domingo, 27 de marzo de 2011

¿Chicos de la guerra o héroes de Malvinas?

Aritz Recalde, marzo 2011 “Los argentinos, especialmente no han podido olvidar que se trata de una parte importante de territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con escollos opuestos a su definitiva organización (…) El precedente de la injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo o de usurpación?”. José Hernández sobre Malvinas, año 1869.



La división mundial del trabajo establece que las naciones periféricas deben ser una granja de producción agropecuaria y que tienen que importar la manufactura para dar trabajo a los habitantes de las metrópolis. La división mundial de la ciencia y de la cultura, condena a los Estados del tercer mundo al subdesarrollo y a la importación de patentes e innovaciones, cerrando la posibilidad de producción autónoma de conocimiento y más aun, de saber articulado a la industria nacional. Claramente, las dos divisiones mencionadas consolidan una tercera, que es la social y que establece que los Estados del sur del planeta padezcan la desigualdad e inestabilidad social crónica y permanente, para alimentar el nivel de vida del primer mundo. Finalmente, hay una división mundial de la vida y de la muerte que permite que algunos Estados tengan el derecho a asesinar a los habitantes de otros pueblos. Las manos de Europa y de Estados Unidos están bañadas de sangre y dichas potencias se caracterizaron por la ocupación e intervención violenta en todo el planeta en guerras “ofensivas y defensivas” contra el “fascismo, el comunismo, el terrorismo, la droga o por la democracia”. Nuestro país fue víctima de esa división mundial de la guerra y la política y el mismo día que tomamos posesión de nuestro territorio en Malvinas, las potencias declararon el bloqueo económico, político y cultural al país y organizaron la agresión y el asesinato de nuestros soldados. La ONU, la OTAN, la Comunidad Económica Europea, los capitalistas y los comunistas, justificaron públicamente y ante el mundo, por acción o por omisión, la agresión a la Argentina por parte de Inglaterra. En la división mundial de la guerra que se refleja y por ejemplo, en el cine de EUA, se puede matar a un supuesto terrorista árabe, a un supuesto comunista latinoamericano, a un supuesto narcotraficante latinoamericano, nunca a un supuesto demócrata europeo. Perdimos la guerra en el año 1982 y la peor derrota no fue la militar, sino que fue la cultural. La derrota cultural frente a la agresión europea, fue producto del neocolonialismo y de la tarea de persuasión ideológica sobre nuestras clases medias y altas, ejecutada por los países centrales. Esa dirigencia neocolonial y sus intelectuales, fueron los que ocultaron en el patio trasero del país a los soldados cuando regresaron de la guerra en el año 1982. Actualmente, se continúa subestimando la acción de los combatientes que impidieron desembarcar y tomar posesión en tierra a los británicos y a la OTAN por casi 3 semanas, que destruyeron o averiaron 31 buques y 45 aeronaves y que ocasionaron, según fuentes oficiales británicas, la muerte de 255 agentes enemigos, hiriendo más de 700 de ellos . Nuestros patriotas y pese a esa importante resistencia al enemigo ingles y a las potencias aliadas, son denominados “chicos de la guerra” por los intelectuales protagonistas de la desmalvinización. En la reconstrucción oficial que impulsó el alfonsinismo, solamente se menciona a Galtieri como el causante fundamental del conflicto y se subestiman importantes elementos históricos para comprender la guerra del Atlántico Sur, como fueron las acciones diplomáticas iniciadas desde 1833 por Manuel Moreno, la resistencia del gaucho malvinense Antonio Rivero en 1833, las opiniones de figuras como José Hernández, las gestiones del gobierno de Perón iniciadas en 1946, el vuelo del Operativo Cóndor en 1966, los reclamos en la ONU o las innumerables negociaciones frente a Inglaterra y las naciones del mundo. La guerra y siguiendo a los promotores de la desmalvinización, fue solamente una especulación política de Galtieri. Según estos, no existió un ejército combatiente ni un pueblo que le dio apoyo, ni tampoco acciones militares de envergadura por parte de nuestro país, más allá del maltrato de los oficiales a los “chicos de la guerra”. Se esconde a las nuevas generaciones, el sentimiento de apoyo popular en el país que implicó y entre otras cuestiones, el soporte público de la CGT y una movilización de más de 50 mil personas en las calles. Poco y nada se dice a los jóvenes, que se produjeron masivas manifestaciones en el continente latinoamericano durante la guerra y que y por ejemplo, el 2 de abril de 1984 y pese a que Alfonsín sostuvo que la guerra “fue una aventura incalificable”, se reunieron 4 mil ex soldados y 15 mil civiles que arrancaron la estatua de George Canning y la tiraron al Rio de La Plata . Otro rasgo característico de los debates sobre la guerra, es que la severidad para cuestionar a los mandos argentinos, no se aplica para criticar las atrocidades de los ingleses en los fusilamientos a soldados y poco se dice de los maltratos que recibieron de los colonialistas que y por ejemplo, los enviaban a sacar minas que explotaban el camino. Frente a la agresión colonialista, no es frecuente mencionar que el desembarco nacional se ejecutó sin cometer atropellos contra los habitantes y con la perspectiva de forzar una negociación, que había sido negada por décadas por Inglaterra. No es frecuente escuchar entre tanta “mea culpa por el atrevimiento argentino”, de que los ingleses mataron, torturaron y constituyeron crímenes de guerra hundiendo al General Belgrano en la zona de exclusión. La intelectualidad protagonista de la desmalvinización, se siente cómoda denunciando los abusos de poder de los militares argentinos y poco dice de las atrocidades del enemigo y de su decisión de no negociar causando la muerte de los soldados. Analizando las opiniones sobre la guerra, debemos decir que no son los más de 600 muertos los que escandalizaron al alfonsinismo en 1983 y a los promotores de la desmalvinización. Por el contrario, el problema profundo que tienen estos actores con la guerra y aunque no lo digan públicamente, fue la existencia de un sentimiento de hostilidad al europeo por parte del pueblo. Por el contrario, es interesante remarcar que la historia del país se caracteriza por un constante derramamiento de sangre y que los símbolos de importantes grupos de clase media, son la Batalla de Caseros y el golpe militar 1955. Todo el aparato cultural liberal hace apología de la violencia y los asesinatos de los caudillos federales y los trabajadores peronistas y lo hace en nombre de la civilización europea y la democracia. ¿Por qué no hay una mención a los “chicos de la guerra” que participaron conjuntamente al imperio del Brasil, Inglaterra y a Urquiza en Caseros?, ¿por qué no existió una crítica a los comandos civiles y a los “chicos de la guerra” llevados por sus superiores para bombardear o asesinar niños y trabajadores en 1955?. Los intelectuales de la desmalvinización, sienten vergüenza de la existencia de un sentimiento popular nacionalista que niega la posibilidad de que el país se subordine a la “civilización” y que está dispuesto a combatir si es necesario. A partir de aquí, que dicho sector es más permeable a apoyar los asesinatos de trabajadores inocentes, que a reivindicar un combate contra los agresores de un imperio europeo. La vergüenza y la negación que sienten de la guerra de Malvinas muchos intelectuales, no se deducen ni de los muertos, ni la derrota de la guerra, sino del hecho de atacar a representantes de la “inmigración europea” que y tal cual sostiene el racista artículo 25 de la Constitución nacional, nos proponemos fomentar. La constitución en su artículo 25 y haciendo justicia con la historia, debería promover la inmigración de Perú, de Cuba, de los Países No Alineados o de los miembros de la UNASUR, que lucharon o que repudian actualmente, la acción de los ingleses en Malvinas. La historiografía que se escribió sobre la universidad argentina, es un claro ejemplo del tratamiento de las muertes y los conflictos militares que realizó el alfonsinismo en 1983. Actualmente, se continúa resaltando de manera positiva desde las casas de altos estudios, el golpe militar de 1955 y se denomina “edad de oro de la universidad”, a una institución que se organizó a partir de una cifra cercana a los 400 asesinatos entre el bombardeo y los fusilamientos de 1956. Algunos intelectuales universitarios, parecieran ser más proclives a justificar una intervención militar contra civiles para defender la autonomía de la institución, que para enfrentar al agresor extranjero en nuestros suelo. Incluso, con la agravante diferencia, que en 1982 se buscó forzar una negociación con una ocupación militar que no mató ni bombardeó a la población civil y que luego, por la negativa británica a negociar, culminó en la guerra. La hipocresía historiográfica de los alfonsinistas que impulsaron la desmalvinización, es un síntoma del neocolonialismo y del sentimiento de inferioridad que siguen padeciendo muchos argentinos. La interpretación neocolonial del conflicto de Malvinas, reniega del derecho del país sobre su suelo, desconoce la larga historia anterior al conflicto y esconde la voluntad férrea y valerosa de nuestros combatientes contra el agresor. El ocultamiento de dicho sentimiento nacional antiimperialista, no es el primero y tiene importantes antecedentes. En 1845 ganamos la guerra pese a la derrota militar de la Vuelta de Obligado y finalmente, fuimos vencidos cuando a partir de 1852 aplicamos el programa liberal británico y francés en el Rio de La Plata. Los patriotas muertos al mando de Santiago de Liniers en las primeras invasiones inglesas o tras el comando de Lucio Mansilla en Obligado, fueron humillados por nuestro sometimiento al proyecto dependiente que le entrego la económica y el Estado al extranjero. Lo que no pudieron hacer los cañones, lo realizó el neocolonialismo cultural europeo y sus operadores que escribieron la historia oficial y que manejaron la prensa. Los soldados murieron luchando contra el imperialismo, mientras los intelectuales afrancesados y pro ingleses, entregaban nuestra economía al extranjero y escribían a favor del agresor en las plumas de Esteban Echeverría o de Juan Bautista Alberdi. La sanción del feriado en homenaje a la batalla de la Vuelta de Obligado, le va a permitir a las nuevas generaciones recuperar un hecho falseado por la historiografía liberal, afirmando nuestra conciencia histórica. Serán estas nuevas generaciones, las protagonistas de una revalorización del conflicto de Malvinas que muestre que al Atlántico Sur no viajaron solamente “chicos”, sino que fueron y principalmente, soldados armados en defensa de la patria empujados por el sentimiento popular histórico. La recuperación de la gesta de Malvinas no tiene por qué desconocer los errores de preparación y de desarrollo de la guerra o todo lo nefasto que fue el gobierno militar. Ahora bien y pese a eso, los caídos en la guerra no son meras victimas, son héroes de Malvinas que lucharon por terminar con una posición colonial británica dando cause a un sentimiento profundo e histórico. La sangre derramada y la prepotencia imperial, demostró la importancia estratégica de Malvinas que es una plataforma de la OTAN en Atlántico Sur y una fuente de petróleo y de riquezas pesqueras para el extranjero. Malvinas es y seguirá siendo, una causa nacional contra el imperialismo europeo que agredió al país en 1806, en 1838, en 1845 o en 1982. Vaya nuestro homenaje a los civiles y a los soldados que lucharon con la pluma y con el fusil, defendiendo nuestra soberanía contra la prepotencia inglesa.

martes, 15 de marzo de 2011

LOS PENSADORES NACIONALES

Aritz Recalde, junio 2010

El término “pensamiento” se vincula a la acción de “pensar”, definida como aquella actividad intelectual que intenta alcanzar la resolución de un problema. Siempre que nos refiramos a “pensamiento” o a “pensadores”, estaremos describiendo una actividad humana cuyo sustrato primordial se vincula estrechamente a la capacidad de dar respuesta a determinados interrogantes que nos presenta el medio social, político y cultural en determinado período histórico. Asimismo, hablamos de Pensamiento Nacional y no de Pensamiento Argentino, ya que el primero no implica únicamente un tipo de inscripción geográfica respecto a la producción intelectual, sino que además involucra un posicionamiento específico del intelectual y/o pensador en función del debate en torno al “problema nacional”. El Pensamiento Nacional aborda, desde diferentes perspectivas y ámbitos de acción, el debate sobre la nación cuya condición intrínseca implica problematizar y poner en cuestión, cuál es el camino más adecuado para alcanzar el desarrollo del país en el contexto de la división internacional del trabajo mundial. Cuando un grupo o conjunto social se organiza políticamente e intenta consolidar la nación, se habla de la existencia del “nacionalismo”. Dicho término, incluye la planificación del Proyecto Nacional que implica una respuesta teórica y conceptual a las demandas y a los anhelos de la comunidad. Asimismo, el nacionalismo involucra una práctica y una acción concreta de ejecución del Programa Nacional, experiencia sin la cual la comunidad no se realiza. Proyecto Nacional y práctica política, son los dos pilares sin los cuales no se consuma la nación y consecuentemente, el conjunto de actores que habitan su territorio. En esta misma línea argumentativa Juan José Hernández Arregui sostendrá que “La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación”.
A continuación y más no sea como un modesto aporte, le brindamos al lector algunos datos y opiniones de nuestros Pensadores.
Arturo Jauretche (1901-1974). Ensayista, periodista, miembro de FORJA y dirigente político. Autor de varios libros y artículos periodísticos entre los cuales se destacan Los profetas del odio (1957), Ejército y política (1958), El Medio Pelo en la sociedad argentina (1966) o su Manual de las Zonceras argentinas (1968). Jauretche afirmó que “El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la técnica universalista la preocupación por las necesidades de la comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional”.
Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz (1898-1959). Economista, periodista y colaborador de FORJA. Publicó varios libros y artículos entre lo que resaltan Política británica en el Rio de La Plata (1940) e Historia de los Ferrocarriles Argentinos (1940). Entre sus ideas puede rescatarse: “Desgracia de América fue la venalidad, por ingenuidad o por mala fe, de la inteligencia con mando y de la inteligencia desocupada. Esperanza de una salvación es el acercamiento de la inteligencia a los problemas americanos y su fidelidad hacia ellos”.
Homero Nicolás Manzione –Homero Manzi- (1907-1951). Poeta, escritor de letras de tango, periodista y miembro de FORJA. Escribió tangos como Malena, Sur o El último organito. Se le escucho decir en más de una oportunidad que “Hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto”.
Leopoldo Marechal (1900-1970): poeta y guionista de teatro. Entre sus obras más conocidas se destacan Adán buenosayres (1948) y Megafon o la guerra (1970) Marechal nos dijo: “El hombre de letras es un manifestador de su pueblo y de las virtualidades de su raza”. “Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones”.
Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Filósofo, catedrático y dirigente político. Publicó varios libros y artículos entre los que resaltan Imperialismo y Cultura (1957) y La Formación de la Conciencia Nacional. Arregui sostuvo que “La misión de la Universidad no es perpetuar el sistema sino contribuir a transformarlo. Y ésta no es misión de profesores que con un ojo miran a la oligarquía y al poder burocrático del Estado y con el otro a Europa, sino de educadores con conciencia nacional”.
Rodolfo Puiggrós (1906-1980). Historiador, periodista, catedrático y dirigente político. Publicó diversos libros entre los que resaltan De la Colonia a la Revolución (1940), su Historia crítica de los partidos políticos (1956) o El peronismo y sus causas (1969). Puiggrós afirmó que “Una Universidad popular es la que mira hacia adentro del país y hacia Latinoamérica, no hacia modelos extranjeros, ya sean ingleses, franceses o rusos. Es la Universidad puesta al servicio de la realidad nacional”.
José Hernández (1834-1886). Escritor, periodista y dirigente político. Entre sus obra resaltan la Vida del Chacho (1863), El gaucho Martín Fierro (1872) y la Vuelta de Martín Fierro (1879). Hernández sostuvo como consigna “Ocupémonos del porvenir; entreguémonos a la generación que viene una patria grande, libre, fuerte, organizada y respetada, y habremos cumplido la misión de nuestros padres”.
Manuel Ugarte (1874-1951). Escritor, periodista y dirigente político. Entre su extensa obra se deben mencionar Crónicas del Bulevar (1902), El porvenir de América Latina (1910) o La patria grande (1922). Ugarte estableció que se debe “abrir el espíritu a todas las formas de la elevación moral, y ninguna grandeza podrá ser mayor que la de una juventud que, sintiendo las palpitaciones de su tiempo, se declare preparada para afrontar las situaciones difíciles y para encararse con los obstáculos como los atletas que doblaban la arremetida de las fieras en la pista del circo romano. Los que respiran en una época de excepción como la nuestra, lejos de epilogar sobre los acontecimientos, deben vivirlos; lejos de juzgar la historia, deben hacerla”.
Oscar Varsavsky (1920-1976): científico y catedrático. Entre sus obras se destacan Ciencia, política y cientificismo (1967) o Hacia una política científica nacional (1972). Se propuso “hacer un llamamiento a todos los científicos politizados para que se liberen del culto a una ciencia adaptada a las necesidades de este sistema social y dediquen su talento a preparar científicamente su remplazo por un sistema nuevo, con una ciencia nueva”.
Rodolfo Ortega Peña (1936-1974). Abogado, periodista y dirigente político. Publicó varios artículos y libros junto a Eduardo Luis Duhalde entre los que resaltan Felipe Vallese, proceso al sistema (1965), Felipe Varela contra el Imperio británico (1965) o Baring Brothers y la historia política argentina (1968). Refiriéndose a la historia oficial sostuvo que “nuestros profesores universitarios, exigen un lenguaje mesurado, cuando se ataca a sus rancios próceres, pero no vacilan en usar los términos más innobles cuando deben pronunciarse acerca de los movimientos nacionales y sus representantes. Por esas razones, el estilo de este libro es duro y combativo. Responde, en sus justos términos, a es falaz actitud “académica”. Pero a diferencia de ésta, defiende tesis nacionales en forma documentada. En ese sentido, creemos solamente voceros de las masas populares restituyéndoles el patrimonio de la verdadera tradición histórica revolucionaria argentina y americana”.

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Periodismo militante o periodismo militar?


Aritz Recalde, marzo 2011

“Deseo expresar, una vez más, el reconocimiento del gobierno por la misión que el periodismo cumple en estas especiales circunstancias. (…) Debemos converger todos, civiles o militares, tras el supremo compromiso de la unión nacional”. Jorge Rafael Videla, Diario Clarín, 30 de enero de 1977 .

En una nota publicada en la Revista Veintitrés , el periodista del grupo Clarín Ernesto Tenembaum, se refirió a la construcción de los sucesos políticos que desarrolla la prensa argentina. Con la finalidad de encasillar a los diferentes modos posibles de presentar las noticias, Tenembaum introdujo la categoría de periodistas profesionales y de periodistas militantes. Dicha interpretación, supone que existe una divisoria entre un periodismo objetivo y neutral en sus opiniones y que es denominado como profesional; y otro que estaría politizado y cuya lógica de construcción de la noticia reposaría en la actividad militante. En este último universo y no por casualidad, el periodista de Clarín incluye a la agencia de noticias Telam y a su director Martín García. Lejos de ser una novedad, el argumento de Tenembaum es utilizado históricamente para acusar de falta de objetividad a todos aquellos intelectuales y profesionales ligados al periodismo, que no sostienen la línea editorial de los monopolios mediáticos o de las corporaciones económicas. Aplicando dicho razonamiento, existiría un periodismo independiente y objetivo cuyo paradigma es TN, Clarín o La Nación y otro militante, profesado y particularmente, entre el universo de los intelectuales K de 678 o de Tiempo Argentino.
Dicha interpretación nos parece demasiado simplista y a partir de aquí, que consideramos oportuno recuperar una categoría de Víctor Ego Ducrot, que nos posibilita ampliar la perspectiva de análisis. Este autor sostiene que la supuesta dicotomía clásica entre objetividad y subjetividad periodística, es un argumento erróneo al constatarse con la realidad. Tomando distancia de la supuesta existencia de un periodismo aséptico e independiente, Ducrot introduce la noción de Intencionalidad Editorial. A partir de esta categoría, el autor nos induce a interpelar la tarea de los productores de las noticias, atendiendo las relaciones de poder en las que el intelectual inscribe su práctica. En torno de este punto de partida, Ducrot formula la noción de que el periodismo es una especie del género Propaganda, cuya especificidad estriba en la utilización de las fuentes y los hechos, como recursos de producción editorial. Siguiendo al autor, es innegable que toda práctica periodística tiene una intención de influir en un contexto político determinado.
Atendiendo esa categoría nos permitimos afirmar, que la diferencia entre Ernesto Tenembaum y Martín García o entre Clarín y Telam, no es que unos son objetivos y los otros subjetivos, sino que y por el contrario, lo que tienen de distintos es la Intencionalidad Editorial de cada uno de ellos. Tenembaum y Clarín construyen la información para defender a un conjunto de corporaciones y de factores concentrados de poder. 678 y otros “oficialistas”, hacen una tarea cuya intencionalidad estriba en reconstruir las opiniones y las acciones de los depositarios de la democracia popular. Los primeros, construyen la noticia al servicio de los intereses del grupo que les paga el sueldo y de los auspiciantes económicos. Los segundos, trabajan al servicio de las mayorías que eligen sus candidatos por intermedio del voto popular de la democracia. Ambos y tomando distancia de la interpretación sesgada de Tenembaun, son militantes y desarrollan una actividad para influir políticamente sobre el contexto y lo que los diferencia es la intencionalidad que buscan con su tarea.
El epígrafe de Jorge Rafael Videla con el que empezamos el artículo, es emblemático de la Intencionalidad Editorial del grupo Clarín y del lugar que les da a sus empleados. La nota fue realizada por comunicadores del diario en plena dictadura militar. La entrevista que se publicó el día domingo 30 de enero de 1977 y que incluyó más de diez sugestivas preguntas, le permitió al dictador hablar de la supuesta paz alcanzada con su gobierno, de la teórica unidad nacional, del deber ser de un régimen democrático, de las virtudes de la economía liberal o de su lucha política que llamó antisubversiva. Mientras tanto, el país fue bañado de sangre, se destruyó la economía y se descapitalizó el Estado. En esa misma época, los dueños de Clarín se apropiaron de manera dudosa de dos menores y adquirieron de forma fraudulenta las acciones de Papel Prensa. Tan trascendente y valioso fue su apoyo a la dictadura, que Videla y tal cual lo dicen sus palabras, le reconoció al periodismo “su misión” para justificar el terrorismo de Estado y las defraudaciones que destruyeron el país.

Este y otros casos históricos, muestran cuál ha sido la Intencionalidad Editorial de muchos grupos mediáticos autodenominados independientes o profesionales. A partir de aquí, que la verdadera dicotomía que existe a la hora de ejercer la actividad, no es entre practicar un periodismo profesional y otro militante o entre uno objetivo y otro subjetivo. El dilema actual para los intelectuales, es si desarrollan una práctica a favor de las mayorías o lo hacen atendiendo los intereses de las corporaciones. En definitiva, se trata de saber si implementan un periodismo de intencionalidad militar con Rafael Videla y Clarín o aplican un periodismo militante, siguiendo la tradición popular de las figuras como Rodolfo Walsh o Rogelio García Lupo.


viernes, 4 de marzo de 2011

Elecciones 2011

Aritz Recalde, marzo de 2011

Exceptuando el gobierno nacional cuyo programa radica en su gestión, no se sabe cuál es el proyecto de país que los diversos candidatos aplicarían en caso de triunfar en 2011. Poco y nada se dice concretamente en los discursos de los candidatos y de los aspirantes a los cargos públicos. Dicha escasez de debate sobre cuál debería ser el modelo de país a implementar, tiene muchas maneras de interpretarse. Por un lado, es innegable que la seguidilla de golpes militares ideada y aplicada por los grupos concentrados de poder, es un elemento retardatario de la discusión pública de las ideas. En particular, el proceso político aplicado entre 1976 – 83, dio por tierra con una agenda de reflexión colectiva y destruyó una organización política capaz de sustentarla. Durante los años noventa los dirigentes neoliberales contribuyeron a institucionalizar el vaciamiento de los partidos políticos.
Además, hay una cuestión clave para entender la falta de discusión y es el hecho de que los representantes políticos de los factores de poder concentrado en caso de alcanzar el gobierno, aplicarían una agenda de medidas antipopulares. Se puede deducir a partir de acá, que sus candidatos no plantean clara y públicamente sus programas de acción ya que perderían caudal electoral.
Pese a que no se explicite claramente, el arco de centro y de derecha de la oposición al gobierno de Cristina Fernández, dan algunos indicadores de lo que pondrían hacer. Por un lado, se puede observar la trayectoria de muchos de esos dirigentes que está caracterizada por aplicar programas antinacionales y neoliberales. Por otro lado, algunas figuras y pese a ocupar funciones de gobierno, no han realizado nada más que discursos frente al periodismo. Pese a los silencios o las indefiniciones, se puede intentar comprender que hay detrás de los discursos vacíos y los lugares comunes que se repiten. En el plano de la economía, los opositores y el periodismo oligopólico, parecen estar de acuerdo en que “está recalentada la economía”. En este cuadro, la propuesta a aplicar consistiría en “enfriar la economía”. ¿Qué quiere decir ese planteo?. Sería más claro si públicamente digieran que van a bajar salarios, a expulsar trabajadores, a aumentar el costo de los préstamos (tasas de interés altas) y que van a recortar los presupuestos en salud, en educación o en obras públicas (vivienda, escuelas, hospitales, rutas, etc.). Esa frase y sin eufemismos, implica poner en el congelador a los desempleados, a los pobres y a los indigentes, que lo van a seguir siendo por décadas para “bajar la inflación”. Enfriar la economía quiere decir que el país no debe crecer y que se tiene que bajar el consumo, a costa de mantener las carencias y el hambre de los argentinos más débiles, ya que nadie plantea “enfriar el gasto de la clase alta”, reducir la rentabilidad de los formadores de precios o bajar el consumo suntuoso.
Otro eslogan de campaña es el de “buscar consensos” y “bajar la crispación”. Dicho así de simple y en abstracto, es lógico que todos estemos de acuerdo y que nadie niegue la posibilidad de dialogar y de consensuar para tomar decisiones. Ahora y leyendo esa frase en el contexto en que se puso de moda, “dialogar” implicaría ceder a las exigencias de los grupos financieros o los plantadores de soja que no quieren pagar impuestos y retenciones. Cuando hay una puja de intereses y no se toma partido por la mayoría del país, implica “consensuar y no crispar” a las inmensas ganancias del capital trasnacional concentrado. Una política sin crispación en el marco de una puja distributiva como se plantea, permite que los grupos concentrados generen inflación y violen las normas laborales o que la prensa concentrada se maneje totalmente fuera de la ley. La historia reciente demostró que el poder económico no es permeable a consensuar. Asimismo, es innegable que gran parte de la dirigencia “dialoguista”, habla solamente con los poderosos y difícilmente atiende los intereses de los débiles. Paradójicamente, Yrigoyen o Perón, fueron hostilizados por los factores de poder y fueron acusados de “falta de dialogo” por los grupos que aplicaron los golpes de Estado, las operaciones de mercado para desestabilizar gobiernos o la guerra mediática y la difamación permanente.
En este cuadro, en las elecciones del año 2011 van a confrontar dos modelos de país y de campaña electoral. Uno, va a estar anclado en acciones y en un proyecto de gestión concreto y su máxima figura es Cristina Fernández. El otro, se estructuraría en base a discursos armados por consultoras sin demasiadas definiciones, ocultando su intento de aplicar programas neoliberales. La alicaída tendencia electoral de éstos últimos, va a buscar ser suplida con el dinero y el acompañamiento de los medios oligopólicos y en este marco, el grupo Clarín y La Nación serían sus principales voceros.
Dicha estratega lejos de ser una novedad, tiene importantes antecedentes recientes. La campaña de Clarín y de la oposición se organizó a partir de televisar parte de los discursos del Congreso de La Nación, construyendo un supuesto de que los efectos locales de la crisis económica mundial, eran resultantes de los “errores o la soberbia” de Cristina. Dicha intentona no dio resultado en el mediano plazo, ya que el electorado percibe que un “voto no positivo”, no es una alternativa de gobierno. Asimismo, los augurios sobre la inminente desintegración nacional no se cumplieron y por el contario, el país recuperó el crecimiento. Desgastada la estrategia de hacer un espectáculo del parlamento o de cortar varios meses una ruta para desestabilizar al gobierno, se implementó una acción de promoción y de fomento de la inflación. Se trata de incentivar el aumento de precios y la crisis económica. En este caso, el interés de clase se pone sobre los del país. Se trataría de destruir la Argentina para salvar a Clarín y a los grupos concentrados, por intermedio de imponer un candidato que proteja sus ganancias y que detenga las causas judiciales en su contra. Actualmente, como ni el show del congreso, ni la desestabilización económica, ni la extensa campaña de hostigamiento mediático consiguen dar consistencia a una alternativa a Cristina, les queda levantar y difundir el supuesto estado de inseguridad y de violencia social permanente.
En gran parte de las figuras, se trata de destruir y nunca de ofrecer un proyecto nacional alternativo. La oposición se organiza a partir de la prensa y las operaciones de desestabilización económica, ya que no disponen de un programa nacional capaz de movilizar a la mayoría.

Frente a este panorama, el oficialismo dispone de una importante trayectoria de gestión con logros a la vista. Cuenta con un presente caracterizado por la inauguración y la consumación de obras trascendentes y por la aplicación de importantes decisiones que mejoran las condiciones de vida de la mayoría, como es el caso del subsidio universal por hijo o los aumentos de sueldos y de jubilaciones. Pese a los avances, siguen quedando grandes deudas económicas, políticas, sociales o culturales con parte importante de los habitantes del país. A partir de aquí, la garantía de triunfo del oficialismo, va a estar dado por su capacidad de mostrarse a la sociedad como la única alternativa real de futuro, capaz de aplicar las reformas pendientes.