El Pensamiento Nacional Latinoamericano como matriz autónoma para comprender la realidad de nuestro continente[1]
Definiciones iniciales
El primer desafío que tenemos por delante es el de caracterizar qué entendemos por Pensamiento Nacional Latinoamericano.
La definición de pensadores nacionales no se refiere a un tema geográfico o de lugar de nacimiento. No basta
con habitar una región para poder
ser considerado un pensador nacional ya que en nuestro país existen corrientes
intelectuales diversas e incluso enfrentadas en la interpretación de la
realidad.
Tampoco
el Pensamiento Nacional se refiere a una disciplina o campo profesional en particular.
Dentro de este universo hay filósofos, economistas, agrónomos, abogados,
historiadores o directamente pensadores que no tienen formación universitaria.
El Pensamiento Nacional no se circunscribe a una actividad o profesión
particular y dentro de esta corriente se encuentran obras escritas por
docentes, trabajadores, empresarios, militares, religiosos y figuras
provenientes de distintas actividades productivas, sociales, culturales y
políticas.
Lo
que identifica a esta corriente de pensamiento es la perspectiva nacional y
social para analizar los problemas argentinos, regionales y mundiales.
Pensar para
resolver los problemas de la Nación
La acción de pensar es una actividad humana tendiente a reflexionar y a resolver los problemas/cuestiones que se le presentan al hombre en su vida. Tal cual comentamos, pensar en “nacional” no se refiere a un tema meramente geográfico (haber nacido en un lugar u en otro), sino en una forma de encarar epistemológica y políticamente los problemas de una comunidad.
En
lo concerniente a Latinoamérica[2]
aplicamos el mismo criterio, en el sentido de que vamos a trabajar a los
pensadores que abordaron con perspectiva nacional la realidad de nuestra
región.
La
cuestión nacional es el centro de los análisis de estos pensadores y es por eso
que consideramos oportuno dar algunas definiciones básicas y simplificadas del
concepto. Tal cual vamos a ver a lo largo del seminario, la preocupación
central de estos pensadores es la de contribuir a la soberanía nacional y a su
desarrollo pleno, permitir el desenvolvimiento de las particularidades culturales
de la comunidad y garantizar la dignidad
social y la vida libre y plena del pueblo que la habita.
La
Nación supone, inicialmente, la existencia de un pueblo en un territorio. Es
por eso que la idea de Nación se liga directamente a la de soberanía
territorial, entendida como la capacidad de un pueblo de ejercer el dominio,
uso y control de los bienes y recursos del mismo. Vinculado a este tema, varios autores de esta corriente intelectual
analizaron la cuestión de Malvinas como un problema de soberanía nacional, de
perspectiva sudamericana. Entre otros, Jorge Abelardo Ramos trató el tema en
varios artículos. Otro tema de gran relevancia para una perspectiva soberanista
nacional, es el de los derechos de nuestro país y región sobre el territorio de
la Antártida.
Para
conocer las particularidades de una Nación hay que estudiar la cultura
histórica y presente de las personas y colectivos que la integran. Existirán
distintos modos nacionales según la diversidad cultural y existencial de sus miembros, grupos y
sectores. Este punto de vista habilita, al menos, dos derivaciones dentro del Pensamiento
Nacional. La primera, es el respeto por la soberanía de las naciones. Cada
comunidad tiene derecho a organizar su régimen político propio y a tener un
Estado e instituciones de acuerdo a su cultura y a su ser nacional. Además y
tema importante, el Pensamiento Nacional repudia el racismo y las posibles agresiones
de una Nación a otra, por considerar que violan los derechos de los diferentes pueblos
a ser y existir libremente. El Pensamiento
Nacional reconoce las diversidades nacionales y no postula la supremacía de una
sobre otra, sino que impulsa la formación de un sistema internacional
pluriversal, organizado sobre relaciones pacíficas y armónicas, sin
imposiciones ideológicas. Uno de los pensadores que trabajó el tema es Juan
José Hernandez Arregui. Este filósofo postuló que el nacionalismo sudamericano
es defensivo y soberanista, en la medida que brega por el derecho a la autodeterminación
de su comunidad y carece de proyecciones imperialistas y expansivas sobre los
otros territorios, pueblos y Estados.
La
Nación moderna se organiza políticamente a partir de un gobierno soberano que
puede adquirir diversas formas y modalidades. También incluye un Estado cuyos
alcances y funciones van a variar atendiendo la cultura y el ser nacional y los
límites y posibilidades de la Nación frente al orden mundial y a los distintos grupos
de poder. La pregunta sobre el ser nacional y su relación con la política, las
instituciones y la cultura atraviesan la obra de los pensadores que integran la
corriente. Un caso paradigmático es el de Juan José Hernandez Arregui, cuyos
libros se titulan Qué es el ser nacional
o La Formación de la Conciencia Nacional.
Otros pensadores nacionales se dedicaron a estudiar la formación del Estado y las particulares de los distintos regímenes
políticos nacionales como son los casos de Arturo Sampay o de Ernesto Palacio.
La
Nación se desarrolla a partir de los valores y mandatos culturales compartidos por
una población y refundados permanentemente por instituciones, costumbres y
prácticas.
Las
identidades nacionales son producto de las tradiciones históricas de las
generaciones anteriores. La Nación recibe y se moldea a partir del mandato cultural
de los diversos grupos que la integran. Dentro de los pensadores nacionales más
destacados, varios se abocaron al tema de la historia política y cultural, como
es el caso de José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos o de Arturo Jauretche.
Asimismo, Rodolfo Kusch es un analista agudo de los aportes étnicos
precolombinos a nuestra cultura nacional.
Jauretche
remarcó la importancia del estudio revisionista de la historia, ya que ella
formó parte de una política de la historia cuya finalidad fue moldear la
identidad y la práctica del presente y con ello condicionar el futuro. El
debate sobre la historia y la construcción de las identidades nacionales
recorre la obra de distintos pensadores nacionales como es el caso de José
María Rosa, Juan José Hernández Arregui, Fermín Chávez, Eduardo Astesano,
Norberto Galasso o Alcira Argumedo.
Además
de una historia y de un pasado compartidos, la Nación supone un proyecto futuro,
un anhelo de vida, una “Unidad de destino” colectivo que se propone afirmar la autodeterminación
del ser. La Nación es por eso una misión y un mandato para cada generación que
es interpelada a construir el destino y el futuro de una comunidad.
La Nación: cultura
y solidaridad social
El pueblo se integra y se mantiene unido en una Nación a partir de la cultura a la que definimos como el conjunto de bienes materiales y simbólicos que dan identidad y marcos para pensar, sentir, juzgar y actuar a las personas. La cultura moldea una conciencia, una forma de ver y de interpretar las relaciones individuales y colectivas, forma una ética personal y colectiva de ser en el mundo.
Entre
los elementos centrales de una cultura, no se puede dejar de mencionar al idioma,
al sistema de valores étnicos, las religiones, los valores artísticos,
familiares y al legado del pasado que ya comentamos. Al estudiar la vida y obra
de José Hernández, se puede apreciar la importancia que le otorgó al lenguaje
popular y a las tradiciones y formas de vida del gaucho a las que caracterizó
como pilares del ser nacional. Arturo Jauretche
dedicó varios libros al estudio de la cultura y sus expresiones literarias,
periodísticas y académicas. Guillermo Furlong publicó la obra sobre la cultura
hispánica en la época virreinal y sus continuidades más importante del país. Fermín
Chávez estudió el tema en Civilización y barbarie en la historia
de la cultura argentina y
en diversos textos.
La
cultura nacional contribuye a forjar el principio de solidaridad social, pilar
fundamental de la unidad de un pueblo. Esta solidaridad social se expresa en
las aglutinaciones de la familia, de la vida en el barrio y en la comunidad. En situaciones excepcionales
como catástrofes o guerras, la importancia del principio de solidaridad social
–o su inexistencia– aparece más marcadamente.
La Nación y la base
económica de subsistencia
Para ser y existir, el pueblo requiere además de territorio, cultura compartida, solidaridad social y de organización política, de una base económica de subsistencia. Las naciones son unidades productivas de capital y trabajo y se integran a un orden mundial económico mundial con el cual interactúan, intercambian bienes y servicios y también compiten.
La
base económica es el principio central para garantizar la subsistencia humana y
las necesidades vitales de un pueblo. Las Naciones funcionan como comunidades
de trabajo, siendo el trabajo el gran integrador social. Además, el desarrollo
económico construye el poder político y militar de las naciones sin el cual es
difícil forjar su soberanía. Es a partir
de acá, que el Pensamiento Nacional hace una defensa de la producción y del
empleo. La independencia económica es caracterizada como base de la soberanía
política nacional en varios autores. Juan José Hernandez Arregui relacionó
directamente nacionalismo e industria y postuló que en el siglo XX la soberanía
está directamente ligada a la independencia económica. José María Rosa publicó
un libro que tituló, directamente, Defensa
y pérdida de nuestra soberanía económica. Eduardo Astesano elaboró un estudio
sobre las reformas económicas sobre las cuales se apoyó la guerra de la
Independencia.
Raúl
Scalabrini Ortiz analizó en perspectiva nacional el funcionamiento del
transporte, del Banco Central y del conjunto de los Servicios Públicos.
Jauretche publicó un libro de economía titulado El Plan Presbich y el retorno al coloniaje. El militar Enrique
Mosconi consideró la administración del petróleo como un pilar estratégico de
la soberanía nacional. Oscar Varsavsky estudió la ciencia y la tecnología, ya
que son la base del desarrollo productivo y de la soberanía de un Estado. Ana
Jaramillo desarrolló diversos trabajos sobre la función de la universidad para
la construcción de la soberanía tecnológica y cultural nacional.
El Pensamiento
Nacional y lo popular
Los pensadores que integran esta corriente comparten un denominador común y es su compromiso por lo popular.
Por
un lado, estos intelectuales documentaron el protagonismo popular en las
grandes transformaciones de nuestro continente. José María Rosa documentó la
intervención popular del pueblo en la
Independencia. Rodolfo Ortega Peña y Norberto Galasso publicaron varios trabajos sobre los caudillos políticos
y sus vínculos con los estratos populares.
Jauretche, Scalabrini Ortiz, Alberto Buela o Hernández Arregui, entre
otros, estudiaron los aportes culturales, políticos y económicos de las clases
populares, pilares de la soberanía y del nacionalismo contemporáneo.
Por
otro lado, es preciso mencionar a algunos de los grandes exponentes de la
cultura popular de nuestro país como es el caso de Enrique Santos Discépolo,
José Hernández, Homero Manzi, Aníbal Troilo o Roberto Arlt. Estos artistas
populares fueron forjadores de conceptos artísticos y sociales fundamentales de
la cultura nacional.
Como
ya mencionamos, el Pensamiento Nacional reconoce y destaca los aportes de las
diversas tradiciones étnico culturales populares y repudia el racismo en todas
sus formas. En este aspecto, son fundamentales los trabajos de Rodolfo Kusch,
Fermín Chávez, Eduardo Astesano, Alcira Argumedo y Arturo Jauretche.
El Pensamiento Nacional: las naciones semi-coloniales y la colonización cultural
La mayoría
de los países de América
Latina celebraron el Bicentenario de sus Independencias. La Argentina se independizó de España en 1816,
Chile en 1818, Bolivia en 1825, y Brasil cortó sus lazos con Portugal
en 1822.
Ahora
bien, diversos autores afirman que los países de América Latina obtuvieron su
independencia política pero no pudieron emanciparse en el terreno económico, cultural
y social. Jorge Abelardo Ramos
desarrolló esta hipótesis en Historia de la Nación Latinoamericana.
En
1824 tuvo lugar la Batalla de Ayacucho (Perú) donde el ejército independentista
derrota de manera definitiva a los realistas
y se asegura la emancipación de todos los pueblos latinoamericanos. Sin embargo, en el mismo año de la victoria de Ayacucho, la Argentina
toma su primer empréstito con la Casa Baring Brothers de Londres dando inicio a la recurrente y compleja historia
de la deuda externa y dependencia de nuestro país. El
tema fue analizado por José María Rosa en la obra Rivadavia y el imperialismo financiero.
¿Qué podemos desprender de este ejemplo? Prácticamente, al mismo tiempo en que se
asegura su independencia política
la Argentina queda atada bajo una profunda
dependencia económica. Historiadores como José María Rosa, Norberto
Galasso, Ernesto Palacio o Vicente Sierra señalaron que la
Argentina, en unos pocos años, pasó de ser colonia española
a formarse en una semi-colonia dependiente de Inglaterra.
¿Qué es una semi-colonia? Son Naciones que cuentan con todos los atributos aparentes de la soberanía (gobierno,
himnos, banderas, escudos, ejércitos, fronteras, etc.) pero que, al no controlar su economía, ven condicionada y debilitada dicha soberanía. Un país fuertemente endeudado difícilmente puede diseñar su política económica y se ve sujeto a los dictámenes de los organismos financieros
internacionales.
Podemos preguntarnos por qué la Argentina luego
de la independencia se convirtió en una semi-colonia y no siguió los pasos de países ocupados militarmente en
Asia y África. Si recorremos nuestra historia, veremos que
una y otra vez los británicos intentaron invadir a nuestro país pero, al fracasar por esa
vía, se aseguraron el dominio
a través de la economía
y de la cultura.
Es útil recordar que en 1806, 1807, y 1845 Gran Bretaña invadió militarmente a la actual Argentina y en todos los casos fue vencida. La única invasión exitosa para los británicos en nuestro
suelo se produjo
en 1833 al ocupar de manera ilegítima
las Islas Malvinas
e islas del Atlántico Sur. Las sucesivas derrotas convencieron a los británicos que la invasión
armada al Río de la Plata era una empresa arriesgada y poco fructífera. Sin embargo, el
éxito que no obtuvieron
sus generales sería alcanzado con creces por sus comerciantes,
banqueros, ingenieros y prestamistas. La dominación británica en la Argentina fue investigada por el escritor
Raúl Scalabrini Ortiz y por otros autores como los hermanos
Julio y Rodolfo Irazusta.
Antes de continuar con la explicación, veamos este mapa económico de la Argentina
a cien años de obtenida su independencia política.
Esto
nos conduce a hacernos algunas preguntas: ¿cuán efectiva es la soberanía política
de un país si no es acompañada por el control de sus recursos naturales, su red de transportes y sus capitales?, ¿por qué nuestro
país resistió exitosamente las invasiones militares pero fue tan permeable a la dominación económica
y cultural?
Para responder esto debemos hablar de la colonización pedagógica, un concepto central para el Pensamiento Nacional que nos permitirá comenzar a discutir
acerca de la cultura en América Latina.
Leamos
a continuación unas palabras de Arturo Jauretche:
¿Qué nos quiere decir Jauretche con esto? Analicémoslo detenidamente. Jauretche nos explica que en los países semi-coloniales (aquellos que poseen soberanía política formal
pero
carecen de independencia económica) la dominación imperialista no se lleva a
cabo mediante costosas e inseguras incursiones militares sino por la vía
sigilosa e incruenta de la colonización pedagógica que deforma la cultura de los países dominados.
La invasión
militar de un territorio suele ocasionar un hondo rechazo
hacia el invasor
y acrecentar la conciencia nacional de los nativos que velan por la defensa
de su suelo. Por el contrario, la dominación a través de la cultura
genera en parte
de la población dominada, en especial su élite intelectual (Jauretche la llama intelligentzia), el encandilamiento ante la cultura del país dominante
a la que conciben como sinónimo de civilización y progreso, y la consecuente repulsión por la cultura local a la que se cataloga de bárbara y atrasada. Como
verán, comienzan a aparecer algunas categorías como civilización, progreso, barbarie y atraso, que no son neutrales
ni científicas sino que tienen un
notorio contenido político.
Jauretche nos muestra en qué medida la colonización pedagógica se expande por todos los ámbitos
de la cultura de un país dependiente. En la literatura, en la pintura,
en el cine, en la historia,
en la economía, en la filosofía, en el Derecho y en las ideas políticas
se forja un pensar subordinado a los países centrales.
Pongamos un ejemplo
de colonización
pedagógica en el terreno de
la geografía
y de
paso vayamos pensando otros para los demás ámbitos. Comparemos estos dos mapas de la Argentina.
El mapa que se encuentra a la izquierda es el que más conocemos, es el que usamos
muchas veces para las clases de geografía de la escuela, y el que habremos visto colgado en las paredes
de las aulas. En este mapa el sector antártico argentino no se representa
en su real dimensión sino que aparece en un cuadrante inferior y de manera marginal.
En este mapa el centro del país está situado en Buenos Aires y la región de la pampa
húmeda.
El mapa de la derecha es el de la Argentina bicontinental. Allí, el centro del territorio se desplaza hacia la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, por lo que se aprecia la importancia estratégica del reclamo por la soberanía de nuestras Islas Malvinas
ocupadas por Gran Bretaña.
En
2010, por medio de la Ley 26.651, el Senado de la Nación Argentina estableció
el uso obligatorio del mapa bicontinental en todos los niveles del sistema educativo argentino. Esto representa un claro ejemplo de colonización cultural en la manera en que observamos
el territorio nacional.
Profundicemos el tema de la colonización en la geografía guiados por Arturo Jauretche con otro ejemplo práctico. En una conferencia que brindó en la Universidad Nacional del Sur, Jauretche
invitó al público
a imaginar un planisferio y a ubicar dentro de él a la
Argentina. Minutos después, Jauretche señaló
que muy probablemente todos habían imaginado a nuestro país abajo y a la izquierda del mapa. Ahora bien, ¿qué nos muestra esto?:
Jauretche nos invita a pensar lo universal desde nuestra propia realidad. Por todo lo dicho, entendemos por Pensamiento
Nacional a una matriz de conocimiento autónoma orientada
a descolonizar todos los ámbitos de nuestra cultura que han sido desfigurados
por el Pensamiento neocolonial o colonización pedagógica. Es determinante tener en
cuenta que el Pensamiento
Nacional busca poner en valor la cultura
nacional y popular,
tantas veces relegada en los ámbitos académicos.
El
Pensamiento Nacional en modo alguno desprecia la cultura de otros países, tan
sólo jerarquiza la propia y piensa el mundo desde acá hacia afuera y no desde afuera hacia acá. Como sostiene el historiador Norberto Galasso, resulta igual de grave cerrarse completamente a las ideas y experiencias producidas en otras partes
del mundo, como rendirse ante ellas colonialmente.
América Latina, ¿una Nación inconclusa?
Para esta corriente, América Latina contiene los
elementos para la formación de una gran Nación unificada.
Primero, tenemos una historia en común y las soberanías
modernas de los Estados nacionales fueron resultado de la desestructuración de
las antiguas grandes unidades continentales hispánicas. Del antiguo Virreinato del Río de la Plata se desprendieron cuatro actuales países: Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. El Virreinato de Nueva Granada se fragmentó
en lo que hoy conocemos como Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá y Guayana. El
Virreinato de Nueva España se extendía por todo el actual México, Centroamérica, el Caribe, incluyendo también
territorios que Estados Unidos se apropió en la década de 1840 por medio de una guerra contra México (California, Texas, Arizona,
etc.). ¡Y el territorio de la actual Miami pertenecía a Cuba!
Por otro lado, es importante remarcar que el continente
comparte una lucha por la liberación conjunta, diversas tradiciones, lenguaje –exceptuando
a Brasil y Haití– y que la religión católica es la mayoritaria. Esto es muy
diferente, por ejemplo, al Continente africano compuesto por diversidades étnicas
dentro de una Nación, muchas veces violentamente enfrentadas. También es
diferente a Europa, continente con una gran diversidad lingüística y cultural
que los condujo a ciclos de enfrentamientos y guerras entre países. Es bueno
destacar, que pese a la diversidad y a atravesar terribles guerras durante siglos,
el continente europeo alcanzó acuerdos políticos de regionalización importantes.
Dentro del Pensamiento Nacional son varios los autores que analizaron este
proceso de formación cultural caracterizado por el mestizaje y que tiene
elementos comunes en todo el continente sudamericano. No podemos dejar de mencionar a Amelia Podetti,
a José Vasconcelos y la categoría de Raza Cósmica, a Hernández Arregui, a
Manuel Ugarte o a la noción de Patria Grande de Jauretche.
Nuestros
países comparten muchos de los problemas
políticos, económicos y sociales. La conformación del modelo económico orientado “hacia afuera” no es un atributo
exclusivo de la Argentina, sino que es el denominador común en toda América Latina. Uruguay exportaba carnes y cereales, Brasil
café, Chile cobre, Paraguay tabaco,
Bolivia estaño, Perú algodón y petróleo, Ecuador
cacao, Colombia café, Venezuela petróleo
y café, los países centroamericanos frutas tropicales y México minerales. Todos ellos fueron
por mucho tiempo países monoproductores y su desarrollo industrial autónomo es ahogado por las importaciones. En estos países, además,
se consolida una oligarquía agraria o minera que actúa como representante local del capital extranjero.
¿Qué
queremos señalar con esto? Es nuestra intención explicar que las fronteras que
actualmente conocemos no son “naturales” sino que son el resultado de un
proceso histórico de fractura incesante del territorio latinoamericano.
En línea con lo que estamos explicando, el político e historiador Jorge Abelardo Ramos afirma
que “somos un país porque no pudimos ser
una Nación y somos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos”.
En otro de sus libros, Ramos plantea que “América
Latina no se encuentra dividida porque es subdesarrollada, sino que es
subdesarrollada porque está dividida”.
Es relevante señalar que los Libertadores latinoamericanos
promovieron la independencia política pero conservando la unidad del territorio. El General San Martín decía: “Los americanos de las Provincias Unidas
no han tenido otro objeto
en su Revolución que la emancipación del mando de hierro español
y pertenecer a una unión”.
Simón Bolívar afirmaba: “Una sola debe ser la Patria para todos los americanos, ya que
en todo hemos tenido perfecta unidad”.
José Gervasio Artigas sostenía: “Nosotros no debemos tener en vista lo que podemos respectivamente, sino lo que podrán todos los pueblos reunidos porque adonde quiera que se
presenten los peninsulares será a todos los americanos a quienes tendrán que
enfrentar”.
Como podemos observar, San Martín, Bolívar o Artigas no se pensaban meramente como argentinos, venezolanos o uruguayos. Todos ellos se reconocían como integrantes de una
patria superior
a la que el escritor
Manuel Ugarte denominó Patria
Grande.
Por lo tanto, hagámonos esta pregunta, ¿nuestros países son naciones desconectadas entre sí o podemos pensarlos como provincias de una Nación más grande, la Nación Latinoamericana?
Uno de los grandes
desafíos del Pensamiento Nacional es el
de contribuir a la formación de una
conciencia latinoamericana común.
Esto no implica renunciar a nuestra identidad como argentinos, uruguayos, colombianos, nicaragüenses, hondureños o chilenos. Por el contrario,
además de nuestras identidades incuestionables, el Pensamiento
Nacional propone pensarnos como hispanoamericanos
en la misma senda recorrida por los Libertadores.
Bibliografía orientadora
Libros
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[1] El
presente escrito fue elaborado como material introductoria para el seminario de
Pensamiento Nacional Latinoamericano, dependiente del Vicerrectorado de la
Universidad Nacional de Lanús.
[2] Existe
un debate sobre cómo denominar a nuestro continente y por ejemplo podríamos
mencionar, entre otros usos, los conceptos de Latinoamérica, Sudamérica,
Panamérica, Indoamérica, América Mestiza, América Española, Hispanoamérica o
Iberoamérica. El filósofo Alberto Buela
analizó críticamente el uso de las palabras Latinoamérica y América Latina
remarcando que la denominación proviene de intelectuales y políticos franceses y
es una traducción de “Amerique Latine.”
Ésta última denominación la impulsaron Luis Napoleón y el Emperador Maximiliano
como parte de su intento de ocupar nuestro Continente. Mencionar el componente
“latino” suponía incluir en la colonización imperial a franceses y a italianos.
La categoría Panámerica fue impuesta por EUA. Iberoamérica, es una definición
con un componente geográfico y tiene como particularidad positiva que incluye a
Brasil. Sin desconocer el planteo de
Buela y por un tema de simplificación y de usos y costumbres, en el seminario
vamos a mantener la noción de América Latina y de pensamiento Latinoamericano.