domingo, 3 de julio de 2011

El nacionalismo popular y los Intelectuales

Aritz Recalde, julio 2011

“Yo sé que esto le parecerá muy poco a los grandes ideólogos revolucionarios de la intilligentzia; pero sé que este programita sencillo y de vuelo corto los tiene en contra cada vez que se intenta, porque, como he dicho en otra parte, preocupados por volar muy alto, le sacan la escalera al que quiere subir un poco con la complacencia de los que quieren que no subamos nada”. Arturo Jauretche

El rol del intelectual en los países dependientes, es el de contribuir a la formación de la soberanía científico cultural y a la emancipación de las organizaciones libres del pueblo.
La soberanía científica y cultural es un elemento central de la independencia económica. De la posibilidad o no de consolidar la independencia económica, dependerá la soberanía o la subordinación política del país. Ningún Estado es soberano si es dependiente económicamente. A partir de acá, que la posibilidad de que la comunidad nacional se gobierne a si misma dependerá del nivel de desarrollo de su estructura productiva. Con la industrialización del país estamos afirmando políticamente a la nación o como estableció Juan José Hernández Arregui “sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional. Y sin soberanía nacional no hay autonomía cultural. Tal tarea sólo puede cumplirla el Estado Nacional” . En este marco, los intelectuales deben ser los protagonistas de la producción científica y cultural para el proyecto nacional. Los desafíos y necesidades del proyecto nacional, implican la planificación de la inversión en ciencia y tecnología y el apoyo a aquellas áreas fundamentales para el desarrollo integral del país. Es el proyecto nacional el que marca las tareas y los desafíos históricos al intelectual y no viceversa. La afirmación de la voluntad colectiva del pueblo como planificación del proyecto nacional, es el marco a partir del cual se organiza la acción del intelectual.
La segunda función del intelectual es la de contribuir a la emancipación y consolidación de las organizaciones libres del pueblo en cada contexto y momento histórico. Dicha función del intelectual implica abandonar los supuestos vanguardistas de la intilligentzia. Las tareas a cumplir, las discusiones y agendas a entablar, dependen del enemigo, del adversario y del momento y el alcance histórico de las luchas políticas en las que interviene. El modelo del “intelectual supercrítico”, libre e independiente, eterno decidor de verdades o inimpugnable cuestionador de dogmas, se ha demostrado más útil para las operaciones de prensa de las derechas mediáticas, que para las construcciones colectivas de poder. No existe “la verdad” y el supuesto de que se debe ejercer una tarea crítica permanente, es parcial y generalmente, insatisfactorio para la construcción política popular. No se trata de “criticar desde afuera” como un científico de laboratorio, sino de contribuir desde “dentro”, a la solidificación de las organizaciones libres del pueblo. Cada espacio, sea social, cultural o productivo, introduce las tareas, los interrogantes y los desafíos para la práctica intelectual. Dicho punto de vista reconoce la necesidad de bajar al barro de la política y las luchas sociales, abandonando el impoluto trono de los intelectuales cagatintas.

miércoles, 8 de junio de 2011

Raúl Scalabrini Ortiz. Modelo de intelectual nacionalista.


Aritz Recalde, junio de 2011.

El trabajo se organiza a partir de rescatar cuatro ejes sobre los cuales se constituye una parte considerable de la obra del autor. Esos son:
- el revisionismo histórico;
- el nacionalismo económico;
- el antiimperialismo político;
- el modelo de intelectual nacionalista y popular.

Previo a abordar estos temas, desarrollamos una breve reseña sobre el contexto de su vida y obra.


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Apartado 4- Modelo de intelectual nacionalista y popular.

“El día que los profesionales aprendan a ser leales al pueblo de donde provienen, ganarán una estabilidad emocional e intelectual de que ahora carecen, y el pueblo argentino, una clase dirigente de que ahora está huérfano”. Raúl Scalabrini Ortiz
“Por mi parte, yo tengo una fe profunda en la juventud de mi tierra”. Raúl Scalabrini Ortiz.
Scalabrini legó un modelo de intelectual democrático y popular comprometido con la emancipación de las organizaciones libres del pueblo y con la ruptura del neocolonialismo. Su obra, pero además su vida misma, son un ejemplo de entrega desinteresada a la defensa de los intereses nacionales y a las luchas del pueblo argentino por su liberación.
Renunciando a la comodidad y el resguardo del aparato cultural oficial, bajó a la arena de la lucha política y enfrentó a los representantes de los imperialismos más poderosos de los que haya tenido memoria el continente. Scalabrini denunció a Inglaterra y a Estados Unidos y con esa acción, puso en jaque los cimientos culturales del liberalismo dependiente.
Frente a la oligarquía y a sus difamadores a sueldo, opuso una vocación popular y nacionalista infranqueable, caracterizada por una acción periodística y de investigación con un estilo literario apasionado y con una fe plena en la emancipación americana.
Así fue, que presenció con profundo entusiasmo patriótico la eclosión en la historia de la clase trabajadora y frente a la movilización del 17 de octubre de 1945 sostuvo que “Era el subsuelo de la patria sublevado (…) presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado, estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacético, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”. Su opinión sobre el peronismo no era la hegemónica en la época y por el contrario, el aparato oficial de la prensa y la cultura fue severamente crítico, de derecha a izquierda, de la aparición del nuevo sujeto histórico. Entre los “críticos de izquierda” al 17 de octubre, estuvieron los comunistas que a pocos días de producida la movilización establecieron desde el órgano de prensa Orientación que “también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representan ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población”.
La actitud de Scalabrini a la hora de pensar los cambios del país y su respeto por la democracia popular de masas iniciada en 1946, lo diferenció de otros intelectuales que en nombre de la libertad, apoyaron el golpe militar y el terrorismo aplicado desde 1955 y como fueron los casos de Gino Germani, de Jorge Luis Borge, de Ezequiel Martínez Estrada o de José Luis Romero. Exceptuando Martínez Estrada, los otros tres pensadores recibieron cargos públicos de la dictadura y fueron entronizados por el aparato de prensa oficial como los fundadores de la cultura de las libertades públicas y de la democracia. Mientras la dictadura repartía entre los intelectuales que apoyaron el golpe los cargos de las universidades sitiadas ilegalmente o los diarios asaltados por militares, Scalabrini era violentamente silenciado. En el año 1955 la dictadura clausuró El Líder y como sostuvo Norberto Galasso “Otra vez, como en los años de Señales, como en la época de Reconquista, le birlan la tribuna en el momento que más lo necesitaba”.
En este contexto y a diferencia del europeísimo académico de la universidad tradicional, Scalabrini construyó un modelo de intelectual orgánico a las luchas populares y contribuyó con su pluma a la consolidación de la independencia económica y política del país. La adscripción al nacionalismo lo tornó un maldito para las casas de altos estudios, en las que se puede ser liberal o izquierdista, pero nunca nacionalista. Su extensa obra teórica estuvo centrada sobre la búsqueda de caminos que permitieran romper la dependencia económica, cultural, política y la tragedia social que ella traía aparejada. Desde la derecha y la izquierda, Scalabrini recibió fuertes críticas, incluyendo que fue sentenciado a prisión por opinar públicamente a favor de la neutralidad en la guerra y por denunciar el imperialismo inglés.
Por su actitud patriótica y como tantos otros, sufrió persecuciones y proscripciones con los gobiernos militares y fraudulentos. Pese a esto, Scalabrini demostró que se puede servir a la patria luchando contra el poder y la entrega y ser además, un hombre de ciencia y un teórico riguroso del accionar de los engranajes de nuestra dependencia. Por su acción fue y seguirá siendo, un modelo de intelectual nacionalista, que no perdió de vista la importancia de la inclusión popular y la dimensión latinoamericana para resolver nuestros problemas. Su férreo compromiso con el país lo llevo a desligarse del aparato oficial y de los círculos literarios y periodísticos. A lo largo de su vida renunció a las ofertas de cargos y mantuvo una línea de conducta intachable, asentada en convicciones y prácticas ejemplares. Su vocación patriótica quedó escrita para la posteridad: “Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir desaliento y corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere el sostén del optimismo. Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país. El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a una vía que termina en la prevaricación, porque ese optimismo falaz oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino”.

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viernes, 3 de junio de 2011

Apertura de nuevas universidades nacionales



Aritz Recalde, marzo 2011

“Una universidad tiene que ser el centro irradiante de la cultura nacional”.
Rodolfo Puiggrós

Durante las últimas dos décadas, se inauguraron 19 universidades nacionales . Nueve de ellas, tuvieron apertura durante las presidencias de Néstor y de Cristina Fernandez de Kirchner. En general y pese a las particularidades y lo reciente de muchas de las instituciones, el balance de su funcionamiento es altamente positivo para la región en las que se radican y para la nación en su conjunto.
Uno de los rasgos característicos de las nuevas universidades, es su impronta renovadora en la concepción acerca del rol de la institución frente a la nación. Es a partir de aquí, que las autoridades han promovido y están aplicando carreras no tradicionales, renovados modelos de organización y de gobierno y están consolidando líneas de investigación con fuerte inserción en el contexto social y político. Muchas de las autoridades de las nuevas casas de altos estudios, están atendiendo la opinión de Varsavsky que sostuvo que “para la ciencia, como para el desarrollo en general, no debemos aceptar teorías unilineales, seguidistas”.
Muchas de las instituciones, organizaron una oferta de carreas no tradicionales, que nacieron a partir de identificar la demanda regional en donde se radican, atendiendo la resolución de los problemas de las comunidades. Dicho punto de partida, favoreció la consolidación de nuevas ofertas que reúnen en una misma currícula diversas disciplinas. Como sostiene Ana Jaramillo, rectora de la Universidad Nacional de Lanus (UNLa), los problemas de la región urbana y la nación, son la estructura curricular de esa institución, que en su oferta promueve carreras como Logística o Seguridad Ciudadana. En esta misma línea y por intermedio de del rector Ernesto Villanueva, se organizó la estructura institucional de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), que oferta carreras como Bioingeniería o una Tecnicatura en Tecnología Vegetal Intensiva.
Uno de los temas fundamentales de las nuevas universidades es que y en general, tienen una nueva forma de relacionarse con la democracia de masas y sus representantes. En muchas de dichas instituciones, se promueve un dialogo más fluido con los gobiernos locales y los representantes de la producción y el trabajo. Por ejemplo, la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) desarrolló un modelo institucional que otorga representación a agentes del sistema político y social de su zona de influencia. Atendiendo la historia de la organización del gobierno universitario en el país, las autoridades de la UNRN introdujeron una práctica profundamente transformadora que abandona la tradición del gobierno tripartito iniciada con el golpe de Estado de 1955. En esta línea y por citar otra experiencia, la UNLa organizó un Consejo Social Comunitario, que tiene voz y voto en el gobierno de la institución. La UNAJ está implementando la experiencia de Redes Territoriales con fuerte vinculación con el gobierno local. Dichas experiencias y entre muchas otras, son muestras de la importante búsqueda de entablar nuevos, renovados y beneficiosos puentes, entre la democracia de masas y las universidades públicas.
Dentro de las instituciones creadas en las últimas décadas, adquiere suma relevancia aquellas organizadas en la Red de Universidades Nacionales del Conurbano Bonaerense (RUNCOB). La ubicación de las instituciones en los grandes centros urbanos, es un hecho de política de Estado social y culturalmente relevante, que le está dando presencia al gobierno nacional en ámbitos con históricas demandas no satisfechas. El Estado nacional está generando políticas en comunidades con deudas históricas por parte del sector público. Es interesante remarcar la alta tasa de crecimiento de estas instituciones. Por ejemplo, tomando la cifra de nuevos inscriptos en el período 1998 – 2008, tenemos que la Universidad de Lanús creció un 11,2%, la de La Matanza un 18,4 % y la de Quilmes un 14,6%. Contrastando estas cifras con las universidades tradicionales en el mismo período, vemos que la UBA tiene una cifra negativa de crecimiento de (–) 2,5%, La Plata de 0,1 o Córdoba (–) 1,1 . Las Universidades del Conurbano están canalizando una demanda educativa no satisfecha por el sistema tradicional.
Otro dato importante, es que dichas instituciones tienen un componente social de fuerte contenido popular. Por ejemplo, dicha característica se expresa en la tendencia a que se inscriban estudiantes de primera generación universitaria.

Las nuevas universidades están demostrando con hechos concretos, que se puede producir ciencia de calidad y con contenido socialmente relevante para la nación. Asimismo, son una muestra de que dicha práctica puede estructurarse de manera mancomunada con el Estado y las organizaciones libres del pueblo. La regionalización del conocimiento iniciada con la Universidad Obrera en 1948, está teniendo sus continuadores. Las universidades del conurbano y el interior del país, están contribuyendo al ascenso social de los sectores populares, iniciado desde las casas de altos estudios con la sanción de la gratuidad de la universidad el 22 de noviembre del año 1949.



domingo, 8 de mayo de 2011

Sonreí tercermundo, Estados Unidos y Europa te están mirando

Aritz Recalde, mayo 2011

“La humanidad conoce dos azotes que la han agobiado en su historia: el imperialismo, que al suprimir la libre determinación de los pueblos, la soberanía de las naciones y la independencia económica de los países, los priva de su libertad esencial; y las dictaduras, que, al suprimir en parte la libertad individual, insectifican al hombre. Las dictaduras son de efecto limitado en el tiempo y en el espacio, duran lo que dura el hombre que las ejerce y alcanza sólo una acción parcial. Los imperialismos son permanentes y alcanzan a todos. Por eso la dictadura se abate por reacción local; y el imperialismo sólo cede ante la acción de todos. (…) La guerra se produce por designio de los hombres, no por su fatalidad. Las causas del noventa porciento de las guerras que ha soportado la humanidad, desde el mundo antiguo hasta nuestros días, han sido los imperialismos”. Juan Domingo Perón (1)
“¿Vivimos aún en tiempos en que el hombre debe luchar y morir para tener derecho a convertirse en ciudadano de una nación? (…) ¿No hay en ésta tierra suficientes voluntades para imponer la razón a la sinrazón? (…) La muerte de colonialismo es, a la vez, la muerte del colonizado y la muerte del colonizador. (…) Lo deseamos y lo haremos. No creemos que exista fuerza capaz de impedirlo”. Frantz Fanon (2)

Sonreí tercermundo, los políticos norteamericanos te están mirando. Te necesitan para sus campañas electorales. Te requieren muerto y televisado para triunfar en sus elecciones de candidatos cada año. Con vos y con tu familia asesinada, van a apaciguar los temores y las frustraciones de sus pueblos, que están sujetos a una campaña mediática y cinematográfica de terrorismo ideológico permanente. La industria cultural les muestra que afuera de sus cálidos hogares capitalistas, está la barbarie y se esconde el peligro. Le enseñan al pueblo que aquí, en nuestros continentes, se cobija el mal y se reproduce el terrorismo.
Las acciones aplicadas por la barbarie occidental en los últimos dos siglos, deben servirnos de escuela. De esa experiencia, tenemos que comprender una ley de la división internacional del planeta, que establece que los habitantes de las naciones del sur de la tierra somos un objetivo militar y que las metrópolis, son nuestros supuestos legítimos ejecutores. Cada uno de los objetivos militares de la OTAN o de la CIA, ya sean soldados, sean presidentes o sean niños, son utilizados para mantener la estabilidad política y económica interna de sus Estados. Los actos del terrorismo norteamericano y europeo sobre el tercermundo no encuentran límites. Bombardean países, destrozan su infraestructura, sus patrimonios culturales y matan a las poblaciones bajo los misiles o por el hambre ocasionada en las conflagraciones. No importa si el asesinado a televisar es un socialista democrático como Salvado Allende o si hay que armar un documental con el ahorcado Sadam Husein. No interesa si matan soldados como Osama Bin Laden, buscan asesinar presidentes como Evo Morales (3) o ejecutan a la luz de la opinión pública mundial, a jóvenes y niños, como es el caso del hijo y los 3 nietos de Muamar Kadaffi.(4)
Los políticos de las metrópolis en tiempos de campaña, hacen apología de los crímenes de guerra más atroces, como fueron el hundimiento del Crucero General Belgrano en Malvinas o la ejecución de los cientos de miles de supuestos comunistas que mando a matar el Operativo Cóndor (5) . A la hora de asesinar y promover las torturas, las desapariciones y los secuestros, seguramente Margaret Thatcher, Ronald Reagan, George Bush o actualmente Barak Obama, miraron las encuestas y oyeron a sus asesores. Por como actuaron, es innegable que descubrieron que matar brutalmente latinoamericanos, africanos o asiáticos, alimenta el ego de buena parte de la opinión pública de las metrópolis. Para las potencias y cuando median sus intereses, no hay leyes, no hay valores, no hay procesos judiciales, solo existe la aplicación de la fuerza que es el derecho de las bestias.

Tal cual estableció y auguró Juan Perón en el epígrafe, el azote del imperialismo es un presente trágico para Asia, para África o para América Latina. Sonreí tercermundo, las metrópolis piensan en vos y cuando necesiten ganar una elección, vas a formar parte de su plataforma electoral. Si por el contrario al mandato criminal que nos imponen la OTAN y sus aliados, creemos que la paz y la libertad son la razón de nuestros pueblos, retomemos la voluntad de Fanon y junto con él, convenzámonos de que “no creemos que exista fuerza capaz de impedirlo”.



1- Juan Perón, Política y Estrategia, Pleamar, 1983. Pp 8 y 61.
2- Franz Fanon, Sociología de una revolución, Ediciones del 70, 1973. Pp 16 – 18.
3- Stella, Calloni, Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia, Punto de Encuentro, 2009.
4- http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/01/internacional/1304203466.html
5- Stella Calloni, Los años del lobo. Operación Cóndor. Peña Lillo, 1999.

viernes, 22 de abril de 2011

Ciencias sociales y nacionalismo

Aritz Recalde, abril de 2011

“Los indios no piensan porque no están preparados para ello, y los blancos españoles habían perdido el hábito de ejercitar el cerebro como órgano (…) ¿En qué se distingue la colonización española?. En que la hizo un monopolio de su propia raza, que no salía de la edad media al trasladarse a América y que absorbió en su sangre una raza prehistórica servil. ¿Qué le queda a esta América para seguir los destinos prósperos y libres de la otra? Nivelarse; y ya lo hace con las otras razas europeas, corrigiendo la sangre indígena con las ideas modernas, acabando con la edad media. Nivelarse por la nivelación del nivel intelectual y mientras tanto no admitir en el cuerpo electoral sino a los que suponen capaces de desempeñar sus funciones (…) Seamos la América, como el mar es el Océano. Seamos Estados Unidos”. Domingo Faustino Sarmiento . (1)

“La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación. (…) Son el interior del país y su población autóctona los factores que han preservado nuestra idiosincrasia nacional. (…) Y es la conciencia nacional de los argentinos, fruto de un acaecer histórico, doloroso pero no gratuito, la que les anuncia a las naciones opresoras de la tierra invirtiendo el temor de Darío – poeta inmortal de nuestra América- que los hispanoamericanos no hablaremos inglés”. Juan José Hernández Arregui . (2)

Una de las características típicas de las ciencias sociales y humanas del país, es su reiterada tendencia a la imitación. Ya desde las postrimeras de la independencia, muchos intelectuales y miembros de las universidades, no buscaron las soluciones a los dramas y los desafíos del continente en nuestras potencialidades y realidades históricas. Por el contrario y como demuestra el epígrafe de Sarmiento, se tomaron como parámetro las producciones culturales y políticas de los imperios como los Estados Unidos, Inglaterra o Francia. Se trato de importar Europa a América por intermedio de copiar sus leyes, repetir sus valores, imitar su ciencia, consumir sus manufacturas y poblar nuestro suelo con la denominada raza blanca civilizada.
En general, las diversas imitaciones y copias no alcanzaron los objetivos formales que se plantearon. La reproducción de las leyes culminó en fracasos reiterados como fueron los casos de las infructíferas constituciones de 1819 o de 1826. La negación de los patrones de conducta americanos y la promoción de los extranjeros, incitaron a nuestras clases dirigentes a organizar Estados subdesarrollados en lo económico y de profundo contenido racista en el plano político o cultural. Entre los promotores de la impostación de Europa en América, encontramos a Alberdi que sostuvo que “En América todo lo que no es europeo es bárbaro: no hay más división que ésta: 1°, el indígena, es decir, el salvaje; 2°, el europeo es decir, nosotros los que hemos nacido en América y hablamos español” ( 3).
La definición europeísta de los intelectuales, lejos de ser un mero debate cultural, implicó la promoción de un orden político regional neocolonial y con su práctica dieron justificación a las acciones de hostigamiento a los modelos nacionalistas de desarrollo. En ésta línea, Alberdi cuestionó duramente el modelo proteccionista del Paraguay y la argumentación fue claramente racista al afirmar que “Ese sistema garantiza al Paraguay la conservación de una población exclusivamente paraguaya, es decir, inepta para la industria y para la libertad (…) Ese régimen es egoísta, escandalosos y bárbaro, de funesto ejemplo y de ningún provecho a la causa del progreso y cultura de esta parte de la América del Sud. Lejos de imitación, merece la hostilidad de todos los gobiernos patriotas de Sud América” (4 ). Estas ideas y los intereses políticos y económicos que se escondían detrás, culminaron en la guerra del Paraguay y en el asesinato de prácticamente la totalidad de la población masculina de ese país. Destruido Paraguay, se podría importar la raza blanca, que y supuestamente, sería apta para el comercio británico y la libertad ( 5).
Los ingleses exportaron la teoría del liberalismo económico y los franceses un modelo de filosofía jurídica política y ambos esquemas fueron utilizados como una justificación de su acción imperialista en el continente. La asimilación acrítica de dichas producciones por parte de los intelectuales del tercer mundo, los llevo a justificar la guerra y las agresiones económicas y políticas permanentes contra nuestras comunidades. Así fue como Esteban Echeverría y otros intelectuales desde Montevideo, apoyaron a Europa en la guerra contra el país, ya que en su opinión “los jóvenes redactores del Nacional (…) creían que el género humano es una sola familia (…) por parte de la Francia estaba el derecho y la justicia; tuvieron el coraje de alzar solos la voz para abogar por la Francia y contra Rosas (…) a poco tiempo todos los emigrados argentinos adhirieron a ellas, y que el general Lavalle se embarcó el 3 de Julio de 1839 para Martín García en buques franceses”( 6).
Luego del año 1852 y pese a la heroica resistencia popular al imperialismo en 1808, 1837, 1845 o la humillante ocupación de Malvinas en 1833, los intelectuales dependientes apoyaron la decisión de los gobiernos de que la Argentina ingrese directamente en la órbita del imperio británico. Nuestro enemigo histórico y con la aprobación de los intelectuales, organizó y manejo de manera onerosa para el interés nacional, el transporte, el comercio, la cultura, el perfil productivo, la relaciones exteriores o la política interna.
Fueron los programas de gobierno de Hipólito Yrigoyen y en especial, el modelo de desarrollo industrialista iniciado en 1943, los impulsores de una profunda transformación cultural e intelectual de carácter nacionalista. El primero, lo realizó apoyando y entre otras cuestiones, la reforma universitaria de 1918 y el segundo, promoviendo la independencia y soberanía científicas y la masividad e igualdad para el acceso a la cultura.
Dicho avance en la conciencia nacional de las organizaciones libres del pueblo, se demostró más avanzado que muchas concepciones dependientes y antidemocráticas encarnadas por diversos núcleos intelectuales. Un caso emblemático es el de Gino Germani y un grupo de intelectuales de la sociología argentina, que fueron promotores del golpe militar del año 1955 y de la extranjerización del país que promovió la asonada castrense. En nombre de la modernización, como en su momento se citó la palabra mágica de la civilización, se escribió una justificación “científica” para el programa represivo. En plena dictadura militar de 1956 y haciendo apología del golpe, Germani estableció que “La originalidad del peronismo consiste, por tanto, en ser un fascismo basado en el proletariado y con una oposición democrática representada por las clases medias (…) Al lema fascista de “Orden, Disciplina, Jerarquía”, sustituye el de “justicia Social” y “Derechos de los Trabajadores””(7 ). En términos objetivos e históricos, la oposición llamada “democrática de clase media” y sus aliados militares, bombardearon Buenos Aires, derogaron la Constitución Nacional, dieron por tierra con los derechos de los trabajadores, fusilaron civiles e impulsaron su modelo de sociedad con torturas y comandos civiles. El “fascismo de los trabajadores” y por el contrario, se presentó a elecciones libres y limpias y por la vía democrática tras una década de fraude electoral e impulsó un proyecto de país inclusivo y de avanzada en términos económicos, científicos o sociales. En su opinión, a partir del año 1955 se abría el desafío de la “desperonización” que tenía que incluir la organización de una nueva democracia, capaz de distanciarse de la anterior, ya que “La tragedia política argentina residió en el hecho de que la integración política de las masas populares se inició bajo el signo del totalitarismo (…) La inmensa tarea a realizar consiste en lograr esa misma experiencia, pero vinculándola de manera indisoluble a la teoría y a la práctica de la democracia y la libertad”( 8). A partir de 1955 y bajo justificaciones emparentadas, se inició un proceso de dictaduras militares, de persecuciones y de proscripciones, que culminaron en la aplicación del golpe de 1976. Ésta última dictadura, también y como estableció proféticamente Germani, buscó la verdadera libertad y democracia por fuera del sistema electoral y constitucional.
En ambos casos, los intelectuales buscaron interpretar las prácticas políticas del pueblo con categorías extranjeras. A mediados del siglo XX, no se llamó a las organizaciones libres del pueblo la barbarie, sino que el rotulo fue el fascismo, el nazismo o la subversión. En 1955 no fueron los ingleses, como en el siglo XIX, los únicos beneficiarios directos de la violencia, sino que desde ahora eran también los norteamericanos.
Más allá de la marcada tendencia al europeísmo de muchos intelectuales, el siglo XXI se caracteriza por la recuperación de nuestra conciencia histórica y por el renacer de un incipiente nacionalismo popular. La vigencia del nacionalismo se expresa en los diversos programas políticos, culturales y sociales que en Argentina, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil o Ecuador, están planificando y aplicando modelos de desarrollo endógenos, con una importante participación de las organizaciones libres del pueblo.
Una de las manifestaciones del renacer nacionalista, se refleja en la promoción y en la organización de la política exterior continental. El profundo sentido americanista de las relaciones exteriores, es una de las manifestaciones de la recuperación de la conciencia histórica iberoamericana. Iberoamérica es una realidad cultural, histórica y además y cuestión trascendental, la necesidad de unidad del sur del continente es el resultante del mismo enemigo geopolítico que tenemos en común. Las clases dirigentes latinoamericanas están rompiendo el lazo dependiente en el plano cultural y político con las metrópolis y ello les permite a los pueblos iniciar procesos de desarrollo nacional aplicando sendas políticas emancipadoras.
Las transformaciones políticas, sociales y culturales del continente y en muchos casos, contrastan con el marcado europeísmo de los programas de estudio y de las carreras en ciencias sociales y humanas de las universidades. Diversos intelectuales siguen atados al esquema de la generación del 37 que se expresa y por ejemplo, en el artículo 25 de la Constitución argentina de 1994, que en pleno siglo XXI, se propone fomentar solamente la inmigración europea. En este cuadro, la tarea de la hora para los intelectuales y universitarios, es la de regresar al nacionalismo popular, desprendiéndose de los prejuicios europeístas y norteamericanos frutos del neocolonialismo que remachó en las conciencias el síndrome de inferioridad local frente a lo extranjero. Allí, nuestros intelectuales y jóvenes, van a encontrar muchas de las preguntas y las respuestas para acompañar la emancipación de las organizaciones libres del pueblo y sus naciones. La soberanía cultural del país y el continente, es y seguirá siendo una tarea original o no será nada. Se trata de teorizar los problemas y no simplemente los textos como sostiene la socióloga Ana Jaramillo y este desafío no es una mera tarea de importación y de repetición de disciplinas extranjeras. No hay que copiar la civilización europea y tampoco volver al nuevo o al viejo Marx, como repiten cátedras, periódicos e intelectuales que se sienten renovadores con ello. La tarea estratégica actual de las ciencias sociales, es la de estudiar a los grandes maestros del nacionalismo popular, entre los cuales no podemos dejar de mencionar en las figuras de José María Rosa, de Arturo Jauretche, de Norberto Galasso, de Juan José Hernández Arregui, de Fermín Chávez o de Oscar Varsavsky.

Citas
1- Domingo Faustino Sarmiento (1915), Conflictos y Armonías de razas en América, La Cultura Argentina, Buenos Aires. Pp 172, 449 y 456.
2- Juan José Hernández Arregui (2003), La formación de la conciencia nacional, Corregidor, Buenos Aires. Pp 42, 44 y 381.
3- Juan Bautista Alberdi (1928), Bases, La Cultura Argentina, Buenos Aires. P 83
4- Op.Cit. p 65.
5- Hacia el final de sus días y al observar los resultados fatídicos de la Guerra de la Triple Alianza, Alberdi modificó su opinión sobre el Paraguay. Pese a esta posición que se puede leer en su correspondencia con el encargado de la legación paraguaya en Europa Gregorio Benítez, ya era demasiado tarde. Se puede leer la corespondencia mencionada en David Peña (1965), Alberdi, los mitristas y la guerra de la triple alianza, Peña Lillo, Buenos Aires.
6- Esteban Echeverría (1953). Dogma Socialista, Editorial Jacson, Buenos Aires. Pp 56 - 58.
7- Gino Germani (2006), “La integración de las masas a la vida política y el totalitarismo”, en Gino Germani: La renovación intelectual de la sociología, UNQUI, Quilmes. Pp 208 y 211.
8- Op. Cit. PP 220-221.

martes, 12 de abril de 2011

Actualidad de la Constitución del año 1949

Aritz Recalde, abril de 2011




Durante los últimos doscientos años de historia Argentina, coexisten y se enfrentan dos grandes tradiciones políticas acerca del tipo de modelo de desarrollo para aplicar en el país. Una tradición, es la liberal exportadora y la otra, es la proteccionista e industrialista. En el marco de la primera, se ubican el programa agroexportador iniciado en 1853 o el proyecto financiero aplicado a partir de la gestión del Ministro de Economía Martínez de Hoz y de la dictadura de 1976. Entre las segundas y con sus matices y diferencias, se sitúan el modelo nacionalista y el desarrollista, cuyas máximas figuras en el siglo XX y XXI son Juan Perón, Arturo Frondizi, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Sin desconocer que existen puntos de coexistencia entre ambos, la historia reciente muestra que los dos modelos de país se enfrentaron y su disputa se desenvolvió en el plano político, económico, cultural, militar y también, en el terreno institucional. Una de las manifestaciones del enfrentamiento entre los modelos de país, se dio en el plano del derecho, las instituciones y tema que nos interesa, se expresó a nivel de las constituciones. Los políticos de la tradición liberal y agroexportadora sancionaron en 1853 y en 1994 dos de los textos constitucionales con mayor permanencia en la historia del país. En realidad, el esqueleto del texto de 1853 es el principio rector del orden institucional que introdujo la Constitución de 1994. El documento fundamental de la tradición nacionalista, es la Constitución del año 1949. En nuestro país, el derecho liberal tiene entre sus ideólogos locales a Bernardino Rivadavia y a sus seguidores. Dicho dirigente, desarrolló una importante tarea de promoción y de sanción de leyes, en su mayoría, reproducidas del sistema institucional europeo. En su opinión, había que copiar las leyes de la civilización y junto a ellas, se estarían importando las costumbres, las prácticas y los valores del extranjero. Una de las finalidades de la importación del derecho extranjero, era la de educar a la barbarie interna para organizar a la nación. Para civilizar a los nativos del continente, se deberían importar de Europa manufacturas, personas, costumbres y leyes. A partir de aquí, Rivadavia promovió una noción típica de los ideólogos del derecho liberal, que supone que los textos normativos ofician como un pacto político en sí mismo, que puede remplazar o subestimar, los factores culturales, sociales y los patrones de conducta históricos de los pueblos. El remplazo natural y por evolución de un sujeto histórico por otro y pese a los supuestos rivadavianos, reconoció una férrea resistencia por parte de los pueblos destinados a desaparecer frente al avance de la civilización. A partir de aquí, la tarea de imposición del liberalismo y sus leyes, se organizó en dos etapas. Por un lado, educando a una la elite destinada y entre otras cuestiones, a escribir las leyes y que asimiló para ello, la ideología europea y que conformó un sujeto cultural diferenciado de los pueblos. El otro mecanismo para imponer sus instituciones, su economía, sus inmigrantes o sus leyes, fue el asesinato y la persecución de sus adversarios. En este cuadro, los intelectuales liberales buscaron remplazar un país por otro y con dicha intención, importaron las leyes extranjeras e intentaron amoldar el país a ellas. El supuesto de que el derecho y las constituciones pueden organizar a una nación, se mostró falso y la sanción de los textos liberales lejos de unir al país, contribuyeron a desorganizarlo y a acentuar las guerras civiles y el enfrentamiento entre sectores. Por ejemplo y yendo a los años posteriores a la independencia, se observa que la propuesta de Constitución de 1819 que tenía un contenido centralista y aristocrático que cercenaba el federalismo y los derechos de las provincias , cayó en el vacío en el marco de la oposición política del interior contra los intereses unitarios. Lejos de ser una prenda para la unidad nacional, el programa político y su Constitución derivaron en la batalla de Cañada de Cepeda. Mientras los intelectuales liberales debatían y sancionaban textos legales para organizar el Estado, los referentes populares movilizaban sus tropas para enfrentar al agresor externo y garantizar la soberanía. El texto, por perfecto que fuera en términos del formalismo europeísta, era inútil e inaplicable políticamente frente a las tareas pendientes de la organización nacional. En dicho contexto “constituyente”, Gervasio de Artigas luchaba contra la ocupación del imperio del Brasil y San Martín reunía su tropa para resistir el potencial desembarco de 20 mil españoles y para continuar la obra libertaria en Perú. La contracara de los patriotas, eran los liberales porteños que sancionaban normas inaplicables y que pedían y por ejemplo, que San Martín abandone la guerra de liberación contra el colonialismo y que reprima las montoneras federales. El texto constitucional de 1819 cayó en desgracia y hubo que esperar hasta el año 1826, para que Bernardino Rivadavia y los liberales porteños, sancionaran un nuevo modelo para la organización institucional y política del país. Este texto y de forma similar al de 1819, no unificó la nación sino que y por el contrario, contribuyó a la guerra civil. El debate de la Constitución de 1826 es interesante ya que y entre otras cuestiones, encontró la intervención de Manuel Dorrego contra la propuesta de los liberales de aplicar el voto calificado y de prohibir la participación política de los “domésticos a sueldo, jornaleros o soldados” . El sistema de gobierno que introdujo la Constitución en la Sección III, no mencionó el sistema federal y en su lugar introdujo “la forma representativa, republicana, consolidada en unidad de régimen”. El texto que ataba la representación política a la tenencia de capital o de una profesión o que permitía al presidente nombrar a los gobernadores, fue rechazado por los representantes políticos del interior. Era el segundo texto constitucional que demostraba claramente, la falacia del supuesto de que las leyes organizan los Estados. Asimismo, la caída del gobierno y de la Constitución, mostró la inviabilidad de la aplicación del liberalismo racista y europeísta porteño en el país. Las organizaciones libres del pueblo no se ajustarían a los patrones de conducta y a las formas de organización social, supuestamente implícitas, en las leyes copiadas de Europa. Tras el rotundo fracaso liberal que condujo el país a la guerra civil y a la disgregación nacional, Juan Manuel de Rosas avanzó hacia la conformación de un pacto político y social de carácter constituyente. El Pacto Federal de 1831 fue rubricado inicialmente por Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y luego por Corrientes e implicó un acuerdo fundacional que sentó las bases de la organización nacional. La constitución en el pensamiento de Rosas y tomando distancia de la tradición liberal europeísta y dependiente de muchos intelectuales, debería ser el resultado de un acuerdo político, social, económico y cultural previo, entre los representantes de las provincias y las naciones del continente y el mundo. El texto además, debería ser la culminación de un proceso de organización nacional previo y nunca podía ser su causante. Mientras Rosas combatía al imperialismo más poderoso del mundo en 1838 o en 1845, los intelectuales al servicio del extranjero construyeron el mito de que la organización y la soberanía nacional eran y fundamentalmente, un tema de constituciones. Tal cual lo adelantó el mandatario, había que sancionar y restaurar leyes, pero dicha noción implicaba recuperar los patrones culturales, políticos y de conducta del pueblo y no podía tratarse de una mera copia del extranjero. Los antecedentes fallidos de 1819 y de 1826, seguramente fueron un llamado de atención a Rosas. El restaurador de leyes, estableció que si no se construían previamente los lazos políticos y organizativos necesarios y si no se sancionaba una norma que superara el modelo iluminista de los intelectuales, el proyecto derivaría en una nueva frustración. Ese fue el mensaje de Rosas a Quiroga en la Carta de la Hacienda de Figueroa. Por por su actitud, fue acusado de retrogrado, de feudal y de bárbaro, por los intelectuales europeístas que entregaron el patrimonio y la soberanía al extranjero. Más allá de las acusaciones, sus palabras fueron proféticas y luego de la batalla de Caseros se sancionó la Constitución de 1853 que no detuvo la guerra civil, no impidió la secesión de Buenos Aires en 1854 y no fue un estorbo para la separación y balcanización definitiva de la Banda Orienta, el Alto Perú y el Paraguay. El cuerpo del texto de 1853 fue redactado en su mayoría por Alberdi y tanto si se estudian los comentarios que hace en Las Bases sobre los antecedentes normativos en el continente o si se lee la propia Constitución, quedan evidenciados el racismo y la subestimación de esos intelectuales sobre el contenido de las leyes y las costumbres americanas. En este caso, como en 1819 o 1826, la primacía de la política se abría paso frente al planteo fundacional mítico de los intelectuales liberales. Fueron la política y la guerra y no el texto importado, los que unieron al país y dicha organización nacional, se implementó una vez que los liberales porteños estuvieron al mando del poder. La barbarie de los salvajes unitarios fue la ley real que impusieron los porteños y las menciones de la Constitución a la división de poderes, a los derechos individuales o a la libertad de prensa, fueron consignas vacías para el pueblo que fue despojado de garantías y de derechos. La fraseología y el entramado normativo liberal, sirvieron a la oligarquía para ocultar bajo el manto de la filosofía jurídica extranjera, sus actos de violencia política, sus redes de poder y la profunda fragmentación social con la que gobernaron nuestro país. La tradición proteccionista e industrialista y luego de décadas de construcción política, económica, social y cultural, consolidó las bases para modificar el sistema institucional argentino heredado del liberalismo. En el año 1949, se sancionó un nuevo pacto institucional que refundó los pilares del Estado y que promovió una nueva interpretación sobre los alcances de la democracia. El texto implicó un cambio en las concepciones acerca de la propiedad privada y sobre los alcances de la soberanía política, que implicaba desde ahora y entre otras cuestiones, la administración de los recursos económicos y estratégicos por parte del Estado. En ente marco y en su Preámbulo, se estableció el objetivo de promover la cultura nacional y la irrevocable decisión de los argentinos de construir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. La Constitución de 1949 y a diferencia de la de 1819 o la de 1826, era la institucionalización de un proceso social, político, económico y cultural previo y no su inverso y es a partir de la realidad efectiva de la norma, que no hizo falta asesinar argentinos para imponerla. Los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura introducidos en el Capítulo III, eran una realidad papable en cientos de miles de casas, de escuelas, de hospitales, de centros deportivos o de universidades construidas en el período. La función social de la propiedad privada (artículo 38) y el mandato de que el capital debía estar al servicio de la economía (artículo 39), tenían una clara vigencia, expresable y por ejemplo, en la planificación colectiva del desarrollo nacional en los Planes Quinquenales o en la participación concreta en la riqueza por parte de la clase obrera. La mención al monopolio que debía ejercer el Estado nacional sobre el comercio exterior, sobre los servicios o los recursos naturales (artículo 40) eran el marco institucional para el funcionamiento de los ya existentes IAPI, YPF, IAME, Fabricaciones Militares o para los ferrocarriles nacionalizados. No se trató de copiar un texto de Europa para que la realidad se ajuste a él, sino que y por el contrario, se buscó institucionalizar el avance de las organizaciones libres del pueblo y la nación, en la construcción de sus decisiones. La vigencia y la actualidad del texto, se hicieron sentir y por ejemplo, en la resistencia de las organizaciones libres del pueblo frente al liberalismo neocolonial inaugurado en el año 1955, que la derogó y que intentó revertir el modelo de país para regresar a la colonia pastoril. La fuerte defensa de sus derechos ejercida por los trabajadores frente a la revancha de la oligarquía, fueron una muestra cabal de la existencia y la supervivencia de muchos de los principios del texto de 1949. Para derribar al modelo nacionalista y los principios rectores introducidos por su Constitución, el gobierno neoliberal de 1976 aplicó la violencia y el asesinato de miles de dirigentes políticos y de intelectuales. Una vez disciplinada la sociedad por la vía militar, se dio paso a la etapa política de destrucción de la Argentina con Carlos Menem y con Fernando De la Rúa. El primero, sancionó una nueva Constitución en el año 1994 y dicho pacto fundacional, recuperó el núcleo liberal fundamental de 1853. El texto y lo mismo que en el siglo XIX, buscó traducir los anhelos de la oligarquía interna y del interés trasnacional. No por casualidad, en el texto neoliberal de 1994 sólo se puede leer en el preámbulo las menciones abstractas al bienestar general o a la libertad: lejos está de buscar la independencia económica o la soberanía política del país como se estableció en el año 1949. El poder económico en convivencia con el político, favoreció la destrucción y el debilitamiento del Estado nacional. En este cuadro, se feudalizó el país al provincializar la administración de los recursos naturales y se estableció que las riquezas son “de dominio originario de las provincias” (artículo 124). El artículo 125 facultó a las provincias para promover la importación de capitales extranjeros y favoreció en ese contexto, la venta y el descalabro del patrimonio del país que fue transferido al extranjero. El racista y neocolonial artículo 25, mantuvo el objetivo de fomentar la “inmigración europea” y no así, la latinoamericana o la tercermundista que y por ejemplo, nos apoyó en Malvinas contra las agresiones de la OTAN y las naciones “civilizadas” que mataron y torturaron soldados argentinos. Los dirigentes de las metrópolis aprobaron la posibilidad de que los Tratados con las naciones extranjeras, tengan carácter de ley suprema (artículo 31), favoreciendo el hecho de que las potencias puedan sentar al banquillo de los acusados a los gobernantes dispuestos a recuperar nuestro patrimonio. En el marco del programa neoliberal, se buscó transferir la soberanía desde la nación, hacia los tribunales y los ámbitos institucionales controlados por las potencias . El país fue vendido a las naciones extranjeras y la Constitución no fue un impedimento, sino y por el contrario, ofició como uno de sus instrumentos. De la misma forma que en 1853, el documento de 1994 sancionó una batería de derechos y de instrumentos liberales de nula o escasa aplicación. En la década de mayor corrupción y decadencia moral del país, la Constitución estableció entre los nuevos derechos y garantías el “grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar cargos o empleos públicos” (artículo 36). La norma introdujo un concepto liberal economicista de la participación política y entre los nuevos derechos y garantías, hizo referencia a los del consumidor y el usuario (artículo 42). Entre el texto y la realidad hay un abismo, ya que estas abstractas menciones contrastaron con la concentración monopólica de la economía por parte del capital extranjero, con el aumento oneroso de las tarifas de servicios públicos, con la descapitalización de gran parte de las sociedades privatizadas, con los abusos permanente de las grandes empresas contra los usuarios, con los escándalos de corrupción o con la conformación de oligopolios contrarios al interés nacional y el posible cumplimiento real de los derechos individuales. En la etapa de vaciamiento de los partidos políticos o de escisión profunda entre las acciones del gobierno y el pueblo, se introdujeron los nunca aplicados mecanismos de democracia semidirecta como la iniciativa (artículo 39) o la consulta popular (artículo 40). Pese a los anhelos de los constituyentes liberales, el pueblo no canalizó sus demandas en ONG o en institutos de democracia semidirecta, sino que lo realizó en piquetes, asambleas, sindicatos y en partidos políticos. La Constitución y pese a que las condiciones de vida de la mayoría fueron deterioradas como nunca en la historia del país, introdujo el escasamente útil Defensor del Pueblo. Ya no era el Estado administrando la riqueza y promoviendo la justicia social o los sindicatos movilizados en las calles y las fabricas quienes garantizaban derechos, sino que y desde ahora, era el mercado y los “ciudadanos” con un Defensor o con instrumento de iniciativa, los encargados de organizar el país. La norma y siguiendo la noción elitista liberal y a diferencia de la de 1949, ató el derecho a ser senador a la demostración de una renta económica (artículo 55). En la Argentina de fines del siglo XX, los únicos privilegiados ya no eran los niños, sino los extranjeros y los ricos. Para dar mayor transparencia a la justicia y a la selección vitalicia de los primeros magistrados, se creó el Consejo de la Magistratura que y tal cual demostraron la Corte menemista, la corrupción estructural y el defalco total de los poderes públicos, poco realizó para garantizar la “independencia de poderes”. El liberalismo marcó agendas y los promotores del semiparlamentarismo como solución de los males argentinos, tuvieron la sanción y creación de la figura del Jefe de Gabinete (Capítulo cuarto) que venía a completar la batería de nuevas instituciones importadas para hacer crecer la Argentina. Pese a que los nuevos instrumentos podían ser de utilidad y atendiendo los resultados del modelo que eclipsó en 2002, es innegable que la agenda de la constituyente lejos estuvo de abordar los problemas y las soluciones fundamentales que demandaba el país. Los dirigentes neoliberales negociaron con el poder económico la entrega del país, a cambio de prebendas que le permitieron reproducirse como clase política. La UCR y entre otras cosas, pidió la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires (artículo 129) que le dio el mando a De la Rua y le abrió el paso para su candidatura presidenciable. Carlos Menem consiguió la reelección y varios gobernadores vieron con beneplácito la posibilidad de privatizar los recursos naturales y hacer negocios con las empresas del extranjero para hacer caja. Era el precio de una clase política que a cambio de su supervivencia frente a la estampida neoliberal, entregó los intereses nacionales. Nuevamente en la mente de los intelectuales liberales, el programa de la civilización extranjera tenía que ser la solución de los males argentinos como cuando derribaron a Rosas. También como en 1852, se planteó que el drama del país debía resolverse con propuestas foráneas del estilo del Consenso de Washington o con la importación de mecanismos institucionales de Europa. Toda la mitología y la fraseología del libre mercado y las soluciones de los abogados y tecnócratas, se fueron en helicóptero con De La Rua y nos dejaron el dramático resultado de la dependencia nacional. Pese a la derogación de la Constitución de 1949, a los bombardeos o a los asesinatos de civiles desde 1955 en adelante y más allá del deterioro de la economía o de la tragedia social de los años noventa, el nacionalismo industrialista y popular tiene profunda actualidad. La recuperación del ANSES y la entrega de 2,5 millones de nuevas jubilaciones muestran la vigencia del artículo 37, inciso III, “de la ancianidad”, de la Constitución de 1949. El subsidio universal por hijo es una muestra del vigor del artículo 37, Incisos II y IV de 1949. La recuperación de empresas estratégicas (aerolíneas, correos, agua, etc.-) y pese que falta mucho por hacer, se inscriben en la tradición del artículo 40 del documento del 1949. Los anhelos de independencia económica, justicia social y soberanía política sistematizados en la Constitución de 1949, tienen y seguirán teniendo, vigencia en la práctica de las organizaciones libres del pueblo y en la nación en su camino a la autodeterminación. De la misma manera que en 1829, en 1916 y en 1946, las soluciones a los desafíos del país, vendrán de la acción política de las organizaciones libres del pueblo y no de los operadores del extranjero o de las leyes escritas por los intelectuales liberales.

lunes, 4 de abril de 2011

Unidos o dominados

Aritz Recalde, abril de 2011




Los medios de comunicación concentrados, son los mentores ideológicos de la oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Detrás de ellos, se encuentra la "mano invisible del mercado", compuesta por los grandes grupos de poder concentrado ligados al modelo neoliberal sojero y financiero. El objetivo estratégico de los oligopolios de la comunicación, es el de dividir el movimiento policlasista que acompaña a Cristina y el de lograr que el Frente Para la Victoria (FPV) sea un partido liberal vaciado de contenido y fiel a los mandatos del poder concentrado. Los medios de comunicación buscan separar del proyecto nacional a los representantes directos de los trabajadores. Lo mismo hacen con los miembros de la clase política que cumplen tareas centrales y estratégicas en la consolidación del proceso de desarrollo. Es a partir de aquí, que los oligopolios identificaron cuatro figuras sobre las cuales realizar la tarea de desgaste, de hostigamiento y de difamación permanente. El primero de ellos, es Hugo Moyano, líder del movimiento obrero y exponente central del proceso de organización de los trabajadores. La Confederación General del Trabajo (CGT) está afiliando y dando organicidad a los asalariados que tienen trabajo como producto de la reconstrucción industrial y el modelo iniciado en 2003. Es al movimiento obrero fortificado y consciente, al que la oligarquía teme y no sólo a su máximo dirigente. Asimismo, Moyano con el MTA, es un símbolo de la resistencia al proyecto neoliberal y es una figura clave de la distribución de la riqueza y la recuperación salarial. El segundo enemigo de la prensa, es Luis D´Elia. En este caso, se trata de distanciar del proceso político a un referente de las organizaciones sociales y de los trabajadores desocupados. En definitiva, buscan eliminar del FPV a los trabajadores, ocupados y desocupados, para dejar a Cristina en manos de una dirigencia política liberal y de un conjunto de empresarios. Las otras dos figuras que odian los medios, provienen de la clase política y son pilares fundamentales del modelo de desarrollo industrialista y popular. Uno es el denigrado Guillermo Moreno, al cual combaten los medios por su sólida postura de enfrentamiento a los oligopolios. Odian a Moreno, ya que el dirigente le cuestiona a los poderosos la apropiación de ganancias vía inflación y no por sus “modales”. El cuarto y último nominado al hostigamiento mediático permanente y a la difamación de la oposición, es Julio De Vido. El Ministro de Planificación es uno de los estadistas del modelo y junto a Néstor y a Cristina, está organizando la infraestructura para que el país supere su condición agrícola ganadera y consolide la industria nacional. Julio De Vido, es el dirigente que está pensando el país en el mediano y largo plazo y de su triunfo o su fracaso, dependerá la posibilidad de alcanzar la independencia económica del país. El triunfo y la profundización del modelo, van a estar dadas por la capacidad de mantener unido al proyecto nacional frente a la acción desestabilizadora y las operaciones de prensa. Asimismo y a diferencia del planteo de los oligopolios, el crecimiento y la importancia de lo que representan Moyano, De Elia, Moreno o De Vido, es la garantía del triunfo y nunca su impedimento. Los trabajadores, los dirigentes combativos y los intelectuales al servicio de la causa nacional, nunca fueron, ni serán, los enemigos del peronismo. El 2011 nos encontrará unidos o dominados.

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999

  El proyecto político que transformó la  Provincia d e Buenos Aires Prólogo Eduardo Duhalde, febrero de 2026 Cuando llegó a mis manos el bo...