lunes, 6 de abril de 2015

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) y la Universidad

                           
Aritz Recalde, Juan Godoy, Iciar Recalde
Noviembre 2014


Introducción
“El país necesita derribar las Universidades sin Patria, y no permitir que se establezcan sobre sus ruinas otras Universidades sin Patria.” (“La Tercera Posición en la Universidad”, La Víspera. Semanario de Orientación Nacional, Mar del Plata, Año 1, Nº 9, 10 de febrero de 1945)

“Por una Universidad al servicio de las necesidades de su pueblo.” (“Manifiesto a los estudiantes y al pueblo de la Agrupación Universitaria de FORJA”, FDA)

La Universidad forma parte de una de las preocupaciones teórico políticas fundamentales de FORJA, en la medida en que se encuentra emparentada con cuestiones medulares que signaron los aportes de la Agrupación en su período de actuación (1935-1945). Con posterioridad a su disolución, algunos de sus ex integrantes jugaron roles importantes el debate de la universidad hasta bien entrada la década de 1970.
Varios de sus miembros como Manzi, Jauretche, Dellepiane o Del Mazo desarrollaron una activa militancia[1] en los espacios juveniles universitarios. Según Ciria y Sanguinetti, FORJA: “Estuvo integrada, en su mayoría, por universitarios jóvenes.” (Ciria y Sanguinetti. 1983: 84).
Los desarrollos teóricos de los forjitas se organizaron en torno a la cuestión nacional. FORJA interpeló el rol del intelectual en los países semicoloniales, la injerencia del Imperialismo, el fenómeno de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
La temática de la Universidad fue desarrollada exhaustivamente a través de diversos Documentos, Manifiestos, Volantes y Conferencias y por medio del activismo estudiantil de varios forjistas en distintas Universidades Nacionales.
Para facilitar al lector el entendimiento del tema que aquí nos ocupa, organizamos la exposición de la siguiente manera:
-          ofrecemos una descripción sucinta del nacimiento de FORJA y de sus principales intereses teórico-políticos emparentados con la temática de la Universidad. Analizamos dos aportes fundamentales del grupo: el dilucidamiento de la Colonización pedagógica y el rol del Revisionismo histórico.
-          presentamos los aportes teóricos de FORJA en torno al rol de las Casas de Altos Estudios.
-          reconstruimos las acciones políticas concretas de los forjistas a través de la formación de distintas Agrupaciones estudiantiles en universidades.

El nacimiento de FORJA
“Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) nace en el año 1935 como un desprendimiento de la Unión Cívica Radical (UCR) tras la muerte de  Hipólito Yrigoyen. El filósofo Juan José Hernández Arregui (Hernández Arregui 2003: 225)  establece que la iniciativa originaria fue de Arturo Jauretche, quien convocó a varias figuras intelectuales y políticas del período –Manuel Ortiz Pereira, Gabriel del Mazo, Homero Manzione, Gutiérrez Diez, Juan B. Fleitas, David de Ansó, Félix Ramírez García, Luis Dellepiane, entre otros.
El objetivo inicial para crear la Agrupación era el de enfrentar el funcionamiento del sistema político del período, que estaba caracterizado por el fraude electoral, la extranjerización de la economía nacional y las extremas desigualdades sociales promovidas durante la denominada por José Luis Torres como Década Infame. FORJA denunció el accionar del imperialismo británico y la situación semicolonial en la que se encontraba la Argentina.
El nombre de la agrupación, ideado por Arturo Jauretche, tuvo su origen en una frase de Yrigoyen, que abre este apartado, donde el viejo Caudillo establecía que: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba.”
Algunos de los forjistas, participarán en los levantamientos radicales -el primero tras el Golpe en Córdoba, el fracasado del General Severo Toranzo en el año 1931, el del Coronel Gregorio Pomar en el mismo año en el Litoral, etc.-. (Galasso, 2002). Se destaca el del Paso de Los Libres del año 1933,[2] donde fueron milicianos Jauretche y Scalabrini Ortiz, que quedará plasmado en un relato épico gauchesco del forjista linqueño.[3]
Vale aclarar que Raúl Scalabrini Ortiz, a pesar de ser uno de los principales orientadores de FORJA, no se afiliará por sus diferencias con la UCR hasta el año 1940, momento en que se levante la condición de ser partidario radical para ser miembro de la Agrupación.
Varios forjistas habían conformado el Movimiento de Continuidad Jurídica, agrupamiento anti-alvearista que pretendía mantener en alto las banderas del yrigoyenismo y se oponía a la jefatura de Alvear: “Sostenían que la abstención sólo podía tener sentido con un contenido revolucionario” (Scenna, 1983: 33). Otros habían participado del Grupo de los Radicales Fuertes –nucleados previamente en la Agrupación Pro Voto Directo-, que emite el Manifiesto “Vocación revolucionaria del Radicalismo” antes de que la Convención  levantara la abstención.
Los forjitas desarrollarán una ardua tarea intelectual y de activismo político. Interesará, particularmente, referirnos al desarrollo teórico en torno al concepto de Colonización pedagógica y al rol del Revisionismo histórico por estar emparentados con la temática de la Universidad.
FORJA en su batalla contra la entrega del patrimonio nacional durante los años ´30, denunciará la injerencia extranjera y todo el engranaje cultural destinado a legitimarla. A partir de aquí, procuran la construcción de un relato histórico que contextualice históricamente la dominación colonial y las luchas populares.





[1] Jauretche y Manzi se conocieron en la Facultad de Derecho de la UBA. (Galasso 2009 T II: 318) En esta época de activismo universitario, Jauretche tomó contacto además con Gabriel del Mazo.  (Galasso 2003: 110 y 126) En los tres casos, su militancia universitaria se alistó a favor del reformismo. La intervención de la Facultad en 1930, expulsó a más de setenta alumnos, entre los que se encontraban ambos. (Ciria y Sanguinetti 1983: 79) Hernández Arregui mencionó que en el universo de “afiliados y simpatizantes” a FORJA, estaba Mario Pascale, quién habría llegado al cargo de Presidente de la FUA. (Hernández Arregui 2003: 226) En realidad, Pascale fue Presidente del Centro de Derecho de la UBA y fue Francisco Capelli quien alcanzó la conducción de la  FUA en acuerdo con el comunismo. (Galasso 2008: 256)
[2] Hipólito Yrigoyen muere el 3 de julio de ese año. José María Rosa señala que tras su entierro:”La impresión es que una chispa haría estallar el polvorín. El pueblo es radical y seguirá al primero que levante la bandera. Pueblo y Ejército no son para ellos dos entidades distintas.” (Rosa, 1980: 136)
[3] Se trata de Jauretche, Arturo (1992). El Paso de los libres. Relato gaucho de la última revolución radical. Buenos Aires: Corregidor.

domingo, 5 de abril de 2015

“Rodolfo Ortega Peña y el revisionismo histórico”

Noviembre 2014
Aritz Recalde, Juan Godoy e Iciar Recalde 

I. Ortega Peña. Breves apuntes biográficos
Rodolfo Ortega Peña fue abogado, escritor y periodista. Nació el 12 de septiembre del año 1935 en el seno de una familia católica y anti peronista. Cursó estudios primarios en la Escuela Argentina Modelo junto a figuras que cobrarían pasados los años cierta relevancia en el campo intelectual argentino, tales como Ernesto Laclau con el que trabó fuerte amistad. El Secundario lo realizó en el Colegio Nacional Mariano Moreno graduándose en 1953. Posteriormente, ingresó a la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el título de abogado en 1956, con sólo 21 años. Estudió además, filosofía, economía y ciencias exactas.
Fue opositor al gobierno de Perón y aprobó su derrocamiento en el año 1955, aunque Marcelo Duhalde asegura que sintió incomodidad ante la tristeza de los humildes frente a la caída del Justicialismo. En el año 1956 conoció a Eduardo Luis Duhalde con quien entabló una estrecha amistad que duró hasta su muerte. Militó en la Juventud Comunista en el año 1957. Se acercó al frondicismo y luego al Peronismo a través de César Marcos. Ortega Peña mencionó en el prólogo al libro Imperialismo y cultura de Juan José Hernández Arregui que:
“Al producirse el 16 de septiembre, yo acababa de cumplir 20 años. El ‘proceso’ peronista lo había vivido en una experiencia indirecta, la de mis padres. Un hogar pequeño burgués, típicamente liberal, que objetivamente se había beneficiado con la política económica de Perón, pero que lo negaba en forma absoluta a nivel ideológico. (…) Así como gran parte de la juventud universitaria, o simplemente de clase media, me embarcaba en conspiraciones contra la “dictadura.” (…) El discurso de Lonardi me encontró (…) en la Plaza de Mayo. (…) Decidí fijarme en quiénes estaban en la plaza. No era difícil determinarlo. Estaban las señoras gordas, los amigos de mis padres, los estudiantes. Era inútil buscar a los cabecitas. Ellos no estaban. A la tarde, al alejarnos del centro, del barrio norte, y acercarnos a los conventillos de la gran ciudad, advertimos miradas hoscas, recelosas, indignadas. El pueblo, el auténtico pueblo, vivía su derrota. (…) Fui acercándome a los grupos de la UCR vinculados a Frondizi. Conmigo muchos otros. La experiencia fue breve pero profunda. (…) Decidimos ingresar al Partido Comunista.” (Hernández Arregui, 1973: 8)
De la mano de Hernández Arregui se incorporará al movimiento nacional peronista.
Su formación ideológica se forjó en su paso por la universidad y a través de los aportes e influencias de intelectuales que aparecen mencionados en sus obras, como Juan José Hernández Arregui, José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos o con Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros. Dirá Duhalde al respecto:
“Recibido de abogado a los 20 años, haciendo al mismo tiempo la carrera de Filosofía, estudiando luego Ciencias Económicas; polemizando con Julián Marías sobre la ontología de Unamuno; con Carlos Cossio sobre la teoría ontológica del derecho; con Tulio Halperín Donghi sobre la significación del Facundo: con Marechal y Sábato sobre la estructura de la novela; con Córdova Iturburu sobre las pinturas rupestres de Cerro Colorado; pocos casos debe haber en nuestro país de un intelectual con tanta capacidad y actividad interdisciplinaria. Al mismo tiempo, con tan poco interés en dedicar su vida prioritariamente a cualquiera de esas disciplinas, pese a haber sido hasta el fin, un ávido y obsesivo lector de todas ellas, en castellano, inglés, francés, alemán, italiano, portugués, latín y griego.”
Entre los años 1963 y 1964, participó activamente en los dos planes de lucha de la Confederación General del Trabajo y fundó CONDOR (Centros Organizados Nacionales de Orientación Revolucionaria) junto con Eduardo Luis Duhalde y Ricardo Carpani. Coadyuvó a la formación de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) para resistir a las dictaduras. En los años sesenta denunció la desaparición de Felipe Vallese en el Diario Compañero, frente al silencio de los medios de comunicación oficiales. Tres años después publicó el volumen Felipe Vallese, proceso al sistema. Fue asesor legal de Sindicatos importantes de la Argentina en estos años, entre ellos la UOM.
Fundó junto a otras figuras de la cultura y de la política del período, el Centro de Estudios Históricos Felipe Varela y el Centro de Cultura Carlos Guido Spano. Desde allí comenzó a publicar La Unión Americana. Organizó la editorial Sudestada donde fueron publicados varios autores revisionistas. Participó en la película La Hora de los Hornos de Solanas y Getino y dirigió la Revista Mundo Nacionalista. La Patria es un peligro que florece.
Con la llegada de la dictadura de 1966 Ortega Peña se convirtió en un activo defensor de presos políticos. Colaboró en la organización de las comisiones de familiares de presos y denunció las violaciones a los derechos humanos. Desde el punto de vista profesional, ensayó todos los caminos de una práctica social de la abogacía. Trabajó incesantemente por la defensa de los trabajadores y contribuyó a la fundación de la Asociación Gremial de Abogados en 1971 y a la Agrupación de Abogados Peronistas. Dese allí patrocinó a los presos políticos e intervino en causas resonantes como la de los acusados por el secuestro de Aramburu y del empresario Oberdan Sallustro.
Durante la breve gestión de gobierno de Héctor Cámpora fue nombrado en el Instituto de Historia del Derecho y como Director del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En la etapa es designado profesor de Historia del Derecho Argentino. En estos años dirigió la Revista Militancia peronista para la liberación (luego De Frente) y colaboró en El Mundo. En 1974 accedió al cargo de diputado nacional y en sus cuatro breves meses de gestión visitó provincias, hizo pedidos de informes, presentó múltiples proyectos de ley y denunció el accionar terrorista de la Triple A.
Se integró al Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), brazo cultural del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue asesinado por la el grupo terrorista Triple A el 31 de julio de 1974. [1]

La política de la historia
Durante toda su vida desarrolló una prolífica labor historiográfica desde una perspectiva revisionista, rescatando figuras poco trabajadas por la historiografía liberal como las de Felipe Varela o Facundo Quiroga. Entre sus contribuciones más importantes deben mencionarse El asesinato de Dorrego, Felipe Varela contra el imperialismo británico, Facundo y la montonera, Baring Brothers y la historia política argentina, publicadas en coautoría con Eduardo Luis Duhalde.
Para el autor la historia oficial era una justificación del accionar de las clases dominantes del país. A partir de acá, la disputa política con el poder estatuido incluyó la crítica histórica. En la perspectiva de Rodolfo Ortega Peña la historia es el reaseguro del entendimiento del presente. Propuso hurgar en el pasado para no cometer los mismos errores, encontrar lazos de continuidad en la lucha contra el imperialismo y en los actos de resistencia de las masas populares. El autor postula entender el pasado para orientar una política nacional en el presente. En sus palabras “No fue un intento de manipular la historia para refrendar ninguna posición presente, sino todo lo contrario: buscar en el ayer los criterios para la comprensión del propio tiempo que nos tocaba vivir.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 6)
Cuenta Eduardo Luis Duhalde al respecto que “Si bien con Ortega Peña veníamos laborando hacía tiempo en la investigación histórica, esta tarea había sido simultánea con la actividad política y profesional. Este vuelco prácticamente total a la disciplina histórica no era casual. Tenía que ver con el tiempo político de la Argentina y con el nuestro.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 5)
Ortega Peña desarrolló una posición disonante de la historiografía liberal-oficial ya que en su punto de vista:
“Con respecto a la actitud de la historiografía oficial, debe señalarse que ésta se caracteriza por ese “científico” proceder, consistente en pronunciarse sobre lo que le conviene, deformando u ocultando la verdadera realidad. En este sentido, tal historiografía, es un elemento más, sumamente importante, del sistema educativo de la clase oligárquica.” (Ortega Peña y Duhalde, 1965b: 22)
El autor entiende que superestructura cultural actúa otorgando o quitando prestigios a quienes se sometan o no a la visión canonizada de nuestro pasado. Dirán Ortega Peña y Duhalde:
“La miopía histórica no equivale a ignorancia. Ni tampoco debe ser considerada casual. Excelentes productos de una universidad colonial, los profesores de “nuestra” historia, comprometidos con una falsa cientificidad, inventaron historias autónomas para no tener que describir la dependencia económico-social de nuestro país. Advino de ese modo la etapa de la monografía científica. Estos profesores, incansables redactores de inacabables documentos, saben, por otra parte, que la cuestión reside en mejorar su estilo. Con ello lograrán un día el salto a las academias, y ser comentados dominicalmente por los fotograbados de la “prensa seria.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 41)
En paralelo la crítica a la historiografía oficial, los autores buscan un lugar particular dentro del revisionismo histórico. Ortega Peña y Duhalde quieren desarrollar un revisionismo que profundice la tarea de los “precursores” y así sostienen que “Si bien las corrientes del revisionismo histórico tienen el mérito de haber cuestionado aquella versión sacralizada y tendenciosa, elaborada por los sectores dominantes de nuestra sociedad, sus propias limitaciones les han impedido -en la mayoría de los casos- ir más allá de la polémica con el liberalismo como contradiscurso ideológico.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 6)
En su punto de vista, uno de los aspectos menos desarrollados por la historiografía revisionista tenía que ver con describir objetivamente la tarea cumplida por los sectores populares. En sus palabras “La corriente historiográfica liberal, el revisionismo ortodoxo, y el desarrollismo, coinciden entonces en negar la presencia protagónica de las masas en la historia argentina.” (Ortega Peña y Duhalde, 1999: 180).
Escritas en un lenguaje de fácil lectura, sus obras se sostienen con rigor documental. En este sentido, respecto al método de investigación y en ocasión de la edición del libro sobre Dorrego, los autores afirman que “Han creído conveniente, dado el carácter de ensayo de la obra, no recargarlas con citas de libros, aunque por otra parte creen haber utilizado la bibliografía más seria. Han recurrido a la cita de textos, cuando su importancia así lo exigía.” (Ortega Peña y Duhalde, 1965b: 14)





[1] La biografía del autor fue realizada con los aportes de los trabajos de Galasso, 2009, T II: 330-333; Memoria abierta, 2010: 25; Celesia y Waisberg, 2013; Duhalde, 2014 y Leoni Sanz, 2012.