícola:
CONSEJO NACIONAL DE POSGUERRA (Decreto 23.847/44)
CONSEJO AGRARIO NACIONAL (1940): desde 1945 depende de la Secretaria de Trabajo y Previsión.
INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO (IAPI)
JUNTA NACIONAL DE CARNES
JUNTA NACIONAL DE GRANOS
BANCO DE CRÉDITO INDUSTRIAL
BANCO HIPOTECARIO
FABRICACIONES MILITARES
(Industrias Aeronáutica y Mecánica de Estado –IAME-)
MINISTERIO DE ASUNTOS AGRARIOS



Políticas del período 1946-1955 y medidas desarrolladas por el gobierno sobre los 3 actores fundamntales:


Políticas aplicadas sobre los PRODUCTORES diferenciados por grupo y función:


1- TERRATENIENTES – PROPIETARIOS.
I Plan Quinquenal: Transfiere excedente al Estado.-
II- Plan Quinquenal: tecnificación y aumento productivo.

2- PEQUEÑOS PRODUCTORES Y ARRENDATARIOS
- Suspenden juicios por desalojo rurales.
- Dto./Ley 14.001/43 de Arrendamientos y Aparcerías Rurales (las anteriores eran de 1931 y 1932): fija las rentas y obliga al terrateniente a asumir riesgos. Congelan arrendamientos y favorecen el acceso a la propiedad (Crean Cámaras Paritarias para efectivizar esta cuestión).
- Instituto de Colonización (ley 12.636/40) Consejo Agrario Nacional (1940): la primer gestión esta en manos de Antonio Molinari. Se expropian 2 millones de hectáreas entre 1946 y 1955 ( a Patron Costas o Pereira Iraola). Publica revistas, diarios, desarrolla conferencias, entrega tierras fiscales.
En 1946 pasa a depender del Banco Central.
- Importan y producen tractores y maquinaria agrícola. IAME: tractor Pampa.
- Fijan precios justos.
- Se otorgan créditos y asesoramiento técnico.

3- MANO DE OBRA - PEQUEÑOS PRODUCTORES FAMILIARES
A- Leyes protectoras
- Estatuto del Peón Rural o del Campo (Dto-ley 28.194 de 1944): contempló a trabajadores permanentes. Fija salario mínimo (duplica el actual) y establece derechos sociales (vacaciones, descanso dominica, indemnizaciones, aguinaldo, comida, vivienda, etc.-)
-Trabajadores Rurales Transitorios ley 13.020/47.
- Estatuto Tambero Mediero (1946).

B- Derechos sindicales:
- Creación de Negociaciones Colectivas.
- Sindicatos rurales. 1945 Centros de Oficio Rurales.-
1947: Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE)

Políticas aplicadas sobre los EXPORTADORES
Medidas tomadas:

I- COMERCIALIZACIÓN
- Se declara a los monopolios internacionales como adversos al interés general: Bunge Born, Dreyfus.

INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO Dto. 15.350/46 (liquidado por Dto. 2539/55)
Es un ente autárquico dependiente del Banco central (1946-49) y luego pasa al Ministerio de Economía (1949).

Pasa por dos Momentos:
Primero: Etapa Capitalizadora: el campo financia el Ier Plan Quinquenal.-

Segundo: Etapa Subencionadora.
Este segundo momento se liga a:
- la competencia internacional y caída de precios.
- a la sequía de 1951.
- Mayor consumo interno y menores saldos exportables.
- II Plan Quinquenal: Mecanizar; desarrolla nuevas semillas; fomentar las cooperativas.
- Se crea la Junta nacional de Carnes.
- Junta Nacional de Granos (1933 y refundada en 1944).

Tareas que desarrolladas:
1- Comerciales: compra, exporta y distribuye. Firma convenios y otorga créditos a naciones extranjeras para la compra de nuestra producción. Defender precios y proteger al pequeño en época de crisis ( principalmente desde 1951 y tras la segunda II guerra que introduce como competidores a Australia, Francia, EUA, Canadá).
2- Financieras. Otorga fondos al:
- Estado: nacionalización de servicios públicos (gas, trenes, flota mercante) y maquinaria e infraestructura.
- Sector privado: crédito y subsidios.
3- Regulaba mercado interno:
- Compra productos sin colocación (arroz 1952)
- Fija precios (carne, harina).
- Compra excedentes.
- Compra materia prima para la industria.
4- Promoción y fomento:
- Buscar Mercados: propaganda en el extranjero.
- Combate plagas.
- Aporta tecnología: inseminación artificial, leche y silos.
- Fomento y campañas de la inmigración y colonización.
- Venta de productos al costo a la industria.
- Distribuye semillas.
5- Abastecimiento del mercado interno y la industria: tenía facultades expropiatorias (Pino de Rumania 1949).
6- Subsidiaria para mantener bajo el costo del trabajo: ganadería, frigoríficos, etc.

II- BANCOS
- Nacionalización de depósitos bancarios y del Banco Central (Dto. 8503/46): se desarrolla una política activa de tipo de cambio. (fue suprimida la Corporación para la promoción del intercambio)
- Se fomenta: Banco de crédito Industrial.
- Banco Hipotecario.
- Leyes fijando las exportaciones de remesas de empresas extranjeras.

III- TRANSPORTE
- Desarrolla una Flota Mercante nacional.
- Se desarrolla una Flota Aérea.
- Se nacionalizan ferrocarriles.


Políticas desarrolladas para construir un nuevo ESTADO:

I y II Planes quinquenales: política nacional de desarrollo cuyos pilares eran la industria y la justicia social.
El campo oficiaría como medio para un fin: el desarrollo sustentable del país.

Organismos creados o promovidos:
CONSEJO NACIONAL DE POSGUERRA (Decreto 23.847/44)
CONSEJO AGRARIO NACIONAL (1940): desde 1945 depende de la Secretaria de Trabajo y Previsión.
INSTITUTO ARGENTINO DE PROMOCIÓN DEL INTERCAMBIO (IAPI)
JUNTA NACIONAL DE CARNES
JUNTA NACIONAL DE GRANOS
BANCO DE CRÉDITO INDUSTRIAL
BANCO HIPOTECARIO
FABRICACIONES MILITARES

El proyecto fue Institucionalizado con la CONSTITUCIÓN DE 1949 que estableció:
- Derechos del Trabajador sancionados desde 1943.-
- Noción de Estado Empresario.-
- Faculta al Estado para nacionalizar el Comercio Exterior



Políticas desarrolladas durante 1973-1975.



1972 “Actas de Compromiso” entre el futuro gobierno y la SRA, la FAA, las Ligas Agrarias (no acompaña CARBAP).

Se escribe el documento “Reforma Agraria Integral”. Objetivos:
1- Mayor productividad.
2- Colonizar tierras fiscales: Vs latifundio y apoyo a unidades familiares.
3- Impuesto a la renta potencia de la Tierra.
4- Restitución del Consejo Agrario Nacional: colonización, crédito, desalojos, seguro agrícola, etc.-
5- Programa de conservación de suelos.
6- Investigaciones del Estado.

Plan Trienal: Plan Sectorial Agropecuario (1974-77)
Horacio Giberti, Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación: ratifica Actas de Compromiso.

Leyes Sancionadas
1- Ley sobre desalojos 20.518/73.
2- Ley de fomento agrario 20.543/73.
3- Junta Nacional de Carnes 20.535/73
4- Junta Nacional de Granos 20.573/73: monopolio del comercio exterior de cereales. Se contempló la exportación de empresas nacionales.
5- Ley 20.538/72
a- Impuesto Nacional de Emergencia sobre tierra libre de mejoras.
b- Desde 1975 correría la Renta Potencial Normal de las Explotaciones Agropecuarias.
Se establece el impuesto porcentual sobre el suelo y se obliga a los propietarios a presentar declaraciones juradas de su costo (sería el precio de la potencial expropiación).

No sancionadas
ANTEPROYECTO DE LEY AGRARIA. 1er ronda mayo 1974 y luego septiembre 1974. Apoyó FAA y Ligas Agrarias. En contra: CRA, CARBAP, SRA.

- Incluyó las competencias de las leyes mencionadas.
- Facultades expropiatorias al Estado sobre las tierras improductivas: con el fin de alcanzar la política de colonización (se emiten bonos agrarios que se otorgarían para financiar la expropiación).
- Establecía prioridades al Estado para la compra del suelo.
- Fomentaba las formas directas de producción: familias y cooperativas.
- Arrendamientos: fijaba precios, obligaba a reconocer mejoras, establecía derechos preferenciales de compra. Establecía arrendamientos forzosos.

martes, 24 de junio de 2008

Política Nacional o Autonomía Universitaria: ¿quién debe planificar la política educativa?

Comentarios al artículo de Juan Pablo Casas, “Polémica por el proyecto de crear otras 7 universidades nacionales”, diario Clarín.
Aritz Recalde, mayo de 2008
La nota de Clarín comenta diversos proyectos de creación de Universidades nacionales y trae a consideración algunas voces que ponen en cuestión la legitimidad de las nuevas instituciones. Dejando de lado cada una de las propuestas mencionadas, nos interesa señalar que el artículo acarrea un tema más profundo y es aquel referente a quién debe planificar la creación de Universidades y la política educativa. Por un lado, tal cual lo transcribe Casas, están aquellos que sostienen que se le deben dar mayores facultades en estos temas al Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y a los Rectores de las universidades autónomas. Por otro lado, están otros que guiándose en la ley, sostienen que es el Congreso de la Nación el ámbito legal y lo que es trascendente además, es el lugar legítimo para su creación.
La ley 24.541 (LES) en el artículo 48 sostiene que solo pueden crearse universidades por “ley de la Nación, con previsión del crédito presupuestario correspondiente y en base a un estudio de factibilidad que avale la iniciativa” y el mismo artículo sostiene que “tanto el cierre como la creación requerirán informe previo del CIN”. Contrariando la LES, Casas expresa la voz del CIN que le reclama al Estado nacional que el mencionado “informe previo” sea vinculante. Dichos Rectores y tal cual se expresa en algunos comentarios del CIN en este y otras intervenciones públicas, cuestionan al sistema político argentino y sus instituciones al sostener reiteradamente que la universidad autónoma debe planificar las políticas del conjunto del Estado y que los ámbitos de expresión mayoritaria, en este caso el Congreso de la Nación y las comisiones de educación, deben mermar en sus facultades.
Tal cual se expresa diariamente en el funcionamiento de la Educación Superior, ésta concepción genera una escisión profunda entre la democracia de masas y sus representantes, y la universidad cogobernada que funciona, con pocas excepciones, sin generar ámbitos de coordinación con el conjunto del Estado y las organizaciones económicas, sociales o culturales de una región.
El Congreso es la expresión federal de la voluntad popular, buena o mala, pero innegablemente producto de la democracia de masas. No ocurre lo mismo con el cargo de Rector de una Universidad que nace de una elección producto de un conjunto reducido de actores de la comunidad. No desconocemos la opinión del CIN, pero si creemos que el debate de la planificación universitaria debe dar lugar, prioritariamente, al conjunto de actores de la comunidad nacional ligados a las políticas públicas, la producción y el trabajo. Los Ministros de las distintas carteras y en una acción conjunta con los legisladores y los representantes de las organizaciones de la producción y el trabajo de cada región, deben ser los encargados de formular y acompañar la política de creación de universidades. En este cuadro, el CIN puede dar su opinión que no por ser importante, tiene que dejar de ser “no vinculante”. El Congreso y el conjunto de los representantes de la política de la nación, son los depositarios legales y legítimos, que deben planificar la Política Universitaria que tiene que atender las necesidades del conjunto del país y no solamente, la opinión del grupo de universitarios que gobiernan las Casas de Altos Estudios.
Tras 25 años de política electoral de masas, estamos seguros de la importancia que implica reforzar la democracia atendiendo las decisiones de las mayorías para la formulación de las políticas de Estado: los temas universitarios no son la excepción. En este sentido es que el Estado y sus representantes de la elección popular, tiene que iniciar un debate profundo sobre la Planificación Universitaria Nacional y dicha cuestión no puede ser delegada a un grupo de Rectores. Asimismo, y tal cual lo expresamos en las “65 propuestas para refundar Otra Universidad”, consideramos central para la calidad de la democracia y la vida de los habitantes de la comunidad, que los representantes de la políticas públicas municipales y provinciales, conjuntamente a los de la producción y el trabajo de cada región, ingresen al gobierno de las Universidades. En su defecto, se corre el riesgo de implementar dos democracias: una de elites universitarias “autogobernadas” y distantes de la gente; y otra de mayorías populares expresadas en gobiernos que no encuentran canales para relacionarse con la Universidad que les da la espalda. Esta separación puede promover corporaciones universitarias desentendidas de los problemas de la región de la cual forman parte y solamente con más democracia podemos superar este obstáculo.

viernes, 13 de junio de 2008

Intelectuales y país en la antesala neoliberal: Morir con Rodolfo Walsh para resurgir desandando caminos

Iciar Recalde
Diciembre de 2007
Desacarga el libro completo:
Este escrito traza un recorrido por algunos aspectos y tópicos de cierta zona del campo intelectual de “izquierda”, que se tornaron fuertes en la conformación un tipo de intelectual colonizado en la Argentina de mediados de la década de 1980. En naciones del Tercer Mundo como la Argentina, donde la soberanía política, económica y cultural se encuentra sumida a los intereses de las grandes metrópolis imperialistas, encargadas de diseñar nuestras agendas de gobierno y de explotar el patrimonio nacional, la cuestión del rol de los intelectuales se torna medular. En este sentido, observamos que a lo largo de la historia nacional y en sus distintas variantes, los intelectuales han cumplido funciones fundamentales en la formulación de los mecanismos de dominación cultural, han sido factores activos en el proceso de constitución, como asimismo, en la puesta en crítica y posible reformulación, del estado de dependencia permanente de las naciones periféricas. Se trata del proyecto ideológico diseñado, plasmado y difundido por la revista de debate político La Ciudad Futura. Revista de cultura socialista, aparecida en el año 1986 y cuyas figuras fundamentales provenían de una trayectoria intelectual signada por un fuerte vínculo con la política de izquierda revolucionaria, como parte, por ejemplo, de la experiencia de la revista Pasado y Presente a mediados de la década de 1960. En el campo de la producción cultural nacional, La Ciudad Futura surgiría fuertemente asociada, tanto por el cruce de participantes como por la línea ideológica compartida, con la revista de cultura Punto de Vista y con el Club de Cultura Socialista fueron los espacios de discusión intelectual donde se operó la mutación político ideológica que emergió fuertemente consolidada años después en las páginas de La Ciudad Futura. Intentaremos en este escrito, trazar el recorrido de lo que podríamos denominar en términos de derroteros del intelectual colonial en un País del Tercer Mundo, en la medida en que comenzaremos nuestra exposición a través del bosquejo crítico del itinerario del grupo desde su conformación como tal, como asimismo a través de la centralidad que fueron cobrando ciertas figuras medulares del mismo en el campo intelectual y político de la Argentina de los años ´60 y ´70 (en los apartados “Contexto de surgimiento y formación del núcleo duro de La Ciudad Futura”, “Peronismo e izquierda armada”, “Intelectuales y lucha revolucionaria: contrapuntos”, “Algunas notas sobre la experiencia de Pasado y Presente”, “Pasado y Presente y los virajes políticos”, “Pasado y Presente y el Ejército Guerrillero del Pueblo”, “La experiencia de las Cátedras ´Marxistas´”, “La universidad en los años ´60” y “Montoneros, FAP y las Cátedras Marxistas”). Producido el golpe de Estado de 1976 (“Dictadura: algunas notas sobre economía, cultura e intelectuales”) analizaremos su accionar en el exilio mexicano (“La experiencia del exilio: la revista Controversia. Para el análisis de la realidad argentina”, “El marxismo del grupo de Pasado y Presente agoniza” y “Palabras preliminares: el grupo de Pasado y Presente en los ´80”) y posteriormente, centraremos nuestro interés de lleno en el período específico que seleccionamos para el análisis: las décadas de 1980 y 1990 a través de La Ciudad Futura, momento de materialización del proceso de colonización mental del grupo (“La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista”, “Corpus y figuras recurrentes”, “Intelectuales del compromiso con la derrota”, “Nosotros los socialistas”, “Condena al intelectual del compromiso”, “El grupo Esmeralda”, “Nosotros de izquierda: debates, enemigos políticos y focos centrales de crítica”, “Disparen contra la izquierda”, “Transición democrática y fantasma del golpe de Estado”, “La Ciudad Futura frente a las leyes del perdón alfonsinista”, “Avances y retrocesos del alfonsinismo: políticas del olvido”, “Acerca de la Ley de “Autoamnistía (Ley Nº 22.924)”, “Los Decretos 157/83 y 158/83”, “El juicio a las Juntas Militares”, “Traiciones radicales I: Ley Nº 23.492 (Punto Final)”, “Traiciones radicales II: Ley Nº 23.521 (Obediencia Debida)”, “La Ciudad Futura ante las leyes alfonsinistas”, “Los “debates” hacia el seno de la revista”, “Alfonsinismo y modelo democrático: democracia y después”, “Los años de Menem”, “Variación I: revisión del peronismo histórico”, “Variación II: la cuestión económica”). Para quienes creemos que toda práctica cultural de revisión del pasado tiene como fin ejercer la memoria, actuarla y actualizarla como una forma de militancia tendiente a modificar un presente de injusticias, estas páginas intentarán dar cuenta del recorrido por un proyecto que logró instalar un modelo de intelectual colonizado, posibilista, progresista en el discurso pero reaccionario en la práctica política, ferviente defensor de las “reformas estructurales“ que beneficiaron a las minorías, pero escéptico a todo lo que no era propuesto por el neoliberalismo y, que a pesar de estar siendo discutido en la actualidad, posee aún una fuerte carga de legitimidad en el imaginario social y en las distintas instituciones productoras y reproductoras de la cultura y que, creemos, debe ser combatido desde todos los frentes en la conformación de un intelectual identificado con los intereses de las mayorías populares, o tal como quería Gramsci, orgánico a las clases subalternas. Al presente, en el marco de las luchas de las Organizaciones Libres del Pueblo por volver a forjar un proyecto de liberación nacional, estas páginas intentarán ser, como muchas otras que se escriben hoy incesantemente, meramente un poco de tinta y papel al servicio de ese proyecto.
Descarga el libro:

martes, 10 de junio de 2008

Literatura Nacional




AVENTURAS DEL CABO LAGUNA

"Primera parte de una saga criolla" (descarga Cap. 1 a 3 del libro)
Manuel Ares, 2008.-

PRÓLOGO
Ernesto Jauretche, marzo de 2008.-

En 1975, cuando ya podía darse por cierta aquella aseveración de Lenin de que lo realmente difícil de una revolución viene cuando se llega al poder, Rodolfo Walsh convocó a un grupo de intelectuales para poner de manifiesto su idea de que era urgente empezar a producir: “Si ganamos -dijo- vamos a escribir la historia; pero si perdemos habrá un genocidio cultural”. La exhortación a trabajar para dejar evidencia de nuestro proyecto revolucionario no estaba dirigida a los cientistas sociales: “La historia se va a refugiar en las artes -afirmó-. Sobrevivirán la poesía, la literatura, la música, la plástica; sólo la ficción dará testimonio de lo que somos y de lo que soñamos”.
Un caso típico de esto es el apasionante relato de Pantaleón Rivarola en “Las atroces invasiones inglesas” de 1808. Casi único original en castellano, el poema da detallada cuenta del heroísmo desplegado por la población del río de la Plata en aquella ocasión. Valga como muestra algunos versos:
En el campo que se nombra
de Perdriel, por una hacienda,
cuyo dueño así apellida,
………………………………
algunas gentes armadas
de fusil y bayoneta
con dos tristes cañoncitos,
sin avantren ni cureñas
se iban juntando sin orden,
sin guardias ni centinelas,
para unirse con el cuerpo
de tropas que ya se espera.
El General Beresford
que esto sabe con certeza,
el día menos pensado
de noche el viaje acelera
con tren de volantes fraguas,
y sobre toda esta fuerza
quinientos de sus soldados
con sus sables y escopetas.
Los nuestros que descuidados
dormían a rienda suelta,
reciben secreto aviso
que el inglés armado llega.
………………………….
Pero, ¡oh valor español!
superior a cuanto pueda
referirse en las historias,
en fábulas y poemas!
Cuarenta y nueve resuelven
mantenerse en la palestra,
y sostener el ataque
de toda la gente inglesa.
Dijeron, y luego al punto
se preparan a la guerra.
¡Viva España! Dicen todos,
y muera la Inglaterra.
………………………….
Aquí, finalmente todos
como unos héroes pelean;
nadie muere, y se retiran
con orden y gentileza,
dejando en el campo algunos
muertos de la gente inglesa.

Rescatado contemporáneamente por Osvaldo Guglielmino como texto precursor de la poesía gauchi-política, no han trascendido otras pinturas realistas sobre los acontecimientos vividos en esta colonia del Río de la Plata en 1806 y 1807. No es casual. La historia es el manantial de donde los pueblos abrevan para armar la mano y las conciencias en la inmanente lucha por la justicia y la libertad. Oscurecer las causas, ocultar los protagonismos, distorsionar los contenidos de la historia es obra destinada a eliminar ejemplos para emular en el presente. Parece mentira que se pueda llegar a tales extremos, pero lo que fue una epopeya heroica y victoriosa ha trascendido apenas como un rezagado episodio casi intrascendente de nuestra prehistoria; cuando no las aviesas intenciones lo convierten, a la larga, en una derrota de nuestras luchas: ¿acaso no hubiera sido mejor que los ingleses hubieran ganado?
Y así con todos los triunfos populares. ¿No pertenece acaso a nuestra historia el 2 de mayo de 1808, cuando la corajuda insurrección de Madrid da origen a las guerras de la independencia contra la dominación napoleónica? ¿Es casual que el mismo destino corran la resistencia de Felipe Varela a la Guerra del Paraguay y la defensa de la soberanía sobre nuestros ríos en la Vuelta de Obligado en el siglo XIX o las contiendas sociales de anarquistas, socialistas y comunistas de principios del XX? ¿Para qué mencionar el “olvido” de los educadores del 17 de octubre de 1945? No. No importan lo torrentoso que fueren lo caudales de sangre que hayan derramado: los pueblos no pueden tener pasado.
Por eso, la imaginación también hace historia.
Otros testimonios que reafirman la autenticidad del relato del sacerdote (silenciado además por haber sido confesor de Juan Manuel de Rosas) amplían las fuentes que dan lugar a la ficción fundada en el presentimiento de cómo fueron los hechos que protagonizaron los pueblos del virreinato del Río de la Plata durante las “invasiones inglesas” (en rigor, “británicas”). Francisco Saguí, en su colección de obras y documentos, cita a un testigo presencial de aquella epopeya: “La tarea la realizaron guerrillas que voluntariamente se formaban y destacaban los mismos vecinos, particularmente los miñones que sin orden ni disciplina acechaban y avanzaban con puñal en mano matando a los centinelas avanzados”.
Parece cierto sin lugar a dudas que grupos de resistencia se organizaron en la ciudad y sus alrededores (el temido “ejército invisible” de Alzaga, Setenach y Esteve y Llach): existieron planes para volar el Fuerte y pasar a degüello a los rubios custodios del cuartel de la Ranchería. Desde Chuquisaca y Potosí, los patriotas apresuraron su regreso; en la Banda Oriental del Uruguay, el Gobernador Pascual Ruiz Huidobro convocó y entregó armas a la población.
En los bufetes de los abogados y contadores, en las trastiendas de los comercios, bullían las actividades conspirativas. Algunos destacados ciudadanos, de lograrse la expulsión del invasor, preparaban la convocatoria a Cabildo Abierto para juzgar a Sobremonte, derrocarlo y elegir autoridades entre quienes se hubieran hecho cargo de la reconquista; por lo menos hasta recibir nuevas instrucciones de la Corona. La idea de gobierno propio ya estaba cundiendo, aun antes del resultado de la batalla.
En aquellos años, en el vasto territorio de imprecisos límites que se daba en llamar Buenos Aires, los caminos conducían a un puerto. Pero era principalmente el puerto del Tucumán y del enorme y riquísimo conjunto de las posesiones españolas, que abarcaba regiones donde hoy se reconocen países enteros, como Bolivia, Paraguay, Uruguay y parte de Chile y de Brasil. La ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato, cuya mayor importancia era de orden político, era un poblado administrativo y comercial menor en ese contexto. Es claro, entonces, que el objetivo perseguido por los ejércitos imperiales británicos no se limitaba de manera alguna al dominio de la Ciudad; ésta era sólo la puerta de la fabulosa fuente de recursos materiales y humanos que hoy mismo sigue asechada por los ávidos apetitos del capitalismo globalizado.
Hacendado prestigioso y de vasta y buena familia de San Isidro, Juan Martín de Pueyrredón viajó a Montevideo para entrevistarse con Ruiz Huidobro y Liniers. Allí se decidió su regreso a Buenos Aires para reclutar gente de la campaña y apoyar el desembarco de las tropas provenientes de la Banda Oriental. Reunió paisanos, reseros, hombres de trabajo, de 200 kilómetros a la redonda, trayecto luego conocido como “Camino de las Cuarenta Leguas”: unos trescientos varones armados a sus propias costas, con montado, apero, provisiones y armamento. Y los concentró en la Villa de Luján. Las autoridades locales, al notar que la tropa no tenía divisa, hicieron entrega del estandarte oficial del Cabildo. El párroco, Padre Vicente Monte Carballo, rezó una misa, y entregó a cada gaucho unas cintas celestes y blancas de 38 centímetros: “Las medidas del altor de la Virgen”. Esas cintas sirvieron de distintivo, ya que los valientes paisanos vestían ropas de uso ordinario.
A la espera de Liniers y su gente, Pueyrredón resolvió vivaquear con sus hombres en la chacra de Perdriel (hoy Museo José Hernández, en Villa Ballester), propiedad del padre de Manuel Belgrano. Al tanto de ello, Beresford ordenó al coronel Denis Pack, jefe del Regimiento 71, al frente de 500 soldados de línea, reducir a los sublevados. En la madrugada del 1º de agosto de 1806, los ingleses atacaron sorpresivamente el campamento patriota. La tropa criolla, sin uniforme, sin armas de fuego, sin instrucción, pero decidida y valerosa, intentó resistir, pero no tardó en desbandarse ante el arrollador asalto de la experimentada infantería invasora. No obstante, Pueyrredón y un grupo de paisanos se lanzaron contra las líneas enemigas. Sorprendieron a los británicos flanqueando su formación e intentaron apoderarse de algunas piezas de artillería. En el audaz ataque el caballo de Pueyrredón recibió una descarga y se desplomó, despidiendo al jinete que, con destreza propia de un centauro, cayó de pie. Al instante otro gaucho, acercándose al galope, levantó a su jefe en ancas y lo retiró del campo, salvándole la vida. Era Lorenzo López, alcalde de Pilar, que juega un papel destacado en estas Aventuras del Cabo Laguna. La heroica acción no alteró el resultado del combate, pero los gauchos que desplegaron este primer ataque demostraron la vulnerabilidad de los invasores.
Esa tropa, precursora de los ejércitos patriotas, se sumó luego a los hombres que al mando de Liniers desembarcaron en el Tigre y fue protagonista de la heroica Reconquista de la Ciudad de Buenos Aires y también en la Defensa de 1807. Luego, participó en los acontecimientos políticos que gestaron la Revolución de Mayo y en todos los sucesos que desembocarían en un curso histórico definitivo y por fin triunfante: el de la Emancipación Americana.
Las pinturas más vívidas de la bravura con que la capital del virreinato se defendió del invasor provienen del propio enemigo. Contamos con la fiel evidencia de Alexander Gillespie, relator del ejército invasor, que describe la derrota de Beresfod a manos del improvisado ejército organizado por Liniers: “Su ejército se precipitó como torrente a la gran plaza (...) prorrumpiendo en el alarido más horrendo y arrastrando muchos cañones que se emplazaron a cincuenta pasos del portón (...) El capitán Quintana, ayudante del general Liniers (...) animosamente subió a las murallas y, abriéndose el chaleco y extendiendo ambos brazos en toda su longitud, parecía ofrecerse como víctima del furor desenfrenado de la plebe, y con gestos expresivos censuró su indisciplina con resultado instantáneo”.
El júbilo de la victoria del 12 de agosto de 1806 sobre los británicos fue tan inmenso como la admiración por el jefe que había acaudillado la victoria. Pero la escuadra inglesa continuaba dueña del río, esperando refuerzos para intentar el desquite. Ante la inminente amenaza, el 9 septiembre de 1806 Liniers, nombrado Gobernador Militar, emitió un Bando conforme a la ley de milicias que lo autorizaba a convocar al servicio militar a “Todos los vecinos y los extranjeros con más de cuatro años de residencia o casados y con bienes en el país". Los citó a la Real Fortaleza “A fin de arreglar los Batallones y Compañías, nombrando los Comandantes y sus segundos, los Capitanes y los Tenientes, a voluntad de los mismos cuerpos”. Y advirtió: “Ninguna persona en estado de tomar las armas dejará de asistir, so pena de ser tenida por sospechosa y notada de incivismo...”
Se crearon entonces una veintena de cuerpos voluntarios de todos los estamentos que elegirían por votación a sus jefes. Se alistaron criollos y españoles europeos, ricos y pobres, amos y esclavos, comerciantes y artesanos, profesionales y sirvientes, hacendados y paisanos, labradores y funcionarios, militares y sacerdotes, dispuestos nuevamente a comprometerse por su dignidad; hasta los indios se ofrecieron por medio del Cacique Catemilla a formar cuerpos de caballería.
Sobre la organización de las fuerzas milicianas de servicio obligatorio se formaron cinco Tercios de Infantería (vizcaínos y castellanos, montañeses, gallegos, andaluces y catalanes, y los hijos de estos españoles que se incorporaron al tercio correspondiente al origen de sus padres), que incluyeron la Legión Patricia (de la Patria, Buenos Aires), los Arribeños (del Alto Perú), los Castas (pardos, morenos e indios), los Granaderos y los Cazadores Correntinos; la caballería, que se organizó en tres cuerpos de Húsares, Migueletes y Labradores (donde se alistaron las gentes de las orillas); y por último, los Milicianos Artilleros, el Regimiento Unión (de criollos y catalanes) y una Maestranza, todos compuestos con voluntarios reclutados entre el pueblo insubordinado. Al mando de Saavedra, Pueyrredón, Martín Rodríguez, Murgiondo y otros iniciados en las artes militares, sirvieron como oficiales empleados, abogados, comerciantes y poetas como Belgrano, Viamonte, Díaz Vélez, Vicente López y Planes, Medrano, Chiclana, French. Además de la inexperiencia de estos oficiales, apenas una décima parte de esas fuerzas eran soldados veteranos.
Cuyo aportó caballos y jinetes. Tucumán mulas y carruajes. Del Paraguay y Corrientes llegaron contingentes organizados. Provenientes de Perú y Chile arribaron a la Ciudad dos mil quintales de pólvora.
La participación del pueblo en la Reconquista no se redujo a arriesgar la vida en los combates. Martín de Alzaga, fuerte comerciante del puerto y Alcalde de Primer Voto en el Cabildo, exigió a la población de la ciudad “contribuciones patrióticas” y “donativos individuales”. La obligación reunió más de un millón de pesos plata. Con esos recursos compró caballos, atalajes y cureñas para los cañones y pagó importantes cifras en la manumisión de esclavos. Luego puso a trabajar al pueblo de la ciudad y al crecido número de paisanos de las afueras instalados en ella esperando el reclutamiento: creó una maestranza para fabricar uniformes, arneses y espadas y reparar dos mil fusiles inservibles, fundir balas con materiales que donaron los vecinos, construir cuadras para la caballería, baterías, reductos para la artillería, etc. Al mismo tiempo, se imprimieron proclamas, órdenes, poesías épicas y, del teniente miliciano Vicente López y Planes, su poema “Triunfo Argentino”, que inflamaron espiritualmente a la población. La tarea no era fácil: “(…) Encuentra burlas y reticencias de la gente principal”. Así lo recordará Liniers: “¡Qué no trabajaría yo en los 11 meses después de echar a los ingleses de Buenos Aires para hacer guerrero a un pueblo de negociantes y ricos propietarios! (...) El dependiente era más apto que el patrón (...) Aproveché la confianza que me adquirieron mis servicios a los habitantes para hacerlos capaces de defenderse contra todos los esfuerzos de la Gran Bretaña para vencerlos”.
En una oscura conspiración, para esos días -y en vistas al inminente segundo desembarco- se produjo la fuga de los prisioneros ingleses (entre ellos, Beresford y Pack) que esta novela evoca. Los oficiales de alto rango confinados en Luján en virtud de los compromisos que supuso la capitulación de su ejército, violaron el compromiso de su palabra de honor y protagonizaron un indecoroso proceder, en complicidad con traidores y contrabandistas criollos y españoles. El hecho desató un repudio unánime en la ya encolerizada sociedad de la época. Además, durante los casi cinco meses del nuevo asedio al Río de la Plata, los ingleses acometieron una invasión mucho más sutil y silenciosa: los puertos se vieron abarrotados de buques mercantes, contrabandistas que desembarcaron toda clase de mercancías de su industria a precios ínfimos; mientras la población era hostigada con propaganda que insistía sobre las libertades que gozarían los habitantes del virreinato del Río de la Plata como súbditos de Su Majestad Británica.
Los primeros días del año 1807, las fuerzas imperiales reiniciaron su ofensiva militar a bordo de la flota más grande jamás vista por estas latitudes. El 5 de enero la expedición del Brigadier Samuel Auchmuty llegó a la Banda Oriental. Pretendía asegurar una cabeza de playa en Maldonado pero se lo impidieron las guerrillas gauchas. El jefe británico resolvió entonces apoderarse de Montevideo, a la que atacó con máxima violencia a partir de la mañana del 2 de febrero. Se combatió toda la noche. La heroica resistencia fue doblegada y los ingleses terminaron colándose por una brecha abierta a cañonazos en la muralla hacia el amanecer del día 3. La Ciudad vivió momentos de terror por el saqueo de la soldadesca británica que asoló a Montevideo. Hubo 800 muertos y un millar de heridos y Pascual Ruiz Huidobro, gobernador y comandante de la plaza, cayó prisionero.
La noticia de la caída de Montevideo desencadenó en Buenos Aires una ola de indignación contra Sobremonte, otra vez inepto y ahora sospechoso de traición. Liniers convocó a Junta de Guerra bajo presión del pueblo reunido en la Plaza. ¡Viva el Rey! ¡Muera el Virrey!, bramaba la multitud. Dentro del Cabildo, Alzaga reclamó la deposición de Sobremonte “Porque ante el peligro, no hay más ley que la salvación del pueblo”. El 17 de febrero el Virrey fue arrestado, sentándose el antecedente de la Revolución que sobrevendría tres años más tarde.
El 28 de junio de 1807 los ingleses desembarcaron sus fuerzas a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires, en la Ensenada de Barragán: esta vez, fueron 12 mil hombres expertos y disciplinados, al mando del laureado General John Withelocke. Y el 2 de julio la vanguardia británica llegó hasta la costa del Riachuelo; mientras, otras columnas inglesas chocaban las fuerzas de Liniers: en los Corrales de Miserere, entrada oeste de la Ciudad, los novatos cuerpos de milicia popular tuvieron su bautismo de fuego, aunque no consiguieron detener al invasor. Sin embargo el Cabildo, por moción de Martín de Alzaga, dispuso la defensa de la ciudad, con la colaboración de todos los habitantes: se levantaron parapetos de tierra y tercios de yerba retobados y se cavaron trincheras en las esquinas; con las piedras se improvisaron proyectiles que se subieron a los techos; se distribuyeron estratégicamente las baterías de cañones, se convirtió a las casas en fortalezas y se iluminaron las calles como en las grandes fiestas. Nadie dormía ni descansaba en Buenos Aires. Trabajaron todos: esclavos y libres, blancos, negros y mulatos. Las azoteas próximas a la Plaza fueron ocupadas por tropas con armas, municiones, granadas y los llamados “frascos de fuego”; los vecinos colocaron muebles pesados, objetos grandes y jarras donde cargar grasa caliente para arrojar a los invasores. Con una ciudad lista para resistir, se acantonaron las escasas, bisoñas y mal armadas tropas en los puestos de combate.
El domingo 5, a la madrugada, Whitelocke lanzó el asalto a la capital del virreinato desde la actual Plaza Once con 8500 hombres repartidos en trece columnas, que debían avanzar por calles paralelas hasta la Plaza Mayor. Las centrales fracasaron contra las azoteas de las viviendas y las trincheras defendidas por la población: cada hombre, mujer, anciano y niño, de cualquier condición, fue un soldado. El avance británico se hizo a costa de grandes bajas, casa por casa.
El Regimiento 88° capituló frente a los “Arribeños” en la esquina de las actuales calles Sarmiento y Maipú; la caballería quedó encerrada por el fuego patriótico en la Plaza Lorea; el mayor Cadogan rindió su columna ante los “Patricios”; Crauford y Pack lo hicieron al cabo de un violentísimo combate ante Liniers en Santo Domingo. Al caer de una tarde fatídica, la reserva invasora se desplazaba dificultosamente desde el Riachuelo por la calle larga de Barracas (Montes de Oca) en infructuoso empeño.
Sólo la columna inglesa norte, por avanzar entre casas de adobe y las orillas de las quintas, estuvo a punto de alcanzar un efímero objetivo: la Plaza de Toros y el Cuartel del Retiro; pero con un heroísmo sin par, la Legión de los Patricios, los Marinos y los Pardos y Morenos junto a la Compañía de Granaderos del Tercio de Gallegos, terminaron por imponerse a los invasores, que los triplicaban en número, al fin de horas de combate. Al llegar la noche el fuego cesó en tregua caballeresca. Hasta ese momento, el enemigo había perdido, entre muertos, heridos y prisioneros, la mitad de sus tropas. Y la situación se había revertido: ahora eran los ingleses quienes se defendían del ataque de los patriotas.
Al cabo de diversas alternativas, el jefe de la fuerza invasora parlamentó ante Liniers. Al mediodía del martes 7 de julio de 1807 se firmó la capitulación británica y el cese de hostilidades, con la condición de devolución de los prisioneros, reembarco de las tropas invasoras y entrega de Montevideo. Los criollos tenían 200 muertos y 500 heridos e innumerables bajas, calculadas en dos mil, en la población civil. Pero habían vencido. Las campanas echaron a vuelo, los vecinos se abrazaron en las calles, las tropas descargaron sus fusiles al aire.
La más impresionante y a la vez más insospechable descripción de esta batalla, es la que surge de la defensa que el General Whitelocke interpone ante la Corte Marcial que se le incoa por la derrota en el Plata, recientemente traducida al castellano, y sobre la que vale la pena extenderse: “(…) No teníamos, al llegar yo a Sudamérica, ni un sólo amigo en todo el país (...) toda la población nos fue hostil desde el principio (...) la gente, sin excepción, era adversa a nosotros (…)” declara Whitelocke. “Esperé, al llegar -confiesa el comandante británico- encontrar una gran proporción de los habitantes preparados para ayudarnos en nuestros objetivos, información exacta para planear las futuras operaciones -se refiere al propósito de avanzar sobre el interior del virreinato, ya que Buenos Aires era apenas la cabecera de puente de la invasión- que surgiese de un trato amistoso con ellos, y un cuerpo de caballería formado, o al menos los medios para formarlo. Encontré un país completamente hostil, en el cual no podíamos, sea por medios conciliadores o por interés, obtener un amigo que nos asistiese o aconsejase, o nos procurase la menor información (...) sino que la única disposición manifestada a tal respecto por el general Elío, durante toda la conversación con el mayor Roache, fue una indisimulada e inequívoca determinación de no rendirse, y ni siquiera permitir hablar sobre términos (...) Por lo tanto, esperábamos una fuerte resistencia. (...) Se puede citar una multitud de ejemplos en que una cierta proporción de la población joven y activa ha incrementado los efectivos de la defensa, pero en general la población siempre ha dificultado, en lugar de asistir a los esfuerzos de un ejército defensor. Nadie, diría yo, puede presentar un ejemplo como el actual, en el cual no hay exageración alguna en decir que cada varón del lugar, sea libre o esclavo, peleó con una resolución y una perseverancia que no podía esperarse, incluso por el entusiasmo de la religión o el prejuicio nacional, o la más inveterada e implacable hostilidad. Estoy dispuesto a confesar que no había contemplado la posibilidad de tal resistencia, llevada a cabo por toda la población. (...) El objetivo era atravesar la ciudad, tan rápidamente como fuera posible, de manera de entrar en contacto con los soldados españoles, considerando a los habitantes menos merecedores de atención. (...) Admito que, si yo hubiera previsto la desesperada resistencia del enemigo, no habría realizado ese ataque.” Por fin, Sir John Whitelocke, reconoce que, a la hora de la capitulación: “Yo estaba convencido, y sobre esto el general Grower y sir Samuel Auchmuty coincidían conmigo, de que la captura de la ciudad no hubiera reportado, en las circunstancias en que estábamos, ningún beneficio; y era dudoso que hubiéramos podido mantenerla, en caso de haberla tomado (…)”
Gabriel Di Meglio en “Viva el bajo pueblo” refiere que, después de la Defensa, “Liniers invitó a almorzar con él al Cabildo, al obispo y a la audiencia, pero también a los comandantes de cuerpos, junto a un capitán, un teniente, un alférez, un sargento, un cabo y un soldado de cada uno; es decir, a todo el Buenos Aires masculino”. Luego, este autor concluye: “La experiencia de la lucha contra los ingleses determinó la forma en que los porteños se pensaron de ahí en más y el modo en que miraron los acontecimientos posteriores.”
Es que aquellos hechos no sólo confirmaron la aptitud que la población tenía para la guerra: es principal destacar el componente político que hizo posible la expulsión del inglés. Ante el invasor, que venía a imponer un nuevo vasallaje y más actualizadas formas de explotación económica, primó por encima de todo: LA UNIDAD. La victoria fue posible porque se disolvieron los estamentos, se refutó la esclavitud, se igualaron las fortunas, se equipararon los patrimonios: un gaucho alzado o un indio y un patricio hacendado o un comerciante pasaron a valer lo mismo: un caballo, un cuchillo y un fusil.
Aquellos paisanos, y entre ellos Martín Miguel de Güemes, Juan Manuel de Rosas, José Gervasio Artigas, Juan Bautista Bustos y Manuela la Tucumanesa, paraguayos, chilenos, peruanos y, por supuesto, orientales que participaron de la Reconquista, pobres y ricos, campesinos, productores, contrabandistas, mercachifles o artesanos, criollos y españoles, indios, negros, zambos y mulatos, de la campaña bonaerense y del interior del virreinato, fueron los verdaderos protagonistas de aquella epopeya y quienes generaron las condiciones para el éxito de la Revolución de Mayo.
El combate y lo que se desencadenó luego apuntalarán el acerto de que el pueblo hace la historia.
Hacía falta un Manuel Vázquez Montalbán criollo para que contara nuestro “día de cólera.” Matizado con una historia de amor, gracias a la pluma gaucha de Manuel Ares que escribe lo que muchos argentinos intuimos que ocurrió en aquellas jornadas, aquí lo tenemos.


martes, 27 de mayo de 2008

Alcances, mitos y propuestas para una Ley de Educación Superior

Aritz Recalde,
mayo de 2008

El gobierno nacional esta proyectando la reforma de la Ley de Educación Superior, cuestión que pese a ser positiva, no resuelve la crisis de las universidades. Algunas personas creen que derogar la ley neoliberal es por si misma una política universitaria. Dicha tesis propia de las corrientes del reformismo conservador y la izquierda mitromarxista, debe ser desmitificada para tener una noción concreta de los alcances que puede tener una reforma de la LES para modificar el comportamiento del sistema de educación superior.

Nuestra opinión es que la identificación de todos los problemas de la universidad en dicha ley es una forma, conciente o inconsciente, de esquivar el necesario debate sobre las reformas que tiene que implementar el Sistema de Educación Superior para cumplir con sus objetivos de manera satisfactoria. Dicho mecanismo legal y pese a que tiene flancos débiles y cuestionables, auspicia la posibilidad de resolver y superar ampliamente, todos y cada uno de los anhelos y propuestas de la “reforma del año 1918” y de gran parte de las agrupaciones políticas existentes. La forma en que son encarados en la LES los temas de gobierno, de extensión, de coordinación interinstitucional, servicios sociales, derechos docentes o de planificación de carreras y posgrados, dejan en manos de la “autonomía” y el cogobierno la decisión última y la resolución de gran parte de los asuntos. En este cuadro, los universitarios suponen que la otra ley puede resolver los temas que ellos, por su cuenta y diariamente, esquivan por propia decisión. De más esta decir, que la Ley de 1995 no solo no es la “culpable de todos lo males”, sino que y por el contrario, introdujo cuestiones positivas, como y por ejemplo, la existencia de la CONEAU o de la figura de los Consejos Sociales. Hay un tema de la LES que es cuestionado por la dirigencia universitaria y se refiere a la posibilidad que esta abre al cobro de aranceles en estudios de grado. Este planteo se enfrenta con la sanción de la gratuidad universitaria decretada por Perón en la década de 1950 y que aun esta vigente. Hay que decir que la gratuidad universitaria tiene sanción constitucional y que fallos de la justicia lo han reforzado. En este cuadro, los planteos que creen que la “autonomía” y la “gratuidad” son un programa para la universidad, lo que están afirmando es que debe continuar sin modificaciones el sistema de educación superior argentino.
La posibilidad de que una ley de educación superior modifique el comportamiento universitario tiene que partir cuestionando la autonomía y adecuando el funcionamiento educativo a la democracia de masas. La autonomía actualmente es entendida como un sinónimo del gobierno tripartito que nació con Aramburu en 1956: un modelo de universidad para una dictadura. La democracia esta escindida entre las mayorías expresadas en el sistema de partidos y una minoría inserta en el cogobierno universitario. Las mayorías tienen la posibilidad de redactar las leyes a través de sus representantes -los legisladores- y paradójicamente, la “autonomía” imposibilita transmitir el mandato popular a la universidad ya que según la comunidad universitaria, hay que escribir una ley que les permita actuar desconociendo la voluntad popular: eso es la autonomía y el cogobierno en los hechos.

En nuestra opinión se abren tres posibilidades de las cuales dos pueden contribuir al país y otra que va a dejar la realidad tal cual es:
1- Sancionar una nueva LES que garantice la “gratuidad y la autonomía”: esta propuesta intenta que todo siga igual en las universidades argentinas. Esta ley es beneficiosa para la corporación universitaria.
2- Sancionar una nueva LES que traduzca los intereses de la voluntad popular y que priorice la democracia de masas al cogobierno: debe ser reglamentarista y su objetivo debe atender las demandas del desarrollo y las políticas públicas. Esta ley es beneficiosa para el pueblo.
3- Desarrollar una política de planificación y de fomento educativo desde los organismos del Estado: la Secretaria de Política Universitaria en consonancia al nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología deben ser los motores de la transformación educativa. Esta medida es beneficiosa para el pueblo.

Como se observa, los puntos 2 y 3 involucran las demandas, anhelos y la participación de las mayorías de argentinos que eligen a sus representantes. El punto 1 involucra los deseos del 3,5% de los universitarios preocupados por seguir conduciendo la universidad a espaldas de la democracia de masas, sea esta municipal, provincial, nacional, de productores, trabajadores o de organismos de la cultura.
Hecha estas aclaraciones, consideramos oportuno proponer medidas para formular otra LES, pero lo que es importante, vamos a promover políticas de Estado para la educación superior. Las actividades de la organizaciones libres del pueblo y las políticas del Estado deben ser los protagonistas de la transformación de la universidad, que no es un problema de leyes, sino que y por el contrario, es una cuestión de poder y de decisión política. A continuación vamos a proponer un índice de textos a los cuales usted puede acceder y que establecen medidas concretas para formular otra LES y otras política universitaria. Asimismo, en el lateral derecho de este portal hay diversos textos que usted puede descargar.

1- Lineamientos Políticos y Académicos para una Nueva Universidad, 65 Medidas para refundar la Educación Superior

2- Proyecto de ley de Educación Superior de Alberto Cantero Gutierrez

3- Power Point con 8 capitulos y 35 propuetas para otra LES

4- Estudio y comentarios de las leyes universitarias 13.031/47, 14.297/54, 20.654/74 y 22.207/80 (Libro "Universidad y Liberación Nacional")

domingo, 18 de mayo de 2008

SERVICIO DE RADIODIFUSIÓN: LEY 14.241 DE 1953


Medios de Comunicación y Peronismo
Aritz Recalde

INTRODUCCIÓN

Lisa y llanamente, que las clases dirigentes argentinas después del 1853 fueron educadas de acuerdo con una aberrante interpretación de la escuela liberal, esto es, que debían servir primero a la Libertad y después a la Nación; en consecuencia, ellos mismo, los Paz y los Mitre, directores y propietarios de diarios antiguos, extendidos e influyentes en el país, entre la libertad para una prensa chantajista y dañina y la salud pública, prefieren la libertad, aun cuando esa prensa haya lesionado sus propios intereses.
Ramon Doll (1)

Este trabajo es un breve análisis de la única ley de Radiodifusión producto del voto del congreso nacional en la Argentina. Nos referimos a la ley 14.241 del año 1953 que fue derogada por la dictadura impuesta en el año 1955 (2) y olvidada por los distintos gobiernos, militares y civiles, existentes hasta el día de la fecha.
Pese a la existencia de la ley 14.241, producto, repetimos, del debate del congreso y el funcionamiento del sistema institucional democrático de partidos, el marco normativo actual es el decreto ley 22.285 del año 1980, ideado bajo el gobierno del dictador Jorge Rafael Videla. La vigencia del marco normativo de radiodifusión de la dictadura y el desconocimiento generalizado de la ley del año 1953, expresan y por lo menos, dos cuestiones elementales: por un lado, la capacidad de los grupos concentrados ligados a la producción y circulación de la información para mantener un esquema de funcionamiento normativo que les otorga altos privilegios y la posibilidad de actuar en muchos casos, discrecionalmente y en contra del bien común de la nación y cuestión que la ley 14.241 reglamentaba; pero además y tema central para el desarrollo de nuestra democracia, el estado actual de funcionamiento del sistema de radiodifusión es un síntoma de la inexistencia de una Política Nacional de Comunicación (3).
Dicha falencia no es propia de este gobierno, ni tampoco una cuestión de las últimas décadas, sino que por el contrario, es parte de la génesis misma de la fundación del Estado nacional. Las justificaciones de la defensa de los privilegios del sector privado en la comunicación y su relación con la negativa a que el Estado implemente una regulación estatal que priorice el bien común sobre el egoísmo individual, se liga directamente a los contenidos liberales de la constitución del año 1853 (4). Este texto cristalizó jurídicamente la supremacía económica, política y lo que nos interesa en particular en este trabajo, la supremacía cultural, de los intereses del liberalismo británico y los grupos de poder portuario. El “triunfo da derechos”, y entre ellos, el de promover el modo de pensamiento de los vencidos y es por eso, que la constitución del año 1853 estableció dos de los equívocos de interpretación, que al día de la fecha, son reivindicados como incuestionables por muchos sectores de la prensa: uno, es la interpretación de la categoría de la “libertad de prensa” (artículo 14 y 32 de la C.N. 1853) y el otro, el de “la igualdad de extranjeros” (artículo 20 de la C.N. 1853).
Al llamar “equívoco” a libertad de prensa, no cuestionamos el derecho a opinar, pensar libremente y a desarrollar distintas expresiones culturales y verterlas en la prensa que tienen los ciudadanos, derecho mencionado en la constitución nacional y digno de ser reivindicado. Ahora bien, la “libertad de prensa” para los vencedores de la batalla de Caseros del año 1852 y la sanción de la constitución de 1853, se relacionó a la libertad de empresa, que tuvo y tienen, los sectores del poder económico para hacer de la comunicación y la prensa, palancas de desarrollo de su capital y sus negociados, no importa que costos eso origine para el bien común del país. En nombre de la libertad de prensa los vencedores de Caseros fundaron los diarios La Nación y La Prensa, de las familia Mitre y Paz y que junto al control que ejercieron sobre la Academia Nacional de Historia, les permitió adquirir una fuerte influencia sobre la producción y distribución de la noticia en el país.
Lo pernicioso de este postulado llega hasta el día de la fecha y es por eso, que la libertad de prensa tal cual se ejerce desde los grupos oligopolios de la comunicación, no oficia como una garantía del derecho opinar y pensar libremente de los ciudadanos y los pequeños medios de comunicación, por ejemplo, frente a una dictadura o un gobierno autoritario. Sino que por el contrario y paradójicamente, la “libertad de prensa” esta relacionada estrechamente a “libertad de empresa” de grupos de oligopolios y oficia como un medio para chantajear, enfrentar y en muchos casos, desestabilizar gobiernos democráticos desconociendo el mandato popular (5). En nombre de este equívoco de interpretación se intentó obstaculizar el debate en los círculos intelectuales sobre la necesidad de reglamentar el funcionamiento de las comunicaciones y junto a ello, se obstruyó la necesidad de implementar una política de Estado que regule la prensa. A partir de aquí, es que sigue vigente la carencia de un marco legal que fije taxativamente el rol y la responsabilidad social que implica ser licenciatario de medios: los medios de comunicación, escritos o audiovisuales, son un servicio público y no un negocio privado y menos aún, deberían ser un negocio privado extranjero con sede en Argentina.
El otro equívoco de interpretación establecido por los grupos de poder terrateniente ligados Inglaterra y que obstaculizó el debate sobre la sanción de un marco legal para las comunicaciones, es la declaración de la “igualdad de extranjeros”, que llevada al campo de la prensa, implicó garantizar a los propietarios extranjeros la posibilidad de adquirir los medios de comunicación en nuestro país con escasas limitaciones. Esta posibilidad operó y oficia actualmente, como una palanca para desfavorecer económica y culturalmente, a nuestro país en beneficio de los intereses extranjeros. La acción de difusión de dicho concepto influyó en la educación de la intelectualidad y los sectores medios. El liberalismo conservador e históricamente, fue difundido por la prensa de la oligarquía y los grupos de poder bonaerense. Esta tarea se relacionó a la acción cultural extranjera y es repetida a lo largo de décadas detrás del supuesto de que las instituciones (la constitución liberal del año 1853, por ejemplo) “están antes que el país”. O sea, el derecho a la “libertad de prensa” de un particular estaría por sobre los derechos colectivos de los habitantes y las instituciones de la nación. A partir de aquí, que los planteos que cuestionaron el orden político liberal o el funcionamiento de la prensa extranjera, fueron acusados de “barbarie” o de “autoritarios” por las corrientes de pensamiento liberal. La civilización, sería el orden liberal impuesto a través de las normas de la Constitución del año 1853 y la barbarie, cristalizó en los caudillos y las poblaciones del interior que se opusieron a ese modelo. Este planteo sostuvo que las poblaciones de nuestro país eran atrasadas, carentes de cultura e incapaces de cumplir con los designios de las instituciones liberales y dichas nociones fueron incluidas y difundidas por la prensa (6). A partir de aquí, que varios de los intentos del Estado de regular la prensa fueron definidos como “autoritarismo” y como una “violación” de los derechos liberales y las libertades cívicas. Este equívoco haría y hace en la actualidad, un daño inconmensurable al país y a los valores, tradiciones y demás elementos de la cultura nacional.
El desarrollo de la gran prensa escrita luego de Caseros o la aparición de la radio en la década de 1920, nacieron a la sombra de esta concepción y es a partir de aquí, que tendrían acceso privilegiadamente los sectores vinculados a la oligarquía terrateniente. Ante este fenómeno, el Estado no implementó una reglamentación adecuada de las comunicaciones. Por mucho tiempo, el Estado no estableció el funcionamiento de la prensa y la radio, que quedaron sujetas a los artículos mencionados de la constitución nacional del año 1853. El liberalismo de la constitución del año 1853 y el supuesto de que el Estado no debe reglamentar la prensa y casi sin excepciones, funcionó hasta la llegada e implementación de la ley 14.241. Esta última, fue la primera experiencia concreta de implementar una Política Nacional de Comunicación en Argentina en el marco de un gobierno democrático.

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domingo, 11 de mayo de 2008

Reflexiones sobre la Reforma Universitaria del año 1918: 7 hipótesis para el análisis


Aritz Recalde
Febrero de 2008

Propósitos
Presento al lector en las páginas que siguen algunas reflexiones en torno a la Reforma Universitaria del año 1918, respecto a su trascendencia histórica y a las posibilidades de tornarse un texto vigente y eficaz en los debates la actualidad. Me referiré, entonces, a los alcances concretos de las formulaciones introducidas en el “Manifiesto Liminar” a través de 5 ejes temáticos y 7 hipótesis donde se expresan brevemente las cuestiones más relevantes para interpretar los alcances, los mitos y las realidades de este documento en el funcionamiento concreto de las Universidades argentinas. Estimo que este debate se torna imperioso en las circunstancias actuales donde, lamentablemente, algunos sectores universitarios, alumnos, docentes, no docentes o graduados, al momento de discutir los alcances de la Reforma Universitaria, no consideran la centralidad que revisten las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales que ha experimentado nuestro país y Latinoamérica del año ´18 a esta parte y por consiguiente, se arman de frases inconexas y descontextualizadas de sus ámbitos de producción y acción específicos. A 90 años de la Reforma, como asimismo, a 96 años de la Ley Sáenz Peña, es necesario poner en tela de juicio la vigencia del Manifiesto para las necesidades y las particularidades del presente. Estas cuestiones de historia y de actualidad, entonces, guiarán las formulaciones que siguen conjuntamente con el análisis de las propuestas de la Federación Universitaria cordobesa del año 18 y las derivaciones que inconsistentemente se hacen de las mismas en la actualidad.

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La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999

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