jueves, 25 de septiembre de 2014

John William Cooke

Aritz Recalde, septiembre 2014

 “El Peronismo no es populismo, es revolución.” J.W. Cooke

 “El pensamiento latinoamericano no puede sino ser revolucionario. En cuanto deja de serlo se niega a si mismo, porque admite como inmutable la situación que nos oprime.”  J. W.  Cooke

John William Cooke (1919 – 1968) nació en La Plata y estudió derecho en la UNLP. Originario de militancia en la UCR, accedió al cargo de diputado nacional en 1946 acompañando el peronismo (desde la UCR Junta Renovadora).
Entre sus intervenciones más notorias en la Cámara de Diputados, estuvo la justificación de la expropiación del Diario La Prensa del año 1951. Allí sostuvo que “Nosotros estamos con los obreros, y estamos contra La Prensa, porque La Prensa siempre  estará, como lo ha estado hasta ahora, contra los obreros y contra  nosotros”. En otra oportunidad aseveró “Considero que la prensa comercial vinculada al imperialismo es uno de los mayores peligros para los países que luchan por su liberación. La expropiación de La Prensa fue un acto realizado por los procedimientos que autoriza la Constitución. No fue, como se dice, un atentado contra la libertad de de opinión, por que La Prensa es una empresa comercial imperialista”.
Luego del bombardeo del país en el mes de junio del año 1955, Juan Domingo Perón lo designó como interventor del Partido Justicialista de capital federal. Caído el gobierno luego de la asonada militar de septiembre, es arrestado y trasladado al sur del país.
Desde su exilio Perón lo designó como su representante en la Argentina ya que “En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y, sus decisiones, tienen el mismo valor que las mías. En el caso de mi fallecimiento, delego al Dr. John William Cooke, el mando del movimiento”.  

Protagonista de la resistencia peronista
 “No escribimos para conquistar corazones sino porque creemos tener razón, y esa razón sólo vale si la comparten las masas trabajadoras que son las que hacen la política revolucionaria.” J. W. Cooke

A partir del año 1955 Cooke integró la resistencia peronista contra las dictaduras y la violencia impulsada por el régimen. En esta etapa participó en los Comandos de la Resistencia, en el intento de huelga general revolucionaria del Frigorífico Lisandro de la Torre y acompañó la acción de la guerrilla de los Uturuncos. El conflicto del Frigorífico Lisandro de la Torre se extendió del 17 al 22 de enero y fue uno de los sucesos políticos de mayor trascendencia que desarrollaron los trabajadores para enfrentar a las fuerzas del gobierno desarrollista de Arturo Frondizi.  
Fracasado el intento de huelga insurreccional Cooke se exilió a Uruguay. A partir de ésta fecha dejó de ser el delegado de Perón.

Teórico de la organización
“Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”. J. W. Cooke

Cooke mencionó que el peronismo era un Movimiento compuesto por sindicatos, por miembros del partido en su rama femenina y masculina y por otro conjunto de actores como los empresarios, el ejerció y la iglesia. En su óptica, luego de 1955 la mayoría del ejército, la iglesia y de los empresarios abandonaron al peronismo y se integraron al régimen.   
Cooke se refirió a las fuerzas armadas y aseveró que “El Ejército es una institución humana, que no tiene virtudes ni defectos al margen de sus componentes. No podemos pensar en el Ejército de San Martín cuando el que ahora existe es el de Aramburu y Quaranta, ni el de Mosconi y los jóvenes coroneles del 43, cuando ahora lo integran gorilas, liberales y clasistas”. En otra oportunidad concluyó que “Las Fuerzas Armadas son el sostén de los poderes económicos y reciben sus armas e instrucciones del Pentágono
Cooke destacó que el Movimiento quedó compuesto meramente por trabajadores. Los obreros eran la columna vertebral del peronismo y oficiaban como la única garantía para el regreso del primer mandatario. Cooke se dedicó activamente organizar a los trabajadores. En su punto de vista el peronismo estaba atravesado por una tensión irresoluble entre un “Jefe Revolucionario y una masa revolucionaria por un lado; y por el otro, cuadros intermedios donde abundan los especímenes de la vieja burocracia”.
En la óptica de Cooke, el peronismo evolucionaba “radicalmente” y “el programa de izquierda que hoy sostenemos forma parte de lo permanente”. La radicalización del peronismo avanzaba y el autor entendió que la dirigencia burocrática y el imperialismo, eran su límite. Para superar ambos escollos, la dirigencia combativa tenía que actualizar su doctrina y “Es allí, en esas posiciones ideológicas absurdas y reaccionarias, donde está el mal y donde radica nuestra debilidad. (…) Y cuanto más imprecisa, más indefinida, más ambigua sea la caracterización del Peronismo, más podrán cobijarse bajo su bandera y utilizar su nombre para cometer las más repugnantes estafas a la buena fe común.”
Más tarde o más temprano, la lucha contra el régimen sería violenta ya que según Cooke el Estado liberal solamente “admite la discusión dentro del círculo de hierro de sus propios dogmas”.
Para cumplir el mandato revolucionario hacía falta organizar al “gigante invertebrado” del peronismo y para Cooke “Una revolución requiere partido revolucionario, jefes revolucionarios y mito revolucionario, por un lado, y la ocasión, por el otro”. Sin una organización revolucionaria consecuente, Cooke temía la disolución del peronismo. Escribió a Perón afirmando que “Cuando Ud. desaparezca también desaparecerá el movimiento peronista, porque no se ha dado ni la estructura ni la ideología capaz de permitirle cumplir tareas en la nueva era que ya estamos viviendo”

Puente entre la revolución Cubana y el peronismo: el socialismo nacional
“La guerra de Argelia, a punto de terminarse, ofrece otro caso, donde el nacionalismo toma las únicas formas que pueden tomar hoy en día: formas socialistas. En América Latina todos los movimientos de liberación nacional se declaran socialistas o presentan programas socialistas, porque ya no hay revolución democrática-burguesa posible. Y menos aún en la Argentina, donde el gobierno peronista hizo todo el progreso que era posible realizar dentro de las instituciones no-socialistas.” J. W. Cooke

En el año 1960 Cooke viajó Cuba y conoció a Fidel Castro y compartió actividades con el Che Guevara.  Su estadía en la isla le permitió a Cooke vislumbrar la revolución. Producto de su viaje aseveró que “de ahora en más, cualquier movimiento liberador se cumplirá a partir de la Revolución Cubana.”.  
Cooke invitó a Perón a Cuba ya que en su opinión “Las condiciones para una política insurreccional mejorarán en cuanto nuestro alineamiento en el frente revolucionario mundial se traduzca en conexiones concretas y medidas prácticas. (...) Por intermedio de Fidel debe combinar una gira que incluya Cuba, URSS, China, Argelia, etc. invitado por el máximo dirigente de cada lugar.” Perón no acepto ni la invitación de Cooke, ni otras como la de Gustavo Rearte.
Cooke regresó a la Argentina con el objetivo de organizar la resistencia a la dictadura y apoyar la formación del movimiento revolucionario. En este nuevo marco histórico resignificó la lectura clásica de la Tercera Posición peronista y postuló la tesis del socialismo nacional. Su acción militante y su predica teórica lo vuelven el intelectual más importante de la corriente de la izquierda peronista.
Cooke consideró que el peronismo era una revolución nacionalista y antiimperialista que ponía al capitalismo demoliberal en jaque. El peronismo era el “hecho maldito del país burgués” y con esta certeza a cuestas Cooke aseveró que “Los comunistas, en Argentina, somos nosotros, porque el imperialismo yanqui no se guía por definiciones filosóficas sino por hechos prácticos: y el movimiento de masas que pone en peligro las inversiones, el orden social y la “seguridad hemisférica”, eso es el comunismo.” 

Cooke murió en el año 1968 luego de una enfermedad terminal. A pocos años de su muerte le escribió proféticamente al máximo mandatario “Cuando Perón no esté, ¿qué significará ser peronista? Cada uno dará su respuesta propia, y esas respuestas no nos unirán sino que nos separarán.”


El libro completo el Pensamiento de J. W. Cooke en las cartas con Perón se puede descargar del siguiente link: http://www.cta.org.ar/IMG/pdf/j_w_cooke.pdf


viernes, 12 de septiembre de 2014

INTEGRACIÓN REGIONAL DE IBEROAMÉRICA


ARITZ RECALDE

Septiembre de 2014



“Iberoamérica reúne las condiciones de una Nación integral.Juan José Hernández Arregui

El filósofo argentino Juan José Hernández Arregui sostuvo en el año 1957 que Iberoamérica era una unidad cultural e histórica que revelaba “la presencia de todos los elementos sustantivos y adjetivos de una Cultura.” Mencionó, además, que la unidad espiritual del Continente transcurría en una etapa convulsionada por la acción imperialista mundial y que la incomprensión de nuestras Naciones entre sí había sido fomentada por la “injerencia de fuerzas ajenas al derrotero de América Latina.” Frente a un mundo atravesado por la lucha imperialista Arregui profetizó: “debemos concebir nuestro destino en términos de política intercontinental.” Para alcanzar la unidad regional, los pueblos debían conformar una conciencia política y una “conciencia histórica de su destino futuro.

Presentamos a continuación un análisis razonado de un conjunto de iniciativas para contribuir a la comprensión mutua e impostergable de la integración de Iberoamérica.

 ¿América Latina, Panamérica, Hispanoamérica, Iberoamérica?
El filósofo Alberto Buela analizó las diversas formas de nombrar al Continente. Mencionó los términos Latinoamérica, América Latina, Panamérica, Indoamérica, América Mestiza, América Española, Hispanoamérica, Iberoamérica e Indias Occidentales. Estableció que la denominación más utilizada era la de América Latina. El nombre proviene de una construcción política originaria de Francia y era el resultante de la traducción de Amerique Latine, promovida por Luis Napoleón y el Emperador de México, Maximiliano, quien ocupaba su cargo por intermedio de la agresión francesa del año 1861. Mencionar el componente “Latino” ligado a “América”, les permitió introducir al proceso de colonización del Continente a los franceses y a los italianos.
Hernández Arregui ratificó la opinión de Buela y sostuvo que: “La denominación América latina, a más de culturalmente imprecisa y cercana, se extendió al término de la centuria pasada apoyada por escritores encandilados por Francia, se aclimató finalmente en este siglo XX, bajo el ascendiente de personajes como Clemenceau o Poincaré, y es en alguna medida el resabio con cosméticos modernos de aquella inquina hacia España que viene de la política continental europea de los Siglos anteriores, no sólo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del antiguo imperio español en América.
La palabra Panámerica fue impulsada por los EUA como parte de su programa expansionista en el Continente.

Methol Ferre reivindicó la utilización de América Latina por considerar que el idioma castellano o portugués también deriva del latín. El autor destaca que Hispanoamérica, fue utilizado por Miranda en su Manifiesto a los Pueblos del Continente Colombiano en 1801. En lugar de América Latina o de Panámerica, proponemos en línea con Juan José Hernández Arregui, utilizar la palabra Iberoamérica por el hecho de que incluye a los territorios y tradiciones étnicas españolas y portuguesas (Brasil). 


I- LA INTEGRACIÓN REGIONAL
Integrar significa articular intereses y proyectos sobre la base de un objetivo común. Resultante de la vocación integracionista los Estados y los pueblos:

-       destinan recursos y bienes          :        integración económica
-      
delegan facultades políticas         :      integración política e institucional
-      
fortalecen valores conjuntos         :      integración cultural

La integración supone la planificación de acciones conjuntas tendientes al cumplimiento de una agenda compartida.

Juan Domingo Perón y el Continentalismo
Juan Domingo Perón participó de la IV Conferencia Cumbre de Países no Alineados,[1] realizada en el mes de septiembre del año 1973 en Argelia, África. En su intervención sostuvo: “Ayer fue la época de las nacionalidades, hoy es la época del Continentalismo.” La preponderancia geopolítica de naciones del estilo de Alemania, Inglaterra o de Francia, era desplazada por unidades regionales de poder como la Unión Soviética o la Comunidad Económica Europea. Perón mencionó que la Unión Soviética se organizó en Estado bicontinental y se expandió política y territorialmente sobre otros espacios, fortaleciendo su control sobre sus aéreas de interés en Europa, en Asia, en África y, en menor medida, en Iberoamérica. Sostuvo, además, que la nación bioceánica e industrialista de los Estados Unidos, expandió su dominio neocolonial en varias regiones y, en particular, en Iberoamérica. Las dimensiones económicas y el poder político de los EUA, lo posicionaba como un actor central del orden mundial. 

Asimismo, Perón destacó que Europa occidental marchaba hacia el Continentalismo a partir de la creación de la Comunidad Económica Europea. El bloque surgió como un contrapeso a los intereses de los EUA y de la Unión Soviética. La disputa imperialista mundial condujo a las dirigencias europeas a la unidad y en palabras de Perón: “El Viejo Continente no olvidó tomar las medidas necesarias para neutralizar los avances americanos: la Comunidad Económica Europea, su Mercado Común, el Pacto del Carbón y el Euratón, fueron las más importantes y definidas. Con ello echaron las bases para una Europa unida por lo menos en lo esencial, que pusiera en marcha el objetivo de unos posibles Estados Unidos de Europa. (…) Desde entonces la lucha entre Estados Unidos y la Comunidad Europea no ha cesado.”

Frente a la fuerte disputa imperialista por el control del plantea y sus recursos Perón impulsó: “La existencia e integración de un “Tercer Mundo” que acciona dentro de las integraciones actualmente en marcha, no responde a otra cosa que a esa lucha sorda, disimulada, pero no menos decisiva para el futuro del mundo.”



[1] Argentina integra el Movimiento de Países no Alineados como “observador” a partir de los años sesenta. En 1973, se hace miembro pleno y en 1991 por decisión de Carlos Menem se retira del Movimiento. Actualmente, la Argentina adquiere el rango de observador.