martes, 29 de septiembre de 2015

Relecturas de Malvinas


Aritz Recalde, septiembre 2015

·         A la derrota militar y política, le sigue la cultural
En el año 1982 se produjo una derrota militar argentina en la guerra de las Islas Malvinas y el Atlántico Sur. Ese mismo año se había demostrado errónea la estrategia política de la Junta Militar y los británicos consiguieron el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, de la OTAN o de Chile, aislando a nuestro país. Argentina obtuvo el sustento de varios gobiernos de la región, sin poder revertir la estrategia colonialista británica. 
Habiendo alcanzado el éxito militar y político, el gobierno inglés se propuso remachar su dominio sobre las Malvinas a partir de un rotundo y definitivo triunfo cultural. Con esta finalidad, el imperialismo británico desarrolló una estrategia ideológica  orientada, principalmente, a persuadir a los sectores medios argentinos.
Este mecanismo de sugestión neocolonial ya había sido utilizado por Inglaterra en el siglo XIX y como resultado de esta operación, varios políticos e intelectuales argentinos apoyaron públicamente la agresión militar europea en nuestro continente. La embestida de Inglaterra y de Francia de 1845 fue acompañada por Domingo Faustino Sarmiento, que publicó el Facundo con el objetivo de derribar a Juan Manuel de Rosas y de favorecer la ocupación militar extranjera. Algo similar ocurrió en el año 1838 en el contexto de la guerra con Francia, que fue apoyada públicamente por Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela o por Esteban Echeverría, entre otros. Esteban Echeverría mencionó en el Dogma Socialista sin parecer sentir contradicción ideológica o al menos vergüenza alguna, que ellos operaron políticamente a Juan Lavalle para que acompañe la armada enemiga francesa.
En la historia de todos los pueblos del mundo existen personajes locales al servicio del extranjero (cipayos). Lo extraño del caso argentino, es que estos personeros alcanzaron lugares predominantes en la política del país y en la organización de su cultura. Echeverría tiene monumentos con su nombre y Sarmiento es considerado el “padre de la escuela pública”. Haciendo analogías, es como si el pueblo de los EUA homenajeara con algarabía al grupo intelectual que ideó o que impulsó al piloto de avión que destruyó las Torres Gemelas en 2001 o los que bombardearon Pearl Harbor de 1941. Sarmiento alcanzó la presidencia del país y nadie le enrostró que apoyó a las fuerzas extranjeras británicas en 1845 o a las brasileñas en 1852. Es como si los franceses a la salida de la Segunda Guerra Mundial, elijan de presidente a un aliado confeso del enemigo alemán o japonés. Difícilmente un país con conciencia nacional cometa semejante agravio a su historia y a sus mártires que lucharon defendiendo el territorio contra el ejército opresor. Parece una realidad habitual que los Estados doblegados política y culturalmente por las potencias coloniales, rindan tributo a los “aliados de sus enemigos”. Esa deformación política y cultural se hizo sistema de pensamiento, programa de cátedra universitaria y línea editorial del periodismo.

A la salida de la guerra de Malvinas del año 1982, los británicos se propusieron aplicar el mismo programa ideológico utilizado desde 1852, cuando cayó Juan Manuel de Rosas. Los argentinos debían ser doblegados culturalmente, impidiendo la conformación de una conciencia nacional. Con esa finalidad los colonialistas ingleses y sus aliados norteamericanos, agitaron una concepción que postula lo siguiente:
a-     La guerra de Malvinas no es una manifestación del colonialismo europeo mundial, sino que simplemente se originó en los excesos de Leopoldo Galtieri y de un nacionalismo autoritario y retrogrado argentino. La política colonial del imperialismo, deja lugar a un relato psicológico y subjetivo que responsabiliza a la Junta Militar argentina.
b-    No existió en el año 1982 en nuestra población un sentimiento nacional y una voluntad de defender el territorio, incluso por medio de las armas. La historia derrotista de la desmalvinización, postula que las movilizaciones de apoyo a la guerra de 1982, son el producto de una mera “operación ideológica” ejercida por la dictadura argentina.
c-     No hubo una batalla entre ejércitos en el contexto de la guerra, sino que se enfrentaron “chicos” (argentinos) y “soldados” (ingleses). Se dan dos operaciones ideológicas conjuntas. Por un lado, la acción militar de nuestro país es borrada y pese a que el saldo de bajas del enemigo es considerable. Se da por hecho que la Argentina no puede ni siquiera pensar un enfrentamiento militar o de resistencia a la prepotencia colonial. Para la ideología de la desmalvinización no es posible que exista un sentimiento nacional de defensa de nuestro suelo. Por otro lado, se busca humanizar al enemigo militar que causó las 649 víctimas y cientos de heridos, que cometió crímenes de guerra (hundimiento del Crucero Belgrano con 323 muertos argentinos) o que obligó a nuestros soldados a morir extrayendo minas. No son poco los argentinos que en lugar de denunciar los crímenes de guerra ingleses, sostienen que sus tropas eran “amigables” y que les daban alimento y “cariño” a los “chicos de la guerra”. El victimario se hace víctima y pareciere que los asesinos ingleses, en realidad, venían a traer la “civilización” y la “libertad” a Malvinas.

·         ¿Qué buscan los argumentos de la desmalvinización?

a-     Buscan impedir que la clase política Argentina haga un análisis geopolítico nacionalista y soberano del tema Malvinas. Se trata de ocultar la voluntad expresa del imperialismo británico y norteamericano de mantener y de profundizar la ocupación de Sudamérica y del Atlántico Sur. En su lugar, la opinión pública local debe fustigar meramente a la Junta Militar y no al criminal extranjero y a su acción expansiva mundial. Resultado de la estrategia neocolonial, no se analizan las agresiones de la OTAN y de las potencias occidentales contra nuestro país y no se estudia el accionar del imperialismo británico y de sus operadores en el continente.  
La política exterior del ex presidente Carlos Menem es un síntoma, trágico, de la derrota cultural y política del país. Durante su mandato, se firmó en España en el año 1990 una Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido. Resultado de la Declaración las partes avanzarían en un acuerdo de “Promoción y Protección de Inversiones”: los ingleses no sólo se quedarían con las Malvinas, sino también con las empresas privatizadas argentinas. El texto permitió a los ingleses obtener permisos de pesca y derechos de explotación comercial. Por si ya no fuera poco lo que lograban con ese tratado, los británicos consiguieron que la Argentina esté obligada a informar sobre el movimiento de las Fuerzas Militares de nuestro país. Tal cual se observa en el proceso actual de militarización de las islas, queda claro en los hechos de que no existió “reciprocidad” en este humillante tratado.
Para la dirigencia menemista los ingleses ya no eran colonialistas, sino buenos socios inversores. Ocurrió lo mismo que a la salida de Rosas: los asesinos europeos eran absueltos de su responsabilidad y teníamos que pedir disculpas por haber defendido nuestro suelo. Bajo ésta ideología de la desmalvinización y poco tiempo después, argentinos y británicos se unieron en la Guerra del Golfo: “el colonialismo inglés había terminado y ambas naciones combatirían juntas a la barbarie en el nuevo orden mundial”.   

b-            Se proponen eliminar la voluntad de defensa del territorio y con ello, debilitar nuestra conciencia nacional. Quieren desconocer la hostilidad manifiesta del hombre argentino frente al extranjero agresor.
Ambos reflejos nacionalistas son tan viejos como nuestra Independencia y ello posibilitó que actualmente no seamos una colonia española, inglesa o francesa. Se esconde o se presenta como un “absurdo”, la voluntad expresa del pueblo de defender su suelo y sus recursos. La desmalvinización supone una escritura de la historia que relativiza o esconde las resistencias del pueblo a las invasiones inglesas de 1808, de las Malvinas de 1833 o contra la agresión europea de 1845. Por el contrario, se hace apología de la ideología del “afrancesado” Bernardino Rivadavia y del “pro británico” Bartolomé Mitre.
La ideología de la desmalvinización se asienta en el supuesto de que nuestro país es pacifista y que repudia la violencia. Paradójicamente, varios de los mismos sectores que postulan que la defensa del suelo que movilizó miles de personas a favor de la guerra es un “absurdo” o una “invención demagógica”, apoyaron la muerte de personas detrás de otras causas como el “socialismo” o la “libertad”. No son pocos los que se escandalizan con la decisión de muchos jóvenes de combatir en Malvinas, mientras que consideran “heroico” la muerte de de miles de guerrilleros que lucharon por el “marxismo” o por el “socialismo”. Parece lógico que la juventud deje su vida en la guerrilla en los montes tucumanos, que acompañe las acciones armadas en todo el continente cayendo en selvas desconocidas y no así, que alguien esté dispuesto a enfrentar a los ingleses para defender la soberanía territorial. 
No son pocos los que fustigan la voluntad de ir a la guerra contra Inglaterra en 1982 y se honran haber luchado por “libertad” cuando acompañaron el bombardeo de Buenos Aires de 1955. A los sucesos tenebrosos de los meses de junio y septiembre de 1955, los llamaron “Revolución Libertadora” y a los jóvenes terroristas de los Comandos Civiles, “patriotas idealistas”. Es bueno destacar, que entre el bombardeo  de junio de 1955 y los 27 fusilados del año 1956, murieron más argentinos que en combate en 1982 (no cuento el crimen de guerra del crucero General Belgrano, donde no hubo enfrentamiento ya que se estaba fuera del teatro de operaciones).
Los promotores de la desmalvinización, no aplican la misma severidad historiográfica para evaluar el conjunto de las guerras en las cuales intervino la Argentina. No son pocas las escuelas y universidades donde se enseña que la Batalla de Caseros y la Guerra del Paraguay son actos de “libertad”. Poco y nada se dice que murieron miles y miles de argentinos y sudamericanos. Solamente en la Guerra del Paraguay se calculan 40.000 bajas argentinas y casi un millón de habitantes del país que fue brutalmente agredido. Escasos son los análisis de la Batalla de Caseros donde los ejércitos del Brasil, de Mitre y de Urquiza, derrocaron a Rosas. No existe registro de la cantidad de muertos y ninguno analizó la participación de los jóvenes en los enfrentamientos. No se mencionan a los miles y miles de “chicos de la guerra” que murieron en conflictos internos absurdos y humillantes contra países hermanos.     

·         Algunas preguntas aun abiertas
¿Una mala conducción militar le quita legitimidad a la decisión del pueblo de combatir por su tierra?
Bartolomé Mitre fue un pésimo conductor militar en Paraguay y llevó a una guerra fratricida al pueblo argentino. Es bueno destacar, que también Mitre como Galtieri, entabló una sangrienta acción militar contra el pueblo argentino. Son escasos o nulos, los estudios históricos que lo juzguen críticamente como a Galtieri. Posiblemente y para nuestra dirigencia de ideología racista, Mitre estuvo justificado en que asesinó paraguayos y no se atrevió a enfrentar al europeo que “venía a civilizarnos”.
La conducción militar de la guerrilla argentina llevó, casi sin excepciones, a la derrota y a la muerte a sus cuadros y a militantes.
Hay un caso interesante para analizar y es el del registro cultural e histórico de las guerras del Pacifico y del Chaco protagonizadas por Bolivia. En ambos casos se produjeron derrotas que tuvieron origen, entre otras cuestiones, en la pésima conducción militar y en la decadencia de la dirigencia política del país. Los bolivianos consideran a sus soldados patriotas y a su dirigencia la juzgaron críticamente como incapaz e incluso, como traidora de sus intereses nacionales. La sociedad boliviana, a diferencia de un sector de la argentina, no siente vergüenza de la guerra ni de la voluntad de sus soldados de luchar por su suelo.

¿La diferencia militar de los Estados enfrentados, invalida la decisión de muchos argentinos de ir a Malvinas?
No son pocos los que consideran ilógico la decisión de muchos argentinos de combatir, por el hecho de que los ingleses tenían superioridad militar. Lo mismo ocurría en 1806, en la Independencia iniciada en 1816 o en las defensas contra las agresiones de 1838 o de 1845.
Esta misma realidad, no impidió el surgimiento de organizaciones revolucionarias en el siglo XX en todo el continente.

·         Reflexión final
Leopoldo Galtieri es un dictador genocida y es el responsable de la pésima conducción militar que trajo aparejada la derrota de la guerra. Más allá de esta realidad, sostenemos que la desmalvinización cultural es una operación ideológica del imperialismo británico y de los EUA. La guerra de Malvinas reflejó una voluntad nacional histórica de defensa del territorio y la soberanía, sin la cual hoy seriamos una colonia extranjera.

Tal cual mencionó el Papa Francisco, actualmente el mundo va a la Tercera Guerra Mundial por el control del territorio, los mercados y los recursos naturales. El enfrentamiento se da en los planos económicos, políticos y militares. En el terreno cultural la lucha es implacable. Las potencias con el manejo del cine, las cadenas de información o las universidades, hacen de su manejo terrorista del mundo un acto de civilización. Los países y pueblos agredidos son presentados como la causa originaria de la violencia y no como las víctimas de un sistema injusto y opresivo.  

Actualmente, los británicos y su socio EUA, continúan con las acciones colonialistas en Iberoamérica, en Europa, en Asía y en África. Debe quedar claro que las Malvinas son un “piso colonial” y no un “techo” y si Sudamérica no consolida su conciencia antiimperialista, será agredida por las potencias extranjeras que ambicionan nuestros territorios y recursos, incluyendo los de la Antártida.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Juan Perón y los sindicatos de trabajadores

 Aritz Recalde, septiembre de 2015

“La organización masiva de los trabajadores fue obra de Perón. Este progreso, no sólo es un hecho histórico, sino la herencia que Perón ha dejado, con su resultado, la resistencia heroica al sistema de millones de trabajadores”. Juan José Hernández Arregui

·         La etapa fundacional de la Revolución Justicialista y los sindicatos
La Revolución Justicialista se desarrolló a partir de transitar tres etapas fundamentales: la social, la política y la económica. La fase social del proceso político permitió la emancipación del obrero y de sus familias, que alcanzaron derechos al trabajo digno y regulado por el Estado, a la educación, a la salud o al espaciamiento. La etapa política de la revolución transformó la fuerza social en poder institucional, garantizando el triunfo electoral de febrero de 1946 y la asunción del Estado por parte de las organizaciones libres del pueblo. A partir de acá, la Argentina avanzó con la consolidación de la independencia económica traducida en los dos Planes Quinquenales. El proceso de transformación iba camino a consolidar la cuarta y última fase de la revolución, que era la institucionalización y el  trasvasamiento generacional. Este proceso no se produjo por causa del golpe de Estado de 1955 y de la seguidilla de dictaduras cívico - militares.
La etapa social de la revolución se inició desde el año 1943 y en particular, a partir de la asunción de Juan Perón en el Departamento Nacional de Trabajo. El futuro presidente tejió una  red de relaciones con las tres grandes centrales sindicales de la época, que eran la CGT 1, la CGT2 y la Unión Sindical Argentina (USA).
Con la participación activa de Domingo Mercante, entabló relaciones con miembros de la CGT 1 de La Fraternidad y de la Unión Ferroviaria (UF). Entre otras figuras destacadas de la UF, Perón inició contacto con José Domenech y con el abogado del gremio Atilio Bamuglia (socialista). José Domenech que luego se distanció del peronismo, es quien designó en la ciudad de Rosario al futuro presidente como “el primer trabajador”. Bramuglia ocupó lugares fundamentales en la política Argentina, como fueron los cargos de gobernador interventor de la provincia de Buenos Aires en 1945 y el de Ministro de Relaciones Exteriores y Culto del primer gobierno justicialista.
Una de las primeras intervenciones de Perón en un conflicto gremial, fue en el marco de un frigorífico en la  localidad de Avellaneda. El gremio de la Carne estaba inscripto en la CGT 2 y tenía en la dirección a José Peter (comunista). La intervención de Perón resolvió el conflicto a favor de los obreros y garantizó la liberación de la cárcel de Peter. Tiempo después, el oficialismo se impuso en la conducción del sindicato con Cipriano Reyes, quien participó activamente en la fundación del Partido Laborista, que llevó al triunfo a Perón en el mes de febrero del año 1946. Proveniente de la CGT 2, Perón hizo excelente relación con el dirigente socialista del gremio de comercio, Ángel Gabriel Borlenghi, al cual acompañó en la sanción del régimen jubilatorio presentado en un acto con más de 150.000 trabajadores, en el mes de diciembre del año 1944.

La estrategia de construcción sindical de Perón que transcurre del año 1943 a 1945, se organizó en dos frentes:
a-     Acción Social. La etapa incluyó la sanción de leyes de defensa del obrero y de mejora de las condiciones de empleo, salud y trabajo de la población.
Según la investigación de Claudio Díaz, desde 1936 a 1940 los sindicatos firmaron 46 convenios y entre 1944 y 1945 más de de 700. La determinación de la agenda de problemas y las propuestas de soluciones (leyes, convenios, obras de infraestructura, etc.-) la realizaron en conjunto el gobierno y los dirigentes sindicales.
Sin las agrupaciones de trabajadores, Perón hubiere hecho muy poco en plano de la gestión social. La movilización del 17 de octubre del año 1945, fue el producto del reconocimiento popular del trabajo social de los sindicatos y de las capacidades extraordinarias de su nuevo líder.
b-    Acción Política. Perón tuvo una estrategia política de debilitamiento de los sindicatos opositores y de creación de nuevos ámbitos de representación de los trabajadores. Por ejemplo, en el año 1943 surgieron la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y en 1944 la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA), entre otras. 

Luego de que Perón es detenido el 12 de octubre de 1945, se reunió la CGT y determinó con 18 votos a favor y 11 en contra, la realización de una huelga general para el día 18. En poco tiempo el General nacionalista había contribuido a emancipar socialmente a los trabajadores, concientizándolos de la importancia de movilizarse por la defensa sus derechos. El 17 de octubre del año 1945 las bases obreras salieron a la calle superando a sus dirigentes y protagonizaron un día histórico para los trabajadores latinoamericanos. En la jornada los obreros derrotaron con una movilización de masas, al imperialismo norteamericano (Braden), la oligarquía interna (SRA, UIA, etc.-) y a los partidos del régimen de derecha a izquierda.
La labor política en los sindicatos, le permitió a Perón conformar la estructura de cuadros dirigentes que fundó la principal herramienta electoral de 1946 (Partido Laborista) y que gestionó el Estado desde 1943 a 1955.

·         Los sindicatos en la óptica de Juan Perón: cinco aspectos fundamentales
“El peronismo fue el que agitó las masas, el que organizó el proletariado. La Confederación General del Trabajo, que no llegaba a 200.000 afiliados en la época pre – peronista, y estaba dividida en dos centrales irreconciliables, pasó luego a tener 4.000.000 (…) Eva Perón fomentaba el odio a la oligarquía y actuaba como agitadora de la lucha de clases”. John William Cooke

1)     Los sindicatos eran reconocidos legalmente por el Estado, abandonando la etapa represiva de los gobiernos anteriores.
Una vez que Perón alcanzó protagonismo en la revolución iniciada en el año 1943, derogó buena parte de la legislación represiva contra los gremios[1]. A partir de su gestión, se aprobaron normas que canalizaron históricas reivindicaciones obreras como son el Estatuto del Peón Rural, los Tribunales del Trabajo, los beneficios jubilatorios, el Instituto Nacional de las Remuneración (fijaba el salario mínimo, entre otras funciones), la prevención de accidentes, el cumplimiento de la jornada de 8 horas o los aguinaldos.
Dando reconocimiento institucional a las organizaciones de trabajadores, en el año 1947 se sancionó la ley de Asociaciones Profesionales 12.921 y en 1953 la de Convenios Colectivos de Trabajo. Ambos instrumentos legales, sentaron las bases del funcionamiento de sindicalismo argentino actual.
La Constitución Nacional aprobada en el año 1949, incluyó un apartado sobre los Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura. Nunca los derechos de los obreros habían alcanzado semejante importancia y menos aún, el rango constitucional que adquirieron.  

2)     Los sindicatos son el centro del armado político electoral y de la administración del Estado
“Los objetivos de las organizaciones de trabajadores consisten en la participación plena, la colaboración institucionalizada en la elaboración del Proyecto Nacional y su instrumentación en la tarea del desarrollo del país. Los trabajadores tienen que organizarse para que su participación trascienda largamente la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la comunidad a la que aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Se requiere la presencia activa de los trabajadores en todos los niveles”. Juan Perón.

El Partido Laborista fue el centro de la estrategia electoral del peronismo y se organizó a partir de la acción y movilización de los dirigentes sindicales. El primer presidente del partido fue el telefónico y ex USA Luis Gay, que era segundado en Buenos Aires por Cipriano Reyes (carnes).  
Una vez al mando del gobierno, Perón les otorgó a los sindicalistas un tercio de los cargos legislativos de la nueva fuerza, modificando la composición de clase de la dirigencia política. Los trabajadores llegaban al poder desplazando a las elites políticas tradicionales.
Perón se propuso exportar la revolución y le otorgó a los sindicatos la tarea de difundir la ideología justicialista en los pueblos de América. Los dirigentes de la CGT ocuparon lugares en las agregadurías obreras de las Embajadas Argentinas en el mundo. Además de las agregadurías obreras, los sindicatos intervinieron en la fundación de la Asociación de Trabajadores Latinoamericanistas Sindicalistas (ATLAS). Los obreros iban a impulsar la ideología de la Tercera Posición, que ubicó al país fuera de la egida directa de los EUA y de la Unión Soviética. Una de las causas de la salida de Luis Gay (telefónico) de la Secretaría General de la CGT, fue su relación con la central norteamericana AFL – CIO.
En paralelo al trabajo con los pueblos, Perón impulsó la unidad de los gobiernos iberoamericanos por intermedio de firmas de convenios y acuerdos comerciales.
Varios dirigentes gremiales alcanzaron lugares estratégicos en el gobierno, como fueron los casos del trabajador de comercio Ángel Borlenghi (Ministro de Interior), del abogado de la Unión Ferroviaria Atilio Bramuglia (Canciller) o del dirigente del vidrio José María Freire (Secretario de Trabajo y Previsión).
La participación en el gobierno de los obreros, no les impidió mantener una agenda de reclamos y huelgas, como fueron los casos de los trabajadores bancarios, portuarios o ferroviarios.  

3)     Los sindicatos tienen que ser masivos y debe unificarse en una sola CGT.
“Si los trabajadores se dividen pierden todo su poder. Yo he visitado numerosos países del mundo donde hay dos o tres centrales obreras: es como si no hubiera ninguna”. Juan Perón

Perón encontró tres centrales gremiales en el año 1943 e impulsó la organización de una sola herramienta sindical unificada. Durante los primeros gobiernos justicialistas existió una CGT única, que fue conducida por las secretarías de Luis Gay, Aurelio Hernández, José Espejo, Eduardo Vuletich y en 1955 por Hugo Di Pietro.  
Varios años después y previo a asumir su tercer mandato, Perón abogó por la unidad de las CGT y ello permitió la unificación bajo la secretaría de José Ignacio Rucci.
Perón impulsó el esquema de funcionamiento gremial con representación única por rama o actividad. El presidente justificó la propuesta en que la proliferación y fragmentación de los sindicatos, debilitaba el poder de negociación política de los obreros.

4)     Los sindicatos son instituciones de fomento y no meramente de lucha
Previo a la asunción del peronismo, los diversos gobiernos conservadores y radicales, habían reprimido la actividad de los trabajadores organizados. El sindicalismo socialista o anarquista de inicios del siglo XX, protagonizó diversos enfrentamientos a un régimen político que utilizó la violencia reprimiendo la acción gremial, declarando el estado de sitio para impedir los reclamos o incluso, conduciendo acciones sangrientas como las represiones en los talleres Vasena y en la Patagonia.
Con la Revolución Justicialista se terminó la época de represión y los obreros no necesitaron encarar una resistencia y una lucha permanente contra el gobierno. En este contexto, se generaron las condiciones para que los sindicatos desarrollen actividades de fomento social y cultural. Con apoyo del gobierno, los sindicatos obreros construyeron hoteles, campings, predios deportivos, hospitales, planes de vivienda o diagramaron programas de salud y acciones de capacitación.       

5)     El sindicalismo tiene que conformar y consolidar una conciencia nacional y política revolucionaria.   
“Si un mérito nadie le niega a Perón es el haber desarrollado en los trabajadores sentido de clase y la conciencia de su fuerza (…) el merito del nuevo movimiento es hacer del imperialismo el problema central”. John William Cooke
La Revolución Justicialista impulsó la formación política e ideológica de los trabajadores. Con esta finalidad, la revolución inauguró la Escuela Superior Peronista donde dictaron cursos Juan Perón y Eva Duarte. Las clases del Presidente derivaron el su obra “Conducción Política” y seis de las disertaciones de Eva se reunieron en “Historia del Peronismo”.  
La revolución elevó la conciencia política y social de los trabajadores, por intermedio de tres grandes mecanismos. El primero y principal, con la justicia social y con el derecho concreto al ejercicio del gobierno político por los obreros. Los logros sociales generaron una conciencia de los derechos de los trabajadores argentinos, frente al capital y al Estado. El segundo aspecto, fue la democratización del acceso educativo y cultural en todos sus niveles, permitiendo que los trabajadores ingresen masivamente a la educación secundaria, técnica o universitaria (gratuita desde 1949). Finalmente, organismos como la Escuela Superior o el dialogo permanente entre el líder, Eva y los cuadros de conducción y las organizaciones de base, conformaron una ideología que solidificó una identidad que permitió la defensa de los derechos de los trabajadores y del patrimonio de la Nación Argentina.
La ideología de los trabajadores y la tarea de sus estructuras organizativas, permitieron la resistencia a las dictaduras iniciadas en 1955 y el regreso de la democracia y de Perón en el año 1973. Además y cuestión fundamental, la conciencia nacional y antiimperialista de los trabajadores, quedó expresada en su agenda programática de las décadas del cincuenta al setenta. El Programa de La Falda (1957), de Huerta Grande (1962) y del primero de mayo de la CGT de los Argentinos (1968), son expresiones concretas de la conciencia revolucionaria de los trabajadores.
Es importante destacar, que las reivindicaciones de los tres programas sindicales no eran un tema meramente intelectual y declarativo, sino que formaban parte de las acciones concretas de la revolución justicialista en su etapa fundacional.  El Programa de La Falda y el de Huerta grande postulaban el manejo estatal del comercio exterior, que ya se había alcanzado con el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI). Huerta Grande propuso la nacionalización de los bancos, cuestión que ya había sido realizada con la administración estatal de los depósitos y con la reforma del Banco Central del año 1946. El Programa de la CGTA, en línea con la Falda y Huerta Grande, convocaba a la nacionalización de empresas públicas en sintonía con el gobierno de 1946 a 1955 que había estatizado ferrocarriles, comunicaciones o energía[2].



[1] El gobierno iniciado en junio de 1943 clausuró la CGT 2 y detuvo a varios dirigentes comunistas, entre ellos a José Peter. Los militares intervinieron la Fraternidad y la Unión Ferroviaria de la CGT 1. Ese mismo año sancionaron un Estatuto de Organizaciones Gremiales que controlaba el accionar de los gremios.
[2] Las ideas estatistas que otorgaban una importancia central a las nacionalizaciones, ya estaban expresadas en los funcionarios del gobierno de 1946 en las iniciativas José Figuerola (Secretaría Técnica de la Presidencia, entre otras), Juan Eugenio Maggi (Agua y Energía Eléctrica, entre otras) o Juan Ignacio San Martín (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado, entre otras).