martes, 17 de abril de 2012

El periodismo y la conciencia nacional en Juan José Hernández Arregui

Aritz Recalde, abril 2012

están incorporadas al margen de mi voluntad, al proceso ideológico de la liberación nacional. Y a las ideas, señor, no se las encarcela”. Juan José Hernández Arregui al salir de la prisión en 1962La opinión pública es una de las caras del poder social. La estabilidad misma del Estado depende de ella. De acuerdo a lo que el Estado representa frente a las relaciones de poder, así será la propaganda periodística, radial o cinematográfica”[1]. Juan José Hernández Arregui

“En los países coloniales las grandes palabras deben entenderse al revés. Es la “democracia” y la “libertad” de la oligarquía, que a través de La Nación pone ante sí, en el mencionado editorial, la imagen de la “patria grande” contra las “patrias chicas”. Es la patria de Caseros. Y sobre todo de Pavón. Que ganó Mitre[2].
Juan José Hernández Arregui


“El silencio de los intelectuales se llama traición al país (…) En un país colonizado la labor del escritor es militancia política[3]. Juan José Hernández Arregui

“Me bastaría conservar dos o tres libros. Entre las plumas argentinas, los de Scalabrini Ortiz, la fundamental Caída de Rosas de Pepe Rosa, y este último que Hernández Arregui acaba de enviarme sobre el ser nacional”[4]. Juan Domingo Perón

En el Cuaderno vamos a mencionar la opinión del filósofo argentino Juan José Hernández Arregui (1912-74), acerca del rol cumplido por el periodismo en el país. En particular, nos interesa recuperar su visión de la relación entre el desarrollo nacional y el periodismo.

Cabe destacar, que Arregui fue protagonista de una importante tarea periodística[5] a partir de la cual, se organizaron sus opiniones sobre el particular.

Previamente a recuperar su análisis del periodismo, vamos a referirnos a las definiciones de nación y de conciencia nacional del autor. 

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I- La conciencia nacional
“La conciencia nacional de los pueblos jóvenes no es colonizadora sino reflejo defensivo provocado por el imperialismo (…) La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación[6].
Juan José Hernández Arregui

La obra de Hernández Arregui está centrada en la crítica cultural y política. En particular, su preocupación se refiere al tema de la nación y de la formación de la conciencia nacional. Ésta última definición y en su opinión, tiene connotaciones claramente políticas y se refiere a la capacidad de autodeterminación de los pueblos en el marco de la geopolítica mundial. En sus palabras: “Ante esa democracia embustera, disoluta, irrealizable, se yergue el nacionalismo como un derecho de los pueblos en la común voluntad de defenderse frente a otras naciones más fuertes y en la decisión multitudinaria de edificar el Estado soberano, entendiendo como tal, la manumisión de todo poder exterior. Y esto no se logrará por conductos “democráticos” sino mediante una Revolución Nacional que ordene a todas las instituciones dentro del Estado – Nación autárquico[7].

La nación se realiza por intermedio de la afirmación del derecho a la autodeterminación política de las organizaciones libres del pueblo y los Estados. Dicha enunciación, implica el enfrentamiento a los intereses de las potencias y por eso, la conciencia nacional encarna un contenido claramente antiimperialista: “Y si el “ser nacional”, ahora despojado de sus velos abstractos, es afirmación y no negación, simultáneamente es conciencia antiimperialista, voluntad de construir una nación (…) En este plano de la consideración histórica del asunto, el “ser nacional”, desmontado de su cáscara ideal, no es otra cosa que el enfrentamiento de la América Latina con Inglaterra y Estados Unidos, la conciencia revolucionaria de las masas frente a la cuestión nacional e iberoamericana”[8].
En opinión del Hernández Arregui, para fundar la nación las organizaciones libres del pueblo  tenían que consolidar cuatro elementos fundamentales. Ellos eran la independencia económica, la conciencia histórica, la soberanía científica y tecnológica y la unidad iberoamericana.

La independencia económica

“Una nación que acepta la teoría librecambista de otra no es una nación, pues está favoreciendo, al desguarnecer su propio mercado, a la industria extranjera, y en consecuencia, frenando su propio desarrollo industrial, base de toda independencia nacional”[9]. Juan José Hernández Arregui

En la visión de Arregui, una nación no se organizaba de manera soberana sin alcanzar la independencia económica. Para alcanzar ésta última condición, el país tenía que industrializarse. El autor se refirió a ello cuando sostuvo que “Sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional. Y sin soberanía nacional no hay autonomía cultural. Tal tarea sólo puede cumplirla el Estado Nacional” (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía[10].

La independencia económica se iba a alcanzar siempre y cuando, los Estados de Iberoamérica articularan las acciones de manera mancomunada detrás del objetivo en común y “La nacionalización de la economía no basta mientras se produzca en países aislados. Esta tarea debe combinarse entonces con la unificación aduanera, política y cultural de todo el continente. Y sólo de esta unión material puede tornarse homogénea la Cultura de América Latina[11].

La conciencia histórica

“Cuando un pueblo ha alcanzado tan alto grado de su conciencia histórica, podrán discutirse los plazos que la misión histórica demanda, no puede dudarse que la edificación de la nación argentina, la Confederación Iberoamericana, la liberación nacional y la construcción del socialismo están en nuestras manos. Sólo el hombre es capaz de mirar lejos, sólo el hombre es capaz de lograr lo grandioso”[12]. J. J. Hernández Arregui

Arregui entiende que los actores sociales desenvuelven su práctica política, a partir de sus concepciones culturales e ideológicas previas. En este marco, la disputa por la interpretación de la historia de las luchas populares, formaba parte de la construcción de la conciencia nacional “Y como la historiografía en letras de molde es siempre la de una clase social – en el caso argentino de la oligarquía terrateniente -, la revisión de la historia es de vital relevancia en su articulación con la liberación nacional. O lo que es lo mismo, en su conexión intrínseca con las masas argentinas. Ya que sólo una revisión de la historia que muestre el meollo, la esencia de clase de esa historia oficial, puede darle al pensamiento nacional un instrumento crítico de primer orden para elevarse racionalmente a la conciencia histórica del papel de las masas como protagonistas de la historia (…) A la historia oficial de la oligarquía hay que oponerle la revisión revolucionaria que desvista el contenido clasista de esa fábula canonizada de nuestro pasado[13].

Soberanía cultural y científica

“El capitalismo monopólico, es acompañado, como la sombra al cuerpo, por el imperialismo cultural. Los medios de producción – la tecnología en su conjunto- pertenecen a una exigua pero minoría de grandes empresas[14]. Juan José Hernández Arregui

En la medida que la nación se industrializaba, las demandas hacia el sistema científico tenían que actualizarse. Frente a dicho desafío y por el contrario, las potencias promovían el subdesarrollo tecnológico del país. En ese marco, se había consolidado una ciencia dependiente y atrasada, concentrada en pocos monopolios y tendiente a perpetuar el esquema del sistema económico agroexportador. En sus palabras: “El atraso científico, desde el punto de vista de la investigación, debe explicarse no como una incapacidad de los argentinos para la ciencia, sino como el remate cultural de una oligarquía colocada encima de las masas y adversa por destino sociológico a la Cultura del pueblo (…) De este modo, el conocimiento científico impartido en la Universidad liberal con criterio escolástico en el estricto sentido del término se imponía a millares de argentinos (…) la imagen de una argentina ganadera servida por una tecnología limitada convenía a las naciones extranjeras inversoras de capital (…) El país ganadero no necesitaba de la ciencia, pues la filosofía del monocultivo rechaza por definición el despliegue del espíritu colectivo” [15].

Los instrumentos aptos para alcanzar el desarrollo tecnológico y la industrialización, eran cercenados a los argentinos y en particular, a los sectores populares. En este cuadro, la emancipación política del país tenía que conducir a la refundación del sistema científico y “La ley del cambio cultural y de movilidad de las culturas responde al avance o estancamiento tecnológico, con lo que la entrada de las masas a la civilización depende de las técnicas aplicadas a sus necesidades sociales, lo cual exige una revolución que transforme las relaciones de la economía nacional”[16].

La unidad Iberoamericana

“En definitiva, nuestra Cultura, es de raíz hispánica pero la construcción de nuestro destino es americana”[17]. Juan José Hernández Arregui

Arregui a lo largo de sus libros mostró la fuerte ligazón existente entre los diversos procesos políticos emancipadores del continente. En ésta línea, reconstruyó las similitudes culturales expresadas en la lengua, la literatura o la pintura, entre los Estados y los pueblos. Por historia y por cultura en común, teníamos fuertes lazos de unidad continentales. Además y cuestión fundamental, Hernández Arregui remarcó el hecho de que todos los Estados, gobiernos y pueblos,  teníamos un mismo enemigo imperialista. Frente a ello, consideró que la unidad de Iberoamérica era el elemento central para alcanzar la nacionalidad plena del país.  En dicha línea, estableció que “América Hispánica es una Cultura. Sólo falta saber si la conciencia de su destino futuro – es decir, la capacidad de trascender fuera de sí – está también presente (…) La fuerza del continente ha sido su unidad espiritual en medio del formidable desplazamiento del equilibrio mundial de la era imperialista. Pero esa defensa no ha sido suficiente. Hoy, en otra etapa histórica, debemos concebir nuestro destino en términos de política intercontinental[18].

II- El periodismo y la conciencia nacional

“El editorial de La Nación no es anecdótico. Es un documento histórico, pues el periodismo es también fuente historiográfica[19]. Juan José Hernández Arregui

Arregui estudió el rol del periodismo en relación a la conciencia nacional. La prensa en un país dependiente, se tornaba un instrumento neocolonial al servicio del imperialismo, cumpliendo la función de impedir la formación de la conciencia nacional. Con esa finalidad, el periodismo enfrentaba la posibilidad de que se consoliden los cuatro aspectos fundamentales de la nación mencionados en el punto anterior.

A continuación, vamos a mencionar algunos de los aspectos de dicho punto de vista.

El periodismo y la extranjerización del país

El periodismo en manos de los monopolios foráneos o de la oligarquía interna, tienen como objetivo fundamental contribuir a las transferencia de nuestro patrimonio al extranjero, ya que y por tomar un ejemplo, “La CADE, como lo ha señalado José Luis Torres, controlaba la Editorial Sudamericana, de la cual era accionista Victoria Ocampo, que a su vez, surtía de intelectuales a La Prensa y La Nación (…) Desacreditar y aislar todo pensamiento argentino era la misión combinada de la prensa, la radio, el cine, al servicio de los centros organizados del poder mundial”[20].

El periodismo, la libertad de prensa y la libertad de empresa

El hecho de que el periodismo sea una empresa comercial, imposibilitaba el pleno ejercicio del supuesto de la libertad de prensa. En realidad, Arregui entendía que los dueños de medios definían las líneas editoriales ya que “No pueden hablar de libertad aquellos que dependen de diarios, revistas, cátedras, pagadas directa o indirectamente por el colonialismo, y por ende, controlados por la censura oficial”[21].

El periodismo y el neocolonialismo cultural

 “La propaganda es la segunda naturaleza del colonizado armado por las vías entrelazadas del cine, la T.V., la radio, los avisos comerciales, etc. En las colonias, la realidad social está maquillada. Se imita a las metrópolis productoras de venenos subculturales, tanto como de artículos de mercado, se calcan las modas extranjeras, se leen autores extranjeros[22]. Juan José Hernández Arregui

“Ahora, en el siglo XX, como la pedagogía también progresa, nos mandan sus historietas en colores, series embrutecedoras de TV, y al gran maestro de los niños James Bond[23]. J. J. Hernández Arregui

Tal cual se lee en el epígrafe, el autor entiende que el aparato de prensa era utilizado por las dirigencias de las potencias, para perpetuar su dominio sobre los Estados dependientes. Con dicha finalidad, los medios periodísticos eran instrumentados para promover sus modelos culturales. 

A lo largo de su obra, Arregui muestra como la organización y la distribución de la cultura, eran controlados por los representantes de las potencias y en sus palabras “Las metrópolis que centralizan y controlan mundialmente los medios de difusión cultural masiva apuntan con especial e insistente coordinación a esta congelación mental de las capas intelectuales de los países atrasados”. Dicho manejo centralizado de los medios, les permitía difundir concepciones negadoras de nuestra condición cultural y en sus palabras “Al mismo tiempo se incentiva el sentimiento de que la Argentina pertenece a Europa y no a Iberoamérica”[24]. 

El periodismo y la participación del pueblo en política

La prensa en manos de la oligarquía era un instrumento para enfrentar a las organizaciones libres del pueblo. En este sentido, Arregui menciona que frente a la aparición de los sectores populares, el diario La Nación pierde la cabeza. Un estremecimiento de horror sagrado recorre las páginas del elefante culto (…) El odio al pasado se mantiene encendido en el presente. La oligarquía portuaria sigue viendo en las provincia la imagen de la barbarie”[25].

En ésta misma línea, sostiene que “Toda la prensa de Buenos Aires – la gran prensa – está hoy contra el pueblo. Esta prensa, poderosa, “democrática” y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar la opinión pública, denigrar a las masas. Lo mismo aconteció en el pasado (…) La historia de Mitre tiene su tribuna perpetua en un diario de Buenos Aires: La Nación, dirigido por sus herederos vitalicios. Este diario es el portador de los intereses y la mentalidad política de la clase ganadera argentina y sus foráneos. El lenguaje del gran rotativo es magistral, esmerilado, monjeril, ultrapúdico. Es el gorro frigio colonial de la civilización de Occidente, el altar de la cultura europea, el ideal democrático, tal cual lo entiende la oligarquía, en toda su virginidad rota”[26].

El periodismo y la literatura  
En su obra Imperialismo y Cultura, Arregui desarrolla una tarea de crítica y de reflexión sobre un conjunto de autores e instituciones del campo de la literatura. En este marco, trabaja la hipótesis de que el periodismo concentrado tiene como tarea fundamental, la de construir gustos literarios y rescatar u ocultar intelectuales, atendiendo su comportamiento y su ubicación política. Lejos de cualquier autonomía o juicio objetivo, el periodismo y las instituciones culturales de la oligarquía, tenían como función enfrentar a los escritores e intelectuales comprometidos con procesos políticos nacionalistas y populares. En sus palabras: “La Revista Sur, como el mitológico Jano, tiene dos caras. A.S.C.U.A. – Asociación Cultural Argentina para la Defensa y la Superación de Mayo – es el “otro rostro” de la Revista Sur. Ambos grupos, integrados por los mismos intelectuales, productores y distribuidores de ideas, ejercen un verdadero monopolio literario. A.S.C.U.A. es la faz contable de la literatura pura. (…) El ideal de Mayo, aunque abstracto, era progresista. En tanto sus herederos son reaccionarios aunque se tilde de progresista. (…) Los intelectuales de A.S.C.U.A.  son reaccionarios contra el pueblo[27].

El periodismo y los sectores medios
Hernández Arregui menciona el comportamiento de los sectores medios en el proceso de formación de la conciencia nacional. Desde su punto de vista, “La clase media (…) ubicada en el centro de las relaciones sociológicas de tensión, oscila indecisa entre el conservadurismo político y un reformismo de base ética. Si alguna vez aparece radical en política, esta actitud individualista no dura más que los ciclos de perturbación económica que lo originan. Pero al mismo tiempo, los sectores menos favorecidos de la pequeño – burguesía, amenazados de pauperización real, se incorporan a la lucha del proletariado”[28].

Dicho posicionamiento ambivalente de los sectores medios, era explotado por el periodismo al servicio del neocolonialismo, ya que “la propaganda del imperialismo apunta particularmente a aquellas clases sociales que temen al cambio”[29].están incorporadas al margen de mi voluntad, al proceso ideológico de la liberación nacional. Y a las ideas, señor, no se las encarcela”. Juan José Hernández Arregui al salir de la prisión en 1962

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Bibliografía citada
Hernández Arregui, Juan José (1957). Imperialismo y Cultura, Ed. Amerindia, Buenos Aires.

   (2004 - b). La Formación de la Conciencia nacional, Ed. Peña Lillo, Buenos Aires. 

(2002). ¿Qué es el Ser nacional?. Ed. Catálogos, Buenos Aires.

(2004).  Nacionalismo y Liberación. Ed. Peña Lillo, Buenos Aires.

(1972). Peronismo y Socialismo. Ed. Hachea, Buenos Aires.

Galasso, Norberto (1986). Juan José Hernández Arregui, del peronismo al socialismo. Ed. Del Pensamiento Nacional, Buenos Aires.

Iñiguez  Piñeiro, Carlos  (2007). Hernández Arregui Intelectual peronista. Pensar el Nacionalismo Popular desde el marxismo, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires.

Recalde, Aritz (2010) Hernández Arregui y la sociología Argentina, Ed. CEHA, La Plata.



[1] J. J. Hernández Arregui (1957). Imperialismo y Cultura, Ed. Amerindia, Buenos Aires. P. 270.
[2] J. J. Hernández Arregui  (2004).  Nacionalismo y Liberación. Ed. Peña Lillo, Buenos Aires. P 119
[3] J. J. Hernández Arregui (1972). Peronismo y Socialismo. Ed. Hachea, Buenos Aires. Pp. 162 y 164.
[4] La mención de Juan Perón es del año 1973 y se refería al libro de Arregui ¿Qué es el ser nacional?. La cita fue extraída de Piñeiro Iñiguez (2007). Hernández Arregui Intelectual peronista. Pensar el Nacionalismo Popular desde el marxismo, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires. P 222.
[5] Hernández Arregui desarrolló una importante tarea en el periodismo gráfico y en menor medida en radio. En el año 1935 los diarios La Nación y La Vanguardia realizaron comentarios a su libro de relatos Siete notas extrañas. Arregui se inicia en la radiodifusión en Córdoba en el año 1943. Durante 1951, produce un programa en la Radio del Estado de la provincia de Buenos Aires denominado Vida Artística, en donde comenta cuestiones de literatura, de psicología y de filosofía. Su participación en la prensa gráfica se vinculó a los siguientes periódicos y semanarios: Nueva Generación (1940); Debate (1940 - 41); Intransigencia (1944-45); El 45 (1955-56); Qué paso en siete días (1958); Santo y Seña (1959);  El Popular (1960); Soluciones (1960); La Montonera (1962); entrevista en Primera Plana (1972); Peronismo y socialismo (1973) - luego se denominó Peronismo y Liberación-. Los datos fueron extraídos de Norberto Galasso (1986) y de Carlos Piñeiro Iñiguez (2007).
[6] J. J. Hernández Arregui  (2004 - b). La Formación de la Conciencia nacional, Ed. Peña Lillo, Buenos Aires. Pp. 41 y 43.
[7] J. J. Hernández Arregui  (2004).  P 253.
[8] J. J. Hernández Arregui  (2002). ¿Qué es el Ser nacional?. Ed. Catálogos, Buenos Aires. P 29.
[9]   J. J. Hernández Arregui  (2004).  P 64.
[10] J. J. Hernández Arregui (1957).  P 326.
[11]  J. J. Hernández Arregui (1957).  P 328.
[12]  J. J. Hernández Arregui (1972). 268.
[13] J. J. Hernández Arregui  (2004).  P 15.
[14] J. J. Hernández Arregui (1972). P 32.
[15] J. J. Hernández Arregui  (2004 - b). Pp. 73 y 75.
[16] J. J. Hernández Arregui  (2002). P 170.
[17] J. J. Hernández Arregui (1957).  P 329.
[18] J. J. Hernández Arregui (1957).  P 330.
[19] J. J. Hernández Arregui  (2004). P 119.
[20] J. J. Hernández Arregui  (2004 - b). p 219.
[21] J. J. Hernández Arregui (1972).  P 162.
[22] J. J. Hernández Arregui (1972).  P 13.
[23] J. J. Hernández Arregui  (2004). P 117.
[24] J. J. Hernández Arregui  (2004). P 140.
[25] J. J. Hernández Arregui  (2004). P 116.
[26] J. J. Hernández Arregui  (2004). p 115.
[27] J. J. Hernández Arregui  (1957).  P 262.
[28] J. J. Hernández Arregui (1957).  P 274.
[29] J. J. Hernández Arregui (1957).  271.

martes, 13 de marzo de 2012

LEY DE EDUCACIÓN SUPERIOR

 ¿MERO INSTRUMENTO NEOLIBERAL?
Aritz Recalde, marzo 2012

En sectores importantes de la universidad argentina, existe una tendencia poco científica a repetir slogans sin saber bien de qué se tratan. Uno de ellos, se refiere a la inmensamente cuestionada LEY DE EDUCACIÓN SUPERIOR (LES). Con la finalidad de derogarla se organizan Congresos de supuestos especialistas; se realizan pintadas en los muros con denuncias rimbombantes; se distribuyen volantes en las aulas cargados de acusaciones; y se pueden escuchar cientos de citas de docentes y de alumnos, con ese tan noble objetivo. Todos repiten a coro ésta verdadera moda de “que hay que derogar ese instrumento maligno neoliberal”.

Con semejantes denuncias, un lee la LES desconfiado y atento, para dilucidar sus terribles objetivos antinacionales. Una vez que se lee la LES, se descubre que no introduce prácticamente ninguna de dichas regulaciones que todos denuncian. Frente a ello, no podemos evitar preguntarnos ¿de dónde sacan esas ideas los críticos de la LES?. Está claro, que esas acusaciones no las deducen de la lectura de ley. Puede ser que no la entendieron y además y me temo, en general tampoco la leyeron. Otra posibilidad y asumiendo que no la examinaron y que tampoco la pensaron mucho, consiste en atribuir sus opiniones a que aplican una relación lógica y directa, entre el programa neoliberal de Menem y De La Rua y las políticas universitarias.

En este último caso, tenemos que decir que no es tan fácil encontrar linealidades y determinaciones y por tomar un caso, en la etapa menemista la cuestión se pone polémica en temas de presupuesto y no es acertado llegar a conclusiones apresuradas como demostró Juan Carlos Del Bello en una reciente investigación[1]. En este sentido y tomando otro ejemplo, a nivel nacional se privatizaron empresas estratégicas como YPF y el Estado descentralizó servicios a las provincias, incluyendo las reformas introducidas en la Ley Federal de Educación de 1993.  Por el contrario, en el caso de la educación superior se abrieron 11 universidades nacionales[2] y se reguló la creación de universidades privadas, a tal punto que de más de un centenar de iniciativas privadas la CONEAU aprobó sólo 8 (ocho). Esta cuestión es clave, ya que las leyes neoliberales de educación superior que se dictaron en Latinoamérica, desregularon el funcionamiento de la actividad privada.

En el país se flexibilizó el empleo y para eso, se incluyeron los sobornos para sancionar la reforma laboral con el llamado escándalo de la Ley Banelco durante la gestión de De la Rúa. La LES y tomando distancia, establece la obligatoriedad de tener el 70 % de la planta docente concursada (artículo 51 y 78) y sólo excepcionalmente, se pueden “contratar” docentes.   

En este marco y sin escapar a la polémica, voy a cometer la “imprudencia” de mencionar varios de los aciertos de la LES que considero, pueden ser retomados en otra norma. Una nueva ley puede ser una buena posibilidad para mejorar el funcionamiento de nuestras universidades. Ahora, hay que decir que la próxima regulación de la educación superior deberá modificar los aspectos negativos, suplir las grandes omisiones y además, va a tener que recuperar y profundizar, los aciertos de la actual ley.
 
QUÉ NO HACE LA LES
Algunos dicen que la LES promueve el ACORTAMIENTO DE LAS CARRERAS para “rentar y hacer negocios con los posgrados”. En ningún lugar de la LES eso aparece mencionado y es una potestad de cada universidad, crear las carreras y formular los planes de estudio (artículo 29). Además, vale la pena resaltar que los títulos intermedios son positivos y lejos están de ser una herramienta privatizadora o nada que se le parezca.

Otros mencionan que es un instrumento del Banco Mundial para MERCANTILIZAR LA EDUCACIÓN abriendo posibilidades de arancelar carreras. En este marco, el aspecto más cuestionable de la ley es la eventualidad que abre de cobrar tasas por los estudios de grado (artículo 59). Ese artículo se debería reformar, si bien no obliga a las universidades, sino que lo deja ligado a la “autonomía”. Ahora bien, la gratuidad establecida por Juan Domingo Perón en el año 1949, se circunscribía a la educación de grado[3] y en la actualidad, no es un tema tan sencillo de resolver materialmente si lo llevamos a la posibilidad de expandir la educación “a lo largo de la vida”[4]. La LES también dice que deben destinarse los recursos y donaciones a los sectores sociales más débiles y muchas instituciones no lo hacen por decisión propia y no por temas de LES. También la LES promueve “la conciencia ética y solidaria” y la “preservación de la cultura nacional”. La universidad, en el ejercicio de su autonomía, puede tomar uno u otro camino y la “mercantilización” no le es impuesta necesariamente por la LES.

Los críticos también insinúan que la LEY VIOLA LA AUTONOMÍA y que permite una injerencia exagerada del Estado sobre la institución. La universidad es una institución pública. En este marco, los representantes del sistema político de masas, son quienes legal y legítimamente, definen los alcances de las regulaciones de los establecimientos. Los alcances de la supuesta “injerencia”, forman parte de un debate democrático que excede a la mera universidad. Por ejemplo, la UBA nació bajo la dependencia política de la provincia y la universidad de Córdoba era regulada por la España colonial. En el origen de las instituciones, no existía la autonomía tal cual la entendemos ahora. En definitiva, es la democracia popular la que debe definir los alcances de las regulaciones de las instituciones en cada momento histórico, reconociendo el interés general del país.  

Las agrupaciones de estudiantes sostienen que por “culpa” de la LES se produce una COMPETENCIA mercantilista ENTRE LOS DOCENTES. No es acertada esta definición. La LES introduce la figura de “concurso” para acceder a los cargos (artículo 11) que es muy anterior al año 1995. Este mecanismo implica una clara competencia entre pares. La LES mantiene y reproduce el sistema de concursos, no los inventa. Cada universidad tiene márgenes para modificar los criterios de los concursos y no es cierto que les sea impuesto desde la LES el sistema de competencia mercantil. 

Se escucha habitualmente que por intermedio de la ley, INGRESA EL NEOLIBERALISMO A LAS CÁTEDRAS. Como ya mencionamos, la facultad de formular los planes de estudio o de investigaciones, es una potestad universitaria (artículo 29). En definitiva, la adopción ideológica de las universidades, sean más o menos liberales, es un tema propio de su autonomía y poco tiene que ver con la LES. Incluso y si analizamos lo ocurrido en otros países de América Latina, nos podríamos preguntar si la LES fue efectivamente funcional en todos los aspectos al modelo neoliberal imperante. En otros Estados, los marcos legales dictados en los años noventa si contribuyeron efectivamente a la fuerte privatización y a la desregulación de la actividad universitaria privada.

 En este contexto: ¿Por qué no pensar que la clase media apoyó el menemismo y que la autonomía universitaria que otorgó la LES fue, en parte, el costo de ese apoyo?. ¿Por qué no atender además, que la política es compleja y que en los años noventa se tomaron algunas decisiones acertadas en materia de universidades?.

 ALGUNOS ASPECTOS POSITIVOS DE LA LES
La articulación de la educación superior
La ley es de “educación superior” y plantea la necesidad de articular la educación “universitaria” y la no “universitaria”[5]. Con esta finalidad,  menciona:
-  la posibilidad de establecer convenios entre instituciones (artículo 8);
-  el derecho de los estudiantes del nivel no universitario para cursar posgrados (39 bis).
- incluye los Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior en los cuales las universidades y los gobiernos provinciales, podrían planificar acciones de manera conjunta.   

Derechos de los docentes
Los docentes tienen derecho:
- a ingresar a la carrera académica mediante concurso. La LES establece la obligatoriedad de tener un 70% de los docentes concursados (artículo 51).
- a participar del gobierno de la institución;
- a participar en la actividad gremial[6] (artículo 11). CONEAU

Comisión nacional de acreditación y evaluación universitaria (CONEAU)
EVALUAR las instituciones públicas es un instrumento que posibilita a sus miembros hacer un análisis del cumplimiento de sus funciones. Además, hay que entender que las universidades nacionales son del Estado y no de los miembros del gobierno autónomo. En este marco, las EVALUACIONES EXTERNAS son un instrumento de transparencia y posibilitan a la sociedad y a sus representantes políticos, conocer el nivel de aplicación de las metas de la institución. Las recomendaciones de la CONEAU son públicas y se realizan a partir de la autoevaluación previa y de los objetivos de la propia universidad.

Lo mismo debemos decir de la facultad de ACREDITAR CARRERAS DE GRADO de INTERÉS PÚBLICO. El “interés público” lo definen las organizaciones libres del pueblo y sus representantes mediante la política y la acción electoral. En este marco y por tomar un caso, tanto la salud o la seguridad, deben ser reguladas por el Estado. Es sumamente positivo que las Carreras de “interés público” respeten parámetros comunes y regulaciones para todo el sistema. Dicha actividad, solamente puede hacerla el Estado nacional de manera centralizada y por intermedio de los representantes de la democracia en los cuales reposa la soberanía popular.

La REGULACIÓN DE LOS POSGRADOS por la CONEAU es positiva. Y esto corre tanto en la etapa del reconocimiento oficial provisorio inicial, como las acreditaciones donde se evalúa la gestión. La CONEAU obliga a las universidades a cumplir pautas generales y mínimas para las carreras y ello es positivo. En este marco, hay que decir que en ningún lado la LES habla de recortar carreras para hacer “negocios con los posgrados”, como se repite en los pasillos. Por el contrario y en general, se refiere a cuestiones de regulaciones de cargas horarias y de recorridos curriculares, estableciendo pautas mínimas, no máximas. Cada universidad en el marco de sus facultades, organiza sus recorridos y contenidos académicos.

Sería oportuno que los críticos de la CONEAU lean los dictámenes de las acreditaciones. En muchos casos y a diferencia de lo que se supone, los pares evaluadores recomiendan a los titulares de las carreras a trabajar temas socialmente relevantes como son la deserción o los programas de becas. Ambas medidas y como se lee, no son problemas y soluciones meramente “neoliberales”.

Llevado el razonamiento “anti intervención del Estado” de las universidades a otros ámbitos, la cuestión es más fácil de comprender. Pensemos si borramos todas las regulaciones y le damos a las instituciones públicas y privadas total autonomía. Por ejemplo, en la salud. Cada hospital tendría su propia política y atendería el problema que sus empleados creen más importante. Cada laboratorio haría su fármaco sin respetar normas. Las obras sociales atenderían los tratamientos que se les ocurran. Con las carreras de medicina en las universidades ocurre lo mismo y si cada Facultad  formaría “el médico” que su Consejo Superior considere, la cosa sería complicada. Ello sería absurdo y claramente pernicioso para la salud del país.

Además y por tomar otro caso, la homologación de los planes de estudio promovido es un insumo a partir del cual plantear la integración regional de universidades.

Con lo dicho, no negamos que se debe dar un importante debate sobre los parámetros de las evaluaciones. Asimismo, es innegable que existe una fuerte discusión en torno de los pares evaluadores y por ejemplo, a la posibilidad de albergar en su seno comisiones permanentes de grandes áreas disciplinarias. Pese a ello, no es oportuno, ni tampoco serio, plantear su disolución.

 Gobierno
La LES es amplia en este aspecto y habilita la participación en el gobierno de todos los sectores de la universidad, sean profesores, graduados, no docentes o alumnos (Artículo 53). Incluso, contempla la participación de miembros de la comunidad que no pertenecen a las universidades con los Consejos Sociales (Artículo 56).

La LES permite que la representación popular forme parte de los órganos colegiados de gobierno. Por ejemplo, en la Universidad Nacional de Río Negro en el órgano equivalente al Consejo Superior, participan con voz y voto los Ministros de Educación y de la Producción de la provincia, así como los jefes de bloque de las dos fuerzas políticas mayoritarias de la Legislatura provincial.  Además, se incorporaran los representantes del empresariado y de los trabajadores organizados. 

Se pueden discutir la proporción de las representaciones. Se puede debatir el rol que cumplen los representantes de los órganos ejecutivos (decanos o directores de carrera) en los órganos colegiados. Lo que no se puede decir es que la LES cercene derechos al autogobierno de los universitarios.

 La planificación y programación del sistema de educación superior
La LES prevé la planificación participativa del sistema de educación superior en general y universitario en particular. Que quienes ejercieron el gobierno del sector no hayan sido capaces de instrumentar un proceso de planificación es “harina de otro costal”. Se trata de una asignatura pendiente que dependen de nosotros llevarla adelante.

 Derechos de los alumnos
Los estudiantes tienen derecho a participar en el gobierno y a obtener becas (artículo 13).

La norma menciona el derecho de los alumnos a ingresar a la universidad sin título secundario (artículo 7). Me pregunto: ¿qué tiene esto es neoliberal?.

 ALGUNOS ASPECTOS NEGATIVOS DE LA LES
La LES tiene cuestiones que deben discutirse. En mucho casos por ser negativas, pero además y asunto central, la norma tiene baches que deberían completarse.

Algunos[7] ejes a poner en debate
-       La posibilidad de cobrar aranceles de grado (artículo 59).
-       La descentralización de régimen salarial (artículo 59).
-       El cruce entre competencias ejecutivas y legislativas (artículo 53).
-       La descentralización de los criterios de admisión  (artículo 50).

 Nuevas regulaciones que se pueden ampliar
-       Parámetros a cumplir de ingreso y permanencia de alumnos.
-       Promoción de la investigación y la extensión.
-       Articulaciones entre las universidades, la SPU y el Ministerio de Ciencia e Innovación.
-       Articulación con el conjunto del sistema educativo.
-       Articulación con el sector productivo público y privado.
-       Articulación de planes de estudio e intercambio de alumnos, investigadores y docentes en el país y la región.
-       Mayor transparencia en la distribución y la ejecución presupuestaria utilizando las nuevas tecnologías.
-       Derechos políticos de todos los miembros de la universidad.
-       Promoción y defensa de patentes e innovaciones científicas.

¿HAY QUE DICTAR OTRA LES?
Muchos de estos temas mencionados pueden ser regulador por leyes especiales y tal cual plantea Ernesto Villanueva, no es el único camino sancionar otra LES. Más bien, hemos perdido oportunidades de hacer modificaciones parciales, en un enfoque de mejora continua.

En general además, pueden alcanzarse muchos de esos objetivos en el marco de la actual ley.

A partir de lo dicho, considero que la posibilidad de sancionar otra ley va a ser útil, si partimos de un diagnostico más acertado de las demandas actuales del país. A partir de acá, cabe preguntarse cuál es el sistema de educación superior que necesitamos. Una vez identificados estos aspectos, se podría proponer una ley que resuelva dichos asuntos y todos aquellos propios del sistema universitario.




[1] En cuestiones de inversión presupuestaria Juan Carlos Del Bello estableció en 2007 que “Argentina registra una inversión del 0,8% del PIB, y para universidades la inversión es del orden del 0,6%, tasa que se mantiene prácticamente constante desde 1996. Incluso, en la primera mitad de los noventa es cuando se alcanzan esos guarismos, ya que con anterioridad el valor era inferior al 0,5%. Esta evidencia pone en duda el supuesto desfinanciamiento público de las universidades estatales”. www.saece.org.ar/docs/congreso2/delbello_gimenez.doc
[2] Universidad Nacional de Quilmes (1989), Universidad Nacional de la Matanza (1989), Universidad Nacional de General San Martín (1992), Universidad Nacional de General Sarmiento (1992), Universidad Nacional de la Patagonia Austral (1994), Universidad Nacional de la Rioja (1994), Universidad Nacional de Lanús (1995), Universidad Nacional de Tres de Febrero (1995), Universidad Nacional de Villa María (1995), Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (2002), Universidad Nacional de Chilecito (2002).
[3] En este marco, está abierto el debate del alcance de la gratuidad a las licenciaturas de complementación destinadas a quienes tienen título superior y a las carreras virtuales.
[4] Por ejemplo, cuando los médicos deban recertificar saberes para continuar ejerciendo la profesión la gratuidad sería injusta y de difícil aplicación. El mismo llamado de atención, puede hacerse en la elección de los posgrados a promover gratuitamente. En este caso, se tienen que establecer prioridades a partir del modelo de desarrollo.
[5] No voy a referirme a las universidades privadas ni tampoco a las provinciales incluidas en la ley. 
[6] La LES reconoció a las organizaciones gremiales. En plena década de los noventa y desde el año 1995, se llevaron a cabo negociaciones colectivas de trabajo. En varios casos, existió la renuencia de muchos Rectores demostrando que la LES podía ser utilizada, también, para defender los derechos de los trabajadores.
 [7] Se puede leer nuestra propuesta completa “Lineamientos políticos y académicos para una nueva universidad, 65 medidas para refundar la Educación Superior”. Descargable en  https://docs.google.com/Doc?id=dhbfxp34_94g3pccgfw

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