miércoles, 25 de mayo de 2016

Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores en la encrucijada


Aritz Recalde, mayo 2016

La soledad política de Dilma Rousseff
La Cámara de Senadores de Brasil aprobó el juicio de responsabilidad contra Dilma Rousseff.
Mientras se desenvuelve el trámite de impeachment, asumió la primera magistratura el vicepresidente Michel Temer, proveniente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). El PMDB y el Partido Socialdemócrata (PSDB) que controlará la Cancillería del país, son los actores políticos centrales del nuevo gobierno. Eduardo Cunha del PMDB inició el trámite de juicio en la cámara de Diputados. José Serra del PSDB y gobernador del poderoso Estado de San Pablo, había competido con el Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones presidenciales de 2002 y 2010, tornándose como un representante fundamental del principal Partido de oposición del país. 
Al accionar de ambos actores, se suma buena parte del espectro político brasileño dejando en extrema soledad al PT. Entre otras fuerzas que están formando parte del gabinete nacional de Temer, se encuentra e Parido de la Republica (transporte), el Partido Popular Socialista (defensa), los Demócratas (educación), el Partido Progresista (agricultura) o el Partido Socialista del Brasil (energía).
La acción de juicio de responsabilidad contra la Presidenta y pese a la confusión que generan los medios de comunicación, no surge de acusaciones de corrupción o de enriquecimiento ilícito. El origen del juicio es el no cumplimiento de metas fiscales y el hecho de que el Gobierno Nacional entregó créditos públicos sin autorización legislativa. En línea con el planteo del investigador Hervecio Damis, no está claro de antemano que las acciones mencionadas tipifiquen delito y en caso de hacerlo, podrían atribuirse a los subordinados de Dilma y no necesariamente a la titular del Poder Ejecutivo nacional. 

Poder económico y estrategia mediática y judicial
Dilma Rousseff tiene en contra al influyente conglomerado de medios Red Globo y a la revista de mayor tirada en el país, “Veja”. Ésta última fue la encargada de difundir las acusaciones de corrupción de diputados brasileños ligados al partido de gobierno, denominada “mensalao”. Entre otras implicancias, el caso derivó en la renuncia del Jefe de Gabinete de Lula, Joao Dirceau, que fue remplazado por Dilma Rousseff en el año 2005. La Red Globo fue importante en la campaña de divulgación de una red de sobornos (“lava jato”), que involucró a funcionarios de diversos Partidos, entre los cuales había miembros del gobierno nacional. La acción delictiva que se está investigando, incluye la participación de funcionarios de Petrobras.
En un acto institucional de fuerte contenido político, la Justicia Federal de Brasil suspendió la asunción de Lula como Jefe de Gabinete de Dilma Rousseff. La estrategia no puede dejar de interpretarse como un intento de debilitar a la Presidenta y de bloquearle a Lula la postulación en las próximas elecciones.
Sectores del empresariado trasnacional y local como es el caso de la Federación de Industriales de San Pablo, completan el frente político, judicial y mediático desestabilizador. No es casualidad que Serra provenga de la gobernación de San Pablo, centro del poder económico brasileño. 

El contexto económico y los cambios del PT
La estrategia política del PMDB y el PSDB se impone en un contexto macroeconómico poco favorable para el país, por el hecho de que el petróleo, el hierro o la soja están a la baja. Al inconveniente de los precios de los productos brasileños, se le suma un marco económico regional y mundial caracterizado por disminuciones de las tasas de crecimiento, que dificultan la colocación de las exportaciones del país.

Un tema no menor a tener en cuenta, es que previo a las elecciones del año 2002 el PT impulsó una nueva política de alianzas con sectores empresariales y del espectro del centro partidario. Esta decisión, derivó en  rupturas como fue el caso de los dirigentes que fundaron el Partido Socialismo y Libertad. Con el  transcurso del tiempo la relación con sus aliados de centro se fue deteriorando, al extremo de que varios de ellos apoyaron la destitución de Dilma. Al momento de asumir la presidencia, Lula Da Silva conformó un frente político y electoral con José Alencar del Partido Liberal e impulsó como titular del Banco Central, al ortodoxo Henrique Meirelles. Dilma reiteró la coalición del PT con las fuerzas conservadoras, al punto de impulsar a Temer de vicepresidente y proponer en el Ministerio de Hacienda al liberal Joaquim Levy. El vicepresidente de Lula falleció, el PMDB organizó la destitución de Dilma y Meirelles es el nuevo Ministro de Hacienda del actual mandatario nacional.

Previo a su ascenso presidencial, Rousseff se desempeñó como Ministra de Energía y como Jefa de Gabinete desde el año 2005. En su condición de Ministra aplicó el Plan Luz Para Todos, conectando el norte pobre brasileño y adquiriendo notoriedad pública.  
Dilma fue elevada a candidata presidencial por decisión de Lula, fortaleciendo una tendencia a que las decisiones las tomaría más el líder, que los órganos colectivos del PT. La presidenta asumió el cargo con el capital político del oficialismo, derivado del aumentó del 50% del salario mínimo, de la creación de 14 millones de empleos o del hecho de sacar a 40 millones de brasileños de la pobreza. En un país con una histórica desigualdad y pese a no resolver de fondo muchos problemas, los programas Bolsa Familia, Hambre Cero o de becas universitarias (PROUNI) le otorgaron un importante apoyo social al PT.
En un contexto económico que empezó a ser poco favorable a Brasil, Dilma impulsó paquetes de austeridad económica y de metas de inflación, que incluyeron recortes al gasto público y la reducción del número de Ministerios. El resultado fue la recesión económica y un deterioro del nivel de vida de muchos brasileños.
Derivado del plan económico, de la coyuntura internacional y de la creciente oposición política, la presidenta perdió apoyo popular y recibió diversas manifestaciones en su contra. Las movilizaciones del año 2013 fueron protagonizadas por los sectores medios y también por los humildes del Brasil que eran la base electoral del PT.     
El desencanto popular por los ajustes o la recesión económica reciente y la debilidad de un PT desmovilizado, fueron capitalizados por la oposición que impulsó la destitución de Rousseff.  Los levantamientos en defensa del gobierno no parecen tener la contundencia necesaria y pese a las declaraciones de apoyo a Dilma de la Central Única de Trabajadores o del Movimiento de los trabajadores Rurales Sin Tierra.

¿Por qué el juicio a Dilma?
Miembros de gabinete de Temer están buscando fueros políticos, como es el caso del titular de Planeamiento, Romero Jucá, recientemente apartado por denuncias de corrupción. Sin desconocer la dinámica de la dirigencia política, consideramos que el verdadero origen del  impeachment está dado en revertir las políticas nacionales y sociales del Brasil de la última década.
Pese a que el PT no modificó de raíz la estructura económica, impulsó reformas que Temer vendría a revertir como son los programas de Compre Nacional y la explotación del pre-sal por parte de PETROBRAS. Con el nuevo Presidente, se abandonaría la posibilidad de aplicar el impuesto sobre las transacciones financieras que fue propuesto por Dilma.
Según declaraciones del nuevo Canciller, la política exterior de Brasil se realinearía con los Estados Unidos, abandonando la multilateralidad que impulsó el PT desde el MERCOSUR, la UNASUR o los BRICS. Lula había promovido un dialogo estrecho y renovadas negociaciones con el África, con Irán y con otros Estados definidos como “enemigos” de los norteamericanos, que Temer cerraría definitivamente. En su viaje a la Argentina, José Serra adelantó que van a flexibilizar el MERCOSUR, con el objetivo de que los países puedan firmar tratados comerciales de libre comercio. Brasil acompañaría la propuesta de la Argentina de ingresar a la Alianza Pacifico, que es impulsada por los EUA.
En el plano social, es de esperar un deterioro de los programas del gobierno anterior, como resultado del achicamiento de varios ministerios y del plan de ajuste que ya fue anunciado por Temer.   

En sintonía con lo que está ocurriendo en la Argentina, el poder económico está retomando nuevamente la conducción política. El poder real está sustituyendo al poder formal y la estrategia trae implícita el debilitamiento del conjunto de la clase política brasileña y sudamericana. En adelante quedan 180 días que definirán la situación de Rousseff. Mientras tanto, el PT está en la encrucijada y del resultado de este proceso político, dependerán en buena medida, todos los gobiernos populares de Sudamérica. 

domingo, 8 de mayo de 2016

El 2019 nos encontrará unidos o dominados


Aritz Recalde, mayo 2016

La Republica Argentina está iniciando la primera etapa de una crisis económica, política y social con destino sumamente incierto. En tal sólo cinco meses de una nueva gestión presidencial, el país se encuentra inmerso en recesión económica y protagoniza una inflación superior al 20%. Productos esenciales como la carne, el pan y la leche aumentaron en valores cercanos al 50%, originando en la mayoría popular un deterioro de su capacidad de consumo. De no modificarse la política económica, Argentina atravesará el año 2016 en una situación de estanflación.
El detraimiento del mercado interno resultante del desempleo, de la inflación y de las inmensas ganancias de las empresas de servicios de luz o de gas, hacen poco viable la actividad productiva de la Argentina. En paralelo, el gobierno nacional favorece la apertura comercial, la libertad financiera de los especuladores y emite bonos a altas tasas, generando incentivos a los negocios financieros y la fuga de capitales, por sobre la producción.
La crisis de Brasil, la baja del crecimiento de China y el deterioro del precio de nuestros productos de exportación, van a impedir cualquier tipo de “despegue” económico en el corto plazo.
El Estado está siendo cartelizado por las Corporaciones Trasnacionales, que definieron las siguientes prioridades de la política macroeconómica:
-          Pagarle a los fondos buitres para beneficiar al sector financiero norteamericano y europeo.
-          Devaluar el peso y bajar las retenciones de las grandes cerealeras y mineras exportadoras.
-          Habilitar el aumento del combustible, la luz, el gas y el agua, para generar exorbitantes ganancias de las empresas de servicios. Para mantener la rentabilidad de las multinacionales, el combustible aumentó un 30% en tan sólo unos meses en un contexto de baja del precio del petróleo mundial. Para completar la discrecionalidad del Ministro de Energía, importamos gas licuado de Chile vía la empresa Shell de la que él es representante.
-          Emitir bonos a altas tasas favoreciendo los negocios de los bancos y especuladores locales e internacionales.
-          Permitir el aumento de precios de las grandes cadenas formadoras de precios.

No hay economía pública que soporte esta política y es por eso que se obliga al trabajador, los jóvenes, a los jubilados y a las PYMES a financiar la malversación de la riqueza nacional. Se le exige al obrero aceptar ser despedido o negociar una paritaria por debajo de la inflación. La política social de CAMBIEMOS parece orientada a pagar meramente el aumento de la boleta de la luz. Solamente y por citar dos casos, al jubilado le otorgaron un (1) bono de $ 500 y el proyecto de ley para la devolución del IVA de la canasta básica a los titulares de planes sociales, tiene un tope de escasos $ 300 mensuales. El empresario argentino está siendo perjudicado y pese a que CAMBIEMOS dice frenar la “ley anti despidos” en nombre del productor. Éste último supuesto carece de realismo cuando le suben todos los servicios y los impuestos, en cifras varias veces superiores a la indemnización al trabajador. Con dicha política macroeconómica, las PYMES o comercios se ven obligados a aumentar sus precios - profundizando la recesión del país - y muchos de ellos directamente van a quebrar.  
La estrategia de los poderes internacionales que hoy manejan la Argentina consiste:
-          Actuar políticamente con los delegados de los poderes económicos (CEOs en la gestión), mediáticos (local y extranjero) y judiciales. A estos tres poderes, los acompañan sectores partidarios del GEN, del PJ, del sindicalismo o del Frente Renovador, entre otros.  
-          Debilitar al Estado y al gobierno argentino, frente al poder de las empresas y las potencias extranjeras.
-          Debilitar a las organizaciones sindicales públicas y privadas, para poder transferir ganancias al capital foráneo y concentrado. Derrotado el sindicato, el empresariado local queda a la merced del importador extranjero y la financia internacional.
-          Desplazar a la empresa argentina y a la actividad productiva local, para importar manufactura extranjera.  Proponen detener la sustitución de importaciones de los últimos años, para hacer de la Argentina una plaza de la especulación financiera y un exportador de alimentos y recursos naturales.  
-          Mantener la crisis de gobierno, para empujarlo a la privatización de los activos públicos y a la apertura radical de la economía.
A cambio, los organismos financieros ofrecerán dólares que serán fugados  en el mediano plazo por las multinacionales, que permitirán a la clase media atesorar y a los representantes e intermediarios de estos negocios, enriquecerse.

Como respuesta directa de dicho programa antinacional y antipopular, se generó una importante movilización. Solamente en los últimos tres meses, se produjeron masivos hechos colectivos:
-          Reclamo contra los despidos de empleados estatales (CTA y organizaciones sociales y políticas).
-          Movilización frente a tribunales de Comodoro Py (Kirchnerismo).
-          Movilización de trabajadores privados y estatales el día del trabajador (CGT – CTA).

No hay antecedentes en los últimos años de tan masivas y diversas movilizaciones en tan corto plazo. En paralelo a estos tres grandes actos, hay cientos de manifestaciones de empleados petroleros, de empresas privadas, públicas o de la construcción. En el ámbito universitario se produjo un hecho histórico y los tres claustros (docente, no docente y estudiantil) convocaron a un paro y se movilizaron conjuntamente el 29 de abril. Los jóvenes de diversas orientaciones políticas, de izquierda o peronistas, marcharon por el boleto estudiantil el 6 de mayo. 
La política macroeconómica favoreció una unidad de acción de los sindicatos nucleados en CTA y todo indicaría la conformación una CGT única. Cristina Fernández de Kirchner convocó a un “frente ciudadano”, que parece reiterar la experiencia trasversal de Unidos y Organizados de los últimos años de su gestión. El 3 de mayo asumió la lista de unidad del Partido Justicialista y se convocó a su reorganización, incluyendo a delegados del sindicalismo y a dirigentes partidarios no kirchneristas. Hay otro sector de agrupaciones sociales, culturales y de izquierda que desarrolla una acción intransigente contra el gobierno nacional y que no se siente representado en los dos sectores, pero que confluye en su enfrentamiento a Macri.
CAMBIEMOS asumió el mando del gobierno de la Argentina con el apoyo del poder económico, mediático y judicial. Además, canalizó el descontento popular contra una crisis económica mundial que impactó en nuestro país, que tuvo bajas tasas de crecimiento. Mauricio Macri se apropió del sentido de la palabra “cambio” o “mejora” de las demandas sociales o de seguridad no resueltas. Además y cuestión fundamental, CAMBIEMOS acertó en la estrategia política a diferencia del Frente Para la Victoria (FPV) que careció de una campaña consistente y de una propuesta para movilizar a la sociedad. Macri alcanzó la Presidencia gracias al histórico triunfo de María Eugenia Vidal en Buenos Aires y éste último se consolidó como resultado de las divisiones y errores de estrategia del FPV. Cristina impulsó para la gobernación a sus jefes de Gabinete y del AFCA y ello derivó en una derrota histórica que no tuvo antecedentes en el justicialismo bonaerense.
La potencial división del Kirchnerismo trasversal y el peronismo, es la garantía de continuidad del neoliberalismo de CAMBIEMOS.  La Argentina y su pueblo demandan la unidad nacional y para garantizarla, es importante el reconocimiento mutuo de la importancia de ambos sectores. Sobre esta alianza  SINDICAL, JUSTICIALISTA Y KIRCHNERISTA, deberá diagramarse la estrategia de articulación con el resto de los sectores políticos y sociales.      
En el año 1946 Juan Perón convocó a la unidad de todas las organizaciones y constituyó el Partido Único de la Revolución Nacional, antecedente del actual Partido Justicialista. A 70 años de la histórica unidad política nacional, tenemos la responsabilidad de emularla reconociendo que el año 2019 nos encontrará unidos o dominados.  


lunes, 2 de mayo de 2016

Juan Enrique Guglialmelli y las relaciones argentino brasileñas

Aritz Recalde, abril de 2016
Proyecto de Investigación “Modelos de desarrollo Argentino Brasileño”,
UNAJ – Secretaría de Política Universitaria.


En el mes de enero del año 1970 Juan Enrique Guglialmelli[1] publicó en la revista Estrategia el texto “relaciones argentino – brasileñas”. Allí manifestó que las vinculaciones con Brasil “constituyen uno de los elementos claves de la política exterior de la Argentina. Lo fueron en el pasado y lo serán sin duda en el futuro” (Guglialmelli 1970: 59).
Guglialmelli analizó las vinculaciones entre ambos Estados desde una perspectiva del desarrollo nacional argentino. En su punto de vista, la nación es “la matriz dentro de la cual resulta posible desenvolver las potencialidades espirituales, culturales y materiales de un pueblo. La necesidad de extender a todos los sectores del aparato productivo (integración sectorial) y a todas las regiones del país (integración geoeconómica) la acción dinámica del desarrollo, supone, justamente, la toma de conciencia de la solidaridad nacional y el desenvolvimiento consecuente de lealtades hacia todos los miembros de la sociedad” (Guglialmelli 1970: 64).
El autor describió las políticas de Brasil y estudió su vinculación con la economía, el territorio y las relaciones exteriores de nuestro país. Consideró que era estratégico para el desarrollo de Argentina, conocer y predecir los objetivos nacionales y políticos del país vecino. Guglialmelli destacó que nuestra clase dirigente subestimó las cuestiones geopolíticas y menospreció el problema del espacio y olvidó aspectos fundamentales como el de las regiones “fronterizas marítimas”. El autor resaltó que los gobiernos argentinos desconocieron el significado geopolítico de factores como la energía, la minería o la industria (Guglialmelli 1976 b: 239-240).
Estas variables tenían que ser analizadas conjuntamente con los factores geopolíticos mundiales que operaban en el contexto y que influían sobre el desenvolvimiento de la Cuenca del Plata.

El gigante brasileño
Guglialmelli destacó la importancia geopolítica para la Cuenca del Plata, el hecho de que Brasil sea el país más extenso y poblado de Sudamérica. En el año 1970 Brasil tenía un crecimiento vegetativo del 3,3 % de su población, perfilándose en el mediano plazo entre los cinco países más poblados del mundo. En 1976 resaltó como un acierto el movimiento migratorio de la población brasileña, que se desplazó de Río de Janeiro hacia el sur, oeste y sudoeste del país. El caso argentino era diferente y las migraciones se trasladaron hacia las grandes ciudades de Rosario y de Buenos Aires. El autor manifestó que la población “brasileña avanza desde el litoral hacia el interior de su territorio, la nuestra abandona el interior, concentrándose sobre el área puerto” (Guglialmelli 1976 b: 227).
Brasil expandió su territorio en las etapas históricas de la colonia, del Imperio y de la Republica. Como resultado de un importante crecimiento espacial, el país compartía con la Argentina 1000 Km de longitud de fronteras.
Con la finalidad de describir la política espacial brasileña, en un artículo del año 1973 Guglialmelli retomó nociones del coronel brasileño Mario Travassos, a quien le atribuyó divulgar una política tendiente a fortalecer el control territorial de Bolivia y Paraguay, neutralizando la acción argentina. Aplicando la lógica argumental del coronel, Brasil organizó un sistema de ampliación y de modernización de caminos y de puertos que conectaban al país con el comercio de la Cuenca del Plata.
Es en este sentido, que el país vecino impulsaba el Operativo Misiones con el propósito de “incorporar la zona argentina al norte y noreste de Santo Tomé (Corrientes) al área de influencia de Porto Alegre – Río Grande” (Guglialmelli 1973: 123). En el mismo artículo, el autor destacó que la “llave” del nuevo sistema portuario para integrar físicamente la Cuenca del Plata, sería Río Grande que se habilitaría como “superpuerto” antes del año 1980. En un texto del año 1974 insistió en que “Brasil pretende que Río Grande compita con Buenos Aires y Montevideo, para lo cual no sólo amplía su capacidad portuaria, sino que extiende su área de influencia mediante su red vial y ferroviaria, hacia Misiones, Corrientes, Entre Ríos y la República Oriental del Uruguay” (Guglialmelli 1974 b: 182).
Según Guglialmelli, Brasil había conformado políticas de Estado tendientes a fijar prioridades para el desenvolvimiento de sus industrias y servicios básicos. El autor destacó en 1979 que:
 “Brasil no acepta la “apertura de su economía”, esto es desproteger la industria propia en beneficio de la ajena, o subordinar su estrategia en la materia a las conveniencias de afuera, no concordantes con su interés nacional (…) Desde una perspectiva histórica, la protección industrial fue el método al cual recurrieron las grandes potencias del mundo moderno para emerger como tales. Así procedieron Alemania, Japón, Francia o la Unión Soviética. Y es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, donde el proteccionismo fue predicado y practicado por Alexander Hamilton desde el día siguiente de la independencia y que triunfó definitivamente en la Guerra de Secesión (Guglialmelli 1979: 464).

En el siglo XX Brasil impulsó la siderurgia, el rubro textil, el sector automotriz, papelero o químico y para eso dispuso de inversiones de los Estados Unidos. La Inversión Bruta Fija Argentina del año 1978 no duplicó el monto de 1960, cuando en Brasil del mismo periodo se multiplicó por siete (Guglialmelli 1980: 561). El resultado de esta política, fue el mantenimiento de importantes tasas de crecimiento económico superiores a las de Argentina. Guglialmelli mencionó que a comienzos de la década del sesenta el PBI brasileño expresado en dólares era un 50% superior al argentino y que en el año 1978 la diferencia superó el 200%. 
El país avanzó en el control de sus reservas minerales y energéticas con la finalidad de apuntalar su industria pesada y desarrollar el “interior” del extenso territorio. Poco a poco, fue variando el perfil exportador de ambos Estados y nuestro país se perfiló como proveedor de productos primarios y Brasil como abastecedor industrial. Guglialmelli mencionó que las:

exportaciones de Brasil hacia Argentina mostraban una mayor participación de productos industriales (…) el cambio operado en la estructura comercial bilateral entre la Argentina y Brasil se generó en el contexto de una agresiva política comercial brasileña, con fuertes rembolsos y amplia financiación al exportador, y en el marco de un sostenido y creciente aumento en la actividad económica. Este panorama alentador para las colocaciones externas brasileñas se enfrentó, desde la Argentina, con una política de apertura externa con reducciones arancelarias y sobrevaluación del tipo de cambio, tendiente a aumentar la corriente importadora y desalentar el avance de las exportaciones industriales” (Guglialmelli 1980: 563).

Según el analista argentino no todas eran buenas noticias en Brasil, ya que en el país coexistían el crecimiento económico y la acumulación concentrada de riquezas, con severas dificultades sociales. El acelerado desenvolvimiento económico de Brasil no le permitía terminar con la pobreza, el analfabetismo o con la existencia de áreas económicas pre capitalistas. Además, Brasil arrastraba importantes desigualdades económicas y sociales regionales entre el norte y el sur.





[1] Enrique Guglialmelli (1917-1983) fue un militar e intelectual argentino especializado en cuestiones de geopolítica. Según se manifiesta en una entrevista que le realizó el Diario Panorama el 7/12/1970, integró la oposición a Juan Perón en el levantamiento castrense del año 1951. Durante el gobierno de Arturo Frondizi fue Secretario de Enlace y Coordinación. Acompañó al gobierno militar del año 1966 y por solo cuatro meses fue el Secretario del Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), de donde renunció por tener públicas diferencias con las políticas liberales del plan económico (Guglialmelli 1971: 97- 106) (Jaramillo 2007:13-22). Se desempeñó como Director de la Escuela Superior de Guerra y del Instituto de Estudios Estratégicos y de las Relaciones Internacionales donde publicó y dirigió la revista Estrategia.